Archivos de la categoría ‘REFLEXIONES’

kippah-photo-susan-katz-millerESPIRITUALIDAD MAYA Y FRANCISCANA
Reflexión sobre Dios en la cosmovisión y espiritualidad de los pueblos originarios y las semejanzas en la espiritualidad franciscana
ROBERTO JOSÉ CASTILLO TELLES, estudiante de teología, robercaste25@gmail.com
GUATEMALA

ECLESALIA, 21/07/17.- En la fe cristiana ha habido la intencionalidad de acogida e inculturación. San Justino en el siglo II, hace mención de la presencia de “semillas del verbo en el mundo”, mostrando indicios que desde siempre ha sido necesaria la inculturación de la fe, no a la fuerza, ni menospreciando tradiciones y religiosidades, ya existentes. A pesar de este principio que nos propone este padre de la Iglesia, la cristiandad se ha visto envuelta en la historia de dolor e intromisión en la cultura maya, movida en su mayor parte por intereses económicos y políticos.

La Iglesia sin embargo, ha estado inmersa en la historia de conquista y persecución de los pueblos Mayas en Guatemala, desde abril de 1541.

Desde la época de la colonización los pueblos originarios que habitaban las tierras del quetzal, han sido sometidas a innumerables atropellos. Esta cultura es manifiesto de grandes avances, a nivel de astronomía, ecología, gastronomía y religiosidad, en comparación con culturas existentes a lo largo de la historia.

Dentro de la cosmovisión maya existen semejanzas con la cosmovisión y espiritualidad cristiana. Esta desde sus orígenes ha sido nutrida por diversos carismas, que se conoce como la acción carismática y dinámica de la Ruah divina que impulsa y anima el andar de una Iglesia que le ha sido confiada por Jesús, para su cuidado y acompañamiento.

Entre una de estas líneas carismáticas se encuentra la de Francisco de Asís, hombre con una profunda y visionaria concepción de lo que implica la llamada y seguimiento radical de Jesús de Nazaret.

Esta corriente franciscana ha sido paradigmática en el caminar del pueblo de Dios a través de la historia medieval y los siglos sucesivos.

Sin embargo y no minimizando lo que se exponía anteriormente, presentaremos algunos de los ideales y principios de la espiritualidad Franciscana y su relación con la espiritualidad maya.

Similitudes:

  • Debido al contexto en que vivían los pueblos originarios en donde las relaciones humanas e interpersonales gestadas desde el cotidiano, adquieren un profundo sentido religioso unido a sus distintas divinidades, todo su entorno y el ser de cada persona se ligan profundamente a lo divino. En la jerarquización de la estructura socio-religiosa se pretendía establecer una sana convivencia entre la comunidad.
    El franciscanismo ha retomado el sentido de una vivencia fraternal en sus comunidades, la principal respuesta a esta exigencia la propone Francisco de Asís, que desde la minoridad e igualdad entre los hermanos, se experimenta lo sagrado que habita cada persona. El servicio de la autoridad no hace diferenciación en la comunidad, ni mucho menos una jerarquización o estatus.
  • Una de las imágenes sobresalientes de la deidad en la cosmovisión maya es la de: “Dios como corazón del cielo y tierra”, ya hacíamos referencia, a que el cotidiano y todo lo que se viera implicado en el, adquieren un carácter divino que conlleva a una vivencia ritual y religiosa. La naturaleza como parte importante del cosmos, está impregnada de la divina presencia, que a la vez es ausente, pero viva, con la centralidad fija en el Dios insondable que se manifiesta y revela en la sacralidad, que posee la armoniosa y purificadora naturaleza.
    Al ruiseñor de Asís, tachado de loco por su profunda admiración, cuidado y respeto a la que él llamaba: “la hermana naturaleza”, recuerda de forma visionaria el sentido sacramental que debe de representar para cada cristiana/o. Ha sido el entorno natural el hábitat del ser humano, en donde han acontecido los distintos procesos reveladores de Dios, que ha creado todo por puro amor, en libertad y gratuidad. La libertad mal utilizada por el ser humano, tiende  a expoliar a la hermana naturaleza,  a la que distintas religiones y espiritualidades, han considerado como sagrada.
  • La integralidad y totalidad de la persona, es precedente dentro de la cosmovisión maya. El ser humano es concebido como un ser unitario conformado por espíritu y cuerpo, que se expresa de forma –novedosa- en la divinidad que es padre y madre, definiendo al ser humano, no como macho y hembra, sino como la conformación de la persona. Esta unicidad del ser humano es también punto de partida del calendario principal de los mayas (Tzolkin), en donde las cuentas de los meses son de 20 días, simbolizando los 20 dedos de una persona, como la conformación de todo el ser.

Recopilando y entrelazando con el testimonio espiritual del seráfico padre, que invita  a los hermanos a poder recuperar el carácter tierno y cariñoso, -este aspecto fundamental para todo ser humano- que por la cultura hemos estereotipado únicamente a la mujer. Es desde la profunda experiencia de amor entre Francisco y Dios, que hereda e invita a los suyos, a poder recobrar la misma, basada en la ternura, en donde prevalezca el bienestar de las personas, a rescatar la pluridimensional con que debe el ser humano, regir y orientar su vida, al servicio de los marginados y empobrecidos.  Es decir el ser entero de la persona, debe estar orientado a la dignificación de cada ser humano, que es también medio de la revelación de Dios con innata sacralidad, de tipo ontológico (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Un profeta entre nosotros

Publicado: 14 julio, 2017 en REFLEXIONES
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jorge-mario-bergoglioUN PROFETA ENTRE NOSOTROS
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 14/07/17.- Hemos pasado mucho tiempo recordando y leyendo a los profetas como seres de otra época -casi de otra galaxia, me atrevería a decir- añorando quien ilumine una época en la nos parecía que los mensajes de la Biblia estaban muy lejos de nosotros. Alguien que nos ayudase a interpretar la realidad para vivirla a la manera del Cristo Pascual resucitado.

¿Qué es un profeta? esencialmente un mensajero de Dios, una persona corriente con experiencia de Dios que ha sido llamada por Él para “hablar en su lugar” (pro-femí, hablar en lugar de) interpretando su Palabra en las circunstancias del momento presente. Por eso hemos tenido diferentes estilos de profetas en función de las circunstancias que marcaban la actualidad del Pueblo de Dios. Algunos han proclamado la fidelidad de Dios perdonando y anunciando una nueva Alianza (Ezequiel Isaías…); otros corrigen a los sacerdotes y les recuerda sus responsabilidades (Malaquías), defienden a los pobres y desamparados (Oseas), dan consuelo y aliento a oprimidos y marginados (Sofonías), invitan a la conversión de corazón (Jeremías), etc.

En este tiempo nuestro, tenemos un  gran profeta que además es Papa. No ha sido habitual que los profetas sean personas investidas de responsabilidades sociales o religiosas, y menos que el máximo exponente de la Iglesia católica sea un experto practicante del liderazgo de servicio evangélico poniendo su ministerio papal al servicio del carisma profético necesario para hacer Reino entre nosotros.

No deja de ser llamativo que Francisco tenga mayor reconocimiento y admiración entre quienes están alejados de la fe que entre sus correligionarios. A Jesús le pasó lo mismo con las autoridades y expertos religiosos de su tiempo. Pero a Jesús ya no le tenemos con nosotros físicamente, pero a Francisco sí. Y en lugar de acostumbrarnos pasivamente a sus audacias evangélicas y a su ejemplo rompedor, creo que resulta mejor repensar y reflexionar, abiertos al Espíritu, sobre los mensajes y actitudes que este profeta del siglo XXI nos propone hablando por boca de Dios:

  1. Una Iglesia pobre para los pobres que deje de ser un referente de poder mundano para serlo de los que más sufren y padecen cualquier tipo de injusticia.
  2. Una Iglesia de la misericordia y compasión como actitudes de vida que reflejan el mejor rostro de Dios-amor. Mano tendida de sincera reconciliación.
  3. La práctica de la colegialidad en todos los niveles de la iglesia: “Prefiero una iglesia que comete errores porque está haciendo algo a una que se enferma porque se mantiene cerrada en sí misma” es uno de sus lemas.
  4. El final del clericalismo, arribismo y carreras eclesiásticas. Su postura me recuerda a las palabras de Jesús contra los escribas y fariseos.
  5. El necesario empoderamiento de los laicos, ellos y ellas.
  6. Denuncia profética de las injusticias estructurales. La promoción de la justicia, la paz y la protección del medio ambiente.
  7. Tolerancia cero con los desmanes de la pederastia y la corrupción.

Algún día echaremos en falta a este regalo de Dios al que muchos admiran pero pocos siguen. Vivamos hoy en el agradecimiento y el compromiso guiados por su testimonio pues todos estamos invitados a vivir nuestro profetismo bautismal a nuestro nivel en nuestro medio, fijos los ojos en Jesús de Nazaret: Él es el Enviado de la verdadera autoridad y el magisterio del liderazgo de servicio lavando los pies de sus discípulos, el que remueve conciencias confortables y desestabiliza injusticias, incluidas las que pasan por no serlo, por amor al que sufre. Sigamos a su profeta Francisco en la llamada a la construcción del Reino (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Fe, creer y creencia

Publicado: 10 julio, 2017 en REFLEXIONES
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cone-147672__340FE, CREER Y CREENCIA
LUCÍA GAYÓN, permanecerensuamor@gmail.com
IXTAPA (MÉXICO).

 

ECLESALIA, 10/07/17.- Hay una diferencia entre  la fe, en el creer y en la creencia.

Muchas veces empaquetamos estos conceptos en uno solo.

La creencia es variable, es algo humano – tenemos creencias culturales, sociales, políticas, religiosas y personales. Podemos tener una experiencia que por ser nuestra, porque nos funciona, la convertimos en una creencia.

Existen miles de creencias culturales y sociales que forman parte de nuestros comportamientos y tradiciones – forman parte del abanico de la cortesía y del “tener maneras”.

Así también tenemos las creencias políticas, las económicas, las laborales y las religiosas. Estas son condiciones que nos hacen adherirnos a un sistema humano. Al “creer”, aceptar o al adherirnos a esas creencias nos hacemos parte, somos aceptados.

La creencia, al venir de lo humano, es específica o concreta. En muchas ocasiones las creencias crean conflicto interno o conflicto con los demás.

La fe no es creer en las creencias (sean las que sean). La fe es un regalo de Dios que nos llega al corazón.

Utilizamos el verbo “creer” como algo que aplica indistintamente al “tener” fe o al adherirnos a un sistema de creencias.

La fe no es algo que adquirimos; no pertenece al terreno del tener – pertenece al terreno del ser. La fe es una diferente forma de ver, de escuchar, de tocar, de sentir, de pensar. No aplica a los sentidos físicos – aplica a los sentidos del alma.

Entramos al “terreno” de la fe cuando nos percatamos del Amor que es en nosotros, en los otros y en la creación y descubrimos que la fuente de ese Amor es Dios en su “forma” inmanente y trascendente. Poder ver, descubrir esta nueva forma de percepción es la fe.

La fe nos da sus señales que podemos ver en los frutos del Espíritu Santo – nos hace sentir en un estado de enamoramiento, de felicidad, de armonía. La fe nos hace saber que somos en lo paradójico y en el misterio – nos hace saber que tenemos el DNA de Dios. El nos da el privilegio de hacernos humanos para poder entonces con-templar el Amor que ya es (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

69511_n_20-08-14-13-42-57DECLARACIÓN DE SOLIDARIDAD SIN FRONTERAS
MIGUEL ÁNGEL MESA BOUZAS, miguelmesabouzas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 07/07/17.- Siendo mayor de edad, y en plenas facultades mentales, con domicilio en Madrid, pero sintiéndome ciudadano del mundo, abogando por la superación y la eliminación de todas las fronteras en todos los países del mundo:

DECLARO:

Que a pesar de mis insuficiencias, temores e incoherencias, deseo que me inscriban en un registro que conste en todos los estamentos públicos y privados, nacionales e internacionales, en el que conste que me siento muy unido, enteramente cercano, intensamente identificado y en profunda solidaridad:

Con las mujeres, que sufren discriminaciones de todo tipo, acoso y toda clase de violencia, que son obligadas a casarse en edades tempranas, o son víctimas de trata para prostituirse, que son asesinadas por sus parejas, familiares u otras personas, por el simple hecho de ser mujeres, en un inmenso feminicidio a escala mundial.

Con el colectivo LGTBI, con cada una de sus personas concretas, con nombres y apellidos, con sus luchas y reivindicaciones, para superar la exclusión, el rechazo, el insulto, la violencia, la prisión, la muerte que sufren cada día.

Con los niños y niñas obligados a realizar un trabajo esclavo, a vender sus cuerpos, que sufren distintos tipos de agresiones en la escuela, en su casa, en la sociedad, que son empujados a la droga o enrolados a la fuerza en distintas guerrillas…

Con las personas en paro, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que no tienen un trabajo, no pudiendo así independizarse, mantener a sus familias, sentir que pueden vivir con cierta seguridad, felices, con dignidad.

Con las personas refugiadas, que tienen que huir de sus países en guerra, por pobreza, para escapar de las persecuciones de distintos tipos, para mejorar sus vidas… y son engañados, extorsionados, violentados, perseguidos y, al final, al fin cuando llegan a su destino, son rechazados y apartados en campos de aislamiento… quienes han tenido ¿la suerte? de llegar.

Con las personas ancianas, olvidadas, abandonadas, desatendidas por sus familiares, por el Estado, muchas de ellas con alzheimer, parkinson u otras enfermedades, o sin medios para subsistir.

Con todos los hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos de toda la tierra, que son víctimas de la guerra, el hambre, el odio, la violencia, el terrorismo, la marginación, la expulsión de su tierra, el racismo, o la persecución por sus ideas políticas o sociales, su identidad sexual, su religión, su etnia…

Con los países del Sur y los colectivos empobrecidos de nuestro mundo, valiosos y ricos por sus tierras y sus gentes, pero colonizados, explotados, enfrentados de forma subliminal entre su propia población, marginados de las decisiones que les afectan, ninguneados, despreciados por los países ricos del Norte, tan cristianos y civilizados, pero que en realidad son los causantes de muchas de sus desgracias, guerras y violencias, de su desesperanza.

Con la Madre Tierra, que sufre la devastación, el expolio, la polución, la despreocupación del género humano hacia ella. El aire, los ríos, lagos, mares y océanos, la superficie terrestre están en gran medida contaminados; los bosques, la selva, la flora y muchos animales están desapareciendo y, por eso, nuestro mundo está dando cada día más señales del dolor que le causan los seres humanos y, en especial, los países ricos, que no quieren tomar medidas drásticas para que se invierta el proceso de cambio climático que estamos causando y sufriendo.

Y para que así conste, reafirmando mi plena solidaridad y mi deseo de seguir siendo fiel, en la medida de mis posibilidades, a todas estas personas, a estos colectivos y sus justas causas, a este hermoso planeta azul, firmo la presente declaración a 30 de junio de 2017 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Preguntas

Publicado: 30 junio, 2017 en REFLEXIONES
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faqPREGUNTAS
Ejercicio espiritual
GUILLERMO OROZ ARAGÓN, Fraternidad de laicos cistercienses del Monasterio de La Oliva, guillermomertxe@hotmail.es
NAVARRA.

ECLESALIA, 30/06/17.- ¿Os he dado alguna vez las gracias por cuantas preguntas me habéis hecho? En un diálogo, las preguntas son el puente entre las voces, la confluencia de corazones, el destello de luz compartida. Todas y cada una de ellas me han hecho crecer, aun la que parecería más trivial. Porque cada pregunta viene cargada de matices, unas de cariño, otras de atención o de interés, e incluso algunas de desafío… Unas he contestado, otras aún no he sabido, quizá nunca sepa contestarlas…

¿Cuántas preguntas hemos dejado de hacer no pocas veces? Flores que no hemos plantado en los campos del diálogo. La pregunta verdadera tiene siempre el aroma de la humildad: es el reconocimiento de nuestra ignorancia y el de la capacidad de nuestro hermano para ayudarnos. La pregunta es una frase inconclusa, un verso que busca palabras de otro para dar cumplimiento a su belleza y su mensaje.

La pregunta tiene el color del respeto infinito por la libertad del otro.

¿También vosotros queréis marcharos?

Jesús es un Dios que pregunta. Son infinidad las veces que Jesús se acerca al hombre y le interroga. Desde el “¿qué buscáis?” inicial en Juan, o la triple interpelación a Pedro de “¿me amas?”, o el clamor al Padre “¿por qué me has abandonado?”; o la delicadeza con el ciego en la piscina de Betseda “¿quieres recobrar la salud?”.

El, que es Verdad, Camino y Vida, también se compone de preguntas.

¿Aún no entendéis?

Pero la pregunta tiene su final, su conclusión, su meta: la respuesta. Supremo acto de libertad y amor.

Desde el inicio, aún en el paraíso, Dios busca al hombre con una pregunta: “¿dónde estás?”. Dios nos busca, siempre es el primero en dar el primer paso. Es Él quien nos ha elegido, no nosotros a Él. Nosotros somos respuesta a esa pregunta primordial y primigenia. O no somos nada.

¿No os he elegido yo a vosotros?

Pero también somos un montón de preguntas. ¿Cuántas no guardamos en nuestro interior, incluso con rabia? ¿Cuántas no nos gustaría hacerle a Dios mismo? Pero la respuesta, si tiene que llegarnos, lo hará cuando nuestro corazón esté preparado para escucharla; ni un instante antes, ni un instante después. Por eso, cuando no podamos vivir las respuestas, vivamos las preguntas. Sin miedo, sin angustias, en actitud de espera y confianza.

“Sé paciente con todo lo que aún
no está resuelto en tu corazón…
Trata de amar tus propias dudas…

No busques las respuestas
que no se pueden dar,
porque no serías capaz de soportarlas.
Lo importante es
vivirlo todo.

Vive ahora las preguntas.
Tal vez así,
poco a poco,
sin darte cuenta,
puedas algún día
vivir las respuestas.”
Rainer María Rilke.

También nosotros somos una pregunta que hacemos a Dios y esperamos respuesta. Él ya nos ha respondido y nos responde cada día, pero a menudo estamos demasiado ocupados en nuestro ruidoso mundo para escuchar. Jesús es la respuesta de Dios a nosotros.

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

Tanto en el evangelio de Lucas como en el de Juan, las primeras palabras de Jesús son una pregunta; en el de Lucas, incluso las primeras tras la resurrección lo son  también. En cierto sentido, cada Evangelio es una interrogación que Dios nos hace a cada uno de nosotros.

¿No habéis leído…? ¿A quién buscáis? ¿Crees esto? ¿Comprendéis lo que he hecho? ¿Por qué me pegas? ¿Por qué lloras? ¿Por qué tenéis miedo? ¿Quién me ha tocado? ¿Qué queréis que os haga? ¿Quién decís que soy yo? ¿No habéis podido velar una hora conmigo? ¿Os faltó algo? ¿Me amas?, ¿me amas?, ¿me quieres?

¿Somos capaces de contestar a algo de todo eso? Pues mucho más es lo que Jesús nos pregunta desde su evangelio y desde nuestra vida.

Quizá estemos demasiado seguros de nuestras certezas muchas veces y debamos regresar a las preguntas como quien regresa al hogar y a la infancia. Para no encorsetar al Espíritu, para dejar a Dios ser Dios.

¿Dios es una pregunta?

 Ante la inmensidad de Dios, en bondad, en verdad y en belleza, siempre hay algo que se nos escapa, que se nos refugia en el Misterio: ahí sólo podemos asomarnos apoyados en la muleta de un interrogante.

Pocas grafías hay tan hermosas como el interrogante  “?”.

¿Por qué molestáis a esta mujer?

La pregunta está empapada de ternura y delicadeza. Es imposible el diálogo sin preguntas; es imposible que un niño hable con su padre sin preguntas, ni un amigo con otro amigo, ni un esposo con su esposa. No es posible el amor sin preguntas. No es posible la oración sin preguntas.

Ya llegará el Día del Señor, el día de la Gran Respuesta. Pero hasta entonces las preguntas son parte de nuestro vivir la verdad en los caminos, como son parte de quien es Camino, Verdad y Vida.

Dice Jesús que los niños, y sólo ellos y quienes son como ellos, entrarán en el Reino. ¿Y no es el niño quien domina el arte de preguntar?, ¿no es el niño quien vive perpetuamente instalado en la pregunta? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Emancipación religiosa

Publicado: 23 junio, 2017 en REFLEXIONES
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s46EMANCIPACIÓN RELIGIOSA
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 23/06/17.- Al calificar de “universal” la imposibilidad de sancionar con pena eterna los preceptos derogables y demás temporales, quise en mi anterior artículo, y quiero aquí, gritar con una sola palabra, que no hay absolutamente nadie con capacidad para hacerlo. Ni hombre, ni ángel ninguno, por más que se presente como mensajero divino y realmente lo fuere. Por cuanto que tal capacidad no la puede tener ni el mismo Dios. Al menos el nuestro, que no es contradictorio, ni arbitrario, ni injusto. Ya hablé de esto en otro escrito. Ni eso, ni nada que suponga defecto o limitación en la suprema plenitud de su perfección infinita.

Juzgo extraordinariamente beneficiosa la toma de conciencia de esa imposibilidad, porque siendo ella verdad inexorable, necesariamente ha de conducir a liberación (Jn 8,32). ¿A cuál? Pues, en primer lugar, a la que es, por un lado, emancipación de autoridades religiosas (imaginadas legisladoras humanas del camino de la vida eterna), y, por otro, desembarazo de mediadores creados en la andadura de ese camino. Tanto en lo que respecta al comunicársenos Dios, manifestarnos su voluntad y conferirnos sus dones; como al pedírselos nosotros mismos o ponernos en contacto de amor con Él.

Esta liberación la atestiguó Jesús mucho antes de estos razonamientos míos, con autoridad axiomática para nosotros, si es que de veras creemos en Él hasta haberle tomado, al igual que Simón (Jn 6,68-70), como el único Pastor de salvación que tiene «palabras de vida eterna». Aunque por nuestra debilidad “petrina…” le neguemos a veces. Jesús atestiguó esa liberación, en lo tocante al comunicarnos nosotros directamente con nuestro Padre, al enseñárnoslo con su proceder (Lc 5,16; Jn 8,12), paradigma y norma del nuestro (Jn 14,6) y con su explícito adoctrinamiento sobre la forma de orar (Mt 5,6-8; Lc 11,1-4; etc.); y en lo referente  al habla de Dios a nuestro corazón, como mínimo cuando anunció «El paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os dije” (Jn 14,26).

¿Qué este anuncio fue hecho a los apóstoles y, en consecuencia, debe reservarse su aplicación a sólo a los obispos, sus sucesores? No cuadra en absoluto con la consigna explícita del propio Jesús, precisamente en contra de cualquier reserva: «Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día; y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea» (Mt 10,27). Ni tampoco encaja esa reserva, dado su carácter y efecto privilegiantes, con la igualdad de todos, también asegurada por Jesús: «… no os hagáis llamar ‘Rabí’, porque no tenéis más que un maestro, mientras que todos vosotros sois hermanos; y a nadie de la tierra llaméis padre, porque sólo el del cielo es vuestro Padre. Ni hagáis que os llamen preceptores, porque únicamente el Ungido/el Cristo/el Mesías es vuestro preceptor…». (Mt 23,8-10).

Dicha liberación fue también la presentada por el profeta Jeremías como realidad de la Nueva Alianza (31,33-34), y la mostrada en la Carta a los Hebreos como hecho en realización: «Al dar mis leyes las pondré en su mente y las inscribiré en sus corazones, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Nadie tendrá que instruir a su conciudadano, ni nadie a su hermano diciéndole: ‘Reconoce al Señor’; porque todos me reconocerán, desde el pequeño al grande, cuando perdone sus crímenes y no recuerde más sus pecados» (8,10-12; etc.).

No faltan quienes rechacen el sentido literal de esos textos de Jeremías y Hebreos, en razón del acontecer religioso del que tenemos constancia en la humanidad. Se dieron, en efecto, brotes de la Nueva Alianza durante el tiempo precristiano e, igualmente de la Antigua en el cristiano. Pero entiendo que lo que el acontecer histórico invalida no es la interpretación literal de las características de ambas alianzas, sino la creencia de su realización consecutiva en el tiempo mutuamente excluyente. La llamada Nueva es en realidad un designio de Dios tan eterno e inmutable como su amor o, si se quiere, como Él mismo. Su enfoque temporal no pasa de expresión humana de lo que quizá no quepa del todo en ningún lenguaje creado. Su realización no está vinculada al tiempo, ni al lugar, ni a cosa ninguna; salvo a la libre aceptación personal dentro de uno mismo (Lc 17,21) en el tiempo o época que fuere.

Se dice que, de todas formas, esas palabras de Jeremías y Hebreos deben armonizarse con lo de «Seréis mis testigos tanto en Palestina y como hasta en el último confín de la tierra» (Mt 28,19-20): «Id, pues, y amaestrad a todas la naciones…» (Mt 28,19-20). De lo contrario ―argumentan― se negaría, igual que los protestantes, el magisterio eclesiástico, efectivamente requerido para la posibilidad y validez de ese encargo postrero de Jesús a los discípulos.

Yo desconozco lo que hacen los protestantes a este propósito. Pero sí sé que no es armonización de dos pronunciamientos barrer con uno de ellos. Es lo que se perpetra con las palabras de Jeremías y las de la Carta a los Hebreos, al calificarlas ―¿peyorativamente?― de “hipérbole oriental”. Porque así se les priva de todo significado salvo el de exageración, sin más prueba encima que el hecho de ser frecuente en los escritos de aquel mundo y cultura el uso de dicha figura literaria. Por esa misma razón, también se podría calificar de hipérbole oriental el anuncio de la enseñanza directa del Espíritu Santo a los discípulos. ¿Por qué no se hace? ¿Porque es texto que suele emplearse como prueba del inquebrantable respaldo divino que se dice tiene la palabra de los sucesores de los apóstoles? ¿Cómo es posible pensar en la existencia de esa clase de respaldo? ¿Quién puede negar la realidad histórica del reguero afirmado de preceptos “tan supuestamente cristianos que ahora ya no lo son”? ¿No hemos vivido muchos de nosotros, al menos parte del medio siglo largo, en que se han producido en la Iglesia los numerosos cambios preceptivos ya recordados? ¿O es que las leyes suprimidas o cambiadas ahora, no fueron urgidas por los sucesores de los apóstoles como condición de vida eterna, si es que no también con otras penas accesorias, incluida la excomunión?

¿Es posible decir que dejará de haber sucedido lo que ya ha sucedido?; ¿que lo sucedido no es más inapelable que la docencia de la Iglesia? ¿Quién puede negar que el acierto y veracidad de esta docencia dependen de lo sucedido, mucho más que de la palabra de la Biblia y de las de la Tradición eclesiástica? ¿Cómo si no, tantas enseñanzas dadas hoy por la propia Iglesia ―p. ej. sobre la creación del universo, el empezar de la vida, la aparición del hombre, el movimiento del sol y los astros, el pecado de Adán y Eva, etc.― son tan distintas de las que impartió hasta hace un siglo?

Por lo que respecta a la armonización que requieren los textos recordados, creo que basta con atender a quiénes se refieren. Los del encargo último de Jesús, a los que no le conocen, ni han oído hablar de Él por no habérseles predicado aún su nombre precisamente en ejercicio del magisterio eclesiástico. Los del anuncio sobre la nueva Alianza, a los que habiendo llegado ya a la fe por la predicación de sus enviados (Rom 10,14-17), tienen recibido el don del Espíritu destinado a todos (Hch 1,1-2; 2,17-18; 19,2; etc.). “Recibido y destinado a todos”; ¡pero no mecánicamente actuante, ni en los sucesores de los apóstoles, ni en los demás!

No pretendo sostener que los creyentes debamos repudiar y excluir tajantemente y siempre todo mediador en lo tocante a la relación con nuestro Padre de los cielos. Sería extremismo incompatible con la realidad de la vida. En ésta, bien por limitación y fragilidad de la psicología humana, que en tantas ocasiones nos afectan; bien por otras causas de formulación más compleja y resumibles en las anteriores, el caso es que se dan con frecuencia situaciones que hablan a favor del recurso a ellos. ¿Quién por ejemplo no ha sentido nunca la necesidad de un mediador, fundamentalmente en el ámbito del esclarecimiento de situaciones confusas y en el de la paz, conforte, gozo, consuelo y aliento interiores? ¿Y quién, por otro lado, ni siquiera ha oído hablar de simples creyentes, a veces sin estudios primarios, especialmente dotados para esa labor?

Permítaseme a ese respecto recordar a mi propia madre, mujer que pese a su recia fe, no dejó de vivir momentos de duda y confusión. En ellos, según ella misma nos contó a más de uno, no dudó en recurrir a la Sra. María, la portera de la casa de Augusto Figueroa 33, hasta que ésta falleció de hambre a finales de 1938. Se trataba de mujer analfabeta, antigua sirviente de la familia en el pueblo del que las dos eran oriundas. Al principió sólo recurría a ella en cuestiones de las que, según mi madre, los sacerdotes conocían lo de los libros, pero no tanto lo de la realidad de la vida. Luego, ya durante la guerra civil, en todo lo que se terciara, por lo escondidos que entonces tenían que vivir en Madrid los sacerdotes y por lo “peligroso” que era en esa situación el “roce” con el clero.

Lo que rechazo aquí es que en nuestras vacilaciones, tinieblas, angustias, desesperanzas…, por más profundas que sean, no podamos acceder todos, en cualquier momento y lugar, directa y fructuosamente a nuestro Padre del cielo. Tal como Jesús en Getsemaní y en otras ocasiones. Lo que rechazo es que no sea simple opción personal recurrir o no a mediadores y decidir el adoptado. Lo que rechazo es que los posibles mediadores deban pertenecer necesariamente al clero y que los de éste sean absolutamente imprescindibles. Ni siquiera como rubricadores o legitimadores de la actuación de los que no pertenecen al “gremio”, salvo quizá en lo meramente organizativo, societario y oficinesco.

La facilidad de acceso a nuestro Padre del cielo no es ninguna “ocurrencia” mía. A mí me la enseñaron sucintamente de niño, y con todo pormenor al estudiar la Teología a principios de la segunda mitad del siglo pasado. Aunque siempre circunscrita a situaciones extremas. Fundamentalmente la imposibilidad de recurrir a sacerdote con la urgencia requerida en la ocasión y el riesgo de violar obligaciones más primarias. Sin embargo, nunca vi justificada esta restricción, aunque no dejara de aceptarla engrilletado como estaba entonces al sentir general. Ahora juzgo que ni los propios datos neotestamentarios, ni el razonar humano la fundamentan, y hasta la veo simbolizada en la entrega de las llaves del reino de los cielos, que recibe como Pedro todo el que cree en Jesús. Porque a la auténtica fe en Él sólo se llega como Pedro (Mt 16,16) por revelación del Padre (Jn 6,66). Me refiero obviamente a llaves para acceder a nuestro Dios y Padre con la libertad de hijo; llaves «para entrar y salir y hallar pasto […] y vida colmada» (Jn 10,9).

A la luz, en efecto, de la propia naturaleza de las cosas, los que no pasamos de hermanos de los demás, ¿quiénes somos para suplantarles en el trato filial con su Padre del cielo?; ¿quiénes, para “entrometernos” a tramitar ante Él sus peticiones o interceder por sus necesidades? ¿Serán hijastros los demás, y no hijos? ¿Quiénes somos para concederles el perdón de su Padre e imponerles en su nombre castigos purgatorios, como si encima Dios Amor fuera tan mezquino y mísero que los reclamara de “nuestra vaciedad ante Él” (Mt 18,24-27)? ¿A qué doctor de la Ley o sacerdote del templo dijo Jesús que fue el pecador a pedir perdón, para sin más volver a casa justificado (Lc 18,13-14)? ¿A “qué hermano mayor”, dijo Jesús que el hijo pródigo reconoció su mal proceder, antes de recibir “sin acompañamiento de penitencias compensatorias”, el abrazo y el “comérsele a besos” de su padre (Lc 15,20)? ¿No llevan todas esas cosas a vivir amarrados a la duda de nuestra condición de hijos de Dios y sin confianza en su amor de Padre? ¿Acaso es esto la cima del cristiano (1Jn 3,1; 9-10; etc.)? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

misal-romano¿CRISTO MURIÓ POR TODOS?
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 19/06/17.- Con la que está cayendo, el nuevo misal litúrgico oficializa una nueva polémica que descentra el mensaje central del evangelio en general y de la celebración eucarística en particular. No es un brindis al sol mi expresión “con la que está cayendo”; Pablo VI ya alertó en su encíclica Evangelii Nuntiandi que “la ruptura entre el Evangelio y la cultura, es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo.” Y uno de los soportes para evitarlo es utilizar un lenguaje que llegue al corazón del ser humano actual. Además del ejemplo, claro está.

En pleno acercamiento al mundo protestante en el aniversario de Lutero (Francisco, Kasper…), que refuerza la redención universal y el que Cristo murió por todos, el nuevo misal retrocede a Benedicto XVI con una peligrosa argumentación que es difícil de entender si no es desde la exclusión del amor de Dios a “algunos”. Y descentrando, de paso, los mensajes divinos de la compasión y misericordia universales. Se trata del cambio en las palabras de la consagración: donde actualmente se dice “será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”, pasa a decirse “será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”.

En Hechos 18, el Señor dio ánimos a Pablo en el sentido de que su labor no sería en vano porque “muchos” llegarían a conocer a Cristo en la ciudad de Corinto. Aunque él se dirigía a todos, al menos iban a ser muchos los que iban a convertirse.

Si el que Jesucristo murió por todos es algo que forma parte de las certezas básicas de nuestra fe, ¿a qué viene detenerse todo un Papa en este matiz, con lo que nos falta de ejemplo vivo en la sociedad de hoy que nos interpela desde una religión clericalista -a pesar de Francisco- capaz de espantar a tantos que buscan? Ya en el año 2006, Ratzinger entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Liturgia dirigió una carta a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para que introdujesen esa modificación en la consagración en los misales. Como no todas le hicieron caso, en abril de 2012, investido ya como Benedicto XVI se dirigió con severidad a algunos presidentes de los obispos, incluido el alemán, para urgir la aplicación de lo ya mandado. Y desde marzo de 2017, en pleno pontificado de Francisco, se modifica en nuestro misal.

Cristo vino por todos, porque es Amor y todos le necesitamos: hemos nacido para Él. Pero en Marcos y Lucas Jesús afirma que vino por los pecadores, no por los justos; su misión preferentemente se concentró en los enfermos, no en los sanos. Esto aleja que nadie puede quedar excluido del amor y la acción de Dios que llegó hasta las últimas consecuencias del asesinato en un madero.

Cuando preguntas por este dislate terminológico, te cuentan que el término “muchos” no se utilizaría aquí en contraste con “todos”, sino frente a “pocos”. Incluso afirman que el concepto “muchos” en algunos casos es un equivalente a “todos”. Entonces, ¿para qué marear el tema y no dejarlo en su sentido de la universalidad del amor de Dios sin fisuras frente a una interpretación sectaria, nada menos que en las palabras de la consagración? Dios invita a todos al Banquete. Lucas refuerza la universalidad de la oferta divina frente a esa idea de “muchos”: un gran señor invita a su gente cercana y como se disculpan y no van, ordena a sus criados que vayan a invitar a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos hasta que la casa se llene de invitados.

Una cosa son los llamados y otra los que responden a la llamada. Podemos elucubrar sobre si se salvan todos, casi todos o muchos o pocos (es de suponer que si el Padre pone en marcha la historia de la humanidad no es porque acabará siendo una empresa fracasada). Pero poner el acento en “muchos” en lugar de remachar el “todos” me indica muchas cosas, y ninguna es buena. Así no conseguiremos parar la sangría y solo atraer a bien pocos nuevos cristianos comprometidos de las nuevas generaciones cuya mayoría son totalmente indiferentes a nuestra institución eclesial (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

86f04c2ad6e3361760deb803477b8f57UN NUEVO PENTECOSTÉS
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 12/06/17.- Fiesta de la libertad, del corazón desbordado, de la comunicación fraterna. Parecían ebrios los apóstoles, me imagino que por el entusiasmo que le pusieron a la proclamación de lo que el Espíritu les inspiraba. Todos les entendían, medos, partos, elamitas… Hoy diríamos chinos, rusos, sirios, los habitantes del lejano Oriente, los occidentales, los latinoamericanos, Europa, África. Vivimos en las mismas ciudades pero como mosaicos bien delimitados, muchas veces somos extraños los unos para los otros. No es que el Espíritu no venga, sino que somos ciegos y sordos a sus señales.

Resulta imperioso en el mundo actual, que vive una escalada de violencia, fruto muchas veces del miedo, abrirnos al soplo de la Ruah. Necesitamos un nuevo Pentecostés para que nuestras palabras resulten entendibles para los que hablan otro “idioma”, para los que viven en culturas diferentes,  para entender sus palabras, para escucharnos, conocernos y perder ese miedo que nos aísla. Tenemos que salir de nuestros “cenáculos” cerrados para avanzar hacia una acogida amorosa del otro. Volver a poner en el centro de nuestras vidas al “extranjero, al huérfano y a la viuda”. Salir al encuentro de todos aquellos que hoy están desamparados, por razones económicas, políticas, religiosas, raciales, de género, o lo que fuere, y hacernos prójimos. Apreciarlos con todas sus particularidades, reconociendo en cada uno la presencia amorosa de Dios.

Pentecostés es una oportunidad para despertar de nuestro letargo y poner manos a la obra en tantas cosas que hoy necesitan ser transformadas para que nuestro mundo se vaya pareciendo, aunque sea un poco, al Reino que nos predicó Jesús. Qué fácil sería si pudiésemos recibir un Whatsap cada mañana despertándonos y dándonos fuerzas para vivir el día como verdaderos discípulos, sin miedo, con alegría y poniendo todas nuestras energías al servicio del bien común. Pensándolo mejor, la solución es mucho más sencilla, pero también más difícil. Simplemente cada día al despertar dedicarle unos segundos a hacer consciente en nosotros la Presencia que nos inhabita. Imaginar que la lengua de fuego está siempre sobre nuestra cabeza y que el viento del Espíritu sopla permanentemente, a veces como una fuerte ráfaga, otras como una suave brisa, pero nunca está lejos de nuestra percepción. Afinar los sentidos del corazón y aceptar el llamado con todos sus desafíos es vivir Pentecostés hoy y cada día (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

puzlesDESMENUZANDO PENTECOSTÉS
MAGDALENA BENNASAR, espiritualidadcym@gmail.com
BILBAO.

ECLESALIA, 09/06/17.- ¿Podemos llamar cenáculo al piso de un joven matrimonio en medio de una ciudad irrelevante en un rincón del país?

¿Podemos llamar discípulas y discípulos a mujeres y hombres de hoy, jóvenes y sensibles a la realidad, que nunca llegarán a ser importantes en la institución eclesial porque son críticos, inteligentes, izquierdosos, curiosos, preguntones…?

El otro día, cuando estaba anocheciendo, un pequeño grupo estábamos apiñados en el cenáculo-pisito de nuestra pareja anfitriona. En círculo, simbolizando que le queremos en nuestro centro, y en silencio, se nos invitaba a invocar al Espíritu que habita en nosotras.

Y gradualmente fuimos compartiendo la experiencia vital con unas personas que están “activando la aplicación” con la que todos nacemos y pocos activamos: la capacidad de dialogar con el Dios de Jesús, de descubrirle en nuestro silencio habitado y en la Palabra, también en comunidad, como en el primer Pentecostés.

Todos vienen de mucho compromiso y servicios múltiples en movimientos de jóvenes y familias, en catequesis y… pero algo por dentro empezaba a oler a chamusquina, dicen.

La experiencia de Pentecostés para mí empezó esa noche, ya sé que lo celebramos en la vigilia que entre todas y todos habíamos preparado, pero ante la seriedad de la búsqueda de estas personas a mí se me caldea el alma:

Dice una mujer que es buscadora empedernida, tanto, que pide “clases particulares”: me cuesta hacer silencio y por eso, además de levantarme antes todos los días y ponerme por la mañana, he empezado también por la tarde un rato, me ayuda, es más completo.

Y a nuestro amigo que está iniciándose y le cuesta le pregunta alguien y tú, ¿a qué hora te levantas? Pues igual si madrugas un poquito, recortando la tele por la noche, igual sin casi darte cuenta le haces hueco a Dios para que te susurre al oído sus palabras de amor personalizadas y en directo.

Y nuestra joven anfitriona dice que hace silencio antes de irse al duro trabajo de profe en una barriada conflictiva y peligrosa, y que por la noche, con su marido leen la Palabra, la rumian y la comparten. Sin más, dice.

Y a la hora de las conclusiones y proyectos… todos tenían a personas a quienes desean que descubran, desde espacios que prepararemos entre todas y todos lo que ya estamos compartiendo y se lo deseamos a todas y todos porque te cambia la vida, y es gratuito.

Y la otra mujer profesional de mucha responsabilidad, madre de familia, que a veces deja de recoger la cocina por la noche, porque si se enreda se le hace tarde y a la mañana no puede con su cuerpo porque lo que quiere es “acudir a la cita”.

¿Don de lenguas? Yes, oui, bai,… para que se entienda lo que se está viviendo.

¿Don de sabiduría? Cuando “se saborea, se degusta” no hay problema.

¿Don de entendimiento? ¡Ajá! ahora lo pillo, estaba dentro, desactivado… poco a poco me pongo bajo cobertura y conecto… despacito va viniendo.

¿Pentecostés? Tú ¿qué opinas? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

EL ESPÍRITU DE PENTECOSTÉS
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 05/06/17.- La gran Pascua del Espíritu Santo culmina un tiempo espectacular en el que Dios se hace presente, primero como uno de nosotros para después regalarnos su Espíritu que nos ha sido revelado en comunión con el Padre providente. Tres personas de un mismo Dios amor que se hacen presencia transformadora cuando vivimos de una determinada manera pero nunca a través de los razonamientos.

La iconografía no ha estado nada afortunada con el Espíritu Santo: una paloma o, peor aún, “el ojo que todo lo ve” dentro de un triángulo equilátero. Pobres imágenes para describir una realidad de Alguien que nos desborda por completo, y que fue el gran protagonista de la transformación de los discípulos en aquél día de Pentecostés (por aquello de que se celebra el quincuagésimo día desde la Pascua de Resurrección).

Anteriormente, Jesús lo había recibido en su bautismo del Jordán con el Padre como protagonista principal. Así es como el Espíritu se presenta en la historia de la salvación aunque siempre ha estado ahí, insuflando amor en forma de fortaleza, paz, alegría, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio de sí mismo, como proclama San Pablo en su carta a los Gálatas. Su presencia en inversamente proporcional a su popularidad; yo me atrevo a decir que el Espíritu Santo es el gran desconocido, en buena parte por esa incapacidad que tenemos para imaginarlo desde categorías antropomórficas y ontológicas diferenciadoras tan del gusto de los griegos de aquellos primeros años de cristianismo.

Se nos ha regalado la experiencia del Espíritu, presente en toda la historia de la salvación y especialmente en el evangelio de Juan y los Hechos de los Apóstoles. Más tarde, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino dieron forma a los dones del Espíritu haciendo del cristiano una persona rica en virtudes y frutos que se resumen en el don de ver con los ojos de Dios y actuar en consecuencia. Y nadie como San Juan de la Cruz  ha sabido evocarle.

Toda la historia de la salvación está atravesada por la gran corriente del Espíritu de Dios que se impregna en nosotros. Es la fuerza del amor en la historia que actúa en un mundo que no puede redimirse ni humanizarse por decreto, por muy católico que sea. Un mundo necesitado de sentido pleno y total y cuya manifestación se nos revelará en toda su plenitud solo cuando pasemos al otro lado del muro.

Hasta entonces, es hora de actuar en el tiempo en que nos ha tocado vivir para transformarlo en otro Pentecostés, más allá de una fecha concreta, invocando que nos dé esperanza y fuerzas ante la gran conversión eclesial que tenemos pendiente sobre todo en los países ricos para cambiar la actual imagen de Dios, demasiado difuminado entre tanto materialismo indiferente. Aquellos primeros seguidores se distinguían a la legua por sus hechos; en ellos habitaba con fuerza el Espíritu Santo y no se detenían ante las enormes dificultades que surgían de su compromiso por la implantación del Reino. Aquí estamos hoy muy lejos de aquello.

Ante nuestra cojera religiosa con el Espíritu, quiero acabar esta reflexión como oración estimulante que Xabier Pikaza traza sobre la Tercera Persona de la Trinidad: El Espíritu pertenece a la intimidad de Dios, no es cosa de Ley sino Dios regalo que nos hace vivir gratuitamente en su presencia sin imponerla a la fuerza. Es poder y presencia del Reino, no solo promesa de futuro sino experiencia actual de perdón y acogida gratuita, es amor creador, amor ofrecido a todos los humanos sin distinción de raza o pueblo, no como globalización impuesta a favor o desde los prepotentes del sistema. No es un don que Dios nos da, sino Dios mismo que es don y espera nuestra respuesta (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).