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50 en el 2015VATICANO II, EN EL 50 ANIVERSARIO DE SU CLAUSURA
KAREN CASTILLO, karencastillom@hotmail.com
MÉXICO.

ECLESALIA, 18/11/15.- Muchas fueron las voces que hablaron en Vaticano II, diversas las posturas y plurales los temas que se abordaron; sin embargo, una sola y clara fue la presencia del Espíritu que al ver la ventana abierta, decidió entrar con gran fuerza para hacerse sentir y provocar una reflexión capaz de renovar nuestro ser y quehacer como Iglesia.

Hoy, a 50 de la clausura de este gran acontecimiento, los textos siguen siendo un espacio de encuentro y descubrimiento de cómo seguir a Jesús en el mundo. Un mundo que sin duda nos coloca ante un gran número de retos sociales, pero también una Iglesia que quiere ser signo del amor de Dios a todo ser humano asumiendo estos retos y transformando la realidad.

En el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), como Institución comprometida con la reflexión socio-eclesial, hemos preparado un evento para profundizar en los contenidos de algunos documentos que emanaron de este Concilio, a la vez que deseamos actualizar y renovar sus aportes en la sociedad actual.

Para ello hemos invitado al Dr. Santiago Madrigal, SJ, quien es especialista en el tema y nos recuerda que, entre las grandes riquezas del Concilio, sus documentos han sentado las bases para el despliegue de la eclesiología de comunión, para el avance en el ecumenismo, para el desarrollo de una teología más bíblica, para el redescubrimiento de la teología del laicado y de la misión.

Además tendremos diferentes mesas de diálogo: una para analizar la constitución pastoral Gaudium et Spes; una en la que participarán representantes de diversas tradiciones religiosas para abordar la DignitatisHumanae; y una sobre las concreciones de la opción preferencial por los pobres en la Iglesia de México, desde la pastoral urbana, la pastoral indígena y la pastoral con migrantes (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Te invitamos a enriquecer este espacio con tu participación!

Se llevará a cabo del 24-26 de noviembre, de 17:30-20:30 hrs. en las instalaciones de IMDOSOC. Tendrá un costo de 500 pesos por los tres días o 200 por día.

Para más informaciónrelaciones.publicas@imdosoc.org  /  promoción@imdosoc.org

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Las sorpresas de Francisco

Publicado: 5 octubre, 2015 en REFLEXIONES
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Cristo de San Francisco..LAS SORPRESAS DE FRANCISCO
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 05/10/15.- Día sí y casi día también nos despertamos con una sorpresa del Papa Francisco. Solamente por recordar las últimas, hacer mención, en primer lugar, de la que quizás más impacto ha producido no solo entre la gente en general, sino de manera especial entre las personas que solemos calificar o conocer como gente de Iglesia. Había dicho ya cosas muy fuertes en el plano de la denuncia sobre el terrible drama que están viviendo un ingente número de personas como consecuencia de la pobreza (mejor llamarlo miseria para ser más exactos), las guerras y la persecución por motivos diversos. Respecto a esta cuestión Francisco no ha vacilado en ningún momento, no se ha ido por las ramas ni tampoco se ha conformado con dar unos consejos más cercanos al misticismo que a la cruda realidad de la vida. A todas personas, pero de manera especial a quienes nos llamamos cristianos nos ha pedido abrir las puertas de nuestras vidas para compartir lo que somos y lo que tenemos con quienes carecen de lo más necesario: pan, casa, trabajo, paz, etc. Pero no se ha quedado con lo que en teoría pueden significar estas palabras; las ha concretado en realidades puras y duras mal que nos pese y posiblemente nos cueste aceptar. “Abrid vuestras iglesias, vuestros conventos, santuarios, etc.; más aún si están vacíos y acoged a toda esa gente que huye del horror y busca una vida más digna”.

En segundo lugar, Francisco ha afrontado un tema “más que tabú” para la Iglesia como es el aborto; tanto es así que era uno de los pecados conocidos como “reservados” por parte de la Iglesia.Pues bien, ha proclamado a bombo y platillo que durante el jubileo del año de la misericordia (8 de diciembre de 2015 – festividad de Cristo Rey de 2016) todas las personas que hayan cometido tal delito pueden ser declaradas perdonadas por parte de cualquier sacerdote.

Por último, las nulidades matrimoniales que hasta ahora tanto ha dado que hablar a la gente, de manera especial entre quienes tenían poco o nada que ver con la Iglesia. Negocio y favoritismo hacia los ricos y famosos era lo más suave que se acostumbraba a oír en el lenguaje común de la calle. Pues bien, como es sabido, Francisco ha manifestado a través de un “Motu proprio” la necesidad y urgencia a la hora de agilizar la nulidad del vínculo matrimonial que, dicho sea de paso, acostumbran a solicitarlo aquellas personas para quienes el sacramento del matrimonio tiene un sentido importante debido a su fe. No es precisamente éste el caso de quienes contrajeron un día matrimonio canónico por costumbre o por razones parecidas y decidieron romperlo. En la mayor parte de casos se acaba recurriendo al divorcio civil y, ¡punto!

Dicho esto, yo me pregunto si no debiéramos haber hecho todo esto ya hace mucho tiempo, desde siempre, salvando la mentalidad de los tiempos lógicamente. ¿Por qué esperar a que lo haya dicho el Papa en este caso? ¡Suerte que el Espíritu santo “bufó” en su momento en esta dirección y nos dio a Francisco, porque en caso contrario pienso que aún estaríamos en las andadas!

Tengo el convencimiento que Francisco lo único que ha hecho es poner en práctica el Concilio vaticano II, concretamente la constitución “Gaudium et Spes” (la Iglesia en el mundo actual) que en su gran mayoría la habían convertido en letra muerta los papas que le precedieron. Sin pretender hacer ningún tipo de juicio, creo que Juan Pablo II estuvo mucho más preocupado por la “verdad” (dígase ortodoxia “oficial”) que por aquello que proclama dicha constitución en su inicio: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

LOS PANES Y LOS PECES CATACUMBA DE DOMITILA SIGLO IIUNA IGLESIA POBRE
TOMÁS MAZA RUIZ, tomasmaza@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 18/03/13.- El nombramiento del nuevo papa, Francisco, ha despertado en millones de personas de todo el mundo esperanzas e ilusiones sobre la posible reforma de la Iglesia. Por otra parte estamos celebrando el cincuentenario del Concilio Vaticano II, donde a pesar del deseo de Juan XXIII y aunque la idea se trató de forma tangencial en varios documentos, no se expresó de forma explícita el tema de una Iglesia pobre y al servicio de los pobres. Por ello al final del Concilio un grupo de padres conciliares reunidos en la Catacumba de Santa Domitila suscribió lo que se llamó el Pacto de las Catacumbas. Creo que es útil recordar este documento que nos puede servir tanto para recordar el Concilio como para abrir nuevas expectativas para la renovación de la Iglesia.

El pacto de las catacumbas: una Iglesia servidora y pobre*

“Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Cfr. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.

2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Cfr. Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.

3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc., a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Cfr. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.

4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Cfr. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.

5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Cfr. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.

6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Cfr. Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.

7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Cfr. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.

8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Cfr. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.

9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Cfr. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.

10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.

11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:

  • a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
  • a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.

12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,

  • nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
  • buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
  • procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
  • nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Cfr. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.

13. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Pacto suscrito pocos días antes de la finalización del Concilio Vaticano II -Diciembre de 1965- por cuarenta Padres Conciliares encabezados por Dom Helder Camara, obispo de Olinda Recife en la eucaristía celebrada en la Catacumba de Santa Domitila, Roma.

Jesús de Nazaret...DECLARACIÓN SOBRE LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA CATÓLICA

160 TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS DE LA IGLESIA CATÓLICA, feedback@churchauthority.org

ECLESALIA, 18/02/13.- Con ocasión del 50º aniversario del Concilio Vaticano II (1962-1965), invitamos a todos los miembros del Pueblo de Dios, a evaluar la situación de nuestra Iglesia.

Muchos de los temas clave del Vaticano II todavía no han sido implementados, en absoluto, o lo han sido sólo parcialmente. Esto ha sido debido a la resistencia de algunos sectores, pero también a una cierta dosis de ambigüedad que se dejó pasar en algunos de los documentos conciliares.

La principal causa del actual estancamiento radica en su incorrecta interpretación y la mala aplicación en lo que concierne al ejercicio de la autoridad en la Iglesia. Concretamente, los siguientes temas requieren una corrección urgente:

La función del papado necesita ser redefinida claramente en la línea de la intención de Cristo. Como supremo pastor, unificador y principal testigo de la fe, el Papa contribuye sustancialmente a la buena salud de la Iglesia universal. Sin embargo, su autoridad no puede oscurecer, disminuir ni suprimir la autoridad auténtica otorgada directamente por Cristo a todos los miembros del Pueblo de Dios.

Los obispos son vicarios de Cristo, no vicarios del papa. Tienen una responsabilidad inmediata de sus diócesis, y una responsabilidad, compartida con los otros obispos y el papa, respecto a la comunidad de fe mundial.

El Sínodo de los obispos debe asumir un papel más decisivo en la planificación y en la orientación del mantenimiento y el crecimiento de la fe dentro de nuestro complejo mundo actual. Para llevar a cabo esta tarea, el sínodo de los obispos necesita ser dotado de unas estructuras apropiadas.

El Concilio Vaticano II ordenó que debía haber colegialidad y corresponsabilidad en todos los niveles. Esto no ha sido llevado a cabo. Como estableció el Concilio, los consejos presbiterales y los consejos pastorales, deben involucrar a los creyentes más directamente en las tomas de decisión concernientes con la formulación de la doctrina, la gestión de la pastoral y la evangelización de la sociedad secular.

El abuso de nombrar para puestos directivos de la Iglesia a candidatos de una única forma de pensamiento, debe ser erradicado. Se debe establecer nuevas normas, y una supervisión sobre su cumplimiento, para asegurar que las elecciones para tales puestos sean llevadas a cabo de una manera limpia y transparente, y en cuanto sea posible, democrática.

La Curia romana requiere una reforma más radical, en la línea de las instrucciones y la visión del Concilio Vaticano II. La Curia debería continuar existiendo por sus útiles servicios administrativos y ejecutivos.

La Congregación para la Doctrina de la Fe debe ser asistida por comisiones internacionales de expertos, que han de ser escogidos de forma independiente, sobre la base de su competencia profesional.

Estos no son, ciertamente, todos los cambios necesarios. Somos conscientes de que la puesta en marcha de estas reformas estructurales deberá ser elaborada con detalle, según las posibilidades y limitaciones de las actuales y futuras circunstancias. Sin embargo queremos destacar que estas siete reformas sugeridas son urgentes y que su puesta en marcha debe comenzar inmediatamente.

El ejercicio de la autoridad de nuestra Iglesia debe emular las normas de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia que son practicadas en la sociedad moderna. La autoridad en la Iglesia debe ser percibida como honesta y digna de confianza, inspirada por un espíritu de humildad y de servicio, mostrando preocupación por la gente más que por las reglas y la disciplina, transparentando a un Cristo que nos hace libres, y escuchando al Espíritu de Cristo que habla y actúa a través de cada persona. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://iglesia-segun-el-evangelio-hoy.org/

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jesús de nazaret.....

Iniciar la reacción

Publicado: 9 enero, 2013 en BIBLIA
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bautismo del SeñorEl Bautismo del Señor (C) Lucas 3,15-16.21-22
INICIAR LA REACCIÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/01/13.- El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy “la mediocridad espiritual”. La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los “signos de los tiempos”.

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son “espíritu y vida”.

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

INICIAR A REAÇÃO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O Baptista não permite que as pessoas o confundam com o Messias. Conhece os seus limites e reconhece-os. Há alguém mais forte e decisivo que ele. O único que o povo deve acolher. A razão é clara. O Baptista oferece-lhes um batismo de água. Apenas Jesus, o Messias, os “batizará com o Espírito Santo e com fogo”.

Na opinião de não poucos observadores, o maior problema da Igreja é hoje “a mediocridade espiritual”. A Igreja não possui o vigor espiritual que necessita para enfrentar-se aos desafios do momento atual. Cada vez é mais patente. Necessitamos de ser batizados por Jesus com o Seu fogo e o Seu Espírito.

Nestes últimos anos tem crescido a desconfiança na força do Espírito, e o medo a tudo o que possa levar-nos a uma renovação. Insiste-se muito na continuidade para conservar o passado, mas não nos preocupamos em executar as chamadas do Espírito para preparar o futuro. Pouco a pouco estamos a ficar cegos para ler os “sinais dos tempos”.

Dá-se primazia a certezas e crençaspara robustecer a fé e conseguir uma maior coesão eclesial frente à sociedade moderna, mas com frequência não se cultiva a adesão viva a Jesus. Teremos esquecido que Ele é mais forte que todos nós? A doutrina religiosa, exposta quase sempre com categorias pré-modernas, não toca os corações nem converte as nossas vidas.

Abandonado ao alento renovador do Concilio, foi-se apagando a alegria em setores importantes do povo cristão, para dar passagem à resignação. De forma silenciosa mas palpável vai crescendo o desafeto e a separação entre a instituição eclesial e não poucos crentes.

É urgente criar quanto antes um clima mais amável e cordial. Qualquer um não poderá despertar no povo simples a ilusão perdida. Necessitamos voltar às raízes da nossa fé. Colocar-nos em contato com o Evangelho. Alimentar-nos das palavras de Jesus que são “espírito e vida”.

Daqui a uns anos, as nossas comunidades cristãs serão muito pequenas. Em muitas paróquias não haverá já presbíteros de forma permanente. Que importante é cuidar desde já um núcleo de crentes em torno do Evangelho. Eles manterão vivo o Espírito de Jesus entre nós. Tudo será mais humilde, mas também mais evangélico.

A nós pede-se que iniciemos já a reação. O melhor que podemos deixar de herança às futuras gerações é um amor novo a Jesus e uma fé mais centrada na Sua pessoa e no Seu projeto. O resto é mais secundário. Se vivem a partir do Espírito de Jesus, encontrarão caminhos novos.

COMMENCER A REAGIR

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jean Baptiste ne veut pas que les gens le prennent pour le Messie. Il connaît ses limites et il les reconnaît. Il y a quelqu’un de plus fort et important que lui. C’est lui seul que le peuple doit accueillir. La raison en est claire. Jean-Baptiste leur offre un baptême dans l’eau. Mais seul Jésus, le Messie, « les baptisera dans l’Esprit Saint et dans le feu ».

D’après un grand nombre d’observateurs, le plus grand problème de l’Eglise aujourd’hui est la “médiocrité spirituelle”. L’Eglise ne possède pas la vigueur spirituelle dont elle a besoin pour faire face aux défis du moment actuel. Et cela est de plus en plus patent. Nous avons besoin d’être baptisés par Jésus dans son feu et dans son Esprit.

Ces dernières années, la méfiance vis à vis de la force de l’Esprit et la peur de tout ce qui peut nous conduire à un renouvellement, sont allées en augmentant. On insiste beaucoup sur la continuité en vue de conserver le passé mais on ne fait pas attention aux appels de l’Esprit en vue de préparer l’avenir. Petit à petit, nous devenons des aveugles incapables de « lire les signes des temps ».

On donne la primauté à des certitudes et à des croyances en vue d’affermir la foi et d’atteindre une plus grande cohésion ecclésiale face à la société moderne, mais on cultive rarement l’adhésion vivante à Jésus. Avons-nous oublié qu’il est plus fort que nous tous ? Ce n’est pas la doctrine religieuse, exposée presque toujours dans des termes pré modernes, qui pourra toucher les cœurs et convertir nos vies.

Une fois disparu l’élan rénovateur du Concile, la joie s’est éteinte dans de très importants secteurs du peuple chrétien, pour céder la place à la résignation. De façon silencieuse mais palpable on voit croître la désaffection et la séparation entre l’institution ecclésiale et nombre de croyants.

Il est urgent de créer, le plus tôt possible, un climat plus aimable et plus cordial. N’importe qui ne pourra éveiller dans le peuple simple, l’enthousiasme perdu. Nous avons besoin de revenir aux racines de notre foi ; d’entrer en contact avec l’Evangile et de nous nourrir des paroles de Jésus qui sont « esprit et vie ».

Dans quelques années, nos communautés chrétiennes vont diminuer en nombre. Dans beaucoup de paroisses il n’y aura pas de prêtres en permanence. D’où l’importance de susciter dès maintenant un groupe de croyants autour de l’Evangile. Ce sont eux qui maintiendront vivant parmi nous l’Esprit de Jésus. Tout deviendra plus humble mais aussi plus évangélique.

Il nous est demandé de commencer déjà à réagir. Le meilleur héritage que nous puissions laisser aux générations futures c’est un amour nouveau pour Jésus et une foi davantage centrée sur sa personne et sur son projet. Tout le reste est secondaire. Si elles vivent dans l’Esprit de Jésus, elles trouveront des chemins nouveaux.

BAPTISM OF THE LORD

José Antonio Pagola. Translator: Valentín de Souza, S.J.

John the Baptist does not want the people to mistake him for the Messiah. He is aware of his limitations and recognizes them. There is someone more powerful and important than him, the only one whom the people must welcome. The reason is clear. John offers them a baptism of water. Only Jesus, the Messiah, “will baptize them with the Holy Spirit and with fire.”

According to many observers, the greatest problem of the Church today is “spiritual mediocrity”. The Church does not have the spiritual strength she needs to face the present challenges. It’s becoming increasingly clear. We need to be baptized with fire and his Spirit.

The lack of trust in the power of the Spirit and the fear of everything that can lead us to a renewal has been growing. There is much emphasis on continuity to preserve the past, but we aren’t concerned about the call of the Spirit to prepare for the future. We are slowly getting blind when it comes to reading “the signs of the time”.

Primacy is given to certainties and beliefs to strengthen the faith and to gain greater Church unity in relation to modern society, but sadly a stronger attachment to Jesus is not fostered. Have we forgotten that he is much more powerful than all of us? Religious doctrine, nearly always explained in pre-modern terms, does not touch our hearts or change our lives.

Having given up the spirit of renewal of the Second Vatican Council, the enthusiasm of important sectors of Christians has been dying out, to give way to resignation. In a silent but remarkable way the separation between the institution of the Church and a considerable number of believers has been growing.

We need to create without delay a more friendly and loving atmosphere. Not just anyone will be able to awaken in ordinary people the lost dream. We need to return to the roots of our faith; to put ourselves in contact with the Gospel; to nourish ourselves with the words of Jesus which are “spirit and life”.

Within a few years our Christian communities will become very small. In many communities there will no longer be resident priests. How important it is then, from now, to create a core of believers living a life inspired by the Gospels. They will preserve the Spirit of Jesus among us. Everything will be more modest, but also more in keeping with the Gospel.

It is up to us to begin already the renewal. The best gift we can leave as a legacy to future generations is a new love for Jesus and a faith centered more on his person and on his project. All else is secondary. If they live inspired by the Spirit of Jesus , they will find new ways.

HASI ERREAKZIONATZEN

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Joan Bataiatzaileak ez dio jendeari biderik eman bera Mesiasekin nahastu dezan. Badaki zein diren bere mugak eta onartu ditu. Bada bera baino indartsuago eta funtsezkoago bat. Hari bakarrik egin behar dio herriak ongietorria. Bistakoa da arrazoia. Bataiatzaileak ur-bataioa eskaintzen du. Jesusek, Mesiasek, bakarrik «baiatuko du Espiritu Santuaz eta suaz».

Behatzaile ez gutxiren ustez, Elizaren arazorik handiena gaur egun «eskastasun espirituala» da. Elizak ez du adore espiritualik gaur egungo kinkari aurre egiteko. Gero eta argiago da hori. Jesusek bere suaz eta Espirituaz bataia gaitzan behar dugu.

Azken urte hauetan haziz joan da Espirituaren indarrarekiko konfiantza-falta, eta berritzera eraman gaitzakeen ororekiko beldurra. Asko azpimarratzen da jarraikitasuna iragana gorde ahal izateko, baina ez gara arduratzen Espirituaren deia entzuteaz geroa prestatzeko. Pixkana itsu ari gara bihurtzen «aldien seinaleak» irakurtzeari dagokionez.

Lehentasuna ematen zaie ziurtasunei eta sineskizunei fedea indartzeko eta gizarte modernoaren aurrean eliz kohesio handiagoa lortzeko; baina, sarritan, ez da lantzen Jesusekiko atxikimendu bizia. Ez ote dugu ahazten ezen Jesus gu guztiok baino ahaltsuagoa dela? Erlijio-doktrinak, beti kategoria aurre-modernoetan adierazia den hark, ez ditu ukitzen bihotzak, ezta bihotz-berritzen ere gure bizitza.

Kontzilioaren arnasa berritzailea alde batera utzirik, itzaliz joan da poza kristau-herriaren garrantzizko sektoretan, etsipenari tokia uzteko. Era isil baina usaingarrian, haziz doa eliz erakundearen eta kristau ez gutxiren artean atxikimendurik eza eta bereizketa.

Premia gorrikoa da giro maitagarriago eta bihozkoiago bat sortzea. Edozeinek ezin esnatu izango du herri xumeagan galdutako ilusioa. Geure fedearen sustraira itzuli beharra dugu. Ebanjelioarekin harremanetan jarri beharra. «Espiritua eta bizia» diren Jesusen hitzez elikatu beharra.

Urte batzuen buruan, gure kristau-elkarteak oso txikiak izango dira. Parrokia askotan ez da jada apaizik izango, era iraunkorrean. Zein garrantzizkoa den Ebanjelioaren inguruan fededun-nukleo bat oraintxetik zaintzea. Horiek eutsiko diote bizirik gure artean Jesusen Espirituari. Apalagoa izango da guztia, baina ebanjelikoagoa ere bai.

Jadanik erreakzionatzen hastea tokatzen zaigu. Geroko belaunaldiei uzten ahal diegun ondarerik hobena Jesusekiko beste maitasun bat da, erdigunetzat Jesus bera eta haren egitasmoa duen fede bat. Gainerako guztia bigarren mailakoa da. Jesusen Espirituaz bizi badira, aurkituko dituzte bide berriak.

INICIAR LA REACCIÓ

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El Baptista no permet que la gent el confongui amb el Messies. Coneix els seus límits i els reconeix. Hi ha algú més fort i més decisiu que ell. L’únic a qui el poble ha d’acollir. La raó és clara. El Baptista els ofereix un baptisme d’aigua. Només Jesús, el Messies, els “batejarà amb l’Esperit Sant i amb foc”.

Segons el parer de no pocs observadors, el major problema de l’Església és avui “la mediocritat espiritual”. L’Església no té el vigor espiritual que necessita per enfrontar-se als reptes del moment actual. Cada vegada és més palesa. Necessitem ser batejats per Jesús amb el seu foc i el seu Esperit.

Aquests últims anys ha anat creixent la desconfiança en la força de l’Esperit, i la por a tot el que pugui portar a una renovació. S’insisteix molt en la continuïtat per conservar el passat, però no ens preocupem d’escoltar les veus de l’Esperit per preparar el futur. A poc a poc ens estem quedant cecs per llegir els “signes dels temps”.

Es dóna primacia a certeses i creences per enfortir la fe i aconseguir una major cohesió eclesial davant la societat moderna, però sovint no es conrea l’adhesió viva a Jesús. ¿Se’ns ha oblidat que ell és més fort que tots nosaltres? La doctrina religiosa, exposada gairebé sempre amb categories premodernes, no toca els cors ni converteix les nostres vides.

Abandonat l’alè renovador del Concili, s’ha anat apagant l’alegria en sectors importants del poble cristià, per donar pas a la resignació. De manera callada però palpable va creixent el desafecte i la separació entre la institució eclesial i no pocs creients.

És urgent crear com més aviat millor un clima més amable i més cordial. Qualsevol no podrà despertar en el poble senzill la il•lusió perduda. Necessitem tornar a les arrels de la nostra fe. Posar-nos en contacte amb l’Evangeli. Alimentar-nos de les paraules de Jesús que són “esperit i vida”.

D’aquí a uns anys, les nostres comunitats cristianes seran molt petites. En moltes parròquies no hi haurà ja preveres de forma permanent. Que important que és tenir cura des d’ara d’un nucli de creients entorn de l’Evangeli. Ells mantindran viu l’Esperit de Jesús entre nosaltres. Tot serà més humil, però també més evangèlic.

A nosaltres se’ns demana iniciar ja la reacció. El millor que podem deixar en herència a les futures generacions és un amor nou a Jesús i una fe més centrada en la seva persona i el seu projecte. La resta és més secundari. Si viuen des l’Esperit de Jesús, trobaran camins nous.

INICIAR A REACCIÓN

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O Bautista non permite que a xente o confunda co Mesías. Coñece os seus límites e recoñéceos. Hai alguén máis forte e decisivo do que el. E é o único a quen o pobo ten de acoller. A razón é clara. O Bautista ofrécelles un bautismo de auga. Só Xesús, o Mesías, os bautizará co “Espírito Santo e con lume”.

A xuízo de non poucos observadores, o meirande problema da Igrexa hoxe é “a mediocridade espiritual”. A Igrexa non posúe o vigor espiritual que necesita para enfrontarse aos retos do momento actual. Cada vez é máis patente. Necesitamos ser bautizados por Xesús co seu lume e o seu Espírito.

Estes últimos anos está a medrar a desconfianza na forza do Espírito e o medo a todo o que poida levarnos a unha renovación. Insístese moito na continuidade para conservarmos o pasado, pero non nos preocupamos de escoitarmos as chamadas do Espírito para prepararmos o futuro. Aos poucos estámonos quedando cegos para lermos os “signos dos tempos”.

Dáse primacía a certezas e crenzas para robustecer a fe e lograr unha maior cohesión eclesial fronte á sociedade moderna, pero con frecuencia non se cultiva a adhesión viva a Xesús. Esquecéusenos que el é máis forte do que todos nós? A doutrina relixiosa, exposta case sempre con categorías premodernas, non toca os corazóns nin converte as nosas vidas.

Abandonado o alento renovador do Concilio, hase ir apagando a alegría en sectores importantes do pobo cristián, para dar paso á resignación. De xeito calado pero palpábel vai crecendo o desafecto e a separación entre a institución eclesial e non poucos crentes.

É urxente crear canto antes un clima máis amábel e cordial. Calquera non poderá espertar no pobo sinxelo a ilusión perdida. Necesitamos volver ás raíces da nosa fe. Poñérmonos en contacto co Evanxeo. Alimentármonos das palabras de Xesús que son “espírito e vida”.

Dentro duns anos, as nosas comunidades cristiás serán moi pequenas. En moitas parroquias non haberá xa presbíteros de forma permanente. Que importante é coidarmos desde agora un núcleo de crentes en torno ao Evanxeo. Eles manterán vivo o Espírito de Xesús entre nós. Todo será máis humilde, pero tamén máis evanxélico.

A nós pídesenos iniciar xa a reacción. O mellor que podemos deixar en herdanza ás futuras xeracións é un amor novo a Xesús e unha fe máis centrada na súa persoa e o seu proxecto. O demais é máis secundario. Se viven desde o Espírito de Xesús, atoparán camiños novos.

Iglesia nuestra, ¿Quo vadis?

Publicado: 19 noviembre, 2012 en REFLEXIONES
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IGLESIA NUESTRA, ¿QUO VADIS?
LUIS CARLOS SAIZ FERNÁNDEZ, Comunidad en Búsqueda, luiskar@gmail.com
MADRID.

“Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.” (Plegaria eucarística V/b).

ECLESALIA, 19/11/12.- Siempre que he rememorado mi historia de fe he terminado dando gracias a Dios por el privilegio de sentirme “hijo del Concilio” (del Vaticano II, se entiende). Al nacer en 1972, quiero pensar que en mi infancia y juventud fue algo natural el encontrar laicos, sacerdotes y religiosos empapados hasta el tuétano de su espíritu. La fe que se me transmitía iba indisolublemente unida a la alegría, el buen humor y ¿por qué no? incluso la travesura sana, a la sencillez y cercanía de los testigos, al aprecio sincero de tantas posibilidades bellas que tiene nuestro mundo, a la solidaridad vivida como consecuencia directa del ser hermanos, a la experiencia litúrgica honda y creativa… y tantos etcéteras como queráis. Sabéis a lo que me estoy refiriendo. Aquella evangelización prendió en mí porque acompañó con respeto mi maduración personal, me ofreció un horizonte de sentido donde otras instancias se quedaban cortas y, en definitiva, se recogía y vivía lo mejor del ser humano tomando como referencia la vida y obra de Jesús de Nazaret. No hizo falta mucho más, así de ¿sencillo?

Han pasado cerca de 40 primaveras desde aquella experiencia primigenia que hasta hoy ha seguido alimentando, con caras diversas pero estilo siempre reconocible, mi apuesta por el Dios de Jesús. A mi lado se encuentran mis dos pequeños, de dos y cuatro años. Y cuando pienso en el entorno eclesial que paulatinamente va imponiéndose en nuestra sociedad, el tinte de fondo que previsiblemente mis chiquillos perciban en el futuro, no puedo sino constatar que nuestra Iglesia, nuestra querida Iglesia, ha virado el timón, ha modificado el plan estratégico, está dejando de confiar en la forma de presentarse al mundo que a mí me cautivó. Cierto será admitir que a mí me ganó, pero no a muchos de mis coetáneos. Somos pocos, sí, y cada día seremos menos durante algún tiempo. Sospecho que justamente esta patente “falta de eficacia” puede estar en la raíz del cambio de planteamiento. Son tiempos duros que parecen exigir repliegue, alta cohesión de grupo, coraje para vivir la fe en un mundo de lobos. La consigna sería: Si el mundo nos desprecia, dobleguemos al mundo con la fuerza de Cristo. Ese será nuestro martirio. Y así va transcurriendo el tiempo, con batallas parciales ganadas pero la sensación de que la guerra, si es que podemos denominarla así, se juega en otro lado. Mientras ante lo externo nuestra reacción habitual peca de defensiva, reticente por defecto, la descalificación mutua no resulta desgraciadamente una excepción entre las distintas sensibilidades de Iglesia. Aspiramos a mediar en la sociedad, a ser testimonio vivo de lo más santo que reside en el ser humano y, sin embargo, ¿no estamos en ocasiones demasiado lejos de encarnar para el increyente ese “mirad cómo se aman” tan fructífero en el pasado? Haciéndonos eco de la inquietud de Lohfink con la vista puesta en una actitud autocrítica constructiva, podemos preguntarnos ¿en qué medida nos acercamos a la Iglesia que Jesús soñó dejar como herencia al mundo? Cada cual puede (y debe) emitir su diagnóstico particular, para bien de la Iglesia y, por encima de todo, de las personas que nos miran. Puedo equivocarme, pero existe la posibilidad de que hoy Jesús pasara a nuestro lado y, al modo de aquel relato bien conocido con Pedro como protagonista nos expresara con una cierta tristeza: Iglesia mía, ¿adónde te diriges? ¿cuáles son tus verdaderas prioridades? ¿recuerdas mi invitación a ser “sal” y “luz”? Iglesia mía, ¿quo vadis?

A debatir estas cosas y disfrutar de la convivencia comunitaria dedicamos un grupito de creyentes todo un fin de semana del ya lejano mes de Junio en Mangirón, un pueblecito de la sierra madrileña. Tuvimos la suerte de contar con dos personas cualificadas para aportar su punto de vista con distintas perspectivas, que era de lo que se trataba. Los planteamientos de Raquel Mallavibarrena, laica y portavoz de Somos Iglesia y Redes Cristianas, se confrontaron con los de Ángel Cordovilla, sacerdote diocesano experto en teología dogmática y profesor en Comillas. Raquel reivindicó una Iglesia de iguales y de adultos, donde se abolieran los estamentos clerical/laical dando relevancia a los ministerios y carismas, donde se considerara al cristiano como último responsable de sí en aquellas esferas que le competen, donde se habilitaran más cauces a la expresión democrática y se abandonara el anacronismo del Estado Vaticano. Abogó también por una Iglesia que sea consecuente con lo que predica y que encarne los Derechos Humanos, que conceda un margen amplio a la investigación teológica y que anteponga la misericordia a la reprobación. Una Iglesia comprometida desde su raíz con la pobreza, sin apego a los poderes de este mundo. Por último subrayó la idea de Juan Martín Velasco de que el futuro de la Iglesia está en la comunidad, comunidades minoritarias pero significativas y creativas. Una llamada a “no apagar el Espíritu”. Por su parte, Ángel abordó su exposición desde otro ángulo, comenzando por reconocer que su discurso nace de su propia historia personal, parcial y limitada, pero lógicamente ligada a su ser sacerdote. Para él la Iglesia es una mezcla de Misterio y realidad histórica que no debe perder mucho tiempo en mirarse a sí misma. Es preciso ser fieles al origen y a la misión, la palabra clave sería “fidelidad”. Vivimos en un cambio de época donde todo está en cuestión, la crisis no es tanto de Iglesia como de Dios y de fe. Reconoce que el catolicismo vive aún en una estructura medieval que en un tiempo forjó una cultura, un espacio, un tiempo, pero que actualmente puede no ser idónea (por ejemplo, la parroquia se acomoda mejor a una sociedad agraria, ya minoritaria). La Iglesia está volcada a una Nueva Evangelización que trata no sólo de evangelizar a las personas o las estructuras, sino a los ambientes o escenarios: la cultura, la educación, la inmigración… Ángel considera que la reforma de la Iglesia ya se está produciendo, es permanente, aunque siempre se nos quede corta. Hay que reformar todo lo que impida la fidelidad a su naturaleza y dificulte su misión. Se debería trabajar paralelamente la reforma estructural y la conversión personal de sus miembros. Y nunca olvidar que “somos iglesia” por gracia.

Como veis, dos enfoques con acentos dispares que luego, en el tiempo de diálogo, se fueron aquilatando y contrastando. Obviamente no hubo consenso en todo lo que se discutió, que por limitaciones horarias tampoco fue en exceso extenso. Lo que para unos era materia reformable para otros era nuclear. Donde para unos el Pueblo de Dios representaba el último fundamento de la Iglesia, para otros la Sucesión Apostólica determinaba la garantía de una Iglesia verdaderamente conectada con su inspirador. Se apuntó como gran reto el hacer bueno el calificativo de católico = universal y el convencimiento general de que primero deberemos entender hacia dónde se dirige la sociedad para luego discernir el hacia dónde de la Iglesia.

En cualquier caso lo verdaderamente importante comenzó al término del diálogo. Doble banquete, para ser más exactos. Primero, el de la Eucaristía. Cada cual con su carisma y ministerio, nos dirigimos a alabar, compartir, dar gracias y, en definitiva, rememorar lo que nos vincula por encima de todo. Y segundo, no por ello menos importante, el de las ensaladas, el hornazo salmantino, la cervecita bien fría y la charla de todo un poco. Allí nos dimos cuenta de que, aunque podíamos seguir sin estar de acuerdo en algunos puntos de eclesiología, prevalecía sin rastro de duda la calidad humana de la gente y el saberse tocados por un mismo Dios. Dios que, en esencia, nos quiere y punto. Quisiera creer que en aquellas dos mesas con abundancia de viandas materiales y espirituales, aún permanece el rescoldo de lo que en mi juventud me ganó para Cristo y mañana ofreceré “con temor y temblor” a mis propios hijos. Y luego, que sea lo que Dios quiera… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

A LOS CINCUENTA AÑOS DEL CONCILIO
JOSEP GORNELLÀ, cornella@comg.cat
GIRONA.

ECLESALIA, 23/10/12.- Jueves 11 de octubre de 1962. Llovía a cántaros en Girona cuando salíamos de la escuela. Era el presagio de las graves inundaciones de aquella noche del Pilar. Mientras, las campanas de la catedral no paraban de repicar: en Roma empezaba un Concilio. Con doce años, sabíamos poco de aquel acontecimiento. Hoy, cincuenta años después de aquel día, también jueves, quiero evocar algunas pinceladas en forma de pensamientos y sentimientos relativos a un hecho que marcaría profundamente mi vida de creyente. Lejos de una aproximación teológica o de un análisis histórico, quiero aportar más una experiencia personal vivida y revivida lo largo de esta cincuentena.

¿Quien convocaba el concilio? El papa Juan XXIII había cautivado mi atención de preadolescente. Tras la anquilosada figura de Pío XII, llegaba un papa rechoncho, con un lenguaje que se hacía entender. Era un papa diferente. Era el Papa de la sencillez y de los gestos de proximidad. Con los años, he entendido que Roncalli fue un hombre de fidelidad extrema al Evangelio que predicaba. ¡Se lo creía! Y lo vivía con profundidad. Dicen que había hecho suya una frase “Dios lo es todo, yo no soy nada” y que la repetía a menudo. Y esta frase, lejos de anihilar-lo, le espoleaba a hacer aquello que entendía como voluntad de Dios por encima de formalismos y tradiciones. Él se sintió un instrumento en manos de la Providencia para acercar la iglesia, curvada por tantos años de inmovilismo, a sus raíces. No era fácil. Pero tenía el coraje de la fe.

Abrir las ventanas, ventilar el polvo. Fue una de las primeras expresiones de Juan XXIII al convocar el concilio. La comparación era muy casera: durante muchos siglos, decía el Papa, se ha ido depositando mucho polvo sobre el Evangelio, y el polvo dificulta su lectura. Había que abrir bien las ventanas sin miedo, era necesario que entrara el viento de fuera y ventilara todo aquel polvo. Había que encontrar de nuevo la sencillez del Evangelio. Había que prescindir de todo aquello que era superfluo. Los fieles tendrían acceso directo a la biblia. Y, sin miedo, se aplicarían las ciencias de la exégesis histórica sobre los textos sagrados para dar una respuesta a la interpretación. Nada se puede comprender si no se sitúa dentro del contexto en que fue escrito ni se conocen los objetivos que tenía el autor en redactarlo. No había nada que temer si se tenía confianza. No había que tener miedo al iniciar un diálogo entre la iglesia y el mundo si sabíamos de donde partíamos. No se podía tener miedo.

Contra los profetas de calamidades. Juan XXIII advirtió seriamente de los peligros que suponen los profetas de calamidades, aquellos que, desde el más reciente pasado hasta el presente, sólo saben ver inconvenientes y errores; aquellos que no anuncian más que desgracias como si estuviera ya a punto de llegar la destrucción del mundo. Este mensaje gana actualidad hoy, cuando, inmersos en una grave crisis que, más allá de la economía es también crisis de valores, surgen tantos profetas de calamidades que infunden miedos sin fundamentos a la población. No hace demasiados días, la conferencia episcopal española advertía sobre una retahíla de calamidades, muy lejos de aquel espíritu de confianza que tenía el Papa Juan en las palabras de Jesús cuando dijo que no nos abandonaría nunca.

Los signos de los tiempos. Es una de las grana aportaciones de Juan XXIII. Durante muchos años se había creído que, desde la muerte del último de los apóstoles, Dios ya no dirigía la palabra a la humanidad. Pero Juan XXIII apuesta por una revelación que sigue vigente: Dios sigue manifestándose a través de los signos del tiempo. De hecho, no es ningún invento: la advertencia sobre que hay que prestar atención a los signos del tiempo ya se encuentra en el mismo evangelio, cuando Jesús critica a los de su tiempo que, sabiendo como saben predecir si lloverá o si hará calor, no son capaces de entender su mensaje liberador. Sin embargo, seguimos sin entender los signos del tiempo. Y así nos va.

Aggiornamento. Fue un neologismo que adquirió carta de identidad. Había que ponerse al día. Había que dejar las viejas estructuras y actualizar el mensaje. Había que tener en cuenta que el mundo va a una velocidad y que la iglesia debe estar a la altura de las circunstancias para poder dar testimonio de su mensaje valioso. Si no, todo queda devaluado.

Y después… Juan XXIII murió al cabo de ocho meses de inaugurar el concilio. Su espíritu juvenil se ha ido diluyendo y perdiendo. El Concilio queda como un recuerdo histórico, pero no como un estilo de vida. La tradición vuelve tener primacía sobre el frescor del Evangelio, se han vuelto a cerrar ventanas, y vuelven los miedos. Proliferan los profetas de calamidades que, dentro de la iglesia, velan para no perder poder, y hay miopía para ver los signos de los tiempos de un mundo que pide una palabra de paz y de amor, de justicia y de esperanza, y de compromiso firme. Lejos del aggiornamento, siguen las ceremonias anacrónicas, y vuelven los ornamentos y el latín…. Como decía el malogrado cardenal Martini, doscientos años separan la realidad de la iglesia de la realidad del mundo. Pero agradezco, desde el fondo del corazón, haber vivido aquellos años de esperanzas y de utopías. Agradezco que, pese a la actual involución, el espíritu de aquel 11 de octubre, todavía me da fuerza para intentar seguir la utopía del Evangelio. ¡Gracias, querido Papa Juan XXIII por haber sido un profeta de buena voluntad! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia

A la orilla del camino

Publicado: 22 octubre, 2012 en DENUNCIA / ANUNCIO
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A LA ORILLA DEL CAMINO
CARMEN ILABACA HORMAZÁBAL, ccbilabaca@hotmail.com
CHILE.

ECLESALIA, 22/10/12.- Una madre al ver el negativo comportamiento de su hijo, se coloca muy triste y musita: “¿Qué habré hecho mal? Sin tener esta dolida madre culpa alguna… obviamente esto queda más para un estudio psicológico sobre maltrato, violencia, etc. Pero, esto mismo, me hace sentir a mí al ver cómo la gente se reúne a raíz de las diferentes celebraciones de los 50 años del Concilio; congresos de Teología en el Vaticano y también en Brasil…: este último, además, celebrando los 40 años de la Teología de la Liberación, lo que obviamente en el Vaticano no se tocó… ¡No!, mejor digo: ¡Quedó pendiente!

Las celebraciones por este hecho ha sido también en diferentes comunidades, donde los laicos, en su mayoría conformado por mujeres, han sido los protagonistas.

Cincuenta años… cincuenta años, medio siglo a la espera de ver resultados tangibles de este cónclave… “… quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia «en cuerpo», mas no «en corazón” (LG 14).

Nosotras hemos puesto el cuerpo y corazón en bien de nuestra querida Iglesia… se ha realizado un verdadero servicio diario por tantas mujeres que seguimos a este Señor de la Vida y de la fe.

En todas las reuniones que he participado, en su mayoría conformada por mujeres nos seguimos mirando… nos seguimos preguntando… ¿Y nosotras?

 “No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús» (Ga 3,28 gr.; cf. Col 3,11). (LG 32).”

Entonces, cómo podríamos entender el párrafo anterior… “…ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo…”.

Si este texto es de la Lumen gentium, documento de constitución dogmática de la Iglesia, aprobado, firmado, divulgado “a la grey”… por qué nos hacen sentir a nosotras a la orilla del camino… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Con cariño desde Chile,

Carmen.

Del 7 al 12 de octubre
CRÓNICA DEL CONGRESO CONTINENTAL DE TEOLOGÍA
Celebrado en San Leopoldo, Rio Grande do Sul, Brasil
MIGUEL ESQUIROL VIVES, esquirolrios@gmail.com
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 18/10/12.- Congreso que se realizó en San Leopoldo, a 30 km de Porto Alegre, en el Estado de Rio Grande do Sul, Brasil, del 7 al 12 de octubre de este 2012. Como motivo de los 50 años del Concilio Vaticano II y de los 40 de la Teología de la liberación.

Como aspectos destacados de este Congreso es, en primer lugar, su preparación a lo largo del año 2011, que con la animación y organización de Amerindia se tuvieron Jornadas teológicas por regiones que abarcaron todo el continente latinoamericano.

En el mismo Congreso se vio la enorme convocatoria al reunir alrededor de 750 participantes de todo el continente entre teólogos sacerdotes, algunos de ellos testigos vivos del Concilio, jóvenes, mujeres teólogas, teólogos de teologías emergentes como la teología india, feminista, ecológica… Y algunos de los padres, todavía vivos, de la Teología de la liberación. También asistieron unos 22 obispos entre Brasil, Chile y México y tres obispos anglicanos, que nos dirigieron palabras muy oportunas.

También la metodología del Congreso es importante de destacar ya que marcó el ritmo de las conferencias y de los talleres por temas específicos, que se tenían todas las tardes. Es el tradicional VER-JUZGAR-ACTUAR, pues se parte de la realidad vista y vivida y del contacto con los pobres y con el sufrimiento.

El 7 de octubre La conferencia inaugural fue a cargo de una joven teóloga, doctora en teología, Geraldina Céspedes y el teólogo Jon Sobrino sobre el tema “Un nuevo Congreso y un Congreso nuevo”.

El 8 de octubre, el Dr. Pedro Ribeiro de Oliveira nos habló sobre “La situación sociocultural, económica y política del Continente en el contexto mundial”. El Dr. Jung Mo Sung de la facultad metodista con su ponencia Economía y Teología. Y la conferencia sobre “Otro mundo es posible en el contexto latinoamericano” por el fundador de los Foros Sociales Mundiales, Prof. Chico Witaker.

El día 9 y después de un momento de oración, como todos los días, otras conferencias para reflexionar esa realidad del día anterior, el Juzgar, con eminentes teólogos como los profesores y doctores Victor Codina y Andrés Torres Queiruga con “Temas pendientes de la teología” y “Nuevos paradigmas de la teología” respectivamente. Y por la noche el Dr. Gustavo Gutiérrez “Una teología Latino-Americana: Trayectoria y Perspectivas”.

El día 10 Leonardo Boff sobre Ecoteología con toda su sabiduría y ciencia. Y el día 11 dedicado al Actuar, tuvimos como un verdadero broche de oro la ponencia del Dr. Joäo Batista Libanio de la Facultad jesuita de filosofía y teología de Belo Horizonte, que nos habló de Los Nuevos desafíos y tareas para la teología en América latina y el Caribe hoy, a partir de las contribuciones del Congreso.

Verdadera inyección de esperanza y entusiasmo en medio de la crisis que azota a las iglesias cristianas, en especial a la católica. Y en particular para la Teología de la Liberación. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

TEÓLOGAS EN EL REFECTORIO DE LOS MONJES BENEDICTINOS
Impresiones del Congreso Teológico Internacional “Las Teólogas vuelven a leer el Vaticano II: asumir una historia, preparar el futuro” celebrado en Roma del 4 al 6 de octubre de 2012 en el 50 Aniversario del Vaticano II
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 16/10/12.- Al llegar al Pontificio Ateneo S. Anselmo, bellísimo enclave monástico de monjes benedictinos, me dí cuenta inmediatamente de que el Concilio Vaticano II, que inició el Papa Juan XXIII en el año 1962, y del que celebramos este año el 50 aniversario, era la causa inicial de que este Congreso de teólogas se pudiera estar celebrando en semejante espacio.

Me comentaron que hasta principios de los años setenta,  ninguna mujer había entrado en los metros cuadrados de este monasterio benedictino masculino. En los días que ha durado el Congreso, el gran refectorio (comedor de los monjes) se ha convertido en sala de conferencias para acoger a más de doscientas teólogas de veintidós nacionalidades: Argentina (3), Austria (1), Australia (2), Brasil (2), Canadá (2), Chile (1), Colombia (1), Croacia (3), Francia (4), Alemania (3), Italia (136), México (5), Nicaragua (1), Noruega (1), Paraguay (1), Perú (1), Rumania (3), España (43), Suiza (1), Reino Unido (8), USA (3), República Dominicana (1),

Como mujer me siento agradecida a Dios, a los padres conciliares y a los monjes benedictinos por este detalle que, como tantos otros que se introducen en la vida y dejan no llaman la atención, pero que no hay que perder de vista sobretodo pensando en lo que todavía queda pendiente después de cincuenta años del Vaticano II y hay que seguir en la brecha.

Si el espacio del Congreso me llevó a esta primera e inocente reflexión, qué decir del hecho de ver aquella gran sala llena de mujeres teólogas, muchas de ellas catedráticas en diferentes universidades del mundo. También me alegró ver la presencia de algunos hombres en este Congreso, tanto asistentes como ponentes de algunas charlas. Al fin, de lo que se trata es de caminar juntos.

Las 15 ponencias han tratado de transformaciones en la Iglesia y en el mundo en estos años, de antropología, relaciones eclesiales, instituciones, temas ecuménicos, cambios culturales, comunicaciones, etc. desde la perspectiva femenina en la Iglesia y en el mundo.

La presencia académica femenina en la Teología es un hecho sin retorno, pero además tiene por delante un camino que, como todo lo que es vida, no puede quedarse anclado en los logros y los reconocimientos, ni en los rechazos o zancadillas, sino avanzar haciendo posible que la mujer sea ciudadana de pleno derecho en la tierra como en el Cielo.

A continuación comparto algunos apuntes rápidos tomados en las conferencias

–          “Contra el poder, desafiar el sentido común: soñar y creer, crear lo que creemos y soñamos”

–          “La espiritualidad avanza a pasos agigantados, no así la teología”

–          “La teología feminista ha recuperado la conciencia de las mujeres sobre su noción de dignidad”

–          ¿Por qué se habla de toda la Iglesia si no está representado el 50% de la Iglesia?

–          “Hombres y mujeres son iguales, toda discriminación está contra el plan de Dios”

–          “Hay una dimensión moral en el trato de las mujeres en la Iglesia”

–          “Queda mucho por hacer para aumentar la autoridad de las mujeres en la Iglesia”

–          “En el Concilio de Nicea ya hubo participación de las mujeres”

–          “La mujeres fueron invitadas a participar en el Vaticano seis días después de empezar el mismo. No obstante, fue un paso importante, aunque tomado a toda prisa”

–          “Algunos padres conciliares habían solicitado  la participación de los laicos,

hombres y mujeres, que  participaron como auditores y en los ritos solemnes”

–          “Una mujer que fue invitada a participar, preguntó: ¿En qué reuniones puedo participar? Le contestaron: Sólo en las que afecten a las mujeres. Ella contestó: Bien, entonces, podré participar en todas”.

–           “La Iglesia puede aprender de las mujeres que enseñan con autoridad en nuestro tiempo”

–          “El magisterio es el arte de enseñar con autoridad”

–          “Magisterio, cuestión de qué y no de quién”

–          “Teología y Doctrina es el medio con que la Iglesia evoluciona con la Historia”

–          “La participación de las mujeres en la Iglesia se da desde el primer día de la creación de esta”

–          “Jesús fue ayudado por muchas mujeres que iban con Él”

–          “Desde el principio de la vida apostólica hubo mujeres: maestras, discípulas, profetas…”

–          “El magisterio debe involucrar a todo el pueblo de Dios” “Debe escuchar a las mujeres”.

–          “El Papa Benedicto XVI dijo refiriéndose a otras religiones: “No hay que tener celos”. Esto vale igual para las mujeres”

–          “El Papa Pablo VI, al ver a una auditora del Concilio, en una reunión con todos los auditores le dijo: “¡Ah, nuestra colaboradora!”

–          “Muchas voces de mujeres en la teología se consideran con sospecha”

–          “Teología: como ciencia (investigación) y como servicio a la Iglesia, aunque el resultado no esté de acuerdo con lo que dice la Iglesia, como ocurrió antes del Concilio con teólogos como Rahner, Congar, Lubac…

–          “La crítica a la Iglesia nunca ha sido bienvenida”

–          “Las mujeres han ejercido el magisterio en el servicio pastoral y en la enseñanza”.

–           “El Vaticano II tiene un futuro para los que nos siguen. Hay que contar el Vaticano II sino morirá con nosotros”

–          “Hay que seguir adelante más allá de las dificultades del momento”

–          “Se habla demasiado de las mujeres y sucede lo que decía Aristóteles: que cuando un modelo se llena de contenidos ya no sirve como modelo universal”

–          “Prevalece la idealización de la mujer, la exaltación de lo materno”

–          Situación ambivalente: por un lado se alaba a la mujer y, por otro, no se acepta en espacios eclesiales y políticos”

–          “Hay que llegar a comprender cual es el miedo que provoca lo femenino, para llegar a una justicia social”

–          “Concilio: todos los fieles y no sólo los obispos son responsables de su fe, conferida en el bautismo”

–          “La conciliaridad debe suceder no sólo a nivel eclesial sino también a nivel local, regional, universal, ordenes religiosas, etc”

–          “Situar otra vez a Cristo en el centro, no sólo en la espiritualidad sino también en la teología”.

–          “Se pide a la Iglesia que presente y hable de Dios y no tanto de la Iglesia”.

–          “La Iglesia ha de ser signo de los tiempos compartiendo con otras Iglesias que pueden tener otras perspectivas”

–          “Ha de considerar el tema de las mujeres como prioritario, tomando en cuenta los dones de las mujeres. Tiene que ser la Iglesia de todo el pueblo de Dios”

–          “Hay que predicar el evangelio de manera creíble”

–          “Ante los cambios no se puede ser sólo observador”

–          “El empuje de Pedro se quedaría en nada sin Cristo”

–          “La confianza debe estar presente”

–          “La profecía es en nuestros días, más que nunca, cosa a ver de forma personal y comunitaria”

–          “Se pide al Sínodo que se plantee que la infecundidad de la evangelización hoy es un tema de espiritualidad y compromiso”

–          “La situación actual es complicada y compleja, y mucho más para la mujer”

Por último, quiero resaltar escuetamente, lo que dijo una joven teóloga italiana (Simona Borello) en su ponencia “La tensión intergeneracional”:

–           “¿Quiénes serán nuestros compañeros de viaje?”

–          “La Iglesia ha de cambiar el lenguaje para hacer llegar el mensaje de Jesús a las nuevas generaciones”

–          “Los textos del Concilio habrán de ser leídos de otra manera, de forma que se entiendan”

–          “Lugares de misión: nuevas tecnologías”

No puedo dejar a un lado algo que he echado de menos en el Congreso: alguna ponencia sobre la Teología de la Liberación a cargo de teólogo o teóloga de Latinoamérica. Se me hace extraño ya que esta teología es fruto del Vaticano II y en cuanto a la incidencia en la vida de las mujeres de los países comprendidos entre la frontera del Río Bravo y la Tierra de Fuego, es vital. Sin olvidar la opción por los pobres y su causa, que tiene en su haber mártires venerados por el pueblo sencillo, como Mons. Romero, y miles “sin nombre” para nosotros pero bien escritos en el corazón de Dios.

Me hubiera gustado más tiempo para la palabra y el debate y también, sin duda, la celebración de una Eucaristía donde ofrecer lo vivido y pedir alegría y energía para lo que habrá que vivir.

El último día por la tarde asistimos a una sencilla obra de teatro “Il papa, la carezza , la luna” en donde quedó reflejada la personalidad del Papa Juan XXIII y su inspiración para convocar el Concilio. La teología de la Liberación tuvo su especial homenaje. Me alegré.

Un momento especialmente interesante del Congreso fue el testimonio de algunas personas que participaron. Hubo 23 mujeres, entre ellas María Luz Longoria de Alvarez Icaza, mexicana, casada y madre, entonces de 12 hijos (luego tuvo dos más) fue invitada junto a su marido, como representantes de una asociación católica de familia y matrimonio. Habían hecho una encuesta en su país recogiendo más de 20.000 respuestas de matrimonios católicos: el trato a los divorciados y la aprobación de los métodos anticonceptivos fueron votados masivamente como temas que debían ser tratados y cambiados en la Iglesia.

Contó, Mª Luz, una anécdota interesante que ocurrió gracias a que un obispo de Canadá le pidió que intercediera a la hora de tratar el tema del matrimonio, para que se cambiara el segundo fin del matrimonio “como remedio para la concupiscencia”… (aquí hubo carcajada general en el auditorio) y se pasara a considerar que la sexualidad es medio para el aumento del amor entre marido y mujer. Mª Luz pidió la palabra tímidamente, pues era la única esposa y madre ante cardenales, obispos y teólogos y les dijo que pensaran en sus madres, considerando si cuando ellos fueron concebidos, se plantearon el hecho como concupiscencia o bien por el amor entre sus padres. Cuando acabó de hablar, reinó un gran silencio seguido de un intenso debate. Ella no entendió nada porque hablaban en latín. Al final la enmienda fue aprobada. Creo que el Espíritu Santo sopló suavemente a Mª Luz para que hablara a los padres conciliares de la sencilla teología de la vida, la familiar, la doméstica, la del amor de los que se aman que no es “terapia anti-concupiscencia”.

Queda un año por delante para celebrar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, será un tiempo bueno para seguir investigando a nivel teológico en los documentos; también de forma personal como bautizados y de forma comunitaria: en nuestros grupos de oración, animando al debate a los jóvenes, compartiendo con sacerdotes, religiosos y religiosas, monjes y monjas… todos.

Hay mucho por hacer y está escrito en los documentos conciliares… sacudamos el polvo y que se abran las ventanas para que entre el Espíritu que movió al Papa Juan XXIII a convocar el Concilio Vaticano II y nos anime a todos a seguir adelante perdiendo el miedo a los cambios, nos aumente la Fe, sin dejar atrás la Esperanza y el Amor: es un trío que siempre va junto.

Desde aquí quiero agradecer a las teólogas italianas y a todas las personas que se han ocupado de la logística del Congreso, su dedicación, trabajo y buen hacer. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).