CRIANZA
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, eclesalia@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 23/07/21.- En los días de verano, aquí, en el hemisferio norte de nuestro planeta, los más peques de la casa están de vacaciones. Son dos meses largos de intensa convivencia familiar, sin tiempo de clases y, a lo sumo, algunos días de campamento (pocos o ninguno, en este año de pandemia). La vida se intensifica, la diversidad (de edades) se confronta y la educación continúa.

Todas y todos aprendemos en familia. Hacemos planes juntos y realizamos actividades programadas por todos. Son días para disfrutar entre el descanso y las últimas jornadas laborales. El calor nos empuja a la piscina, si se tiene ocasión, o a cualquier lugar en el que poder refrescarse. El tiempo nos permite el ocio y buenos momentos de lectura.

Me llama la atención que la mayoría de las veces en las que los medios de comunicación hablan de la familia, ofrecen imágenes de mujeres y hombres llevando carritos o, a lo sumo, con niñas y niños pequeños a su alrededor, infantes jugando inocentes sin mayor problema. Pero lo cierto y evidente es que las familias transitan por el tiempo y todos sus miembros crecen.

Parece claro que la familia es el primer grupo humano de socialización, clave en los primeros años, fundamental a lo largo de toda la vida dependiente y muy importante desde el momento de la autonomía. El crecimiento de las hijas e hijos exige que sus progenitores estén en una formación continua en cuanto a estrategias educativas y todo el tiempo disponible para llevarlas a cabo. No cabe duda de que son ellas y ellos los que ejercen mayor influencia en su personalidad, en sus modos y maneras de ser y estar, en su forma de afrontar todos los retos que ofrece la mera existencia.

Todo el año hay ocasión de trabajar en su cuidado y educación, en su crianza, pero hay más tiempo en los días de verano, durante sus vacaciones. ¿Algún reconocimiento? Por parte de la sociedad, pocos, aunque en España hay todo un ministerio dedicado, entre otras cosas, al “reto demográfico”. Por parte de la progenie, a ratos; la adolescencia nos demuestra la “ceguera” en la que viven, aunque sabemos que la madurez les revelará la realidad.

Lo que nos motiva a padres y madres a seguir en esta continua tarea es, en último término, el amor. Los esfuerzos constantes, la voluntad perseverante, la fortaleza de ánimo, se nutren del amor que nos nace. Y ya, desde la fe, además, del amor que nos sostiene y nos mantiene, Dios mismo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“El calor nos empuja a la piscina, si se tiene ocasión, o a cualquier lugar en el que poder refrescarse”.