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entendiendolalevaduraNI DA LARGAS, NI PASA DE LARGO III
YOLANDA CHAVES, yolachavez66@gmail.com; MARI PAZ LÓPEZ SANTOS,pazsantos@pazsantos.com; PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
LOS ÁNGELES; MADRID; BUENOS AIRES.

ECLESALIA, 15/09/17.- Jesús iba siempre de camino, se abría a los encuentros y por medio de parábolas apostaba por abrir a la gente a la comprensión de lo que era el Reino. Aquel día se metió en harina y les dijo que “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa (Mt 13, 33).

En esta acción dinámica entre el reino de Dios, Jesús y la vida cotidiana, a las mujeres se nos reintegró la dignidad, la autoridad moral y la libertad que aún nos niegan las estructuras de poder. Con Jesús a las mujeres se nos reconocieron las capacidades religiosas, intelectuales y morales sin un hombre como intermediario entre estas dimensiones.

En la parábola de la mujer, la levadura y las medidas de harina, Jesús habla de “fermentar. Esa es la auténtica llamada a las mujeres en la misión de Dios hoy también. ¿Cómo podemos llevarla a cabo? ¿Cómo podemos ser fermento en la masa de la Iglesia?

Quien alguna vez ha trabajado con levadura sabe que para que la masa leve hace falta que la proporción entre los ingredientes, la temperatura y el tiempo de levado sean los adecuados. La levadura es condición necesaria, sin ella la masa no se transforma, pero no es condición suficiente. La Iglesia, la masa, tiene que poner su parte para el éxito de la gestión. Las mujeres desde siempre están haciendo lo suyo, desde lo pequeño, lo oculto, lo aparentemente sin importancia, sin ellas es obvio que la Iglesia no seguiría viva. Basta para confirmar esto darse una vuelta por cualquier parroquia.

Los ejemplos de la relación de Jesús con las mujeres trabajadas en artículos anteriores nos da la razón. Esta comunidad inclusiva de Jesús se fue perdiendo con el tiempo, así como se perdieron también muchas de sus enseñanzas. El Reino sigue siendo un sueño en el mundo, una utopía. Pero si cada una de nosotras acepta ser levadura, contribuiremos a la trasformación necesaria para que cada vez más el mundo se parezca al Reino.

A continuación proponemos algunas sugerencias:

  • Trabajar para recuperar el cristianismo inclusivo e igualitario del  primer siglo, hasta que lleguemos a acostumbrarnos a la dignidad, la capacidad intelectual y la autoridad moral de las mujeres, reconocida hace poco más de dos mil años por Jesús.
  • Salir de actitudes de subordinación, haciendo oír nuestras voces en las comunidades donde actuamos. Si queremos ser luz no podemos esconder la lámpara debajo de un cajón (Mt 5, 15). No se trata aquí de lucimientos personales, si no de construir comunidades inclusivas.
  • Trabajar juntos para superar falsos estereotipos con respecto a las funciones y aportes que tanto mujeres como varones pueden hacer en la Iglesia y en el mundo.
  • Recuperar la memoria de tantas mujeres que ejercieron un liderazgo dentro de sus comunidades, y que con sus acciones ayudaron a impulsar la historia de la Salvación.
  • Trabajar en nuestras iglesias locales para reconocer que en la Iglesia global todas y todos nos necesitamos, que lo que a una u otra comunidad le afecta, tarde o temprano afectará a la mía.

Hermanas, si todas nos tomamos en serio esa labor de “fermento” en nuestras comunidades eclesiales, estaremos dando un paso firme y definitivo, aún sin esperar a un reconocimiento expreso de las autoridades de la Iglesia… ¡Jesús ya lo hizo!

Con esa confianza tenemos que hacer efectiva la libertad nosotras mismas cada día, desde nuestra vida cotidiana. Así podremos proclamar junto a Pablo: “ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28)  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NI DA LARGAS, NI PASA DE LARGO I el 08/09/17
NI DA LARGAS, NI PASA DE LARGO II el 11/09/17

En ediciones anteriores: 

 

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Frente al mar

Publicado: 28 julio, 2017 en REFLEXIONES
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FRENTE AL MAR
“Tomar un nuevo vuelo de libertad”
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 28/07/17.- Desde siempre tuve miedo al mar, su grandeza y majestad me intimidan; para mí el mar resultaba algo tan grandioso como infranqueable. Ante su inmensidad me sentía tan pequeña e impotente, que me refugiaba en el miedo y temor. Desde siempre he preferido la montaña, pues la montaña la encuentro más “abordable” para mí; me da más seguridad y confianza. Ante el mar me pasa como a Pedro: tengo miedo de hundirme, de caer en el vacío. El vacio, siempre ha sido para mí una sensación de pánico, difícil de explicar. El vacio y la nada van juntos, y esto, me horroriza. ¡Misteriosa realidad! ¡Sólo de pensarlo me entra vértigo! Esta nada y vacio, nada tiene que ver con “las Nadas” de San Juan de la Cruz que, justamente, es un vaciarse de todo aquello que llena el espacio de nuestro ser, para dejarlo más “limpio”, más “puro” “sin nada”, con el fin de que sea Dios, y sólo Dios, quien lo llene; y de esta manera vivamos de su plenitud, de su Presencia. Entonces ya no hay vacio, pues Su Presencia llena plenamente la capacidad de la creatura.

Este tiempo, viviendo a la orilla del mar, en mí se ha cambiado el miedo y temor en la admiración de su grandeza, en la contemplación de su belleza, esa belleza que recibe de su Creador. Para adentrarme mar adentro, he tenido que pasar muchas horas contemplando su inmensidad, pasearme junto a él y sentir la brisa suave de sus olas impregnadas de fragancia frescura y suavidad; para que en mí se realizase esta transformación y cesase el miedo y termo. El hecho de vivir cierto tiempo a orillas del mar ha hecho que se diese ese cambio, aunque para mí, la montaña sigue teniendo su prioridad.

Cuando escribo estas líneas me encuentro junto al mar, en la puerta de la ermita de san Roque, Garachico, Tenerife. Hace un día maravilloso, primaveral y no me he resistido a la “tentación” de dejar mi ordenador, es decir, mi trabajo, para concederme el “regalo” de estar cerca, mirar, contemplar y admirar el gran espectáculo que resulta la alta marea, ¡algo extraordinario! Me entusiasma contemplar esos cambios que a lo largo del día pueden realizarse en el mar.

Contemplo las diferentes tonalidades de azul tan distintas, las cuales se fusionan y se unen en el lejano horizonte, allá a lo lejos, dando la impresión de fundirse en el azul celeste del cielo, con sus nubes lejanas como relieve de esas diversas tonalidades que se difunden en una mismo lienzo, resultando como un maravilloso encaje tejido por las manos más finas y delicadas de su Pintor.

El mar está bravo, las olas alcanzan hasta la orilla y acarician todo mi ser. Sensación inexplicable, en este maravilloso marco de belleza a la que se unen las sencillas palomas y elegantes gaviotas para acompañarme y romper mi soledad. Unas están entretenidas picoteando en las orillas y arrastrándose entre las arenas, otras en cambio, se elevan de la arena de una manera decidida, de terminada y elegante para escalar las alturas y así lograr la libertad.

La vida en el muelle, en las orillas, es demasiado monótona y vulgar, para aquellas gaviotas que se sienten llamadas a volar alto, para aquellas que buscan horizontes de libertad, plenitud e inmensidad. Por eso, ciertas gaviotas se arriesgan a volar alto, kilómetros y kilómetros, a lo largo y ancho del océano, aunque no sepan con certeza el riesgo que ello supone ni donde un día podrán aterrizar. Poco importa el riego, el cansancio, las contorsiones de sus alas y de su ser entero. Lo que importa es emprender un nuevo vuelo, experimentar un halo de libertad que les lleve al encuentro con la Roca que es Cristo, y en ella poder descansar.

Por supuesto que me siento plenamente identificada con estas gaviotas que han emprendido el vuelo. Yo también tengo ansias de libertad, de altura, de horizonte que me lleve a la plenitud, a la inmensidad, la cual, una no sabe si está en las alturas o en las profundidades o, tal vez, en las dos, porque Dios está en todas la partes, también en el muelle, junto aquellas gaviotas que nunca lograrán vuelos de libertad.

Lo que cambia es el destino de cada gaviota, porque para cada una es distinto; pues mientras a unas les basta y se conforman con quedarse en el muelle, entretenidas en comer “las migajas que caen de la mesa”, pasando así las horas y los días de manera monótona y sin mayor interés ni aliciente; las otras, en cambio, prefieren arriesgarse y emprender un nuevo vuelo, el vuelo de la “aventura”, pese al riesgo que él supone. En efecto, el vuelo las aleja del muelle, sin tener la certeza de adónde el “viento” las puede llevar. Poco importa, lo importante es arriesgarse a emprender el vuelo, un nuevo camino, con la certeza de que todo camino lleva a un término. Quien no se arriesga nunca hace camino y como dice nuestro poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Ahora bien, ese camino se hace en tierra, pero cuando se camina entre el mar y el cielo, ¿qué camino hacer? ¿Qué huellas seguir? ¡Pobres gaviotas! Extenuadas del camino, con sus alas heridas por el viento, y su cuerpo maltratado por las lluvias torrenciales y el sol radiante ¿cómo seguir volando? La sola y única seguridad la tienen en aquella gaviota que las guía con sabiduría e inteligencia y en la que han puesto toda su confianza, esa gaviota se llama: Espíritu Santo. Con él están seguras de llegar al buen puerto, al puerto donde podrán saciarse de aquello que fueron a buscar: horizontes de libertad, amistad, belleza, inmensidad, amor, plenitud, en definitiva eternidad: Dios, pues, el termino de todo camino es El, el hogar, la casa paterna y materna que nos espera para acogernos con inmenso amor y ternura al atardecer de nuestro vuelo.

Ante tal certeza, ¿qué puede importar el riesgo? ¿Por qué temer a las heridas de nuestras alas hechas añicos por la lucha y el desgaste del camino, si al final de la meta nos aguarda ese hogar cálido y acogedor, donde podremos descansar de todos nuestra fatigas y gozar de la visión y la unión plena de Aquel por el cual hemos emprendido el vuelo, desde la esperanza y el amor gozoso del encuentro?

Vivir en “las alturas” da otro horizonte, la vida se ve y se vive de muy distinta manera, con más profundidad y, a la vez, con un cierto relativismo  pues, se va a lo esencial. Desde las alturas la perspectiva de las cosas y acontecimientos cambia, y de alguna manera ya se goza de la nueva ciudad que nos espera: la Ciudad Santa, (cf. Apocalipsis, 21,1ss), la Jerusalén celeste, toda bella y armoniosa, con sus preciosas piedras cristalinas, sus lámparas de zafiro, y en medio del trono se encuentra el Cordero, Amor del alma, Aquel por quien las gaviotas emprendieron el vuelo.

Es evidente que la meta de las gaviotas está en encontrarse con el Amado, aunque para ello tengan que pasar por todas las inclemencias y adversidades “meteorológicas” del tiempo, de la noche, para llegar al alba del encuentro feliz.

Volar alto no significa desentenderse de la vida concreta que nos toca vivir, no, todo lo contrario; volar alto significa vivir la vida desde otra dimensión, dándole otra profundidad y altura. Volar alto significa alcanzar la libertad de los hijos de Dios, vivir las exigencias evangélicas y, de alguna manera, ayudar a otras “gaviotas” a que también emprenda el vuelo de la libertad, del amor, de la entrega y de la felicidad.

Quisiera ser como esas gaviotas que se arriesgan a emprender el vuelo de la libertad, de la inmensidad que les espera. ¡Poco se avanza quedándose en el muelle! Únicamente emprendiendo el vuelo es como se puede alcanzar las alturas, vencer la mediocridad, la superficialidad, la rutina del muelle y lograr meta de santidad, de plenitud. Esa plenitud que, de alguna manera, nos hace gustar, ya en el tiempo, los majares exquisitos que nos aguardan en el banquete de las bodas del Cordero; pero para ello no nos conformemos con pasarnos la vida en el mulle, emprendamos el arriesgado y gozoso vuelo de la Libertad (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Preguntas

Publicado: 30 junio, 2017 en REFLEXIONES
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faqPREGUNTAS
Ejercicio espiritual
GUILLERMO OROZ ARAGÓN, Fraternidad de laicos cistercienses del Monasterio de La Oliva, guillermomertxe@hotmail.es
NAVARRA.

ECLESALIA, 30/06/17.- ¿Os he dado alguna vez las gracias por cuantas preguntas me habéis hecho? En un diálogo, las preguntas son el puente entre las voces, la confluencia de corazones, el destello de luz compartida. Todas y cada una de ellas me han hecho crecer, aun la que parecería más trivial. Porque cada pregunta viene cargada de matices, unas de cariño, otras de atención o de interés, e incluso algunas de desafío… Unas he contestado, otras aún no he sabido, quizá nunca sepa contestarlas…

¿Cuántas preguntas hemos dejado de hacer no pocas veces? Flores que no hemos plantado en los campos del diálogo. La pregunta verdadera tiene siempre el aroma de la humildad: es el reconocimiento de nuestra ignorancia y el de la capacidad de nuestro hermano para ayudarnos. La pregunta es una frase inconclusa, un verso que busca palabras de otro para dar cumplimiento a su belleza y su mensaje.

La pregunta tiene el color del respeto infinito por la libertad del otro.

¿También vosotros queréis marcharos?

Jesús es un Dios que pregunta. Son infinidad las veces que Jesús se acerca al hombre y le interroga. Desde el “¿qué buscáis?” inicial en Juan, o la triple interpelación a Pedro de “¿me amas?”, o el clamor al Padre “¿por qué me has abandonado?”; o la delicadeza con el ciego en la piscina de Betseda “¿quieres recobrar la salud?”.

El, que es Verdad, Camino y Vida, también se compone de preguntas.

¿Aún no entendéis?

Pero la pregunta tiene su final, su conclusión, su meta: la respuesta. Supremo acto de libertad y amor.

Desde el inicio, aún en el paraíso, Dios busca al hombre con una pregunta: “¿dónde estás?”. Dios nos busca, siempre es el primero en dar el primer paso. Es Él quien nos ha elegido, no nosotros a Él. Nosotros somos respuesta a esa pregunta primordial y primigenia. O no somos nada.

¿No os he elegido yo a vosotros?

Pero también somos un montón de preguntas. ¿Cuántas no guardamos en nuestro interior, incluso con rabia? ¿Cuántas no nos gustaría hacerle a Dios mismo? Pero la respuesta, si tiene que llegarnos, lo hará cuando nuestro corazón esté preparado para escucharla; ni un instante antes, ni un instante después. Por eso, cuando no podamos vivir las respuestas, vivamos las preguntas. Sin miedo, sin angustias, en actitud de espera y confianza.

“Sé paciente con todo lo que aún
no está resuelto en tu corazón…
Trata de amar tus propias dudas…

No busques las respuestas
que no se pueden dar,
porque no serías capaz de soportarlas.
Lo importante es
vivirlo todo.

Vive ahora las preguntas.
Tal vez así,
poco a poco,
sin darte cuenta,
puedas algún día
vivir las respuestas.”
Rainer María Rilke.

También nosotros somos una pregunta que hacemos a Dios y esperamos respuesta. Él ya nos ha respondido y nos responde cada día, pero a menudo estamos demasiado ocupados en nuestro ruidoso mundo para escuchar. Jesús es la respuesta de Dios a nosotros.

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

Tanto en el evangelio de Lucas como en el de Juan, las primeras palabras de Jesús son una pregunta; en el de Lucas, incluso las primeras tras la resurrección lo son  también. En cierto sentido, cada Evangelio es una interrogación que Dios nos hace a cada uno de nosotros.

¿No habéis leído…? ¿A quién buscáis? ¿Crees esto? ¿Comprendéis lo que he hecho? ¿Por qué me pegas? ¿Por qué lloras? ¿Por qué tenéis miedo? ¿Quién me ha tocado? ¿Qué queréis que os haga? ¿Quién decís que soy yo? ¿No habéis podido velar una hora conmigo? ¿Os faltó algo? ¿Me amas?, ¿me amas?, ¿me quieres?

¿Somos capaces de contestar a algo de todo eso? Pues mucho más es lo que Jesús nos pregunta desde su evangelio y desde nuestra vida.

Quizá estemos demasiado seguros de nuestras certezas muchas veces y debamos regresar a las preguntas como quien regresa al hogar y a la infancia. Para no encorsetar al Espíritu, para dejar a Dios ser Dios.

¿Dios es una pregunta?

 Ante la inmensidad de Dios, en bondad, en verdad y en belleza, siempre hay algo que se nos escapa, que se nos refugia en el Misterio: ahí sólo podemos asomarnos apoyados en la muleta de un interrogante.

Pocas grafías hay tan hermosas como el interrogante  “?”.

¿Por qué molestáis a esta mujer?

La pregunta está empapada de ternura y delicadeza. Es imposible el diálogo sin preguntas; es imposible que un niño hable con su padre sin preguntas, ni un amigo con otro amigo, ni un esposo con su esposa. No es posible el amor sin preguntas. No es posible la oración sin preguntas.

Ya llegará el Día del Señor, el día de la Gran Respuesta. Pero hasta entonces las preguntas son parte de nuestro vivir la verdad en los caminos, como son parte de quien es Camino, Verdad y Vida.

Dice Jesús que los niños, y sólo ellos y quienes son como ellos, entrarán en el Reino. ¿Y no es el niño quien domina el arte de preguntar?, ¿no es el niño quien vive perpetuamente instalado en la pregunta? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Migrantes, refugiados y fronterasDel 18 al 20 de mayo en Gijón
CRÓNICA DEL XXIX ENCUENTRO DE CRISTIAN@S DE BASE DE ASTURIAS
Celebrado bajo el lema “Migrantes, refugiados y fronteras. De la exclusión a la hospitalidad”

FAUSTINO VILALABRILLE, sacerdote, faustino.vilabrille@gmail.com
GIJÓN (ASTURIAS).

ECLESALIA, 29/05/17.- Los días 18,19 y 20 de mayo tuvo lugar la celebración del 29 encuentro de cristianos de base de Asturias, con lleno total los tres días del amplio salón de actos de Proyecto Hombre. El hecho de que estemos llegando ya a los 30 encuentros demuestra la lucha, el esfuerzo y compromiso de este colectivo por  mantenerse  en línea, en sintonía y fidelidad al mensaje del Evangelio ante la realidad de los problemas de nuestro tiempo.

Ofrecemos a continuación una apretada síntesis del contenido de este XXIX encuentro, que giró en torno a la emigración y sus grandes problemas.

El día 18 fue una Mesa Redonda dedicada a Experiencias de Solidaridad  con Emigrantes y Refugiados. Intervinieron Falo Marcos, activista social; Alfonso Pombo, voluntario en campos de refugiados; Patricia Simón, periodista; Javier Bauluz, fotoperiodista y Berg Janoian, de ACCEN Asturias.

Bauluz denuncia que «Europa prohíbe el amor al prójimo» porque se criminaliza a quienes están luchando por salvar vidas, y por su discurso de xenofobia basado en mentiras y manipulaciones. Criticó la firma de un acuerdo con Libia donde los emigrantes son esclavos y se tortura y viola a las mujeres.

Alfonso Pombo insistió en la necesidad de cambiar las políticas de la UE: trenes que traían a los emigrantes de Siria más bien parecían de la segunda guerra mundial camino de Auschwitz, con la diferencia de los voluntarios que los acogían, atendiendo a los enfermos, ofreciéndoles ropa y otros cuidados, pues son personas, no seres malignos. Hubo un movimiento popular de acogida, pero los gobernantes europeos reaccionaron cerrándoles las puertas como si fueran un enemigo externo. En Grecia se instalaron en campos espontáneos, a 40 grados a la sombra; inconcebible que esto pasase en un país europeo, con unos servicios mínimos escasísimos.

Janoian destacó la falta de planificación en la acogida que realizan los gobiernos ya que «adquieren compromisos que luego no cumplen. Hay mucho rechazo a lo que viene del mundo árabe. Si te oyen hablar en árabe ya te convierten en sospechoso e incluso afín al terrorismo. La policía va por la calle identificando a los inmigrantes por su aspecto para tenerlos controlados, y en un momento dado devolverlos a su país de origen.

Patricia Simón aseveró que «Europa está en guerra con los refugiados y migrantes. Se destinan impuestos para operaciones de defensa que pretenden evitar su llegada a nuestras costas». De los cupos correspondientes comprometidos, la UE solo lleva acogidos el 12 %, y España el 7 %.

Para Falo Marcos, todo lo que está pasando  es fruto de falta de voluntad política.

El día 19 estuvo dedicado a la perspectiva política y económica de la emigración, conferencia organizada conjuntamente con el Comité de Solidaridad con la Causa Arabe, a cargo de Nazanín Armanian, politóloga y profesora de la UNED.

Fue una densa y muy documentada exposición que resumimos, muy  en síntesis, en estos términos:

  • A los Refugiados más bien deberíamos llamarles apátridas. Hay varias clases , como los desplazados a causa del cambio climático.
  • Los campos de refugiados están militarizados. Ahora mismo en el Líbano hay casi dos millones de refugiados.
  • La ONU rebaja mucho las cifras de refugiados. Obama devolvió 3 millones de pakistaníes. 12 millones de afganos perdieron su hogar, y lo mismo les pasó a 14 millones de iraquíes. Lo han perdido también 4 millones de yemeníes y 15 millones de sirios, así como 2 millones de libios. Hay muchos más de los que reflejan las cifras oficiales. En alguno de los países de Oriente Medio en conflicto, ya casi no hay niños. En Kenia, está uno de los mayores campos de refugiados del mundo, que alberga a 256.000 personas, principalmente de Sudán del Sur y Somalia, donde 14.000 niños han venido aquí solos o acompañados de familiares, pero sin padres.
  • Los gobiernos de Oriente Medio son todos de derechas o de extrema derecha, y los que se dicen socialistas, en realidad son derechistas. La OTAN desde bases militares en la región organizó golpes de estado en estos países, donde hay mucho interés en controlarlos, porque Irán es la primera reserva mundial de gas y Qatar la segunda. Sin embargo en petróleo, la primera es Rusia y la segunda Venezuela, donde las petroleras rusas tienen una marcada influencia. La región de Oriente Medio tiene el 70 % del petróleo del mundo, y por eso EE.UU. quiere a toda costa estar militarmente presente aquí. Los países que no tienen acceso al mar luchan infatigablemente por conseguirlo a fin de exportar el gas licuado y el petróleo. De ahí, la pelea por consentir o prohibir la construcción de un gasoducto a través de Siria.
  • En contra de lo que se piensa, las religiones no tienen ningún papel significativo en Oriente Medio. Irán es el país más poderoso de la zona y sin embrago se unen Arabia Saudí, Israel e Irak, de diferentes religiones, para controlar a Irán. De esta zona podría salir una nueva gran guerra, pero la competencia entre las tres grandes potencias EE.UU. Rusia y China les hace respetarse unos a otros.
  • Se culpa al terrorismo de muchas muertes, unas 2000 diarias, pero el hambre mata hasta 100.000 todos los días. La primera víctima de la guerra es la manipulación de la información.
  • Hoy ha cambiado profundamente el concepto de guerra a gran escala, porque un virus informático puede desactivar todo el sistema defensivo de un país. Hoy una tercera guerra mundial no tendría nada que ver con las anteriores.
  • En enero de este año hubo una gran indignación en Alemania por la violación de muchas mujeres en la noche vieja anterior, atribuidas a los inmigrantes, e incluso una adolescente alemana afirmó haber sido violada por inmigrantes, pero se descubrió que había inventado esta historia. Sin embargo no cundió esa indignación por 300 niños sirios violados en un campamento de refugiados, o los miles de mujeres violadas en otro de Jordania o extorsionadas de mil formas: “quieres que te dé agua para el niño, dame sexo”. Hay tráfico de niños, tráfico de órganos humanos: 10.000 niños han desaparecido en Italia y Alemania sin saber a dónde fueron a parar. La guerra es el mejor pretexto para violar a las mujeres y poner en marcha un verdadero mercado de niñas. Afganistán es el segundo país del mundo en número de mutilados.
  • Bashar al-Ásad es un hombre políticamente sin futuro, sostenido por Putin que a su vez le ordena no consentir que el gasoducto desde Qatar pase por Siria porque perdería mercado para el suyo.

La interesante y teológicamente muy bien argumentada  conferencia del tercer día estuvo a cargo de Juan José Tamayo, Teólogo y Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de la religión de la Universidad Carlos III, sobre Las Religiones Monoteístas y el Mediterráneo, de mar intercultural e interreligioso a fosa común. Resumo las líneas fundamentales de la misma:

Son miles y miles (más de 5000 en 2016, que supone un incremento del 25%  sobre 2015; en torno a 1500 este año) los cadáveres de personas inmigrantes que encuentran la muerte en el Mediterráneo, huyendo de la pobreza, el hambre, la guerra, el terrorismo, y chocan con la insolidaridad de una Europa, que se autodefine cínicamente como moderna, ilustrada, humanista, desarrollada, pluralista, tolerante, hospitalaria, sin fronteras; personas que el periodista Ricardo Calero simbolizó fotografiando 3000 pasaportes y tirando las copias al mar.

Mientras se producen a diario decenas de muertes en el Mediterráneo, algunos países europeos cierran sus fronteras a cal y canto, otros se pelean por acoger los menos posibles como si los refugiados y las refugiadas fueran mercancía.  Todos los países incumplen los protocolos internacionales para con ellos y sus compromisos de  acogida.  En España numerosos ayuntamientos, organizaciones no gubernamentales e instituciones cívicas tienen acondicionados espacios de acogida, pero el gobierno pone todo tipo de trabas para la llegada del cupo de refugiados y refugiadas  al que se comprometió. Algunos dirigentes europeos incluso afirman que la llegada de inmigrantes, que son las personas más vulnerables, como  mujeres, niños, niñas, discapacitados, sin recursos, etc., ponen en riesgo el bienestar de su ciudadanos.

Además de haber pagado grandes sumas a las mafias, de llegar exhaustos, hacinados en pateras arriesgando la vida, se encuentran que tener que huir de la policía y sus perros, saltar las vallas con sus cuchillas, en vez de encontrar el paraíso que les habían prometido.

El Mediterráneo, otrora un mar abierto a todos, donde convivieron  diferentes culturas, religiones, civilizaciones, hoy se ha convertido en mar de fronteras infranqueables, foso de separación entre el Norte y el Sur, espacio de exclusión, xenofobia, islamofobia, racismo… y peor aún, fosa común de muertos anónimos del Sur, cementerio de gentes que huyen del hambre y de la miseria, del terror, de fanatismos religiosos que matan en nombre de Dios; personas víctimas de dictaduras, gobiernos militares y corruptos, guerras civiles con armas fabricadas en el norte rico que matan en el sur pobre, conflictos religiosos, etc.

Todos ellos son considerados población sobrante, producto de la “cultura del descarte”, como ha denunciado el Papa Francisco en su encíclica La alegría del Evangelio, desechos sobrantes, resultado de la globalización de la indiferencia, que nos incapacita para ser compasivos, fruto de un capitalismo sin entrañas, el neoliberalismo del Dios dinero, que niega a los pobres el derecho a la vida. Sus muertes son cínicamente lamentadas, pero no sentidas ni lloradas por los poderes políticos y económicos europeos sin entrañas de misericordia y compasión, que les cierran las fronteras por tierra, mar y aire, considerándolos bárbaros que no deben entrar  al mundo civilizado, pero en realidad los bárbaros somos nosotros con ellos.

Las personas más vulnerables son los niños, las niñas, las mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, sometidas a todo tipo de vejaciones: acoso sexual, agresiones físicas, trata de personas, tráfico de órganos, trabajos forzados, prostitución, violencia de género, etc.

¿Podían haberse evitado tantos miles de muertes, pueden evitarse en el futuro? Sí, pero obligando a los gobiernos a cumplir los protocolos internacionales en materia de acogida de las personas refugiadas; abriendo rutas seguras que impidan a los refugiados caer en las redes de las mafias; y apoyando y no condenando a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno; así como con políticas de apoyo al desarrollo en los países de origen, eliminando fronteras, no vendiendo armas ni apoyando dictaduras ni gobiernos corruptos en los países de origen.

En todo esto han jugado y juegan un papel importante, las tres religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo e Islam), que, si a veces han contribuido al diálogo intercultural, y a la convivencia pacífica, en  otras, han atizado las guerras, los choques y enfrentamientos entre civilizaciones, culturas y religiones.

Las sociedades surgidas a partir de la región mediterránea comparten una triple herencia: la fe monoteísta de las religiones hebrea, cristiana y musulmana. Judaísmo, Cristianismo e Islam tienen la misma cuna. Las tres surgen en el Próximo Oriente. Pertenecen a la misma familia, poseen un patrimonio cultural y un parentesco espiritual comunes. Para las tres, no se puede colocar a ídolo alguno junto a Dios, como tampoco puede ponerse a su mismo nivel autoridad alguna de este mundo ni compararse a Dios. En las tres religiones, el pecado mayor contra la fe es la idolatría o la asociación de cualquier ser creado con Dios su creador. Los tres monoteísmos son de carácter ético, expresado en la práctica de la justicia y el derecho, hacer el bien y evitar el mal, reconocer sus derechos a los oprimidos, hacer justicia a los huérfanos y abogar por las viudas.

Jesús anuncia el Reino de Dios como Buena Noticia para los pobres y mala para los ricos, la inclusión de las mujeres en su movimiento en igualdad de condiciones que los hombres y con el mismo protagonismo; en la incorporación de los paganos a su proyecto de salvación; en la curación de los enfermos como signo de liberación integral; en la acogida solidaria de  los pecadores y prostitutas, antes excluidos de la comunidad. La práctica de la hospitalidad se encuentra en el centro de la predicación y de la vida de Jesús y en su movimiento de seguidores y seguidoras. Acoge y acepta ser acogido. Su práctica se ve muy evidente en los personas que recibe, escucha, cura y alimenta; y su enseñanza se refleja muy vivamente especialmente en la parábola del Samaritano y en el gran discurso del Juicio Final

Para Mahoma Dios se manifiesta practicando la hospitalidad para con los extranjeros, protegiendo a los huérfanos, y viudas. En el Islam la limosna es un precepto, una obligación, para ejercer con los pobres y necesitados, liberar a los esclavos, así como del agobio por deudas. La Declaración Islámica Universal de los Derechos Humanos, reconoce el derecho de asilo: Toda persona perseguida u oprimida tiene el derecho de buscar refugio y asilo. Este derecho está garantizado a todo ser humano, sea cual fuere su raza, su religión, su color o su sexo.

Entre los valores que fomenta la ética de las tres religiones están la hospitalidad, el diálogo, la libertad religiosa, la libertad de conciencia; la paz, la  acogida, hospitalidad, la solidaridad con las personas más vulnerables, el diálogo, la libertad religiosa, de conciencia; equilibrio entre fe y razón e incluso prioridad de la razón sobre la creencia; no credulidad, sino fe crítica, que comporta acoger al prójimo, al vecino, al compañero, al amigo, al pariente, pero también al extraño, al lejano, al desconocido, al extranjero y al inmigrante, acogido con hospitalidad como hermano o hermana.

No obstante en las tres religiones hay grandes fallos en la práctica de los hospitalidad, y en particular en relación con las mujeres, pues las mujeres y las niñas fueron y siguen siendo lo más pobre, desgraciado y oprimido, sobre todo en el Tercer Mundo, así como ellas y los niños las mayores víctimas de la emigración.

Por eso, el Mediterráneo tiene que volver a ser un mar de hospitalidad e integración, no de exclusión por razones de género, cultura, etnia, economía o religión. Sus aguas han de ser aguas de vida, no fosas de muerte; mar que fomente una cultura de paz, no una cultura de violencia; orillas de solidaridad, no de expulsión ni en frío ni en caliente; espacio de pluralismo, no de integrismos excluyentes; lugar de convivencia, no de enfrentamiento; espacios de diálogo multilateral Sur-Sur, Norte-Sur, Oriente-Occidente, y sí aguas de apertura de fronteras, que conducen al abrazo de los pueblos y al  Encuentro Solidario.

Hoy, las tres religiones tienen que abogar decididamente por:

  • una ética liberadora y renunciar al dogmatismo y al fanatismo,
  • respetar el libre pensamiento desde una educación liberadora,
  • renunciar a actitudes colonizadoras o misioneras que generen conciencias oprimidas,
  • la hospitalidad con  las personas migrantes, más allá de toda xenofobia y endogamia, que anulan la solidaridad y la convivencia,
  • la justicia, la fraternidad y la equidad; más allá de caridades, que no van a la raíz de los problemas, quedándose en asistencialismo y beneficencia, que no contribuyen a las transformaciones estructurales generadoras de pobreza y exclusión,
  • el respeto al pluralismo y el diálogo intercultural, interétnico e interreligioso, para favorecer la inclusión y crear un mundo en torno al Mediterráneo que sea ejemplo de convivencia dentro del reconocimiento de las diferencias.

Clausura del Encuentro: Este XXIX encuentro terminó con la celebración de la Eucaristía, con valoración muy positiva por parte de todos, excepto que se echa de menos más participación de la juventud, tema que nos preocupa a todos y deberá ser analizado con detenimiento (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En la avanzada edad

Publicado: 6 noviembre, 2015 en REFLEXIONES
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ancianoEN LA AVANZADA EDAD
CARMEN HERRERO, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
ESTRASBURGO (FRANCIA).

ECLESALIA.- 03/04/15.- Si desde que se nace, la autenticidad y profundidad de la persona radica en el ser, más que en el hacer, a cierta edad de la vida, la esencia de la persona está plenamente en el ser. El hacer se deja para las nuevas generaciones, que lo necesitan y lo pueden hacer mejor. Saber dar paso a los jóvenes desde esta conciencia y disposición interior, ¡es importante! Esta disposición lleva a vivir en libertad y armonía con mi ser más profundo; a habitar mi tierra profunda, mi yo más intimo. Y, es desde esta conciencia como se vive con gozo la propia edad, con todo lo que ella conlleva de riqueza, pobreza y limitaciones.

En el transcurso de la vida hay un tiempo para todo, y cada etapa conlleva sus propias exigencias y responsabilidades. Pero al llegar a la avanzada edad, si las etapas anteriores se han vivido desde la madurez, es decir, desde la entrega, el servicio, el don para el bien de los demás y la responsabilidad en su propia vocación y misión; todo será más fácil en el atardecer de la vida. El “caudal” adquirido es tal, la sabiduría y la experiencia de vida tan enriquecedora, que en adelante puede decir que se puede vivir de “rentas”. Ahora bien, esas rentas no son para guardarlas para sí, sino para seguir compartiéndolas con las nuevas generaciones, tejiendo unidos la historia de la Humanidad; pues el patrimonio más rico y bello que pode tener un pueblo son las personas.

En la avanzada edad las fuerzas físicas disminuyen, la energía y dinamismo no es el mismo de la juventud; todo se realiza a paso lento, con un ritmo más bien pausado, acompasado, armonioso, melodioso; se terminó el ritmo estridente, rápido y a veces discordantes; para dar paso a otro, mucho más suave y armonioso. En la avanzada edad se da una belleza que ni la persona misma ha llegado a descubrir, y mucho menos los que la rodean. Aprender a vivir la belleza de las distintas etapas de la vida es señal de madurez, de un buen equilibrio mental, humano y espiritual.

Las notas de la avanza edad son más armoniosas, porque la vida ha ido modelando el ser más profundo de la persona, redondeando las esquinas y picos que hacían que la vida reprodujese muchas notas discordantes, rompiendo la armonía, el equilibrio y la belleza de la “pieza”. Pues la vida es como una partitura de música que aprendemos a reproducir las notas a lo largo y ancho de nuestra existencia. La nota esencial de la vida será la muerte, asumida desde la libertad de la vida. El consentimiento a que soy una creatura finita, es el acto de mayor libertad, la nota más armoniosa y justa que podemos cantar…

El mensaje de la avanzada edad debe de ser la armonía interior, de donde brota la paz, la serenidad, la comprensión, la tolerancia y el verdadero amor. La avanzada edad permite a la persona amar en verdad y sin miedos, porque de alguna manera a logrado la libertad de la infancia, el candor de la inocencia. El mundo necesita de las personas mayores, las cuales son referencia, para las nuevas generaciones, igual que las personas mayores necesitan de los niños y de los jóvenes para guardar la frescura de lo que ellas fueron un día: también niños y jóvenes. El día que la sociedad comprenda que las distintas generaciones se necesitan y se complementan, aquel día será posible el comienzo de una nueva sociedad unificada, armoniosa, bella, alegre y fraterna.

La libertad es un don de la avanzada edad. Un fruto que va madurando en el transcurso de la vida y que se recoge con gozo y alegría al atardecer de la vida, como quien se encuentra con un gran tesoro. La libertad es el tesoro más extraordinario que la persona puede adquirir. Dios no ha creado para la libertad, para esa libertad interior que siempre lleva a obrar el bien y a amar en plenitud, sin miedos. A obrar con justicia y equidad, a ser lo que realmente soy sin caretas, sin armadura que me desfigure. La libertad va unida a la autenticidad, a la verdad.

La mentira es el peor enemigo de la libertad. No hay libertad fuera de la verdad. La mentira es el peor enemigo de la libertad. “La verdad os hará libres”. La mentira es la esclavizadora numero uno de nuestro tiempo, la que realmente ata las manos y los pies y paraliza completamente a la persona, por mucho que ella se mueva… Optemos, pues, por la verdad que es lo mismo que vivir la libertad.

En la edad avanzada, hay capacidades, fuerzas y energías que van disminuyendo, esto es una ley biológica que hay que asumirla con naturalidad, mucha serenidad y realismo. Sin embargo, en la avanzada edad se posee un “patrimonio” diferente, el cual da seguridad, paz, confianza y gozo de la misión cumplida. Con la edad madura todo se va unificando, para vivir en la paz, la libertad y amor (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Grace CathedralANTÍDOTO A LA MISOGINIA Y A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
MAGDALENA BENNASAR, espiritualidadcym@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 22/07/15.- En la celebración de María Magdalena algo por dentro se alegra, ella me inspira. Me recuerda el “feeling” del tiempo de Adviento y sobre todo de Pentecostés. Y es que podríamos decir que ella fue una mujer de ambos tiempos, una mujer que nos ofrece una gran esperanza en todo tiempo y a la vez un modo de vivir la presencia del Espíritu de Jesús Resucitado con toda la fuerza y creatividad de su ser mujer y discípula hasta el mismísimo final.

¿Cómo se puede tener medio silenciada a la primera testigo de la Resurrección? Me atrevo abiertamente a afirmar que nuestra querida iglesia sería distinta si ella y sus discípulas y discípulos hubieran sido más respetados e integrados en los orígenes del movimiento de Jesús. Y como consecuencia también a lo largo de los tiempos. Y no menos ahora, con esa carencia de Eucaristías en tantos lugares, y de atención pastoral profunda. Mejor, carencia a que ellas puedan colaborar llevando el pan de la ¨vida y la presencia de Jesús” a tantos rincones del mundo. Y otros donde todavía tenemos esa oportunidad empezamos a estar muy cansados de misas express que celebra un pobre cura agobiado cuya dedicación casi exclusiva es ir de un sitio a otro, corriendo.

Por algo Jesús valoró tanto a María Magdalena. Por algo Jesús la amó tanto. Por algo la eligió y empoderó a seguir su obra. Este es un tema harto discutido. Simplemente constato que discutido pero no resuelto.

Constato una necesidad imperiosa de diálogo con los varones especialmente los ordenados para que mucho antes de que todo acabe de caerse y de que luego por falta de unos lleguen a poner a otras, mucho antes, es decir ya, aprendamos a colaborar y a compartir de tú a tú.

Constato mucho miedo a que la mujer forme parte integral de la pastoral y de la formación. Constato prejuicios y bastante ironía contra toda mujer teóloga o simplemente segura de sí misma en su colaboración; es rápida la acusación de feminista con un sabor degradante, como si una mujer que lucha por ser fiel a ofrecer lo recibido del Espíritu, tuviera que callarlo, algo así como esconderlo debajo del burka porque algunos, no pocos, se ponen nerviosos.

Constato, a la vez, un desconocimiento casi total de la mujer, de nuestro modo de ser, de nuestras capacidades y ello ocasiona miedo, a veces visceral, que puede rayar en misoginia.

Lo desconocido da miedo. Las mujeres cultas y de carácter no encuentran sitio en la “posada”. Sólo las dóciles, esas sí, para que hagan los servicios de las mesas. Ya me entendéis. O las que les dan la razón sin pensar, sólo porque viene de ellos. ¡Cómo duelen las calumnias cuando no te doblegas como un felpudo a los dictados de los que se creen ser poseedores del bien y del mal!

¿Podemos llamar violencia de género cuando se violentan las situaciones para que siempre sea el varón el que tenga la última palabra?

¿Podemos llamar violencia de género al actuar como si todo fuera propiedad del varón ordenado, privando a la comunidad de otros talentos y dones del Espíritu sólo porque están encarnados en cuerpo de mujer?

¿Podemos llamar violencia de género o misoginia al hecho continuado de mantener silenciada la actuación, vida, experiencias de discípulas a lo largo de los siglos, experiencias y predicaciones que ayudarían a la mitad de la humanidad, pero que por ser mujeres, en el siglo XXI siguen manteniéndose fuera, lejos y bajo sospecha?

Hablo por experiencia propia y ajena. Podría contar muchas situaciones que en cualquier otro ámbito no tendrían cabida, pero en ese espacio, es lo normal.

Como decía más arriba lo desconocido da miedo, y es ahí donde en estos días de María Magdalena en que muchas de nosotras lo celebraremos, le pido a ella que nos dé luz para que demos con el antídoto a tanta injusticia.

Otras iglesias ya lo encontraron. En la catedral Episcopaliana de San Francisco de California hay una capilla dedicada a María Magdalena, con un Icono precioso, siempre rodeado de velas encendidas y de hombres y mujeres rezando.

Tal vez nuestros hermanos han encontrado en ella inspiración y vida. En lugar de silenciarla o ignorarla, la veneran, la estudian, ofrecen su figura a la asamblea como modelo de mujer discípula, de seguidora fiel.

¿Cuál fue el motor, la fuerza interior que convirtió a María Magdalena en una apóstol y discípula fiel? ¿Por qué fue la primera testigo de la Resurrección? ¿Cuál era su secreto?

Ella tuvo una experiencia de amor. Para ella Jesús fue alguien concreto, de carne y hueso, que le cambió la vida. Que le dio sentido. Que le dio ternura sin la que no aguantamos, y un estilo de vida basado en esa experiencia de amor personal, vivo, tierno y fuerte a la vez.

Ella nos regala el antídoto a la mayoría de los males de nuestras comunidades y también de tantas personas que tienen miedo, especialmente a la mujer.

Me gusta de ella que no se amedrenta. Que no se calla. Que respeta a los hermanos pero no deja de ser fiel al mandato de Jesús. Ella anuncia la Resurrección. Si ella no lo hubiera hecho…nunca sabremos lo que hubiera ocurrido.

Os invito hermanas a “salir del armario” de sacristías rancias. Antes de iros de nuestras comunidades por no encontrar acogida y valoración, ora con María Magdalena. Déjala que te cuente su historia. Tal vez, inspirada por tanta ternura y tenacidad, descubras por dónde. Y te aseguro, que si somos fieles al Espíritu, allí nos encontraremos muchas y muchos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Feliz día de Santa María Magdalena!

paz unidad10-13 septiembre 2015
“LAS RELIGIONES: VIOLENCIA Y CAMINOS DE PAZ”
Programa del 35 Congreso de Teología
ASOCIACIÓN DE TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS JUAN XXIII, info@congresodeteologia.info
MADRID.

JUEVES 10

19:00 h.

SALUDO DE BIENVENIDA Y PRESENTACIÓN

Francisca Sauquillo. Presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL)

19:30 – 21:00 h. PRIMERA PONENCIA

LOS CONFLICTOS EN EL MUNDO DE HOY Y SUS CAUSAS. ANÁLISIS CRÍTICO

Mariano Aguirre.  Director del Centro Noruego por la Construcción de la Paz (NOREF). Oslo

VIERNES 11

10:00 – 11:30 h. COMUNICACIONES

Modera: Comunidad Fray Pacífico

Violencia en los adolescentes y los jóvenes. JOC

Discriminación y violencia contra las mujeres en el ámbito laboral. Mª del Carmen Heredero. Secretaría Mujer, Igualdad y Política Social. CCOO

Niños robados en España. Francisco González de Tena. Federación Coordinadora X24 (Asociaciones de víctimas  por el robo de niños en España)

DESCANSO

12:00 – 13:30 h. PRIMERA MESA REDONDA

ACUERDOS DE PAZ Y MEMORIA HISTÓRICA

Acuerdos de paz en El Salvador. María Dolores Albiac. Periodista

Acuerdos de paz en Guatemala. Yago Pico de Coaña. Diplomático

Movimiento de la Memoria Histórica en España. Jaime Ruiz Reig. Asociación de la Memoria Social y Democrática (AMESDE)

16:00 – 16:30 h. COMUNICACIONES  ABIERTAS

La agenda latinoamericana. 25 aniversario

Fernando Bermúdez. Teólogo

16:30  – 18:00 h. SEGUNDA MESA REDONDA

ENCUENTROS POR LA PAZ Y LA CONVIVENCIA EN EUSKAL HERRIA

Rosa Rodero.  Víctima de ETA

Axun Lasa.  Víctima del GAL

Moderan:  Carlos Olalla. Actor y Javier Baeza de la Parroquia S. Carlos Borromeo de Entrevías

DESCANSO

18:30 – 20:00 h. SEGUNDA PONENCIA

VIOLENCIA DE GÉNERO Y RESPUESTA DEL FEMINISMO   

Ana de Miguel.  Profesora Titular de Filosofía. Universidad Rey Juan Carlos. Madrid

SÁBADO 12

10:00 – 11:30 h. TERCERA PONENCIA

VIOLENCIA Y PAZ EN ÁFRICA: EL PAPEL DE LAS RELIGIONES

Cyprien Melibi. Teólogo. Camerún

DESCANSO

12:00 – 13:30 h. CUARTA PONENCIA

VIOLENCIA, TERRORISMO Y PAZ EN LAS RELIGIONES MONOTEÍSTAS

Natalia Andújar. Directora de los programas “Educaislam” y “Feminismo islámico”. Córdoba

16:00 – 16:30 h. COMUNICACIONES ABIERTAS

17:00 – 18:30 h. QUINTA PONENCIA

EL COMPROMISO CON LOS POBRES COMO APORTACIÓN A LA PAZ Y A LOS PROCESOS LATINOAMERICANOS DE LIBERACIÓN

Suyapa Pérez Escapini. Teóloga. UCA. San Salvador. El Salvador

19:00 – 20:15 h.

HOMENAJE A PEDRO CASALDÀLIGA Y RECUERDO DE MONSEÑOR ROMERO

Suyapa Pérez Escapini

Benjamín Forcano. Teólogo y sacerdote de la Prelatura de Pedro Casaldàliga

Glòria Casaldàliga. Presidenta de la Asociació Araguaia amb el Bisbe Casaldàliga

DOMINGO 13

10:00 – 11:30 h. SEXTA PONENCIA

LAS RELIGIONES, CAMINOS DE PAZ

Xavier Melloni. Director del Centro de Espiritualidad de Manresa

12:00 h.

CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA Y COLECTA SOLIDARIA

Comunidad de Santo Tomás

MENSAJE DEL 35 CONGRESO DE TEOLOGÍA

La valla I

Publicado: 16 febrero, 2015 en DENUNCIA / ANUNCIO
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valla de melillaLA VALLA I
CARMEN NOTARIO, espiritualidadcym@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 16/02/15.- Hace unos días oí una noticia escalofriante: se van a cerrar los campamentos cercanos a la valla entre Marruecos y España por peligro…. Parece que el peligro son los emigrantes que no traen más que enfermedades, necesidad, violencia y muerte.

Me tocó porque hace solo unos días escuché al vivo el testimonio de cinco hombres africanos, jóvenes, llenos de vida, de su lucha por vivir, por trabajar dignamente y por ayudar a los miembros de su familia en Camerún y Guinea.

Nos narraron las penurias del largo viaje desde su país hasta nuestras fronteras, la dureza del desierto, el desespero de seguir hacia el norte porque en los países vecinos a los suyos no encontraban trabajo, apenas algo para poder sobrevivir.

Alguno jamás había oído hablar de España, no sabía dónde estaba, no era su meta llegar aquí sino encontrar un lugar donde vivir en paz y ayudar a los suyos. Al llegar a Marruecos se encontraron con los miles de compañeras y compañeros que intentan saltar la valla cada día. Una experiencia cuando menos traumática para los supervivientes de una experiencia de miedo, de alto riesgo, de violencia y de muerte.

Estos cinco consiguieron salvar el obstáculo mayor pero no el único. Están en nuestro país pero su deseo de trabajar y enviar dinero a casa está por realizarse; por ahora aprenden nuestro idioma, nuestras costumbres. Nos agradecen el tener donde estar, donde vivir pero sufren porque la situación de necesidad se hace cada vez más acuciante en sus lugares de origen.

De entre el público que les escuchaba salió la voz del tópico, de la ignorancia atrevida que pregunta: ¿quién les engañó diciéndoles que aquí encontrarían trabajo; no saben que estamos en crisis? Varias personas conscientes de la realidad se abalanzaron: pero si ellos no buscaban venir aquí, si son las estructuras sociales y políticas de nuestros países las que provocan que aquellos que tienen menos recursos sean los más perjudicados y no les quede más remedio que arriesgar sus vidas para intentar sobrevivir.

La cuestión no es si cerrar o no los campamentos cercanos a la valla sino primero de todo ¿por qué construimos vallas, por qué no cuestionamos a los gobiernos que no se preocupan de su gente y “arremetemos” contra los pobres que hacen lo imposible por salvar sus vidas?

Otra noticia: unas trescientas personas han perdido probablemente la vida intentando llegar a las costas de Italia. Aquellos a quienes habían pagado para poder salir en lanchas hinchables les obligaron a hacerse a la mar a pesar del mal tiempo y de las pocas posibilidades de llegar a tierra.

El evangelio de Marcos que estamos leyendo estas semanas en las misas de diario nos indican cómo Jesús intentó con sus gestos y sus palabras abrir fronteras: en la religión, en los diferentes estamentos sociales, entre pueblos. Una apertura que con el tiempo le costaría la vida porque ni entonces ni ahora estamos dispuestos a que nadie nos rompa nuestras estructuras, nos cuestione nuestras tradiciones, nos cambie la imagen de Dios.

A Jesús no le interesó pactar ni con los romanos, ni con los fariseos, tampoco con los zelotas ni con los publicanos. Era demasiado libre como para formar parte de un “programa” con intereses creados. La verdad era para todos lo que quisieran escucharle y vivir el mismo tipo de libertad sin seguridades falsas de ningún tipo.

Por eso el evangelio hay que leerlo en un contexto, hay que buscar comentarios de personas entendidas en Biblia que nos den una visión de conjunto y que nos ayuden a interpretar. Si vamos demasiado por nuestra cuenta tenemos el peligro de no entender nada, lo mismo que nos puede pasar cuando oímos las noticias sobre nuestros hermanos de otros países que intentan llegar a Europa o a otros lugares de “primer mundo”. No es la ambición o el “querer ser y vivir como nosotros” lo que les mueve en general, sino una necesidad existencial de supervivencia y la necesidad inaplazable de paliar el dolor de sus familias que han dejado atrás.

Si opinamos lo mismo que la mayoría de la gente de nuestro alrededor ¿qué es lo que nos distingue como cristianos, seguidores de Jesús? ¿Rompemos fronteras como Él o nos acomodamos al sentir de quien no considera a los demás seres humanos como hermanos y hermanas? ¿Nos duele el bolsillo y la vida por compartir lo que tenemos y somos?

No basta una sonrisa, una palabra de afecto, es muy poco teniendo un maestro tan radical como el nuestro. El evangelio nos llama a ser buena noticia y para eso hay que usar mucho la cabeza y el corazón.

Claro que no vamos a solucionar los problemas que los gobiernos de muchos países no quieren ni mirar de frente. Jesús tampoco lo hizo, pero cuando alguien se quería justificar delante de Él le plantaba la verdad. No te excuses con argumentos de poco peso. Llama a las cosas por su nombre y no pases a todo el mundo por el mismo rasero. Si hay algo de lo que nos tenemos que ocupar y preocupar los cristianos es que nuestros hermanos y hermanas no sean tratados con la dignidad que se merecen. El sabernos hijas e hijos de Dios nos compromete la vida: hasta dónde sólo depende de nuestro amor y sensibilidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

El derecho a emigrar

Publicado: 27 octubre, 2014 en DENUNCIA / ANUNCIO
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flechas rojasEL DERECHO A EMIGRAR
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA, 27/10/14.- Una de las tareas escolares más recientes de mi hijo de once años en su clase de estudios sociales, consistió en hacer un mapa para explicar las primeras migraciones del ser humano. Dibujó caminos con líneas de flechas rojas para señalar los recorridos que aquellos migrantes hicieron sobre los continentes de nuestro planeta…

“Ellos migraron porque se agotaron sus suministros de alimentos debido al súbito cambio de clima. Comenzó a hacer mucho frío; no podían cazar o recoger bayas. Si se quedaban en África, morían”.

La primera migración fue provocada por el hambre, el instinto natural por sobrevivir hacía que aquellos seres humanos de hace ya más de 50.000 años, salieran de los territorios tan conocidos por ellos para aventurarse a otros totalmente desconocidos. La posibilidad de encontrar alimentos les daba el coraje y el derecho de hacerlo.

Es la misma razón por la que tuve que dejar mi país. En el hogar se habían agotado los suministros de alimentos para mis hermanos y yo desde el asesinato de mi padre. Hay una enfermedad provocada por vivir tanto tiempo entre la injusticia de una sociedad con rostro de impunidad, de persecución, de asesinato. Donde los salarios no son proporcionales a las jornadas de trabajo, donde se corta la cabeza que se levanta; Se llama desesperanza. Mi madre la contrajo, enfermó gravemente, perdió el ánimo, la fe y la fuerza para seguir adelante, ella ya no tenía ganas de vivir.

La modesta beca por prestar mis servicios como maestra en comunidades de difícil acceso no daba para sostener mis estudios y una familia. Sin embargo sobrevivimos hasta que pude finalizar una carrera profesional.

En ese tiempo de servicio aprendí a sentir a Dios muy de cerca. Ocurrió en una humilde aula para alfabetización de adultos en la que me reunía cada tarde con los campesinos que deseaban aprender a leer y escribir después de sus jornadas de trabajo y mis clases con los niños; lo sentí en el nombre escrito por primera vez con el puño y letra de su dueña o dueño y en el gozo de afirmar la propia identidad: “Yo soy Fermín” “yo soy Teresa” “yo soy Felipe”… en el modo en que celebrábamos semejante acontecimiento en el grupo, (cuando una persona lograba escribir por primera vez su nombre, levantaba con ambas manos la hoja donde lo había escrito y todos los presentes aplaudíamos y corríamos a abrazarle) pese a las condiciones de pobreza extrema que como yo, aquellas comunidades se encontraban, vivían con una esperanza que rebasaba mi sentido común.

En aquella humilde aula, los campesinos aprendieron a leer y escribir y yo aprendí a hablar con Dios. Mis oraciones consistían en pedir una señal que me indicara que más debía hacer para poder llevar comida a mis hermanos porque en mi país tener una profesión no significa nada. Una serie de puertas que no se abrían me señalaron el camino al norte, emprendí sin remedio el camino a pie dejando atrás mi tierra; la tierra donde conocí a Dios pero también la tierra donde habían asesinado a mi padre y todas mis posibilidades.

¿De dónde viene la fuerza que nos mueve como tomándonos por los brazos, a caminar más allá de nuestras propias tierras?

¿De dónde viene la esperanza que nos llena el corazón para atrevernos a cruzar valles de muerte?

¿De dónde vino aquella madrugada el dolor que me desencajó el rostro y me agotó las lágrimas al ver morir mi propia carne y mi propia sangre, en la muerte del extraño que no logró alcanzar la frontera como yo?

¡Estoy segura que de Dios! Cuando se cruzan fronteras Dios las cruza con nosotros; nos habilita para hacerlo, está en la forma de los pies, en la estructura de las manos, en las ganas de vivir. Nos da la fuerza para desear el futuro y el derecho fundamental de pelear por la vida.

Está también en el desconocido territorio donde se enfrenta la más dolorosa falta de solidaridad cuando se menoscaba la dignidad del ser humano, cuando se etiquetan a los grupos y se les excluyen de derechos como a los “Once millones”. Un grupo tratado como objeto, como masa con la que los gobiernos de los territorios que los expulsa y al que se llega, no saben qué hacer.

No es una masa, son personas con una historia de vida, con genuina fe en el futuro. Personas de rostros invisibles para los poderosos a quienes Dios cuestiona su presencia: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9)¿Cuál es el mejor momento para responderle? ¿Cerca de las elecciones o después de ellas?…

Hoy sigo hablando con Dios en un aula, ahora como Maestra de Catequistas. En estas aulas hay personas que forman parte de familias que han sido separadas por las redadas de inmigración, han vivido las deportaciones de familiares arrestados en sus lugares de trabajo, o los han perdido en centros de detención.

También en esas aulas se vive el gozo de afirmar la propia identidad con cuestionamientos tan fundamentales como: ¿Quién soy yo? La felicidad de descubrirse a sí misma, a sí mismo, ya no rebasa mi sentido común, ahora lo entiendo.

Sucede un gran momento; En nuestras circunstancias sentimos el abrazo tierno de nuestra antigua madre; Nantzin, Tonantzin-Guadalupe; Mamita, Madrecita Nuestra… ese abrazo nos reúne como hijas e hijos. Nos alza contra su mejilla, nos despierta de un letargo añejado con miedos y dudas para iluminar nuestra existencia con una gran certeza: Somos los hijos benditos, sus más pequeños. Ella es la realidad sobre la que se ha apoyado toda nuestra vida. Nuestra Madre nos hace familia. Unión que es libertad, esperanza, experiencia profunda; nos encontramos de frente con el rostro maternal y tierno de Dios que cuida, protege y consuela a lo más débil, a lo más indefenso. “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?” (Is. 49; 15). Las personas inmigrantes reflejamos al hijo entrañable. Esta certeza nos infunde dignidad, fuerza para enfrentar las adversidades y caminar hacia el futuro. Por instinto natural comenzamos a buscar el amor, el cuidado, la justicia y la paz, características propias de Dios y desde nuestras condiciones su presencia se hace manifiesta. Sus entrañas de ternura nos impulsan, nos mueve a ser hijos e hijas solidarias trabajando para relacionarnos con todos nuestros hermanos y hermanas de maneras justas, dignas, compasivas…

Nace la necesidad de rechazar lo incompatible a una familia humana, a cuestionar aquellos medios de comunicación que explotan el dolor de hogares desmembrados por las deportaciones, a comentarios de presentadores de noticias como: “Los inmigrantes marcharon por las calles exigiendo se respeten sus derechos…un momento, no tienen derechos, ¿Cuáles derechos?”

Los derechos están en la persona, el ser persona ya nos da derecho.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art.2) confirma que estos Derechos se aplican a todas las personas “sin distinción de ningún tipo, tales como raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política u otra, origen social o nacional, propiedad, nacimiento u otro status”.

Sé que como a los “Once millones”, Dios señaló un camino a aquellos seres humanos de las primeras migraciones hace más de 50.000 años para que no murieran. Los humanos seguimos migrando porque está en nuestra información genética. Se lucha por la vida hasta el último aliento.

Pido a nuestra Señora que me ayude a descubrir los recursos, las palabras y las plataformas para llamar a las conciencias de mis hermanas y hermanos que han dibujado, con sus pasos, líneas de flechas rojas sobre los continentes, para que no se acostumbren al maltrato.

Maltratar o ser maltratadas, maltratados, no está bien. Que se entienda de una vez por todas:

No es moral que en los mares, en los cerros y desiertos de nuestra casa común aparezcan cadáveres de mujeres, hombres y niños inmigrantes cada día y nadie haga nada.

La migración es un derecho. Los que persiguen, acorralan, o provocan la muerte de inmigrantes, lo están haciendo con Dios.

Dios mismo representa la causa de las personas extranjeras:

“No maltrates ni oprimas a los extranjeros, pues también tú y tu pueblo fueron extranjeros en Egipto” (Éxodo 23:9). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

compasiónNUESTRA MUERTE, PARTO DE ETERNIDAD
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 29/07/13.- Aun cuando resultara desatinado todo lo expuesto en mi nota anterior (“Nuestra muerte y la de Jesús”, ECLESALIA, 13/05/13) la sola aseveración del Catecismo de la Iglesia Católica que la encabeza (nº 1007), es como carga de dinamita en la base de la reflexión de Pablo en Rom 5,12-21. También, consiguientemente, en la de la tradición originada en Gn 2,16-17 y mantenida por la enseñanza oficial impartida hasta hoy. Por ejemplo en el propio Catecismo cuando dice: «El Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511)» (nº 1008).

¿Cómo se puede afirmar que la muerte “ha entrado «en el mundo» a causa del pecado del hombre”, cuando se mantiene que ella es la “terminación normal de nuestras vidas y final del proceso de cambio y envejecimiento que las afecta”? Aunque emanados ambos del mismo Magisterio institucional, son dos  asertos irreconciliables entre sí. O el uno o el otro; pero no los dos conjuntamente. Ambos no pueden casarse a la vez con la verdad.

Porque, siendo la muerte un hecho natural ineludible, exigido por el concepto mismo de vida temporal, ¿cómo podrá resultar castigo del pecado, ni de nada? ¡Qué más querrían los condenados a ella por la justicia humana, que aguardan en los llamados “corredores de la muerte”, que el cumplimiento de su sentencia se dilatara en el tiempo hasta morir por causas naturales, gozando mientras tanto de vida normal en libertad! Y, de fallecer alguno por una de ellas mientras espera en el corredor, ¿quién tendría su muerte por ejecución de la sentencia pronunciada un día contra él?

El propio Catecismo parece inferir esta incongruencia. En el lugar citado arriba sale a su paso, sin decirlo expresamente. Lo hace al distinguir entre ser natural y destino preternatural de los humanos: «Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado».

Al no asentarse esto sobre dato alguno primigenio que lo afirme expresamente, tiene toda la apariencia de una presunción más, de las varias formuladas a posteriori de la “tradición”, con las que de hecho se busca “capear” las embestidas de la verdad y salvaguardar el dogma de la infalibilidad del magisterio institucional. Sin que esto, por lo demás, se logre aquí.

En efecto, la afirmación de tal designio no encaja con la propia obviedad de las cosas, ni es lo que rezuma de ella. Una obviedad que se agiganta al ver cómo la atribución de la muerte al pecado ha dado lugar a concluir que, si no lo hubiera cometido el hombre, la muerte no habría entrado «en el mundo» para ninguna clase de viviente, ya fuera simple animal o incluso solo vegetal.

Por lo demás, no se puede entender que el hombre esté “destinado por Dios a no morir”, habiendo sido precisamente Dios quien dio al hombre la “naturaleza mortal” que éste posee. ¿O tendremos que decir que el hombre tuvo otro autor distinto al Creador de todas las cosas, y que la acción de Dios se limitó en el caso del hombre a conferirle el destino preternatural a no morir, que no le había dado su primer autor? ¿O sería que a Dios no le salió el hombre bien hecho desde el principio y tuvo luego que retocarlo complementándole con el destino preternatural que inicialmente se le “escapó” otorgarle?

Dios fue el único que pudo hacer al hombre y hacerlo tal cual es. Esto es: con naturaleza mortal. La muerte del hombre tiene por ende que ser designio del Creador. Como lo es para los demás vivientes de este mundo de temporalidad y movimiento, de cambio y envejecimiento, de fragilidad y limitación. Es del todo falso que el hombre esté destinado por Dios «a no morir». ¡Vaya que si lo está! ¡Lo lleva en su propia entraña! Pero ello no excluye que además, a diferencia del resto de los otros vivientes sobre la tierra, haya sido “creado para la eternidad”. No es igual esto que “destinado a no morir”.

El hombre, “yo” interpersonalmente relacionable con el Creador, no es sólo polvo que, como tal, al polvo haya de volver. También es imagen viva de Dios. El haber sido creado tal, es lo que según el Libro de la Sabiduría fundamenta su destino a la eternidad.  Quien es “imagen de Dios”, “lo es de su naturaleza eterna, y queda destinado a la incorruptibilidad divina” (Sb 2, 23).

Ninguna “imagen del Dios eterno animada de vida”, puede acabar del todo en la muerte natural, realidad del mundo del tiempo (Sal 16,10). Ni puede quedar  atrapada por el tiempo, ni sumida en la corrupción de la muerte (Hch 2,26-27). «Aunque muera vivirá».

Aunque la imagen de Dios que somos, pierda con la muerte su soporte primero, frágil y caduco, subsistirá sin embargo para siempre. Bien en sí misma, sin más posada o albergue que ella misma; bien en “entidad” nueva, a la manera de “cuerpo” espiritual, incorruptible, glorioso, vigoroso, a tenor de las palabras de Pablo (1Cor, 15,42-44).

La muerte del hombre por ello, además de fin natural de su vida temporal, es por designio de Dios parto de eternidad y liberación de la caducidad propia del mundo “ante-muerte”. Liberación dolorosa por su propio desgarro y por los interrogantes que abre la falta de conocimiento directo e inmediato del mundo “tras-muerte”. Pero, a la vez que dolorosa, es venturosa a la luz de la fe.

Con ésta la muerte se entiende no sólo fin o suelta de la precariedad, limitación e impotencia, propias de la frágil y cambiante temporalidad de este mundo. Además se la capta apertura, no a la nada o sólo a ser otra cosa igualmente caduca, como en el caso de los demás vivientes de la tierra. Sino a la  perennidad inmutable e inextinguible que solemos llamar Vida eterna, la única en la que se da la incorruptibilidad de la atemporalidad (1Cor 15,53).

Vida eterna presentada en el Nuevo Testamento como entrada a la casa del Padre (Jn 14,1-4). Y como participación en su propio gozo (Mt 25,21-23). Y como admisión a su mesa, siempre preparada en celebración de boda regia. Sin más requerimiento para ello, al fin al de cuentas, que vestirse el traje de fiesta (Mt 22,12-13), puesto gratis a disposición de todos (Ap 22,17).

Tal traje es la simple invocación, desde la conciencia de la propia “indigencia” y “desnudez”, de la misericordia de Dios (Lc 18,10-14). O, lo que es lo mismo, de la de Jesús de Nazaret (Jn 3,16; Lc 23,41-42; etc.). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).