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m-616-escuela-ideoEN ESCUELA IDEO ¡NOS MUDAMOS!
CÉSAR ROLLÁN, fundador y director de Eclesalia Informativo eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 23/12/16.- Hoy queremos contaros algo nuestro. Eclesalia se cuece en nuestra casa, con nuestros peques por medio, con nuestros trabajos laborales y nuestros sueños. Quienes nos conocéis sabéis que nuestra casa, peques, trabajos y sueños andan metidos en un precioso proyecto educativo que compartimos con un montón de gente. En el curso 2014-2015 comenzamos Escuela Ideo, después de muchos preparativos y, sobre todo, ganas de una educación diferente.

Según se apunta en la última entrada del blog de nuestro colegio: “Los primeros pasos de Escuela Ideo los dimos con la esperanza de que algún día llegaríamos al sitio definitivo en el que desarrollar nuestro proyecto educativo”. Desde Eclesalia buscamos en alguna ocasión la posibilidad de que alguna institución tuviera un buen lugar en el que quedarnos; entonces llegaron algunas propuestas, pero ninguna resultó viable.

Escuela Ideo está gestionada por un numeroso grupo de socias y socios con un consejo de administración que toma las decisiones inmediatas y agiliza los procesos. La confianza es el vínculo que nos agrupa y eso se nota en todo momento. Pues bien, después de sus múltiples visitas, estudios y posibilidades de sitios en los que establecernos definitivamente ayer, 22 de diciembre de 2016, nos comunicaron que ¡nos mudamos!

No será algo inmediato, pues el sitio al que iremos hay que reformarlo y adaptarlo a las características de un centro educativo. Se trata de un monasterio que está situado “a pocos metros de la confluencia de la M-607, autovía Madrid-Colmenar Viejo, con la M-616, autovía Carretera de Colmenar-Alcobendas, en el término municipal de Madrid. A poco más de 8 kilómetros de nuestra actual ubicación”. El edificio albergó a una comunidad de monjas Jerónimas de 1967 al 2004; desde entonces ha estado prácticamente abandonado.

Escuela Ideo es un colegio aconfesional, lo que hace que, como en nuestra sociedad, todas las creencias e increencias tenga cabida desde el primer momento. En el centro se vive la fe en lo humano por encima de todo y eso es lo que nos une.

Desde una mirada cristiana como la mía, observar la evolución de este recinto consagrado a la clausura da que pensar. Aquello que el Vaticano II acuñó como “los signos de los tiempos” tiene aquí también una lectura singular. Yo me pregunto si no será que la fe en el Dios de Jesús es para vivirla en el mundo, en la diversidad de pareceres, comulgando con las experiencias comunes y caminando con todas, con “un bastón y nada más”.

Seguiremos informando

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36 Congreso de Teología8-11 septiembre 2016
36 CONGRESO DE TEOLOGÍA
“Migrantes, refugiados y fronteras de la exclusión a la hospitalidad”
JUAN JOSÉ TAMAYO, Secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, juanjotamayo@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 05/09/16.- Queridas amigas, queridos amigos: Del 8 al 11 de septiembre de 2016 celebraremos en Madrid el 36 Congreso de Teología sobre “Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad”. Es un tema que responde al drama de millones de migrantes, refugiados, desplazados y exiliados que llaman a las puertas de Europa huyendo del hambre, de las guerras, del terrorismo, de los regímenes dictatoriales y de las políticas neoliberales, y nosotros se las cerramos a cal y canto provocando miles de muertos, desaparecidos y excluidos.

El drama afecta de manera especial a las mujeres que tienen que soportar todo tipo de agresiones a su dignidad: violencia sexual, tener que hacerse cargo de sus hijos e hijas en condiciones infrahumanas, sentirse impotentes al no poder alimentarlos e incluso verlos morir en sus brazos.

Este Congreso quiere hacer presentes y dar la voz a las personas y a los colectivos que sufren estas situaciones, a los pueblos sojuzgados como el Saharaui, el Palestino, el Kurdo y a las organizaciones que trabajan solidariamente por la defensa sus derechos: Cruz Roja, Amnistía Internacional, Mensajeros de la Paz, CEAR, Proyecto Esperanza…

Para  orientarnos y ayudarnos en la reflexión sobre la más grave crisis humanitaria del siglo XXI contaremos con especialistas en Migración y Refugio, Relaciones Internacionales y Estudios de Género. La reflexión teológica estará guiada por teólogas y teólogos de la liberación que ofrecerán un análisis crítico del papel que han jugado las religiones en esta crisis, activarán sus mejores tradiciones hospitalarias y harán propuestas éticas orientadas a la acogida solidaria en un clima de diálogo y encuentro.

El Congreso de Teología quiere ser una llamada de urgencia a los dirigentes políticos y a los poderes económicos europeos a un cambio de modelo político y económico que posibilite la libre entrada de migrantes y refugiados en cumplimiento del derecho humanitario y les proporcione condiciones de vida y de trabajo dignas. Es, asimismo, una invitación a las ciudadanas y ciudadanos a colaborar en la construcción de una Europa de puertas abiertas que impida la tragedia de miles de muertos del Sur, facilite la acogida a quienes son nuestras hermanas y nuestros hermanos y contribuya a cambiar de actitud y de mentalidad: de la exclusión a la hospitalidad.

Queremos agradecer al M. A. S. su extraordinaria y generosa dedicación a los trabajos de administración y coordinación del Congreso ininterrumpidamente durante 20 años. Al M. A. S. se debe la continuidad, la cuidada preparación y el riguroso desarrollo de los congresos año tras año. Toma el relevo el Seminario de Teología Feminista, a quienes agradecemos su colaboración. La continuidad está garantizada ya que el M. A. S. seguirá colaborando este año en el desarrollo del 36 Congreso (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Os invitamos a difundir la celebración de este Congreso a través del correo electrónico y de otros medios a vuestro alcance, así como a participar en el mismo. Este año la inscripción puede hacerse por transferencia banca a la siguiente cuenta: Asociación de Teólogos Juan XXIII, Nº de Cuenta: ES58 0182 4031 2000 10108873.

Os esperamos.

Para más informacióncongresodeteologia.info

 

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europe_xenophobia_schengen-png_effectedANTE LA SITUACIÓN DE LAS PERSONAS INMIGRANTES Y REFUGIADAS EN EUROPA
Las migraciones contribuyen al desarrollo de los pueblos si transformamos el miedo en acogida
GRUP DE SEGLARS I RECTORS DEL DISSABTE*, juliociges@gmail.com
VALENCIA.

ECLESALIA, 27/05/16.- Es de lamentar que, hasta hace poco, haya prevalecido la indiferencia ante un sufrimiento tan grande como el de las personas refugiadas y las inmigrantes. La sacudida que experimentamos nos obliga a reflexionar para adoptar un posicionamiento eficaz.

El ver por televisión a gran número de personas huyendo, en condiciones penosas, de bombardeos y ataques indiscriminados nos impacta emocionalmente y nos mueve con mayor impulso a la misericordia, pero no debemos olvidar que, tanto las refugiadas reconocidas legalmente como las no reconocidas y cualquier otra inmigrante, tienen idénticos derechos, y nosotras y nosotros idéntica responsabilidad hacia todas ellas. No podemos hacer acepción de personas.

Que el afán de seguridad se anteponga en Europa a la dignidad y los derechos de la población migrante sólo puede explicarse si el interés económico y de bienestar lo justifica todo.

El avance de posturas racistas en ciertos países europeos en los que partidos xenófobos e islamófobos son los más votados, nos conduce a pensar que el problema no se resolvería solo con leyes sino gracias a la convicción ciudadana. De ahí la necesidad de sensibilizar a las comunidades en la defensa de los derechos de la gente migrante mediante el desarrollo de una cultura de la acogida inspirada en la hospitalidad, es decir, que genere prácticas además de leyes. Las personas intelectuales y las dirigentes de la política o la religión tienen la obligación permanente de recordarnos que la garantía de nuestros derechos en Europa radica en que sean universales, o sea, para todo el mundo.

Hay que superar las miradas del miedo ante el ser humano diferente; la de creerle inferior; la de la defensa de mi bienestar por encima de mi humanidad y mi ser persona; la de la impotencia que nos susurra no se puede hacer nada; la que dice que en España hay demasiada gente refugiada, cuando su número es bien escaso comparado con el de muchos otros países, sean ricos o pobres.

Hay que percatarse de que las leyes discriminatorias estimulan el grado de xenofobia y racismo de la ciudadanía y que, a mayor impedimento legal para acoger y regularizar a personas inmigrantes o refugiadas, mayor es el negocio de las mafias criminales.

Hay que pasar de la mirada de la hostilidad a la mirada de la hospitalidad, a la mirada inclusiva que se refleja en campañas como Migrantes con Derechos, a la mirada de quien sabe que compartiendo recibirá más de lo que da, a la mirada que permite ver a los otros seres humanos como los ve Dios, que no juzga el mérito ni la rentabilidad económica de la gente sino sus necesidades materiales y la de ser aceptada como parte del cuerpo social.

Siendo muchas y variadas las formas de comprometerse, pero nuestras acciones han de estar orientadas al servicio de las personas inmigrantes o refugiadas y ayudar a construir una sociedad acogedora y solidaria, que nos permita verificar que Dios se hace presente en ellas y nos llama siempre a la hospitalidad.

Si discernimos y decidimos colectivamente, confirmaremos que nuestra imagen de Dios y nuestra comunidad cristiana van por el camino de Jesús, inmigrante y refugiado cuyo abajamiento –cuya solidaridad– trajo la salvación al género humano (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Mayo de 2016

*Alberto Guerrero, Javier Almela, Margaret Mayáns, Mª Dolores Simarro, Julio Ciges, Mar Seguí, José Ramón López de la Osa, Toni Garai, Amparo Tordera, Ximo Garcia Roca y 30 firmas más.

 

 

16M

SU GRITO EL NUESTRO
La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) apoya los actos convocados el 16 de marzo para defender los derechos humanos de las personas solicitantes de refugio en Europa
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HOAC, difusion@hoac.es
MADRID.

ECLESALIA, 16/03/16.- La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) manifestó en una nota, su apoyo al comunicado de las entidades de acción social de la Iglesia, y expresó su rechazo al acuerdo anunciado entre la Unión Europea y Turquía, que supone un grave retroceso en derechos humanos. Por otro lado, su Comisión Permanente respondió a la invitación de participar en una reunión de coordinación de organizaciones sociales, eclesiales y políticas convocada con la intención de contrastar opiniones y aunar esfuerzos para mostrar su disconformidad y rechazo a las soluciones dada por la UE ante este problema.

Estas organizaciones comparten su rechazo al preacuerdo (Plan de Acción Conjunto) entre los jefes de Estado y de Gobierno de la UE con el Gobierno de Turquía por considerarlo “ilegal e inmoral” y por entender que atenta contra los derechos humanos más básicos de las personas solicitantes de refugio. Este Plan de Acción tiene que ser ratificado el próximo 18 de marzo, en una nueva reunión del Consejo Europeo. Es por ello, que consideramos necesario que la ciudadanía exprese su solidaridad con las personas necesitadas de refugio y exija a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE a que garantice la protección y la acogida, también con un pasaje seguro, de toda vida humana desprotegida y víctima del conflicto y la persecución.

La Comisión Permanente de la HOAC participará en la convocatoria prevista el 16 de Marzo a las 18:30h en la puerta del Sol de Madrid (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Mundo en la caraADVIENTO: CAMINANDO Y ACOGIENDO CON ESPERANZA
LUIS SANDALIO, luisandalio@yahoo.es
CANTABRIA.

ECLESALIA, 14/12/15.- Las imágenes y noticias de miles y miles de solicitantes de asilo teniendo que huir de un mundo suyo (su tierra, su casa, sus cosas…) donde no se les deja vivir en paz puede que sean capaces de confundirnos y hacernos olvidar que nosotros también tenemos que estar siempre en camino.

Que no podemos conformarnos con decir: ellos son los que andan buscando, nosotros los que desde nuestro sitio y posibilidades les que tenemos que “acoger”. No basta. Tenemos que acoger no desde nuestra “comodidad” y nuestra “seguridad” (si no tenemos “estabilidad”… ¿cómo vamos a plantearnos “acoger” y “arropar”? podríamos erróneamente pensar). Tenemos que acoger desde nuestro caminar a posibilidades nuevas que aún desconocemos, desde nuestra respuesta a esa invitación de Dios (vocación) que por ser siempre nueva nos “descoloca” y nos enfrenta a lo que no podemos sospechar.

Vale la pena recordar el relato del Nacimiento de Jesús y el tremendo simbolismo de que “no había sitio para ellos” en el mundo de los que estaban establecidos en su sitio.

Pero también es importante que no nos confundamos: “su sitio” no es entre nosotros; aunque durante un tiempo y mientras “fermenta” y se transforma la situación esto sea necesario.

Tenemos que denunciar a los que les están expulsando de “su sitio” y no me refiero a los “terroristas-yihadistas” ¡por supuesto! Estos son empresas bien organizadas y asesoradas, encargadas, habilitadas y financiadas. Me estoy refiriendo a los imperialistas que quieren hacer de la tierra entera su feudo particular (EE.UU.) y a los que con ellos aliados están (siento tener que decir “estamos”; pues España lamentablemente todavía sigue dentro de la OTAN y al servicio de la política canalla norteamericana).

Desde nuestra pequeña experiencia comunitaria de más de tres décadas acogiendo personas de todo el mundo queremos compartir este adviento de camino y esperanza. Y nos unimos a todos los que participan en esta caravana de la esperanza de la que hablaba Rumí:

“Ven, ven, quienquiera que seas ven!
Infiel, religioso o pagano, poco importa.
¡Nuestra caravana no es la de la desilusión!
¡Nuestra caravana es la de la esperanza!”

Y si de algo puede servir, os invitamos a profundizar en este adviento con un cuento que nos habla del valor de ser humanos y del valor del ser humano: El valor del anillo (un viejo y regañón derviche acoge en su incesante caminar a un joven con parálisis cerebral y enamorado. Islam/vocación/acogida/comunidad desde una espiritualidad universal).  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

blanco negro magentaVIOLENCIA DE GÉNERO, ¿YA HEMOS HECHO TODO?
FERNANDO TORRES PÉREZ, Fundación Luz Casanova, comunicacion@proyectosluzcasanova.org
MADRID.

ECLESALIA, 13/11/15.- Desde hace unos cuantos años se han dicho muchísimas cosas sobre la violencia de género. Se han hecho estudios sociológicos y psicológicos. Se ha investigado el fenómeno desde muchos puntos de vista. Los medios de comunicación han abundado en estas historias, llevando hasta una especie de contador macabro, que, muerte a muerte, nos recuerda que las mujeres mueren de forma violenta precisamente en ese ámbito tan íntimo donde debía reinar el amor, el cariño, el perdón, la comprensión… Se han dicho muchísimas cosas.

Pero quizá no se ha hecho todo. No basta con decir. Y eso que decir es importante. Gracias a todo eso que se ha dicho, en los últimos años ha ido surgiendo una nueva conciencia en la sociedad sobre el tema. Conocí hace años a un viejo policía. Ya estaba jubilado. Había trabajado toda su vida en una comisaría de una ciudad de provincias. Comentando de este tema, me reconoció paladinamente que en su época, cuando una mujer venía a comisaría diciendo que su marido la había pegado, lo normal era no recibir la denuncia. No se rellenaba ni un papel. Sencillamente, se le enseñaba la puerta y se le decía que volviese a su casa y lo arreglase ella. Y posiblemente, más de un policía se quedaría pensando que algo habría hecho aquella mujer para que su marido la pegase. Así era entonces. En las comisarías y en toda la sociedad. Las mujeres recibían presiones para aguantar no sólo de las autoridades civiles sino también de sus propias familias. Conocí un caso en que fueron sus propias amigas las que fueron a ver a la mujer agredida, que estaba pensando en separarse, para convencerla de que no lo hiciese, de que el escándalo sería terrible para ella y para su familia, de que tenía que aguantar y de que –casi seguro que se lo dijeron también– no era para tanto.

Hoy no pasan esas cosas. O pasan mucho menos. Todo lo que se ha dicho y publicado en los medios en estos últimos años ha cambiado la forma en que la sociedad ve el tema. La consecuencia ha sido que el gobierno, mejor o peor, ha tomado cartas en el asunto y ha puesto medios concretos –leyes, instituciones, personas, dinero, etc.– para ayudar a las mujeres que sufren la violencia de parte de sus parejas. La misma policía se ha puesto las pilas. Ahora, en muchos casos, cuando una mujer llega a una comisaría, se encuentra con personas que escuchan, que reciben la denuncia y que intentan ayudar.

Las cosas han cambiado mucho. Ahora la sociedad no es indiferente frente al tema. Ha tomado una actitud activa para enfrentar lo que es un problema que en conjunto ha causado en este país más muertes que el terrorismo. Pensemos que en toda su historia, que deseamos que ya sea sólo historia, ETA asesinó en total a 830 personas mientras que desde 1995 hasta ahora han sido asesinadas más de 1.350 mujeres. Y no contamos a las otras víctimas: las mujeres que no han muerto pero han resultado con daños físicos o psicológicos –tan importantes como los físicos– y, por supuesto, los niños que han sido testigos de la violencia ejercida contra sus madres.

La sociedad está poniendo medios. Ya no presiona a las mujeres para que callen. Ahora las incita a hablar a denunciar. Hay un teléfono gratuito al que pueden llamar las mujeres que se sienten agredidas. Y nos dicen y repiten que no deja huella en la factura, dato importante para una persona que se siente amenazada y controlada por su pareja.

Pero hay otra presión que no ha desaparecido y que les hace callar y aguantar. Es la presión interna que sienten muchas mujeres. Es la pregunta que se hacen a sí mismas de adónde van a ir, qué va a ser de ellas si dejan a la pareja que les agrede. Porque les pega o insulta pero les da una casa y comida. Muchas dependen económicamente de su agresor, no tienen trabajo, no tienen casa donde retirarse y sentirse seguras. Esa presión interna es muy fuerte y, sin duda, sigue ahí, en los corazones y las mentes de las mujeres agredidas. Terminan convenciéndose a sí mismas de que es mejor aguantar que exponerse a la intemperie de una sociedad que es muy dura, sin trabajo, sin hogar, sin nada.

Hace unos pocos días me contaba un amigo una escena que había presenciado uno de sus hijos en la calle. Paseaba con su grupo de amigos cuando vieron un poco más allá a un hombre que pegaba a una mujer. Pegaba, gritaba, insultaba… Se notaba que eran pareja. Al poco, sonó la sirena de un coche de la policía que se acercaba. Se conoce que la escena llevaba ya tiempo en marcha y algún vecino o paseante había llamado a la policía. El sonido de la sirena provocó la huida del hombre. Allí quedó la mujer cuando llegó la policía. Y en ese momento, todo fueron disculpas. No había sido nada. Apenas una pequeña riña. No, no la había pegado. Los vecinos eran unos exagerados. No, no quería poner ninguna denuncia. A esto es a lo que me refiero cuando hablo de esa presión interna que sufren las mujeres. La sociedad las puede empujar y animar a denunciar. Pero, ¿cómo va a denunciar una mujer, con todo lo que eso significa, cuando no tiene trabajo ni ningún sitio a donde ir con sus hijos?

Más aún. A veces no hace falta pegar ni insultar ni gritar. Según una encuesta reciente el dato cuantitativo más alto es el de la “violencia psicológica de control”. Son hombres que no pegan pero controlan y dominan en todo momento. Mediante ese control, facilitado hoy en día por los teléfonos móviles, quieren saber dónde está la mujer en cada momento y qué está haciendo, recelan continuamente de cualquier relación social de la mujer, ya sean amigos o familiares, le obligan a pedir permiso para salir de casa o ir a determinados lugares, siempre pensando que pueden ser infieles… Son los celos de siempre con tecnología moderna (whatsapp) aplicada al control de la mujer y de todos sus movimientos, siempre vistos desde la sospecha. Según datos publicados por el periódico El Mundo (31 de marzo de 2015), cinco millones de mujeres han sufrido esa violencia a lo largo de su vida. Y casi dos millones (1.840.000) en 2014. Son muchas. Demasiadas.

Y, sin embargo, entre los jóvenes parece que este tipo de control no se le ve como parte de la violencia de género. Un estudio reciente, de marzo de 2015, de la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género sobre “Percepción Social de la Violencia de Género en la Adolescencia y la Juventud” pone de manifiesto que una de cada tres personas jóvenes no identifica los comportamientos de control con la violencia de género. Y que, en definitiva, la población joven es algo más tolerante que el conjunto de la población con las conductas relativas a la violencia de control. Todavía queda, pues, mucho camino para concienciar sobre estos problemas a toda la sociedad pero especialmente a los más jóvenes porque ellos son el futuro.

Hay que pasar a la acción. Y, gracias a Dios, hay mucha gente que ha pasado a la acción. Dicen pero también hacen. Uno de estos lugares es la Fundación Luz Casanova. No es la única institución o grupo o asociación que se ha puesto manos a la obra para ayudar a las mujeres que sufren esta violencia, pero es la que conozco y por eso hablo de ella.

En la Fundación Luz Casanova se ofrece una casa de acogida para las mujeres que han sufrido la violencia de género y que se han decidido a cambiar su vida, que se han atrevido a buscar una salida. Funciona desde 1995 como una casa, un hogar, donde desde el primer momento en que abandonan su casa –si es que así se puede llamar al lugar donde vivían– pueden encontrar el calor y el ambiente de familia que necesitan. Ellas y sus hijos, porque también hay espacio para ellos.

El primer objetivo es ofrecerles un lugar seguro. Esto de la seguridad es muy importante porque son personas que han sufrido violencia y se sienten amenazadas. Como decía una de ellas que le había dicho su pareja: “No tienes cojones para irte de casa porque te mato. Y yo de la cárcel salgo pero tú no sales de debajo de la tierra.” Por eso la seguridad es tan importante. Pero no sólo. Se les da también ayuda psicológica y se les ofrece la oportunidad de volver a levantar su vida y la de sus hijos, si los hay. Se trata de levantar a las personas, de que recobren su dignidad y su auto-estima –porque el desprecio del agresor termina metiéndose en la misma cabeza de la agredida, que se siente nada y sin valor–. Se trata ayudarles a buscar trabajo, a formarse, a buscar una casa, etc. Se trata de reconstruir la vida lejos de la violencia sufrida y de superar el trauma. Sólo durante 2014 se alojaron en el centro de acogida 46 mujeres y 48 menores, sus hijos. Las mujeres  tenían una media de edad de 32 años y los menores de 4,6.

En la Fundación Luz Casanova existe también un servicio de atención a adolescentes víctimas de violencia de género en sus relaciones de pareja. Sólo un dato: en 2014 se atendió a 127 chicas jóvenes. ¿Su media de edad? 15,8 años. Dato terrible que nos debería hacer pensar mucho sobre la sociedad que estamos construyendo para los jóvenes.

Pero no hay que desanimarse. La existencia de estos recursos, lo que se hace desde la Fundación Luz Casanova y desde otras organizaciones similares, es signo de que la sociedad se está moviendo y está trabajando para hacer posible que esas mujeres que tanto han sufrido puedan comenzar una vida diferente. A su servicio se ponen diversos recursos. Pero, más importante si cabe, todo eso se hace en un contexto de cariño, de acogida, de comprensión, que cura y ayuda tanto o más que el resto de los recursos.

Al menos, nos encontramos con un dato para la esperanza. En 2014 se atendieron en la casa de acogida a 20 personas menos, entre mujeres y menores, que en 2013. Ojalá éste sea el dato que indique estamos viendo la luz al final del túnel. Sin olvidar nunca que mientras haya una sola víctima más, seguimos adentro del túnel y hay que mantener el esfuerzo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Sevilla AcogeINMIGRANTES Y REFUGIADOS: MÁS ALLÁ DE MEDIDAS DE EMERGENCIA
Comunicado de la Fundación Sevilla Acoge

FUNDACIÓN SEVILLA ACOGE, administracion@sevillaacoge.org
SEVILLA.

ECLESALIA, 02/10/15.- La historia y la memoria nos muestran que las guerras, tragedias y catástrofes producen siempre una masiva y dramática huida de hombres y mujeres, niños y ancianos. A lo largo del tiempo los hemos llamado migrantes, asilados, desplazados, refugiados… La actual situación de su llegada a través de Europa exige ante todo la solidaridad de los gobiernos, de las instituciones públicas y de la ciudadanía consciente y comprometida, para disminuir en lo posible el sufrimiento de esas miles de personas y de las que seguirán llegando si no se abordan políticamente las causas de estos éxodos humanos. Pues la situación no es coyuntural, sino estructural y su solución no reside sólo en adoptar medidas rápidas de emergencia, sino en afrontar un cambio a fondo respecto a la inmigración, al derecho de asilo y el respeto efectivo de los Derechos Humanos aquí y en todas partes.

Recordemos que no estamos ante algo nuevo, por desgracia, sino ante una situación permanente en muchas áreas del mundo. Son muchos millones los inmigrantes, desplazados y refugiados que buscan o encontraron ya un lugar mejor para vivir, y de los cuales sólo una mínima porción llega a Europa, aunque eso despierta alarma social y fuertes medidas de control. En nuestra Fundación SEVILLA ACOGE cumplimos ya 30 años de presencia entre ellos y sabemos que nadie emigra o huye de su país por capricho, sino que se trata de víctimas de desplazamientos forzosos para salir de un estado de necesidad. Necesidad causada por la enorme desigualdad que aumenta sin cesar entre nuestro mundo enriquecido y sus países de origen.

De ahí que una verdadera política de inmigración y de asilo debería actuar sobre las causas de esa desigualdad, es decir, sobre las causas de las guerras, la miseria, la enfermedad, el desempleo, los débiles medios educativos, los criterios patriarcales y los fanatismos, el déficit de libertades y derechos, etc. Por eso, la primera proclama de nuestros responsables políticos y de los ciudadanos conscientes debiera ser la defensa del derecho a no emigrar nunca por la fuerza de la necesidad, y defender en el mundo unas condiciones de vida que nivelen el foso de las desigualdades existente entre el centro y la periferia; así nadie saldría de su país forzado, sino libremente si lo desea. Es cinismo político e hipocresía social si sólo se acogen a quienes huyen del fuego, pero no se adoptan los medios necesarios para apagar los incendios provocados en tantas partes del mundo. De modo que, si no vamos a las causas, de poco sirve lamentar y paliar en algo las consecuencias.

No estamos ante una crisis humanitaria pasajera, sino ante el resultado del fracaso de unas políticas centradas sólo en el control de los flujos migratorios mediante inversiones millonarias para financiar sus dispositivos (Frontex, Eurosur), vigilar fronteras (Melilla, Ceuta, Italia, Grecia, Mediterráneo), la restricción de derechos a inmigrantes (devoluciones en caliente, negación de tarjeta sanitaria, etc.), la eliminación del 80% del presupuesto estatal para cooperación al desarrollo, etc…

No estamos ante una crisis de refugiados que cesará cuando termine la guerra en Siria, sino ante los resultados de una política geoestratégica de la OTAN, de los intereses de EE.UU en la zona, de los fundamentalismos político-religiosos de los países árabes y otros, del conflicto interminable en Israel-Palestina, de la invasión neocolonial de gran parte de África por poderes económicos multinacionales, de terrorismos diversos, etc. La magnitud de los conflictos provoca que la emigración no sea algo pasajero, por lo que la gente seguirá saliendo o huyendo de allí donde es muy difícil vivir. No habrá suficientes muros ni alambradas con cuchillas que los detengan. “Seguirán viniendo y seguirán muriendo, pero no hay nadie capaz de contener los sueños”. Por ello, cumplamos unos y otros -gobiernos y ciudadanos conscientes- con nuestras obligaciones humanitarias, pero sin olvidar el deber de conocer y denunciar las causas y a sus responsables y exigir sin cesar un orden mundial justo.

En muchos lugares crece el clamor ciudadano de personas y organizaciones de todo tipo y se multiplican innumerables iniciativas de ayuda ante la llegada imparable de refugiados a Europa. Ante este empuje cívico, los Gobiernos, a remolque y de mala gana, quieren asumir algunas medidas de acogida. Ojalá que toda esa reacción positiva sirva para cambiar las políticas de asilo -y también las de inmigración- en la Unión Europea y concretamente en nuestro país. Es un sarcasmo hipócrita mostrarse generosos con unos y duros con otros. Sería una cruel paradoja tratar a los refugiados como sujetos de derechos, pero negárselos al mismo tiempo a las personas inmigrantes, tanto a las que llevan años viviendo aquí como a todas las que calladamente siguen llegando. Por eso, queremos ver cuánto tiempo durará esta toma de conciencia del drama humano de la emigración y cuál será el impacto real sobre las decisiones de nuestros gobernantes, no sólo a corto sino a largo plazo.

La Fundación Sevilla Acoge, tras tres décadas haciendo acogida de personas migrantes, continúa en ese compromiso. Y ante la actual situación de emergencia humanitaria, está unida  con las diversas iniciativas ciudadanas que se están implantando en nuestra ciudad. Queremos una ciudad comprometida con los Derechos Humanos no sólo ahora sino siempre y en cualquier circunstancia humanitaria (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Solo tienen un arma

Publicado: 1 septiembre, 2015 en ACTUALIDAD
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basta

SOLO TIENEN UN ARMA
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 01/09/15 .- Los movimientos migratorios se han dado en todas las épocas y han ido diseñado y modificando la historia del mundo y la historia de cada ser humano. Si llegáramos a conocer nuestro árbol genealógico a través de los siglos, seguramente reconoceríamos que todos nos hemos “movido” de sitio.

En este momento estamos asistiendo desde la cercanía-distancia que nos proporcionan los medios de comunicación a un movimiento, de Sur a Norte en Europa, de cientos de miles de personas que se deslizan como una marea huyendo de su país, su familia, sus costumbres, su cultura y su propia historia.

Huyen por diferentes causas que se pueden englobar en dos: el hambre y la violencia, que son lo más antidemocrático que le puede suceder a un ser humano.

A unos les llaman migrantes y a otros refugiados, tienen diferente status para ser acogidos o no en las legislaciones de los países a donde van llegando. A mí me parecen sencilla y tristemente personas en peligro, mi prójimo pidiendo auxilio: ¡S.O.S.!

No llevan equipaje ni coche propio, son carne de cañón para embaucadores, traficantes y bandas organizadas que comercian con el engaño y el horror.

Quienes huyen del hambre y la violencia van armados, portan solamente un arma: sus pies. Arma que, obediente al instinto de supervivencia, se pone en marcha hacia la Tierra Prometida del Norte.

El Mediterráneo como cementerio acuático responsabilidad, al parecer, de los países limítrofes de la Unión Europea (España, Italia, Grecia). El paso de Calais (Francia) para alcanzar la otra orilla, ante los ojos sobresaltados de los que miran al otro lado. Un camión frigorífico destinado al transporte de carne de pollo como sarcófago comunitario aparcado en el arcén de una autopista (Austria)… Cientos de personas se van expandiendo como una mancha de petróleo sobre el mar que no sabe de rejas ni concertinas.

Cuando el hambre, la violencia, las guerras, la inseguridad y la pérdida de todo es lo que queda, el ser humano se pone a andar. Ese es su arma; no dispara pero va dejando  huellas, surcos y rastros del dolor, el sufrimiento y la muerte, esa es su munición.

Si desde los organismos internacionales no hay voluntad o capacidad para adentrarse sin hipocresía en el meollo de lo que provoca estos movimientos migratorios, estamos todos en grave peligro.

Se acerca una fecha, el 11-S, que puede ser un momento de reflexión para hacer un recorrido de los años que han pasado desde aquel espantoso ataque donde murieron tantas personas. Reflexión encaminada a poner los ojos en la realidad del problema migratorio consecuencia del desequilibrio económico, político, de corrupción e hipocresía que marca las relaciones internacionales. El punto de partida donde incidir para esta reflexión podría ser el tema económico. Nada sucede sin que el dinero circule. En el uso del dinero se encontrarán pistas para ahondar en la raíz de los acuciantes problemas que sufre el mundo.

Cuando mires al inmigrante que te pide en el semáforo amplía el perímetro de tu mirada y pregúntale de qué país llegó y cómo accedió al tuyo. Luego, con mucho respeto, escucha, si es que esa persona quiere compartir contigo, la problemática que le hizo ponerse en marcha.

He ido al evangelio a ver qué diría Jesús: “Fui extranjero y me acogiste” (Mt 25,35). Quien acoge vela por la persona que llega a su casa, a su vida. No es sólo darle de comer, beber y cama; es también cercanía, conversación y consuelo. Para eso hay que estar abierto y tener un grado de empatía como el que Jesús tenía. Y también abrirse a los problemas que pueda traer la denuncia de la injusticia que provoca todo esto.

No nos quedemos espantados e inmovilizados por la impotencia que supone no saber qué hacer en casos como los que estamos viendo relacionados con las personas que huyen de sus países de origen. Hay que transformar esa impotencia: yo me puse a escribir. Si al menos una palabra, aunque sólo sea una, sirve como denuncia, esta es la que propongo: ¡Basta!  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia) 

pateraNACER ES MIGRAR, MORIR TAMBIÉN
YOLANDA CHAVES, yolachavez66@gmail.com; MARI PAZ LÓPEZ SANTOS,pazsantos@pazsantos.com; PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
LOS ÁNGELES; MADRID; BUENOS AIRES.

ECLESALIA, 12/06/15.- ¡Retrocedamos hasta el origen, al instante inicial! Algo va a nacer, se mueve, avanza… ¡aquí está! El nuevo ser migra hacia el exterior de su habitáculo vital. Sale, y un escalofrío recorre su piel; anhela volver pero no hay camino de retorno a la etapa anterior. Acaba de dar el primer paso en el recorrido de una nueva vida en territorio extraño.

¡Avancemos ahora, avancemos pausadamente hacia el final! Es el instante del A-Dios.

Migrar es analogía de vientres; del amor del “principio” (Gen 1,1) al útero maternal finito; del vientre de tierra al cobijo permanente del regazo infinito.

Nacer es migrar a otra tierra, como también lo es morir. ¿Para qué tantos afanes y estupideces, tanta violencia en el permanente movimiento migratorio de una humanidad que siempre ha estado en marcha y que, a pesar de cualquier resistencia, así seguirá en busca de mejores condiciones de vida?

Migró el pueblo de Israel desde la esclavitud de Egipto hacia la tierra prometida. Migración larga y penosa que los llevó a extrañar el tiempo donde “se sentaban frente a las ollas de carne y comían pan hasta saciarse” (Ex 16,3). ¡Cuántas veces nos pesa tanto la libertad que preferimos una cierta dosis de esclavitud con tal de sentir seguridad!

El éxodo al desierto, paso de la esclavitud a la libertad, acontece una y otra vez en nuestras vidas. Este paso implica siempre un riesgo y muchas veces cuando estamos en el camino añoramos las seguridades perdidas. Vivir a la intemperie conlleva sus riesgos, pero permite ver las estrellas.

 “A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados  y llorábamos, acordándonos de Sión…”, este lamento que da inicio al Salmo 137, es un grito milenario de dolor al desarraigo, grito que se hace eco en la actualidad.

Cuando se migra se abandona la residencia habitual, se camina, se avanza, se cruzan fronteras de diferentes dimensiones: geográficas, culturales, económicas,  religiosas, existencialesCruzando fronteras se muere de algún modo.

Cada vez más personas en todos los continentes lo viven en carne propia. Cada vez son más las personas expulsadas de sus países por el hambre, la falta de trabajo, la violencia, la guerra  y la inseguridad. Cruzan mares, montañas y desiertos para golpear la puerta de los países desarrollados donde se enfrentan al rostro cruel de la falta de solidaridad; al sentimiento permanente  de ser inadecuados, de no pertenecer a nada ni a nadie. Se  anuda la garganta, se entristece el corazón, evocando los atardeceres alumbrados de luciérnagas en los arroyos de nuestros pueblos… “Nos sentamos y lloramos, acordándonos…” de la tierra que quedó atrás.

El fenómeno de la migración nos pone delante de desafíos tanto a los migrantes como a quienes los reciben. En un mundo globalizado este desafío se ha convertido en algo para tomar muy en serio si queremos vivir en paz. Saltar barreras culturales, raciales y religiosas puede no ser fácil, pero es la única manera de convivir. Y no hablamos aquí sólo de tolerancia, sino de aceptación. El desafío es ver al migrante que vive y trabaja en mi comunidad como un ciudadano de derecho pleno y luchar junto a ellos para que estos derechos se respeten.

“Soy migrante. Salí de un país empobrecido que está muriendo en los brazos de una sociedad enferma. Decidí migrar una noche mientras hablaba con Dios, pidiéndole señales que me indicaran el camino que debía tomar después del asesinato de mi padre. Sentía que tenía que luchar por conservar mi vida. Esa noche, una fuerza más allá de mis propias fuerzas, movió mis manos y mis pies. Me lleno de esperanza el corazón; me atreví a cruzar un desierto que guarda miles de cadáveres en su vientre arenoso. La fuerza de Dios es descomunal; brota desde las entrañas y llena al espíritu de iniciativas, de certezas. Pero también es misteriosa, nos llena de fragilidad, desencaja el rostro de dolor y agota las lágrimas cuando mueren en el camino los compañeros migrantes y se siente su propia muerte. Cuando crucé la frontera Dios la cruzó conmigo, pero también se quedó con los que murieron”.

“¿Cómo se sobrevive con el alma dividida por fronteras? ¿Cómo se sobrevive sin poder mirar todos los días a tus hijos?… ¿Por qué no se puede vivir cuando tus hijos lloran de hambre? ¿Cómo se vive en un país donde nunca se puede encontrar empleo? ¿Cómo, demonios, se sobrevive en países donde el secuestro, la corrupción, los asesinatos, las violaciones a los derechos humanos son el pan nuestro de cada día? ¿Cómo…?

Algún día las fronteras caerán en señal de bienvenida universal pero aún falta mucho para eso, la evolución humana ha de abrirse a otra forma de entender y acoger. Falta sobre todo que nos abramos a una forma más humana de mirar al otro que nos lleve, no solamente a recibirlo, sino a acogerlo como uno más de la familia. La familia humana.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 2) confirma que estos Derechos se aplican a todas las personas, “sin distinción de ningún tipo, tales como raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política u otra, origen social o nacional, propiedad, nacimiento y otro status”.

 “La migración es un derecho. Los que persiguen, acorralan o provocan la muerte de los inmigrantes, lo están haciendo con Dios. Desde nuestras circunstancias nos descubrimos hijas e hijos de Dios. Somos “el prójimo”; no somos ni amenaza ni competencia. Por instinto natural buscamos la justicia y la paz. Un impulso nos mueve a hacer efectiva nuestra misión profética: darle sentido al Evangelio buscando caminos justos, dignos, compasivos, solidarios…”

Pero la hipocresía campea a sus anchas mirando hacia otro lado y manipulando a través de los medios de comunicación. Los países que se ufanan de ser paladines de los derechos democráticos y de haber llegado a logros legislativos como la Declaración Universal de Derechos Humanos, o la creación de la ONU y otros organismos cuya razón de ser es que el ser humano sea respetado por su propia dignidad innegociable… mientras, se construyen barreras económicas, vallas metálicas, se esquilman recursos humanos de países empobrecidos y se provocan guerras que exilian de sus propias vidas a miles de personas.

Desde la vieja Europa, los países que tienen sus costas bañadas por el bello Mar Mediterráneo, asisten al espectáculo lamentable y doloroso de verlo convertido en cementerio acuático: miles de personas vienen de Siria, Libia, de los países de África subsahariana y tantos otros; huyen de guerras, de la desestabilización de sus países, de la falta de trabajo, de la corrupción política que mina el desarrollo. Mientras la Unión Europea va poniendo parches sin llegar al meollo de la injusticia que causa todo esto.

Habrá que sentarse desde una plataforma mundial, sin vetos, para ahondar en las causas de la injusticia que provoca los movimientos migratorios y la pérdida de derechos como seres humanos de tantos hermanos en movimiento.

Tras haber visto, al principio, lo que se trasluce en Génesis, Éxodo y Salmo 137,  movimientos migratorios de un pueblo de camino, una humanidad que quiere echar raíces pero una y otra vez vuelve a ponerse en marcha: con dolor, por amor, a causa de la violencia, siempre buscando y sin acabar de encontrar; finalizaremos con otro movimiento migratorio, ya que “en el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Prólogo Jn 1.1, 1.2, 1.14)

He aquí el mayor movimiento migratorio: Dios se hace carne adentrándose en la historia de la humanidad para indicarnos el Camino, la Verdad y la Vida verdadera (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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