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No retrocederemos Rambla arriba

Publicado: 4 septiembre, 2017 en REFLEXIONES
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1411578526_barcelona_ramblaNO RETROCEDEREMOS RAMBLA ARRIBA
KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 04/09/17.-  Debiera preñar al alma de más silencios. De buena mañana ya sentí los dedos agitados, urgidos de teclado, apremiados por seguir cantando a la vida en su ya maduro estío. Silencio nutricio, colmado de aliento y buena nueva, bendita aurora. Tras largos días de silencio, me acerco impaciente a la palabra madurada, fecundada en esperanza.

La noche sólo amagó a la orilla del Mediterráneo… Sigue habiendo un sitio para todos en las Ramblas del encuentro, del mestizaje; sigue habiendo un sitio para todos en las avenidas de la paz y la concordia. Las Ramblas nos siguen empujando al mar, nunca a la caverna y su infierno. La civilización se levanta en la arena templada. El plan es de avanzar hacia el abrazo, nunca hacia el choque. Itaca es la unión y la confraternización, nunca el odio y la confrontación. Las Cariátides drapeadas seguirán sosteniendo un templo que acoge todas las salmodias.

Podamos unirmos siempre, no sólo en la hora amarga. Podamos unirnos cuando el atentado, pero sobre todo cuando calla el estruendo, cuando las furgonetas respetan los carriles. Podamos unirnos más allá del dolor, podamos unirmos al clarear el día y al caer la noche. Podamos unirnos cuando la sangre en las Ramblas, pero sobre todo cuando las avenidas desbordan vida. Podamos unirnos no importa la camiseta de fútbol, no importa el latido del corazón, no importa el acento de los labios…

Podamos unirnos siempre el mar y la montaña, el centro y la periferia, la cruz y la media luna, la brisa y el cierzo, la tierra firme y las estrellas que ahora lloran y titilean… El dolor trae ya su recompensa en forma de corazones y voluntades acercados. Mañana la unión y la cooperación no salgan tan caros… “¡No hay banderas, no hay banderas!” gritaron  en Barcelona cuando alguien quiso esgrimir la suya con la intención de sacar partido… Perdure el empeño unitario.

No retrocederemos Rambla arriba… Las Ramblas nos sigan acompañando a un Mediterráneo en el que nos volvamos a encontrar, comerciar y civilizar. La barbarie nunca podrá con la civilización, con lo que hemos ido construyendo con barro y mármol, con brisa y respeto. A la vera del mar inmenso nos seguiremos encontrando, nunca arrollando… Gracias Barcelona por esta lección que no olvidaremos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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BARCELONA: MI AUTOCRÍTICA CONTRA EL TERROR
JOSÉ IGNACIO CALLEJA SÁENZ DE NAVARRETE, Profesor de Moral Social Cristiana, jigcalleja@gmail.com
VITORIA-GASTEIZ

ECLESALIA, 01/09/17.- Lees mil cosas, piensas otras tantas, muchas te llegan hondo, otras las notas más improvisadas, pero todas te rumian internamente sobre su parte en la verdad; en la verdad de Barcelona, Londres y París… y de Bagdad, El Cairo e Islamabad… ¿son lo mismo? Sí, terror puro y duro. Y ¿por lo mismo? Sí, reforzar los mismos objetivos por dos vías paralelas. Pero, ¿qué objetivos en cada lugar y por qué estrategias coordinadas? Me pierdo. Es fácil decir, por puro odio y terror allí y aquí. Y sí, es por odio y terror, pero ¿hay algo más tangible alrededor de estos sentimientos bárbaros que nos permita agostar su terreno? Sí, y leo por aquí y por allí, apuntes muy notables sobre una clave religiosa desbocada. Y de todo ello me quedo con que hay un uso estratégico de la religión por la política del terror, y lo sabía; y me quedo con que la corriente más fundamentalista y violenta del Islam está ganando terreno en la insurgencia islamista; no sólo aquí, en algunas minorías ocultas en la red de libertades de nuestras sociedades, sino sobre todo allí, en los lugares de guerra y represión del mundo islámico. Aquí, son minorías absolutamente reducidas, pero son y están. ¿Por qué negarlo en el análisis? Y allí son minorías menos minoritarias, y acaso en no pocos lugares, mayorías, ¿por qué negarlo en el análisis?

Sinceramente, no estoy en condiciones de analizar las corrientes más diversas en la política/guerra de tantos lugares del mundo árabe y musulmán, así que lo dejo en planteamiento. Sólo postulo que cuestionemos más la idea simple de apelar a que las religiones siempre son mediaciones de paz y convivencia y, si se demuestra lo contrario en muchos modos de afrontar la libertad por no pocos fieles, peor para los hechos. ¡Deberían serlo siempre, es un deber y un deseo! Entre nosotros son minorías los fanáticos violentos, pues vamos a sumarnos todos a políticas de integración democrática que darán su fruto en dos o tres generaciones. Éste es un compromiso a medio y largo plazo, y el que crea que se puede resolver con dos horas de formación en la escuela y en un par de cursos, no lo entiende. Por tanto, aquí y allí, las poblaciones musulmanas con un sentido ético y religioso pacífico por la justicia, son vitales. Y las nuestras también. Y la fe, toda fe, tiene que colaborar a esto. Esta ciudadanía es la imprescindible. Todos somos necesarios, muchos muy importantes, éstos imprescindibles.

En este acercarse al drama que estamos viviendo, yo le daría mucha presencia y fuerza en el análisis al factor “lucha por el poder económico y poder político” en esa región del mundo que se concentra en oriente medio, y por ende, a la variedad de objetivos de todos los sujetos enfrentados en ella; en el mundo islámico hay muchos sujetos con diversos intereses fácticos enfrentados; se sabe bien de esto por muchos analistas y estudiosos, luego hay que empeñarse en conocerlos en lo elemental (recomiendo ver Atrio-Alberto Revuelta); y en el mundo occidental hay otros tantos sujetos con diversos intereses fácticos particulares y antagónicos también: el cruce de intereses geoestratégicos y económicos en la zona es proverbial; las guerras de Afganistán, Irak y Siria, los han puesto en primer plano.

Nadie, salvo los terroristas y la población que los apoya (en todos los sitios la hay) quiere ver a las víctimas por Las Ramblas de Barcelona, nadie; pero muchos jamás renunciarían a sus objetivos políticos, económicos y productivos para facilitar políticas que minen la base económica y de lucha de poder en el conflicto. Porque, ¿quién sostiene en toda esa área de oriente medio y próximo a los grupos gobernantes que dirigen los países? Y ¿quién respalda a los grupos terroristas que, persiguiendo el mismo poder, recurren a un fundamentalismo cultural y religioso bárbaro? ¿Quién recoge el dinero con el que se financian y en qué cuentas aparece? Y los bancos, ¿con qué facilidad denuncian ante el Estado que esto o aquello no aceptan porque procede de aquí y de allá, para éstos y para los otros delincuentes? ¿Quién pone en la picota a su multinacional de armamento o derivados del petróleo o constructora, ¡a la suya, no a la de otros!, y denuncia la posición de poder que disfruta o gana a la sombra de la guerra? ¿Quién desvela internacionalmente los paraísos fiscales, las cuentas en Suiza o la compra de deuda pública internacional que manejan los Reyes del petróleo, los traficantes de armas, o quizá de la droga? ¿Quién denuncia y explica si se desvían capitales de primera magnitud, y por quiénes, hacia el terrorismo practicado contra los adversarios políticos, ideológicos, religiosos y económicos? ¿Quién ha forzado en la guerra de Siria dos bandos que impiden que la gane nadie y hayan de pactar una salida compartida con el mismo déspota, en aras a intereses ajenos a la población? ¿Quién maquina ¡personas, empresas y países! para que tales o cuáles grupos terroristas tengan medios contra las corrientes militares y religiosas que podrían perjudicarles? Y así a cada paso.

En fin, nadie quiere víctimas inocentes en ningún lugar, ¡casi nadie, no muchos!, pero pocos quieren pagar el precio que deberían, en aras de un mayor paz. ¡Vivo en el mundo! Los terroristas, nunca, porque el odio y la sed de poder va con ellos; los grupos gobernantes, nunca, porque el terror es muy malo, pero compartir los bienes y el poder por lo visto es peor; los gobiernos del lugar, tampoco, porque las monarquías bañadas en petrodólares no lo van a hacer, y si se les exige una postura de dureza, retiran su capital del país que las amenace en solitario; o sea, puede decirles un Estado, “sean ustedes buenos, pero no abandonen sus inversiones aquí”.

Luego nuestros gobiernos sí están interesados en acabar con el terrorismo, ahormado en cierto islamismo fundamentalista, muy interesados; lo están, pero tienen que acordar con todos los demás Estados, y todos con muchos intereses en juego, y sin peder la plaza en el tablero de juego, y mirando de reojo a los otros, y con sus poblaciones (nosotros) acudiendo a votar cada cuatro años; los echamos si no hacen una buena política antiterrorista y los echamos si no hacen buenos negocios internacionales, y su espacio de mercado lo ocupan otros. Todos rechazamos la venta de armas y la guerra, pocos aceptamos las décimas de déficit público que esto acarrea. Impedirlo exige políticas fiscales más justas y de reparto más exigente para el que trabaja y gana bien, y desde luego para las plusvalías del capital, pero esto no hay quién lo venda. (Sólo con que Barcenas no robe, no llega). Hay que hablar de otras políticas fiscales y entonces las víctimas de Barcelona o El Cairo ya están muy lejos en el argumento. Pues eso. Hay que darle una vuelta a todas estas conexiones con un modo de vida. Aquello de la civilización de la sobriedad desde los pobres (Ellacuría) no es una locura.

Por eso decía que la clave religiosa es muy importante, y la modernización cultural que hace posible la democracia, también, pero la tela de araña de intereses materiales y políticos en juego, pone sobre el tapete negocios y colaboraciones que afectan al modo de vida del “dinero, dinero, dinero… poder, poder, poder…. objetivos políticos, militares, financieros…”. No me distraigo de lo que sucede y las víctimas, ni me inculpo ingenuamente en favor de los terroristas, pero el problema es mucho más enredado y con sacrificios más equitativos entre las partes; sacrificios de toda índole, pero también materiales y de autocrítica a nuestro modo de relacionarnos con el mundo, como particulares, como empresas, como Estados, como civilización. Si los occidentales no somos autocríticos -objetivando al máximo los factores en juego-, no vamos a entender nada ni ser fuertes contra la injusticia radical del terrorismo político-económico, ahormado en un islamismo violento, y que nos afecta aquí y allá.

Las generalizaciones como impedir su entrada (la de todos los árabes y musulmanes), sospechar de todos, terminar con las religiones, cerrar fronteras, machacarlos con la guerra preventiva, son injustas en su base, inútiles en su propósito e ignorantes de nuestra interdependencia. Para poner a las poblaciones musulmanas contra el terrorismo de forma unánime, o casi,  ¡e insisto en que la nuestra fundamentalmente lo está!, hay que transformar el trato económico, cultural, militar y político en la zona en clave de justicia social, y entonces habrá oportunidades policiales mayores contra el terrorismo de los fanáticos, y oportunidades políticas reales de articular la paz alrededor de esos pueblos. (Y alrededor de esos barrios y poblaciones, aquí). A nadie se le oculta que las religiones tenemos mucho que ofrecer en este servicio (Evangelii gaudium), y que el Islam en particular tiene un reto interno insoslayable y muy difícil, ¡según creo!, pero no se pueden poner los bueyes (la religión) por delante del arado (las relaciones internaciones de poder y dinero en justicia y respeto). A la vez, de eso se trata (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Descanso EclesaliaLA GRATITUD Y EL DESCANSO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 31/07/17.- Todos buscamos poseer cosas, a ser posible que sean gratis al calor del conocido dicho de que, sin esfuerzo o sin un precio a pagar, todo sabe mejor; de ahí que la manzana robada siempre resulte tan apetitosa ¿Qué son las rebajas más que un negocio en el que nos ofertan llevarnos parte de lo que compramos sin pagar?

Conseguir un buen precio puede ser mayor victoria que el propio artículo comprado. Pero la cosa se complica cuando asociamos lo barato con lo mediocre, y lo caro como sinónimo de valioso. Y de esto se alimenta la poderosa industria del lujo a base de insuflarnos este tipo de esquemas hacia el poder aparente del consumismo. Esto me trae a la memoria uno de los estupendos cuentos que escribió Antonio Pereira, cuyo protagonista era un fabulador muy considerado que se ganaba la vida en el pueblo contando historias y sucedidos “con mucho relieve”. Un día le dio un derrame cerebral. Hasta entonces, jamás había contado nada que no fuese fantasía suya. Cuando se recuperó, empezó a contar historias verdaderas,  y “eso en nuestro pueblo no le interesa a nadie.”

Lo paradójico es que todos los días tenemos al alcance de la mano un gran número de experiencias estupendas que no nos han costado ningún esfuerzo: nadie se gana la visión de la luna llena o se merece una puesta de sol maravillosa en verano; gozar de buena salud, de las personas que nos quieren por lo que somos y no por lo que tenemos, disfrutar de un sueño reparador… Hemos perdido la capacidad de admirarnos con las maravillas cotidianas y de valorar en su justa medida a las buenas personas que jalonan nuestra vida. No hay como caer enfermo o sufrir el azote del paro o la soledad para ordenar el chip de las prioridades…

Ansiamos muchas cosas pero, curiosamente, las esenciales no se logran con dinero, tal como lo resume este proverbio oriental: “El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar. El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo. El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño. El dinero puede comprar un médico, pero no la salud. El dinero puede comprar una posición, pero no el respeto y la aceptación. El dinero puede comprar sangre, pero no la vida”.

Todos sabemos estas cosas, pero la presión del día a día no deja el espacio necesario para reflexionar y dejarnos trabajar sin la presión del frenesí de las prisas, espoleados como estamos por una publicidad agresiva y omnipresente que empuja en dirección contraria. Al final descubrimos que lo fiamos casi todo a la seguridad del dinero y del poder, incluso cuando se trata de realidades tan poco ligadas al vil metal pero radicalmente esenciales, como la paz, la alegría, el amor.

Las olas nos van llevando hasta confundir lo apetecible con lo verdaderamente necesario. En pleno verano ya, a ver si somos capaces de cumplir los buenos propósitos de cargar las pilas que nos humanizan pero sabiendo que muchas personas no van a poder descansar aunque sea un derecho elemental. Dios es el primero que desea unas felices vacaciones porque necesitamos descansar física y anímicamente; algunos no aprenden a desconectar por un sentido consumista del tiempo, como si descansar fuese algo malo, engullidos por el trabajo muy mal entendido. Otros no pueden porque sus dolores no se lo permiten. Y un tercer grupo de personas, lo fían todo también al consumismo, como si gastar más dinero en vacaciones garantizase el descanso vacacional que tanto necesitamos. Y esto no es verdad, ni remotamente.

Como buen maestro, Cristo nos muestra que descansar es un derecho y un deber. Dios fue el primero en hablarnos del descanso, en Gen 2, 1-3. El descanso dominical a los judíos tuvo también esa finalidad. En Juan 4, 6 se dice que Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Incluso evangelizar pide descanso, como nos cuenta Marcos (6, 30-31): “Entonces los apóstoles le contaron a Jesús todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer”.

Feliz descanso veraniego, que no es el menor regalo de nuestro Dios Padre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Nos seguimos leyendo en septiembre…
redacción de Eclesalia Informativo, eclesalia@eclesalia.net

Frente al mar

Publicado: 28 julio, 2017 en REFLEXIONES
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FRENTE AL MAR
“Tomar un nuevo vuelo de libertad”
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 28/07/17.- Desde siempre tuve miedo al mar, su grandeza y majestad me intimidan; para mí el mar resultaba algo tan grandioso como infranqueable. Ante su inmensidad me sentía tan pequeña e impotente, que me refugiaba en el miedo y temor. Desde siempre he preferido la montaña, pues la montaña la encuentro más “abordable” para mí; me da más seguridad y confianza. Ante el mar me pasa como a Pedro: tengo miedo de hundirme, de caer en el vacío. El vacio, siempre ha sido para mí una sensación de pánico, difícil de explicar. El vacio y la nada van juntos, y esto, me horroriza. ¡Misteriosa realidad! ¡Sólo de pensarlo me entra vértigo! Esta nada y vacio, nada tiene que ver con “las Nadas” de San Juan de la Cruz que, justamente, es un vaciarse de todo aquello que llena el espacio de nuestro ser, para dejarlo más “limpio”, más “puro” “sin nada”, con el fin de que sea Dios, y sólo Dios, quien lo llene; y de esta manera vivamos de su plenitud, de su Presencia. Entonces ya no hay vacio, pues Su Presencia llena plenamente la capacidad de la creatura.

Este tiempo, viviendo a la orilla del mar, en mí se ha cambiado el miedo y temor en la admiración de su grandeza, en la contemplación de su belleza, esa belleza que recibe de su Creador. Para adentrarme mar adentro, he tenido que pasar muchas horas contemplando su inmensidad, pasearme junto a él y sentir la brisa suave de sus olas impregnadas de fragancia frescura y suavidad; para que en mí se realizase esta transformación y cesase el miedo y termo. El hecho de vivir cierto tiempo a orillas del mar ha hecho que se diese ese cambio, aunque para mí, la montaña sigue teniendo su prioridad.

Cuando escribo estas líneas me encuentro junto al mar, en la puerta de la ermita de san Roque, Garachico, Tenerife. Hace un día maravilloso, primaveral y no me he resistido a la “tentación” de dejar mi ordenador, es decir, mi trabajo, para concederme el “regalo” de estar cerca, mirar, contemplar y admirar el gran espectáculo que resulta la alta marea, ¡algo extraordinario! Me entusiasma contemplar esos cambios que a lo largo del día pueden realizarse en el mar.

Contemplo las diferentes tonalidades de azul tan distintas, las cuales se fusionan y se unen en el lejano horizonte, allá a lo lejos, dando la impresión de fundirse en el azul celeste del cielo, con sus nubes lejanas como relieve de esas diversas tonalidades que se difunden en una mismo lienzo, resultando como un maravilloso encaje tejido por las manos más finas y delicadas de su Pintor.

El mar está bravo, las olas alcanzan hasta la orilla y acarician todo mi ser. Sensación inexplicable, en este maravilloso marco de belleza a la que se unen las sencillas palomas y elegantes gaviotas para acompañarme y romper mi soledad. Unas están entretenidas picoteando en las orillas y arrastrándose entre las arenas, otras en cambio, se elevan de la arena de una manera decidida, de terminada y elegante para escalar las alturas y así lograr la libertad.

La vida en el muelle, en las orillas, es demasiado monótona y vulgar, para aquellas gaviotas que se sienten llamadas a volar alto, para aquellas que buscan horizontes de libertad, plenitud e inmensidad. Por eso, ciertas gaviotas se arriesgan a volar alto, kilómetros y kilómetros, a lo largo y ancho del océano, aunque no sepan con certeza el riesgo que ello supone ni donde un día podrán aterrizar. Poco importa el riego, el cansancio, las contorsiones de sus alas y de su ser entero. Lo que importa es emprender un nuevo vuelo, experimentar un halo de libertad que les lleve al encuentro con la Roca que es Cristo, y en ella poder descansar.

Por supuesto que me siento plenamente identificada con estas gaviotas que han emprendido el vuelo. Yo también tengo ansias de libertad, de altura, de horizonte que me lleve a la plenitud, a la inmensidad, la cual, una no sabe si está en las alturas o en las profundidades o, tal vez, en las dos, porque Dios está en todas la partes, también en el muelle, junto aquellas gaviotas que nunca lograrán vuelos de libertad.

Lo que cambia es el destino de cada gaviota, porque para cada una es distinto; pues mientras a unas les basta y se conforman con quedarse en el muelle, entretenidas en comer “las migajas que caen de la mesa”, pasando así las horas y los días de manera monótona y sin mayor interés ni aliciente; las otras, en cambio, prefieren arriesgarse y emprender un nuevo vuelo, el vuelo de la “aventura”, pese al riesgo que él supone. En efecto, el vuelo las aleja del muelle, sin tener la certeza de adónde el “viento” las puede llevar. Poco importa, lo importante es arriesgarse a emprender el vuelo, un nuevo camino, con la certeza de que todo camino lleva a un término. Quien no se arriesga nunca hace camino y como dice nuestro poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Ahora bien, ese camino se hace en tierra, pero cuando se camina entre el mar y el cielo, ¿qué camino hacer? ¿Qué huellas seguir? ¡Pobres gaviotas! Extenuadas del camino, con sus alas heridas por el viento, y su cuerpo maltratado por las lluvias torrenciales y el sol radiante ¿cómo seguir volando? La sola y única seguridad la tienen en aquella gaviota que las guía con sabiduría e inteligencia y en la que han puesto toda su confianza, esa gaviota se llama: Espíritu Santo. Con él están seguras de llegar al buen puerto, al puerto donde podrán saciarse de aquello que fueron a buscar: horizontes de libertad, amistad, belleza, inmensidad, amor, plenitud, en definitiva eternidad: Dios, pues, el termino de todo camino es El, el hogar, la casa paterna y materna que nos espera para acogernos con inmenso amor y ternura al atardecer de nuestro vuelo.

Ante tal certeza, ¿qué puede importar el riesgo? ¿Por qué temer a las heridas de nuestras alas hechas añicos por la lucha y el desgaste del camino, si al final de la meta nos aguarda ese hogar cálido y acogedor, donde podremos descansar de todos nuestra fatigas y gozar de la visión y la unión plena de Aquel por el cual hemos emprendido el vuelo, desde la esperanza y el amor gozoso del encuentro?

Vivir en “las alturas” da otro horizonte, la vida se ve y se vive de muy distinta manera, con más profundidad y, a la vez, con un cierto relativismo  pues, se va a lo esencial. Desde las alturas la perspectiva de las cosas y acontecimientos cambia, y de alguna manera ya se goza de la nueva ciudad que nos espera: la Ciudad Santa, (cf. Apocalipsis, 21,1ss), la Jerusalén celeste, toda bella y armoniosa, con sus preciosas piedras cristalinas, sus lámparas de zafiro, y en medio del trono se encuentra el Cordero, Amor del alma, Aquel por quien las gaviotas emprendieron el vuelo.

Es evidente que la meta de las gaviotas está en encontrarse con el Amado, aunque para ello tengan que pasar por todas las inclemencias y adversidades “meteorológicas” del tiempo, de la noche, para llegar al alba del encuentro feliz.

Volar alto no significa desentenderse de la vida concreta que nos toca vivir, no, todo lo contrario; volar alto significa vivir la vida desde otra dimensión, dándole otra profundidad y altura. Volar alto significa alcanzar la libertad de los hijos de Dios, vivir las exigencias evangélicas y, de alguna manera, ayudar a otras “gaviotas” a que también emprenda el vuelo de la libertad, del amor, de la entrega y de la felicidad.

Quisiera ser como esas gaviotas que se arriesgan a emprender el vuelo de la libertad, de la inmensidad que les espera. ¡Poco se avanza quedándose en el muelle! Únicamente emprendiendo el vuelo es como se puede alcanzar las alturas, vencer la mediocridad, la superficialidad, la rutina del muelle y lograr meta de santidad, de plenitud. Esa plenitud que, de alguna manera, nos hace gustar, ya en el tiempo, los majares exquisitos que nos aguardan en el banquete de las bodas del Cordero; pero para ello no nos conformemos con pasarnos la vida en el mulle, emprendamos el arriesgado y gozoso vuelo de la Libertad (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Poesía y poeta

Publicado: 24 julio, 2017 en REFLEXIONES
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raquel1POESÍA Y POETA
STEFANO CARTABIA, Oblato, stefanocartabiaomi@gmail.com
URUGUAY

ECLESALIA, 24/07/17.- Descubrí la vocación a la poesía hace unos años, pero solo en estos últimos le estoy dando más cabida. Será ahora el tiempo justo.

Me fascina la poesía y me fascinan los poetas.

No me gusta definirme y no me defino: definirse es limitarse.

Simplemente vivo la poesía y, cada tanto, dejo que se escriba.

En realidad es la poesía que me vive, la poesía nos vive a todos.

Todos tienen la vocación de poetas: hay que desenterrarla. Todos la tienen porque todos somos humanos y la poesía nace con el ser humano. Todos la tienen porque todos buscamos al Amor y vivimos del Amor.

Ser poeta no consiste tanto, ni solo, en escribir poesías.

Ser poeta es una actitud frente a la vida. Se vive de poeta, se vive como poeta: y cuando el cielo quiere también se escribe algo.

Vivir como poeta es mirar al mundo sonriendo, a pesar de todo.

Vivir como poeta es conversar con una flor y, sobre todo, escuchar su respuesta.

Vivir como poeta es estar eternamente enamorado y pasar por la vida cantando.

Vivir como poeta es cuestión de unidad: ser uno con todo y desaparecer.

Vivir como poeta es captar lo real de lo real, lo único que brilla en la noche más oscura.

Vivir como poeta es fluir con todo sin juzgar y cantar el dolor.

Vivir como poeta es ser instrumento: por tu sangre pasan los versos y por tu sangre quedan ahogados.

Vivir como poeta es atreverse a decir lo que sería mejor callar.

Vivir como poeta es vivir como un útero: gestar la vida y dar a luz al momento correcto.

Ser poeta es una actitud: dejar que la Palabra fecunde el silencio.

Ser poeta es traicionar con calidad al Misterio.

Ser poeta es sostener la mirada de Dios hasta el instante antes que te consuma.

Decía Dostoievsky: “la belleza salvará al mundo.

Me permito añadir: “la poesía creará la belleza.

Porque la poesía viene antes, en todo sentido. Porque la poesía hace florecer hasta lo muerto y descubre belleza donde no la hay.

La poesía surge en el preciso instante en que Dios se contempló a si mismo.

En el fondo la plenitud o la santidad consisten es darse cuenta de nuestro verdadero nombre: poesía. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Descúbrelo! ¡Anímate a vivir como poeta!

kippah-photo-susan-katz-millerESPIRITUALIDAD MAYA Y FRANCISCANA
Reflexión sobre Dios en la cosmovisión y espiritualidad de los pueblos originarios y las semejanzas en la espiritualidad franciscana
ROBERTO JOSÉ CASTILLO TELLES, estudiante de teología, robercaste25@gmail.com
GUATEMALA

ECLESALIA, 21/07/17.- En la fe cristiana ha habido la intencionalidad de acogida e inculturación. San Justino en el siglo II, hace mención de la presencia de “semillas del verbo en el mundo”, mostrando indicios que desde siempre ha sido necesaria la inculturación de la fe, no a la fuerza, ni menospreciando tradiciones y religiosidades, ya existentes. A pesar de este principio que nos propone este padre de la Iglesia, la cristiandad se ha visto envuelta en la historia de dolor e intromisión en la cultura maya, movida en su mayor parte por intereses económicos y políticos.

La Iglesia sin embargo, ha estado inmersa en la historia de conquista y persecución de los pueblos Mayas en Guatemala, desde abril de 1541.

Desde la época de la colonización los pueblos originarios que habitaban las tierras del quetzal, han sido sometidas a innumerables atropellos. Esta cultura es manifiesto de grandes avances, a nivel de astronomía, ecología, gastronomía y religiosidad, en comparación con culturas existentes a lo largo de la historia.

Dentro de la cosmovisión maya existen semejanzas con la cosmovisión y espiritualidad cristiana. Esta desde sus orígenes ha sido nutrida por diversos carismas, que se conoce como la acción carismática y dinámica de la Ruah divina que impulsa y anima el andar de una Iglesia que le ha sido confiada por Jesús, para su cuidado y acompañamiento.

Entre una de estas líneas carismáticas se encuentra la de Francisco de Asís, hombre con una profunda y visionaria concepción de lo que implica la llamada y seguimiento radical de Jesús de Nazaret.

Esta corriente franciscana ha sido paradigmática en el caminar del pueblo de Dios a través de la historia medieval y los siglos sucesivos.

Sin embargo y no minimizando lo que se exponía anteriormente, presentaremos algunos de los ideales y principios de la espiritualidad Franciscana y su relación con la espiritualidad maya.

Similitudes:

  • Debido al contexto en que vivían los pueblos originarios en donde las relaciones humanas e interpersonales gestadas desde el cotidiano, adquieren un profundo sentido religioso unido a sus distintas divinidades, todo su entorno y el ser de cada persona se ligan profundamente a lo divino. En la jerarquización de la estructura socio-religiosa se pretendía establecer una sana convivencia entre la comunidad.
    El franciscanismo ha retomado el sentido de una vivencia fraternal en sus comunidades, la principal respuesta a esta exigencia la propone Francisco de Asís, que desde la minoridad e igualdad entre los hermanos, se experimenta lo sagrado que habita cada persona. El servicio de la autoridad no hace diferenciación en la comunidad, ni mucho menos una jerarquización o estatus.
  • Una de las imágenes sobresalientes de la deidad en la cosmovisión maya es la de: “Dios como corazón del cielo y tierra”, ya hacíamos referencia, a que el cotidiano y todo lo que se viera implicado en el, adquieren un carácter divino que conlleva a una vivencia ritual y religiosa. La naturaleza como parte importante del cosmos, está impregnada de la divina presencia, que a la vez es ausente, pero viva, con la centralidad fija en el Dios insondable que se manifiesta y revela en la sacralidad, que posee la armoniosa y purificadora naturaleza.
    Al ruiseñor de Asís, tachado de loco por su profunda admiración, cuidado y respeto a la que él llamaba: “la hermana naturaleza”, recuerda de forma visionaria el sentido sacramental que debe de representar para cada cristiana/o. Ha sido el entorno natural el hábitat del ser humano, en donde han acontecido los distintos procesos reveladores de Dios, que ha creado todo por puro amor, en libertad y gratuidad. La libertad mal utilizada por el ser humano, tiende  a expoliar a la hermana naturaleza,  a la que distintas religiones y espiritualidades, han considerado como sagrada.
  • La integralidad y totalidad de la persona, es precedente dentro de la cosmovisión maya. El ser humano es concebido como un ser unitario conformado por espíritu y cuerpo, que se expresa de forma –novedosa- en la divinidad que es padre y madre, definiendo al ser humano, no como macho y hembra, sino como la conformación de la persona. Esta unicidad del ser humano es también punto de partida del calendario principal de los mayas (Tzolkin), en donde las cuentas de los meses son de 20 días, simbolizando los 20 dedos de una persona, como la conformación de todo el ser.

Recopilando y entrelazando con el testimonio espiritual del seráfico padre, que invita  a los hermanos a poder recuperar el carácter tierno y cariñoso, -este aspecto fundamental para todo ser humano- que por la cultura hemos estereotipado únicamente a la mujer. Es desde la profunda experiencia de amor entre Francisco y Dios, que hereda e invita a los suyos, a poder recobrar la misma, basada en la ternura, en donde prevalezca el bienestar de las personas, a rescatar la pluridimensional con que debe el ser humano, regir y orientar su vida, al servicio de los marginados y empobrecidos.  Es decir el ser entero de la persona, debe estar orientado a la dignificación de cada ser humano, que es también medio de la revelación de Dios con innata sacralidad, de tipo ontológico (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Un profeta entre nosotros

Publicado: 14 julio, 2017 en REFLEXIONES
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jorge-mario-bergoglioUN PROFETA ENTRE NOSOTROS
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 14/07/17.- Hemos pasado mucho tiempo recordando y leyendo a los profetas como seres de otra época -casi de otra galaxia, me atrevería a decir- añorando quien ilumine una época en la nos parecía que los mensajes de la Biblia estaban muy lejos de nosotros. Alguien que nos ayudase a interpretar la realidad para vivirla a la manera del Cristo Pascual resucitado.

¿Qué es un profeta? esencialmente un mensajero de Dios, una persona corriente con experiencia de Dios que ha sido llamada por Él para “hablar en su lugar” (pro-femí, hablar en lugar de) interpretando su Palabra en las circunstancias del momento presente. Por eso hemos tenido diferentes estilos de profetas en función de las circunstancias que marcaban la actualidad del Pueblo de Dios. Algunos han proclamado la fidelidad de Dios perdonando y anunciando una nueva Alianza (Ezequiel Isaías…); otros corrigen a los sacerdotes y les recuerda sus responsabilidades (Malaquías), defienden a los pobres y desamparados (Oseas), dan consuelo y aliento a oprimidos y marginados (Sofonías), invitan a la conversión de corazón (Jeremías), etc.

En este tiempo nuestro, tenemos un  gran profeta que además es Papa. No ha sido habitual que los profetas sean personas investidas de responsabilidades sociales o religiosas, y menos que el máximo exponente de la Iglesia católica sea un experto practicante del liderazgo de servicio evangélico poniendo su ministerio papal al servicio del carisma profético necesario para hacer Reino entre nosotros.

No deja de ser llamativo que Francisco tenga mayor reconocimiento y admiración entre quienes están alejados de la fe que entre sus correligionarios. A Jesús le pasó lo mismo con las autoridades y expertos religiosos de su tiempo. Pero a Jesús ya no le tenemos con nosotros físicamente, pero a Francisco sí. Y en lugar de acostumbrarnos pasivamente a sus audacias evangélicas y a su ejemplo rompedor, creo que resulta mejor repensar y reflexionar, abiertos al Espíritu, sobre los mensajes y actitudes que este profeta del siglo XXI nos propone hablando por boca de Dios:

  1. Una Iglesia pobre para los pobres que deje de ser un referente de poder mundano para serlo de los que más sufren y padecen cualquier tipo de injusticia.
  2. Una Iglesia de la misericordia y compasión como actitudes de vida que reflejan el mejor rostro de Dios-amor. Mano tendida de sincera reconciliación.
  3. La práctica de la colegialidad en todos los niveles de la iglesia: “Prefiero una iglesia que comete errores porque está haciendo algo a una que se enferma porque se mantiene cerrada en sí misma” es uno de sus lemas.
  4. El final del clericalismo, arribismo y carreras eclesiásticas. Su postura me recuerda a las palabras de Jesús contra los escribas y fariseos.
  5. El necesario empoderamiento de los laicos, ellos y ellas.
  6. Denuncia profética de las injusticias estructurales. La promoción de la justicia, la paz y la protección del medio ambiente.
  7. Tolerancia cero con los desmanes de la pederastia y la corrupción.

Algún día echaremos en falta a este regalo de Dios al que muchos admiran pero pocos siguen. Vivamos hoy en el agradecimiento y el compromiso guiados por su testimonio pues todos estamos invitados a vivir nuestro profetismo bautismal a nuestro nivel en nuestro medio, fijos los ojos en Jesús de Nazaret: Él es el Enviado de la verdadera autoridad y el magisterio del liderazgo de servicio lavando los pies de sus discípulos, el que remueve conciencias confortables y desestabiliza injusticias, incluidas las que pasan por no serlo, por amor al que sufre. Sigamos a su profeta Francisco en la llamada a la construcción del Reino (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Fe, creer y creencia

Publicado: 10 julio, 2017 en REFLEXIONES
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cone-147672__340FE, CREER Y CREENCIA
LUCÍA GAYÓN, permanecerensuamor@gmail.com
IXTAPA (MÉXICO).

 

ECLESALIA, 10/07/17.- Hay una diferencia entre  la fe, en el creer y en la creencia.

Muchas veces empaquetamos estos conceptos en uno solo.

La creencia es variable, es algo humano – tenemos creencias culturales, sociales, políticas, religiosas y personales. Podemos tener una experiencia que por ser nuestra, porque nos funciona, la convertimos en una creencia.

Existen miles de creencias culturales y sociales que forman parte de nuestros comportamientos y tradiciones – forman parte del abanico de la cortesía y del “tener maneras”.

Así también tenemos las creencias políticas, las económicas, las laborales y las religiosas. Estas son condiciones que nos hacen adherirnos a un sistema humano. Al “creer”, aceptar o al adherirnos a esas creencias nos hacemos parte, somos aceptados.

La creencia, al venir de lo humano, es específica o concreta. En muchas ocasiones las creencias crean conflicto interno o conflicto con los demás.

La fe no es creer en las creencias (sean las que sean). La fe es un regalo de Dios que nos llega al corazón.

Utilizamos el verbo “creer” como algo que aplica indistintamente al “tener” fe o al adherirnos a un sistema de creencias.

La fe no es algo que adquirimos; no pertenece al terreno del tener – pertenece al terreno del ser. La fe es una diferente forma de ver, de escuchar, de tocar, de sentir, de pensar. No aplica a los sentidos físicos – aplica a los sentidos del alma.

Entramos al “terreno” de la fe cuando nos percatamos del Amor que es en nosotros, en los otros y en la creación y descubrimos que la fuente de ese Amor es Dios en su “forma” inmanente y trascendente. Poder ver, descubrir esta nueva forma de percepción es la fe.

La fe nos da sus señales que podemos ver en los frutos del Espíritu Santo – nos hace sentir en un estado de enamoramiento, de felicidad, de armonía. La fe nos hace saber que somos en lo paradójico y en el misterio – nos hace saber que tenemos el DNA de Dios. El nos da el privilegio de hacernos humanos para poder entonces con-templar el Amor que ya es (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

69511_n_20-08-14-13-42-57DECLARACIÓN DE SOLIDARIDAD SIN FRONTERAS
MIGUEL ÁNGEL MESA BOUZAS, miguelmesabouzas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 07/07/17.- Siendo mayor de edad, y en plenas facultades mentales, con domicilio en Madrid, pero sintiéndome ciudadano del mundo, abogando por la superación y la eliminación de todas las fronteras en todos los países del mundo:

DECLARO:

Que a pesar de mis insuficiencias, temores e incoherencias, deseo que me inscriban en un registro que conste en todos los estamentos públicos y privados, nacionales e internacionales, en el que conste que me siento muy unido, enteramente cercano, intensamente identificado y en profunda solidaridad:

Con las mujeres, que sufren discriminaciones de todo tipo, acoso y toda clase de violencia, que son obligadas a casarse en edades tempranas, o son víctimas de trata para prostituirse, que son asesinadas por sus parejas, familiares u otras personas, por el simple hecho de ser mujeres, en un inmenso feminicidio a escala mundial.

Con el colectivo LGTBI, con cada una de sus personas concretas, con nombres y apellidos, con sus luchas y reivindicaciones, para superar la exclusión, el rechazo, el insulto, la violencia, la prisión, la muerte que sufren cada día.

Con los niños y niñas obligados a realizar un trabajo esclavo, a vender sus cuerpos, que sufren distintos tipos de agresiones en la escuela, en su casa, en la sociedad, que son empujados a la droga o enrolados a la fuerza en distintas guerrillas…

Con las personas en paro, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que no tienen un trabajo, no pudiendo así independizarse, mantener a sus familias, sentir que pueden vivir con cierta seguridad, felices, con dignidad.

Con las personas refugiadas, que tienen que huir de sus países en guerra, por pobreza, para escapar de las persecuciones de distintos tipos, para mejorar sus vidas… y son engañados, extorsionados, violentados, perseguidos y, al final, al fin cuando llegan a su destino, son rechazados y apartados en campos de aislamiento… quienes han tenido ¿la suerte? de llegar.

Con las personas ancianas, olvidadas, abandonadas, desatendidas por sus familiares, por el Estado, muchas de ellas con alzheimer, parkinson u otras enfermedades, o sin medios para subsistir.

Con todos los hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos de toda la tierra, que son víctimas de la guerra, el hambre, el odio, la violencia, el terrorismo, la marginación, la expulsión de su tierra, el racismo, o la persecución por sus ideas políticas o sociales, su identidad sexual, su religión, su etnia…

Con los países del Sur y los colectivos empobrecidos de nuestro mundo, valiosos y ricos por sus tierras y sus gentes, pero colonizados, explotados, enfrentados de forma subliminal entre su propia población, marginados de las decisiones que les afectan, ninguneados, despreciados por los países ricos del Norte, tan cristianos y civilizados, pero que en realidad son los causantes de muchas de sus desgracias, guerras y violencias, de su desesperanza.

Con la Madre Tierra, que sufre la devastación, el expolio, la polución, la despreocupación del género humano hacia ella. El aire, los ríos, lagos, mares y océanos, la superficie terrestre están en gran medida contaminados; los bosques, la selva, la flora y muchos animales están desapareciendo y, por eso, nuestro mundo está dando cada día más señales del dolor que le causan los seres humanos y, en especial, los países ricos, que no quieren tomar medidas drásticas para que se invierta el proceso de cambio climático que estamos causando y sufriendo.

Y para que así conste, reafirmando mi plena solidaridad y mi deseo de seguir siendo fiel, en la medida de mis posibilidades, a todas estas personas, a estos colectivos y sus justas causas, a este hermoso planeta azul, firmo la presente declaración a 30 de junio de 2017 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Preguntas

Publicado: 30 junio, 2017 en REFLEXIONES
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faqPREGUNTAS
Ejercicio espiritual
GUILLERMO OROZ ARAGÓN, Fraternidad de laicos cistercienses del Monasterio de La Oliva, guillermomertxe@hotmail.es
NAVARRA.

ECLESALIA, 30/06/17.- ¿Os he dado alguna vez las gracias por cuantas preguntas me habéis hecho? En un diálogo, las preguntas son el puente entre las voces, la confluencia de corazones, el destello de luz compartida. Todas y cada una de ellas me han hecho crecer, aun la que parecería más trivial. Porque cada pregunta viene cargada de matices, unas de cariño, otras de atención o de interés, e incluso algunas de desafío… Unas he contestado, otras aún no he sabido, quizá nunca sepa contestarlas…

¿Cuántas preguntas hemos dejado de hacer no pocas veces? Flores que no hemos plantado en los campos del diálogo. La pregunta verdadera tiene siempre el aroma de la humildad: es el reconocimiento de nuestra ignorancia y el de la capacidad de nuestro hermano para ayudarnos. La pregunta es una frase inconclusa, un verso que busca palabras de otro para dar cumplimiento a su belleza y su mensaje.

La pregunta tiene el color del respeto infinito por la libertad del otro.

¿También vosotros queréis marcharos?

Jesús es un Dios que pregunta. Son infinidad las veces que Jesús se acerca al hombre y le interroga. Desde el “¿qué buscáis?” inicial en Juan, o la triple interpelación a Pedro de “¿me amas?”, o el clamor al Padre “¿por qué me has abandonado?”; o la delicadeza con el ciego en la piscina de Betseda “¿quieres recobrar la salud?”.

El, que es Verdad, Camino y Vida, también se compone de preguntas.

¿Aún no entendéis?

Pero la pregunta tiene su final, su conclusión, su meta: la respuesta. Supremo acto de libertad y amor.

Desde el inicio, aún en el paraíso, Dios busca al hombre con una pregunta: “¿dónde estás?”. Dios nos busca, siempre es el primero en dar el primer paso. Es Él quien nos ha elegido, no nosotros a Él. Nosotros somos respuesta a esa pregunta primordial y primigenia. O no somos nada.

¿No os he elegido yo a vosotros?

Pero también somos un montón de preguntas. ¿Cuántas no guardamos en nuestro interior, incluso con rabia? ¿Cuántas no nos gustaría hacerle a Dios mismo? Pero la respuesta, si tiene que llegarnos, lo hará cuando nuestro corazón esté preparado para escucharla; ni un instante antes, ni un instante después. Por eso, cuando no podamos vivir las respuestas, vivamos las preguntas. Sin miedo, sin angustias, en actitud de espera y confianza.

“Sé paciente con todo lo que aún
no está resuelto en tu corazón…
Trata de amar tus propias dudas…

No busques las respuestas
que no se pueden dar,
porque no serías capaz de soportarlas.
Lo importante es
vivirlo todo.

Vive ahora las preguntas.
Tal vez así,
poco a poco,
sin darte cuenta,
puedas algún día
vivir las respuestas.”
Rainer María Rilke.

También nosotros somos una pregunta que hacemos a Dios y esperamos respuesta. Él ya nos ha respondido y nos responde cada día, pero a menudo estamos demasiado ocupados en nuestro ruidoso mundo para escuchar. Jesús es la respuesta de Dios a nosotros.

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

Tanto en el evangelio de Lucas como en el de Juan, las primeras palabras de Jesús son una pregunta; en el de Lucas, incluso las primeras tras la resurrección lo son  también. En cierto sentido, cada Evangelio es una interrogación que Dios nos hace a cada uno de nosotros.

¿No habéis leído…? ¿A quién buscáis? ¿Crees esto? ¿Comprendéis lo que he hecho? ¿Por qué me pegas? ¿Por qué lloras? ¿Por qué tenéis miedo? ¿Quién me ha tocado? ¿Qué queréis que os haga? ¿Quién decís que soy yo? ¿No habéis podido velar una hora conmigo? ¿Os faltó algo? ¿Me amas?, ¿me amas?, ¿me quieres?

¿Somos capaces de contestar a algo de todo eso? Pues mucho más es lo que Jesús nos pregunta desde su evangelio y desde nuestra vida.

Quizá estemos demasiado seguros de nuestras certezas muchas veces y debamos regresar a las preguntas como quien regresa al hogar y a la infancia. Para no encorsetar al Espíritu, para dejar a Dios ser Dios.

¿Dios es una pregunta?

 Ante la inmensidad de Dios, en bondad, en verdad y en belleza, siempre hay algo que se nos escapa, que se nos refugia en el Misterio: ahí sólo podemos asomarnos apoyados en la muleta de un interrogante.

Pocas grafías hay tan hermosas como el interrogante  “?”.

¿Por qué molestáis a esta mujer?

La pregunta está empapada de ternura y delicadeza. Es imposible el diálogo sin preguntas; es imposible que un niño hable con su padre sin preguntas, ni un amigo con otro amigo, ni un esposo con su esposa. No es posible el amor sin preguntas. No es posible la oración sin preguntas.

Ya llegará el Día del Señor, el día de la Gran Respuesta. Pero hasta entonces las preguntas son parte de nuestro vivir la verdad en los caminos, como son parte de quien es Camino, Verdad y Vida.

Dice Jesús que los niños, y sólo ellos y quienes son como ellos, entrarán en el Reino. ¿Y no es el niño quien domina el arte de preguntar?, ¿no es el niño quien vive perpetuamente instalado en la pregunta? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).