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Sal y luz

Publicado: 1 febrero, 2017 en ACTUALIDAD
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sal y luzSAL Y LUZ
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 01/02/17.- Amigas y amigos: Esta semana reflexionamos en torno a dos imágenes muy sugerentes. Los cristianos estamos llamados a ser sal y luz. En un mundo donde crece la desigualdad, la sal de las buenas obras mejora la realidad que nos rodea. Después de tantos siglos donde el verdadero mensaje de Jesús ha estado oscurecido, tenemos la responsabilidad de brillar con una nueva luz, quizás menos aparente y milagrera, pero más efectiva.

Y en la Escuela publicamos la tercera clase sobre el Antiguo Testamento de la mano de José Luis Sicre: Los libros históricos. Interesantísimo resumen y contextualización del segundo bloque de libros sagrados. Una gran ayuda para comprender mejor la Biblia.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Mt 5, 13-16. Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se pone sosa, ¿con qué se salará?

Vicente Martínez: Luz en el candelero. En la Biblia, la luz es faro imprescindible para el mundo. La luz de los discípulos no puede reducirse a la de un humilde candil, aunque generoso, y debe expandirse.

José Luis Sicre: La sal y la luz. El tono general del texto no es de amenaza, sino de ánimo. Pretende ilusionar a los oyentes recordándoles que Dios les ha concedido la capacidad de dar sabor y una energía para iluminar a todos los hombres, redundando en gloria de Dios.

Fray Marcos: Déjate iluminar; preocúpate de ser una persona salada. Todo lo demás caerá por su peso, irás iluminando a todos en tu camino.

José Antonio Pagola: Salir a las periferias. Jesús da a conocer, con dos imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de sus seguidores.

Marifé Ramos: ¿Sal y luz? ¿Qué somos? ¿Qué nos sugiere la imagen de la sal, cuando nos sobran potenciadores de sabor? ¿Y la luz, en una sociedad en la que el móvil tiene linterna?

Artículos seleccionados para la semana

José M. Castillo: La cultura de la desigualdad. Lo que significa que el presente y el futuro del mundo entero, o sea todos nosotros, estamos en manos de un número reducido de magnates, los grandes potentados que manejan la economía mundial.

Juan José Tamayo: Zygmunt Bauman: Posmodernidad, vida líquida, amor líquido. No hay tiempo para que las cosas echen raíces. La precariedad es el signo –y el sino– de nuestro tiempo. Siempre hay que estar empezando y terminando.

Ima Sanchís: Jordi Domingo. Psiquiatra. Un hombre bueno. Curo más con el amor que con los fármacos.

Iñigo García Blanco: Entre los más pequeños. La Pastoral del Menor tiene como objetivo trabajar la sensibilización, la concientización crítica, la organización y la movilización de la sociedad en su conjunto, en la búsqueda de una respuesta transformadora, global, unitaria e integral para atender a la infancia y adolescencia más empobrecida y vulnerada.

Mari Paz López Santos: Parábolas y liturgias. La Liturgia debe ser tierra donde crezcan parábolas de Vida siempre nueva.

Gerardo Villar: Con un poco de sal. Es preciso echar sal a las personas para que sus buenas obras vibren y den mayor calor en la humanidad.

Enrique Martínez Lozano: Espiritualidad transreligiosa. La miel no es el dulzor, la creencia no es la verdad y la religión no es la espiritualidad.

José María Álvarez: El Salvador, 25 aniversario de los acuerdos de paz. Nuestra solidaridad debiera ser universal, pero por la limitación personal que todos tenemos y por diversas aleatorias razones, nos solemos concentrar en unas determinadas personas y lugares.

Noticias de alcance. El Papa y el Primer Encuentro Iberoamericano de Teología.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Isaías 58, 7-10. Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo.

1 Corintios 2, 1-5. Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios.

Florentino Ulibarri: Hechos para ser sal y luz. Sé que la vida no es solamente para mí. Sé que Tú, Padre, no eres solamente para mí. Lo sé. Soy sal y luz; sal para salar y luz para alumbrar.

Vicky Irigaray: Sal y luz. Jesús nos ha recordado que los que viven según el Espíritu de las Bienaventuranzas son la sal y la luz del mundo; siembra de una nueva humanidad para todos.

Anáfora: Vocación de libertadores. De Ti brota el amor, la fuerza, el deseo de vivir. Tú eres bondad infinita y nos animas a querer a amigos y enemigos.

Monjas Benedictinas de Montserrat. 5º Domingo del Tiempo Ordinario.

Material multimedia

Los 7 enemigos del cambio. Por Borja Vilaseca. ¿Qué cambiaríamos en nuestras vidas si no tuviésemos miedo? Se puede mirar hacia dentro, hacia nosotros mismos y cambiar, ser más felices y hacer más felices a los demás.

Una historia de supervivencia. Yeonmi Park, de 21 años, cuenta su historia y sus vivencias en Corea del Norte y como escapó de su país buscando la libertad.

Salomé Arricibita: Luz y sal. Quiero aprender a ser luz, quiero aprender a ser sal.

La paz interior. Si vivimos enfocados al exterior, no podemos estar conectados con nuestra esencia y ser luz en el mundo.

Equipo Quiero Ver: Tienes la llave. Estamos donde Jesús quiere que estemos situados sus discípulos: en el corazón del mundo, en medio de las gentes. Damos sabor si nuestra calidad de vida lo tiene. Somos luz, si nuestra existencia es luminosa. Nosotros tenemos la llave para lograrlo.

Educar desde la ingravidez. Por Carlos González. Educar es enseñar a celebrar el encuentro conmigo mismo, con los demás y con la Vida.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

Desde el otro lado

Publicado: 20 enero, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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eclesalia@eclesalia.net

velas-960x623DESDE EL OTRO LADO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 20/01/17.- En 1910, Pío X no veía bien la educación escolar marianista empeñada en formar a una élite de católicos democráticos que “acepten nuestro tiempo tal cual es y simpaticen con la búsqueda sincera de la verdad, sea cual sea la doctrina de la que proceda” para ser alternativa a la disyuntiva de entonces entre ciencia y religión. En Francia, acababan de suprimir las asociaciones religiosas obligando a la dispersión; uno de los lugares en los que recalaron fue San Sebastián. En su colegio donostiarra recibió la primera educación el gran teólogo Xabier Zubiri.

Si algo resulta esencial en la educación, los marianistas en Donosti lo bordaron con sus pupilos: darles a conocer a fondo el terreno del adversario para fundamentar las propias afirmaciones, en lugar de descalificarlo. Cuando lo que arreciaba en el ambiente era un cristianismo incompatible con la ciencia, el progreso o la razón, que no formaba espíritus hechos para pensar, ellos vieron que no era la modernidad sino en la fragilidad católica frente a las ideologías imperantes antirreligiosas las que hacían el mensaje poco creíble. Por tanto, se pusieron manos a la obra ofreciendo una sólida formación religiosa impregnada de humildad junto al conocimiento de dichas ideologías y pensadores no cristianos para consolidar una fe madura alejada de las conciencias infantiles que tantas desafecciones produjeron… y producen.

Mi admiración a aquellos marianistas. Ellos fueron pioneros en quitarle el miedo a las razones del adversario. En este contexto, comparto una breve reflexión con los lectores desde el otro lado, en este caso al calor de Nietzsche, el creador de la máxima: “¡Dios ha muerto, viva el superhombre!”.

Nuestro tiempo es parecido a aquél en lo que a ciencia, razón y religión se refiere, excepto por la irrupción de la indiferencia actual. Creo que el filósofo alemán puede ayudarnos en la fe desde sus propios argumentos ateos. Me explico. Él fue el mayor ateo de todos, el más honesto por llevar su ateísmo hasta el final al fustigar al Dios cristiano como “la peor mentira de seducción que ha habido en la historia” porque no permite ser felices a los humanos. Tal fue su coherencia en su obsesión que predicó la inversión de todos los valores porque entendía lo moral como una construcción ideológica para dominar a los demás.

Pero si Dios no existe, entonces todo está permitido; no tiene sentido la moral ni los deberes éticos: la prohibición de robar o de matar tiene un soporte moral, y si Dios no existe -Nietzsche siempre se refiere al Dios cristiano- nada impide al “superhombre” ser amoral y despojarse del sentido de la existencia. La muerte de Dios es la victoria de la autonomía moral absoluta, el mensaje del deber desaparece, y todo puede ser relativizado hasta el punto de podernos preguntar: ¿Y si lo malo tiene un valor superior a lo bueno?

Dos conclusiones: la primera es que está probado que sus teorías influyeron directamente en el nazismo y en otros totalitarismos europeos del siglo XX. La segunda, que si llevamos su pensamiento hasta las últimas consecuencias, es difícil la existencia de un ateísmo radical y sin fisuras como fruto de la verdadera naturaleza humana: en primer lugar, en todas las épocas, incluidas las más monstruosas, no cabe la existencia de un malo perfecto y de por vida, natural al ser humano. Porque en el caso de que el amor resulta imposible manifestarse en algunas personas, sus patologías psiquiátricas dan razón del desequilibrio humano que padecen, no las razones supuestamente antropológicas del superhombre nietzschiano. Existen varios libros publicados por especialistas que lo atestiguan.

La tendencia universal muestra que, cuanta más bondad, mayor humanidad y desarrollo de las mejores potencialidades humanas; y a medida que crezca la maldad, en paralelo se producirá el desequilibrio. La maldad “total”, en fin, tiene más de enfermedad que de maldad. Si Dios es la pura y total bondad e inteligencia, esto tiene sentido, y el procurar ser buenas personas parece que es cosa de inteligentes. Nos vendrá bien tenerlo en cuenta ante lo que nos depare este año plagado de “superhombres” dirigiendo el mundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Juan-Bautista-John-BaptistLA INGENUIDAD POLÍTICA DE LOS BUENOS
FRANCISO OLIVA ALONSO, franciscooliva1964@gmail.com
PARAGUAY.

ECLESALIA, 11/11/15.- No hablo de la política partidaria sino de la POLÍTICA con mayúsculas que significa la influencia de lo que hacemos o dejamos de hacer por nuestra actitud en la sociedad.

No hablo refiriéndome a todas las personas sino a aquellos que son creyentes o no, pero que sinceramente quieren hacer el bien.

Comprendo que habrá ocasiones en que ese grupo de personas buenas tenga que hacer por educación una visita a un poder poco social.

Lo hizo el Papa Francisco, pero aprovechó la ocasión para expresar públicamente sus divergencias. Habló en el Palacio de López a los luchadores del Pueblo, de la limpieza de los procesos electorales, del cuidado por el bien común y la preferencia por los pobres, etc… con ello quitó la ocasión al Gobierno de presentar la visita de cortesía como un apoyo irrestricto a su modo de actuar.

En general en la relación con estas clases de gobiernos la mejor actitud es cierto alejamiento para no aparecer ante la opinión como usados por ellos, lo cual es lo que pretenden.

La actitud de Mons. Rolón de rehusar a ser partes del Consejo e Estado del dictador es un magnífico ejemplo de esto. Quiero recordar que Jesús nunca se acercó a Hedores. Tampoco Juan el Bautista.

Y curiosamente esto no le quitó fuerza. Cuando lo mandó matar, lo sintió, porque en esa parte de algo bueno que todos tenemos, aun los peores, comprendía Herodes la valía de Juan.

Una anécdota de Stroessner que me contaron hace años y querría confirmar su veracidad. Un día el dictador salía a uno de sus viajes y Mons. Bogarín llegaba de Misiones al aeropuerto. Ambas caravanas se cruzaron. Me contaron que el dictador se acercó y lo saludó. Ante la extrañeza de sus acompañantes dijo que ese era un gran hombre. Conste que Stroessner prácticamente lo había alejado de Asunción (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Pienso en Dios, luego existo

Publicado: 9 junio, 2015 en REFLEXIONES
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Casaldáliga.PIENSO EN DIOS, LUEGO EXISTO
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA, 09/06/15.- Es la supracartesiana de un hombre cuyo espíritu fue para todo el mundo, y dándose se descubrió Capaz del infinito:

Pienso en Dios
Luego existo
Capaz
Del infinito.

Viviendo para los demás palpó la muerte:

Mi vida
son
muchos días.
Mi muerte
será
la hora.

Luchando contra la injusticia, fue capaz de la belleza:

Hiciste la belleza
porque sabías que mis ojos
exultarían viéndola.
Me esperas, en la Muerte,
porque sabes
que necesito verTe!

Conocedor sabio del tiempo y de lo humano:

Hablemos del Tiempo, hermano,
antes de que sea ido
lo que pudo ser humano.
Antes de que sea en vano
llorar un día perdido,
un surco sin nuestro grano,
un canto sin nuestro oído,
un remo sin nuestra mano.
Hablemos de la tarea
de nuestra caducidad,
que es hacer que el Tiempo sea,
todo él, Eternidad.

Una vida colmada de las emociones profundas que superan la memoria y se dibujan por todo el ser como en una hoja:

¿Sólo para mí
estas mariposas?
Constan en mis ojos,
¡constan en mis hojas!

Hoy vive en silencio absoluto, trascendente; donde se olvida lo malo, lo que dolió, lo perdido.

Donde se llena el corazón de nombres y recuerdos agradecidos…

Ya una vez dijo:

Al final del camino me dirán:
—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
Abriré el corazón lleno de nombres.

Sabe que la paz lo espera ya en la curva luminosa del viento.

A Pedro Casaldáliga, con mi profundo respeto y admiración, en este ocaso de garzas blancas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Óscar RomeroBEATO MONSEÑOR ROMERO: SACERDOTE, PROFETA Y… MÁRTIR
Reflexiones con motivo de su próxima beatificación
PABLO DOMÍNGUEZ, Secretariado Diocesano de Migraciones, pabletedominguez@gmail.com
ALICANTE.

ECLESALIA, 19/05/15.- En estos momentos en el cielo, Mons. Romero se debe sentir como un niño con zapatos nuevos. Romero fue sacerdote, profeta y… mártir; pero desde ahora también oficialmente Beato, en su  recién reconocimiento por la Iglesia Católica. Parece que la talla de sus humildes pies que pisaron nuestro mundo, especialmente el de los más pobres, ha crecido. Ascendiendo así en los altares.

Pero Monseñor Romero ya era santo, desde el día que lo mataron hace 35 años. Así lo siente suyo su pueblo, no solo el salvadoreño, sino todo un continente, especialmente todos los empobrecidos de Latinoamérica y del mundo entero que conocen su testimonio. Llamándolo, recordándolo e invocándolo como San Romero de América, pastor y mártir nuestro. Confirmando sus palabras días antes de su asesinato: “Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás… Si me matan resucitaré en el Pueblo”.

Este posiblemente es el reconocimiento más grande que ha recibido hasta ahora Mons. Romero, quizá con aras de hacerle justicia terrenalmente. Con esta proclamación se puede interpretar un paso más del Papa Francisco, en nuestro querer una Iglesia pobre y para los pobres. Como así lo fue la experiencia eclesial de Romero: “Los pobres han marcado el verdadero caminar de la Iglesia”.

Por eso en este acontecer eclesial no solo se reconoce el camino de santidad de Oscar Romero como obispo de los pobres, sino también una vez más la realidad de un pueblo mundial que ha sido y es oprimido por el desigual sistema económico, político y social de nuestro mundo. Al mismo tiempo que a una teología más encarnada en la lucha y liberación de la humanidad, “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres (y mujeres) de nuestro tiempo… son a la vez… de los discípulos(as) de Cristo”, como dice el Concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et Spes. Recordemos que más del 80% de la humanidad vive en la pobreza, repartida por todos los continentes, también en los barrios de nuestras ciudades.

Entre los nombramientos y títulos, en su currículum terrenal, además de haber llegado a ser Arzobispo de San Salvador, fue galardonado con diferentes reconocimientos civiles antes de su asesinato, por su lucha a favor de los Derechos Humanos, los más distinguidos fueron los Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad de Lovaina (Bélgica). Y la nominación en 1979 al Premio Nobel de la Paz, quien sería finalmente entregado a Madre Teresa de Calcuta. A quien felicitó por su premio. Pero por encima de todos estos, el más importante, fue recibir la gracia de su conversión, casi a sus 60 años, de ser pastor de su pueblo pobre: “Con este Pueblo no cuesta ser buen pastor”, decía él, llevándole a correr su misma suerte. Su identificación fue tan grande que expresaba: “El Pueblo es mi pastor, mi profeta… Pastores somos todos porque ustedes son quienes me están guiando”. Dejando así a un lado todo tipo de privilegios y comodidades ofrecidas por los poderosos de su tiempo.

Romero como el profeta que fue no se libró de todo tipo de calumnias y acusaciones propias de su contexto, por su denuncia de las injusticias y posición de estar con los más pobres. La Iglesia no puede ser neutral cuando la Creación gime hasta el presente con dolores de parto (Rm 8, 18-23), tiene que estar siempre al lado de quienes más sufren. Seguramente haría suyas las palabras de su homólogo brasileño en el apostolado, Helder Camara: “Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista”.

El reinado de Romero fue como el de Jesús, siguiendo sus pasos lo mataron, porque no era para los grandes poderes de este mundo. Habiendo hecha suya la causa de los pobres entregó su vida, muriendo por los suyos, por su pueblo. La vida de Mons. Romero es evangelio encarnado, hecho vida. Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto. (Jn 12, 24).

Este reconocimiento oficial de nuestra Iglesia Católica llega hoy para Mons. Romero, mañana será para Mons. Gerardi, Arlen Siu, Felipe y Mary Barreda, Joao Bosco, Ellacuría y compañeros… Como así para miles de peregrinos y peregrinas que entregaron su vida por un mundo más humano, más de Dios, de los empobrecidos y empobrecidas de nuestra historia. Ellacuría, quien también se encarnó en la patria chica de Romero, corriendo su misma suerte, tras su perpetrada muerte, afirmó lapidariamente: “Con Monseñor Romero Dios pasó por la historia”.

“Que mi sangre sea semilla de libertad y señal de que la esperanza será pronto una realidad”. Querido Romero, escuchamos tus palabras como un eco en nuestro corazón que nos invita a seguir comprometiéndonos con tu causa, a seguir tus pasos. Desde que acabaron con tu vida el fruto de tu entrega no ha dejado de dar vida, y vida en abundancia (Jn 10, 10). Tus pies que caminaron por los maltrechos caminos de nuestro mundo, siguiendo los de Jesús, marcaron un camino lleno de esperanza y liberación. Hoy tus zapatos se quedan pequeños. Tu pueblo ya te hizo santo. Tu vida, ¿también  hoy no será una de las bellas flores de nuestra nueva primavera eclesial, en el permanente Pentecostés que estamos invitados, invitadas a vivir?

“El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección. Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos. Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia y el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige”. (Palabras de la última homilía de Mons. Romero, instantes antes que entregara su vida).  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

maternida de DiosMAGNANIMIDAD DIVINA Y BIENAVENTURANZA ETERNA
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 13/05/15.- Estoy persuadido de la imposibilidad de que en la vida eterna se den diversos grados de bienaventuranza, en razón de los méritos de cada uno.

Es persuasión que me fluye de la exhortación de Jesús a amar a los enemigos y a rezar por ellos, «para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos; por cuanto hace salir su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos» (Mt 5,44-45).

Esta anticipación de la bondad de Dios a nuestros actos y su falta de adecuación proporcional a los méritos de cada uno, la presenta Jesús como propia y típica del Padre, quien, desde siempre y antes de recibir nada de ninguno de nosotros, es “Amor que mana copioso antecedentemente a nuestro comportamiento” (1Jn 4,10). ¡No puede dejar de serlo a la hora de acogernos en su mansión inmarcesible! ¡No puede estar entonces, ni nunca, atado a proporcionalidad ninguna! ¡Sería tanto como dejar de ser Él!

Dicha falta de adecuación de la bienaventuranza eterna a nuestros méritos o deméritos podemos verla afirmada en la parábola de los peones contratados a distintas horas de la jornada. Al menos implícitamente, si es que con ella no se refería Jesús directamente a esta cuestión, cosa ésta que dejo aquí completamente de lado.

Porque me basta con ver cómo las diversas opiniones que conozco al respecto, presuponen la convicción general de ser imperativa, por justicia o por equidad, la proporcionalidad entre lo recibido o concedido y lo merecido. Y ésta es la convicción que precisamente resulta anulada con dicha parábola. De lo contrario ésta quedaría al aire al desvanecerse su lógica y resultaría irreprochable y justificadísima la protesta de los que habían soportado en el campo el peso del día y del calor, cuando vieron cómo los que habían trabajado una sola hora recibían la misma retribución que ellos (Mt 20,1-16).

Hay quienes ven esta parábola como simple apólogo hiperbólico, para alentar a conversión con su consecuencia obvia: ¡nunca es tarde para volver a Dios! Pero no como escenificación catequética sobre su magnanimidad retributiva.

Por lo general apoyan su rechazo en la exigencia de justicia o equidad intachables en el Ser afirmado infinitamente perfecto. Mas al hacerlo contradicen la infinitud de la justicia divina, al ceñirla a los límites de la humana remunerativa o sancionadora, que cierto requiere de proporcionalidad en el ámbito de derechos fundados en principios generales; pero no en el de los asentados sobre convenios particulares. En éstos últimos lo exigido no es, en principio, la proporcionalidad, sino la fidelidad a lo convenido entre las partes.

Es sabido que ningún concepto puede aplicarse a Dios y a los hombres en idéntico sentido; sino sólo en análogo, en base a una similitud limitada y parcial.

En este caso, y simplificando en atención a la brevedad, se podría decir que el contenido común a las justicias divina y humana sería la incapacidad de transgredir el derecho de otro, sin que tal incapacidad suponga o afirme distinción ni diversificación alguna en el propio ser de Dios, como si la justicia fuera en Él virtud o perfección diferente de las demás. Las diversidades sólo están en nuestro conocer, incapaz de abarcar de una sola mirada la realidad íntegra y son propias de lo limitado; nunca de Dios, que afirmamos suma y síntesis unitaria y plena de todas las perfecciones y virtudes.

Desde la perspectiva del modo limitado de nuestro conocer, aprender y saber, esa incapacidad para violar el derecho de otro sería, en particular, como el basamento de la primera parte de la respuesta del patrón a uno de los peones contrariados: «Amigo, no te hago agravio. ¿No concertaste conmigo por un denario? Toma lo tuyo y vete». Sin embargo, el de la segunda lo es más bien la magnanimidad: «Y si quiero darle a este último lo mismo que a ti, ¿acaso no me está permitido hacer con lo mío lo que quiero?; ¿o es que tú ves con malos ojos que yo sea bueno?».

Bueno, por subir la retribución, incluso de los últimos, a un denario completo, que para los oyentes de la parábola era el jornal que permitía atender a las necesidades de vida del día. Bueno, por no privar de ese viático diario a ninguno de los peones, aunque sólo hubieran trabajado parte de la jornada y no les correspondiera recibirlo en razón del mérito.

La conclusión de la parábola deriva de lo que nosotros tenemos tipificado como jurídico: el derecho del patrón a ser tan generoso con los últimos jornaleros, como justo con los primeros. Su terminante formulación originaria parece modismo arameo expresivo de igualdad entre términos opuestos: «De suerte que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos». Es decir: “estarán todos a igual nivel”. Al referirse aquí a lo retributivo, podríamos trasladarlo a nuestro desvaído: “De suerte que todos recibirán lo mismo”.

Todo lo anterior es aplicable en paralelo a la respuesta del padre a la queja y reproche que le hizo el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32), por cómo había acogido a su hermano menor, a pesar de saber de su conducta extraviada. Sólo que en ésta parábola prevalece lo afectivo-emotivo sobre lo que llamamos jurídico. En contraposición a la justicia del «todo lo mío es tuyo», el alborozo del padre por haber recuperado el hijo: «Estando él muy lejos todavía, le vio su padre y se le enterneció el corazón, y corriendo hacia él se le echó al cuello y se le comía a besos».

Es el acontecimiento de «mi hijo estaba muerto y revivió, estaba perdido y fue hallado», lo que mueve al padre a recibirlo sobrepasando “lo debido”, “lo merecido”: «Rápido: sacad el mejor vestido y ponédselo, y una sortija en su mano, y calzado en los pies». Y es el amor lo que le lleva a recibirlo con gran gozo y festejo: «Traed el novillo cebado y hagamos fiesta».

Igualmente es el amor fraterno a lo que apela el padre para incitar al mayor a la superación del individualismo personalista de la recompensa proporcional; y a «holgarse y regocijarse» por el bien de su hermano. Era como gran noticia ardientemente deseada, pero inesperada: “¡Ha revivido tu hermano muerto! ¡Ha sido hallado tu hermano extraviado! Y, en general, ¡es tu hermano el que ha resultado tan beneficiado como tú!

Consecuencia de todo lo anterior no es sólo que “todos recibiremos lo mismo”; sino además algo tal vez más sabroso para esta vida presente: quienes llegan al gozo interior pensando que recibirán su misma retribución eterna los operarios de hora más tardía que la suya, por más perversos, canallas y facinerosos que hayan sido antes, y por más que con sus injusticias hubieren roto nuestras vidas y desgarrado nuestro corazón, y los que lo deseen y recen por ello, cierto que atesoran en su entraña, aunque al mundo no le fascine, no lo capte, o incluso se mofe, la garantía más inconmovible de haber sido hechos hijos de Dios ya aquí (Mt 5,45). Tienen, como sólo Él tiene, la iniciativa en el amor que no es por correspondencia a favores recibidos (1Jn 3,7-10). Tienen la filiación divina proveniente de esta semejanza a Él, que seguro habilita para verle tal cual es y sin velo alguno (1Jn 3,2) (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Dios en el “Día del libro”

Publicado: 23 abril, 2015 en ACTUALIDAD
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LibroDIOS EN EL “DÍA DEL LIBRO”*
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 23/04/15.- Yo soy el que soy

(así se lo hice saber a quien me encontró en una zarza ardiente).

Me puedes creer o no, eso depende de ti.

Sobre mí se ha escrito mucha literatura.

Hay quien dice que soy un personaje de ficción.

Hay quien afirma que soy el principio y el fin.

En ocasiones se ha usado mi nombre para defender la guerra.

Otras veces he sido causa de la paz más profunda.

Me han dedicado libros y libros a lo largo de siglos.

Un buen número de ellos se encuadernaron todos juntos.

Esa colección dio origen a la obra escrita más traducida de la historia.

De entre los seres humanos, están

los que no me nombran,

los que me niegan,

los que no pueden afirmar que soy

y los que me llaman de tantas formas como culturas.

Mi palabra se pronuncia como sagrada.

Mis sentencias se toman como rotundas.

Mis historias se narran como metáforas.

Mis libros se leen, como la vida.

Yo soy el que soy

(me ves así, pero también soy mujer, blanca, negra y amarilla).

Me puedes creer o no, eso depende de ti.

Y aunque no valga mi escritura para demostrar que existo,

ten por seguro que si me llegas a encontrar,

lo harás en la bondad, la justicia y la belleza

que hay en todas las cosas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda

la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*En Escuela Ideo presentamos el Día del Libro con traje y texto sobre protagonistas de la literatura universal.

Integrar: la astucia de los hijos de la luz

Publicado: 14 noviembre, 2014 en REFLEXIONES
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661a3-wodan_frea_himmelsfenster_ii_by_emil_doeplerReflexiones de una joven laica que busca a Dios.
INTEGRAR: LA ASTUCIA DE LOS HIJOS DE LA LUZ
A propósito del Evangelio de Lucas 16,1-8
CAROLINA ABARCA, caroabarcalz@gmail.com
ARGENTINA.

ECLESALIA, 14/11/14.- Esta mañana me levanté y, como suele ser mi costumbre, leí el evangelio del día en el celular de camino al trabajo. Hoy fue un viernes como cualquier otro pero hubo algo allí que me dejó reflexionando a lo largo de todo el día. El Evangelio era el de Lucas 16, 1-8, en donde Jesús nos habla de un administrador que está a punto de ser despedido por sus acciones fraudulentas en los negocios de su amo y, para asegurarse su futuro, con astucia trata de negociar con los deudores. Su proceder es injusto, pero al mismo tiempo es astuto.

Decididamente lo que me llamó la atención de este pasaje es como el Señor termina por alabar la Astucia del administrador. Y es que, en general, la astucia no es algo que suela relacionarse con los creyentes. Por el contrario, encuentro que en el imaginario colectivo está presente la idea de que la astucia tiene más que ver con la mundanidad que con los hijos de la luz, más con los especuladores que con los hombres y mujeres de buena voluntad. Desde chica me pregunte porque esto era así.

A veces pareciera ser que los buenos son únicamente aquellos que asienten, que no discuten, que todo lo soportan. Que los buenos deben permanecer en la inocencia, que no deben aspirar demasiado. Que los buenos terminan temiendo desplegar todo su potencial por miedo a empañar al de los demás. Y frente a esto, encuentro dos cosas. En primer lugar, no veo que Jesús haya tenido únicamente esas características, lo que me lleva a cuestionar ciertas concepciones acerca de lo bueno. Y, en segundo lugar, encuentro que las personas que actualmente toman decisiones -en todos los ámbitos- pocas veces coinciden con este perfil. No puedo dejar de preguntarme entonces, ¿En manos de quien estamos dejando la construcción del Reino de Dios en el mundo mientras tratamos de ser silenciosa y educadamente “buenos”? Vuelvo sobre la Palabra,El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.”

He dedicado algunos años de mi vida trabajando activamente en ONGs y también en movimientos religiosos juveniles. Me he encontrado allí con personas de una sola pieza que, habiendo hecho verdaderas opciones, trabajaban dándose por entero; y también con muchas otras que, sin maldad, asumían que en dichos ámbitos uno debía entregar únicamente un pedacito… y no me refiero al tiempo, sino al ser. He visto como algunas personas en sus entornos laborales trabajan con eficiencia y total competencia y, al colaborar en ámbitos solidarios o en el ámbito público mismo, es como si bajasen el ritmo, la expectativa o el profesionalismo. La mentalidad con la que asumimos nuestros compromisos laborales es la de hacer todo a nuestro alcance para alcanzar objetivos cuanto antes, y cuando se trata de las cosas de Dios nos tranquilizamos pensando que “se hace lo que se puede… en los tiempos en que podemos…”. ¿Por qué? Me pregunto, ¿hacemos verdaderamente lo que podemos? O nos conformamos con dar una parte… con cumplir? Creo que tenemos presente la parte de que Dios nos pide que amemos, pero no la que indica la forma, no tenemos tan claro que nos pide amar y que también seamos astutos y utilicemos toda nuestra capacidad e inteligencia para llevar ese amor a los demás.

Creo que lo que hoy hace Jesús a través de Lucas es recordarnos que los hijos de la luz tienen un gran desafío: el de Integrar. El de ser buenos Y astutos… el de animarnos a brillar con toda nuestra luz sin pensar que por eso opacaremos a los que tenemos al lado, sino entendiendo que el verdadero despliegue incluye el crecimiento del otro. El desafío de liberarnos de la culpa que anula nuestras potencialidades. El de permitirnos querer ser exitosos también en la búsqueda del reino de Dios, sin por eso anhelar el poder por el poder mismo, ni perder de vista la humildad. El desafío de integrar acción y sabiduría, capacidad y valores, responsabilidad y confianza, decisión y oración, fe y razón.

Como laica, y como joven, me pregunto si no es tiempo de que pongamos al servicio de la Luz toda la capacidad que ponemos al servicio de nuestros intereses… Si no es tiempo de que seamos tan creativos y ambiciosos, en el buen sentido de la palabra, cuando se trata de cuestiones de Dios como cuando se trata de cuestiones de negocios. Quizás es tiempo de que nos demos cuenta de que lo que Dios nos pide no es que seamos santos inmaculados refugiándonos en nuestro metro cuadrado de luz, sino que seamos astutos y busquemos formas de que generar luz para todos… aún cuando compartir la luz implique enfrentarnos con nuestras propias sombras. Quizás es tiempo de que los laicos dejemos de esperar, de pedir permiso, y nos hagamos conscientes de que los problemas de este mundo que no se animen a resolver los hijos de la luz, quedan en manos de la sombra.

Será que hoy Jesús nos recuerda que para El poder darnos todo, también nos pide todo… Será por eso mismo entonces también que, en esto de darse desde lo que somos y con todo lo que somos, me sentí llamada a compartir estas líneas, que no son más que las reflexiones de una joven laica que busca a Dios y que anhela encontrarlo más presente entre los hombres. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

Independientes del prójimo

Publicado: 11 noviembre, 2014 en DENUNCIA / ANUNCIO
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PrójimoINDEPENDIENTES DEL PRÓJIMO
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 11/11/14.- “Es importante percibir en qué medida tu propia felicidad está ligada a la de los demás. No existe la felicidad individual totalmente independiente del prójimo”. (XIV Dalai-lama). Acabo de leer esto y me ha sonado, en el buen sentido, a música celestial. Me ha reconfortado interiormente.

Y es que ando estos días un tanto cabizbaja y meditabunda pensando en la preocupante situación de mi país, con más agujeros que un queso gruyere por las mordidas de corruptos de toda condición y pelaje.

He intentado meterme en la piel de tanto sinvergüenza de corbata o fino tacón, y me da escalofrío pensar en la esencia vital de alguien que cree que puede esquilmar y arrasar desde una banalidad tan escandalosa.

Hay mucha buena gente que no puede ser feliz si no le llega para llevar bien alimentado a su niño al colegio; hay mucha buena gente que no puede ser feliz si ha tenido que volver a casa de sus padres a que la pensión de los abuelos sea su medio de vida; hay mucha buena gente que no puede ser feliz cuando ve que los jóvenes de su familia no pueden tener un trabajo digno y aportar riqueza intelectual, profesional, laboral y de pura fuerza de la juventud; hay mucha buena gente que tiene que marcharse a ver qué se cuece por otros países e intentar llevar una vida digna; hay mucha buena gente que vino a nuestro país como inmigrantes a mejorar sus condiciones de vida y se han tenido que marchar de nuevo.

Hay mala gente que, aunque numéricamente, comparada con la buena gente, es un grupo mucho menor, el mal que producen crece exponencialmente, con lo cual el daño llega a niveles de tsunami o de bomba nuclear. ¡Qué exageración!, dirá alguno. ¡Eso es demagogia!… se escandalizará otro. Será que todavía no se han leído el VII Informe Foessa 2014 sobre la pobreza en España. Creo que el documento completo tiene 700 páginas.

Pregunten qué piensan de la mala gente, a los que han dejado sin sus ahorros con las preferentes (jubilados y pequeños ahorradores de toda la vida). Mala gente que ha echado la soga al cuello en forma de hipoteca leonina y han sacado de sus casas a mucha buena gente. Mala gente que se sintió con el privilegio, sin hacer preguntas, de utilizar “tarjetas negras” mientras el Estado suministraba millones de euros (nuestro dinero, para entendernos) para reflotar el fiasco de la entidad bancaria que se las suministraba. Mala gente que se ha aprovechado del dinero que debía dedicarse a la formación de trabajadores. Mala gente que compuso programas electorales para atraer a los votantes y una vez en el poder los han troceado, recordado, esquilmado…

¿Es feliz la mala gente? Creo que no, francamente. Aunque desde el exterior lo que vende sea la opulencia y el derroche, desde el punto de vista psicológico la ambición, la codicia y la corrupción masiva dan un diagnóstico de extrema gravedad: el miedo se apoderó de las vísceras de la mala gente, con un peligro añadido: ni siquiera saben que están enfermos y que su enfermedad arrasa por donde pasa.

Envuelta en estos pensamientos llegó el Día de los Difuntos y pensé: ¿Cómo gestiona la mala gente la cercanía de la muerte y su vida corrupta? ¿Tienen columbarios en los paraísos fiscales para almacenamiento de sus saqueos? ¡Por favor, miren lo que pasó con los tesoros de los Faraones! ¡Léanse lo del Rey Midas… murió de inanición y en perfecta soledad rodeado de estatuas de oro!

Tiene razón el XIV Dalai-lama, no existe la felicidad individual ajena a la felicidad del prójimo. Por tanto, concluyo: la mala gente no puede ser feliz a juzgar por la infelicidad que producen. Creen que son felices pero por algún sitio hacen aguas.

Desde que en el año 2007 se tiró de la manta “Lehmans Brothers” (USA) y un putrefacto olor a basura empezó a emerger por los canales del sistema financiero, preguntémonos cuanta buena gente ha quedado en los márgenes sociales y más allá.

Es absolutamente necesario buscar juntos una felicidad colectiva y comunitaria que tendrá que pasar, de forma imprescindible, por la devolución de todo lo robado por la mala gente corrupta a través de una justicia justa, es decir, plena de sentido común; que restituya lo robado y haga descender las cifras de penalidades de la buena gente.

Luego vendrá el pedir perdón, el concederlo y el ayudar a que sean extremadamente felices cumpliendo condenas y privados de la libertad que no supieron usar para el beneficio y la felicidad del prójimo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

No desvirtuar la bondad de Dios

Publicado: 17 septiembre, 2014 en BIBLIA
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qué quiere Dios25 Tiempo ordinario (A) Mateo 20, 1-16
NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 17/09/14.- A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.

Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo.

Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.

Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: “¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?

¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?

Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?

Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.

Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

NON SOTTOVALUTARE LA BONTÀ DI DIO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Lungo la sua traiettoria profetica, Gesù ha insistito più volte a comunicare la sua esperienza di Dio come “un mistero di bontà insondabile” che rompe tutti i nostri calcoli. Il suo messaggio è così rivoluzionario che, dopo venti secoli, ci sono ancora cristiani che non osano prenderlo sul serio.

Per trasmettere a tutti la sua esperienza di questo Dio Buono, Gesù paragona la sua azione alla condotta sorprendente del padrone di una vigna. Fino a cinque volte esce lui stesso di persona a cercare operai per la sua vigna. Non sembra preoccuparsi molto della loro resa nel lavoro. Quel che vuole è che nessun operaio resti un giorno in più senza lavoro.

Per ciò stesso, alla fine della giornata, non li paga secondo il lavoro realizzato da ogni gruppo. Sebbene il loro lavoro sia stato molto disuguale, a tutti dà un denaro: semplicemente, quello di cui ogni giorno aveva bisogno una famiglia di contadini di Galilea per poter vivere.

Quando il portavoce del primo gruppo protesta perché ha trattato gli ultimicome quelli che hanno lavorato più di tutti, il padrone della vigna gli risponde con queste mirabili parole: Sei invidioso perché io sono buono? Mi vuoi impedire con i tuoi calcoli meschini di essere buono con quelli che hanno bisogno del pane per la cena?

Che cosa sta suggerendo Gesù? Forse che Dio non agisce con i criteri di giustizia e uguaglianza che noi usiamo? Sarà vero che Dio, più che misurare i meriti delle persone come faremmo noi, cerca sempre di rispondere con la sua Bontà insondabile alla nostra radicale necessità di salvezza?

Confesso che provo un’immensa pena quando incontro persone buone che immaginano Dio tutto dedito ad annotare accuratamente i peccati e i meriti degli umani, per retribuire un giorno esattamente ciascuno secondo quanto ha meritato. È possibile immaginare un essere più inumano di qualcuno impegnato in questo da tutta l’eternità? Credere in un Dio, Amico incondizionato, può essere l’esperienza più liberante che si possa immaginare, la forza più vigorosa per vivere e per morire. Al contrario, vivere davanti a un Dio giustiziere e minaccioso può diventare la nevrosi più pericolosa e distruttiva della persona.

Dobbiamo imparare a non confondere Dio con i nostri schemi stretti e meschini. Non dobbiamo sottovalutare la sua Bontà insondabile mescolando i tratti autentici che vengono da Gesù con i tratti di un Dio giustiziere presi dall’Antico Testamento. Davanti al Dio Buono rivelato in Gesù, l’unica cosa possibile è la fiducia.

 

NE PAS DENATURER LA BONTE DE DIEU

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Tout au long de sa trajectoire prophétique, Jésus a communiqué, à maintes reprises et avec insistance, son expérience de Dieu en tant que « mystère de bonté insondable » qui brise tous nos calculs. Son message est si révolutionnaire que, vingt siècles après, il y a encore des chrétiens qui n’osent pas le prendre au sérieux.

Pour transmettre à tous son expérience de ce Dieu Bon, Jésus compare sa manière d’agir à la conduite surprenante d’un vigneron. Jusqu’à cinq fois, celui-ci va (sort) personnellement embaucher des travailleurs pour sa vigne. Leur rendement au travail, ne semble pas trop l’inquiéter. Ce qu’il veut c’est qu’aucun d’entre eux ne reste plus un seul jour sans travail.

C’est pour cela, qu’à la fin de la journée, il ne les paye pas en fonction du travail réalisé par chaque groupe. Bien que leur travail ait été très inégal, il remet à tout le monde « un denier » : justement, ce dont une famille paysanne de Galilée avait besoin pour pouvoir vivre au quotidien.

Lorsque le porte-parole du premier groupe conteste parce qu’il a traité les derniers de la même façon que les premiers qui ont travaillé beaucoup plus, le vigneron lui répond avec ces paroles admirables : « Vas-tu être jaloux parce que je suis bon » ? Vas-tu m’empêcher, avec tes calculs mesquins, d’être bon envers ceux qui ont besoin de leur pain pour dîner ?

Que suggère Jésus ? Dieu, n’agirait-il pas avec les critères de justice et d’égalité que nous manions ? N’est-il pas vrai que Dieu, au lieu de mesurer les mérites des personnes, comme nous avons l’habitude de le faire, cherche toujours, dans son insondable Bonté, à répondre à notre besoin radical de salut ?

J’avoue que je sens une grande peine quand je rencontre des personnes bonnes qui imaginent Dieu en train de noter soigneusement les péchés et les mérites des humains, pour rétribuer un jour, exactement, chacun selon ce qu’il aura mérité. Est-il possible d’imaginer un être plus inhumain que quelqu’un qui se serait consacré à cette tâche depuis toute éternité ?

Croire en un Dieu, Ami inconditionnel, peut être l’expérience la plus libératrice que l’on puisse imaginer, la force la plus vigoureuse pour vivre et pour mourir. Par contre, vivre devant un Dieu justicier et menaçant, peut devenir la névrose la plus dangereuse et la plus destructrice d’une personne.

Nous devons apprendre à ne pas confondre Dieu avec nos schémas étroits et mesquins. Nous ne devons pas dénaturer sa Bonté insondable, en mêlant les traits authentiques qui proviennent de Jésus avec les attributs d’un Dieu justicier, pris de l’Ancien Testament. Devant le Dieu Bon révélé par Jésus, il n’y a de place que pour la confiance.

 

DON’T DISTORT GOD’S GOODNESS

José Antonio Pagola.

Throughout his prophetic journey, Jesus insisted over and over again on communicating his experience of God as “a mystery of unfathomable goodness” that breaks through all our calculations. His message is so revolutionary that even after 20 centuries there are still Christians who haven’t found their way to take it seriously.

In order to infect everyone with his experience of this Good God, Jesus compares God’s way of acting with the surprising conduct of the owner of a vineyard. Up to five times he himself goes out personally to contract dayworkers for his vineyard. He doesn’t seem to be too worried about his progress in the work. What he wants is that no worker end up another day without work.

That’s why, at the end of the day, he doesn’t pay them according to the work that each group did. Though each one’s work has been pretty unequal, he gives them all “a denarius”: basically what a peasant family of Galilee needs each day to survive.

When a spokesperson of the first group protests that he has treated the last ones the same as the ones who have worked like no one else that day, the owner of the vineyard answers him with these wonderful words: “Why should you be envious because I am generous?” Are you going to stand in my way with your stingy calculations when I am kind to those who need bread to eat?

What is Jesus suggesting? That God doesn’t act according to the criteria of justice and equality that we use? Is it true that God, rather than go about measuring the merits of people like we tend to do, always seeks to respond from an unfathomable goodness to our radical need of salvation?

I confess that I feel great sadness when I meet good people who imagine God dedicated to meticulously jotting down the sins and the merits of human beings, in order to pay them back exactly according to what each one deserves. Is it possible to imagine a more inhumane being than someone doing this for all eternity?

To believe in a God who is an unconditional Friend, is to be able to have the most liberating experience that one could imagine, the most vigorous power to live and to die. On the contrary, to live in the presence of an avenging and threatening God could change us into the most dangerous and self-destructive neurotics.

We need to learn not to confuse God with our own narrow and stingy plans. We shouldn’t distort God’s unfathomable Goodness, mixing the authentic features that come from Jesus, with features of an avenging God taken from the Old Testament. In the face of the Good God revealed in Jesus, the only thing that fits is trust.

 

EZ DESITXURATU JAINKOAREN ONTASUNA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bere ibilbide profetikoan barna, behin eta berriz azpimarratu du Jesusek nola komunikatu behar dugun berak Jainkoaz duen esperientzia: «atzeman ezineko ontasun-misterio» bezala, alegia; gure kalkulu guztiak hausten dituena bezala. Haren mezua hain iraultzailea da, non, hogei menderen ondoren ere, kristau batzuk ez baitira gai hura seriotzat hartzeko.

Jainko On horretaz izan duen esperientzia hori gizon-emakume guztiei kutsatzeko, mahasti-jabe baten jokabide harrigarri batekin konparatu du Jesusek bere jarduera. Bost alditaraino irten da mahasti-jabea bera mahastirako langileak hartzera. Ematen du ezer gutxi zaiola axola lanaren etekina. Nahi duen gauza bakarra, langile bakar bat ere ez gelditzea lanik gabe beste egun bat gehiago.

Horregatik, eguna bukatzean, ez die ordaindu talde bakoitzak egin duen lanaren arabera. Haien lan-orduak oso desberdinak izan diren arren, «denario bana» eman die guztiei: soil-soil, Galileako familia batek, bizitzeko, egun batean behar zuena.

Lehen taldeko bozemaileak protesta egin du, berei, inork baino ordu gehiago lan egin dutenei, bezalako tratua eman dielako azken ordukoei, eta mahasti-jabeak hitz miresgarri hauekin erantzun dio: «Inbidia al duzu ni ona naizelako?» Zeure kalkulu kaxkar horietan oinarrituz, ez al didazu utzi behar ona izaten afaltzeko beren ogia behar dutenekin?

Zer iradoki edo adierazi nahi digu Jesusek? Jainkoarentzat ez ote dute balio guk geure mundu honetan erabiltzen ditugun zuzentasun- eta parekotasun-irizpideek? Ez ote da egia, guk egingo genukeen ez bezala jokatu nahi duela Jainkoak: jendearen merezimenduak neurtzen jardun ordez, bere atzeman ezineko Onberatasunean gure errotiko salbazio-beharrari erantzun nahi diola?

Aitortu behar dut, egundoko pena sentitzen dudala pertsona onekin topo egin eta ikusten dudanean nola imajinatzen duten askotan Jainkoa: alegia, gure bekatuak eta merezimenduak zehazki idazten ariko balitz bezala, egun batean bakoitzari berea juxtu-juxtu emateko. Imajina al daiteke, betikotasun osoan lan hori egiten ariko litzatekeen halako pertsona baino gizatasun gabekorik?

Jainkoagan, baldintzarik gabeko Adiskide horrengan, sinestea, imajina daitekeen esperientziarik askatzaileena izan daiteke, bizitzeko eta hiltzeko indarrik adoretsuena. Ostera, Jainko zorrotz eta mehatxugile baten aurrean bizitzea, neurosi arriskutsuena eta suntsitzaileena bihur daiteke pertsona batentzat.

Ikasi beharra dugu ez nahasten Jainkoa geure eskema hertsi eta zikoitzekin. Ez genuke desitxuratu behar haren Ontasun atzeman ezina, Jesusek Jainkoaz agertu dizkigun zinezko ezaugarriak Itun Zaharreko Jainko zorrotz baten ezaugarriekin nahastuz. Jesusengan agertu zaigun Jainko Onaren aurrean, konfiantza da erantzun bakarra.

 

NO DESVIRTUAR LA BONDAT DE DÉU

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Tot al llarg de la seva trajectòria profètica, Jesús va insistir una i altra vegada a comunicar la seva experiència de Déu com “un misteri de bondat insondable” que trenca tots els nostres càlculs. El seu missatge és tan revolucionari que, després de vint segles, hi ha encara cristians que no s’atreveixen a prendre’l seriosament.

Per encomanar a tothom la seva experiència d’aquest Déu Bo, Jesús compara la seva actuació amb la conducta sorprenent de l’amo d’una vinya. Fins a cinc vegades surt ell mateix en persona a llogar treballadors per a la seva vinya. No sembla preocupar-lo massa el seu rendiment en el treball. El que vol és que cap treballador es quedi un dia més sense feina.

Per això mateix, al final de la jornada, no els paga ajustant-se al treball realitzat per cada grup. Encara que el seu treball ha estat molt desigual, a tots els dóna “un denari”: senzillament, el que necessitava cada dia una família camperola de Galilea per a poder viure.

Quan el portaveu del primer grup protesta perquè ha tractat els últims igual que ells, que han treballat més que ningú, l’amo de la vinya li respon amb aquestes paraules admirables: “Que tens enveja perquè jo sóc generós?” Em vols impedir amb els teus càlculs mesquins ser bo amb els qui necessiten el seu pa per sopar?

Què suggereix Jesús? És que Déu no actua amb els criteris de justícia i d’igualtat que nosaltres fem servir? Serà veritat que Déu, més que mesurar els mèrits de les persones com ho faríem nosaltres, cerca de respondre sempre des de la seva Bondat insondable la nostra necessitat radical de salvació?

Confesso que sento una pena immensa quan em trobo amb persones bones que s’imaginen Déu dedicat a anotar acuradament els pecats i els mèrits dels humans, per retribuir un dia exactament a cadascú segons el que es mereix. És possible imaginar un ésser més inhumà que algú lliurat a això des de tota l’eternitat?

Creure en un Déu, amic incondicional, pot ser l’experiència més alliberadora que es pugui imaginar, la força més vigorosa per viure i per morir. Per contra, viure davant d’un Déu justicier i amenaçador pot convertir-se en la neurosi més perillosa i destructora de la persona.

Hem d’aprendre a no confondre Déu amb els nostres esquemes estrets i mesquins. No hem de desvirtuar la seva Bondat insondable barrejant els trets autèntics que provenen de Jesús amb traces d’un Déu justicier preses de l’Antic Testament. Davant del Déu Bo revelat en Jesús, l’únic que cal és la confiança.

 

NON DESVIRTUARMOS A BONDADE DE DEUS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Ao longo da súa traxectoria profética, Xesús insistiu unha e outra vez en comunicar a súa experiencia de Deus como “un misterio de bondade insondábel” que rompe todos os nosos cálculos. A súa mensaxe é tan revolucionaria que, logo de vinte séculos, hai aínda cristiáns que non se atreven a tomalo en serio.

Para contaxiarnos a todos a súa experiencia dese Deus Bo, Xesús compara a súa actuación coa conduta sorprendente do señor dunha viña. Ata cinco veces sae el mesmo en persoa a contratar xornaleiros para a súa viña. Non parece preocuparlle moito o seu rendemento no traballo. O que quere é que ningún xornaleiro fique un día máis sen traballo.

Por iso mesmo, ao final da xornada, non lles paga axustándose ao traballo realizado por cada grupo. Aínda que o seu traballo foi moi desigual, dálles a todos “un denario”: sinxelamente, o que necesitaba cada día unha familia campesiña de Galilea para poder viviren.

Cando o portavoz do primeiro grupo protesta porque tratou aos últimos igual do que a eles, que traballaron máis ca ninguén, o señor da viña respóndelles con estas palabras admirábeis: “Vas ter envexa porque eu son bo”? Vasme impedir cos teus cálculos mesquiños ser bo con quen necesitan o seu pan para cearen?

Que está suxerindo Xesús? E el non será que Deus non actúa cos criterios de xustiza e igualdade que nós manexamos? Será verdade que Deus, máis que estar medindo os méritos das persoas como o fariamos nós, busca sempre responder desde a súa Bondade insondábel á nosa necesidade radical de salvación?

Confeso que sento unha pena inmensa cando me atopo con persoas boas que se imaxinan a Deus dedicado a anotar coidadosamente os pecados e os méritos dos humanos, para retribuír un día exactamente a cada un segundo o seu merecido. Sería posíbel imaxinarmos un ser máis inhumano que alguén entregado a isto desde toda a eternidade?

Crer nun Deus, Amigo incondicional, pode ser a experiencia máis liberadora do que se poida imaxinar, a forza máis vigorosa para vivir e para morrer. Pola contra, vivir ante un Deus xusticeiro e ameazador pode converterse na neurose máis perigosa e destrutora da persoa.

Temos de aprender a non confundirmos a Deus cos nosos esquemas estreitos e mesquiños. Non habemos desvirtuar a súa Bondade insondábel mesturando os trazos auténticos que proveñen de Xesús con trazos dun Deus xusticeiro tomados do Antigo Testamento. Ante o Deus Bo revelado en Xesús, o único que cabe é a confianza.