palma-de-la-mano-700x500LAS BOFETADAS DE LA IRA
MARÍA DEL TRÁNSITO AGUADO, petrevinca15@gmail.com
GIJÓN (ASTURIAS).

ECLESALIA, 19/04/19.- Cuando te dan una bofetada en la cara, te duele. Y si encima tienes las manos atadas y no puedes protegerte ni devolver el golpe, como sería lo instintivo, la sensación de impotencia e injusticia es aún mayor.

Así se encontraba Jesús ante el Sumo Sacerdote, contestando con sinceridad a lo que le preguntaba, cuando uno de los guardias, alegando falta de respeto, le dio una bofetada.

No sentir ira, rabia e impotencia en una situación así, es absurdo, pero ¿cómo gestionar esos sentimientos asertivamente? Jesús, en esa ocasión contestó: “Si he faltado en algo, dime en qué y si no ¿por qué me pegas?” (Jn. 18, 23)

¿Por qué me pegas?¿Por qué se recurre a la violencia?

  • Por lo general la violencia es un recurso rápido y efectivo para conseguir lo que uno desea, independientemente de lo que les ocurra a los demás. No tenemos más que ver la cantidad de guerras que a lo largo de la historia han servido para afirmar el poder de los fuertes sobre los débiles. Y eso sirve para casi todos los ámbitos de las relaciones humanas.

Pero ¿qué consecuencias tiene la violencia?

  • La violencia engendra violencia. La persona agredida desea desquitarse, los pueblos sometidos y expoliados tarde o temprano se toman la revancha y se genera un espiral de violencia cada vez mayor. Las relaciones interpersonales se dañan muy seriamente y acaban volviéndose contra quien usa la violencia, que acaba solo o derrotado en algún momento de debilidad. Como le dijo Jesús a uno que usó su espada contra el criado del Sumo Sacerdote: “El que a hierro mata, a hierro muere.” (Mt. 26, 51-52)

¿Como frenar entonces esa espiral de violencia en nuestro entorno?

  • Es necesario ser como el muro del muelle contra el que chocan las olas del mar y con ello protege a las barquitas que se refugian en su interior. Se necesita mucha fortaleza para hacer frente a la violencia. Pero no es una tarea imposible. Gandhi, con la no-violencia fue capaz de conseguir la independencia de la India y Pakistán del yugo del poderoso Imperio Británico. Lo hizo con algo inimaginable hasta entonces: el arma de la coherencia ética y la no violencia

“No existen caminos para la paz, la paz es el camino” era un dicho de Gandhi, y es que la lucha contra la violencia es una actitud que debemos demostrar con hechos todos los días. Si queremos que dé fruto, la perseverancia es fundamental.

No se apaga un incendio echando más leña al fuego, sino con agua. Lo opuesto al odio es el amor, lo opuesto a la ira la mansedumbre.

Jesús recomendó, frente al “ojo por ojo” de los antiguos: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5, 38-48)

No es una actitud pasiva de dejarme avasallar por la violencia del otro, de dejarme dominar por el odio y que sean los sentimientos quienes gobiernen mi vida.

Es tomar las riendas de mi ser y apostar decididamente por el amor y la paz como arma frente al odio y la violencia.

Pero ¿de dónde sacar fuerzas para poder levantar ese muro de amor contra la espiral de la ira?

Podemos contar con las personas que nos quieren y nos ofrecen su amor desinteresado e incondicional para aumentar nuestras reservas de Amor. Para quienes creen, siempre ayuda contar con la fuente del Amor infinito. Llenarme del amor de Dios para poder responder al otro con amor. Ver al otro como Dios lo ve, con amor para descubrir que tras esa ira es posible que haya una carencia de amor… y descubriremos otro rostro de esa persona.

Pero no nos engañemos: nos jugamos la vida en el empeño. Empezando por Jesús y siguiendo por otros más actuales como M. Luter King, Gandhi, Oscar Romero… la lista de los mártires por la paz es muy larga.

Es tu vida, sólo tú decides cómo prefieres vivir: ¿lleno de amor o lleno de ira? Solo tenemos una vida ¡Vamos a hacer que merezca la pena haber vivido! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).