green-zoneMADRE TIERRA, MADRE
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID

ECLESALIA, 13/12/19.- Hace algo más de dos años inicié la lectura lenta de un buen puñado de poemas que escribí entre los años 1995 y 1999. La impresora me ayudó a hacerlos tangibles,  llevaban mucho tiempo durmiendo en un archivo del ordenador esperando no a un príncipe encantado que los despertara, sino a que la que los escribió cubriera las justas etapas de la vida como para lanzarlos al exterior, obedeciendo una consigna interior que cada vez se hacía más sonora: “Comparte, ya es hora”. Ya tiene cuerpo… de libro, y alas para volar, como hacen los hijos siguiendo las leyes de la naturaleza.

Hay un poema titulado “Madre Tierra, Madre”* que me sorprendió. Lo reconocía perfectamente;  recordaba el momento en que lo escribí, viajando en tren a finales de 1998. Quizás, entonces, fue una intuición; hoy, es la realidad que nos circunda y el peligro que amenaza, fruto de la irresponsabilidad de una forma de vida que arrasa lo que toca, incluida la vida humana.

Hoy se clausura la Cumbre del Clima 2019 (COP25), que se ha venido celebrando en Madrid desde el pasado 2 de diciembre. Esta es mi poética contribución. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Madre Tierra, Madre.
Preñada de Vida,
en continuo momento de parto.
Generando continuidad,
respetando el mandato divino:
Multiplicación, diversidad, color…
fluido eterno.

Madre Tierra, enferma,
te falta el oxígeno;
en cada contracción
el dolor aumenta,
tu respiración falla.
¡Oxígeno… devolvedle el oxígeno!

Madre Tierra, herida,
balazo de oro negro,
úlceras en tu piel, antes verde.
Y el ritmo del parto…
Implacable.
La vida llama a la vida,
¡dejadla parir tranquila!

Madre Tierra, agonizante.
Tus hijos, frutos de amor:
Célula, árbol, flor,
insecto, ardilla, águila,
gorrión, delfín, caracol…
Agua, piedra, azúcar,
vino, leche, néctar,
hombre, mujer…
todos exterminados.
Los bastardos del desamor:
egoísmo, ambición y ceguera,
sólo escuchan los tambores
que llaman a muerte.
Esgrimen banderas
de progreso y mercado,
mientras arrasan y esquilman.
Traman reventar tu vientre
al grito de guerra:
¡Que la Luz no dé a luz a la Luz!

¡Pobre Madre Tierra!
Fecundada por el Amor,
embarazada de Esperanza…
¡Jadea… vamos… jadea!
¡Vencerás!

(*)  “Entre el sueño y el no sueño” de  ESEPÉ Ediciones (Ed. San Pablo), págs. 148-149