velaadviento.pngSE LLAMABA A SÍ MISMO MARÍA
¡Descansa en paz hermana!
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA, 05/07/19.- “Un hombre que se llamaba a sí mismo María, murió por falta de atención médica en un centro de detención para inmigrantes en Texas”. Así señalaba un noticiero la muerte de una persona transgénero hace unos días.

Cisgénero, según mi diccionario, es un término para las personas cuya identidad de género coincide con el sexo que se le asigna al momento de nacer. Más o menos algo así como: “¡Felicidades señora, dio a luz a una niña!” Y efectivamente, la criatura recién nacida es una niña. Pero hay personas que tienen una identidad o expresión de género que es diferente del sexo que se les asigna al nacer, son conocidas como trans, transgénero o queer.

El común de las personas creyentes aún tenemos grandes limitaciones para la construcción de los géneros binarios. Si bien Dios y Cristo están más allá del género, es un hecho que todos los seres humanos somos una mezcla de rasgos masculinos y femeninos. Pero en el cristianismo y en nuestra cultura se han adorado y usado principalmente las imágenes masculinas para simbolizar y hablar de Dios; ante nuestra mirada, el hombre que se llamaba a sí mismo María cae automáticamente de la mano del Creador porque no cabe en la parte del Génesis que así explica: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn 1,27).

¿Cómo entonces comprender la dimensión del sufrimiento en la complejidad del hombre que se llamaba María? murió escarnecida, enferma y sola, apresada en un frío centro de detención para inmigrantes. ¡Quisiera haber podido abrazarla! Pero no pude… Sin embargo puedo hoy dar dignidad a su memoria distinguiendo el Amor y la sensibilidad femenina de Dios. ¿Le parece si por un momento dejamos de mirar la imagen del Dios viejito llamado Yahvé que primero crea y luego destruye? Inmediatamente nos vamos a encontrar en gran contraste, con la imagen femenina de Dios. Clarissa Pinkola en su libro Untie the Strong Woman, facilita la visión de la Diosa Amor, la que sigue dando a luz Amor sobre la adversidad:

“La Madre que ha sido prohibida, ultrajada, silenciada… Y aun así sobrevivió, en nosotros y para nosotros, sin importar quien levantaba una mano en su contra o intentaba minar su alcance infinito, pero fue inútil, Ella está inscrita en nuestras almas, en nuestros anhelos por Ella, por conocerla, porque nos cambie, porque nos llene de su perspicacia aguda, de su sensibilidad, de sus maneras protectoras, de su confianza en la bondad, en la comprensión de todo lo que es evidencia de que Ella existe”.

La verdad es que lo femenino de Dios nunca ha dejado de estar presente en la realidad de nuestras historias. Pero en la “oficialidad” ha actuado indirectamente. No tengo la menor duda de que en su subjetividad de mujer, María fue abrazada en esa celda del centro de detención en todo momento por el Amor de Dios, por su poder femenino tan íntimamente relacional y simbólico. Este gesto para muchos no es fácil de entender, aun cuando Cristo esté también en esa caricia, y sabemos que Cristo y Jesús son la mayor evidencia de Dios haciéndose presente.

La filósofa alemana Edith Stein (santa Teresa Benedicta de la Cruz), en la dimensión de la ideología de género dice que una se vuelve cada vez más semejante a Cristo en la práctica de las virtudes de “géneros cruzados”. Cristo encarna el ideal de la perfección humana: en Él se eliminan todos los prejuicios y defectos, se unen las virtudes masculinas y femeninas y se redimen sus debilidades; por lo tanto, las personas que de verdad lo siguen, son exaltadas progresivamente sobre sus limitaciones. Es por eso que vemos en los hombres auténticamente cristianos una ternura femenina y una verdadera solicitud materna por el cuidado de las personas que se les confían, mientras que en las mujeres auténticamente cristianas hay audacia, una habilidad y determinación varoniles.

Ya sea que usted, creyente o no, se identifique como hombre o mujer cisgénero, transgénero o queer, valdría la pena reflexionar sobre las características de su persona que pueden haber sido ignoradas o suprimidas porque, créame, es un hecho que corresponden a la imagen de Dios que va mucho más allá del género y los prejuicios (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En memoria de María.

¡Descansa en paz hermana!