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Parábolas y liturgias

Publicado: 30 enero, 2017 en BIBLIA
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PARÁBOLAS Y LITURGIAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 30/01/17.- Hay que hilar fino y ver a quien se tiene delante a la compartir la Palabra, especialmente si te apasiona y quieres que cada oyente se impregne de la esencia del Mensaje; que pueda “llevárselo puesto”, recordarlo, rumiarlo, compartirlo con otros y hacerlo suyo, integrándolo en su propia vida.

Puede ser una palabra, una frase, una idea que anima a seguir indagando, el flash de un instante al que volver en momentos de cargar energía desde dentro.

Admiro profundamente la pedagogía y el amor que ponía Jesús cuando tenía que explicarle a la gente lo que era el Reino de Dios.

En Mc 4, 26-34 casi se pueden escuchar las pisadas del sembrador echando la semilla en los surcos que habría preparado con sudor y buen hacer; y la respiración sosegada en la noche del hombre que dejó que cayera la noche sobre su trabajo, confiando en que la tierra continuaría su trabajo hasta que le diera turno en el momento preciso; entonces agarraría la hoz y empezaría la siega.

Por si con esta historia no quedaba claro, continua con la de la pequeña semilla de mostaza que se convierte en una super-planta que sirve hasta de alojamiento a los pájaros.

Finalmente leemos en la misma cita de Marcos: “Con muchas parábolas parecidas exponía la palabra, acomodándose a su entender (el de quienes acudían a escucharle). Todo se lo exponía con parábolas”.

Hace unos cuantos domingos estuve en una misa con niños. Había niñas y niños de edades diversas, habituales en la catequesis de la parroquia en la que se celebraba la misa. Les acompañábamos: padres, madres, abuelos y abuelas; y, por supuesto, los hermanitos pequeños de los que ya van a la catequesis. Las familias es lo que tienen, que aportamos variedad en estos y otros temas.

La homilía, sin duda bienintencionada, resultó como para un colectivo de misa de siete y media, en día de diario, a la que asisten un 89% de mujeres incondicionales y el resto, hombres con el mismo adjetivo.

Se notaba en el ambiente la capacidad de desconexión que tienen los niños y lo mismo para conectar de nuevo si empezaba alguna oración cantada o tenían que colaborar en algo: ofrendas, leer las preces, etc.

Una vez bendecidos iniciamos el proceso de poner chaquetones, bufandas y gorros pues el frío era intenso, ya en la puerta, consulté mi reloj: ¡la misa había durado una hora y algo.

Antes de entrar en comentarios quiero compartir también una escueta conversación con un buen amigo sacerdote, entrado en años. Derivó la cosa en la utilización del latín en las liturgias. Él, en el seminario, había estudiado en latín. Recordó anécdotas de aquel tiempo; hizo hincapié en que la Palabra nos había sido transmitida en ese idioma.

Le recordé, con todo respeto, que antes del Latín se transmitió en griego, y si seguimos retrocediendo, Jesús, hablaba arameo, según nos han enseñado. Siempre ha habido traducciones según los tiempos.

Pero inmediatamente traje a colación que el Concilio Vaticano II acomodó al entender de todas las gentes la Palabra, abriendo la liturgia a los idiomas al uso de todos los pueblos, acercando al creyente a la Palabra dicha en su propio idioma. Es un logro de aquel Concilio y de las buenas traducciones hechas por los mejores entendidos.

Te estás preguntado qué tiene que ver una misa de niños con el uso del latín en diferentes actos litúrgicos. Es más de lo mismo.

Es necesaria una sincera transformación de la Liturgia. Para que eso suceda habrá que mantener todos los sentidos dirigidos al actuar de Jesús, que acomodaba al entender de la gente, la exposición de su palabra

La liturgia tiene que estar llena de Vida para transmitir esa Vida. Sin olvidar quienes forman el colectivo, mejor dicho, la comunidad que espera, receptiva; que quiere participar de forma creativa, que ha de prepararse, orando y meditando la Palabra para poder expresar y compartir esa Palabra.

Traigo aquí una experiencia de liturgia, idiomas, niños y adultos que he vivido varias veces en Taizé junto a mi familia o amigos. Orar con otros en los idiomas de todos; pequeñas oraciones a modo de mantra, en un ambiente de sencillez en el que todos pueden acomodarse para escuchar brevemente la Palabra y entonar la oración no importa en qué lengua.

Recuerdo también una oración de familias, con niños de todas las edades, en la que el silencio, la música de Migueli y la participación de todos, nos ensanchó el corazón. Mientras algunos de los más pequeños se durmieron acomodados en cojines dispuestos para la ocasión en aquella sencilla y bonita capilla en una casa de espiritualidad de las Religiosas del Sagrado Corazón.

Volviendo al texto de Mc 4, 36, se dirige de forma especial a un colectivo que tiene que ser especialmente instruido: “A sus discípulos se lo explicaba todo en privado”. Ellos tenían que ser preparados especialmente, serían los enviados a proclamar la Buena Noticia del Reino. Sabemos que llegada la última hora de Jesús no supieron ponerse a tono ante lo que sucedía, por mucha vida compartida que tuvieron con el Maestro. Faltaba que el Espíritu llegara en su día y la Palabra recibida ardiera por dentro y se transformara en una fuerza imparable que no podían ni querían contener.

La sencillez en la transmisión del Mensaje, previamente orado, meditado, rumiado… sin dejar de mirar a los que se congregan como iguales, con empatía, afecto, comprensión y mucho amor; más la actualización de gestos, textos, ceremonial, música, ornamentos, etc. serán el inicio de un nuevo camino en la Liturgia, en todos y cada uno de los momentos en que se reúne la comunidad eclesial: Eucaristía, Sacramentos, Oraciones, etc.

La Liturgia debe ser tierra donde crezcan parábolas de Vida siempre nueva.

Seguiremos…

 

 

 

 

 

 

Ser padre hoy

Publicado: 18 marzo, 2016 en REFLEXIONES
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mujer y hombreSER PADRE HOY
MIGUEL ESQUIROL VIVES, esquirolrios@gmail.com
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 18/03/16.- Toda convicción de superioridad ha tenido efectos destructivos para la historia humana. Hitler con la superioridad de la raza aria llevó a las cámaras de gas a 6 millones de judíos. La superioridad de la raza blanca propició la esclavitud y la exportación de millones de hombres de raza negra del continente africano al nuevo continente. Hoy es todavía causa de racismo ante razas menos blancas en nuestro propio medio, así como del desprecio de otros idiomas, otras religiones y otras culturas.

La superioridad del cristianismo frente a las otras religiones ha producido la desaparición de culturas tan dignas de respeto como las del continente americano, tanto del hemisferio norte como del hemisferio sur, legitimando la evangelización en concubinato con la violencia, el adoctrinamiento con el comercio y la expolición, la cruz y la espada.

Rosemary Ruether, que ha escrito sobre el tema y sobre los efectos destructivos que ha tenido sobre las mujeres la superioridad del cristianismo defendido durante tanto tiempo por el sistema y las ideas patriarcales de la iglesia tradicional, dice: El complejo de superioridad cristiano ayudó y santificó al imperialismo y la explotación de lo que hoy llamamos Tercer Mundo. Todavía vemos signos de esa pretendida superioridad en la prohibición del sacerdocio para las mujeres en la iglesia católica, por ejemplo.

Pero en la fiesta del día del padre no es posible dejar de hablar de la pretendida superioridad del varón sobre la mujer, que produce hoy todavía ese machismo violento y autoritario muy lejos de una relación humana verdadera. Superioridad avalada por textos bíblicos, pero muy en contra de todo el comportamiento y mensaje de Jesús, sobre todo en su relación con las mujeres.

Pero también es cierto que se ha dado un cambio en la manera de ser padre y varón en nuestro tiempo, que quizás muchos padres todavía no nos hemos dado cuenta. Y es que estamos pasando de una figura tradicional, patriarcal, autoritaria, vertical, asimétrica a una figura moderna, igualitaria, simétrica, que coincide con un nuevo concepto de masculinidad, con una nueva sensibilidad, con una nueva manera de participar en la crianza de los hijos e hijas y con un renacer de la vivencia del instinto paterno, que antes se creía no existente ya que parecía que sólo existía el instinto materno.

“Por ello en la cultura moderna han aparecido las parejas basadas en la relación simétrica, donde el diálogo o la constante negociación es una práctica cotidiana, especialmente sobre las responsabilidades domésticas y sociales y en el cuidado y la crianza de los hijos. Esto ha generado que los padres inviertan más tiempo en sus hijos y que experimenten, por lo tanto, nuevos sentimientos y responsabilidades paternas, que las últimas generaciones no conocieron.” Dr. Raúl Medina Centeno de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

A ello le ha precedido el cambio de comportamiento de las mujeres, su integración al mundo del trabajo, al mundo universitario y profesional, a sus luchas, al uso de anticonceptivos, a la decisión de tener pocos hijos, a ser las responsables de su propio cuerpo o a la avanzada edad de las madres, en comparación de tiempos pasados, Hoy en un proceso similar, lento pero seguro, en nuestros países y que nos irá abriendo el camino para nuevas formas de ser padre en este siglo XXI (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Porque es posible: nadie sin hogar

Publicado: 23 noviembre, 2015 en LUGARES
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Día de las personas sin hogarPORQUE ES POSIBLE: NADIE SIN HOGAR
FERNANDO TORRES PÉREZ, Fundación Luz Casanova, comunicacion@proyectosluzcasanova.org
MADRID.

ECLESALIA, 23/11/15.- Justo enfrente de mi casa, hay un edificio abandonado. Desde que salió el último de sus inquilinos hasta que entró el primer “okupa” pasó relativamente poco tiempo. Hoy está lleno. Hay de todo: familias españolas que no tienen otro sitio donde vivir, inmigrantes, jóvenes alternativos… De lo que estoy seguro es que la mayoría de ellos no estarían ahí si pudieran estar en su casa. Y ellos son los que han tenido la suerte de encontrar ese edificio abandonado. Hay muchos otros que no se encuentran más que la acera sucia y dura. Es que como la casa de uno no hay ningún sitio. La casa es ese lugar donde nos sentimos seguros, nuestro reino, nuestro hogar. Como decía aquel anuncio de una empresa de muebles, es la “república independiente de mi casa”.

Damos por supuesto que todos tenemos nuestra casa. Pero no es verdad. La verdad, la mera verdad, es que hay un porcentaje de la población que no tiene casa, que no tiene donde caerse muertos, que vive en la calle. Es un número relativamente pequeño. Dicen las estadísticas que en Madrid, por poner un ejemplo, que tiene en torno a tres millones doscientos mil habitantes son casi dos mil las personas sin hogar. Dicho en porcentaje: un 0,06%. O en términos absolutos: 6 personas de cada 10.000. ¿Muy pocos? En realidad son muchos, muchísimos. En primer lugar porque viene a ser como la punta del iceberg: los que viven en la calle son los que han ido perdiendo todas las redes sociales que habitualmente salvan a las personas en el momento en que llegan los problemas. Y en segundo lugar, porque mientras haya una persona viviendo en la calle, ya es un número que nos debería parecer excesivo.

¿Quién no ha tenido un problema familiar? ¿Quién no ha tenido en un momento dado un problema de salud mental? ¿Quién no ha perdido el trabajo? ¿Quién…? En todas esas situaciones hay una red familiar, social, de recursos privados y públicos que hacen que esa persona pueda encontrar una vía de salida antes de llegar al extremo de perderlo todo. Las personas sin hogar son los que, dada la situación social, se encuentran en su caída con todas las redes rotas y caen a velocidad acelerada hasta llegar a ocupar el último puesto de la sociedad: pierden la familia, el trabajo, y terminan tirados en la calle, acumulando cartones y periódicos que les permitan, al menos, dormir calientes.

En momentos de crisis económica, que en mayor o menor medida afecta a todos en la sociedad, los recursos disponibles para salvar a estas personas, para ayudarlas a salir de esa situación, son también menores. Menores los que ofrece el estado en toda su estructura. Y menores los que pueden ofrecer las familias o los amigos. Y ahí se producen las situaciones de emergencia.

Vamos a dar unos cuántos números. Según un estudio reciente sobre la pobreza, actualmente el 29,2% de la población española está en riesgo de pobreza o exclusión. Y si este dato es malo, es peor si se añade que ese indicador ha crecido un 1,9% desde el año anterior. En números de los de toda la vida: que hay 790.800 personas más en riesgo de exclusión o pobreza que el año anterior. Es lo que se llama, permítanme la ironía, haber entrado en una etapa de crecimiento. Otro dato: hay 400.000 personas más que el año pasado viviendo en situación de pobreza extrema, es decir, con ingresos inferiores a 332 euros mensuales. Ya el año pasado se decía que había 2.800.000 personas viviendo en esa situación. Así que eso significa que tenemos otro record: ya son 3.200.000 personas en situación de pobreza extrema. También en esto seguimos creciendo. Pero este record no es de los que sale en los periódicos.

Son cifras y números que nos deberían impresionar. Pero impresiona mucho más si nos acercamos a esas personas, si entramos en contacto con ellas, si les damos la mano. Pasa que a veces, con las prisas de la vida, vamos por la calle y las personas se nos convierten en cosas con las que nos cruzamos. Vamos a lo nuestro. Es eso que hemos llamado tantas veces el “anonimato” de las grandes ciudades. Quizá por eso esto del “sinhogarismo” es algo que sucede mucho más en las grandes ciudades que en las zonas rurales. Parece que fuera de las urbes, las redes sociales y familiares son más fuertes, hay mucho menos anonimato, todo el mundo se conoce y las personas son más conscientes de que vale la pena echar una mano al que lo está pasando mal porque ¿quién sabe si el que ayuda ahora  será mañana el necesitado?

Pero hay que dejar algo claro: lo que ayuda, lo que rescata, no es sólo la ayuda material. El estado puede poner recursos materiales a disposición de los que han ido cayendo en ese pozo de la pobreza hasta sus últimos extremos. Albergues, comedores, asistentes sociales, seguros de desempleo más perfeccionados, mejores ayudas sociales, enormes burocracias, etc. Todo eso está muy bien. Pero tiene el peligro de ser también “anónimo”. La persona se registra, se convierte en un número. Se le anota en las estadísticas como “beneficiario” o “usuario” de los sistemas de ayuda social. Todo eso está muy bien y es necesario. Pero no es todo.

Al final, lo que todos necesitamos es ser reconocidos como personas. Para eso hace falta ciertamente un plato caliente en la mesa pero también –casi diría que sobre todo– que la persona se sienta escuchada y querida, que sienta que se le reconoce como persona, que tiene un valor, que no es un número, que alguien le entiende y comprende, que alguien le escucha. Ahí está el valor añadido que necesitan esas personas. Frente a la exclusión extrema que supone haber perdido hasta la propia casa y encontrarse tirado en la calle, encontrarse con alguien que escucha, acoge, comprende y tiende una mano amiga es fundamental. No basta con encontrarse con el plato de comida o con la cama. Hace falta la calidez humana que dice con la mirada, con la forma de hablar, con el tono de la voz, que no eres una cosa sino que se te tiene en consideración, que se te reconoce tu dignidad como a cualquier otra persona.

Desde hace un tiempo voy una mañana a la semana al Centro de Día que mantiene la Fundación Luz Casanova. Puedo hablar aquí de los recursos materiales que pone a disposición de las personas que allí acuden. No sólo se les ofrece una buena comida caliente. También se pueden duchar –asunto que no es menor cuando uno vive en la calle–, leer el periódico, charlar con tranquilidad en un lugar caliente y en buen ambiente con las otras personas que acuden al centro, ver la televisión y echarse una siestecita después de comer mientras que escuchan las noticias. Allí se organizan cursos de informática básica y otras cosas que les pueden facilitar encontrar un empleo. También hay una persona que les ayuda a escribir su propio currículo y les orienta a dónde dirigirse en busca de trabajo. Y un abogado voluntario que les ayuda en los problemas jurídicos que puedan tener. Hay asistentes sociales que les ayudan en sus diversas necesidades. Se les orienta sobre temas de salud. Sin ir más lejos, hace unos días se han presentado allí dos enfermeras del centro de salud más cercano que, además de dar una charla sobre los peligros del invierno, les han puesto a todos los que han querido la vacuna contra la gripe. Hasta se dan cursos de yoga. Todo eso se hace allí.

Pero todo eso es nada. Porque lo que es más importante (aunque doy por supuesto que no es exclusivo del centro de día de la Fundación Luz Casanova) es que todo eso se hace con una sonrisa, con calidez humana, partiendo de que los que acuden al centro no son, perdonen la expresión, “piltrafas humanas” sino personas, con toda su dignidad, que han tenido la mala suerte de caer, por las razones que sea, en esa situación de extrema pobreza. En el centro se les echa una mano para levantarlos.

Me recuerda la escena del Evangelio en la que Jesús cura al ciego Bartimeo. Jesús iba por uno de los caminos más frecuentados de la Palestina de su tiempo: el camino de Jerusalén a Jericó. Una especie de Gran Vía de la época. Todo el mundo iba en una dirección u otra. Todos con cosas que hacer al final del camino. Todo el mundo con sus preocupaciones y urgencias. Todos con prisa. Y allí, a la vera del camino, fuera del torrente humano de la vida, está sentado Bartimeo. Está fuera del camino. Está marginado. No se le mira. No se le ve. Cuando se entera de que pasa Jesús, grita para llamar la atención. Lo único que consigue es que le riñan. Está fuera del camino. No tiene derecho a molestar a los que van con prisa, a los que están integrados en la sociedad, a los que tienen muchas cosas que hacer. Menos mal que Jesús escucha sus gritos y se vuelve a él. Jesús se para, se detiene, habla con él. Y hace el milagro de devolverle la vista. Dicho de otro modo, le integra de nuevo en el camino de la vida. Al que estaba fuera, marginado, le mete dentro, le acoge, le devuelve su dignidad de persona. Le ayuda a caminar por sí mismo. Claro que para hacer eso, Jesús se tuvo que parar, dejar de lado sus propias urgencias para hacer suyas las urgencias del otro, del ciego Bartimeo.

Pues bien todo eso es lo que se intenta hacer en el centro. Las personas que allí trabajan, los voluntarios que acuden unas horas a la semana, los mismos usuarios que, con el tiempo, se han integrado también y echan una mano a los que están peor que ellos o a los que llegan nuevos. Todos los esfuerzos se orientan a volver a meter en el camino de la vida a esas personas que, desastres acumulados y concatenados, se han encontrado de repente excluidos, marginados, fuera de la vida. Se les tiende una mano y se les anima a que se levanten y comiencen a dar los primeros pasos porque sin la colaboración de la persona tampoco se puede hacer nada.

En el centro de día de la Fundación Luz Casanova no se resuelven todos los problemas de estas personas. Ni en ningún centro de este tipo. Pero en medio del anonimato de la gran ciudad, son un refugio, un albergue, lleno de humanidad, de cariño, de calor humano, donde las personas sin hogar pueden encontrar la mano amiga que les levante de su postración y les devuelva a la posición que nunca deberían haber perdido, como miembros de la gran familia humana (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

maternida de DiosNEGACIÓN DE LA COMUNIÓN EUCARÍSTICA A LOS MATRIMONIOS DE HECHO
Carta al Papa Francisco
ÁNGEL ARNAIZ QUINTANA, angel.arnaiz.q@gmail.com
BAJO LEMPA, USULUTÁN (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 04/11/15.- Querido Papa Francisco:

Existe una norma muy extendida en nuestra Iglesia de que sólo pueden acceder a la comunión eucarística los matrimonios casados por rito eclesiástico del matrimonio. Pero son millones de personas, hermanos y hermanos nuestros, quienes viven dentro de nuestra Iglesia una vida familia santa sin haberse “casado por la Iglesia” y por tanto a quienes se les niega el derecho y la oportunidad de fortalecerse mediante el encuentro vivo con Jesús en la comunión. Sobre todo hablo de mi experiencia en medios campesinos latinoamericanos, pero sé que está extendida por países del Norte como Canadá o Estados Unidos y deduzco que se encontrará también en las comunidades católicas africanas y de otros continentes. O sea, que afecta a la Iglesia universal.

Lo más trágico, entiendo yo, de esta norma, es que se discrimina a poblaciones enteras, poblaciones empobrecidas, gentes humildes y sencillas, cristianas y cristianos católicos de toda la vida, sometiéndolas a una neocolonización cultural y religiosa, que les hace sentirse “pecadoras” incluso aunque lleven una vida matrimonial y familiar ejemplares y sean excelentes servidores o servidoras de la Iglesia, además de que les niega el derecho y la oportunidad de alimentarse del Pan de vida que es el propio Jesús. Es como situarles en miembros de la Iglesia de segunda o tercera clase, semimarginados de hecho.

Yo me he encontrado con casos clamorosos que me han hecho levantar un grito, que ya fue publicado en varias revistas electrónicas católicas, y que ahora recupero con más calma, porque confío llegue hasta usted y algo se diga a favor de los pobres del Señor, los anawin, acerca de esta maldita –sí, para mí “maldita”- norma de no poder comulgar porque no ha celebrado el rito del matrimonio católico en su vida, aunque tenga años de vida matrimonial ejemplar, con sus debilidades claro, y de haber criado a sus hijos e hijas de una manera excelente. Casos como estos:

¿Cómo puede un presbítero negar la comunión a un enfermo grave de cáncer porque no ha realizado el rito del matrimonio de la Iglesia, siendo así que es un padre ejemplar y un esposo admirable? ¡Y además es el capellán de un hospital oncológico! ¿Quién le ha colocado ahí y le mantiene en ese delicado puesto?

¿Cómo se puede negar el pan de vida a miles, millones, de campesinos del continente latinoamericano y de todo el mundo porque no tienen ese rito eclesiástico en su haber, siendo así que son padres y madres de familia que aman a sus hijos e hijas y se sacrifican por ellos, y como pareja son maravillosamente humanos?

¿Por qué se condena a matrimonios de emigrantes a quedar fuera de la comunión eucarística porque no tienen sus papeles de bautismo en regla, y no se pueden casar por la ceremonia eclesiástica, porque una guerra infernal, de hace años ya, les hizo que fueran bautizados y tengan problemas con su partida de bautismo que se ha perdido?

¿No puede una doctora, médico, comulgar el cuerpo sacramentado de Jesús cuando cumple llena de amor su trabajo con enfermos y es fiel en su matrimonio, aunque no se haya casado por la iglesia con el rito oficial por los motivos más diversos que pueda haber?

Humillación tras humillación: una vida matrimonial, familiar, tan maravillosa en valores humanos y cristianos -no se desconocen los limitantes también de esta vida, claro- , no es digna de recibir el sacramento del amor de Jesús. No importa que haya un amor entregado, generoso, un amor fiel, sin otras relaciones, un amor permanente, vivido para toda la vida aquí en la tierra, esto es las características del amor matrimonial cristiano verdadero. Así les han tenido durante siglos, colonizados, humillados, marginados, y así se mantienen en lo más profundo quienes quieren ser fieles de la Iglesia. Es más importante celebrar una ceremonia con la iglesia llena de flores, de músicos, de alfombras, de vestidos, de palabras, aunque la consistencia de ese amor ni se conozca. Vale más el rito que la vida probada de cada día.

¿Dónde está el amor compasivo que Jesús proclamó como supremo mandamiento cristiano: Sean compasivos como su Padre celestial es compasivo? ¿Dónde aparece el clamor de los profetas: conocimiento vivo, experimental, de Dios quiero, y no sacrificios (ritos litúrgicos hoy), misericordia en vez de holocaustos (leyes vacías de contenido humano)? ¿Dónde las bienaventuranzas?

Mi esperanza es que con el reflujo del Sínodo sobre la Familia recién finalizado se atienda también a esta norma eclesiástica, que perjudica en lo más hondo y en el día a día a millones de personas en nuestra Iglesia. Y que, a la vez, se transformen las mentes de tantos eclesiásticos que hacen girar la fe en cuestiones secundarias que, como está de la no comunión a quienes no se han casado “por la Iglesia”, desvían de la práctica del amor cristiano.

Una palabra suya, querido obispo de Roma Francisco, sobre este asunto nos vendría muy bien a muchos que intentamos que el evangelio de Jesús sea vida entre nosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Con afecto fraterno y cristiano.

sínodo familiaSÍNODO, SIGNO DE ESPERANZA
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 26/09/15.- El Papa se ha mostrado disgustado con algunas actitudes en torno a los sinodales de este encuentro en torno a la familia. Lo ha dicho antes, durante y ahora que finaliza este intenso encuentro en torno a la familia y al amor cristiano. En este sentido, algo ha calado en las conciencias cuando el documento de consenso es más bien ecléctico y abierto a posteriores actuaciones sin dejar nada cerrado al estilo los dogas, que tanto parece gustar a algunos: ordeno y cumples.

Seguro que esta manera de proceder tan abierta no contentará a muchos, ni los de tipo de pensamiento ni los del contrario, que pretendían y buscaban interpretaciones y aseveraciones más rotundas capaces de desatascar cualquier debate posterior. Pero la condición humana sabe por experiencia que así no se solucionan las diferencias de criterio de fondo ni tampoco se arreglan las situaciones conflictivas, da igual que sea en política que en materia de fe, en este caso, con mucho dolor e incomprensión de por medio.

Si efectivamente se mantienen las conclusiones en criterios generales y en orientaciones genéricas, lejos de interpretarlo como una manera de no entrar en el problema, me parce más un ejercicio de ofrecer criterios para discernir cada situación frente a soluciones cerradas o recetas generales. Eso sí, criterios con visión de futuro y cargados de esperanza porque lo que se busca -parece ser- es la madurez en las conciencias y su responsabilidad frente a ellas mismas.

Algunos son incapaces de entender que Cristo abogaba por la madurez personal de las conciencias y porque nos hagamos con criterios honestos de actuación desde la madurez en la fe que busquen consecuencias también honestas en nuestras actuaciones. Ojalá que este sínodo de la familia haya logrado esos equilibrios en la práctica pero dejando la puerta abierta a obligarnos a actuar en conciencia, y no porque me lo impongan desde fuera: es el caso de la comunión a los divorciados, por lo que he leído. Cuando Jesús precisamente llamaba a los mendigos del camino, a los excluidos a su mesa, a los que querían de corazón compartir el Banquete, con mucha más premura que a los expertos en la Ley y a los sacerdotes del Templo.

Es muy fácil seguir lo que otro me diga porque tiene criterio moral sin percatarnos de que llevamos muchos lustros alimentando cristianos infantiles con la fe del carbonero con el pretexto de que el pueblo no sabe de criterios morales. En lugar de enseñarle, es más simple suplantar su conciencia, pero las consecuencias son una vivencia religiosa mediocre y de cumplimiento, que no es otra cosa que una mezcla de cumplo y miento.

Bendita audacia la de Francisco que espero contribuya a generar conciencias críticas y actitudes verdaderamente cristianas para que en un futuro próximo todas las formas de amor verdadero encuentren comprensión y acogida en nuestra Iglesia, la de Cristo, el modelo a seguir para todo sincero amor humano (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

familiasPROPUESTAS SOBRE EL MODELO DE FAMILIA
Declaración internacional de teólogas y teólogos sobre el sínodo de obispos
ASOCIACIÓN DE TEÓLOGAS Y TEÓLOGOS JUAN XXIII, juanjotamayo@gmail.com y VV.AA.*

ECLESALIA, 14/10/15.- No pertenece a la Fe de la Iglesia el hecho de mantener intacto un determinado modelo de familia, propio de un tiempo y de una cultura. Según los evangelios, Jesús de Nazaret fue profundamente crítico con el modelo de familia de su tiempo y de su cultura. Por ello, la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII considera necesario presentar al Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma las siguientes propuestas:

  1. Creemos que hay que respetar las diferentes identidades, opciones y orientaciones sexuales como expresión de la pluralidad de formas de vivir la sexualidad entre los seres humanos. En consecuencia, deben reconocerse en la Iglesia católica la homosexualidad y los matrimonios homosexuales en igualdad de condiciones que la heterosexualidad y los matrimonios heterosexuales. No debe excluirse a las personas cristianas homosexuales de ninguna tarea, actividad y responsabilidad eclesial como tampoco de la participación en los sacramentos.
    No parece compaginarse el respeto a las personas no heterosexuales con su exclusión de determinadas funciones eclesiales, como por ejemplo el ejercer el padrinazgo en un bautizo o el ministerio sacerdotal y teológico. Exclusiones ambas que se han producido recientemente en la diócesis de Cádiz con un transexual y en la Congregación para la Doctrina de la Fe con un sacerdote homosexual, y que demuestran una clara discriminación en razón de la orientación sexual y desmienten la idea tan repetida en los documentos de magisterio eclesiástico de acogida hacia las personas no heterosexuales.
  2. Creemos que debe revisarse la condena indiscriminada de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del magisterio eclesiástico. Consideramos necesaria la derogación del canon 1398 del Código de Derecho Canon que decreta la excomunión para quien produce el aborto, si este se produce, y que es contraria a la absolución del pecado de aborto decretada por el papa Francisco con motivo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Asimismo debe respetarse el derecho de las mujeres a decidir en conciencia en esta materia.
  3. No existen razones bíblicas, teológicas, históricas, pastorales, y menos todavía dogmáticas, para excluir a hombres casados ni a las mujeres de ninguno de los ministerios eclesiales, ordenados o no ordenados. La igualdad de los cristianos y cristianas por el bautismo tiene que traducirse en condiciones iguales para hombres y mujeres en el acceso al ámbito de lo sagrado, en la elaboración de la doctrina teológica y moral así como en la participación en las responsabilidades eclesiales y en los órganos directivos, sin discriminación alguna por razones de género, etnia o clase social. Por ello pedimos se eliminen los obstáculos ideológicos, culturales y disciplinares de carácter sexista y se lleve a cabo la plena incorporación de las mujeres en los ámbitos indicados, incluido el acceso al sacerdocio y al episcopado.
  4. En relación con el divorcio, no existe dogma de fe que lo impida, como tampoco que prohíba el acceso de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar a la eucaristía. La actual disciplina excluyente en esta materia, quizá comprensible en el pasado, hoy no tiene justificación y, lejos de acercar a la gente en esas circunstancia a la comunidad cristiana, la margina, aleja y estigmatiza. Además, carece de fundamento evangélico. Creemos por ello que el Sínodo de Obispos debe eliminar tal prohibición, actualmente vigente, y facilitar el acceso a la comunión eucarística a las personas separadas o divorciadas vueltas a casar sin imponerles exigencia correctora alguna. Las personas creyentes somos sujetos morales con capacidad para decidir libremente en conciencia en este terreno. Dicha decisión debe ser respetada.
  5. Es necesario reconocer los importantes avances llevados a cabo por el feminismo en la igualdad entre hombres y mujeres y en la liberación de éstas. A la luz de estos avances debe revisarse la estructura patriarcal de la doctrina y la práctica sobre el matrimonio cristiano.
  6. El Sínodo no puede reducirse a las cuestiones relativas al matrimonio cristiano. Creemos prioritario que haga un análisis de la situación de pobreza y exclusión social en la que se encuentran millones de familias, la denuncie proféticamente, exprese su solidaridad con las familias más vulnerables y contribuya a la eliminación de las causas de dicha situación desde la opción ético-evangélica por las personas pobres y marginadas (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Xavier Alegre. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / José Arregi. Teólogo. España / Olga Lucía Álvarez. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia / Juan Barreto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Fernando Bermúdez, Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España  / Leonardo Boff. Ecoteólogo, miembro del Comité de la Carta de la Tierra y escritor. Brasil / Ancizar Cadavid Restrepo. Teólogo. Colombia / José María Castillo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / José Centeno. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, España / Juan Antonio Estrada. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Máximo García. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Antonio Gil de Zúñiga. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Ivone Gebara. Teóloga y filósofa. Brasil / Hernández Fajardo Axel. Profesor Jubilado de la Escuela Ecuménica de las Ciencias de Religiones. Universidad Nacional. Costa Rica / Rosa María Hernández. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Mary Hunt. Teóloga. Women’s Alliance for Theology, Ethics and Ritual (WATER). Estados Unidos / Gabriela Juárez Palacio. Teóloga. Socia Fundadora de Teólogas e Investigadoras. México / Rosa Leiva. Federación Latinoamericana de Presbíteros Casados. Ecuador  / Juan Masiá. Teólogo. Japón / Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte. España / Cyprien Melibi. Teólogo Camerún / Arnoldo Mora Rodríguez. Socio Fundador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI). Costa Rica / Mario Mullo. Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados. Ecuador / Carmiña Navia. Teóloga. Colombia / Marisa Noriega. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México / Gladys Parentelli. Auditora en el Concilio Vaticano II. Venezuela / Federico Pastor. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Victorino Pérez Prieto. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Suyapa Pérez Scapini. Teóloga. El Salvador / Margarita Mª Pintos. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Javier Omar Ruiz Arroyave. Activista. Masculinidades Liberadoras. Colombia / José Sánchez Suárez. Teólogo. Comunidad Teológica de México / Santiago Sánchez Torrado. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Fernando Silva. Asociación de Teólogas y Teólogos de Juan XXIII. España / Aida Soto Bernal. Asociación Presbíteras Católicas Romanas. Colombia / Juan José Tamayo. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España / Elsa Tamez. Teóloga y biblista. México / Andrea Toca. Teóloga. Socia Fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista. México.   / Fernando Torres Millán. Teólogo. Coordinador de Kairós Educativo. Colombia / Olga Vasquez. Teóloga. El Salvador / Evaristo Villar. Asociación de Teólogas y Teólogos  Juan XXIII. España / Juan Yzuel. Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII. España.

mujerLAS MUJERES POR SÍ MISMAS
A propósito de una homilía del Primado de México a principios de agosto
MARISA NORIEGA, marisanoriegacan@gmail.com
MÉXICO.

ECLESALIA, 07/09/15.- Estimados lectoras y lectores, quiero compartir con ustedes mi reflexión sobre la Homilía pronunciada por el Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México en la Catedral Metropolitana de México, el pasado 2 de Agosto del año en curso.

Antes de exponer mis puntos de vista, les recomiendo leer detenidamente  las lecturas correspondientes a dicho Domingo; XVIII Domingo del Tiempo Ordinario: Éxodo 16, 2-4.12-15;  Salmo 77;  Efesios 4, 17.20-24;  Juan 6, 24-35. Este es el enlace en el que pueden leer la homilía pronunciada por el Cardenal, y sacar sus conclusiones.

Lo primero que me pregunto es: ¿qué tiene que ver lo que dijo el cardenal con lo que leemos  en las cuatro  lecturas?

Son varias las interpretaciones que se pueden hacer de las lecturas, pero podría decir que uno de los mensajes centrales, es la búsqueda del ser humano como categoría relevante en el camino de la fe. Pero una búsqueda desinteresada, que supone buscar a Dios más que a sus dones. Ya que la búsqueda de los seres humanos por regla general es interesada, y eso es porque no sabemos buscar y porque nos hemos colocado a nosotros mismos en el lugar de Dios.

Veamos cómo empieza Rivera su discurso:

Cristo les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer. (…) Hace alusión exclusivamente a San Pablo, quien no conoció a Jesús y a una de las cartas atribuidas a él. Dejando el Evangelio de lado.

La distinción clara que hace San Pablo, a la que se refiere el Cardenal, de quienes conocen y tienen fe en  Cristo y quienes no, lo cual debe diferenciar la manera de actuar de las personas. A mi parecer es un argumento dualista insostenible que lo que propicia es, no sólo la división, sino la exclusión, entre buenos ¿los católicos? y malos, ¿los judíos, los musulmanes, los habitantes del Amazonas, los Tarahumaras de la sierra, los pobladores del Congo, los oriundos de Yakarta?, quienes no han oído hablar de Cristo ¿Viven ellos en la inautenticidad?

Y Monseñor Norberto, que debe conocer muy bien a Cristo y tener fe en él debido a su alto cargo dentro de la jerarquía eclesial, me pregunto, ¿no vive en la inautenticidad al ser uno de los principales encubridores de sacerdotes pederastas mexicanos. Y a mayor abundamiento, de Marcial Maciel,  fundador de la orden  Regnum Christi?

Prosigue el Cardenal, y lleva su reflexión al campo de la familia. ¿Qué modelo de familia? Sin lugar a dudas como nos podemos dar cuenta, se refiere exclusivamente al tipo de familia conformado por un padre una madre y la prole; modelo heteronormativo. No da cabida a ningún otro tipo de relación interpersonal.

Cabe mencionar que la Catedral Metropolitana se encuentra situada en una zona marginal de la ciudad de México, en donde habitan hombres y mujeres de buena voluntad, con escasos recursos económicos y en donde a la vez, abundan familias desintegradas por la violencia, madres solteras que trabajan de sol a sol para mantener a sus hijos e hijas. Y podría proseguir, pero no es la intención de esta reflexión.

Si leemos con mucha atención lo que expresó el Cardenal, parecería que su mensaje dignifica y respeta por igual a todos los integrantes del modelo ideal cristiano de familia, (pues a estas alturas de su homilía ha repetido tres veces las palabras dignidad y respeto).

¿Qué sigue ahora? Lo que le faltaba mencionar: a la mujer, pero de ¿qué manera lo hace? Fijémonos:

La mujer, que está llamada a ser, por dignidad y vocación natural, madre, esposa y colaboradora… se ve obligada a tener que salir, contra su voluntad, a realizar trabajos que la apartan de la dedicación que debería tener hacia sus hijos”. “Cuántas veces las familias se ven sujetas, contra su querer, a reducir el número de hijos, porque la organización de nuestra sociedad fuerza a la mujer a un trabajo…”.

Cuántos casos observamos de mujeres que deben, una vez completada su jornada laboral semejante a la del varón, empezar una segunda ocupación, poniendo en orden el hogar que tuvieron que desamparar en la mañana”.

“Ningún programa de igualdad de derechos del hombre y la mujer es válido, si no se tiene en cuenta la realidad más profunda de lo que significa ser madre en la mujer”.

“Cuántas veces una supuesta liberación de la mujer no hace sino reducirla a una pieza productiva más dentro del mecanismo de desarrollo de la sociedad”… “Quién se siente estimulado para tener una mejor empresa…, cuando no hay quien atienda con amor sus necesidades básicas en el hogar?

“Por ello, cuanto más estimemos como mentalidad el papel de la mujer en su dimensión conyugal y materna”.

“Es por ello necesario descubrir el significado original e insustituible del trabajo de la casa y la educación de los hijos”.

Norberto Rivera, además de ser repetitivo, es ambiguo. Su mensaje es perverso y maniqueo. En sus palabras subyace una violencia simbólica en contra de todas las mujeres que trabajan, que no tienen hijos, que no se casan, que no son heterosexuales, que se divorcian, etc., etc. Pues además de leer lo que dice, debemos leer eso que no dice.

De la única manera en la que destaca el valor de la mujer es en el cumplimiento de su rol materno-esponsal. La priva de su derecho a superarse, a crecer por el bien de ella y de la familia. La confina a cumplir las labores del hogar, como si fueran tan sólo propias de ella y no debieran ser compartidas en corresponsabilidad por todos los miembros que conforman una familia.

Podría seguir, pero considero que lo dicho hasta ahora es suficiente para transmitir mi sentimiento de indignación como mujer, esposa desde hace 36 años, madre de una hija y dos varones. Además de socia fundadora de la Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista A. C., integrante del Observatorio Eclesial, y colaboradora y profesora del diplomado “Enfoque feminista de la Teología Cristiana”, entre otras actividades.

Quiero concluir con una pregunta que dejo abierta para que cada quién se responda: ¿Cuándo reconocerá la estructura jerárquico-patriarcal de la Iglesia, la total dignidad de la mujer como sujeto pleno de derecho, libre y capacitada para tomar sus propias decisiones y emitir su propia voz?

familia....Sínodo sobre la Familia
JESÚS Y SU FAMILIA EN LOS EVANGELIOS
Una relación conflictiva y superadora
EVARISTO VILLAR, teólogo, evaristo.villar@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 03/09/15.- En la cultura y espiritualidad cristina domina, en general, el monolitismo referente a la familia. Se habla de la “familia cristiana” como institución unívoca que prolonga la familia modélica de Jesús. Pero, a la luz de los evangelios, ¿fue tan modélica la familia de Jesús?

  1. El conflicto en la familia de Jesús

Entre la extrañeza por las obras que hace y el poco aprecio de sus paisanos por la humildad de su origen, los tres evangelios sinópticos dejan constancia de la familia nuclear de Jesús: “¿No es este el carpintero [Mt 13,55 dice “el hijo del carpintero, y Lc 4, 22, del “hijo de José”], el hijo de María  y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas con nosotros”, Mc 6,3?[1]

Como atestigua Lucas en el libro de los Hechos 1, 14, parte de esta familia se encuentra en la naciente Iglesia después de la pascua. Santiago, a quien se conoce como “hermano del Señor” (Gal 1,9), presidió la Iglesia madre de Jerusalén  (Hch 15,13), y, junto a Pedro y Juan, “dio la mano”  a Pablo y Bernabé cuando tuvieron que  acudir a Jerusalén para dar cuenta de su predicación entre los gentiles (Gal 2,9). Este dato se mantiene también durante el s. II en la tradición extracanónica[2].

Pero, contrariamente a esta aparente “armonía familiar”,  los evangelios sinópticos,  más pegados al tiempo real de Jesús,  dan algunas noticias sobre el comportamiento de la familia de Jesús antes de la pascua. Y no son precisamente apologéticas. Reflejan grandes tensiones entre Jesús y sus familiares. Una relación nada armónica que va desde el escepticismo que refleja el evangelio de Juan (“es que ni siquiera sus hermanos creían en él”, Jn 7,5) hasta el conflicto,  como veremos a continuación. El modo extraño de comportarse Jesús acaba rompiendo la armonía de la familia que llega a pensar que padece “trastorno mental”. Y, para salvar ante el pueblo su reputación, la familia se siente en la obligación de recluirlo.

La escena que cuenta Marcos Mc 3, 21-31, seguido de Mateo y de Lucas, es paradigmática. Jesús está en casa de Pedro y una multitud, descontenta con el sistema (“no podían ni comer”) se apiña a su entorno. Pero  “al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio… Llegó su madre  con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar”.

La fama de la familia, en especial de María, su madre, está en entredicho. “El hijo sensato, como rezaba el refrán popular, es alegría del padre, pero el hijo necio es pena para la madre” (Prov 10,1). En una sociedad agraria como aquella, el reconocimiento de la madre está en el número y valía de hijos varones; pero el fracaso de estos acarrea también el fracaso de la madre. Por esta razón han venido su madre y sus  hermanos para retornarlo a la cordura familiar.

Entre la multitud, sentada en semicírculos a los pies de Jesús, alguien le pasa el aviso: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera”. Ni siquiera entran para no hacerse cómplices de sus extravíos. Sin inmutarse, Jesús reacciona con una pregunta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” A nadie, y menos a su madre, le podía dejar buen estómago esta respuesta. Si no fuera por la aclaración que, después de observar la reacción del auditorio, él mismo hace, cabría pensar en una grave desconsideración con su familia y hasta de una humillación pública de su madre. Pero no parece ser esa la intención de Jesús. En su respuesta deja claro que lo que más profundamente vincula a los seres humanos no es el origen, sino la participación en el mismo proyecto. “Mi madre y mis hermanos, dice, son quienes se ponen en camino  para hacer lo que Dios anhela”. La participación en el Reino de Dios,  viene a decir, no se funda tanto en la sangre o la carne, representada allí por su madre, cuanto en el proyecto de fraternidad que constituye a la gente por igual en  hermanos y hermanas.

Reforzando esta escena emblemática de la casa de Pedro —pero ahora sin la presencia de los familiares directos—  está esta otra que narra exclusivamente Lucas en 11, 27-28. Para todo el mundo es notorio que el establishment judío no soporta de buen grado la transformación física y mental de la gente que sigue y oye los discursos de Jesús. El poder oficial le acusa de magia por la terapia que practica y le exige señales del cielo para acreditar  el origen divino de sus poderes. En estas, una mujer que lo viene siguiendo y conoce perfectamente el bienestar y la esperanza que infunde en las masas, grita mirando a Jesús y contra la ceguera de los dirigentes: “dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Jesús no la desmiente, pero aclara en seguida  que la dicha, aun de esa madre afortunada,  no está tanto en la vinculación natural con él, sino en la fidelidad de ambos al proyecto global de Dios: “Dichosos, mejor, los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen”.

Mantener estos datos conflictivos,  contra la poderosísima tendencia de esa primera época cristiana a convertir a Jesús en leyenda y objeto de culto es, a juicio de Gerd Theissen,  profesor de Nuevo testamento en Heidelberg, un buen indicio de su  historicidad[3].

  1. Apuntando directamente a las causas

El extraño comportamiento de Jesús con su madre y sus hermanos apunta directamente a las causas: su modelo de familia, como luego veremos, no coincide con el que ellos representan. El de Jesús es justamente la alternativa a la familia patriarcal. Frente a la dependencia y sumisión de la primera, Jesús apuesta abiertamente por la autonomía y la igualdad en las funciones y en los sexos. Veamos algunos ejemplos paradigmáticos:

. El referente a la paz y la espada, en Lc 12 51-53: “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo que paz no, sino división. Porque, de ahora en adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; se dividirá padre contra hijo e hijo contra padre, madre contra hija e hija contra madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra”. La decisión a favor o en contra de Jesús está causando, en las comunidades de Lucas, una división profunda en el seno de las familias. No hay paz, sino guerra porque, en el fondo, se están enfrentando dos proyectos alternativos, el de la verticalidad patriarcal y el de horizontalidad del proyecto de Jesús. Y todo esto se manifiesta tanto en el conflicto generacional que enfrenta a los hijos con los padres  como en el conflicto de género que rompe la dependencia de las mujeres frente a los varones.[4]

. Odiar a la propia familia (Lc 14, 26). La expresión, para nuestra sensibilidad, resulta hiriente. No nos está permitido odiar a nadie y menos a la propia familia. Tampoco, así como suena, encaja bien en el pensamiento real de Jesús. Este aparece más certeramente expresado en este dicho a propósito de los enemigos: “Os han enseñado que se mandó: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos” (Mt 5, 43). Los paralelismos con otros lugares del Antiguo y Nuevo Testamento han inclinado a los exégetas a traducir el verbo griego “miseo” (odiar)  por “amar menos” o “amar más” (como en Mt 10,37). Las nuevas Biblias castellanas[5] entienden adecuadamente la opción alternativa por el seguimiento de Jesús al traducir este semitismo por “preferir”: ”Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre…”. Superado este semitismo, estamos,  como en el dicho anterior sobre la paz y la espada, ante la doble ruptura generacional y de género. Ante el peligro de convertir la familia en gueto privilegiado y clasista, excluyente de los extraños y frecuente foco de egoísmo colectivo y posesivo, Jesús ofrece un proyecto de familia abierta, levantada sobre la gratuidad y la universalidad[6].

. El divorcio o la igualdad del hombre y la mujer (Mc 10, 11; Mt 19, 8; Lc 16,18). Los tres evangelios sinópticos reflejan este dicho de Jesús. Pero, mientras Marcos lo acomoda a la mentalidad grecorromana, más liberal,  Lucas se mantiene más pegado a la tradición androcéntrica judía: “Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada comete adulterio”. Como afirma Dominic Crossan[7], Jesús no se opone directamente al divorcio, sino a la legislación judía que lo convierte en privilegio exclusivo del varón. En este contexto jurídico, contra el que Jesús reacciona, se rompe el proyecto ideal del Génesis 2, 24 que apunta a la constitución, desde el amor, de  un solo ser sin sometimientos ni dominios en la pareja. La ley judía está siendo injusta porque deshumaniza a la mujer y a toda la familia sometiéndolos al capricho y dominio del patriarca. El conflicto, una vez más, surge entre la igualdad que propugna el Reino y el sometimiento que vige en la familia patriarcal, reflejo, a su vez, del dominio de la clase dominante sobre el pueblo.

  1. La alternativa de Jesús o la familia Dei

El tipo de familia que propone Jesús es en definitiva una respuesta  crítica y, a la vez, una propuesta  alternativa al modelo patriarcal vigente. Surge como reacción espontánea a la provocación ética  que está generando  la realidad sociopolítica y religiosa de la Galilea de su tiempo.  Una realidad impuesta desde el poder que está dejando fuera de las instituciones oficiales a mucha gente. No podía ser nunca bueno un sistema que ignora y excluye a la mayoría social. Y la familia androcéntrica y  patriarcal,   que reproduce en el espacio doméstico este mismo desajuste social, es, por este motivo, rechazable. La alternativa de Jesús apuesta por una forma de articulación  social que, invirtiendo el (des)orden establecido por las instituciones oficiales del imperio y del templo, comienza desde abajo, desde las víctimas que estas  mismas instituciones están creando. Su propuesta o tipo de familia que Jesús propone y pone él mismo  en marcha se concentra en lo que él mismo consideraba  la familia Dei[8]. En esquema, se reduce a las dos claves siguientes:

Frente a la familia patriarcal fundada sobre la propiedad de los bienes y de las personas que se convierte en un sistema cerrado, excluyente,  y frecuentemente posesivo, el nuevo proyecto se levanta sobre la sociabilidad y la gratuidad de los bienes y las  personas,  abierto a la inclusión y la  universalidad. Y frente a la verticalidad que se impone desde  arriba y reproduce  el viejo (des)orden de autarquía y sumisión,  Jesús propone un nuevo tipo desde abajo que se levanta desde la autonomía e igualdad de todos los miembros. Al poder monárquico y absoluto de la figura del padre que todo lo somete y domina  se opone la toma de conciencia de la igual dignidad desde la que todas y todos son hermanos: “vosotros,  en cambio, no llaméis a nadie “padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro “Padre”: el del cielo” (Mt 23, 9).

De entre la multitud de gente que lo seguía, algunas personas se comprometen con el nuevo modelo. Provienen desde distintas situaciones. Un colectivo amplio lo constituyen los que nada tienen, víctimas del sistema; otros lo hacen por vocación.

El primer grupo lo constituyen los que Holl calificó de “malas compañías”, es decir,  los pobres y mendigos, los sin hogar y sin tierra, desarraigados y siempre en camino.  Entre los segundos se cuentan los que, por opción, han dejado casa, hacienda o familia. Unos y otros van creando en torno a Jesús círculos de pertenencia de forma espontánea., desde los “meros oidores de su palabra” y los discípulos y discípulas que lo siguen de forma itinerante entre las aldeas hasta los mismos labradores que ponen su casa y sus bienes a disposición de los que anuncia un nuevo estilo de vida, el del Reino de Dios.

Una reflexión final

Pretender trasladar la realidad de hoy al evangelio y querer descubrir en él la presencia explícita de todos y cada uno de los tipos de convivencia que hoy se dan,  es, quizás, demasiado artificial. Pero tampoco sería correcto dejar tanta vida fuera del evangelio.

Hay, a mi modo de ver, dos instancias  desde las que todos estos tipos de familia entran por la puerta grande en la nueva Familia de Jesús o Familia Dei: desde la situación de exclusión, rechazo y marginación de la que—si no jurídicamente en algunos países— están siendo objeto sociopolítica y religioso-culturalmente en la “buena sociedad” y en las viejas iglesias. Son ellos hoy aquellas  “malas compañías” de las que quiso rodearse Jesús en su día. Esto en primer lugar. Y, luego, desde el principio del amor, omnipresente en todos los rincones de los evangelios[9]. También hoy se puede  oír la propuesta de Jesús: “amadlos como yo los he amado” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

[1] No voy a entrar en este trabajo en el tema de la filiación de Jesús, de la que sus paisanos no parecen dudar, ni en el significado preciso del término “hermanos” en los evangelios canónicos. Para el propósito que persigo, me basta el concepto genérico de familia. Para una mayor precisión,  cfr. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, 2006, p.174ss.

[2] . Cfr. El Evangelio según Tomás, llamado “el quinto evangelio” 12,  en  Aurelio de Santos Otero, Los evangelios apócrifos,  BAC, 1988, p. 691;  y el fragmento 6 del Evangelio a los Hebreos recogido por Antonio Piñero en Todos los evangelios, Edaf, 2009, p. 622.

[3] Cfr. Gerd Theissen y Annett Merz, El Jesús histórico, Sígueme 1999, p. 142.

[4] De este conflicto también se hace eco el Evangelio de Tomás, pero ignorando llamativamente la división de género.  Cfr. Aurelio de Santos Otero, Los evangelios apócrifos 16, p. 692.

[5]Cfr. L. Alonso Schökel y Juan Mateos en la Nueva Biblia Española, Cristiandad, 1975.

[6] El Evangelio según Tomás recoge en varios lugares este dicho de Jesús, números  55 y 101. En este último, incompleto, destaca la supremacía del seguimiento de Jesús desde el reconocimiento del importante papel que han tenido sus padres, y,  en concreto, el de su madre, por haberle dado la vida.  cfr. Antonio Piñero, Todos los evangelios, p. 430. Cfr. también, Xabier Pikaza, El hijo del hombre. Historia de Jesús Galileo, Trant lo Blanch, 2007, pp. 268-269.

[7] Cfr. John Dominic Crossan, Jesús: Vida de un campesino judío, Crítica, 1994, p. 350

[8] Cfr. J. Jeremías en Teología del Nuevo testamento, I, Salamanca, 1985, pp 200-101. En esta imagen, el padre de familia (oikodespotes) es el Padre del cielo, el primogénito,  hecho hombre, viene a ser el Señor de la casa, y los/as que deciden seguirle son todos y todas hermanos.

[9] Es tan omnipresente este principio que hasta la misma ciencia lo está descubriendo como componente fontal de toda realidad, como afirma el ciéntífico y teólogo irlandés Diarmuid O’Murchu: “No hay límites para la energía del amor, que engendra siempre formas de vida superiores  y más complejas, y en ese mismo engendramiento nos damos cuenta de una cualidad esencial benigna con la que está dotada toda la realidad, ante la que la “perpetuación de las especies” y “la supervivencia del más apto” se convierten en fuerzas motivadoras de importancia secundaria”, en Teología cuántica. Implicaciones espirituales de la nueva física, Editorial Abya Yala, 2014, p. 217.

Un curso en marcha

Publicado: 23 junio, 2015 en REFLEXIONES
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Escuela IdeoUN CURSO EN MARCHA
Escuela Ideo en Madrid

LIDIA, REBECA, NOEMÍ, ANDRÉS, DANIEL, CRISTINA y CÉSAR, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 23/06/15.- Se nos ha acabado el curso escolar. El pasado viernes 19 de junio terminamos los meses de colegio. Las aulas se fueron quedando vacías y esta semana ya no hay clases. Para esta familia nuestra, este curso ha sido muy especial, posiblemente el más especial de nuestra vida.

El 10 de marzo del año pasado os contamos que nos habíamos “embarcado en la creación de un colegio que llamamos ‘Escuela Ideo’” (ECLESALIA, 10/03/14) y poco después anunciamos nuestra presentación en “Ecosistema Educativo“. En mayo compartimos el artículo de Alandar que nos mencionaba, en la entrada “Educación del siglo XXI” de nuestra página.  También contamos: “No solo fútbol”, “Culturas, creencias e increencias en el aula”, “Tiempo solidario”, “Dios en el ‘Día del Libro’” y dimos noticia de la campaña “#xnaricesvamosacambiarelmundo” en “Por narices”.

Sabemos que algunas de las familias que han venido a Escuela Ideo nos conocieron a través de Eclesalia y hoy son compañeras de aventura. Creemos que estamos haciendo una buena labor y nos sentimos muy agradecidos por todo lo que hemos vivido. Queremos seguir aprendiendo y celebrar nuestro aprendizaje.

El pasado jueves 18 de junio, celebramos “las emociones vividas en los últimos diez meses” con una fiesta, de la que da cuenta el blog del colegio:

“Se acabó el curso. Dejamos atrás meses de vida y aprendizaje, experiencias únicas que nos han enseñado un poco más a caminar por este mundo.

Ha sido el primero de Escuela Ideo y nos sentimos muy orgullosos por todo lo que hemos hecho juntos. Ayer lo celebramos con una fiesta en la que todas las etapas acogieron a las familias para compartir, como Comunidad Educativa, las emociones vividas en los últimos diez meses. Nos acompañó, una vez más, el grupo musical Deja vù. Tuvimos la oportunidad de seguir colaborando con la campaña “Por narices vamos a cambiar el mundo“, junto con la Fundación Luz Casanova, mediante la venta de bebidas y papeletas para el sorteo del premio que recibió el profesorado en la feria ExpoKids 2015, asociado al obtenido por el alumnado.

La mañana de hoy viernes ha transcurrido entre juegos, recogida, recuerdos y alguna que otra lágrima por las despedidas.

tubogán escuela ideoSe acabó el curso. Comenzamos en septiembre después de meses de preparación de un colegio nuevo. Tiempo de confianza mutua y de proyectos en papel que se han hecho realidad poco a poco. Al igual que con el tubogán de Basurama y Secundaria que inaugurábamos ayer, tuvimos que construir antes de jugar.

Hemos disfrutado el curso que acaba y también tendremos la oportunidad de aprender divirtiéndonos en los meses de verano. Nos llevamos Escuela Ideo a casa, en las personas que formamos parte del colegio, sabiendo que nuestro estilo de vida tiene un poco de la enseñanza aprendida.

¡Feliz verano!

Seguimos…  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Dibujo de Andrés

Dibujo de Andrés

Nacer de nuevo

Publicado: 31 diciembre, 2014 en REFLEXIONES
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clamorNACER DE NUEVO
MERCEDES NASARRE RAMÓN, psiquiatra, mnasarre@hotmail.com
HUESCA.

ECLESALIA, 31/12/14.- Todos los años se repiten cosas parecidas en esta época del año. El tiempo navideño, desde el día 22 de Diciembre hasta el día 6 de enero, es el más cargado de tradiciones y rituales en buena parte de nuestro mundo.

En Navidad, el sol alcanza su punto más bajo y la noche es más larga que nunca, pero justo en ese punto más oscuro, ocurre la transformación. La luz vuelve a desplegarse y vence a la oscuridad.

El nivel histórico, el nivel mitológico y el nivel psicológico están ligados entre sí. La historia nos la suministran los redactores de los evangelios, que proyectaron sobre sus narraciones toda la impresión personal que el profeta de Galilea les produjo. Pero no se trata sólo de recordar algo que ocurrió, cosa que se olvida a menudo, sino de entender lo que subyace bajo estos símbolos. Así, entramos en el nivel mitológico, en el que hay pautas arquetípicas que son comunes a la humanidad desde hace siglos. Los mitos expresan algo oculto en la psique humana y sólo ellos lo articulan, porque el mito nos habla del desarrollo de lo eterno en el tiempo.

Este tiempo, en realidad, es una invitación a nacer de nuevo. Navidad significa nacimiento, acaba un año y empieza otro… Este nacimiento sólo es posible cuando nos alejamos de la exterioridad y retornamos a lo más íntimo de nosotros. Al lugar más oscuro y más secreto, allí donde está lo débil y a veces lo más roto. Sin embargo, mientras el individuo está ocupado en la realización de su ego, no ha llegado el tiempo de conocer la luz interior. Los cimientos han de ser sacudidos y sólo entonces la mirada se hace más profunda y puede ir más allá de las cosas.

Y entramos en el nivel psicológico, la Navidad siempre nos remite a la familia y a la infancia. Somos herederos de un cuerpo y de una historia emocional que nuestros padres nos han trasmitido. Durante todo el proceso de la vida atravesamos conflictos y dolores que son inherentes al hecho de madurar. Los hijos idealizan a los padres y éstos a los hijos y todo ese asunto narcisista debe disolverse para llegar al verdadero amor. Las heridas narcisistas duelen, nos decepcionan muchas cosas, es más, las heridas íntimas son las principales responsables de que haya hombres y mujeres moralmente hundidos. Unos se protegen con la crispación, otros se ocultan bajo una máscara opaca. Algunos están paralizados y otros, como dice una canción, se vuelven malos. No hay nadie sin cicatrices y marcas de la vida.

La posibilidad de nacer de nuevo ocurre exactamente en ese lugar de las heridas, allí está la puerta para encontrarse con el yo más auténtico. En medio de nuestra debilidad podemos dejar que el amor actúe y nazca en nosotros. No olvidemos que, pese a lo imposible, el dios cristiano es el dios de la debilidad y de la esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).