FEMENINO PLURAL FRENTE A MASCULINO SINGULAR
La “Ley Rhodes”, la ministra Ione Belarra y la Conferencia Episcopal
CESAR ROLLÁN SÁNCHEZ, eclesalia@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 19/04/21.- “En el día de ayer se aprobó en el Congreso de los diputados la Ley contra la violencia a la infancia. Es una buena noticia que el Congreso se haga eco de una problemática que afecta a la sociedad española”. Así comienza la nota de prensa de la Conferencia Espiscopal Española “sobre la aprobación de la Ley contra la violencia a la infancia”, emitida el pasado 16 de abril.

A pocas líneas del inicio de la nota, el episcopado español apunta que “la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, señaló a la Iglesia como cómplice de esos abusos por encubrimiento”. Reconocen, eso sí, que las afirmaciones de la ministra se sitúan “en el ámbito del debate parlamentario”.

Efectivamente, la señora Belarra interviene en la tribuna del Congreso para tratar de convencer “a los grupos parlamentarios que han decidido abstenerse” y quiere “intentar que voten a favor” con distintos argumentos.

Dice que los datos sobre la violencia hacia la infancia son solo la punta del iceberg, que en 2017 hubo 4.875 denuncias de violencia contra menores en el ámbito familiar, enumera nombres de varias personas que, de pequeños, sufrieron violencia y entre ellos habla de Emiliano, “que con diez años sufrió agresiones sexuales de un sacerdote en el seminario en el que estudiaba interno”. Es entonces cuando afirma que “la Iglesia Católica ha sido cómplice demasiadas veces en nuestro país encubriendo la violencia sexual hacia los niños y esto tiene que terminar. Por Emiliano y por todos los niños que han sufrido abusos de los sacerdotes”.

Como decía, los obispos afirman en su nota de prensa que la ministra “señaló a la Iglesia como cómplice de esos abusos por encubrimiento” y les parece que “es una acusación gravemente injusta”. A partir de ahí, tratan de poner “en su magnitud las dimensiones del problema” afirmando que hay estudios independientes recientes que “han señalado que el 0,2% de los casos se han dado en actividades religiosas”, algo que, según ellos, indica “los entornos en los que se producen mayoritariamente los abusos, que deben tener especial atención y protección”.

Al escuchar la comparecencia de la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, de apenas diez minutos, es fácil darse cuenta de lo alejada que está de la intención de la que es acusada por el espiscopado: “ensuciar la actividad de millones de personas durante décadas y que no se corresponde en absoluto con la verdad”.

Ione Belarra habla de sacerdotes abusadores, lo que la nota expresa como “las acciones de algunos de sus miembros que son indignos de ese trabajo”. La afirmación de la ministra no puede ser tenida como una de las “apreciaciones de los políticos que, presas de un rancio anticlericalismo, utilizan a la Iglesia para la confrontación política en una estrategia de ruptura y confrontación” de la que le acusan los obispos; es una pena que se dirijan hacia ella con este juicio, el más subrayado por los medios de comunicación.

Dicen en su escrito que la institución eclesial ha desarrollado desde 2002 “protocolos y entornos seguros para los menores en los lugares en los que la Iglesia realiza su actividad. Las congregaciones religiosas han desplegado un importante número de iniciativas para atender de manera segura a los menores y también la Iglesia diocesana está recorriendo ese camino y han habilitado oficinas de protección a los menores y prevención de abusos en todas las diócesis españolas”. La llamada “Ley Rhodes” de protección de la Infancia y a la adolescencia frente a la violencia, se aprobó, finalmente, con 268 votos a favor,  57 en contra y 16 abstenciones. Se trata, sin duda, de una herramienta más para la serie de instrumentos que ya dice tener dispuestos la institución eclesial.

Sé que es, al menos, tan preocupante lo que se ve (lo que se ecucha en esas “oficinas de protección a los menores y prevención de abusos en todas las diócesis españolas”, por ejemplo), como lo que ocultan esos sacerdotes -y sus cómplices- a los que acusaba Ione, con verdad, como parte de la maraña de violencia sexual contra menores (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).