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Día del VoluntariadoVOLUNTARIOS, EXPERTOS EN HUMANIDAD
FERNANDO TORRES PÉREZ, Fundación Luz Casanova, comunicacion@proyectosluzcasanova.org
MADRID.

ECLESALIA, 04/12/15.- Los conozco desde hace años. Los vamos a llamar Pepe y Pepa. Son un matrimonio normal y corriente. Bien avenidos. Los hijos ya son mayores, ya volaron del nido. Él está jubilado y la salud de los dos es buena dentro de unos límites razonables. Y además son voluntarios.

En su caso no esperaron a jubilarse. Hace años, muchos años, que los oigo hablar de que un día a la semana van al comedor de las “apostólicas”. Ese día está reservado desde siempre. Las demás actividades tenían que ser aplazadas porque las “apostólicas” tenían prioridad. La curiosidad me fue llevando a preguntarles quiénes eran esas “apostólicas”. Parece ser que ella de joven, en su tierra natal, estuvo interna en una residencia de esas religiosas durante el tiempo de sus estudios universitarios. De eso hace ya mucho. Pero algo debió quedar porque, con el paso del tiempo, ya en Madrid y casada, volvió a entrar en contacto con ellas y empezó a ir al comedor social que regentaban. Allí se acogía a los que no tenían un lugar para comer ni para estar durante el día, a los que vivían en la calle. Y allí se dispuso a echar una mano como voluntaria. Desde el principio, acompañada por su marido. Los dos voluntarios.

Los dos cumplen a la perfección la definición de voluntario: “Voluntario es la persona que, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria, altruista, sin recibir remuneración por ello.” Qué mejor forma de ser voluntario que dando de comer a los que carecen del alimento necesario. Eso es lo que hacen mis amigos.

Pepe y Pepa son nombres ficticios pero no son imaginación mía. Son realidad. Existen. Hoy es el día en que siguen yendo una vez por semana al Centro de Día de la Fundación Luz Casanova. Por lo que me han ido contando y he entendido es un comedor social cualificado. Es algo más que un lugar donde se dan comidas. Allí se le proporciona a la gente de la calle desde la oportunidad de darse una ducha hasta la ayuda profesional y el acompañamiento necesario para intentar salir de esa situación, para salir de la calle.

Una vez por semana. Eso es lo que hacen: dedicar una mañana de su tiempo a estar con esas personas que por muy diversas y generalmente complejas razones han terminado ahí: en la calle. Una vez por semana dejan el bienestar de su casa, su zona de comodidad, para acercarse a esas otras personas y tratar de hacer algo en su favor. Y sin cobrar dinero a cambio. No hay salario. Por no cobrar no cobran ni el billete del metro que les lleva desde su casa al Centro de Día.

¿Son Pepa y Pepe personas raras y por eso son voluntarios? No tengo esa impresión. Es más. Me da que hay muchas personas con este tipo de rareza. Me viene a la memoria un día que fui al médico de cabecera en el Centro de Salud. Estaba en la sala de espera cuando apareció una chica joven, muy normal en su forma de vestir en lo que son las chicas jóvenes de hoy (para entendernos, sus pantalones vaqueros tenían agujeros por todas partes porque ya se compran así). Estuvo hablando con la recepcionista. Oí como decía que venía a ponerse unas vacunas porque se iba a ir de voluntaria a no sé qué país de África los meses de verano. Me quedé con ganas de hablar con ella. Pero, repito, lo que más me llamó la atención es que era una chica normal. No se habría diferenciado mucho de cualquier grupo de jóvenes saliendo de un bar o con la mochila camino de la universidad o del trabajo.

Me acuerdo ahora de un universitario que conocí hace unos pocos años. De buena familia, con posibles. Buen chaval y compañero. Pero pocos sabían que una o dos tardes a la semana iba a un hospital para niños, se metía en la sala donde estaban los enfermos de cáncer y pasaba con ellos unas horas. Aquel voluntariado le había costado hacer un curso de formación y comprometerse seriamente. No era fácil y hay que ser fuerte para estar cerca de esas situaciones.

Y en la mente tengo a Pilar, viuda, sin hijos y con ganas de hacer algo. Va a empezar a echar una mano también en una casa para niños. También voluntaria. También ha dado un paso al frente. También quiere ayudar sin pedir nada a cambio.

Podría seguir así con más ejemplos. Seguiría diciendo que son personas normales. Pero no podemos negar que algo tienen esas personas que nos llama la atención, que nos saca de nuestras casillas, que nos descoloca. Quizá porque hacen lo que a nosotros nos gustaría hacer. Quizá porque han dado el paso al frente que nosotros no nos atrevemos a dar.

O, quizá, más sencillo, porque de forma intuitiva han dado los cinco pasos que se encuentran en una interesante página web que se llama precisamente www.voluntariado.net, y que recomiendo visitar. Los pasos de que se habla en esa web son los siguientes:

Pensar. Lo primero es echar una mirada adentro de cada uno. ¿Quiero hacer algo? ¿Y por qué me voy a levantar del sillón donde estoy tan cómodo? Hay que tener claras las motivaciones no vaya a ser que confundamos el voluntariado con una ventolera y el servicio dependa de cómo me sienta hoy o no me sienta mañana. El voluntariado es compromiso serio y constante en el tiempo. Por eso es importante conocer cada uno sus propias motivaciones. Para recordarlas en los momentos de desánimo. En esos momentos en que uno se termina preguntando “¿Quién demonios me obliga a hacer esto?”

Mirar. El voluntario es una persona que sabe mirar. Eso es lo segundo. Hay quien pasea la mirada por el mundo que le rodea sin ver nunca más allá de su nariz, de su ombligo, de sus propias necesidades. El voluntario mira a su alrededor, distingue personas y su condición, personas y sus problemas, personas y sus necesidades. Se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce y que si mira atentamente siempre hay un lugar donde echar una mano. Lee el periódico, ve la televisión, sale a la calle y se inquieta porque le duele el dolor de los que sufren, porque sabe que son sus hermanos. Eso de la solidaridad y la fraternidad, de sentirnos todos miembros de la misma familia humana, tiene mucho, muchísimo, que ver con el voluntariado.

Valorar. El voluntario también es realista. Este es el tercer paso. Es muy consciente de sus posibilidades reales, de sus capacidades. No se deja llevar por idealismos imposibles y nebulosos. El voluntario se mueve a ras de tierra. Sabe que no puede hacerlo todo. Ve muchas necesidades y muchos problemas pero entiende que no puede solucionarlos todos. Como se conoce a sí mismo, sabe lo que puede aportar y lo que no. No se trata de prestar servicios importantes. Todos son necesarios. Y cada uno puede aportar lo suyo. En ese juego de manos en el que todos aportan es donde se consigue crear una red de solidaridad capaz de hacer que nadie se quede fuera. El voluntario sabe que tiene que trabajar en equipo y que en el equipo cada uno tiene una función. No todos valen para todo. Pero todos son necesarios. Desde el que pone una bombilla hasta el que escucha pacientemente. El voluntario se pregunta a sí mismo: ¿qué puedo hacer? Se lo pregunta de una manera realista. Y se da la respuesta adecuada.

Tomar contacto. Aquí viene el cuarto momento. Sabe que quiere echar una mano y sabe por qué lo quiere hacer. Ha hecho examen de conciencia y sabe lo que puede aportar y lo que no. Y sabe, muy importante, que en este asunto lo mejor es trabajar en equipo, que la acción individual no da mucho de sí, que un grupo colaborando puede ser mucho más eficaz que el mismo número de personas trabajando cada uno por su cuenta. Y que para mantener firme la red que hace posible que nadie se quede fuera de la sociedad hacen falta muchos brazos. Por eso, el voluntario busca organizaciones de voluntariado, se informa de su funcionamiento, de sus objetivos, se forma en el campo en que va a trabajar –porque no basta sólo con la buena voluntad–. Y hace esfuerzos por adaptarse a la realidad del trabajo serio en equipo. Porque lo que está en juego no es una diversión ni la satisfacción de las propias necesidades afectivas (eso de “sentirse útil”, colocándose así muy sutilmente en el centro de la relación) sino las necesidades, los problemas, los dolores de aquellos a los que en la sociedad les ha tocado la peor parte.

Participar. Al final, llega la conclusión. El deseo de ser voluntario se tiene que concretar en unas horas, en unos días, en un trabajo concreto. Es un compromiso de vida. Sin llegar a ese tiempo concreto de voluntariado, todo se habría quedado en una especie de sueño inútil. No basta con tener un discurso muy solidario. Para ser auténtico, ese discurso se tiene que concretar en algo, en una entrega vital. Hay personas que contribuyen económicamente a este tipo de proyectos. Tiene su valor. El voluntario contribuye de otra manera. Posiblemente con lo más valioso que tiene: su tiempo enmarcado en un trabajo en equipo, en una organización concreta.

¿Saben lo mejor de todo? ¿Recuerdan que al principio hemos dicho que el voluntario es “la persona que, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria, altruista, sin recibir remuneración por ello.” Algo tiene de mentira esta definición. Es verdad que el voluntario no recibe ninguna remuneración económica. ¡Faltaría más! Pero no es verdad que no reciba ninguna remuneración. Eso no es verdad.

La mera verdad es que estoy seguro de que, si hiciésemos una encuesta entre los voluntarios, el cien por cien de ellos nos dirían que reciben mucho más de lo que dan, que se sienten muy bien recompensados, que curiosamente al regalar su tiempo reciben a cambio algo mucho más valioso y que es lo que, al final, les termina motivando a seguir en su compromiso: es el encuentro con las personas en el que, aunque sea difícil de expresar, todos terminan recibiendo más de lo que dan. Quizá porque el voluntario, renunciando al dinero, al intercambio material y económico, entra en otro tipo de intercambio mucho más enriquecedor, al sentir y realizar la unidad profunda de las personas, de todas las personas. Eso que hace que más que individuos seamos humanidad. Y eso sí que vale la pena (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ofrecer la manoCOMPARTIR PRIVILEGIO
KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 23/10/15.- Cuando era mozo viajé en dos ocasiones haciendo auto-stop hasta el paraíso suizo. Después de atravesar la ancha Francia, de sufrir las inclemencias del ruido y el humo al borde de carreteras y autopistas, después de echar el saco de dormir una y otra vez no lejos de la cuneta, era un goce llegar a aquella geografía de cuento. Guardo muy buen recuerdo de ambas aventuras, la primera para visitar a unas amigas que vendimiaban, la segunda para un encuentro internacional de yoga en la pequeña localidad alpina de Signal. Nunca había conocido nada igual. No sospechaba que, a pie de soberbia montaña, naturaleza y civilización unidas escondieran tanta maravilla. Aquellos entrañables pueblos de altura, limpios y bellos con cuidados jardines por todas partes, aquellas grandes balconadas desbordadas de flores, se quedaron grabados para siempre en mi joven retina.

Desde entonces, en mi interior, Suiza siempre significó cercanía de paraíso, el lugar más grato para vivir en la tierra. Su añadida y particular significación como enclave de paz, encuentro y negociación lo corroboraba. Suiza es hoy sin embargo un privilegio cada vez más acorazado. Las últimas y recientes elecciones así lo han demostrado. La mayoritaria opción conservadora significa que los suizos desean cerrar aún un poco más la puerta a esas flores, a esos jardines, a ese paraíso. La victoria de la derecha populista y antiinmigración representa otra vuelta de llave al cerrojo nacional. Pero este artículo no versa sobre política, sobre sus marcas y colores, sino sobre la anchura de nuestros corazones, sobre la necesidad de que bombeen generosos en medio de estos tiempos convulsos de graduación y prueba. Compartir o acorazar paraíso, he ahí el dilema con el que se encuentran en realidad no sólo los suizos, sino todos los ciudadanos de prósperas geografías. Levantar murallas al privilegio o permitir un flujo regulado, ordenado de inmigrantes. Las carreteras de los Balcanes colmadas de refugiados han decantado a muchos europeos por el blindaje de las fronteras.

Vinimos a la tierra para hacer de ella un paraíso sin fronteras, ni muros, ni aduanas y sin embargo la cuarteamos con todas las excusas, ya nacionales, ya religiosas, ya económicas o de privilegio… Cada vez somos más para disfrutar de unos jardines que no se han ensanchado. Nos podemos llenar la boca de bellas palabras solidarias, clamar por un mundo abierto, por la acogida generosa, pero ahora ya no es tiempo de mera retórica, sino de real altruismo. En vísperas del invierno, columnas de miles de refugiados de África, de Oriente próximo o lejano llaman ya a las puertas de nuestros hogares y hemos de decidir si finalmente les vamos a abrir esas puertas o dejarles fuera; si les vamos a permitir que pasen hasta nuestro fuego y moqueta o por el contrario contemplaremos impasibles, bien en el cristal de la ventana, bien en la pantalla del televisor, cómo tiritan familias enteras.

Dicen las enseñanzas ocultas que el más sublime paraíso en la tierra, apenas es un pálido reflejo de una sublime e indescriptible belleza en los Cielos o Devachán. Dicen que esa gloria sólo se alcanza con la entrega y la donación en el más acá. Sin embargo aquí cercamos nuestros jardines pensando que sólo nos pertenecen a nosotros, que no caducan, que son para siempre. Deberíamos más a menudo recordarnos que al más allá no podremos ir cargados con nuestras balconadas y flores. Lo único que nos llevaremos será la acogida prestada, el solidario abrazo consumado.

Cercar nuestro privilegio es comenzar a olvidarnos de nuestro elevado cometido aquí en la tierra. Más ceder, más abrir, más compartir es más afinarnos con el sentido último de la existencia humana en esta morada física. La tierra puede volver a ser un edén. Lo será cuando hayamos alcanzado un cierto nivel de ser o lo que es lo mismo de fraterna conciencia; entonces nuestra belleza de dentro se desbordará por fuera. Podemos hacer de la tierra por lo tanto ese Reino de colectivo y generalizado disfrute, pero más allá de estos jardines que a la larga acaban marchitando, no perdamos de vista aquéllos de color y brillo eternos, aquéllos que nunca caducan. Hasta allí nunca llegaremos sacando el dedo al borde de la carretera, hasta allí sólo se llega en aleteo, en vuelo que arranca en el preciso instante en que nos olvidamos de nosotros mismos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Montesinos“TÚ, COMO LAICO O LAICA ¿QUÉ ESPERAS HOY DE LA VIDA MONÁSTICA?”
2015 Año de la Vida Consagrada
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 01/12/14.- Hace poco en una reunión de laicos en un monasterio nos comentaron que la Iglesia, dentro de la celebración de los 50 años del Concilio Vaticano II, dedicaría el año 2015 a la vida consagrada, y el monje nos hizo la siguiente pregunta: “Tú, como laico o laica, ¿qué esperas hoy de la vida consagrada?” Tuvimos un tiempo para adentrarnos en ella y luego poder compartir.

La Vida Consagrada en la Iglesia se refiere propiamente a la vida religiosa tanto de vida activa como contemplativa, así como a los Institutos de Vida Secular; existen, además, Sociedades de Vida Apostólica, con otras características, aunque a veces muy similares; y también son “consagrados” los sacerdotes y todos los bautizados, por los sacramentos del Bautismo y del Orden Sacerdotal.

Como para mí esta celebración del Año de la Vida Consagrada empezó en un monasterio contemplativo, con la pregunta del monje, dedicaré estas letras a la Vida Monástica Contemplativa, fuente de grandes tesoros, que me han hecho crecer en mi vida espiritual y me ayudan en la búsqueda de Dios como laica en el mundo; intentando contestar la pregunta que formuló el monje.

¿Qué espero de la vida monástica para este tiempo? ¿Qué puede interesarnos a los que vivimos inmersos en un mundo cada vez más pequeño y más amenazado? ¿Qué pueden compartir con nosotros los monjes y monjas que viven en sus claustros dedicados, a la oración y la contemplación a tiempo total? ¿Tiene la vida monástica algún mensaje para nosotros?

Por mi parte y desde una intuición muy personal, espero y deseo que monjes y monjas mantengan un equilibrio de vida en donde tradición y signos de los tiempos estén vivos en el quehacer de cada día. Que se nutran y cuiden el patrimonio espiritual de siglos de vida monástica, al tiempo que estén atentos a los signos de los tiempos que les permitan traducir esos tesoros y que puedan ser atendidos y entendidos en el mundo de hoy. He dicho “traducir”, no amoldarse.

Tesoros de la vida monástica como la oración, el silencio, la soledad, la contemplación, la comunidad, la meditación (lectio divina), el trabajo como crecimiento personal y comunitario, la acogida al otro, la sencillez, la austeridad, la alegría, etc. son temas que llaman la atención en un mundo en el que el individualismo y la falta de perspectivas coherentes deshumaniza a mucha gente.

El puro equilibrio entre tradición y signos de los tiempos vivido desde una fidelidad creativa dará frutos dentro y fuera de los monasterios. Será un bien para la Iglesia y para el mundo.

El inicio del Año de la Vida Consagrada, en el primer domingo de Adviento, comienza con la lectura de un evangelio que no puede ser más apropiado: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.(…) Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, (…) no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!(Mc 13, 33-37).

Hermanos monjes y monjas: Mirad, sí, mirad con amor, compasión y cercanía la realidad del mundo. Vigilad que vuestros corazones y vuestras casas estén abiertos a quienes llaman, como decía San Benito, “como si se tratara del mismo Jesucristo”. Velad, sí, velad y animad a otros a hacerlo… no sea que acabemos todos dormidos y ni siquiera lleguemos a darnos cuenta que “el Dueño de la casa” llegó acompañado de cientos, miles, millones de seres humanos heridos, anhelando consuelo, alegría y fortaleza espiritual.

Espero seguir compartiendo a lo largo del año 2015 sobre esta realidad. Hay mucho que desgranar en la vida monástica que puede ayudar en la vida de los laicos y laicas del mundo.

Gracias, por vuestra vida, por vuestra vocación y, muy especialmente, por abriros a compartirla, dejando que el Espíritu haga su labor a través de vosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Un juicio extraño

Publicado: 19 noviembre, 2014 en BIBLIA
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juicio final23 de noviembre de 2014, Solemnidad de Cristo Rey
UN JUICIO EXTRAÑO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/11/14.- Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

 

UM JUÍZO EXTRANHO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

As fontes não admitem dúvidas. Jesus vive voltado para aqueles que vê necessitados de ajuda. É incapaz de passar ao largo. Nenhum sofrimento lhe é alheio. Identifica-se com os mais pequenos e desvalidos e faz por eles tudo o que pode. Para Ele a compaixão é o primeiro. O único modo de parecer-nos com Deus: «Sejam compassivos como o vosso Pai é compassivo».

Como nos poderá estranhar que, ao falar do Juízo final, Jesus apresente a compaixão como o critério último e decisivo que julgará as nossas vidas e a nossa identificação com Ele? Como nos poderá estranhar que se apresente identificado com todos os pobres e desgraçados da história?

Segundo o relato de Mateus, comparecem ante o Filho do Homem, ou seja, ante Jesus, o compassivo, «todas as nações». Não se faz diferenças entre «povo eleito» e «povo pagão». Nada se diz das diferentes religiões e cultos. Fala-se de algo muito humano e que todos entendem: Que fizemos com todos os que viveram sofrendo?

O evangelista não se detêm propriamente a descrever os detalhes de um juízo. O que destaca é um duplo diálogo que lança uma luz imensa sobre o nosso presente, e abre-nos os olhos para ver que, em definitiva, há duas formas de reagir ante os que sofrem: compadecemo-nos e ajudamo-los, ou desinteressamo-nos e abandonamo-los.

O que fala é um Juiz que está identificado com todos os pobres e necessitados: «Cada vez que ajudares a um destes meus pequenos irmãos, fizeste-o a Mim». Quem se aproxima para ajudar a um necessitado, aproxima-se de Dele. Por isso estarão junto Dele no reino: «Vinde, benditos do Meu Pai».

Logo dirige-se a quem viveu sem compaixão: «Cada vez que não ajudastes a um destes pequenos, deixastes de o fazer comigo». Quem se afastou dos que sofrem, afastou-se de Jesus. É lógico que agora lhes diga: «Afastai-vos de Mim». Segui o vosso caminho…

A nossa vida está-se a julgar agora mesmo. Não há que esperar nenhum juízo. Agora estamos aproximando-nos ou afastando-nos dos que sofrem. Agora estamos aproximando-nos ou afastando-nos de Cristo. Agora estamos decidindo a nossa vida.

 

Uno strano Giudizio

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Le fonti non ammettono dubbi. Gesù vive rivolto verso quelli che vede bisognosi di aiuto. È incapace di passare al largo. Nessuna sofferenza gli è estranea. S’identifica con i più piccoli e handicappati e fa per loro tutto quello che può. Per lui la compassione è la prima cosa. L’unico modo di rassomigliare a Dio: Siate misericordiosi come il Padre vostro è misericordioso.

Come ci può stupire che, nel parlare del Giudizio finale, Gesù presenti la compassione come il criterio ultimo e decisivo che giudicherà le nostre vite e la nostra identificazione a lui? Come ci può stupire che si presenti identificato con tutti i poveri e i disgraziati della storia?

Secondo il racconto di Matteo, compaiono davanti al Figlio dell’Uomo, cioè davanti a Gesù, il misericordioso, tutte le nazioni. Non si fanno differenze tra “popolo eletto” e “popolo pagano”. Nulla si dice delle diverse religioni e culti. Si parla di qualcosa di molto umano e che tutti intendono: “Che abbiamo fatto con tutti quelli che hanno vissuto soffrendo?”.

L’evangelista non si ferma proprio a descrivere i dettagli di un giudizio. Quello che mette in evidenza è un duplice dialogo che irradia una luce immensa sul nostro presente, e ci apre gli occhi per vedere che, in definitiva, ci sono due maniere di reagire di fronte a quelli che soffrono: abbiamo compassione e li aiutiamo, o ce ne disinteressiamo e li abbandoniamo.

Chi parla è un Giudice che s’identifica con tutti i poveri e i bisognosi: Ogni volta che avete aiutato uno di questi miei fratelli più piccoli, lo avete fatto a me. Quelli che si sono avvicinati ad aiutare un bisognoso, si sono avvicinati a lui. Per questo devono essere insieme a lui nel regno: Venite, benedetti dal Padre mio.

Poi si rivolge a quelli che hanno vissuto senza misericordia: Ogni volta che non avete aiutato uno di questi piccoli, avete evitato di farlo a me. Quelli che si sono allontanati da coloro che soffrono, si sono allontanati da Gesù. È logico che ora dica loro: Allontanatevi da me. Continuate per la vostra strada…

La nostra vita si sta giudicando proprio ora. Non si deve attendere nessun giudizio. Ora ci stiamo avvicinando o allontanando da quelli che soffrono. Ora ci stiamo avvicinando allontanando da Cristo. Ora stiamo decidendo della nostra vita.

 

UN JUGEMENT ETRANGE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Les sources ne laissent aucun doute. Jésus vit entièrement consacré à ceux qu’il sent avoir besoin d’aide. Il est incapable de s’y dérober. Il n’est indifférent à aucune souffrance. Il s’identifie aux plus petits et aux plus démunis et il fait pour eux tout ce qu’il peut. Ce qui est premier pour lui c’est la compassion. La seule manière de ressembler à Dieu: «Soyez compatissants comme votre Père est compatissant».

 Comment en être étonné lorsque Jésus, parlant du Jugement dernier, présente la compassion comme étant le critère ultime et décisif qui jugera nos vies et notre identification à lui? Pourquoi devrions-nous être étonnés du fait que Jésus s’identifie aux pauvres et aux malheureux de l’histoire?

D’après le récit de Matthieu, ce sont «toutes les nations» qui comparaîtront devant le Fils de l’Homme, c’est-à-dire, devant Jésus le compatissant. On ne distingue pas entre «peuple élu» et «peuple païen». Rien n’y est dit sur les divers cultes et religions. On y parle de quelque chose de très humain et accessible à tout le monde: Qu’avons-nous fait de tous ceux qui ont souffert pendant leur vie?

L’évangéliste ne s’arrête pas expressément à décrire les détails d’un jugement. Ce qu’il met en relief c’est un double dialogue qui jette une immense lumière sur notre présent, nous ouvrant les yeux pour voir qu’il n’y a en définitive que deux manières de réagir face à ceux qui souffrent: soit être compatissant et les aider, soit nous dérober et les abandonner.

Celui qui parle est un Juge qui s’identifie à tous les pauvres et démunis: «Chaque fois que vous avez aidé l’un de ces petits, c’est à moi que vous l’avez fait». Ceux qui se sont rapprochés d’un nécessiteux pour lui venir en aide, c’est de Jésus qu’ils se sont rapprochés. C’est pourquoi ils devront demeurer auprès de lui dans le royaume: «Venez, les bénis de mon Père».

 Il s’adresse ensuite à ceux qui ont vécu sans compassion: «Chaque fois que vous avez refusé d’aider l’un de ces petits, c’est à moi que vous l’avez refusé». Ceux qui se sont éloignés des personnes qui souffrent, se sont écartés de Jésus. C’est logique qu’il leur dise maintenant: «Eloignez-vous de moi». Continuez votre chemin…

C’est maintenant même que notre vie est en jeu. Il ne faut attendre aucun jugement. C’est maintenant que nous sommes en train de nous rapprocher ou de nous éloigner de ceux qui souffrent. C’est maintenant que nous nous rapprochons ou nous nous éloignons du Christ. C’est maintenant que nous sommes en train de décider de notre vie.

 

UNUSUAL VERDICT

José Antonio Pagola.

All the gospel narratives and stories show Jesus going around making good to everyone in need. He didn’t miss anyone who was sick, hungry, or in anyway forsaken. He looked around for the orphans, the homeless, and the lame and offered them support and healing. For Jesus, compassion came natural. If we want to be Godlike: “Be compassionate as our Father in heaven is compassionate.”

No surprise, therefore, that Jesus spoke of the final judgment and said that compassion will be the ultimate criterion to judge the value of our lives and our adherence to him. And no surprise, again, that Jesus identifies himself with all the poor and the least of mankind.

According to Matthew’s narrative, at judgment time, all the nations will be assembled before him, the Son of Man, who is compassion itself. Nothing is mentioned about the various religions and cults. We are told only about something very human that everyone understands: How have we treated all the suffering people we have encountered along our paths?

The gospel writer does not waste any time describing the details of the judgement process itself. There is a striking dialogue that throws light on our present condition, and makes us understand clearly what our response is when faced with people who suffer: do we feel compassionate and help them, or do we turn around and abandon them?

The one acting as Judge identifies himself with the poor and the needy: “In so far as you did it to one of the least you did it to me.” Everyone who did it to one of the least of these brothers of mine, you did it to me. Those who went out to help anyone in need, get closer to Him. Therefore, they will be closer to him in the Kingdom: “Come, you whom my Father has blessed.”

And to those who showed no compassion He will say: “I tell you solemnly, in so far as you neglected to do this to one of the least of these, you neglected to do it to me.” Those who avoided the poor and the sick avoided Jesus. No wonder, Jesus will say, “Go away from me!” Go on your way.

The fate of our own lives is being decided just now. There is no need to wait for a final judgment. Each one of us is getting closer to or further away from the poor and the suffering people. In the same way, all of us are getting closer to or further away from Jesus. We ourselves are deciding our own verdict.

 

AUZI BITXIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Iturriek ez dute dudarako biderik ematen. Laguntza-premian ikusten dituenei emanik bizi da Jesus. Ezin egin du ezikusiarena. Ez da sufrimenik bere egin ez duenik. Bat egin du txikienekin eta ezgaituenekin, eta ahal duen guztia egin du haientzat. Errukia du Jesusek lehenengo gauza. Horixe dugu Jainkoaren antzeko izateko modu bakarra: «Izan errukitsu, zuen Aita errukitsu den bezala».

Zer harritzekorik, Azken Auziaz hitz egitean, gure bizitza eta harekin guk bat egin izana juzgatzeko, Jesusek azken irizpide erabakigarritzat errukia eman izate horretan? Zer harritzekorik historiako pobre eta zoritxarreko guztiekin Jesus bat eginik agertu izate horretan?

Mateoren kontakizunaren arabera, «nazio guztiak» aurkeztuko dira Gizonaren Semearen, hau da, Jesusen, errukitsuaren, aurrean. Ez da bereizketarik egingo «herri hautatuaren» eta «herri paganoaren» artean. Ez da ezer esaten erlijio eta kultu desberdinez. Oso gauza gizatarrez, guztiek ulertzen dituztenez, hitz egiten da hor. Zer egin dugu sufritzen bizi izan diren guztiekin?

Ebanjelaria ez da luzatu, berariaz, auziaren xehetasunak deskribatzen. Elkarrizketa bikoitza nabarmendu du, gure orainaz argi handia dakarrena, eta sufritzen ari direnekin jokatzeko, azken batean, bi modu daudela ikusi ahal izateko, begiak irekitzen dizkiguna: errukitu eta lagundu edo ezikusiarena egin eta hor konpon esan.

Pobre eta premiadun guztiekin bat egina den Epailea da mintzo dena: «Nire haurride txiki hauetako bati lagundu zenioten bakoitzean, neuri egin zenidaten». Premian dagoen bati laguntzeko hurbildu direnak, harengana dira hurbildu. Horregatik, haren alboan egongo dira erreinuan: «Zatozte nire Aitaren bedeinkatuok».

Ondoren, errukirik gabe bizi izan direnei mintzo zaie: «Nire haurride txiki hauetako bati lagundu ez zenioten bakoitzean, neuri ukatu zenidaten». Sufritzen ari direnengandik apartatu direnak, Jesusengandik dira apartatu. Bidezkoa da orain esaten diena: «Alde nigandik». Segi zeuen bidean.

Orain berean hari gara geure bizia jokatzen. Ez da zertan egon auzi baten zain. Orain ari gara sufritzen ari direnengana hurbiltzen edo haiengandik urruntzen. Orain ari gara Kristogana hurbiltzen edo harengandik urruntzen. Orain ari gara geure bizia erabakitzen.

 

CATALÁN

UN JUDICI ESTRANY

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Les fonts no admeten dubtes. Jesús viu bolc cap a aquells que veu necessitats d’ajut. És incapaç de passar de llarg. Cap patiment no li és aliè. S’identifica amb els més petits i desvalguts i fa per ells tot el que pot. Per a ell la compassió és el primer. L’única manera d’assemblar-nos a Déu: «Sigueu compassius com el vostre Pare és compassiu».

Per què ens ha d’estranyar que, en parlar del Judici final, Jesús presenti la compassió com el criteri últim i decisiu que jutjarà les nostres vides i la nostra identificació amb ell? Per què ens ha d’estranyar que es presenti identificat amb tots els pobres i desgraciats de la història?

Segons el relat de Mateu, compareixen davant del Fill de l’Home, és a dir, davant de Jesús, el compassiu, «totes les nacions». No es fan diferències entre «poble elegit» i «poble pagà». No es diu res de les diferents religions i cultes. Es parla d’una cosa molt humana i que tots entenen: Què hem fet amb tots aquells que han viscut sofrint?

L’evangelista no s’atura pròpiament a descriure els detalls d’un judici. El que destaca és un doble diàleg que dóna una llum immensa sobre el nostre present, i ens obre els ulls per veure que, en definitiva, hi ha dues maneres de reaccionar davant dels que sofreixen: ens en compadim i els ajudem, o ens en desentenem i els abandonem.

El que parla és un Jutge que està identificat amb tots els pobres i necessitats: «Tot allò que fèieu a un d’aquests germans meus més petits, a mi m’ho fèieu». Els qui s’han acostat a ajudar un necessitat, s’han acostat a ell. Per això han d’estar al seu costat en el regne: «Veniu, beneïts del meu Pare».

Després s’adreça als qui han viscut sense compassió: «Tot allò que deixàveu de fer a un d’aquests més petits, m’ho negàveu a mi». Els qui s’han apartat dels que pateixen, s’han apartat de Jesús. És lògic que ara els digui: «Aparteu-vos de mi». Seguiu el vostre camí…

La nostra vida s’està jugant ara mateix. No cal esperar cap judici. Ara ens estem acostant o allunyant dels que pateixen. Ara ens estem acostant o allunyant de Crist. Ara estem decidint la nostra vida.

 

UN XUÍZO ESTRAÑO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

As fontes non admiten dúbidas. Xesús vive totalmente entregado cara a aqueles que ve necesitados de axuda. É incapaz de pasar de longo. Ningún sufrimento lle é alleo. Identifícase cos máis pequenos e desvalidos e fai por eles todo o que pode. Para el a compaixón é o primeiro. O único modo de parecernos a Deus: «Sede compasivos como o voso Pai é compasivo».

Como nos vai a estrañar que, ao falar do Xuízo final, Xesús presente a compaixón como o criterio último e decisivo que xulgará as nosas vidas e a nosa identificación con El? Como nos vai a estrañar que se presente identificado con todos os pobres e desgraciados da historia?

Segundo o relato de Mateu, comparecen ante o Fillo do Home, é dicir, ante Xesús, o compasivo, «todas as nacións». Non se fan diferenzas entre «pobo elixido» e «pobo pagano». Nada se di das diferentes relixións e cultos. Fálase de algo moi humano, que todos entenden: Que fixemos con todos os que viviron sufrindo?

O evanxelista non se detén propiamente a describirnos os detalles dun xuízo. O que destaca é un dobre diálogo que bota unha luz inmensa sobre o noso presente, e ábrenos os ollos para ver que, en definitiva, hai dous xeitos de reaccionarmos ante os que sofren: compadecémonos e axudámoslles, ou desentendémonos e abandonámolos.

Quen fala é un Xuíz que está identificado con todos os pobres e necesitados: «Cada vez que axudastes a un destes os meus pequenos irmáns, fixéstelo comigo». Os que se achegaron a axudaren a un necesitado, achegáronse a El. Por iso han estar xunta d’El no reino: «Vinde, benditos do meu Pai».

Logo diríxese aos que viviron sen compaixón: «Cada vez que non axudastes a un destes pequenos, deixástelo de facer comigo».

Os que se apartaron dos que sofren, apartáronse de Xesús. É lóxico que agora lles diga: «Apartádevos de min». Seguide o voso camiño.

A nosa vida estase xogando agora mesmo. Non temos de esperarmos ningún xuízo. Agora estámonos achegando ou afastando dos que sofren. Agora estámonos achegando ou afastando de Cristo. Agora estamos decidindo a nosa vida.

Busca a tu hermano, sal a su encuentroBUSCA A TU HERMANO, SAL A SU ENCUENTRO
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID

ECLESALIA, 06/10/14.- El pasado 29 de septiembre asistí a la Eucaristía de las doce en la Parroquia de Guadalupe (en Madrid). Se dio a conocer el lema que será centro de la vida de esta parroquia en el curso que ahora comienza: “Busca a tu hermano, sal a su encuentro”. Me parece un buen lema. Son siete palabras que llevan implícito mucho movimiento.

Quien busca no permanece sentado mirando al techo o con el mando de la tele secuestrado… o ¿sí? Hoy somos millones de personas buscando permanentemente en Google, en Facebook, en Twiter… sentados, parados, anestesiados.

Quien sale, está dejando su acomodada seguridad exponiéndose a lo que no conoce o le da miedo conocer… ¿o no? Hay millones de personas saliendo sin poner los pies en la calle, de garaje en garaje, de centro comercial en centro comercial; viajando en metro con los ojos fijos en el móvil; se recorren países transitando circuitos perfectamente diseñados para no ver lo que hay más allá del “parque temático” que se nos presenta. Hay muchos millones que viven con una venda en los ojos ya estén en casa o salgan a airearse. ¿Qué se busca? ¿Qué anima a salir? ¿Qué se encuentra?

Si se toma en serio el lema que ha adoptado la parroquia de Guadalupe podrían cambiar muchas cosas: el interior de uno mismo, el entorno próximo, la economía, la estructura social, las iglesias, las religiones, el uso del dinero, la ecología… ya seguiremos pensando.

El quid de la cuestión no está en los tres verbos sino en el sujeto pasivo que genera el acto de salir, buscar y encontrar: el hermano. Y el conflicto está en que el sujeto activo, que no aparece en el lema más que en sentido figurado, y es quien sale, busca y encuentra, no llegue a reconocer a cada miembro de la comunidad humana como su auténtico y genuino hermano y su auténtica y genuina hermana. Carne de su misma carne con el mismo toque del Espíritu que a todos habita.

Recordemos que, quien salió a buscar al hijo pródigo (Lc 15, 11-32) y lo encontró en un abrazo, fue el padre. Su otro hijo no salió, no buscó y al que encontró en su casa lo rechazó como a un extraño. Era carne de su misma carne pero no lo reconoció.

Para buscar al hermano y salir a su encuentro se necesita empatía, virtud poco reconocida en nuestro mundo. Si no hay empatía no habrá cercanía, si no hay cercanía seguiremos viviendo como extraños, no habrá encuentros. Si no nos encontramos no habrá compasión y, sin esta, no habrá ternura, ni se buscará la justicia. Si faltan de todos estos ingredientes seguiremos como estamos… y ya sabemos cómo estamos.

Acaba de ser publicado el Informe de Cáritas 2013 indicando que más de dos millones quinientas mil personas… sí, más de 2.500.000 personas (lo pongo también con números que se ve más claro: más de) reciben ayuda de esta institución en nuestro país; 600.000 personas más que el año anterior con más recortes en la ayuda social de parte de las instituciones del Estado.

Mientras, en los medios de comunicación, escuchamos que la economía se está recuperando: imagino que no están considerados los restos del naufragio ¿no?

¡Venga, de una vez por todas, vamos a buscar al hermano! ¡Salgamos a su encuentro!… Para esto no hay que pedir permiso, no hay que pagar impuestos. Está ahí mismo, a tu lado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Prójimo “sin papeles”

Publicado: 12 julio, 2013 en BIBLIA
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pateraPRÓJIMO “SIN PAPELES”
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 12/07/13.- Leyendo sobre el anteproyecto de reforma del Código Penal que el Gobierno ya ha remitido al Congreso, me surgió la necesidad urgente de adentrarme en la lectura pausada y meditativa de Lucas 10,25-37, texto evangélico popularmente conocido como “el del buen samaritano”.

Después de recolectar palabra por palabra, como quien delicadamente recoge cerezas; rumiarlas desde el corazón para que la digestión fuera fructífera, y con la imaginación que Dios me ha dado que para algo habrá de servir si a alguien le sirve, la conversación de Jesús y el maestro de la Ley quedó así:

En este tiempo, y en este caso, se presentó un ministro de Justicia y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:”Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Él contesto: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”. Él le dijo: “Bien dicho. Haz esto y tendrás vida”. No dice nada de vida eterna, de momento tendrá vida, la de todos los días. Tengo la impresión de que, con el buen conocimiento que tenía Jesús de estos personajes, imaginó que habría más preguntas.

“¿Y quién es mi prójimo?”. Y Jesús, que la estaba esperando, y que conocía la sutileza políticamente correcta con la que se mueven los que ostentan algún tipo de poder cuando quieren justificarse, le dijo: Un hombre, había llegado en patera del norte de África a Algeciras, había caído en manos de unos bandidos, que les dejaron a la deriva en una patera, después de hacerse con el dinero por la travesía, que superaba el importe en un billete en clase Business de cualquier compañía aérea. Estaba tirado en la playa, mojado, aterido, deshidratado y malherido en el alma tras ver como compañeros de travesía perdieron la vida y fueron arrojados al mar.

Por casualidad, un sacerdote atravesaba la playa a primera hora de la mañana, dando un paseo y rezando Laudes, al tiempo que daba gracias a Dios por tanto regalo de la naturaleza, y, al verlo, se acercó con precaución y agachándose le preguntó: “¿Me podría enseñar documentación que acredite su estancia en esta playa del territorio español?”. Al no recibir respuesta, se dio media vuelta y dejó zanjado el asunto con la convicción de que había hecho lo que marca la ley y marchó a su parroquia a buen paso para celebrar la misa de la mañana.

Al rato pasó por allí un laico haciendo footing, se paró delante del hombre y le preguntó: “¿Tienes “papeles”?”. Como no recibió respuesta entendió que no debía meterse en problemas, según están las cosas, y siguió a buen paso su marcha.

Poco después llegó al sitio un tipo considerado un tanto asocial, que no cumplía los cánones de la “buena gente”, no era creyente en nada establecido. Iba de camino al trabajo, que aún tenía y no sabía hasta cuando; y llegó a donde estaba el hombre malherido, al verlo le dio lástima, se le acercó, le cubrió con su propio jersey ya que notaba como temblaba de frío; le dio a beber el agua de la botella que llevaba e intento comunicarse con él en español, como no le entendía, le preguntó en inglés y tampoco; recordó algunas palabras en francés que vinieron a su cabeza aprendidas en el colegio y, en ese momento, la amplia sonrisa en la cara morena de aquel hombre sin fuerzas le iluminó más que el magnífico sol que estaba ascendiendo.

Le subió al coche, paró delante de una cafetería que estaba abierta a esa hora y pidió un buen desayuno con café caliente, zumo de naranja y tortilla de patatas recién salida de la cocina. Luego le llevó a un centro médico de urgencias para que valoraran cual era su estado físico y por último, se dirigió a casa del Padre Pateras para ver si tenía un hueco para aquel hombre. Allí le dejó en buena compañía. Y dijo que a la salida del trabajo volvería para ver qué más podía hacer.

“¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del que llegó en patera desde el norte de África?”. El ministro de Justicia contestó. “El que practicó la misericordia con él”. Y Jesús le dijo: “Anda, haz tú lo mismo”.

Marchó, el ministro, cabizbajo y pensativo; y quedó Jesús preocupado por lo que podría generar el ambiguo artículo 318 bis del anteproyecto de reforma del Código Penal si se llegaba a aprobar que dice: “Los hechos no serán punibles cuando el objetivo perseguido por el autor fuera únicamente prestar, de forma ocasional, ayuda humanitaria a la persona de que se trate”. Él sabe que las personas buenas y solidarias no actúan de “forma ocasional” sino que se comprometen de las formas más diversas para hacer frente a todo tipo de “justicia injusta”.

Jesús sabe que quien se acerca a las “periferias del mundo” (como bien dice Francisco, su actual representante en la Iglesia) está retando a los poderes del mundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

No pasar de largo

Publicado: 10 julio, 2013 en BIBLIA
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Ayuda15 Tiempo ordinario (C) Lucas 10, 25-37
NO PASAR DE LARGO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 10/07/13.- “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del “buen samaritano”. En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.

En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia.

En el horizonte aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: “ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo”. Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana?

Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, “ve al herido, se conmueve y se acerca”. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús quiere introducir en el mundo.

Lo primero es no cerrar los ojos. Saber “mirar” de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos puede liberar del egoísmo y la indiferencia que nos permiten vivir con la conciencia tranquila y la ilusión de inocencia en medio de tantas víctimas inocentes. Al mismo tiempo, “conmovernos” y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros.

Lo decisivo es reaccionar y “acercarnos” al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir de cerca que es un ser necesitado que nos está llamando. Nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.

Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y su dignidad. Jesús concluye con estas palabras. “Vete y haz tú lo mismo”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

NÃO PASSAR AO LADO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

“Sede compassivos como o vosso Pai é compassivo”. Esta é a herança que Jesus deixou à humanidade. Para compreender a revolução que quer introduzir na história, temos de ler com atenção o Seu relato do “bom samaritano”. Nele descreve-se a atitude que temos de promover, mais para lá das nossas crenças e posições ideológicas ou religiosas, para construir um mundo mais humano.

Na vala de um caminho solitário jaz um ser humano, roubado, agredido, despojado de tudo, meio morto, abandonado à sua sorte. Nesta ferido sem nome e sem pátria resume Jesus a situação de tantas vítimas inocentes maltratadas injustamente e abandonadas nas valas de tantos caminhos da história.

No horizonte aparecem dois viajantes: primeiro um sacerdote, logo um levita. Os dois pertencem ao mundo respeitado da religião oficial de Jerusalém. Os dois atuam de forma idêntica: “veem o ferido, dão uma volta y passam ao largo”. Os dois fecham os seus olhos e o seu coração, aquele homem não existe para eles, passam sem deter-se. Esta é a crítica radical de Jesus a toda a religião incapaz de gerar nos seus membros um coração compassivo. Que sentido tem uma religião tão pouco humana?

Pelo caminho vem um terceiro personagem. Não é sacerdote nem levita. Nem sequer pertence à religião do Templo. No entanto, ao chegar, “vê o ferido, comove-se e aproxima-se”. Logo, faz por aquele desconhecido tudo o que pode para resgatá-lo com vida e restaurar a sua dignidade. Esta é a dinâmica que Jesus quer introduzir no mundo.

Em primeiro lugar é não fechar os olhos. Saber “olhar” de forma atenta e responsável para o que sofre. Este olhar pode-nos libertar do egoísmo e da indiferença que nos permitem viver com a consciência tranquila e a ilusão de inocência no meio de tantas vítimas inocentes. Ao mesmo tempo, “comover-nos” e deixar que o seu sofrimento nos doa também a nós.

O decisivo é reagir e “aproximar-nos” do que sofre, não para nos perguntarmos se tenho ou não alguma obrigação de ajudá-lo, mas para descobrir de perto que é um ser necessitado que nos está a chamar. A nossa atuação concreta revelará a nossa qualidade humana.

Tudo isto não é teoría. O samaritano do relato não se sente obrigado a cumprir um determinado código religioso ou moral. Simplesmente, responde à situação do ferido inventando toda uma classe de gestos práticos orientados para aliviar o seu sofrimento e restaurar a sua vida e a sua dignidade. Jesus conclui com estas palavras. “Vai e faz tu o mesmo”.

 

NON PASSARE OLTRE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

“Siate misericordiosi come il Padre vostro è misericordioso”. Questa è l’eredità che Gesù ha lasciato all’umanità. Per comprendere la rivoluzione che vuole introdurre nella storia, dobbiamo leggere con attenzione il suo racconto del “buon samaritano”. In esso ci viene descritto l’atteggiamento che dobbiamo promuovere, al di là delle nostre credenze e posizioni ideologiche o religiose, per costruire un mondo più umano.

Sul margine di una strada solitaria giace un essere umano, derubato, aggredito, spogliato di tutto, mezzo morto, abbandonato alla sua sorte. In questo ferito senza nome e senza patria Gesù riassume la situazione di tante vittime innocenti maltrattate ingiustamente e abbandonate ai margini di tante strade della storia.

All’orizzonte appaiono due viaggiatori: prima un sacerdote, poi un levita. I due appartengono al mondo rispettato della religione ufficiale di Gerusalemme. I due agiscono in maniera identica: vedono il ferito e passano oltre. I due chiudono gli occhi e il cuore, quel ferito non esiste per loro, passano senza fermarsi. Questa è la critica radicale di Gesù a ogni religione incapace di generare nei suoi membri un cuore misericordioso. Che senso ha una religione così poco umana?

Sulla strada viene un terzo personaggio. Non è sacerdote né levita. Nemmeno appartiene alla religione del Tempio. Tuttavia, passandogli accanto, vide il ferito, ne ebbe compassione e gli si fece vicino.Poi fa per quello sconosciuto tutto quanto può per salvargli la vita e ridargli la sua dignità. Questa è la dinamica che Gesù vuole introdurre nel mondo.

La prima cosa è non chiudere gli occhi. Saper “guardare” in maniera attenta e responsabile chi soffre. Questo sguardo ci può liberare dall’egoismo e dall’indifferenza che ci permettono di vivere con la coscienza tranquilla e l’illusione d’innocenza in mezzo a tante vittime innocenti. Nello stesso tempo, “commuoverci” e lasciare che la loro sofferenza faccia male anche a noi.

La cosa decisiva è reagire e “avvicinarci” a chi soffre, non per chiederci se abbiamo o no qualche obbligo di aiutarlo, ma per scoprire da vicino che è un essere bisognoso che ci sta chiamando. Il nostro agire concreto ci rivelerà la nostra qualità umana.

Tutto questo non è teoria. Il samaritano del racconto non si sente obbligato a obbedire a un determinato codice religioso o morale. Semplicemente risponde alla situazione del ferito inventando ogni genere di gesti pratici orientati ad alleviare la sua sofferenza e restaurare la sua vita e la sua dignità. Gesù conclude con queste parole: Va’ e anche tu fa’ così.

 

NE PAS SE DEROBER

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Soyez miséricordieux comme votre Père est miséricordieux”. Voici l’héritage que Jésus a laissé à l’humanité. Pour comprendre la révolution qu’il veut introduire dans l’histoire, il nous faut lire avec attention le récit du « bon samaritain ». On y trouve l’attitude que nous devons promouvoir, au-delà de nos croyances et de nos options idéologiques ou religieuses, pour bâtir un monde plus humain.

Un être humain agressé et dépouillé de tout, à moitié mort et abandonné à son sort, gît dans le fossé d’un chemin solitaire. C’est en cet homme blessé sans nom et sans patrie que Jésus résume la situation de tant de victimes innocentes, injustement maltraitées et abandonnées dans les fossés de tant de chemins de l’histoire.

Deux voyageurs pointent à l’horizon: tout d’abord un prêtre et ensuite un lévite. Tous les deux appartiennent au cercle respecté de la religion officielle de Jérusalem. Et les deux agissent de façon identique. : « En voyant le blessé, ils font un détour et passent de l’autre côté ». Tous les deux ferment leurs yeux et leur cœur à cet homme qui pour eux n’existe pas et ils continuent leur chemin sans s’arrêter. C’est-là la critique radicale de Jésus envers toute religion incapable de générer dans ses membres un cœur compatissant. Quel est le sens d’une religion si peu humaine ?

Un troisième personnage apparaît sur le chemin. Il n’est ni prêtre ni lévite. Il n’appartient même pas à la religion du Temple. Cependant, en arrivant, « il voit le blessé, il est touché dans ses entrailles et se rapproche de lui ». Ensuite, il fait pour cet inconnu tout ce qui lui est possible pour préserver sa vie et restaurer sa dignité. Voilà la dynamique que Jésus veut introduire dans le monde.

La première chose à faire ce n’est pas de fermer les yeux. Il faut savoir « regarder » avec attention et responsabilité celui qui souffre. Ce regard peut nous libérer de l’égoïsme et de l’indifférence qui nous permettent de nous donner bonne conscience et d’avoir l’illusion d’innocence au milieu de tant de victimes innocentes. Et il peut en même temps « nous toucher profondément » et nous faire partager la douleur de cette souffrance.

Ce qui est décisif c’est de réagir et de “nous rapprocher” de celui qui souffre, non pas pour se demander si l’on est obligé ou pas de l’aider mais pour découvrir de près que c’est un être qui a besoin de nous et qui nous appelle. Notre façon concrète d’agir révélera notre qualité humaine.

Tout cela n’est pas de la théorie. Le Samaritain du récit ne se sent pas obligé à suivre un code religieux ou moral déterminé. Il répond simplement à la situation du blessé en inventant toute une série de gestes pratiques en vue de soulager sa souffrance et de restaurer sa vie et sa dignité. Jésus conclut avec ces mots : « Va et fais de même ».

 

DON’T PASS BY ON THE OTHER SIDE

José Antonio Pagola.

“Be compassionate as your Father is compassionate.” This is the legacy that Jesus has left humanity. In order to understand the revolution that he wants to bring about in history, we need to read carefully the story of the “good Samaritan”. In it we find explicit the attitude we need to promote, beyond our beliefs and our religious and ideological stance, in order to build a more humane world.

In the ditch along a lonely road lies a human being: robbed, attacked, left without anything, half dead, abandoned to his fate. In this wounded person without name or country Jesus sums up the situation of so many innocent victims, unjustly abused and abandoned in the ditches along so many paths of history.

On the horizon appear two travelers: the first a priest, then a levite. Both are part of the respected world of the official religion of Jerusalem. Both act in the same way: “They see the wounded man, make a detour and pass by on the other side”. Both close their eyes and their hearts: that man doesn’t exist for them, they pass by without a pause. This is the radical criticism that Jesus makes of every religion that is incapable of generating in its members a compassionate heart. What purpose is served by such an inhumane religion?

Down the road comes a third person. It’s not a priest or a levite. It’s not even someone who is part of the Temple religion. Nevertheless, when he gets there, “he sees the wounded man, is moved and comes over to him”. Later, he does all he can for that stranger in order to save his life and restore his dignity. This is the dynamic that Jesus wants to introduce into the world.

First, don’t close our eyes. Learn ‘to look’ attentively and purposefully at the one who is suffering. This looking can free us of the selfishness and indifference that allows us to live with a relaxed conscience, imagining ourselves as innocent by-standers surrounded by so many innocent victims. At the same time, “be moved” and let their suffering ache within ourselves too.

What’s decisive is to react and “go over to” the one who is suffering, not in order to ask ourselves if we have or don’t have some obligation to help him, but in order to discover up close and personal who is the needy person who is calling out to us. Our concrete action will reveal our capacity to be human.

None of this is theory. The Samaritan in the story doesn’t feel obligated to fulfill a set religious or moral code. He simply responds to the situation of someone who is hurt, coming up with all kinds of practical gestures that are directed at easing his suffering and restoring his life and his dignity. Jesus ends with these words: “Go and do the same yourself”.

 

EZ EGIN EZIKUSIARENIK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

«Eta izan errukitsuak, zuen Aita errukitsua den bezala». Hau da Jesusek gizadiari utzi dion ondarea. Historian txertatu nahi izan duen iraultza ulertzeko, arretaz irakurri beharra dugu «samariar onaren» kontakizuna. Hartan deskribatu digu sustatu behar dugun jarrera, gure ustekeriak eta jarrera ideologiko edo erlijiosoak baino harago, mundu gizakoiago bat eraikitzeko.

Bide bakarti baten ertzean gizaki batek datza, ostu egin diote, eraso, dena kendu, erdi hilik utzi, bere zorira utzi. Izenik eta aberririk gabeko zauritu honenagan laburbildu du Jesusek hainbat eta hainbat biktima errugaberen egoera, zuzengabeki tratatuak eta historiako hainbat bide-ertzetan utziak izan direnen egoera.

Ingurumari horretan, bi bidaiari ageri dira: lehena apaiz bat, bestea lebitar bat. Biak dira Jerusalemeko erlijio ofizialean errespetuz hartutako mundukoak. Biek modu berean jokatu dute: «zauritua ikusi, bidetik saihestu eta ezikusiarena egin». Biek itxi dituzte begiak eta bihotza, gizon hura ez da inor haientzat, aurrera egin dute gelditu gabe. Hau da Jesusek egiten dion errotiko kritika bere kideengan bihotz errukitsu bat sortzeko gai ez den erlijio orori. Zer zentzu du halako gizatasun eskasa duen erlijio batek?

Bide beretik badator hirugarren pertsonaia bat ere. Ez da apaiza, ezta lebitarra ere. Ezta Tenpluko erlijioko kide ere. Halaz guztiz, iristean, «zauritua ikusi du,hunkitu da eta hurbildu zaio». Berehala, ezezagun harentzat ahal duen guztia egin du, bizirik ateratzeko eta haren duintasuna berreskuratzeko. Hau da Jesusek munduan txertatu nahi duen dinamika.

Lehenik eta behin, ezikusiarenik ez egin. Sufritzen ari denari arretaz eta erantzukizunez begiratu. Begiratu honek aska gaitzake egoismotik eta axolagabekeriatik, hainbat eta hainbat biktima errugaberen artean bizi izanik kontzientzia lasaiaz eta errugabetasun-ilusioaz bizitzen uzten diguten jarrera horietatik. Aldi berean, begiratu horrek eragin diezaguke «hunkitzera; baita halakoen sufrimendua geure sufrimendu egitera ere».

Erreakzionatzea da funtsezko gauza, eta sufritzen ari den harengana «hurbiltzea; ez, noski, halakoari laguntzera beharturik ote nagoen ala ez galdetzeko, baizik eta, ondo-ondo jarririk, premian dagoen hura pertsona dela jabetzeko, deika ari zaiguna dela. Geure jarduera zehatzak agertuko digu geure gizatasun-kalitatea.

Hau guztia ez da teoria hutsa. Gaurko kontakizuneko samariarra ez da pentsatzen jarri kode erlijioso edo moral bat bete beharra duen ala ez. Soil-soilik, zaurituaren egoerari erantzun dio, burura etorritako guztia egin du, haren sufrimena arindu eta haren bizitza eta duintasuna beren onera ekartzeko. Konklusio-moduan, hitz hauek esan dizkio Jesusek: «Zoaz eta egin zeuk ere gauza bera».

 

NO PASSAR DE LLARG

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

“Sigueu compassius com el vostre Pare és compassiu”. Aquesta és l’herència que Jesús ha deixat a la humanitat. Per comprendre la revolució que vol introduir en la història, hem de llegir amb atenció el seu relat del “bon samarità”. En ell se’ns descriu l’actitud que hem de promoure, més enllà de les nostres creences i posicions ideològiques o religioses, per construir un món més humà.

A la cuneta d’un camí solitari jeu un ésser humà, robat, agredit, despullat de tot, mig mort, abandonat a la seva sort. En aquest ferit sense nom i sense pàtria resumeix Jesús la situació de tantes víctimes innocents maltractades injustament i abandonades a les cunetes de tants camins de la història.

A l’horitzó apareixen dos viatgers: primer un sacerdot, després un levita. Els dos pertanyen al món respectat de la religió oficial de Jerusalem. Els dos actuen de manera idèntica: “veuen el ferit, donen una volta i passen de llarg”. Els dos tanquen els seus ulls i el seu cor, aquell home no existeix per a ells, passen sense aturar-se. Aquesta és la crítica radical de Jesús a tota religió incapaç de generar en els seus membres un cor compassiu. Quin sentit té una religió tan poc humana?

Pel camí ve un tercer personatge. No és sacerdot ni levita. Ni tan sols pertany a la religió del Temple. No obstant això, en arribar prop d’ell, “el veié i se’n compadí”. Després, fa per aquell desconegut tot el que pot per rescatar-lo amb vida i restaurar la seva dignitat. Aquesta és la dinàmica que Jesús vol introduir en el món.

El primer és no tancar els ulls. Saber “mirar” de forma atenta i responsable tot aquell que pateix. Aquesta mirada ens pot alliberar de l’egoisme i la indiferència que ens permeten viure amb la consciència tranquil•la i la il•lusió d’innocència enmig de tantes víctimes innocents. Alhora, “commoure’ns” i deixar que el seu patiment ens faci mal també a nosaltres.

El decisiu és reaccionar i “acostar-nos” a qui pateix, no per preguntar-nos si tinc o no alguna obligació d’ajudar, sinó per descobrir de prop que és un ésser necessitat que ens està cridant. La nostra actuació concreta ens revelarà la nostra qualitat humana.

Tot això no és teoria. El samarità del relat no se sent obligat a complir un determinat codi religiós o moral. Senzillament, respon a la situació del ferit inventant tot tipus de gestos pràctics orientats a alleujar el seu sofriment i restaurar la seva vida i la seva dignitat. Jesús conclou amb aquestes paraules. “Vés, i tu fes igual”.

 

NON PASAR ADIANTE POLO OUTRO LADO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

“Sede compasivos como o voso Pai é compasivo”. Esta é a herdanza que Xesús deixou á humanidade. Para comprender a revolución que quere introducir na historia, temos de ler con atención o seu relato do “bo samaritano”. Nel descríbenos a actitude que temos de promover, máis aló das nosas crenzas e posicións ideolóxicas ou relixiosas, para construírmos un mundo máis humano.

No foxo dun camiño solitario xace un ser humano, roubado, agredido, desposuído de todo, medio morto, abandonado á súa sorte.

Neste ferido sen nome e sen patria resume Xesús a situación de tantas vítimas inocentes maltratadas inxustamente e abandonadas nos foxos de tantos camiños da historia.

No horizonte aparecen dous viaxeiros: primeiro un sacerdote e xa loguiño un levita. Os dous pertencen ao mundo respectado da relixión oficial de Xerusalén. Os dous actúan de xeito idéntico: “ven ao ferido, dan un rodeo e pasan adiante, polo outro lado”. Os dous pechan os seus ollos e o seu corazón. Aquel home non existe para eles. Pasan sen detérense. Esta é a crítica radical de Xesús a toda relixión incapaz de xerar nos seus membros un corazón compasivo. Que sentido ten unha relixión tan pouco humana?

Polo camiño vén unha terceira personaxe. Non é sacerdote nin levita. Nin sequera pertence á relixión do Templo. Con todo, ao chegar, “ve ao ferido, conmóvese e achégase”. Logo, fai por aquel descoñecido todo o que pode para rescatalo con vida e restaurar a súa dignidade.

Esta é a dinámica que Xesús quere introducir no mundo.
O primeiro, non pechar os ollos. Sabermos “mirar” de xeito atento e responsábel ao que sofre. Esta mirada pódenos liberar do egoísmo e a indiferenza que nos permiten vivirmos coa conciencia tranquila e a ilusión de inocencia no medio de tantas vítimas inocentes. Ao mesmo tempo, “conmovernos” e deixar que o seu sufrimento nos doa tamén a nós.

O decisivo é reaccionar e “achegarnos” ao que sofre, non para preguntarnos se teño ou non algunha obriga de axudarlle, senón para descubrirmos de pertiño que ese é un ser necesitado que nos está chamando. A nosa actuación concreta revelaranos a nosa calidade humana.

Todo isto non é teoría. O samaritano do relato non se sente obrigado a cumprir un determinado código relixioso ou moral. Sinxelamente, responde á situación do ferido inventando toda clase de xestos prácticos orientados a aliviar o seu sufrimento e restaurar a súa vida e a súa dignidade. Xesús conclúe con estas palabras. “Vai e fai ti o mesmo”.

 

切勿扬长而去

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

“你们应当慈悲,如同你们的父那样慈悲”。这是耶稣留给人类的遗产。为了真正领悟耶稣所要引入历史的革命,我们必须非常认真地读“善心的撒玛黎亚人”的故事。这个故事为我们描述了我们所应该推广的态度,远超过我们的信仰、意识形态或宗教立场,为能建设一个更人性化的世界。

在这个故事中,一个人躺在一条偏僻的小道上,他被抢劫了,并被打伤,所有的东西都被抢走了,半死不活地躺在那里。在这个无名的受害者身上,耶稣看到了所有无辜受害的牺牲者们,他们被遗弃在历史的道路上。

远方来了两个旅客:先是一个祭司,随后一个肋未人。这两个人是耶路撒冷教会的官方代表。他们的作为完全一致:“看了看他,从旁边走过去了”。这两个人关闭了双目和心灵,对他们来说,那个受害者并不存在,他们毫不停留地扬长而去。对一个没有能力在他的成员心中培育慈悲之心的宗教,这就是耶稣最根本的批判。一个如此缺少人性的宗教还有什么价值呢?

路上来了第三个人,他既不是祭司也不是肋未人,甚至不属于圣殿的宗教。然而,他走到受害者身边时,“一看见就动了怜悯的心,就走上前去”。然后,他竭尽全力,为能拯救那个陌生人的生命和尊严。这就是耶稣所想要引进世界的。

首先,不要闭上双眼,要懂得以责任心关注受苦的人。这个注视可以把我们从自私和冷漠中解救出来,不再心安理得地生活在如此众多无辜的牺牲者之中。同时,怜悯之心也会使我们因他人的痛苦而痛。

最具有决定性的是对痛苦做出反应,并走近受苦者,不是为了思考我是否有义务帮助他,而是为了就近发现那个正在呼唤我们的需要帮助的人。我们的具体行为将彰显我们的人性品质。

这一切并不是理论。故事中的撒玛黎亚人并不是在被迫遵守某个宗教或伦理规定。他只是单纯地回应一个受害者的呼唤,受邀尽其所能地去减轻不幸者的痛苦,使他恢复生命与尊严。耶稣最后总结道:“你去,也照样做吧”。

 

反対側を通りなさい。

ホセ ・ アントニオ ・パゴラ . 翻訳: アルカディア・マギィニャ・コルテス

「あなたがたの天の父が憐れみ深いように、あなたがたも、憐み深い者となりなさい」。これは、イエスは人類を残している遺言です。イエスが人類に残しているこの言葉、歴史の流れを革命的に変えろとする、そういう意味を理解するためには、我々は、「善いサマリア人の物語を読むことが必要です。この物語において、我々は、我々の信念やイデオロギーや宗教を越えて、世界がもっと人間らしく生きるために、何が必要であるかを我々に説明される。

泥棒に追いはぎ襲われた人は、孤独な状態で道に倒れていた。この人を通して、イエスは、全世界にある被害者の状況を表している。

まず最初に被害者が倒れた道路を二人のかたが通って来た。一人は祭司で、他の方はレビの人だった。二人は、エルサレムの尊厳な宗教に属した人だった。二人ともは、被害者に対して目と心も閉じた行動をした「彼を見ると、反対側を通り過ぎて行った」。ところが、ある人が、「旅の途中、そこに来合わせ、家負傷者を見て、かわいそうに思った.彼はサマリア人だった。このサマリア人は、知らな人だったが、回復し、尊厳を保つため、全て出来ることをした。これは、イエスがしたいこの世界の変化です。しかし、第一なことは、我々が、目を開き、苦しんでいる人の隣の人に成ることです。私たちは他に対してすることは私たちはどんな人であるかと明らかにする。物語の良いサマリアの方は、宗教や道徳の規範を守ろうとしていなかった、彼は被害者になった人の痛みを軽減して、負傷者の状況に対応していた。イエスは、この言葉で終わった:「あなたも行って同じようにしなさい」。

 

Jesús......10 Tiempo Ordinario (C) Lucas 7, 11-17
EL SUFRIMIENTO HA DE SER TOMADO EN SERIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 05/06/13.- Jesús llega a Naín cuando en la pequeña aldea se está viviendo un hecho muy triste. Jesús viene del camino, acompañado de sus discípulos y de un gran gentío. De la aldea sale un cortejo fúnebre camino del cementerio. Una madre viuda, acompañada por sus vecinos, lleva a enterrar a su único hijo.

En pocas palabras, Lucas nos ha descrito la trágica situación de la mujer. Es una viuda, sin esposo que la cuide y proteja en aquella sociedad controlada por los varones. Le quedaba solo un hijo, pero también éste acaba de morir. La mujer no dice nada. Solo llora su dolor. ¿Qué será de ella?

El encuentro ha sido inesperado. Jesús venía a anunciar también en Naín la Buena Noticia de Dios. ¿Cuál será su reacción? Según el relato, “el Señor la miró, se conmovió y le dijo: No llores”. Es difícil describir mejor al Profeta de la compasión de Dios.

No conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: “No llores”. Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.

No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”. Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús “lo entrega a su madre” para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.

Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.

En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando.

O SOFRIMENTO TEM DE SER LEVADO A SÉRIO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Jesus chega a Naim quando na pequena aldeia se está a viver um acontecimento muito triste. Jesus vem pelo caminho, acompanhado pelos Seus discípulos e de um grande grupo de gente. Da aldeia saí um cortejo fúnebre a caminho do cemitério. Uma mãe viúva, acompanhada pelos seus vizinhos, leva a enterrar o seu único filho.

Em poucas palavras, Lucas descreve-nos a trágica situação da mulher. É uma viúva, sem esposo que a cuide e proteja naquela sociedade controlada pelos homens. Ficava-lhe apenas um filho, mas também este acaba de morrer. A mulher não diz nada. Só chora a sua dor. Que será dela?

O encontro foi inesperado. Jesus vinha anunciar também em Naim a Boa Nova de Deus. Qual será a Sua reação? Segundo o relato, “o Senhor olho-a, comoveu-se e disse-lhe: Não chores”. É difícil descrever melhor o Profeta da compaixão de Deus.

Não conhece a mulher, mas olha-a detidamente. Capta a sua dor e solidão e comove-se no Seu íntimo. O abatimento daquela mulher chega até ao Seu interior. A Sua reação é imediata: “Não chores”. Jesus não pode ver ninguém chorar. Necessita intervir.

Não pensa duas vezes. Aproxima-se do féretro, detém o enterro e diz ao morto: “Rapaz, a ti te digo, levanta-te”. Quando o jovem se reincorpora e começa a falar, Jesus “entrega-o à sua mãe” para que deixe de chorar. De novo estão juntos. A mãe já não estará só.

Tudo parece simples. O relato não insiste no aspeto prodigioso do que acaba de fazer Jesus. Convida os seus leitores a que vejam nele a revelação de Deus como Mistério da compaixão e Força de vida, capaz de salvar inclusive da morte. É a compaixão de Deus a que faz a Jesus tão sensível ao sofrimento das pessoas.

Na Igreja temos de recuperar quanto antes a compaixão como o estilo de vida próprio dos seguidores de Jesus. Temos de o resgatar de uma conceção sentimental e moralizante que o desprestigiou. A compaixão que exige justiça é o grande mandato de Jesus: “Sede compassivos como o vosso Pai é compassivo”.

Esta compaixão é mais necessária que nunca. Desde os centros de poder, tudo se tem em conta antes do sofrimento das vítimas. Funciona-se como se não houvesse afligidos nem perdedores. Desde as comunidades de Jesus se tem de escutar um grito de indignação absoluta: o sofrimento dos inocentes tem de ser tomado a sério; não pode ser aceite socialmente como algo normal pois é inaceitável para Deus. Ele não quer ver ninguém a chorar.

LA SOFFERENZA VA PRESA SUL SERIO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù arriva a Nain quando nel piccolo villaggio si sta vivendo un fatto molto triste. Gesù vi sta arrivando, accompagnato dai suoi discepoli e da una grande folla. Dal villaggio esce un corteo funebre che sta andando verso il cimitero. Una madre vedova, accompagnata dei suoi vicini, porta a seppellire il suo unico figlio.

In poche parole, Luca ci descrive la tragica situazione della donna. È una vedova, senza sposo che la curi e protegga in quella società controllata dai maschi. Le restava solo un figlio, ma anche questo è appena morto. La donna non dice nulla. Piange solo il suo dolore. Che sarà di lei?

L’incontro è stato inatteso. Gesù veniva ad annunciare anche a Nain la BuonaNotizia di Dio. Quale sarà la sua reazione? Secondo il racconto, il Signore guardandola fu preso da grande compassione per lei e le disse: Non piangere! È difficile descrivere meglio il Profeta della compassione di Dio.

Non conosce la donna, ma la guarda a lungo. Coglie il suo dolore e la sua solitudine e si commuove profondamente. Lo sconforto di quella donna lo tocca dentro. La sua reazione è immediata: Non piangere. Gesù non può vedere nessuno piangere. Deve intervenire.

Non ci pensa due volte. Si avvicina al feretro, ferma il corteo e dice al morto: Ragazzo, dico a te, àlzati! Quando il giovane si mise seduto e cominciò a parlare, Gesù lo restituì a sua madre perché cessi di piangere. Sono di nuovo insieme. La madre non sarà più sola.

Tutto sembra semplice. Il racconto non insiste sull’aspetto prodigioso di quel che ha appena fatto Gesù. Invita i suoi lettori a vedere in lui la rivelazione di Dio come Mistero di compassione e Forza di vita, capace di salvare anche dalla morte. È la compassione di Dio che rende Gesù tanto sensibile alla sofferenza della gente.

Nella Chiesa dobbiamo ricuperare quanto prima la compassione come lo stile di vita proprio dei seguaci di Gesù. Dobbiamo riscattarla da una concezione sentimentale e moralizzante che le ha tolto valore. La compassione che esige giustizia è il grande comandamento di Gesù: Siate compassionevoli come il Padre vostro è compassionevole.

Questa compassione è oggi più necessaria che mai. Nei centri di potere si tiene conto di tutto meno che della sofferenza delle vittime. Si va avanti come se non ci fossero sofferenti né perdenti. Dalle comunità di Gesù si deve ascoltare un grido di indignazione assoluta: la sofferenza degli innocenti deve essere presa sul serio; non può essere accettata socialmente come qualcosa di normale, poiché è inaccettabile per Dio. Egli non vuol vederenessuno piangere.

PRENDRE LA SOUFFRANCE AU SERIEUX

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus arrive à Naïm, alors que ce petit village est en train de vivre un triste événement. Jésus marche, accompagné de ses disciples et d’une grande foule. En même temps, un cortège funèbre sort de ce hameau en direction du cimetière. Une mère veuve, accompagnée par ses voisins, va enterrer son fils unique.

En quelques mots, Luc nous décrit la tragique situation de cette femme. C’est une veuve, privée d’un époux prenant soin d’elle et la protégeant, au cœur de la société de cette époque-la, contrôlée par les hommes. Il ne lui restait qu’un seul fils, et lui aussi vient de mourir. La femme est silencieuse. Dans sa douleur, elle ne fait que pleurer. Que deviendra-t-elle ?

La rencontre est inattendue. Jésus venait annoncer à Naïm aussi la Bonne Nouvelle de Dieu. Quelle sera sa réaction? D’après le récit, “le Seigneur la regarda et saisi de pitié lui dit: Ne pleure plus ». Il n’y a pas de meilleure description du Prophète de la compassion de Dieu.

Il ne connaît pas la femme mais il la regarde avec attention. Il saisit sa douleur et sa solitude et frémit jusqu’en ses entrailles. Le découragement de cette femme le touche profondément. Sa réaction est immédiate. « Ne pleure pas ». Jésus ne peut voir personne en train de pleurer. Il sent le besoin d’intervenir.

Il n’y réfléchit pas à deux fois. Il s’approche du cercueil, arrête le cortège et dit au mort : « Jeune-homme, je te le dis, lève-toi ». Lorsque le jeune se redresse et commence à parler, Jésus « le remet à sa mère » afin qu’elle cesse de pleurer. Ils sont de nouveau ensemble. La mère ne sera plus seule.

Tout semble bien simple. Le récit n’insiste pas sur l’aspect prodigieux de ce que Jésus vient de faire. Il invite les lecteurs à voir en lui la révélation de Dieu en tant que Mystère de compassion et de force de vie, capable de nous sauver même de la mort. C’est la compassion de Dieu qui rend Jésus si sensible à la souffrance des gens.

Au sein de l’Eglise, nous devons retrouver le plus tôt possible la compassion en tant qu’attitude de vie propre aux disciples de Jésus. Nous devons la libérer d’une conception sentimentale et moralisatrice qui l’a discréditée. Cette compassion qui exige la justice est le grand commandement de Jésus : « Soyez miséricordieux comme votre Père est miséricordieux ».

Cette compassion devient aujourd’hui plus nécessaire que jamais. Depuis les centres du pouvoir, on prend tout en compte plutôt que la souffrance des victimes. On fonctionne comme s’il n’y avait pas des gens affligées, ayant tout perdu. On doit entendre un cri d’indignation absolue venant des communautés de Jésus : la souffrance des innocents doit être prise au sérieux ; elle ne peut pas être acceptée comme quelque chose de normal car elle est inacceptable pour Dieu. Dieu ne veut voir personne pleurer.

SUFFERING MUST BE TAKEN SERIOUSLY

José Antonio Pagola.

Jesus arrives at Nain when they are going through a very sad event in their village. Jesus is on a journey, along with his disciples and a great number of people. From the village a small funeral procession is heading out to the cemetery. A widow mother, along with her neighbors, is bringing her only son for burial.

In just a few words, Luke has described for us the woman’s tragic situation. She’s a widow, without a husband to care for and protect her in that society controlled by males. She was left alone with a son, but he also has just died. The woman has no one. All she can do is grieve. What will become of her?

The meeting was unexpected. Jesus has come to Nain to continue announcing God’s Good News. What will be their reaction? As it gets told, “the Lord looked at her, felt sorry for her and said to her, ‘Don’t cry.’” It’s hard to find a better way to describe the Prophet of God’s compassion.

He doesn’t know the woman, but he lets his gaze settle on her. He understands her pain and loneliness, and is moved deep down. That woman’s dejection touches his heart. His reaction is immediate: “Don’t cry”. Jesus can’t stand to see anyone crying. He needs to step in.

He doesn’t think twice. He comes up to the coffin, stops the funeral procession and says to the dead man: “Young man, I tell you: get up.” When the young man got up and started to speak, Jesus ‘gave him to his mother’ to stop her from crying. They are back together again. The mother won’t be alone now.

It all seems so simple. The passage doesn’t dwell on the wondrous aspect of what Jesus just did. It invites its readers to see in Jesus the revelation of God as Mystery of compassion and Power of life, able to save, even in death. It is God’s compassion that makes Jesus so open to people’s suffering.

In the Church we need to recover as soon as possible such compassion as the way of life that is most appropriate for Jesus’ followers. We need to rescue such compassion from a sentimental and moralistic way of thinking that has discredited it. The compassion demanded by justice is found in Jesus great command: “Be compassionate as your Father is compassionate.”

This compassion is more necessary today than ever. From the power centers, everything else is taken into account except for the victims’ suffering. It seems as though there is no such thing as sufferers and losers. From Jesus’ communities there needs to be heard a shout of absolute indignation: The suffering of the innocent must be taken seriously; this can’t be socially accepted as something normal, since it is inacceptable to God. He doesn’t want to see anyone crying.

SUFRIMENDUA AINTZAT HARTU BEHARRA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus Nainera iritsi da, herrixka horretan gertaera triste bat bizi dute. Hontan, Jesus bidez dator, ikasleak eta jendetza handi bat bidelagun dituela. Hileta-segizioa irten da herrixkatik hilerrirantz. Ama alargun bat, auzokoak lagun, bere seme bakarrari lur ematera doa.

Hitz gutxitan, emakume horren egoera tragikoa deskribatuko digu Lukasek. Alarguna da, ez du gizonezkoek kontrolatzen duten gizarte hartan zainduko eta babestuko lukeen senarrik. Seme bakarra zuen, baina hau ere hil zaio. Emakumeak ez du ezer esaten. Soilik, negar egiten du. Zer izango da hartaz?

Ustekabekoa izan da topo egitea. Nainen ere Jainkoaren Berri Ona hots egitera zetorren Jesus. Nola erreakzionatuko du orain? Kontakizunaren arabera, «Jaunak begiratu zion,hunkitu zen eta esan zion: Ez dezazula negarrik egin». Nekez deskriba daiteke hobeto Jainkoaren errukiaren Profeta.

Emakumea ez du ezaguna, baina astiro jarri zaio begira. Jabetu da haren minaz eta bakardadeaz, eta hezurretaraino hunkitu da. Emakume hura lur joa ikustea bihotzeraino iritsi zaio. Bat-batekoa izan da Jesusen erreakzioa: «Ez dezazula negarrik egin». Jesusek ezin ikusi du inor ere negarrez. Esku hartu beharra du.

Ez da hasi buruari jiraka. Hilkutxara hurbildu, segizioa geldiarazi eta hildakoari diotso: «Mutikoa, hiri ari natzaik, jaiki hadi». Gaztea zutitu eta hitz egiten hasi denean, Jesusek «amari eman dio», negar egiteari utz diezaion. Elkarrekin dira berriro ama-semeak. Ama ez da jada bakarrik egongo.

Gauza xume dirudi honek guztiak. Kontakizunak ez du azpimarratu Jesusek egin berria duenaren mirarizko alderdia. Soilik, hartan Jainkoaren errebelazioa ikustera gonbidatzen ditu irakurleak, errukiaren Misterio eta biziaren Indar den aldetik, herioaren beraren eskuetatik libratzeko gai den aldetik. Jainkoaren errukiak du bihurtzen Jesus hain sentibera jendearen sufrimenduaren aurrean.

Ahalik eta lasterren berreskuratu beharra dugu Elizan errukia, Jesusen jarraitzaileen biziera berezi bezala. Izen ona galarazi dion sentimendu- eta moraltasun-gexala darion ikusmoldetik liberatu beharra dugu errukia. Zuzentasuna berekin duen errukia da Jesusen agindu handia: «Izan errukitsu zuen Aitak duen errukiaz».

Inoiz baino beharrezkoagoa dugu gaur egun erruki hau. Botere-mailatik, beste edozein gauza hartzen da kontuan biktimen sufrimendua baino lehen. Mindunik eta galtzailerik ez balego bezala jokatu ohi da. Jesusen elkarteetatik haserre handi baten garrasiak atera behar du: errugabeen sufrimendua aintzat hartu behar da; ezin onartu da gizartean gauza normala bailitzan, zeren onartezina baitu Jainkoak. Hark ez du ikusi nahi inor ere negarrez.

EL PATIMENT S’HA DE PRENDRE AMB SERIETAT

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús arriba a Naïm quan al petit poble s’està vivint un fet molt trist. Jesús va pel camí, acompanyat dels seus deixebles i molta gent. Del poble surt un seguici fúnebre camí del cementiri. Una mare vídua, acompanyada pels seus veïns, porta a enterrar el seu únic fill.

En poques paraules, Lluc ens ha descrit la tràgica situació de la dona. És una vídua, sense espòs que la cuidi i la protegeixi en aquella societat controlada pels homes. Li quedava un fill, però també aquest acaba de morir. La dona no diu res. Només plora el seu dolor. ¿Què serà d’ella?

La trobada ha estat inesperada. Jesús venia a anunciar també a Naïm la Bona Notícia de Déu. Quina serà la seva reacció? Segons el relat, “el Senyor la va veure, se’n va compadir i li digué: No ploris”. És difícil descriure millor el Profeta de la compassió de Déu.

No coneix la dona, però la mira detingudament. Capta el seu dolor i la seva solitud, i se’n compadeix. L’abatiment d’aquella dona li arriba molt endins. La seva reacció és immediata: “No ploris”. Jesús no pot veure ningú plorant. Necessita intervenir.

No s’ho pensa dues vegades. S’acosta al fèretre, deté l’enterrament i diu al mort: “Jove, aixeca’t”. Quan el jove s’incorpora i comença a parlar, Jesús “el dona a la seva mare” perquè deixi de plorar. De nou estan junts. La mare ja no estarà sola.

Tot sembla senzill. El relat no insisteix en l’aspecte prodigiós del que acaba de fer Jesús. Convida als seus lectors que hi vegin la revelació de Déu com Misteri de compassió i Força de vida, capaç de salvar fins i tot de la mort. És la compassió de Déu la que fa a Jesús tan sensible al patiment de la gent.

A l’Església hem de recuperar com més aviat millor la compassió com l’estil de vida propi dels seguidors de Jesús. L’hem de rescatar d’una concepció sentimental i moralitzant que l’ha desprestigiat. La compassió que exigeix justícia és el gran manament de Jesús: “Sigueu compassius com el vostre Pare”.

Aquesta compassió és avui més necessària que mai. Des dels centres de poder, tot es té en compte abans que el patiment de les víctimes. Es funciona com si no hi hagués dolguts ni perdedors. Des de les comunitats de Jesús s’ha d’escoltar un crit d’indignació absoluta: el sofriment dels innocents ha de ser pres seriosament, no pot ser acceptat socialment com una cosa normal ja que és inacceptable per a Déu. Ell no vol veure ningú plorant.

O SUFRIMENTO TEN DE SER TOMADO EN SERIO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús chega a Naín cando na pequena aldea están a viviren un feito moi triste. Xesús vén do camiño acompañado dos seus discípulos e dun gran xentío. E da aldea sae un cortexo fúnebre camiño do cemiterio. Unha nai viúva, acompañada polos seus veciños, leva enterrar ao seu único fillo.

En poucas palabras Lucas describiunos a tráxica situación da muller. É unha viúva, sen esposo que a coide e a protexa naquela sociedade controlada polos varóns. Ficáballe só un fillo, e este tamén acaba de morrer. A muller non di nada.

Só chora a súa dor. Que será dela? O encontro foi inesperado. Xesús viña a Naín para anunciar tamén alí a Boa Noticia de Deus. Cal será a súa reacción?

Segundo o relato, “o Señor mirouna, conmoveuse e díxolle: Non chores”. Resulta difícil describir mellor ao Profeta da compaixón de Deus.

Non coñece á muller, pero míraa detidamente. Capta a súa dor e soidade, e conmóvese ata as entrañas. O abatemento daquela muller chégalle ata dentro. A súa reacción é inmediata: “Non chores”. Xesús non pode ver ninguén chorando. Necesita intervir.

Non o pensa dúas veces. Achégase ao féretro, detén o enterro e di ao morto: “Rapaz, dígocho a ti, levántate”. Cando o mozo se reincorpora e comeza a falar, Xesús “entrégallo á súa nai” para que deixe de chorar. De novo están xuntos. A nai xa non estará soa.

Todo parece sinxelo. O relato non insiste no aspecto prodixioso do que acaba de facer Xesús. Invita aos seus lectores a que vexan nel a revelación de Deus como Misterio da compaixón e Forza de vida, capaz de salvar ata da morte. É a compaixón de Deus a que fai a Xesús tan sensíbel ao sufrimento da xente.

Na Igrexa temos de recuperarmos canto antes a compaixón como o estilo de vida propio dos seguidores de Xesús. Témola de rescatar dunha concepción sentimental e moralizante que a desprestixiou. A compaixón que esixe xustiza é o gran mandato de Jesús: “Sede compasivos como o voso Pai é compasivo”.
Esta compaixón é hoxe máis necesaria do que nunca. Desde os centros de poder todo se ten en conta antes do que o sufrimento das vítimas. Funciónase coma se non houbese doentes nin perdedores. Desde as comunidades de Xesús tense que escoitar un berro de indignación absoluta: o sufrimento dos inocentes ten de ser tomado en serio; non pode ser aceptado socialmente como algo normal pois é inaceptábel para Deus. El non quere ver ninguén chorando

应严肃对待痛苦

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

当耶稣到达纳因城时,这个小村庄正笼罩在悲伤中。耶稣在他的门徒与人群的陪伴下朝村庄走去。城中有一个送葬的队伍正朝墓地走去。一个寡妇,在她的邻居的陪伴下,要去埋葬她的独生子。

廖廖数语,路加已说尽了这个女人的悲惨。她是一个寡妇,在那个男权社会里没有丈夫照顾她保护她。她只有一个儿子,可现在也死了。女人什么话也说不出来,只是哭泣,等待她的将会是什么呢?

谁也没想到两队人马就这样遇到了。耶稣来纳因城同样是为了宣讲天主的福音。他会做出什么反应呢?根据路加福音,“主一看见她,就对她动了怜悯的心,向她说:不要哭了”。不能把慈悲天主的先知描写得更好了。

他不认识那位妇人,但他注视她,对她的痛苦与孤独感同身受。他的反应是立即的:“不要哭了”。耶稣不能忍受任何人哭泣,他必须干预这件事。

他没有反复思考,而是立即走近棺材,停下送葬的队伍,对死者说:“青年人,我对你说,起来吧”。当这个年轻人坐起来说话时,耶稣“把他交给他的母亲”为使她不再哭泣。他们重新聚在了一起,母亲不再孤独。

好像一切都很简单。叙述并没有特别强调耶稣的作为的伟大奇妙,它邀请读者们在耶稣身上看到圣父的启示,他是慈悲的奥迹,生命的力量,他甚至可以从死亡中拯救我们。是天主的慈悲使耶稣对人们的痛苦如此敏感。

在教会内,我们应该尽快恢复慈悲的心,因为那是耶稣的追随者们特有的生活方式。因着感性与伦理化的概念,我们已将它束之高阁许久了,我们应尽快挽回它。那要求正义的慈悲的正是耶稣的大诫命:“你们应是慈悲的,如同我的父是慈悲的”。

在今天,人们前所未有地需要这个慈悲。权势机构应特别关注受害者的痛苦,很多时候这些机构完全无视世间的痛苦与磨难,仿佛它们根本不存在。耶稣的团体应聆听这声愤怒的呼喊:应严肃对待无辜者的痛苦;这个社会不能将它正常化,因为天主不能接受它。他不愿意看到任何人哭泣。

苦しみが正常なこととして受け入れられてはいけない。

José Antonio Pagola. 翻訳: アルカディア・マギィニャ・コルテス

非常に悲しい事実が発生している時イエスは、弟子たちと大せいの人たちの群れを伴って、ナインという町に行かれた。やもめとなった母親の一人息子が死んで村の人と一緒にかつぎ出されたところだった。ルカ福音書は、このやもめの悲劇的な状況について説明した。男性によって制御する社会の中でやもめとなって誰も彼女を保護する女性だった。また、彼女とともに往ったひとりの息子が亡くなった。彼女はどうなるだろうか?。しかし、イエスは神の良い知らせを発表されるためこの町にも近づいた。

ルカ福音書によると主はその母親を見てかわいそうに思い、「泣かなくてもよい」と言われた。イエスは,このやもめを知らないが彼女の痛みと孤独を深く感じられた、すぐに反応して、彼女に言われた「泣かなくても良い」。そして、近寄って棺をかけられる人たちを止ませたので「青年よ、あなたに言う、起きなさい」と言われた。その死人が起き上がった時イエスは彼を母親に返されて、苦しんでいた母親は、もう一人ではなかった。ルカの福音書の物語はイエスの行動の珍しさを主張しなかた、それでも、イエスの優しい行為を通して私たちの憐れみである神、命を守る神の神秘を目覚めるため私たちを招かれる。それで、私たちは、イエスに従う信者として、イエスが現れた神の憐れみを取り返して、イエスの行き方を私たちのライフスタイルをする必要がある。イエスは「あなたがたの天の父が哀れみ深いよう、あなたがたも、哀れみ深くしなさい」と私たちに言われた。現在に不正に苦しんでいる人間が大せいである、それを社会は受取とるべきだ、社会的に人間の苦しみが正常なこととして受け入れられてはいけない。

Ante el crucificado

Publicado: 20 marzo, 2013 en BIBLIA
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Cristo de San Francisco..Domingo de Ramos (C) Lucas 22,14-23,56
ANTE EL CRUCIFICADO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 20/03/13.- Detenido por las fuerzas de seguridad del Templo, Jesús no tiene ya duda alguna: el Padre no ha escuchado sus deseos de seguir viviendo; sus discípulos huyen buscando su propia seguridad. Está solo. Sus proyectos se desvanecen. Le espera la ejecución.

El silencio de Jesús durante sus últimas horas es sobrecogedor. Sin embargo, los evangelistas han recogido algunas palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero a las primeras generaciones cristianas les ayudaban a recordar con amor y agradecimiento a Jesús crucificado.

Lucas ha recogido las que dice mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Así es Jesús. Ha pedido a los suyos “amar a sus enemigos” y “rogar por sus perseguidores”. Ahora es él mismo quien muere perdonando. Convierte su crucifixión en perdón.

Esta petición al Padre por los que lo están crucificando es, ante todo, un gesto sublime de compasión y de confianza en el perdón insondable de Dios. Esta es la gran herencia de Jesús a la Humanidad: No desconfiéis nunca de Dios. Su misericordia no tiene fin.

Marcos recoge un grito dramático del crucificado: “¡Dios mío. Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. Estas palabras pronunciadas en medio de la soledad y el abandono más total, son de una sinceridad abrumadora. Jesús siente que su Padre querido lo está abandonando. ¿Por qué? Jesús se queja de su silencio. ¿Dónde está? ¿Por qué se calla?

Este grito de Jesús, identificado con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento, queda en labios del crucificado reclamando una respuesta de Dios más allá de la muerte: Dios nuestro, ¿por qué nos abandonas? ¿no vas a responder nunca a los gritos y quejidos de los inocentes?

Lucas recoge una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre ha estado animando con su espíritu toda su vida. Terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos. El Padre romperá su silencio y lo resucitará.

Esta semana santa, vamos a celebrar en nuestras comunidades cristianas la Pasión y la Muerte del Señor. También podremos meditar en silencio ante Jesús crucificado ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

ANTE O CRUCIFICADO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Detido pelas forças de segurança do Templo, Jesus não tem já dúvida alguma: o Pai não escutou os Seus desejos de seguir vivendo; os Seus discípulos fogem procurando a sua própria segurança. Está só. Os Seus projetos desvanecem-se. Espera-O a execução.

O silêncio de Jesus durante as Suas últimas horas é impressionante. No entanto, os evangelistas recolheram algumas palavras Suas na cruz. São muito breves, mas às primeiras gerações cristãs ajudava-os a recordar com amor e agradecimento a Jesus crucificado.

Lucas recolheu aquelas que diz enquanto está sendo crucificado. Entre estremecimentos e gritos de dor, consegue pronunciar umas palavras que descobrem o que há no Seu coração: “Pai, perdoa-os porque não sabem o que fazem”. Assim é Jesus. Pediu aos Seus “amar os seus inimigos” e “rogar pelos seus perseguidores”. Agora é Ele mesmo quem morre perdoando. Converte a Sua crucificação em perdão.

Esta petição ao Pai pelos que o estão a crucificar é, antes tudo, um gesto sublime de compaixão e de confiança no perdão insondável de Deus. Esta é a grande herança de Jesus à Humanidade: Não desconfieis nunca de Deus. A Sua misericórdia não tem fim.

Marcos recolhe um grito dramático do crucificado: “Deus Meu. Deus Meu! por que me abandonas-Te?”. Estas palavras pronunciadas no meio da solidão e do abandono mais total, são de uma sinceridade dolorosa. Jesus sente que o Seu Pai querido o está a abandonar. Porquê? Jesus queixa-se do Seu silêncio. Onde está? Porque se cala?

Este grito de Jesus, identificado com todas as vítimas da história, pedindo a Deus alguma explicação a tanta injustiça, abandono e sofrimento, fica nos lábios do crucificado reclamando uma resposta de Deus mais para lá da morte: Deus nosso, porque nos abandonas? Não vais responder nunca aos gritos e queixumes dos inocentes?

Lucas recolhe uma última palavra de Jesus. Apesar da Sua angústia mortal, Jesus mantem até ao fim a Sua confiança no Pai. As Suas palavras são agora quase um sussurro: “Pai, às Tuas mãos encomendo o Meu espírito”. Nada nem ninguém pode separar Dele. O Pai animou o Seu espírito toda a Sua vida. Terminada a Sua missão, Jesus deixa tudo nas Suas mãos. O Pai romperá o Seu silêncio e o ressuscitará.

Esta semana santa, vamos celebrar nas nossas comunidades cristãs a Paixão e Morte do Senhor. Também poderemos meditar em silêncio ante Jesus crucificado aprofundando nas palavras que Ele mesmo pronunciou durante a Sua agonia.

 

DAVANTI AL CROCIFISSO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Detenuto dalle forze di sicurezza del Tempio, Gesù non ha più dubbi: il Padre non ha ascoltato i suoi desideri di continuare a vivere; i suoi discepoli fuggono cercando la propria sicurezza. È solo. I suoi progetti svaniscono. Lo attende l’esecuzione.

Il silenzio di Gesù durante le sue ultime ore è terribile. Tuttavia gli evangelisti hanno raccolto alcune sue parole sulla croce. Sono molto brevi, ma aiutavano le prime generazione cristiane a ricordare con amore e riconoscenza Gesù crocifisso.

Luca ha raccolto quelle che dice mentre lo crocifiggono. Fra tremiti e grida di dolore, arriva a pronunciare parole che rivelano quello che ha nel cuore: Padre, perdonali perché non sanno quello che fanno. Gesù è così. Ha chiesto ai suoi di “amare i loro nemici” e “pregare per i loro persecutori”. Ora è lui stesso che muore perdonando. Converte la sua crocifissione in perdono.

Questa richiesta al Padre per quelli che lo stanno crocifiggendo è, innanzitutto, un gesto sublime di compassione e di fiducia nel perdono insondabile di Dio. Questa è la grande eredità di Gesù all’Umanità: non dubitate mai di Dio. La sua misericordia non ha fine.

Marcoraccoglie un grido drammatico del crocifisso: Dio mio, Dio mio, perché mi hai abbandonato? Queste parole pronunciate nella solitudine e nell’abbandono più totale, sono di una sincerità sconvolgente. Gesù sente che il Padre amato lo sta abbandonando. Perché? Gesù si lamenta del suo silenzio. Dove è? Perché tace?

Questo grido di Gesù, identificato con tutte le vittime della storia, che chiede a Dio qualche spiegazione a tanta ingiustizia, abbandono e sofferenza, rimane sulle labbra del crocifisso reclamando una risposta di Dio al di là della morte: Dio nostro, perché ci abbandoni? Non risponderai mai alle grida e ai lamenti degli innocenti?

Luca raccoglie un’ultima parola di Gesù. Nonostante la sua angoscia mortale, Gesù mantiene sino alla fine la sua fiducia nel Padre. Le sue parole sono ora quasi un sussurro: Padre, nelle tue mani affido il mio spirito. Niente e nessuno lo ha potuto separare da lui. Il Padre ha animato con il suo spirito tutta la sua vita. Compiuta la sua missione, Gesù rimette tutto nelle sue mani. Il Padre romperà il suo silenzio e lo risusciterà.

Questa Settimana Santa celebreremo nelle nostre comunità cristiane la Passione e la Morte del Signore. Potremo anche meditare in silenzio davanti a Gesù crocifisso, approfondendo le parole che egli stesso pronunciò durante la sua agonia.

 

DEVANT LE CRUCIFIE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Arrêté par les forces de sécurité du Temple, Jésus n’a plus de doute: le Père n’a pas écouté ses désirs de continuer à vivre: ses disciples s’enfuient cherchant leur propre sécurité. Il se retrouve tout seul. Ses projets s’effondrent. Ce n’est que l’exécution qui l’attend.

Le silence de Jésus durant ses dernières heures est impressionnant. Cependant, les évangélistes ont recueilli quelques unes de ses paroles lorsqu’il était en croix. Ce sont des paroles très brèves mais qui ont aidé les premières générations chrétiennes à se souvenir de Jésus avec amour et reconnaissance

Luc a recueilli celles dites par Jésus lors de sa crucifixion. Ebranlé et criant de douleur, il réussit à prononcer quelques paroles qui montrent ce qui habite son cœur : « Père, pardonne-leur car ils ne savent pas ce qu’ils font ». Voilà Jésus. Lui, qui a demandé aux siens « d’aimer leurs ennemis » et de « prier pour ceux qui les persécutent ». Maintenant, c’est lui-même qui meurt en pardonnant. Il transforme sa crucifixion en pardon.

Cette supplication adressée au Père pour ceux-là même qui sont en train de le crucifier, est avant tout, un geste sublime de compassion et de confiance dans le pardon insondable de Dieu. C’est-là le grand héritage de Jésus laissé à l’Humanité. Ne vous méfiez jamais de Dieu. Sa miséricorde n’a pas de limite.

Marc recueille un cri dramatique du crucifié: “Mon Dieu, mon Dieu, pourquoi m’as-tu abandonné?” Ces paroles, prononcées dans la solitude et l’abandon le plus total, révèlent une sincérité accablante. Jésus sent que son Père bien-aimé est en train de l’abandonner. Pourquoi ? Jésus se plaint de son silence. Où est-il? Pourquoi reste-t-il silencieux.

Ce cri de Jésus, identifié à toutes les victimes de l’histoire, qui demande à Dieu une explication à tant d’injustices, d’abandons et de souffrances, reste sur les lèvres du crucifié, réclamant une réponse de Dieu au-delà de la mort : O notre Dieu, pourquoi nous abandonnes-tu ? Ne vas-tu jamais répondre aux cris et aux plaintes des innocents ?

Luc recueille une ultime parole de Jésus. Malgré son angoisse mortelle, Jésus garde jusqu’au bout la confiance en son Père. Ses paroles deviennent maintenant comme un murmure : « Père, entre tes mains je remets mon esprit ». Rien ni personne n’a réussi à le séparer de lui. Le Père, par son esprit, a animé toute sa vie. Une fois sa mission accomplie, Jésus remet tout entre ses mains. Le Père brisera son silence et le ressuscitera.

Cette semaine sainte, nous allons célébrer dans nos communautés chrétiennes la Passion et la Mort du Seigneur. En silence, devant le crucifié, nous pourrons méditer et approfondir les paroles que lui-même a prononcées lors de son agonie.

 

BEFORE THE CRUCIFIED

José Antonio Pagola.

Detained by the Temple security guard, Jesus has no doubt whatsoever: his Father hasn’t listened to his desire to keep living; his disciples flee, seeking their own safety. He’s alone. His projects are disappearing. He awaits execution.

Jesus’ silence during his last hours is frightening. However the evangelists have gathered some of his words spoken from the cross. They are very brief, but they helped the first generations of Christians to remember the crucified Jesus with love and thankfulness.

Luke has collected ones which Jesus says while being crucified. In the midst of trembling and cries of pain, he manages to pronounce some words that describe what’s in his heart: “Father, forgive them for they know not what they do.” Such is Jesus. He had asked his own to “love their enemies” and “pray for their persecutors”. Now he himself dies forgiving. He changes his crucifixion into forgiveness.

This pleading to the Father for those who are crucifying him is, above all, a sublime gesture of compassion and of confidence in God’s unfathomable forgiveness. This is Jesus’ great legacy to Humanity: Never stop trusting in God. God’s mercy knows no end.

Mark collects the crucified’s dramatic shout: “My God, my God! Why have you abandoned me?” These words pronounced in the midst of complete loneliness and abandonment come out of an overwhelming sincerity. Jesus feels that his loving Father is abandoning him. Why? Jesus complains of God’s silence. Where is God? Why is God silent?

This outcry of Jesus, identified with the long list of victims throughout history that call to God for some explanation of such injustice, abandonment, and suffering, remains on the crucified’s lips demanding a response from God that is beyond death: Our God, why are you abandoning us? Aren’t you ever going to answer the cries and groans of the innocent?

Luke collects one last word from Jesus. In spite of his mortal anguish, Jesus holds onto his faith in the Father until the end. His words are now almost a whisper: “Father, into your hands I commend my spirit.” Nothing or no one has been able to separate him from his Father. His Father has been encouraging him with the Spirit his whole life. With his mission now ended, Jesus leaves everything in God’s hands. The Father will break his silence and will raise him up.

This Holy Week, in our Christian communities, we are going to celebrate the Passion and Death of our Lord. We will also be able to meditate in silence in front of the crucified Jesus, going deeply into the words that he himself pronounced during his agony.

 

GURUTZILTZATUAREN AURREAN

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Tenpluko segurtasun-indarrek atxilotu du, eta Jesusek ez du jada inolako dudarik: Aitak ez dio entzun bizitzen jarraitzeko agertu dion gogoa; ikasleak ihesi joan dira, nor bere segurtasun bila. Bakarrik dago. Bere egitasmoak huts egin duela ikusi du. Zain-zain du heriotza.

Zirraragarria da bere azken orduetan Jesusek agertu duen isiltasuna. Halere, ebanjelariek jaso dituzte gurutzean jaulki dituen hitz batzuk. Oso laburrak dira, baina lehen kristau-belaunaldiei asko lagundu zieten Jesus gurutziltzatua gogoratzeko, maitasunez eta esker onez.

Gurutzean josten ari diren bitartean jaulkitakoak dakartza Lukasek. Dardararen eta oinaze-garrasien artean, lortu du Jesusek hitz batzuk esatea, bihotzean duena agertzeko: «Aita, barka iezaiezu, ez dakite-eta zer ari diren». Horrelakoa da Jesus. Bereei eskatu izan du «maita ditzatela etsaiak» eta «egin dezatela otoitz pertsegitzaileentzat». Eta orain, bera doa hiltzera etsaiei barkatuz. Barkazio bihurtu du gurutzeko bere heriotza.

Gurutzean josten dutenentzat Aitari egindako eskari hau, lehenik eta behin errukizko keinu goitarra da, eta konfiantza Jainkoaren atzemanezineko barkazioaz. Hauxe da Jesusek gizadiari utzi dion ondarea: Ez galdu sekula Jainkoarekiko konfiantza. Jainkoaren errukiak ez du azkenik.

Markosek, berriz, gurutzean josi dutenaren oihu dramatiko hau dakarkigu: «Ene Jainko, ene Jainko! Nolatan utzi nauzu eskutik?» Bakartasun eta abandonu handienean jaulkitako hitzak dira; egundoko zinezkotasuna adierazten dute. Jesusek sentitu du bere Aita maiteak utzi egin duela. Zer dela eta? Jesus kexu da Aita mutu gelditu delako. Non da? Zer dela-eta dago mutu?

Jesusen oihu hau, historiako biktima guztien oihuarekin bat dator: hainbat eta hainbat injustizia, abandonu eta sufrimenengatik Jainkoari argibide bat eskatu nahi dio; gurutziltzatuaren ezpainak Jainkoari erantzun bat eskatzen ari zaizkio heriotza baino haratagorako: gure Jainkoa, zer dela-eta uzten gaituzu eskutik?, ez ote diezu sekula erantzungo errugabeen oihuei eta lantuei?

Lukasek Jesusen azken hitza ere jaso du. Bere herio-larria eta guzti, azkeneraino eutsi dio Jesusek Aitaganako konfiantzari: «Aita, zure eskuetan uzten dut neure espiritua». Ez ezerk, ez inork apartarazi ahal izan du Jesus Aitagandik. Aitak arnastu du bere espirituaz Jesus bizitza guztian. Bere egitekoa bukaturik, Aitaren eskuetan utzi du dena Jesusek. Aitak bere isiltasuna hautsi eta piztu egingo du Jesus.

Aste Santu honetan, Jaunaren Nekaldia eta Heriotza ospatuko ditugu kristau-elkarteek. Orobat egin ahal izango dugu gogoeta, isilik, Jesus gurutziltzatuaren aurrean, bere hilzorikoan Jesusek jaulki zituen hitzak sakonduz.

 

DAVANT EL CRUCIFICAT

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Detingut per les forces de seguretat del Temple, Jesús no té cap dubte: el Pare no ha escoltat els seus desitjos de continuar vivint, els seus deixebles fugen buscant la seva pròpia seguretat. Està sol. Els seus projectes s’esvaeixen. L’espera l’execució.

El silenci de Jesús durant les seves últimes hores és colpidor. No obstant això, els evangelistes han recollit algunes paraules seves en la creu. Són molt breus, però a les primeres generacions cristianes els ajudaven a recordar amb amor i agraïment a Jesús crucificat.

Lluc ha recollit les que diu mentre està sent crucificat. Entre sotracs i crits de dolor, aconsegueix pronunciar unes paraules que descobreixen el que hi ha al seu cor: “Pare, perdona’ls que no saben el que fan”. Així és Jesús. Ha demanat als seus “estimar als seus enemics” i “pregar pels seus perseguidors”. Ara és ell mateix qui mor perdonant. Converteix la seva crucifixió en perdó.

Aquesta petició al Pare pels que l’estan crucificant és, abans que res, un gest sublim de compassió i de confiança en el perdó insondable de Déu. Aquesta és la gran herència de Jesús a la Humanitat: No desconfieu mai de Déu. La seva misericòrdia no té fi.

Marc recull un crit dramàtic del crucificat: “Déu meu. Déu meu, per què m’has abandonat?”. Aquestes paraules pronunciades enmig de la solitud i l’abandó més total, són d’una sinceritat aclaparadora. Jesús sent que el seu Pare estimat l’està abandonant. Per què? Jesús es queixa del seu silenci. On és? Per què calla?

Aquest crit de Jesús, identificat amb totes les víctimes de la història, demanant a Déu alguna explicació a tanta injustícia, abandonament i patiment, queda en llavis del crucificat reclamant una resposta de Déu més enllà de la mort: Déu nostre, per què ens abandones? ¿No donaràs mai resposta als crits i als gemecs dels innocents?

Lluc recull una última paraula de Jesús. Malgrat la seva angoixa mortal, Jesús manté fins al final la seva confiança en el Pare. Les seves paraules són ara gairebé un murmuri: “Pare, confio el meu alè a les teves mans”. Res ni ningú l’ha pogut separar d’ell. El Pare ha estat animant amb el seu esperit tota la seva vida. Acabada la seva missió, Jesús ho deixa tot a les seves mans. El Pare trencarà el seu silenci i el ressuscitarà.

Aquesta setmana santa, celebrarem en les nostres comunitats cristianes la Passió i la Mort del Senyor. També podrem meditar en silenci davant Jesús crucificat aprofundint en les paraules que ell mateix va pronunciar durant la seva agonia.

 

DIANTE DO CRUCIFICADO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Detido polas forzas de seguridade do Templo, Xesús non ten xa dubida algunha: o Pai non escoitou os seus desexos de seguir vivindo; os seus discípulos foxen buscando a súa propia seguridade. Está só. Os seus proxectos desvanécense. Espéralle a execución.

O silencio de Xesús nas súas últimas horas é sobrecolledor. Con todo, os evangelistas recolleron algunhas palabras súas na cruz. Son moi breves, pero ás primeiras xeracións cristiás axudábanlles a recordar con amor e agradecemento a Xesús crucificado.

Lucas recolleu as que di mentres está sendo crucificado. Entre estremecimientos e gritos de dor, logra pronunciar unhas palabras que descobren o que hai no seu corazón: “Pai, perdóaos porque non saben o que fan”. Así é Xesús. pediu aos seus “amar aos seus inimigos” e “rogar polos seus perseguidores”. Agora é el mesmo quen morre perdoando. Converte a súa crucifixión en perdón.

Esta petición ao Pai polos que o están crucificando é, ante todo, un xesto sublime de compaixón e de confianza no perdón insondábel de Deus. Esta é a gran herdanza de Xesús á Humanidade: Non desconfiedes nunca de Deus. A súa misericordia non ten fin.
Marcos recolle un grito dramático do crucificado: “¡Meu Deus. Meus Deus! por que me abandonaches?”. Estas palabras pronunciadas no medio da soidade e do abandono máis total, son dunha sinceridade abafadora. Xesús sente que o seu Pai querido estao abandonando. Por que? Xesús quéixase do seu silencio. Onde está? Por que cala?

Este grito de Xesús, identificado con todas as vítimas da historia, pedindo a Deus algunha explicación a tanta inxustiza, abandono e sufrimento, fica nos beizos do crucificado reclamando unha resposta de Deus máis aló da morte: Noso Deus, por que nos abandonas? non vas responder nunca aos gritos e salaios dos inocentes?

Lucas recolle unha última palabra de Xesús. Malia a súa angustia mortal, Xesús mantén ata o final a súa confianza no Pai. As súas palabras son agora case un balbuceo : “Pai, nas túas mans encomendo o meu espírito”. Nada nin ninguén o puido separar del. O Pai estivo animando co seu espírito toda a súa vida. Terminada a súa misión, Xesús déixao todo nas súas mans. O Pai romperá o seu silencio e resucitarao.

Esta semana santa, imos celebrar nas nosas comunidades cristiás a Paixón e a Morte do Señor. Tamén poderemos meditar en silencio diante Xesús crucificado e afondar nas palabras que el mesmo pronunciou durante a súa agonía.

 

面对十字架上的耶稣

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

当耶稣被圣殿的武装力量所逮捕时,他已经非常明白:父没有听从他想要继续生活的愿望;他的门徒们四处逃散以保障安全。他非常地孤独,他的计划失败了,等待他的是死刑的判决。

耶稣在他生命的最后几个小时的沉默是令人惊讶的。然而,圣史们收集了几句他在十字架上的遗言。都很短,但对初期的基督徒以爱和感恩回忆十字架上的耶稣起到很大的帮助。

路加收集了耶稣正被钉时说的几句话。在痛苦的痉挛与呻吟间,耶稣说出了那一直在藏在他心里的话:“父啊,宽赦他们吧!因为他们不知道他们做的是什么”。这就是耶稣,他曾要求人们“爱他的仇人”并“为迫害他们的人祈祷”,如今,他宽恕着死去,他把他的被钉转变为了宽恕。

为那些正钉死他的人祈祷首先是一个慈悲与对天主深不可测的宽恕的信任的行为。这就是耶稣留给人类的伟大遗产:永远不要怀疑天主,他的仁慈没有终点。

马尔谷收集了一句悲剧性的呼喊:“我的天主,我的天主,你为什么抛弃了我?”这句在孤独与被完全抛弃的中发出的呼喊,是令人难以面对的真实。耶稣觉得被他所爱的父抛弃了。为什么?耶稣抱怨他的沉默。他在哪里?为什么不说话?

耶稣的这句呼喊,正是历史上所有无辜的受害者们的呼喊,他们向天主为那许多的不正义、抛弃与痛苦祈求一个解释。十字架上的耶稣强烈要求远超死亡之上的天主一个答复。为什么你抛弃了我们?你将永不回答无辜者的呼喊与抱怨吗?

路加还收集了耶稣的最后一句话。尽管他是如此地焦虑,但他仍至死保持着他对父的信仰。这时已经是一句几不可闻的喃喃自语了:“父啊,我把我的灵魂交在你手里”。没有任何人任何事可以把他与父分开。父以他的神支持鼓励了耶稣的一生。当耶稣结束了他的使命时,就将一切都托付在父的手里了。父将打破沉默复活他。

在圣周内,我们将在我们的基督徒团体内庆祝耶稣的苦难与死亡。同样,面对被钉在十字架上的耶稣,我们可以深入默想他在极大痛苦中所发出的最后几句话。

Lo importante

Publicado: 31 octubre, 2012 en BIBLIA
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31 Tiempo ordinario (B) Marcos 12, 28-34
LO IMPORTANTE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 31/10/12.- Un escriba se acerca a Jesús. No viene a tenderle una trampa. Tampoco a discutir con él. Su vida está fundamentada en leyes y normas que le indican cómo comportarse en cada momento. Sin embargo, en su corazón se ha despertado una pregunta: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” ¿Qué es lo más importante para acertar en la vida?

Jesús entiende muy bien lo que siente aquel hombre. Cuando en la religión se van acumulando normas y preceptos, costumbres y ritos, es fácil vivir dispersos, sin saber exactamente qué es lo fundamental para orientar la vida de manera sana. Algo de esto ocurría en ciertos sectores del judaísmo.

Jesús no le cita los mandamientos de Moisés. Sencillamente, le recuerda la oración que esa misma mañana han pronunciado los dos al salir el sol, siguiendo la costumbre judía: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”.

El escriba está pensando en un Dios que tiene poder de mandar. Jesús le coloca ante un Dios cuya voz hemos de escuchar. Lo importante no es conocer preceptos y cumplirlos. Lo decisivo es detenernos a escuchar a ese Dios que nos habla sin pronunciar palabras humanas.

Cuando escuchamos al verdadero Dios, se despierta en nosotros una atracción hacia el amor. No es propiamente una orden. Es lo que brota en nosotros al abrirnos al Misterio último de la vida: “Amarás”. En esta experiencia, no hay intermediarios religiosos, no hay teólogos ni moralistas. No necesitamos que nadie nos lo diga desde fuera. Sabemos que lo importante es amar.

Este amor a Dios no es un sentimiento ni una emoción. Amar al que es la fuente y el origen de la vida es vivir amando la vida, la creación, las cosas y, sobre todo, a las personas. Jesús habla de amar “con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser”. Sin mediocridad ni cálculos interesados. De manera generosa y confiada.

Jesús añade, todavía, algo que el escriba no ha preguntado. Este amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Sólo se puede amar a Dios amando al hermano. De lo contrario, el amor a Dios es mentira. ¿Cómo vamos a amar al Padre sin amar a sus hijos e hijas?

No siempre cuidamos los cristianos esta síntesis de Jesús. Con frecuencia, tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas y el fervor, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espaldas a los que sufren? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

O IMPORTANTE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Um escriba aproxima-se de Jesus. Não vem colocar-Lhe uma armadilha. Tampouco a discutir com Ele. A sua vida está fundamentada em leis e normas que lhe indicam como comportar-se em cada momento. No entanto, no seu coração surgiu uma pergunta: “Que mandamento é o primeiro de todos?” O que é o mais importante para se fazer na vida?

Jesus entende muito bem o que sente aquele homem. Quando na religião se vai acumulando normas e preceitos, costumes e ritos, é fácil viver disperso, sem saber exatamente o que é o fundamental para orientar a vida de forma sã. Algo disso ocorria em certos setores do judaísmo.

Jesus não lhe cita os mandamentos de Moisés. Simplesmente, lhe recorda a oração que essa mesma manhã pronunciaram os dois ao sair o sol, seguindo o costume judeu: “Escuta, Israel, o Senhor nosso Deus é o único Senhor: amarás ao Senhor teu Deus com todo o teu coração”.

O escriba pensa num Deus que tem o poder de mandar. Jesus coloca-o ante um Deus cuja voz temos de escutar. O importante não é conhecer preceitos e cumpri-los. O decisivo é parar a escutar esse Deus que nos fala sem pronunciar palavras humanas.

Quando escutamos o verdadeiro Deus, desperta em nós uma atração para o amor. Não é propriamente uma ordem. É o que brota em nós ao nos abrirmos ao Mistério último da vida: “Amarás”. Nesta experiência, não há intermediários religiosos, não há teólogos nem moralistas. Não necessitamos que ninguém nos diga desde fora. Sabemos que o importante é amar.

Este amor a Deus não é um sentimento nem uma emoção. Amar ao que é a fonte e a origem da vida é viver amando a vida, a criação, as coisas e, sobretudo, as pessoas. Jesus fala de amar “com tudo o coração, com toda a alma, com todo o ser”. Sem mediocridade nem cálculos interesseiros. De forma generosa e confiada.

Jesus acrescenta, todavia, algo que o escriba não preguntou. Este amor a Deus é inseparável do amor ao próximo. Só se pode amar a Deus amando o irmão. De contrário, o amor a Deus é mentira. Como vamos amar o Pai sem amar os Seus filhos e filhas?

Nem sempre cuidamos, nós os cristãos, desta síntese de Jesus. Com frequência, tendemos a confundir o amor a Deus com as práticas religiosas e o fervor, ignorando o amor prático e solidário aos quem vivem excluídos pela sociedade e esquecidos pela religião. Mas, que há de verdade no nosso amor a Deus se vivemos de costas aos que sofrem?

 

QUEL CHE È IMPORTANTE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Uno scriba si avvicina a Gesù. Non viene a tendergli un tranello. Nemmeno a discutere con lui. La sua vita è fondata su leggi e norme che gli indicano come comportarsi in ogni momento. Nel suo cuore, però, si è svegliata una domanda: “Qual è il primo di tutti i comandamenti? Quale cosa è la più importante per riuscire nella vita?

Gesù comprende molto bene quel che sente quell’uomo. Quando nella religione si vanno accumulando norme e precetti, abitudini e riti, è facile vivere dispersi, senza sapere esattamente che cosa è fondamentale per orientare la vita in maniera sana. Qualcosa del genere capitava in certi settori del giudaismo.

Gesù non gli cita i comandamenti di Mosè. Gli ricorda semplicemente la preghiera che quella stessa mattina hanno recitato al sorgere del sole, seguendo l’uso giudaico: Ascolta, Israele, il Signore Dio nostro è l’unico Signore; amerai, dunque, il Signore, Dio tuo, con tutto il tuo cuore.

Lo scriba sta pensando a un Dio che ha il potere di comandare. Gesù lo pone davanti a un Dio la cui voce dobbiamo ascoltare. L’importante non è conoscere precetti e compierli. La cosa decisiva è fermarci ad ascoltare questo Dio che ci parla senza pronunziare parole umane.

Quando ascoltiamo il vero Dio, si risveglia in noi un’attrazione verso l’amore. Non è propriamente un ordine. È quel che sgorga in noi nell’aprirci al Mistero ultimo della vita: Amerai. In questa esperienza, non ci sono intermediari religiosi, non ci sono teologi né moralisti. Non abbiamo bisogno che qualcuno ce lo dica dal di fuori. Sappiamo che la cosa importante è amare.

Quest’amore a Dio non è un sentimento né un’emozione. Amare colui che è la fonte e l’origine della vita è vivere amando la vita, la creazione, le cose e, soprattutto, le persone. Gesù parla di amare con tutto il tuo cuore, con tutta la tua mente e con tutta la tua forza. Senza mediocrità né calcoli interessati. Con generosità e fiducia.

Gesù aggiunge ancora qualcosa che lo scriba non ha chiesto. Quest’amore a Dio è inseparabile dall’amore al prossimo. Si può amare Dio solo amando il fratello. Se non è così, l’amore a Dio è menzogna. Come ameremo il Padre senza amare le sue figlie e i suoi figli?

Non sempre noi cristiani teniamo presente questa sintesi di Gesù. Frequentemente tendiamo a confondere l’amore a Dio con le pratiche religiose e il fervore, ignorando l’amore concreto e solidale per coloro che vivono esclusi dalla società e dimenticati dalla religione. Ma che c’è di vero nel nostro amore a Dio se viviamo di spalle a quelli che soffrono?

 

LE PLUS IMPORTANT

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Un Scribe s’approche de Jésus. Il ne vient pas lui tendre un piège ni discuter avec lui. Sa vie est fondée sur des lois et sur des normes qui lui indiquent comment se comporter à chaque instant. Une question s’est éveillée cependant dans son cœur: Quel est le premier des commandements? Qu’est-ce que le plus important pour réussir sa vie?

Jésus comprend très bien ce que cet homme ressent. Lorsque dans la religion, on accumule des normes et des préceptes, des coutumes et des rites, on se disperse facilement sans savoir exactement ce qui est fondamental pour orienter sa vie d’une manière saine. C’est quelque chose de ce genre qui arrivait dans certains secteurs du judaïsme.

Jésus ne reprend pas les commandements de Moïse. Il lui rappelle simplement la prière que tous les deux ont récitée ce même matin au lever du soleil, en suivant la coutume juive: “Ecoute, Israël, le Seigneur notre Dieu est l’unique Seigneur; tu aimeras le Seigneur ton Dieu de tout ton cœur”.

Le Scribe pense à un Dieu qui a le pouvoir de commander. Jésus le place face à un Dieu dont il faut écouter la voix. Le plus important n’est pas de connaître des préceptes et de les accomplir. Ce qui est décisif c’est de s’arrêter pour écouter ce Dieu qui nous parle sans prononcer des paroles humaines.

Lorsque nous écoutons le Dieu véritable, un attrait vers l’amour s’éveille en nous. Ce n’est pas, à proprement parler, un ordre. C’est ce qui jaillit en nous lorsque nous nous ouvrons au Mystère ultime de la vie: “Tu aimeras”. Dans cette expérience il n’y a pas d’intermédiaires religieux, pas de théologiens ni de moralistes. On n’a besoin de personne du dehors pour venir nous le dire. Nous savons que le plus important c’est d’aimer.

Cet amour envers Dieu n’est pas un sentiment ni une émotion. Aimer celui qui est la source et l’origine de la vie c’est vivre en aimant la vie, la création, les choses et, par dessus tout, les personnes. Jésus parle d’aimer “de tout son cœur, de toute son âme, de tout son être”. Sans médiocrité ni calculs intéressés mais d’un cœur confiant et généreux.

Jésus ajoute quelque chose dont le scribe n’a pas parlé. Cet amour envers Dieu est inséparable de l’amour du prochain. On ne peut aimer Dieu qu’en aimant son frère. Autrement, l’amour envers Dieu est un mensonge. Comment pourrions-nous aimer le Père sans aimer ses fils et ses filles?

Nous ne faisons pas toujours attention à cette synthèse de Jésus. Nous avons fréquemment tendance à confondre l’amour de Dieu avec les pratiques religieuses et avec la ferveur, tout en ignorant l’amour pratique et solidaire envers ceux qui sont exclus par la société et oubliés par la religion. Mais, quelle vérité y-a-t-il dans notre amour envers Dieu si nous tournons le dos à ceux qui souffrent?

 

WHAT REALLY MATTERS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

A scribe came up to Jesus. He did not intend to test him as others had done so often; not even to start a debate. He was an honest man who had always tried to obey public and religious laws as taught by his elders. Still, deep in his heart, he seemed to have an unanswered question: “Which is the first of all the commandments?” What should we do to really succeed in this life?

Jesus immediately understood what that man really wanted. When it comes to practicing religion, we have so many norms and precepts, customs and rituals, that it is almost natural to be distracted or ignorant about what is really fundamental in order to achieve complete satisfaction in our life. Such was the question that most religious people of Jesus’ time must have had.

Jesus does not respond by citing Moses’ Ten Commandments. He simply reminds him about the prayer that most Jews recited at sunrise: “Listen, Israel:

I am the God of Abraham, the God of Israel. You must love the Lord your God with all your heart, with all your soul and mind, etc.”

The scribe was always thinking about a God who alone has the power to command. Jesus, on the other hand, takes him to a God whose voice we can hear. What really matters are not the precepts and laws that have to be fulfilled. What is really important is listening to God’s words and inspirations.

When we listen to the true God, we immediately feel the attraction to all kinds of love. It is not really a commandment. It is simply a natural inclination that is felt by any living being: “Thou shall love.” In this living experience, there are no theologians or moralists. We don’t need any third party to explain things to us. We just know that what really matters is to share our love and life with others.

The love of God is not a sentiment or an emotion. Showing our love to the One who is the source and origin of our life is done by respecting life itself, creation and everything that is in it, beginning with other people. Jesus speaks of loving “with all your heart, all your soul and all your being.” No mediocrities or vested interests. It must be totally disinterested and generous.

Jesus, in facts, adds something that the scribe did not even ask. This love of God is not different from the love of neighbour. The only way to love God is through the love of neighbours. Any other form of love is not real love. How can we love the Father if we do not love his sons and daughters?

Christians, at times, forget about this real image and nature of Jesus. We often think that loving God consists in attending religious functions and reciting prayers publicly or in private, while forgetting to practice social solidarity and compassion towards those who are excluded by society and religious institutions as well. Can we really speak of love of God while ignoring so many people who have never heard of God or felt the company of a good neighbour?

 

INPORTA DUENA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lege-maisu bat hurbildu zaio Jesusi. Ez doa segada edo tranpa bat jartzera. Une bakoitzean nola jokatu adierazten dioten lege eta arauetan oinarritua du bere bizitza. Alabaina, galdera bat atera zaio bihotzean: «Zein agindu da lehena?» Zer da inportanteena bizitzan asmatu ahal izateko?

Oso ondo ulertu du Jesusek gizon honek sentitzen duena. Erlijioan arauak eta aginduak, ohiturak eta errituak pilatuz doazenean, gauza erraza izaten da barreiaturik bizitzea, jakin gabe zer den, zehazki, oinarrizko gauza, bizitza era sanoan bideratu ahal izateko. Honelako zerbait gertatu ohi zen judaismoaren sektore batzuetan.

Jesusek ez dizkio aipatu Moisesen aginduak. Soilik, egunsenti horretan, eguzkia irtetean eta juduen ohiturari jarraituz, jaulki duen otoitza gogorarazi dio: «Entzun, Israel; Jainko gure Jauna da Jaun bakarra: bihotz guztiaz maiteko duzu zeure Jainko Jauna».

Aginduak emateko boterea duen Jainkoa du buruan lege-maisuak. Jesusek, ordea, entzun behar diogun Jainkori begira jarri du gure gizona. Inporta duena ez da aginduak ezagutu eta betetzea. Funtsezko gauza, giza hitzik jaulki gabe hitz egiten digun Jainko horri adi egotea da.

Egiazko Jainkoari entzuten diogunean, maitasunarekiko erakarmena esnatzen da gu baitan. Ez da, berez, agindu bat. Geure bihotza biziaren azken Misterioari irekitzen diogunean sortzen den gonbit hau da: «Maita ezazu». Esperientzia honetan, ez da bitarteko erlijiosorik, ez da teologorik, ez moralistarik. Ez dugu izaten kanpotik inork esan beharrik. Geurez jakin ohi dugu maitatzea dela inporta duena.

Jainkoarekiko maitasun hau ez da sentimendu bat, ez da emozio bat. Biziaren iturburu eta jatorri den hura maitatuz bizitzea da, dela bizia, dela kreazioa, direla gauzak eta dela, nagusiki, jendea maitatuz. Maitatzeaz mintzo da Jesus «bihotz guztiaz, arima guztiaz, izate guztiaz». Ez eskas, ez kalkulu interesatuz. Baizik bihotz handiz eta konfiantzaz.

Lege-maisuak aipatu ez duen beste gauza bat ere gehitu dio Jesusek. Jainkoarekiko maitasun hau ezin bereizi da lagun hurkoarekiko maitasunetik. Lagun hurkoa maitatuz bakarrik maita daiteke Jainkoa. Bestela, gezur hutsa izango da Jainkoarekiko maitasuna. Izan ere, nolatan maita genezake Jainkoa haren seme-alabak maitatu gabe?

Kristauek ez diogu eusten beti Jesusen batura hori. Sarritan jotzen dugu nahastera Jainkoarekiko maitasuna eta jarduera erlijioa nahiz otoitz beroa, gizarteak ahazturik eta erlijioak bazter utzirik dituen haiekiko maitasun praktikoa eta solidarioa alde batera utziz. Baina, zer izan daiteke egiazkorik Jainkoarekiko gure maitasunean, sufritzen ari direnei ezikusia egiten badiegu?

 

L’IMPORTANT

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Un escriba s’acosta a Jesús. No ve a posar-li un parany. Tampoc a discutir amb ell. La seva vida està fonamentada en lleis i normes que li indiquen com comportar-se en cada moment. No obstant això, en el seu cor s’ha despertat una pregunta: “Quin és el primer de tots els manaments?” ¿Què és el més important per a encertar en la vida?

Jesús entén molt bé el que sent aquell home. Quan en la religió es van acumulant normes i preceptes, costums i ritus, és fàcil viure dispersos, sense saber exactament què és el fonamental per orientar la vida de manera sana. Una mica d’això passava en certs sectors del judaisme.

Jesús no li cita els manaments de Moisès. Senzillament, li recorda l’oració que aquell mateix matí han pronunciat els dos en sortir el sol, seguint el costum jueu: “Escolta, Israel, el Senyor és el nostre Déu, el Senyor és l’únic. Estima el Senyor, el teu Déu, amb tot el cor”.

L’escriba està pensant en un Déu que té poder de manar. Jesús el col•loca davant un Déu la veu del qual hem d’escoltar. L’important no és conèixer preceptes i complir-los. El decisiu és aturar-nos a escoltar aquest Déu que ens parla sense pronunciar paraules humanes.

Quan escoltem el veritable Déu, es desperta en nosaltres una atracció cap a l’amor. No és pròpiament una ordre. És el que brolla en nosaltres en obrir-nos al Misteri últim de la vida: “Estima”. En aquesta experiència, no hi ha intermediaris religiosos, no hi ha teòlegs ni moralistes. No necessitem que ningú ens ho digui des de fora. Sabem que l’important és estimar.

Aquest amor a Déu no és un sentiment ni una emoció. Estimar el que és la font i l’origen de la vida és viure estimant la vida, la creació, les coses i, sobretot, les persones. Jesús parla d’estimar “amb tot el cor, amb tota l’ànima, amb tot l’ésser”. Sense mediocritat ni càlculs interessats. De manera generosa i confiada.

Jesús afegeix, encara, una cosa que l’escriba no ha preguntat. Aquest amor a Déu és inseparable de l’amor al proïsme. Només es pot estimar Déu estimant el germà. En cas contrari, l’amor a Déu és mentida. Com estimarem el Pare sense estimar els seus fills i filles?

Els cristians no sempre tenim cura d’aquesta síntesi de Jesús. Sovint, tendim a confondre l’amor a Déu amb les pràctiques religioses i el fervor, ignorant l’amor pràctic i solidari als que viuen exclosos per la societat i oblidats per la religió. Però, què hi ha de veritat en el nostre amor a Déu si vivim d’esquena als que pateixen?

 

O IMPORTANTE

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Un escriba achégase a Xesús. Non vén tenderlle unha trampa. Tampouco discutir con el. A súa vida está fundamentada en leis e normas que lle indican como comportarse en cada momento. Con todo, no seu corazón espertouse unha pregunta: “Que mandamento é o primeiro de todos?” Que é o máis importante para acertar na vida?

Xesús entende moi ben o que sente aquel home. Cando na relixión se van acumulando normas e preceptos, costumes e ritos, é fácil vivir dispersos, sen saber exactamente o que é o fundamental para orientar a vida de xeito san. Algo disto ocorría en certos sectores do xudaísmo.

Xesús non lle cita os mandamentos de Moisés. Sinxelamente, recórdalle a oración que esa mesma mañá pronunciaron os dous ao saír o sol, seguindo o costume xudeu: “Escoita, Israel, o Señor o noso Deus é o único Señor: amarás ao Señor o teu Deus con todo o teu corazón”.

O escriba está pensando nun Deus que ten poder de mandar. Xesús colócao ante un Deus cuxa voz temos de escoitar. O importante non é coñecer preceptos e cumprilos. O decisivo é deternos a escoitar a ese Deus que nos fala sen pronunciar palabras humanas.

Cando escoitamos ao verdadeiro Deus, espértase en nós unha atracción cara ao amor. Non é propiamente unha orde. É o que brota en nós ao abrirnos ao Misterio último da vida: “Amarás”. Nesta experiencia, non hai intermediarios relixiosos, non hai teólogos nin moralistas. Non necesitamos que ninguén nolo diga desde fóra. Sabemos que o importante é amar.

Este amor a Deus non é un sentimento nin unha emoción. Amar ao que é a fonte e a orixe da vida é vivir amando a vida, a creación, as cousas e, sobre todo, ás persoas. Xesús fala de amar “con todo o corazón, con toda a alma, con todo o ser”. Sen mediocridade nin cálculos interesados. De xeito xeneroso e confiado.

Xesús engade, aínda, algo que o escriba non preguntou. Este amor a Deus é inseparábel do amor ao próximo. Só se pode amar a Deus amando ao irmán. Pola contra, o amor a Deus é mentira. Como imos amar ao Pai sen amar aos seus fillos e fillas?

Non sempre coidamos os cristiáns esta síntese de Xesús. Con frecuencia, tendemos a confundir o amor a Deus coas prácticas relixiosas e o fervor, ignorando o amor práctico e solidario a quen viven excluídos pola sociedade e esquecidos pola relixión. Pero, que hai de verdade no noso amor a Deus se vivimos de costas aos que sofren?