Posts etiquetados ‘Esperanza’

No retrocederemos Rambla arriba

Publicado: 4 septiembre, 2017 en REFLEXIONES
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KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 04/09/17.-  Debiera preñar al alma de más silencios. De buena mañana ya sentí los dedos agitados, urgidos de teclado, apremiados por seguir cantando a la vida en su ya maduro estío. Silencio nutricio, colmado de aliento y buena nueva, bendita aurora. Tras largos días de silencio, me acerco impaciente a la palabra madurada, fecundada en esperanza.

La noche sólo amagó a la orilla del Mediterráneo… Sigue habiendo un sitio para todos en las Ramblas del encuentro, del mestizaje; sigue habiendo un sitio para todos en las avenidas de la paz y la concordia. Las Ramblas nos siguen empujando al mar, nunca a la caverna y su infierno. La civilización se levanta en la arena templada. El plan es de avanzar hacia el abrazo, nunca hacia el choque. Itaca es la unión y la confraternización, nunca el odio y la confrontación. Las Cariátides drapeadas seguirán sosteniendo un templo que acoge todas las salmodias.

Podamos unirmos siempre, no sólo en la hora amarga. Podamos unirnos cuando el atentado, pero sobre todo cuando calla el estruendo, cuando las furgonetas respetan los carriles. Podamos unirnos más allá del dolor, podamos unirmos al clarear el día y al caer la noche. Podamos unirnos cuando la sangre en las Ramblas, pero sobre todo cuando las avenidas desbordan vida. Podamos unirnos no importa la camiseta de fútbol, no importa el latido del corazón, no importa el acento de los labios…

Podamos unirnos siempre el mar y la montaña, el centro y la periferia, la cruz y la media luna, la brisa y el cierzo, la tierra firme y las estrellas que ahora lloran y titilean… El dolor trae ya su recompensa en forma de corazones y voluntades acercados. Mañana la unión y la cooperación no salgan tan caros… “¡No hay banderas, no hay banderas!” gritaron  en Barcelona cuando alguien quiso esgrimir la suya con la intención de sacar partido… Perdure el empeño unitario.

No retrocederemos Rambla arriba… Las Ramblas nos sigan acompañando a un Mediterráneo en el que nos volvamos a encontrar, comerciar y civilizar. La barbarie nunca podrá con la civilización, con lo que hemos ido construyendo con barro y mármol, con brisa y respeto. A la vera del mar inmenso nos seguiremos encontrando, nunca arrollando… Gracias Barcelona por esta lección que no olvidaremos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Preguntas

Publicado: 30 junio, 2017 en REFLEXIONES
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faqPREGUNTAS
Ejercicio espiritual
GUILLERMO OROZ ARAGÓN, Fraternidad de laicos cistercienses del Monasterio de La Oliva, guillermomertxe@hotmail.es
NAVARRA.

ECLESALIA, 30/06/17.- ¿Os he dado alguna vez las gracias por cuantas preguntas me habéis hecho? En un diálogo, las preguntas son el puente entre las voces, la confluencia de corazones, el destello de luz compartida. Todas y cada una de ellas me han hecho crecer, aun la que parecería más trivial. Porque cada pregunta viene cargada de matices, unas de cariño, otras de atención o de interés, e incluso algunas de desafío… Unas he contestado, otras aún no he sabido, quizá nunca sepa contestarlas…

¿Cuántas preguntas hemos dejado de hacer no pocas veces? Flores que no hemos plantado en los campos del diálogo. La pregunta verdadera tiene siempre el aroma de la humildad: es el reconocimiento de nuestra ignorancia y el de la capacidad de nuestro hermano para ayudarnos. La pregunta es una frase inconclusa, un verso que busca palabras de otro para dar cumplimiento a su belleza y su mensaje.

La pregunta tiene el color del respeto infinito por la libertad del otro.

¿También vosotros queréis marcharos?

Jesús es un Dios que pregunta. Son infinidad las veces que Jesús se acerca al hombre y le interroga. Desde el “¿qué buscáis?” inicial en Juan, o la triple interpelación a Pedro de “¿me amas?”, o el clamor al Padre “¿por qué me has abandonado?”; o la delicadeza con el ciego en la piscina de Betseda “¿quieres recobrar la salud?”.

El, que es Verdad, Camino y Vida, también se compone de preguntas.

¿Aún no entendéis?

Pero la pregunta tiene su final, su conclusión, su meta: la respuesta. Supremo acto de libertad y amor.

Desde el inicio, aún en el paraíso, Dios busca al hombre con una pregunta: “¿dónde estás?”. Dios nos busca, siempre es el primero en dar el primer paso. Es Él quien nos ha elegido, no nosotros a Él. Nosotros somos respuesta a esa pregunta primordial y primigenia. O no somos nada.

¿No os he elegido yo a vosotros?

Pero también somos un montón de preguntas. ¿Cuántas no guardamos en nuestro interior, incluso con rabia? ¿Cuántas no nos gustaría hacerle a Dios mismo? Pero la respuesta, si tiene que llegarnos, lo hará cuando nuestro corazón esté preparado para escucharla; ni un instante antes, ni un instante después. Por eso, cuando no podamos vivir las respuestas, vivamos las preguntas. Sin miedo, sin angustias, en actitud de espera y confianza.

“Sé paciente con todo lo que aún
no está resuelto en tu corazón…
Trata de amar tus propias dudas…

No busques las respuestas
que no se pueden dar,
porque no serías capaz de soportarlas.
Lo importante es
vivirlo todo.

Vive ahora las preguntas.
Tal vez así,
poco a poco,
sin darte cuenta,
puedas algún día
vivir las respuestas.”
Rainer María Rilke.

También nosotros somos una pregunta que hacemos a Dios y esperamos respuesta. Él ya nos ha respondido y nos responde cada día, pero a menudo estamos demasiado ocupados en nuestro ruidoso mundo para escuchar. Jesús es la respuesta de Dios a nosotros.

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

Tanto en el evangelio de Lucas como en el de Juan, las primeras palabras de Jesús son una pregunta; en el de Lucas, incluso las primeras tras la resurrección lo son  también. En cierto sentido, cada Evangelio es una interrogación que Dios nos hace a cada uno de nosotros.

¿No habéis leído…? ¿A quién buscáis? ¿Crees esto? ¿Comprendéis lo que he hecho? ¿Por qué me pegas? ¿Por qué lloras? ¿Por qué tenéis miedo? ¿Quién me ha tocado? ¿Qué queréis que os haga? ¿Quién decís que soy yo? ¿No habéis podido velar una hora conmigo? ¿Os faltó algo? ¿Me amas?, ¿me amas?, ¿me quieres?

¿Somos capaces de contestar a algo de todo eso? Pues mucho más es lo que Jesús nos pregunta desde su evangelio y desde nuestra vida.

Quizá estemos demasiado seguros de nuestras certezas muchas veces y debamos regresar a las preguntas como quien regresa al hogar y a la infancia. Para no encorsetar al Espíritu, para dejar a Dios ser Dios.

¿Dios es una pregunta?

 Ante la inmensidad de Dios, en bondad, en verdad y en belleza, siempre hay algo que se nos escapa, que se nos refugia en el Misterio: ahí sólo podemos asomarnos apoyados en la muleta de un interrogante.

Pocas grafías hay tan hermosas como el interrogante  “?”.

¿Por qué molestáis a esta mujer?

La pregunta está empapada de ternura y delicadeza. Es imposible el diálogo sin preguntas; es imposible que un niño hable con su padre sin preguntas, ni un amigo con otro amigo, ni un esposo con su esposa. No es posible el amor sin preguntas. No es posible la oración sin preguntas.

Ya llegará el Día del Señor, el día de la Gran Respuesta. Pero hasta entonces las preguntas son parte de nuestro vivir la verdad en los caminos, como son parte de quien es Camino, Verdad y Vida.

Dice Jesús que los niños, y sólo ellos y quienes son como ellos, entrarán en el Reino. ¿Y no es el niño quien domina el arte de preguntar?, ¿no es el niño quien vive perpetuamente instalado en la pregunta? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

EL ESPÍRITU DE PENTECOSTÉS
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 05/06/17.- La gran Pascua del Espíritu Santo culmina un tiempo espectacular en el que Dios se hace presente, primero como uno de nosotros para después regalarnos su Espíritu que nos ha sido revelado en comunión con el Padre providente. Tres personas de un mismo Dios amor que se hacen presencia transformadora cuando vivimos de una determinada manera pero nunca a través de los razonamientos.

La iconografía no ha estado nada afortunada con el Espíritu Santo: una paloma o, peor aún, “el ojo que todo lo ve” dentro de un triángulo equilátero. Pobres imágenes para describir una realidad de Alguien que nos desborda por completo, y que fue el gran protagonista de la transformación de los discípulos en aquél día de Pentecostés (por aquello de que se celebra el quincuagésimo día desde la Pascua de Resurrección).

Anteriormente, Jesús lo había recibido en su bautismo del Jordán con el Padre como protagonista principal. Así es como el Espíritu se presenta en la historia de la salvación aunque siempre ha estado ahí, insuflando amor en forma de fortaleza, paz, alegría, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio de sí mismo, como proclama San Pablo en su carta a los Gálatas. Su presencia en inversamente proporcional a su popularidad; yo me atrevo a decir que el Espíritu Santo es el gran desconocido, en buena parte por esa incapacidad que tenemos para imaginarlo desde categorías antropomórficas y ontológicas diferenciadoras tan del gusto de los griegos de aquellos primeros años de cristianismo.

Se nos ha regalado la experiencia del Espíritu, presente en toda la historia de la salvación y especialmente en el evangelio de Juan y los Hechos de los Apóstoles. Más tarde, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino dieron forma a los dones del Espíritu haciendo del cristiano una persona rica en virtudes y frutos que se resumen en el don de ver con los ojos de Dios y actuar en consecuencia. Y nadie como San Juan de la Cruz  ha sabido evocarle.

Toda la historia de la salvación está atravesada por la gran corriente del Espíritu de Dios que se impregna en nosotros. Es la fuerza del amor en la historia que actúa en un mundo que no puede redimirse ni humanizarse por decreto, por muy católico que sea. Un mundo necesitado de sentido pleno y total y cuya manifestación se nos revelará en toda su plenitud solo cuando pasemos al otro lado del muro.

Hasta entonces, es hora de actuar en el tiempo en que nos ha tocado vivir para transformarlo en otro Pentecostés, más allá de una fecha concreta, invocando que nos dé esperanza y fuerzas ante la gran conversión eclesial que tenemos pendiente sobre todo en los países ricos para cambiar la actual imagen de Dios, demasiado difuminado entre tanto materialismo indiferente. Aquellos primeros seguidores se distinguían a la legua por sus hechos; en ellos habitaba con fuerza el Espíritu Santo y no se detenían ante las enormes dificultades que surgían de su compromiso por la implantación del Reino. Aquí estamos hoy muy lejos de aquello.

Ante nuestra cojera religiosa con el Espíritu, quiero acabar esta reflexión como oración estimulante que Xabier Pikaza traza sobre la Tercera Persona de la Trinidad: El Espíritu pertenece a la intimidad de Dios, no es cosa de Ley sino Dios regalo que nos hace vivir gratuitamente en su presencia sin imponerla a la fuerza. Es poder y presencia del Reino, no solo promesa de futuro sino experiencia actual de perdón y acogida gratuita, es amor creador, amor ofrecido a todos los humanos sin distinción de raza o pueblo, no como globalización impuesta a favor o desde los prepotentes del sistema. No es un don que Dios nos da, sino Dios mismo que es don y espera nuestra respuesta (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Hay vidas y vidas

Publicado: 28 abril, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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eclesalia@eclesalia.net

HAY VIDAS Y VIDAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 28/04/17.- Hay vidas que conociendo a quien la vive y reconociendo que la vocación, la misión, la entrega y el amor son la constante de cada instante de su vida, que se vive al margen porque se situó, hace ya muchos años, en los márgenes que viven los que no parece que importe a nadie que vivan o no vivan. Hay vidas y vidas.

He recibido el correo electrónico de un buen amigo que desde uno de los márgenes o periferias del mundo (viene de la República Centroafricana) y lo he leído con rapidez primero, y poco a poco después. Cada letra ha sido tecleada a la carrera, sin saber muy bien si podría enviarlo o no.

Me retiro, en silencio, para que la palabra de mi amigo pueda sonar en muchos corazones, al menos para acercarnos a su vida y los que parecen ser invisibles, como tantos otros, en el mapa del mundo, en la responsabilidad de las naciones y en los corazones de quienes todo esto nos pilla lejos, o ya no tan lejos aunque no lo queramos ver.

Escribe mi amigo (*1):

“He leído tu mail con retraso porque he estado fuera de cobertura durante toda la Semana Santa y unos días más. El domingo de Ramos estuve en la Catedral de Bangassou y el martes tuvimos la misa crismal con una parte de mis curas. El miércoles ya te digo que me fui a una zona de alto riesgo, con muchos rebeldes armados rondando y la gente muy asustada. Fui a pasar la Semana Santa con ellos para pacificar el ambiente y que los rebeldes nos dejaran recomenzar la escuela, que no dispararan para no amedrentar a los niños y normalizar la vida de la misión y del pueblo. A la siguiente no pude pasar porque la pista estaba muy peligrosa y todos me decían de no tentar al diablo que nadie había pasado en varias semanas. Muchos musulmanes han muerto en estas semanas, asesinados por gente violenta. El Jueves Santo quise lavar los pies a un musulmán, un poco como para lavar esa sangre inocente derramada. Me he traído un niño de 10 años a quien le han matado a la familia. Lo tengo donde las monjas hasta que encontremos restos de su clan itinerante que andará huyendo por la selva.

El Viernes Santo me fui a una comunidad en plena selva. Había un grupo de viudas a las que les habían matado a los maridos delante de ellas unos días antes, amarradas las manos  con una cuerda a la espalda, les volaron la cabeza simplemente por no tener dinero que dar a estos paramilitares sin escrúpulos. Ellas habían huido cinco kilómetros hasta llegar a donde yo estaba y no paraban de llorar. Pero es que desde la primera lectura de ese Viernes Santo empezó a llover y diluvió hasta el final de la oración de la Pasión. Yo no podía abrir boca porque el ruido de la lluvia sobre las planchas de zinc me lo impedía. Dios amordazó nuestras bocas llorando a cántaros desde el cielo contra la barbarie que esos criminales habían cometido en ese pueblo de 50 habitantes.

El Sábado Santo estuve negociando con otros rebeldes menos armados, que dan caza a los primeros, para que dejaran a las Franciscanas y a los dos curas de recomenzar la escuela. Aceptaron. Mañana iré a otra zona de la diócesis donde otro grupo de rebeldes han ocupado la escuela y violan a las mujeres del pueblo a su antojo. Me quedaré allí hasta el domingo, no sé si podré enviarte este mail mañana antes de irme.

He pedido a la fuerza de la ONU, la Minusca, que me acompañe, pero me dicen que no han recibido órdenes de sus mandos. La ONU no encuentra países con soldados disponibles que quieran venir a Centroáfrica.

Vivo todo esto desde la serenidad sabiendo que Dios llora en las guerras y nos acompaña con su presencia invisible. La semana que viene tendremos una peregrinación de tres días que termina con una ordenación sacerdotal. Viviremos otra vez en zona de alto riesgo pero abrigados bajo el manto de la Virgen María.

Acabo de leer tu libro “Misión Compartida (*2) entre negociaciones con rebeldes. Me ha gustado mucho cómo escribes. No me acordaba del “Pacto de las catacumbas” y me parece un gesto profético de Helder Cámara y los suyos. Usas expresiones que yo uso también como “reciclar la violencia” o “dar o darse” (…) Echo de menos que no hables de los curas de parroquia. Los míos viven como columnas de bronce en zonas muy complicadas. Hay uno que llevo sin verlo dos meses y sigue allí con su pueblo en unión de desasosiegos e incertidumbres, de matanzas y esperanzas. En fin un trinomio muy interesante laicos, monjes y pobres. Mis pobres son míseros y zarandeados por la vida, son familias enteras al borde de la exterminación y me impresiona siempre cómo nunca pierden la esperanza. La lucha del vivir día a día, a contracorriente pero sin perder la esperanza… Mil abrazos y feliz tiempo de Pascua.

Unidos en la oración. Yo me aíslo en una colina y rezo. Hago como la rana, que pasa desde la agitación de la superficie a la tranquilidad de la profundidad con solo dar un salto y allí carga las pilas para poder volver a la superficie, a su bregar cotidiano, aunque sea en zona de alto riesgo, en la boca del lobo y corriendo sobre el filo de una cuchilla. Hasta la próxima, Juanjo Aguirre”

¿Cómo puedes leer, rezar, recoger, acompañar, negociar, reclamar, recordar, mandar recuerdos, abrazos en medio de toda ese sufrimiento y violencia? Sí, ya sé, como la rana y sin perder la esperanza.

Que tus palabras llenas de profunda experiencia ayuden a transformar corazones por este lado del mundo. Gracias y hasta la próxima, siempre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(*1) Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, República Centroafricana

(*2) “Misión Compartida – Laicos, monjes y pobres – ¿Unidos o hundidos?” (Ediciones   KHAF)      

8462579000_bac1747e52_zDE LA DESESPERANZA A LA VIDA
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 26/04/17.- Amigas y amigos: Experimentar en nuestras vidas la Resurrección es un proceso parecido al de los discípulos de Emaús. Con la Palabra y el Pan, pasamos de la desesperanza a la vida.

En la Escuela, recomendamos la segunda parte de la conferencia de Andrés Torres Queiruga: La Resurección (II), para quien quiera escucharla de nuevo o no haya tenido la ocasión.

En el tablón de anuncios podéis ver el borrador del programa de las III Jornadas sobre Fe, Orientación Sexual e Identidad de Género que tendrán lugar en Madrid los días 12 y 13 de mayo.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Lc 24, 13-35. Los dos de Emaús. Quédate con nosotros, que está atardeciendo… Se les abrieron los ojos y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén.

Vicente Martínez: ¿Cuándo y en qué nos reconocen? Los dos discípulos de Emaús no hubieran podido reconocer al Señor resucitado en la “fracción del pan”, si antes no hubieran hecho cosas para ello: acogerle como compañero de camino, escuchar su Palabra, y mantener los ojos bien abiertos.

José Luis Sicre: Del desencanto al entusiasmo. Lo propio de este relato es que a la certeza en la Resurrección se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.

Fray Marcos: Vivir lo que vivió Jesús es la pascua. Encontrar a Dios en el otro es la clave para pasar de la muerte a la vida, es decir, resucitar.

José Antonio Pagola: Acoger la fuerza del evangelio. Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados.

Marta García: Ni se molestaron en comprobarlo. Los discípulos de Emaús, a diferencia de otros, no se molestaron en ir a comprobar al sepulcro lo que las mujeres estaban diciendo.

Artículos seleccionados para la semana

Juan Zapatero: ¡Feliz Pascua! Por ello, en este tiempo quiero felicitar la Pascua de manera especial a todas las personas y organizaciones que se dedican o hacen alguna cosa contra la esclavitud de estos inocentes.

Gabriel Mª Otalora: Encuesta reveladora. En palabras del profeta Pedro Casaldáliga, es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco.

Jose Arregi: La Pascua del desarme. Estuve en Bayona para recordar con pena a las víctimas de la violencia injusta de connotación política desde 1960, a todas y cada una de ellas.

José Manuel Vidal: Jim Keenan, sj: “En este momento de confusión, el Papa está levantando una Iglesia como un faro en las tinieblas”. No es el momento para la figura mítica solitaria: es un momento para un liderazgo solidario. Creo que este es el liderazgo al que llama el Papa.

Josean Villalabeitia: Yo, mí, me, conmigo. La humanidad ha tratado de buscar a Dios en sitios diversos, pero nuestra fe cristiana lo ha encontrado siempre en el hermano.

Enrique Martínez Lozano: El ego se apropia también del compromiso (I). En el caso que nos ocupa, me resulta obvio que espiritualidad y compromiso se requieren mutuamente: una sin otro, otro sin una, deforman lo real y se mutilan a sí mismos.

Religión digital: No hay un solo cristiano en todo Marruecos que no sufra. Los cristianos del país reclaman derechos. Entre sus demandas figuran el matrimonio civil y una educación laica.

José Mª Castillo: La iglesia que queremos y necesitamos. Recuerdo de Alberto Iniesta. Alberto Iniesta fue destacado obispo conciliar, humilde y valiente.

Noticias de alcance. El Papa apuesta por la desclericalización de las órdenes religiosas.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 2, 14 y 22-23. Dios resucitó a Jesús nazareno y todos nosotros somos testigos.

Pedro 1, 17-21. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Florentino Ulibarri: Palabras del corazón. Mientras caminábamos tristes, te has acercado respetuoso a nuestras dudas, temores y desánimos.

Vicky Irigaray: Queremos reconocerte. El relato de Emaús es también nuestro camino: el de nuestro corazón tantas veces cerrado.

Anáfora: Experiencia pascual. La impronta que deja Jesús es la clave de la experiencia pascual de los discípulos y de nuestra fe.

Material multimedia

La respiración. Por Vicente Simón. Para cuidar de nosotros mismos, breve ejercicio de meditación, sencillo y cercano, que nos ayudará a centrarnos y llevar paz y serenidad a nuestra vida diaria.

La ternura. La ternura es el arte de “sentir” al ser humano en su totalidad.

Salomé Arricibita: Abriendo los ojos. Camino de Emaús. Los discípulos, como nosotros, no reconocen al maestro. Forastero, caminante… Señor… Necesitan y necesitamos salir de nuestros miedos para poder “ver” con los ojos del corazón. Que aprendamos a mirar lo cotidiano desde Jesús… y corramos a contarlo…

Aleluya de la tierra. Por Brotes de Olivo. En este mundo sufriente, ¿quién se torna en aleluya, en esperanza…, para hacer sonreír a esta tierra? Presentación Lenin Cárdenas.

Equipo Quiero Ver. 3º domingo de Pascua.

En busca de la felicidad. “Aprender a escuchar, es clave para encontrar la felicidad”. Documental para ver varias veces y asimilar tanta sabiduría de las aportaciones de maestros espirituales actuales.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

 

eclesalia@eclesalia.net

unnamed_270x250LLENA DE ESPERANZAS Y ENTUSIASMO
Experiencia en el “I Congreso Continental de Teología Feminista”
Patricia Paz, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 24/04/17.- Me hubiera encantado ir a la conferencia de Juan José Tamayo sobre patriarcado y violencia de género, pero vivo en la Argentina. En vez voy a compartir con los lectores de Eclesalia mi experiencia en el I Congreso Continental de Teología Feminista que se celebró en Ciudad de México los días 1, 2 y 3 de marzo.

Fue para mí una experiencia muy profunda y motivadora, por muchas razones. Lo primero a destacar es que el congreso fue organizado por la Cátedra de Teología Feminista de la Universidad Iberoamericana, universidad dirigida por la Compañía de Jesús. Estos datos son de por sí muy alentadores, y mantienen viva la ilusión de que poco a poco otras universidades latinoamericanas se animarán a abrir sus propias cátedras de teología feminista, para hacer una necesaria re-lectura de los textos y de la antropología cristiana, para que la mujer tenga en la Iglesia y en la sociedad el lugar que sin duda Dios pensó para ella.

Las conferencias magistrales estuvieron a cargo de Norma Morandini, Pilar Aquino, Marta Lamas, Ivone Gebara y estaba también invitada Lydia Cacho pero tuvo que suspender a último por motivos de salud. Todas estas mujeres son íconos dentro de sus disciplinas. Escucharlas y poder conversar con ellas fue un lujo y un privilegio.

El tema del congreso era: “Genealogía crítica de la violencia: hacia la liberación del espacio político-religioso del cuerpo de las mujeres.” Tema que desgraciadamente está en el primer plano de las noticias, y que ha vuelto a poner a los movimientos de mujeres en la calle. Se reflexionó desde diversas disciplinas, la teología, la antropología, la psicología, la lengua, el arte, el periodismo, todas tuvieron algo que decir acerca del tema de la violencia. Se conversó con un enorme grado de libertad. Muchas de las participantes se manifestaron agnósticas, y estoy segura que algunas eran ateas, pero esto no fue obstáculo para que manifestaran sus ideas. Como bien dijo Pilar Aquino, la forma de trabajo feminista es distinta, comparte información, acepta la crítica, es inclusiva, no pone impedimentos a la colaboración mutua, no silencia, fomenta el sentido de comunidad desde el compartir. También participaron varones de los paneles y conversatorios, aportando miradas novedosas y reafirmando que la teología feminista busca espacios de igualdad y de inclusión para mujeres, pero también para varones.

Fueron muchos los temas que me traje de vuelta para seguir trabajando. Pero fundamentalmente volví llena de esperanzas y de entusiasmo. Soñando, como se vuelve muchas veces de los congresos. En esa pequeña burbuja de tiempo y espacio nos parece que todo es posible, que estamos unidas en una misma tarea. La vuelta suele ser dura en ese sentido, porque nos volvemos a chocar con una realidad llena de machismos, conscientes e inconscientes. Pero también traemos la experiencia de que se puede construir una sociedad distinta y de que el trabajo individual, por más humilde que sea, hace una diferencia importante (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡A las barricadas!

Publicado: 9 enero, 2017 en ACTUALIDAD
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eclesalia@eclesalia.net

saco20deteriorado20icon¡A LAS BARRICADAS!
JUAN YZUEL*, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 09/01/17.- Muchas veces hemos leído los famosos versos de Martin Niemöller, pastor luterano alemán:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas
guardé silencio porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas
guardé silencio porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas
no protesté porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos
no pronuncié palabra porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí
no había nadie más que pudiera protestar.»

Podríamos hacer una paráfrasis de estos paradigmáticos versos utilizando los graves problemas que aquejan hoy a la gran Familia Humana al comienzo de 2017: los efectos del cambio climático; el enquistamiento de las crisis económicas y de valores; el afianzamiento del capitalismo más salvaje con la llegada al poder de Trump aupado por la mentira y la xenofobia; el resurgimiento de los nacionalismos demagógicos europeos; el invierno árabe, la guerra de Siria, el sufrimiento de los refugiados y el auge del terrorismo islamista; la amenaza expansionista de Rusia y de China; las permanentes provocaciones del régimen norcoreano; la sangrante situación de Venezuela, Méjico y varios países centroamericanos; las interminables y silenciadas guerras de África,… A ello podríamos añadir los retos de nuestra Iglesia, donde el Papa Francisco se debate día a día por sacar adelante un proyecto de reforma a la luz del Evangelio que nos permita ser realmente sal y luz.

¿Nos quedaremos de brazos cruzados? No. Este es el año de la acción. Plantemos cara. No podemos dejarnos atenazar por el miedo, la indiferencia o la creencia, como denuncia el poema anterior, de que ya hará alguien algo. ¡Ese alguien somos cada uno de nosotros! Construyamos barricadas que detengan el mal. No las barricadas de la violencia, sino las del amor. No las del odio, sino las del perdón. No las de la descalificación, sino las del diálogo y el entendimiento. No las de la inacción, sino la de la militancia, el voluntariado y la generosidad…

Bienvenidas las barricadas evangélicas: la esperanza como sacos terreros, las bienaventuranzas como bandera, el amor como motor de cambio, la oración como fuente de energía y la comunidad como medicina para sanarnos las heridas.

Aquí va mi hombro, a unirse al vuestro para hacer nacer un mundo mejor (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*alcierzo.com

eclesalia@eclesalia.net

2017A PESAR DE TODO, ¡FELIZ 2017!
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote,zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 04/01/17.- Permitidme que, a pesar de todo, aún me queden algunas dosis de ilusión para desearos, ¡FELIZ AÑO! Sí, digo “a pesar de todo”, porque pienso que acabamos de finalizar un año demasiado convulso. Ya me gustaría a mí que fuera una opinión personal que no coincidiera en absoluto con la realidad, pero me temo que, si lo repasamos con calma, hay bastantes hechos ocurridos que me llenan de razón. No pretendo ser agorero de malos augurios ni representante de un pesimismo contra el que no se puede luchar ni contra el que no se puede hacer nada. Todo lo contrario, pues precisamente por ello está mi insistencia tenaz en qué, a pesar de todo, estoy convencido de que podemos y debemos hacer algo para poder tener un 2017 un poco más feliz. Y no solo porque así me gustaría que fuera, sino porque creo que aún es posible, pues sigue habiendo mucha gente dispuesta a dar lo mejor que tiene de sí para convertir en realidad semejante posibilidad.

No es momento de sacar ahora a colación toda una serie de retahílas a cuál más preocupante. Pero simplemente para que sirvan de ejemplo, baste recordar, entre otros, el NO al acuerdo de paz en Colombia por parte del pueblo manifestado en un referéndum, las personas refugiadas muertas en el Mediterráneo cuando pretendían huir de la guerra y del hambre, y, lo último, los miedos y temores que ha suscitado tanto a los de dentro como a los de fuera la victoria de Donald Trump en las elecciones de EEUU celebradas el mes de noviembre.

Por ello, ya lo veis, dicha felicidad, fruto precisamente de un mundo un poco más humano, justo y fraternal, no depende de mis deseos ni de mis convencimientos que son muy sinceros, no os quepa la menor duda. El compromiso en favor de la felicidad y de este mundo diferente, en este caso, exige toda una serie de actitudes tanto personales como comunitarias que trascienden lo meramente intelectual y afectivo. Ello quiere decir que semejante propósito no se conseguirá de manera gratuita ni a cualquier precio. Más aún cuando existen unos intereses tan contrapuestos atizados por un egoísmo feroz y en muchos momentos salvaje. Me ha parecido oportuno, al hilo de todo ello, traer a colación la frase que hace ya más de un siglo dijo el poeta y dramaturgo inglés Alfred Tennyson “Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza.”

Lo acabo de decir: ser feliz cada una y cada uno de nosotros en un mundo más parecido a una familia que a un mercado especulador no nos será dado de manera gratuita. Hemos de ser cada una y cada uno de nosotros quienes lo vayamos construyendo poniendo en el empeño coraje y esperanza, tal y como decía el autor que acabo de citar. No me canso de decirlo una vez más, no es cuestión de deseos ni de buenas intenciones, que también, sino de un empeño sincero, profundo y en algunos casos, por qué nos decirlo, incluso tozudo.

Coraje: claro que sí, para hacer frente no solo a los contratiempos que nos llegarán muchas veces por sí solos, sino también a los que en otros muchos momentos nos vendrán dados por personas e instituciones, movidas por intereses poco claros, por no decir demasiado turbios. Existen situaciones en la vida que no se pueden afrontar de cualquier manera: exigen claridad de ideas, por una parte y voluntad firme y contundente, por otra.

Y, por último, algunas, si son muchas mejor, dosis de esperanza, en medio de una vida donde parece que todo da lo mismo o donde existe la impresión que ya no se puede hacer nada. Nunca te declares derrotado/a ti mismo/a; y, si otros lo creen, no lo asumas sin más y no ceses en el empeño de mantener viva la llama de que aún es posible que tú seas un poco mejor y, a partir de ello, también el mundo que te rodea.

Es por ello que, a pesar de todo, me sobran razones para desearte de corazón: ¡FELIZ AÑO! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

eclesalia@eclesalia.net

manos....EL PODER DE DIOS EN NUESTRAS MANOS
YOLANDA CHAVES, yolachavez66@gmail.com; MARI PAZ LÓPEZ SANTOS,pazsantos@pazsantos.com; PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
LOS ÁNGELES; MADRID; BUENOS AIRES.

ECLESALIA, 30/12/16.- Realmente suena fuerte lo que nos ha puesto a escribir, sintetizado en el título de este artículo. Quizás abrume, quizás escandalice, pero la libertad que nos ha sido dada puede llegar al límite de lo absurdo: frustrar el plan de Dios para con nosotros y con todo lo que nos rodea, que es puro don.

Todo empezó leyendo el episodio de los dos ciegos suplicantes que seguían a Jesús (Mt 9, 27-31). No actuó de inmediato, les implicó en su propia sanación, aunque el poder de sanar procediera de él -“¿Creéis que puedo hacerlo?”-; un contundente “Sí” salió de las entrañas de los dos hombres y aún así, no les liberó de su propia responsabilidad en la sanación – “Que os suceda según vuestra fe”-. Su fe debía ser grande pues “se les abrieron los ojos”.

¿Qué significa creer que Dios todo lo puede? ¿Lo creo? ¿Estamos convencidas hasta el extremo de pasar evaluación de nuestra propia fe?

Lo primero será adentrarnos en la contaminación que sufrimos referente a la idea del Poder. Esa palabra nos lleva instantáneamente a pensar en varios tipos de poderes, que a veces hasta se confunden: el poder de Dios y los poderes del mundo, el poder del dinero, etc…

El poder de Dios, generalmente se identifica con algo sobrenatural, incluso mágico. Un poder ejercido por alguien fuera del mundo, que por voluntad propia o movido por los pedidos, ruegos y súplicas de las personas intervendría para cambiar situaciones. Este poder sería capaz por sí solo de hacer milagros y otros signos de manera antojadiza, ya que en algunas ocasiones cambiaría el rumbo de las circunstancias y en otras no.

Los poderes del mundo, con los esquemas de opresión, discriminación, avaricia, corrupción, etc. manipulan, aplastan y difunden el miedo como mecanismo de sumisión, anestesiando la capacidad de libertad de la gente. Esto mismo sucede muchas veces dentro de las religiones, que en nombre de Dios cometen todo tipo de atropellos.

El poder del dinero como espejismo que doblega la cultura, la creatividad, la capacidad intelectual, transformando la vida en una cadena de producción y de consumo. Cada instante del tiempo se mercantiliza y se valora según la rentabilidad que produce. Ahí caen los más débiles: los niños, los ancianos, los enfermos, lo que huyen de conflictos sangrientos… Así ejerce el mitológico Rey Midas actualizando las formas y maneras a estos tiempos. Desgraciadamente también por este poder, las religiones son tentadas.

Nuestro modo de entender el poder está influido por el modo en que lo ejercen quienes dominan las naciones, pero, sorprendentemente, al detenernos con seriedad frente a la figura de Jesús entregándose hasta la cruz por solidaridad con quienes estaban llenos de miedo y atormentados por la injusticia, nos llega un modo distinto de entender el poder de Dios. Es el poder de lo humilde, de lo chiquito, de lo escondido que irrumpe como la levadura en la masa transformándolo todo. Así el poder de Dios en nuestras manos tiene una fuerza arrolladora. Y con ese nuevo modo de entenderlo nos llegan nuevas palabras. Solidaridad, la primera palabra, solidaridad hasta la muerte, y esta solidaridad es una que nace desde la impotencia que nos lleva a reinterpretar la vida desde Dios. Otra palabra que nos llega es responsabilidad, al darnos cuenta de que es a través de nosotros como se manifiesta el poder solidario de Dios.

La solidaridad se hará realidad mirando el sufrimiento del mundo, dejando que la empatía y la compasión se hagan presentes en los espacios donde la violencia destruye sin ton ni son; pero también en el epicentro del poder del mundo, en donde se toman las decisiones de matar o no matar, de acoger o repatriar, de fabricar armas o vacunas.

Tenemos responsabilidad activa en la administración de ese poder infinito que Dios tiene y que ha querido poner en nuestras manos, implicándonos en su acción salvífica. Y cada día nos pregunta: “¿Creéis que puedo hacerlo?”. ¿Qué respondemos?

Si el silencio y la cabeza agachada son la respuesta, seguirán sufriendo tantos inocentes.

“¡Qué suceda según vuestra fe?… ¿Será nuestra fe capaz de mover montañas? Seremos capaces de ser luz y sal o dejaremos escondido el poder que Dios nos ha dado para transformar el mundo?

Viviendo ya el tiempo de Navidad,  revisemos que para Dios todo empieza siempre en pequeño, incluso de restos. A veces suspendemos en solidaridad y en responsabilidad, pero la esperanza sale al paso. “Ven, Señor, Jesús…” y aquí llega, es Navidad (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Se acerca vuestra liberación

Publicado: 28 noviembre, 2016 en ACTUALIDAD
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adviento semana 1SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN
Pregón del Adviento
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 28/11/16.- Un día, hace ya mucho, mucho tiempo, tantos años como llevan los hombres y mujeres sobre la tierra, Adán y Eva dijeron que se separaban de Dios y le dieron la espalda; empezando a caminar por otros caminos, no por los caminos que él quería y había elegido para ellos y para toda la Humanidad. Pero Dios, en su paciencia infinita, aunque se entristeció y se quedó apenado, prometió visitarles y seguir siendo su amigo. Así es el corazón de Dios: todo amor, lleno de compasión y de misericordia.

A lo largo del tiempo Dios iba renovando su promesa, su alianza, cada vez que los hombres le daban la espalda y eran infieles a su amistad. Para ello enviaba, al pueblo de Israel, hombres llamados profetas, recordándoles la promesa y alianza de Dios: “Dios va a venir. Prepárense y conviértanse”. Este mensaje tuvieron que repetirlo muchas veces, ya que su pueblo seguía por caminos paralelos a los de Dios. Pero, un día, llegó un profeta, que fue el último de los profetas antes de la visita del Gran Profeta. Este profeta se llamaba Juan Bautista. Él empezó a gritar: “Ya está cerca, ya viene. Dense prisa, arrepiéntase y caminen a la luz del Señor”. Y así fue. Una noche, que no sabemos muy bien ni el año ni la hora, Dios nos visitó por medio de su Hijo, Jesús, nacido en Belén de una doncella llamada María, y José su esposo, le acompañaba.

Los pastores, las gentes sencillas, buenas y pobres, le reconocieron y se hicieron muy amigos de Él, y comenzaron a seguirle y a vivir como Él decía. El gozo y la alegría nacieron en el mundo y para el mundo. Una nueva era comenzaba, el Salvado, el Rey del Universo había plantado su tienda entre nosotros y había asumido nuestra propia carne, haciéndose uno de los nuestros. El gozo y la alegría inundaban los corazones y la tierra entera.

Desde ese momento, cada vez que se acerca la Navidad, muchos hombres y mujeres, de todos los rincones de la tierra, razas y culturas, vuelven a ponerse en camino hacia Dios y abren el corazón a su venida, a su encarnación. Porque el Dios que se encarnó en el tiempo, se sigue encarnando, hoy, y ahora, en tu propio corazón, en la historia que nos toca vivir.

Nosotros, cristianos, en este tiempo de Adviento queremos escuchar la Palabra de Dios, cantar, alabar, suplicarle y darle gracias; porque también queremos disponernos a seguir el camino de Jesús, a ser sus amigos. Y sobre todo queremos que Jesús nazca en nuestro corazón.

Adviento, tiempo de espera y esperanza; tiempo de gracia, tiempo de vivir en vela y oración, para poder escuchar a Aquel que viene y llama a mi puerta, a la puerta de mi corazón. Realmente, cuando llame, ¿la encontrará completamente abierta? ¿Podre ofrecerle un hogar donde se sienta a gusto, como en su propia morada? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Ven, Señor Jesús!