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María..MARÍA, VECINA DE NAZARET
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 17/05/17.- Amigas y amigos: En este mes en el que tradicionalmente se recuerda a María, la madre de Jesús, queremos reivindicar su figura real y para ello contamos con una brillante charla de nuestra teóloga Marifé Ramos: María, vecina de Nazaret (I). Para acercarnos a María necesitamos conocer la realidad histórica de las mujeres en Galilea, bajo la opresión romana y las leyes judías. En los artículos tenéis también la conferencia por escrito.

Para los de Pamplona y alrededores, no dejéis de acudir el próximo martes a la presentación del libro de José Enrique Galarreta. Por fin hemos publicado el legado completo de sus Comentarios a los Evangelios: Mateo y Marcos en el número 3 de la Colección Exégesis Fe Adulta y Lucas y Juan en el número 4. Nos reuniremos en el colegio de Jesuitas y tendremos ocasión de recordar su figura entrañable y su valioso testimonio de fe.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Jn 14, 15-21. No vamos a estar solos, ni desamparados. El Espíritu de la verdad vive en nosotros y además estará siempre con nosotros.

Vicente Martínez: Otro Paráclito. Podríamos liberarle de la esclerotización en que la teología y los ritos arcaicos le han hecho prisionero, y lanzarle a volar por el mundo en plenitud de alas sobre los horizontes de la realidad humana.

José Luis Sicre: Alegría, esperanza, amor. Resulta difícil encontrar un elemento común en este evangelio. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir.

Fray Marcos: El único amor es el que se manifiesta en obras. La mayor parte de lo que llamamos amor se queda en palabrería inútil.

José Antonio Pagola: El espíritu de la verdad. Este «Espíritu de la verdad» no ha de ser confundido con una doctrina.

Paula Depalma: La Vida en nosotros. La dimensión escatológica de este texto es sorprendente. La vida que ofrece el Jesús joánico es vida en abundancia, vida que no se acaba, vida compartida, vida en relación…

Artículos seleccionados para la semana

Miguel Ángel Munárriz: La Biblia para gente normal. Su iniciativa de pastoral de adultos congregaba semanalmente en Pamplona a más de 300 interesados en escucharle, atraídos por su formación humanística, su conocimiento de la Biblia y su fascinación por Jesús.

Carmen Herrero: Busca la paz y corre tras ella. Como cristianos estamos llamados a ser anunciadores de esta paz, sembradores del amor, constructores de fraternidad, de libertad y de justicia; sin las cuales la paz no es posible.

José Manuel Vidal: Monseñor Carlos Azevedo: “Francisco puede lanzar desde Fátima a la humanidad y a Dios un grito por la paz”. “Lo ocurrido en Fátima son visiones místicas, percepciones interiores”. “Fátima atrae porque es un lugar que convoca a la paz, al silencio que apacigua”.

Joan Carrera: Vivir mejor con menos: trece propuestas. En esta relación se priorizan determinados valores, y ello va estructurando una mentalidad que es compartida por muchas personas en todo el planeta.

José Arregi: Envejecer. No solo de juventud vive el ser humano, sino de sabiduría.

Gonzalo Haya: Jonás, un Profeta contracultural. No es un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, sino que ama a los buenos y a los malos.

José Manuel Vidal: Andrea Riccardi: “El mundo actual es una fábrica de periferias, que fabrica periféricos”. Partir de los pobres, que es lo que hizo la Iglesia desde el principio y lo que tenemos que hacer nosotros también hoy. Nos cuesta, pero hay que hacerlo.

Marifé Ramos: Estamos en Nazaret… Nos acercamos a María como vecinas suyas, porque es una mujer del pueblo, como nosotr@s, y queremos comprender su situación, sus dificultades, sus sentimientos y su respuesta de fe.

Noticias de alcance. José María Castillo: “En la Iglesia, en los seminarios, en los centros de estudios teológicos, hay miedo, mucho miedo”.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 8, 5-17. Son imágenes de la primera Iglesia que sale de Jerusalén no sólo a predicar a los judíos sino también a los samaritanos que eran tenidos por medio-paganos.

1 Pedro 3, 15-18. Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza.

Florentino Ulibarri: Con la fuerza del Espíritu. ¡Con la fuerza del Espíritu, es posible la vida!

Vicky Irigaray: Conducidos por tu Espíritu. Padre bueno, que el vacío dejado por la muerte de tu Hijo Jesús sea llenado por la presencia y fuerza de su Espíritu.

Anáfora: La buena noticia. La buena noticia que nos reveló Jesús es saber que podemos llamar Abba a Dios.

Material multimedia

Aceptación y rendición. Por Echart Tolle. ¿Puedes llegar a detectar en tu interior, la más leve sombra, de no querer estar haciendo, lo que estás haciendo?

Algún día… Algún día, el amor será el dueño de tu vida…, pero para dar hay que sentir, y para sentir, escuchar tu corazón, a tu SER.

Salomé Arricibita: Más allá de mí. Quiero vivir más allá de mí, despierta y amando lo que miro, que te vean sólo a ti, cuando actúe con amor.

Plegaria de misericordia. Preciosa oración, a modo de mantra, para hacerla resonar en el corazón y llenarte de paz. Fotografía y presentación: Lenin Cárdenas.

Equipo Quiero Ver: Momentos con espíritu. El Espíritu de la verdad, el Espíritu de Jesús, está presente entre nosotros. Se nos ofrece desde la gratuidad y el amor. Puedes verlo, conocerlo, vivirlo, amarlo, compartirlo.

Seguir a Cristo, es servir. VIDEO CONFERENCIA DEL PAPA FRANCISCO EN KENIA, sobre el seguimiento de Cristo, con religiosos/as, sacerdotes y seminaristas. Nos ayuda a TODOS en la vivencia práctica de la FE.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

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Los guardianes de la moral

Publicado: 13 febrero, 2017 en REFLEXIONES
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eclesalia@eclesalia.net

sor-lucia-caram-en-chester-in-loveLOS GUARDIANES DE LA MORAL
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 13/02/17.- Vaya por delante dejar claro que no soy admirador de la monja mediática, sor Lucía Caram, ni tampoco estoy de acuerdo con muchas de sus apariciones tanto a nivel de calle como a través de los medios de comunicación social. De la misma manera he de decir que tampoco comulgo con muchas de sus ideas.

Dicho esto, quisiera salir al paso de la polvareda que levantaron sus declaraciones sobre la virginidad de María que realizó en el programa “Chester in love” de Risto Mejide a través de la cadena Cuatro de televisión. Me parece que no es necesario volver a repetir lo que dijo la monja sobre dicho tema porque pienso que es algo conocido por la gran mayoría de personas, pues estas cosas acostumbran a escamparse como la pólvora. En resumen, decía, más o menos, que no le afectaba para nada en cuanto a su fe se refiere el hecho que María y José hubieran vivido una vida de pareja y de matrimonio igual que la viven cualquiera de las parejas o matrimonios de nuestros días; por lo mismo, el sexo habría jugado un papel normal entre ellos, pues éste no solamente no es malo sino positivo y enriquecedor. Sí que me gustaría puntualizar, sin embargo, que el tema es lo suficientemente importante y serio como para que se abordara en un programa más próximo al show que al de una entrevista mínimamente seria.

Así las cosas, faltó tiempo para que salieran en tromba contra ella los “guardianes de la moral católica” encabezados por el obispo de Vic bajo cuya jurisdicción canónica se encuentra dicha monja.

Según los acusadores, parece ser que sor Lucía había tirado por tierra con sus palabras, en un plis plas, uno de los dogmas fundamentales de la Iglesia Católica, el hecho que María fue virgen. Cosa que parece ser que no fue así, al menos en su intención no estuvo, según intentó matizar poco tiempo después.

Por lo que a mí me toca, solamente he de decir que ¡qué mal si mi fe se fundamentara en los dogmas!; menos mal que no es así ni mucho menos; la verdad que no me quitan el sueño ni me aportan nada por lo que a mi fe se refiere. Ya va siendo hora de que maduremos un poco y que superemos ese tipo de escándalos que son fruto más bien de una cierta pusilanimidad bastante infantil y en muchos casos enfermiza. Y, ¿por qué no decirlo?, debidos también a la falta de formación que nunca se dio a través de la catequesis, entre otros. No obstante, reitero mis respetos a las personas que, por las razones que fuere, no son capaces o no se ven con fuerzas para dar un paso adelante tanto en este tema como en otros relativos a la fe y la religión; nadie tiene el derecho a exigirlas más.

Después de estos prolegómenos, quiero decir que sor Lucía Caram no iba desencaminada ni mucho menos, más bien todo lo contrario. Ella planteaba la virginidad de María a un nivel que va mucho más allá de lo que pudiera ser una cuestión física o biológica que, al fin y al cabo, aporta bien poco o nada a la hora de entender la grandeza y la importancia de María en relación con Jesús y con el proyecto maravilloso que llevó a cabo. Yo no soy quien para juzgar a nadie; pero me temo que puedan existir hoy día no sé cuántas, pero al menos algunas virginidades, físicas y biológicas por supuesto, bien poco o nada testimoniales ni comprometidas. Decía el teólogo K. Rahner que pudiera darse el caso que a una mujer la inseminaran artificialmente y después diera a luz el hijo gestado a través de una cesárea; dicha mujer hubiera parido y, en cambio, continuaría siendo virgen. ¿Es esto lo que nos preocupa? ¿Con un tipo de virginidad así nos quedamos tranquilos?

¡Venga, por favor!, no nos rasguemos las vestiduras por algo que no da lugar a ello. Preocupémonos por conocer más bien el mensaje tan revolucionario de esta mujer en contra de los “poderosos y de los ricos, y a favor de los pobres y desheredados”. Hay que ser muy vírgenes de mente y de corazón para decir, en unos tiempos como aquellos, algo tan claro y tan nítido. ¡De verdad: todo lo demás me sobra! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

eclesalia@eclesalia.net

10002977-interrogantes-sobre-un-fondo-blanco-foto-de-archivo¿INMACULADA, PURÍSIMA O LLENA DE GRACIA?
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote,zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 07/12/16.- El día 8 de diciembre la Iglesia celebra una de las fiestas, con más arraigo dentro del calendario litúrgico, que está dedicada a la Virgen. Dicha fiesta es conocida por unos como fiesta de la Inmaculada, mientras otros la denominan fiesta de la Purísima.

Ambas denominaciones vienen ya de lejos, aunque el momento clave lo marcó la definición del dogma de la Inmaculada concepción de María el 8 de diciembre del año 1854. Dicha definición fue proclamada por el Papa Pío IX, según la cual María habría sido preservada en el momento de su nacimiento del pecado original con que según el dogma, nacemos todas las personas.

Me gustaría partir de estos dos vocablos, inmaculada y purísima, para llegar a lo que para mí es incomparablemente mucho más como es el de “Llena de gracia”, según el anuncio que el ángel la dirige.

De entrada, yo diría que ya empezamos con desventaja, por el hecho de partir de una fiesta fundamentada en un dogma. Está definido, lo cual quiere decir que no hay nada más que decir. En principio cada persona puede buscar las razones que la ayuden a entenderlo o quizás a verlo todavía más oscuro respecto a lo que dicha fiesta significa. Pero a la larga, no hay otras razones por las cuales nos lo tengamos que creer.

Sea como fuere, no puedo por menos de decir que a mí personalmente me resulta muy pobre afrontar la figura de María en este caso desde un dogma que, como todos, se hace difícil de aceptar. Pero no por el hecho de la dificultad que pueda o no entrañar, sino porque para mí la figura de María de Nazaret ha sido y continúa siendo capital respecto a mi vida de fe, hecha realidad después en las tareas y realidades en las que yo me muevo cada día.

El hecho que haya sido concebida sin pecado original no hace más que situármela muy lejos. Si el que se pretende con este dogma es que la venere, yo ya lo hago, pero no por este motivo, sino precisamente por todo el contrario: porque la encuentro muy próxima a mi vida. A la vida que he vivido hasta ahora y a la que continúo viviendo: llena de luces y de sombras, y también llena de esperanzas y de desencantos.

Para mí María me sirve de modelo, porque la veo como la persona que fue creciendo día a día, siempre abierta al proyecto de Dios. Vaciándose de sí misma, renunciando a su voluntad, para que Dios, el Todopoderoso, como ella misma cantará en el Magníficat, entrara a nuestra historia, encarnado en la persona de Jesús. Un Dios “todopoderoso” que no usó su poder para actuar de manera extraña, sino para hacer que en un momento dado una persona concreta se convirtiera en instrumento, para que su amor y su misericordia se hicieran visibles para toda la humanidad. “Su amor se extiende de generación en generación…”, proclamará también en el Magníficat.

Desde esta perspectiva, María me está recordando que, gracias a personas parecidas a ella, es decir, personas que han renunciado a su propia voluntad, Dios ha podido entrar, continúa y continuará entrando en nuestro mundo para traer su Buena Noticia, traducida en tantas y tantas realidades concretas.

Porque es una lástima que cuando nos referimos a Dios como todopoderoso y omnipotente, lo apliquemos a un tipo de actuaciones muchas veces absurdas y fuera de lugar. La omnipotencia de Dios radica precisamente en hacer posible que, en medio de un ambiente marcado por el egoísmo y el egocentrismo, surjan personas que se niegan a sí mismas para que otras, normalmente carentes de amor y de dignidad, puedan llegar a conseguirlo.

Y de la misma manera que, hace veinte siglos en medio de un Israel marcado por la explotación, el dominio, el abuso, etc. surgieron personas generosas, el caso de María seguro que fue excepcional, también hoy en día Dios continúa suscitando personas parecidas a través de las cuales su proyecto continúa entrando a nuestro mundo, sobre todo en las zonas más desfavorecidas. Nombres de personas conocidas en muchos casos; pero, ¿por qué no piensas que quizás tú y yo también podríamos serlo? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

image_content_3596628_20150909153010ENCUENTRO DE JESUS Y MARIA CAMINO DEL CALVARIO
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 25/03/16.- «Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta» (Lm 1, 12). Estas palabras de la Santas Escrituras, se las podemos aplicar hoy a la Madre Dolorosa, la Madre del Redentor del mundo, Jesús.

En el camino hacia el Calvario Jesús se encuentra con María, su madre; y María se encuentra con Jesús, su hijo amado, su predilecto, salido de sus entrañas. El intercambio de midas es intenso, profundo, lleno de amor y de ternura; desde el silencio amante y compasivo. La mirada es el lenguaje más profundo e intimo entre os seres que se quieren. En este encuentro no hay palabras, la sola palabra es la mutua mirada que expresan el dolor intenso y profundo que hijo y madre viven. El dolor de la madre por su hijo ajusticiado, llevado al suplicio de la muerte, sin causa alguna; es profundo, indecible. El inocente, es condenado por los culpables, y la madre conocedora de la mentira que traman, asume desde la fe y el abandono el designo del Padre. La profecía de Simeón se ha cumplido: “una espada traspasará tu alma” (Lc 2, 35). Pero María, mujer de fe y esperanza, asume este momento, desde la certeza de que la muerte no es el final para su hijo. ¿Cómo va a morir el que es la Vida? No, ¡esto es un absurdo! ¡Poderoso como es Dios, él vendrá en su ayuda!

«No temas María, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32). Estas palabras, se las había dicho el ángel a María, y ella cree contra toda esperanza. Y desde esta certeza y esperanza, María, con su tierna mirada, infunde en su hijo, ánimo, fortaleza y confianza en el Padre que es quien sostiene su vida y dirige la historia de la salvación. María confía y adora el plan del Padre, aunque humanamente no lo comprenda. En medio de la profunda soledad de la Pasión de Jesús, María ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura y una fidelidad incondicional. Madre e hijo están íntimamente unidos y nada podrá impedirles de llevar a cabo la voluntad del Padre. María dijo “Hágase en mí según tu palabra” y el hijo: “Heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad” Y madre e hijo serán files hasta el extremos a este palabra dada.

Si el corazón de María está traspasado por la lanza del dolor, no es menos el dolor que atraviesa el corazón del Hijo, al ver a su madre tan afligida y sumergida en tan profundo dolor. El verdadero amor hace suyo el dolor del ser amado. Y este es el caso de Jesús y María: cada uno hace propio el dolor del otro. Madre e hijo se funden en un mismo hágase tu voluntad, ofrecido al Padre por la salvación del género humano. María al decir Fiat en la Anunciación, María asumió con todas las consecuencia, la historia de su propio hijo, haciéndola suya. Porque María es madre, sufre profundamente; y quiere abraza y llevar la cruz junto con su divino Condenado en el camino hacia el calvario. Pero no solamente abraza a Jesús, sino que en su corazón, abraza a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sintamos, pues, mirados con ternura y acompañados por María, nuestra Madre.

La Iglesia llama a María: “corredentora con Cristo”, porque, de alguna manera, ella también murió en la cruz con su Hijo. No de una manera cruenta; pero sí de una manera mística. María, recorrió el camino del calvario y estuvo al pie de la cruz acompañando a su hijo amado, haciendo suya la pasión y muerte del hijo, salido de sus entraña. La pasión del hijo es la pasión de la madre. Y la muerte del hijo es la muerte de la madre.

Señor, Jesús, como María tu madre, también nosotros queremos acompañarte, ofrecerte nuestra compañía y nuestro tierno amor, estando a tu lado en este camino en el que el dolor te desfigura y la cruz te aplasta.

En ti, también queremos acompañar a tantos hermanos y hermanas que el dolor los tiene hundidos, desfigurados, sin poderse levantar ni mirar al horizonte, sin encontrar una mirada que les dé fortaleza para seguir caminando. Para ellos te pedimos la fe y la esperanza, y una Madre buena que les mire con amor y les acompañe en su sufrimiento. Y a Ti, María, Madre del Fiat, del Amén, concédenos tu fe y confianza en los planes de Dios, Padre, aunque no siempre los comprendamos. Y consuela a tantas madres como sufren las “pasión” de sus hijos y ayúdales a llevar la cruz con tu presencia amante  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Los sabores de María

Publicado: 23 diciembre, 2015 en REFLEXIONES
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maria-de-nazaretLOS SABORES DE MARÍA
JUAN YZUEL*, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 23/12/15.- Vivimos un renacimiento de la gastronomía como arte y como dimensión esencial de toda cultura humana. Siempre hemos tenido la buena mesa como un placer esencial, pero actualmente vivimos la democratización de la alta cocina a través de la televisión. El mensaje es: en cada uno de nosotros, hay un chef en potencia esperando ser despertado… Sólo necesitamos una cosa: experimentar nuevas sensaciones gustativas, estar dispuestos a romper los tabúes culinarios y mezclar ingredientes que antes eran pensados como absolutamente opuestos, redescubrir sabores, darnos cuenta de que queda mucho aún por inventar. Y nuestra cocina, antes un lugar de sal, pimienta, ajo, aceite y vinagre, se ve invadida por decenas de botellitas con especias diversas, aromas exóticos y hierbas de nuestros montes que hasta hace poco habían quedado relegadas a las herboristerías.

Pero, para hallar nuevos mundos de sabor, hay que “deconstruir” nuestra memoria de sabores, educada y condicionada desde la más tierna infancia. Allí se nos dijo lo que estaba bueno, lo que estaba malo, lo que no se podía comer y lo que estaba reservado a momentos o personas especiales. Sólo cuando nos hemos enfrentado, en los viajes por todo el mundo, a culturas diferentes, hemos aprendido que el mundo de los sabores es muchos más amplio y rico de lo que nunca imaginamos.

Hay cinco sabores básicos: dulce, salado, amargo, ácido y umami. Este último se ha ido incorporando en la última década al catálogo que los niños aprenden en la escuela, pero aún no ha llegado a la cultura general de los adultos. Por ello, quedémonos por ahora con nuestros cuatro sabores principales.

El problema que hemos tenido es que se han extendido, sobre todo, dos sabores principales en nuestra cultura, el dulce y el salado. Casi todo está excesivamente azucarado o cubierto de sal. Esto no nos permite apreciar muchas veces el aroma de los frutos secos poco manipulados, el sabor de la carne en su propio jugo, el ácido natural de los cítricos o gusto fuerte del café solo y no edulcorado.

¿A qué me sabe esto?

En mis talleres de escritura del Diario personal me gusta proponer analogías sensitivas de nuestras experiencias. Si aquella mañana fuera un paisaje, ¿de qué paisaje se trataría? ¿O qué canción elegiríamos para asociarla con lo que pasó aquella tarde en el hospital? ¿Cuál es el olor primordial que parece flotar en esta memoria? También propongo sabores, que definamos nuestras experiencias vitales por el gusto. Esto descoloca al escritor, pues normalmente hacemos comparaciones visuales o auditivas con más facilidad que con sabores y los olores. ¿Qué sabor tenía ese día de tu cumpleaños? ¿Qué sabor domina en esta experiencia que estás describiendo? ¿Qué sabor me evoca esta persona tan importante en mi vida? ¿A qué me sabe, por ejemplo, mi hermano, mi padre, mi madre…? Cuando pienso en ella, ¿qué sabor fundamental me recuerda?

¿A qué me sabe María?

Vamos a aplicar esta exploración de sabores a María de Nazaret, madre de Jesús y madre nuestra. Para empezar, hemos de darnos cuenta de que muchas veces tenemos tan metida en nuestra memoria de sabores una forma exageradamente edulcorada de la Virgen, una versión dulzona y acaramelada que olvida, enmascara y oculta los ricos matices de una personalidad inabarcable. Para redescubrirla en todo su sabor, habremos de volver a los evangelios. Naturalmente, hay muchos textos sobre María que los exégetas analizan con lupa porque la María de Nazaret histórica no debió ser exactamente igual a la que vemos en el evangelio. No entraremos ahora en esas sutilezas; nos quedaremos con el retrato evangélico sencillo, el del pueblo llano.

DULCE

Posiblemente es el sabor fundamental de María. Como madre, evoca en nosotros la dulzura, el cariño, las caricias, el amor incondicional. María se muestra dulce en los evangelios: en Belén, junto a Jesús recién nacido, arropado y amamantado por su madre. En Ain Karén, cuidando a su prima. En Caná, preocupándose por la fiesta y la alegría de los recién casados. En Pentecostés, llenándose del vino dulce del Espíritu que alegra el corazón. María es alegría, servicio, acogida, amabilidad… Las letanías del Rosario la reconocen así: Causa de nuestra alegría, Madre amable, Madre del amor, refugio de los pecadores, estrella de los mares, esperanza nuestra,… Celebramos el “Dulce Nombre de María”. Infinidad de canciones la cantan en este sabor: “María tú, que velas junto a mí… enséñame a vivir con ritma alegre de juventud” (Gabaraín); “Madre de los hijos pobres” o “María, la madre buena” (Kairoi) nos invitan a acercarnos al amor materno de María.

María vive la alegría y la expresa. El Magníficat es todo una revelación de esa dulzura interior. Lo analizaremos en sus diferentes sabores, pero se arranca con la alegría: ¡Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador!

SALADO

La expresión “persona salada” incluye, en español, el ser graciosa, chistosa, divertida, chisposa,… Vemos a María como persona con encanto, que llega a ver a su prima y se arranca por soleares cantando al Señor su Magníficat. La podemos imaginar moviéndose por la casa prodigándose en este servicio, llenando la vivienda de vida y optimismo, de pasión y energía. También se necesita tener salero para resolver el problema de Caná de Galilea. “¡Ea, no tienen vino! Hay que hacer algo… Venga, Jesús, que tú puedes ayudar si quieres…”

Hay canciones como “María, Música de Dios” (Kairoi) que canta a esta mujer salada que comunica la alegría. “Madre de los jóvenes” (Gabaraín) nos habla de las tristezas de la juventud, de los peligros y la soledad de los adolescentes, pero que María puede sacarnos de las tristezas: “¡Ven, María a nuestra soledad,… a tantas esperanzas que se han muerto, a nuestro caminar sin ilusión…!

La sal nos recuerda también a las lágrimas. Y María tiene su ración de tristeza en los evangelios: ver a su hijo recién nacido en un establo porque no había para ellos dónde quedarse; contemplar a su pequeña familia huyendo a Egipto; buscar a su hijo con inquietud durante tres días en Jerusalén; verlo insultado y ensangrentado en las calles de Jerusalén camino del Calvario; contemplarlo en la cruz, pobre, desnudo, sufriente…; tenerlo frío y muerto en sus brazos al ser descolgado de la cruz… Se necesita un mar de lágrimas para vivir todas estas experiencias.

Si la María dulce es el primer tema de canciones de María, la María de las lágrimas es el segundo. La Salve nos recuerda que caminamos por un valle de lágrimas. “Hoy he vuelto” (Gabaraín) canta la nostalgia por la infancia; “Pienso en ti” (Matéu) nos dice que caminamos tristes sin María.

Por otro lado, la sal es la analogía elegida por Jesús en el evangelio para simbolizar que debemos ser sal de la tierra para que esta no se corrompa. María, como madre, fue sal con su propio hijo, sembrando en su corazón una forma de mirar al mundo que evitaba el nacionalismo, el extremismo, el machismo, el sexismo y todas las ideologías que ensucian la mirada limpia de un niño. María estuvo entre los apóstoles como sal, para que no se desvirtuara el mensaje del Maestro ni la esperanza en que su promesa se cumpliría. De allí que recibiera el encargo de Jesús crucificado “cuida de tu hijo” y formara parte de aquella primera iglesia a la que el Espíritu Santo animó en Pentecostés. No tenemos documentación sobre el papel de María entre los apóstoles, pero seguro que fue muy importante. Además del testimonio de su presencia en Pentecostés, está la tradición joánica de haber vivido con San Juan en Éfeso, y la jacobea de su aparición en Zaragoza, apoyando, animando, dando “rasmia”, como decimos en Aragón.

AMARGO

La amargura la tenía María garantizada en cuanto dijo “sí” en la anunciación del ángel Gabriel. Por si no lo tenía claro, así se lo aseguró Simeón: “Los bendijo y dijo a María, la madre: —Mira, éste está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida  y así quedarán patentes los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón”. (Lc 2,34-35) María, guardaba todas estas cosas en el corazón (2,19), las meditaba y, a veces, las sufría en silencio, sin aspavientos, con serenidad. Fue amargo tener que ver que José sospechaba de ella y hasta hizo planes de repudiarla en secreto. Fue amargo tener que huir a Egipto, como lo es todo proceso de emigración forzosa. Fue difícil encajar las respuestas desconcertantes de Jesús (en el templo, en Cafarnaúm…) que parecen dar a entender que su Madre no es tan importante en su vida como lo es Dios o su Pueblo. ¡Es la experiencia de tantas madres de religiosos, religiosas, misioneros, cooperantes y locos del evangelio! Es la mezcla agridulce de saberse bendecida por un hijo especial, maravilloso, pero que no le dará las seguridades ni las alegrías pacíficas y sencillas que otro tipo de hijo le habría dado. María experimentará esa espada que atraviesa el alma al ver a Jesús en su pasión y muerte.

María vive su experiencia de amargura desde el silencio y la meditación. De igual manera que exteriorizaba su alegría, es parca en su lamento y su llanto. Lucas repite dos veces en el capítulo 2 que María guardaba todo esto en su corazón. Ni siquiera los artistas la han presentado en un gemido desesperado. Una de las obras más sublimes de la historia de la escultura es la Pietá de Miguel Ángel. Allí, María muestra dolor, pero no desesperación. Su amargura es mitigada por su gran confianza en el poder del amor del Padre.

María vive la amargura desde la salida hacia el otro, para cuidarlo y animarlo. De allí nace la petición de Jesús: “Mujer, he ahí a tu hijo”. María se sacude su propia amargura para dar consuelo, apoyo, paz, confianza… También desde la valentía. Se enfrenta a los problemas con resolución, sin evitar los conflictos.

Las letanías del Rosario no pueden dejar de bendecir a María en este trance: Consoladora de los afligidos, auxilio de los cristianos, reina de los mártires… Canciones como “Tú estás cerca” (Kairoi) canta el hecho de que María vive cerca del dolor de los hombres y mujeres. Muchas canciones están dedicadas a Nuestra Señora de los Dolores, como “Dolorosa” (Espinosa), “Madre de los creyentes” (Palazón), “Madre de todos los hombre” (Espinosa), “María, madre del dolor, das tu corazón al pie de la cruz” (Kairoi), “Quiero decir que sí” (Luis Alfredo)… Yo mismo compuse una canción para los presos de la cárcel de Rickers Island, en Nueva York, titulada “Señora de la prisión” con esta temática. Si la dulce María es la fuente de himnos de alabanza y María la salerosa de cantos de amor, María dolorosa es la fuente de las baladas, de la explicación detallada de nuestras dificultades y dudas y del camino largo e incierto pero, a la vez, alumbrado por la fe.

ÁCIDO

El ácido es un sabor unido a todo lo que limpia hasta el hueso y levanta las postillas, lo que hace salir el mal y lo sana de raíz, lo que quita la podredumbre y señala la fuente de la injusticia y la corrupción. Es el sabor de la crítica, de la denuncia, de la indignación, del descontento, de la manifestación en la calle, de la rebelión y de la lucha contra el tirano y el opresor. Es el sabor del visionario, del profeta, del rebelde.

María nos sorprende con este sabor en el Magníficat:

«Él hizo proezas con su brazo:
dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos
y enalteció a los humildes,
a los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos.»
Lc1,51-53

María hace así una afilada crítica social. Con acidez asegura que los poderosos, los famosos, los prestigiosos, los saciados, los adinerados, los escandalosamente ricos… nada tienen que ver con lo que Dios quiere. El Magníficat es un cántico judío; no hay atisbo todavía de cristianismo en él. María canta todavía desde el Antiguo Testamento, desde la teología de la promesa mesiánica que comienza a despuntar en esta joven muchacha de Nazaret. La promesa se ha hecho realidad. Sólo ella e Isabel lo saben. El Mesías no nacerá de entre los poderosos y los sabios, sino de entre los humildes y pequeños. No será rico ni buscará el poder y la influencia, sino que dejará que el mismo poder de Dios actúe en él. Y vendrá a instaurar un nuevo orden, basado en la fraternidad y la igualdad.

María la ácida, la activista, la revolucionaria, no está ahora en las grandes basílicas, sino en los barrios pobres y embrutecidos, en las largas horas de trabajo bajo el sol en los inmensos terrenos expropiados por las multinacionales, en las chozas de las mujeres agredidas sexualmente en las guerras africanas, en las luchas por los derechos de las mujeres en los países patriarcales y machistas, entre las abuelas de la Plaza de Mayo, en los círculos de silencio de quienes quieren acabar con la violencia sexista. María se hace así cercana al cambio y la causa del “otro mundo es posible”. Se hace voluntaria de una ONG, cooperante en un campo de refugiados, maestra en un barrio marginal, educadora en un piso de acogida para niños de la calle, médica que lucha incansablemente contra el ébola, guerrillera ecologista en el Rainbow Warrior de Greenpeace, analista de seguridad que denuncia el atropello de los derechos y libertades de todos y todas, abogada laboralista, enamorada de las causa de los últimos pueblos indios del Amazonas…

Su acidez le hace tomar partido, optar por los marginados, haciendo una opción preferencial por los pobres. No acepta ni la indiferencia ni la neutralidad ante lo injusto y lo inhumano. Es la Madre de todos, y como tal opta sobre todo por sus hijos más débiles y vulnerables. Es un amor duro, tajante, claro. No puede admitir en su casa el desorden del hambre, de la miseria, de la desigualdad, del abandono…

María la contestataria, la profetisa, es la más cantada por la Teología de la Liberación. Los poemas de Casaldáliga hablan de ella así. Su “Señora de Guadalupe” es una María que no se queda en el dolor pasivo, sino que sale a luchar por la justicia y la dignidad. Entre las canciones con esperanza ácida, con terca confianza en el compromiso, está “Mientras recorres la vida” (Gabaraín) y el más reciente proyecto artístico de varias cantantes: “Nuestra señora de los indignados”. Algunas canciones de Domingo Pérez, Pepe Laguna (Anawin), Vicente Morales (Brotes de Olivo), canta así a María. Un ejemplo claro: “Romance guadalupano”, de Domingo Pérez, con la letra de Pedro Casaldáliga.

Redescubrir los sabores de María

En las últimas décadas muchos cristianos hemos echado a María de nuestra oración y de la Eucaristía, donde durante siglos tuvo un lugar inapropiado y exagerado. Es tiempo de redescubrir sus sabores y saber combinarlos adecuadamente, encontrando el toque justo, como en la alta cocina. Es importante hacerlo también por razones ecuménicas, dado que el exceso de “salazón” mariano dificultó el diálogo durante siglos. Ni tanto, ni tan poco. La religiosidad popular necesita redescubrir otros sabores de María. Ella fue el regalo que nos dio Jesús y la puerta que han usado mucho para encontrarse con Él. Está allí, dispuesta a servir, como siempre. Gracias, Madre. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*alcierzo.com

Presencia amante

Publicado: 3 abril, 2015 en REFLEXIONES
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María calvarioPRESENCIA AMANTE
Encuentro de Jesús y María camino del Calvario

CARMEN HERRERO, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
ESTRASBURGO (FRANCIA).

ECLESALIA.- 03/04/15.-  «Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta» (Lm 1,12). Estas palabras de la Santas Escrituras, se las podemos aplicar a la Madre Dolorosa, la Madre del Redentor del mundo.

En el camino hacia el Calvario Jesús se encuentra con María, su madre; y María se encuentra con Jesús, su hijo amado, su predilecto, salido de sus entrañas. El intercambio de midas es intenso, profundo, lleno de amor y de ternura; desde el silencio amante y compasivo. La mirada es el lenguaje más profundo e intimo entre os seres que se quieren. En este encuentro no hay palabras, la sola palabra es la mutua mirada que expresan el dolor intenso y profundo que cada uno vive. El dolor de la madre por su hijo ajusticiado, llevado al suplicio de la muerte, sin causa alguna, es profundo, indecible. El inocente, es condenado por los culpables, y la madre conocedora de la mentira que traman, asume desde la fe y el abandono el designo del Padre. La profecía de Simeón se ha cumplido: “una espada traspasará tu alma” (Lc 2,35). Pero María, mujer de fe y esperanza, asume este momento, desde la certeza de que la muerte no es el final para su hijo. ¿Cómo va a morir el que es la Vida? No, ¡esto es un absurdo! ¡Poderoso como es Dios, él vendrá en su ayuda!

«No temas María, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32). Estas palabras le había dicho el ángel a María, y ella mujer de fe, cree contra toda esperanza. Y desde esta certeza y esperanza, María, con su tierna mirada, infunde en su hijo, ánimo, fortaleza y confianza en el Padre que es quien sostiene su vida y dirige la historia salvífica. María confía y adora el plan del Padre, aunque no lo comprenda. En medio de la profunda soledad de la Pasión de Jesús, María ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura y una fidelidad incondicional. Madre e hijo están íntimamente unidos y nada podrá impedirles de llevar a cabo la voluntad del Padre. María dijo “Hágase en mí según tu palabra” y el hijo: “Heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad”. Y madre e hijo serán files hasta el extremos.

Si el corazón de María está traspasado por la lanza del dolor, no es menos el dolor que atraviesa el corazón del Hijo, al ver a su madre tan afligida y sumergida en tan profundo dolor. El verdadero amor hace suyo el dolor del ser amado. Y este es el caso de Jesús y María: cada uno hace propio el dolor del otro. Madre e hijo se funden en un mismo fíat, en un mismo hágase tu voluntad, ofrecido al Padre por la salvación del género humano. María al decir Fiat en la Anunciación del ángel asumió, con todas las consecuencia, la historia de su propio hijo, haciéndola suya. Porque María es madre, sufre profundamente; y quiere abraza y llevar la cruz junto con su divino Condenado en el camino hacia el Calvario. Pero no solamente abraza a Jesús, sino que en su corazón, abraza a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sintamos,  acompañados y mirados con ternura por María nuestra Madre.

La Iglesia llama a María: “corredentora con Cristo”, porque, de alguna manera, ella también murió en la cruz con su Hijo. No de una manera cruenta; pero sí de una manera mística. María, recorrió el camino del Calvario y estuvo al pie de la cruz acompañando a su hijo amado, haciendo suya la pasión y muerte del hijo, salido de sus entraña. La pasión del hijo es la pasión de la madre. Y la muerte del hijo es la muerte de la madre.

Señor, Jesús, como María tu madre, también nosotros queremos acompañarte, ofrecerte nuestra compañía y nuestro tierno amor, estando a tu lado en este camino en el que el dolor te desfigura y la cruz te aplasta.

En ti, también queremos acompañar a tantos hermanos y hermanas que el dolor los tiene hundidos, desfigurados, sin poderse levantar ni mirar al horizonte, sin encontrar una mirada que les dé fortaleza para seguir caminando. Para ellos te pedimos la fe y la esperanza, y una Madre buena que les mire con amor y les acompañe en su sufrimiento. Y a Ti, María, Madre del Fiat, concédenos tu fe y confianza en los planes de Dios, Padre, aunque no siempre los comprendamos. Y consuela a tantas madres como sufren las “pasión” de sus hijos y ayúdales a llevar la cruz con tu presencia amante. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Querido tiempo de Adviento:

Publicado: 9 diciembre, 2013 en REFLEXIONES
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sobreQUERIDO TIEMPO DE ADVIENTO:
COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA. 09/12/13.- ¡Me encanta que estés aquí ya! No sé qué es lo que tienes pero me pones el corazón en otra sintonía. Qué sé yo, pequeño seductor, con esa capacidad tuya para ir desgranando días hasta completar un tiempo que va guiándome, cual lazarillo, a la Navidad.

¿Qué tienes, hermoso Adviento?

No sé si será Isaías, ese enamorado que grita esperanza, ese loco que corretea por valles y collados con su cojera y su ceguera, rodeado de animales que conviven en paz, rodeado de colores y de sensaciones; poeta del futuro que va hermoseando lo que ve, que matiza de Presencia incluso, o sobre todo, lo más doloroso.

Isaías me enseña cómo vivirte, joven Adviento. Me enseña a gritar esperanza en el sufrimiento, a confiar en tiempos mejores, a provocarlos. Este hombre tan sensible me dice que he de ser yo quien coloree mi alrededor, y que Dios es un tizón humeante que me abrasa la vida. Isaías me enseña a vivir enamorada, gestando paz.

Quizás sea Juan, el Bautista, el del dedo que indica camino nuevo y al Nuevo. Sí, Juan, el pariente austero, metódico y entregado, que pregunta sin rodeos (¿”eres tú el que ha de venir o esperamos a otro”?), el impaciente.  Juan el creyente, enamorado del misterio sanador y salvador del Agua, el que, grano a grano, se fabricó un desierto desde el que gritar verdades.

Juan también es un buen maestro porque me recuerda que con muy poco se puede vivir, y que la calidad de vida la da la relación con Dios, no las pieles que lleve encima (por muy de camello que sean). Juan me anima a vivir sencillamente y a gritar siempre, siempre, siempre, que el Reino de Dios está cerca, tan cerca, que lo tenemos pegadito al alma.

No sé, querido Adviento, no sé qué es lo que tienes que me pareces de lo más bello que hemos creado, tan tranquilo, tan susurrante, como un manantial discreto que, en silencio, va salpicando de verdor todo su entorno.

¿Será María?, sí, quizás sea ella. La mujer bendita y bendecida de Nazaret, la del anuncio insospechado que se convertiría en sospechoso, la del “sí, quiero”.  María es una mujer MUY interesante, Adviento querido: con destino en Belén,  preocupada por un Niño en el Templo de Jerusalén y desolada después por un Hombre en la misma ciudad; María y su “mindfulness” en las bodas de Caná, o su sentido comunitario con los discípulos… recibiendo, de nuevo la Ruah Santa. María, hija de Sión.

Ante María, maestra, me inclino admirada, porque ella, que pronunció pocas palabras (aunque cantó las verdades sin temblor en la voz), en cambio gestó la Palabra; y lo hizo bien consciente, interpelando al ángel, dudando y sopesando, hasta que el corazón dio golpecitos de inteligencia a la mente y ambos se pusieron de acuerdo en el sí. María me enseña a ser generosa y entregarme hasta el cansancio, atravesando incomprensiones y murmuraciones. María me dice que ahora que ya estás aquí, Adviento, el corazón ha de ser grande para poder guardar en él todas las cosas en silencio.

Ni idea, Adviento, granujilla, no sé por qué me gustas tanto, si porque me invitas a soñar o porque me conminas a vivir despierta.

En fin, no le doy más vueltas, me gusta tu humilde presencia, tu duración mayor o menor dependiendo de lo que la Navidad necesite, tu ser anuncio de algo bueno, tu…, todo tú.

Y contigo… lo mejor está por llegar, querido Adviento.

Seguimos juntos, gracias por venir. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

Un abrazo enorme.

Para (otras) madres

Publicado: 3 mayo, 2013 en REFLEXIONES
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Madre.PARA (OTRAS) MADRES
GRAÇA ALVES, escritora y poeta, gracaleonor@hotmail.com (traducido por Arantza Uriarte, misionera Verbum Dei)
MADEIRA (PORTUGAL).

ECLESALIA, 03/05/13.- Con el corazón puesto en la mía, me atrevo a pensar en las otras madres, en las que viven en el silencio del abandono, en las que oscurecen – por falta de luz – despacio, al ritmo imparable de la vejez, en las que no tendrán hoy, un beso, una flor, una sonrisa, el consuelo de un regazo.

No, hoy no voy a hablar de amor, ni de la casa, ni de la voz. No voy a hablar de la comida en el restaurante, ni del regalo que se compra porque es día de dar regalos.

Hoy, es de las otras madres que hablo: de las que esperan la visita, de las que miran para el teléfono esperando que el deseo (apenas la fuerza del deseo) le haga sonar, las que callan los gritos dentro de la soledad, las que anochecen solas.

Es de ella que quiero hablar. De las madres, besos de Dios, que los hombres olvidaron en la prisa de vivir otras cosas. De esas noches de luna que las nubes esconden, porque pesan demasiado en la noche de los días.

Es por ellas que pido. Y por las otras, que ya no ponen la mesa para cenar, las que nos preparan la ropa de los hijos, porque ya no esperan a nadie.

Pido hoy, por los hijos que ya no tienen madres esperándoles, o por los que les esperan en otros lugares. Y por las madres que ya no tienen a quien proteger:

-¡Ten cuidado!, ¡no vuelvas tarde !

Pido por las (otras) madres. Con el corazón puesto en la mía. Pido a la Virgen-Madre, en este mes de mayo, que mire por ellas. Por la mía también.

Pido por ti. Hoy, por lo menos hoy, no te olvides de la tuya. Aunque…

Acuérdate que es por ella que Dios te explica el Amor. Por la tuya. Dale un beso. Aunque…

Acuérdate de que las madres no mueren, y que siempre nos esperan cuando bajamos de la cruz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

POR (OUTRAS) MÃES

Com o coração posto na minha, ouso pensar nas outras mães, nas que vivem no silêncio do abandono, nas que escurecem – por falta de luz – devagar, ao ritmo imparável da velhice, nas que não terão, hoje, um beijo, uma flor, um sorriso, a devolução de um colo.

Não, hoje não vou falar do amor, nem da casa, nem da voz. Não vou falar do almoço que faz fora, nem do presente que se compra porque é dia de dar presentes.

Hoje, é das outras mães que falo: das que esperam a visita, das que olham para o telefone, à espera que o desejo [apenas a força do desejo] o faça tocar, das que calam os gritos dentro da solidão, das que anoitecem sozinhas.

É delas que falo. Desses beijos de Deus que os homens esqueceram, na pressa de viver outras coisas. Desses luares que as nuvens escondem porque pesam demasiado na noite dos dias.

É por elas que peço. E pelas outras. Pelas que já não põem a mesa do jantar, que já não preparam a roupa dos filhos, que já não estão à espera.

Peço, hoje, pelos filhos que já não têm mães à espera. Ou que os esperam noutros lugares. E pelas mães que já não têm a quem proteger:

– Tem cuidado. Não voltes tarde.

Peço pelas (outras) mães. Com o coração posto na minha. Pedindo à Mãe deste mês de maio que olhe por elas. Pela minha também.

Peço por si. Hoje, pelo menos hoje, não se esqueça da sua. Mesmo que. Lembre-se que é por ela que Deus explica o amor. Pela sua. Dê-lhe um beijo. Mesmo que. Lembre-se que as mães não morrem e que estão à nossa espera, sempre que descemos da cruz.

Dios viene al mundo por la mujer

Publicado: 7 enero, 2013 en REFLEXIONES
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Navidad...DIOS VIENE AL MUNDO POR LA MUJER
MAGDALENA BENNASAR, espiritualidadcym@gmail.com
BILBAO.

ECLESALIA, 07/01/13.- Ha estado siempre ahí esta verdad, grande, impactante, y sin embargo no nos la contaron ni la cuentan así. A pesar de que Lucas no es el más feminista de los varones, no puede dejar de decir la verdad desbordante de evangelio y de creación: que cuando nos quieren contar como vino Dios al mundo nos tienen que contar que como todos, fue a través de una mujer. Hasta ahí sí sabemos de siempre, lo que posiblemente es una interpretación más tardía y más de acuerdo con nuestra realidad cultural: es que Dios viene al mundo por lo femenino de la humanidad, de ambos géneros.

Recuperar lo femenino para poder creer que el anuncio es también para mí. Recuperar lo femenino para enmudecer el Zacarías de la lógica y de las garantías, y activar la Isabel que cree, a pesar de su esterilidad y vejez, en un proyecto que supera lo natural, y no pone pegas. Recuperar lo femenino para devolverle al mundo lo que tantos años de patriarcado impuesto le ha robado: la perspectiva del Amor por encima de la razón, no sin ella, pero más fuerte que ella. Recuperar lo femenino para devolverles a la humanidad y al cosmos el equilibrio que han perdido por el dominio de uno sobre otro.

Y eso ¿se puede hacer con evangelio? Veamos los relatos.

Nos dicen los textos que el Judaísmo como religión ya no tiene espíritu: cuando Zacarías le pide garantías al ángel de que su promesa se realizará, enmudece de falta de fe. El sacerdote está mudo, no tiene nada que decir mientras su mujer vieja y estéril y no considerada, cree, y su ser se llena de vida. Es el inicio del nuevo testamento. Isabel hace de bisagra entre la institución y la profecía que anuncia la venida del Mesías. María de Nazaret, también pregunta al ángel el cómo de aquella promesa, pero su pregunta es abierta, está llena de esperanza, porque en el fondo desea ser la madre del Mesías que toda muchacha judía esperaba. Tal vez al pasar de lo físico a lo espiritual perdemos la fascinante escuela de oración que María de Nazaret inicia para nosotras, Dios y la humanidad en diálogo directo, sin sacerdotes del templo que recen en su nombre, sin mediadores que tantas veces interfieren, se ponen en el centro, desvían el objetivo.

Las religiones fallan cuando desenfocan su objetivo: ser caminos hacia Dios. Y cuando vemos casi todo menos eso… algo falla, y los síntomas son siempre los mismos: y entre ellos sobresale uno: las ansias de poder y de protagonismo. Es el Herodes que también convive con nosotros, y busca desde siempre, inspirado en Caín, matar la inocencia. Este Herodes es la personificación del ego, en definitiva el anti-reino. Esa parte de nosotros anda suelta en nuestras relaciones con los demás. Es tan fácil querer que las cosas se hagan como yo quiero, y tan difícil que se hagan como es mejor para todos. Es tan fácil argumentar mi punto de vista y tan difícil escuchar con respeto y acogida la perspectiva de la otra persona. Y eso se cuela en la familia, en la alcoba, en los lugares de trabajo, en las comunidades y parroquias, va conmigo, es mi sombra. Será la pequeñez humana, la fragilidad absoluta de un recién nacido, quien dará luz para que pueda ver con su inocencia lo que no es inocente en mí y dejarle que lo rescate. En esa cueva oscura de mis límites y falta de amor y de aceptación de los demás sólo me atrevo a entrar si tengo la seguridad de que ellos, el niño y su familia, están.

El olor al bebé que no huele a nenuco sino a autenticidad, la joven que le tiene en brazos que transparenta realismo y acogida, el muchacho que sabe estar, acompañar y que es un saco de bondad. ¡Qué familia ! Y luego, claro, de vecinos, los impuros, los que ya ni se molestaban en purificarse para ir al templo porque su trabajo humilde y duro no les permitía participar en liturgias de ricos y puros, ellos como no tenían Internet estaban conectados a las estrellas y por eso, porque están despiertos de noche y con los ojos abiertos, están dispuestos a escuchar el anuncio. Es que para escuchar el anuncio de que él ha nacido hay que estar conectados a las estrellas.

Con esa alegría no tienen miedo de ir a la cueva porque antes de ponerse en camino han escuchado el anuncio. Yo creo que no quiero entrar en mi cueva porque voy sin haber escuchado el anuncio y algunas veces me quedo sin el niño. Ojala que este año no sea así.

Por ello te invito a escuchar tu corazón, tu intuición, tu entraña porque por ahí te llegará el anuncio que te dará fuerza para retirar el ego y que nazca el amor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

San Nicolas de Bari no es Papa NoelLA DIMENSIÓN POLÍTICA DE LA NAVIDAD
MIGUEL ESQUIROL VIVES, esquirolrios@gmail.com
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 03/01/13.- Todas nuestras acciones son políticas, tanto públicas como privadas, pues todas tienen alguna incidencia en la sociedad. La Base de la política es el bien estar de los pueblos, la paz basada en la justicia y el respeto igualitario de la dignidad de todos los seres humanos. El gobierno es el ente servidor encargado de organizar la sociedad para este fin.

Por eso la Navidad tiene su dimensión política, pero la sociedad de consumo se ha encargado muy bien de maquillar la Navidad dándole también su dimensión política, distinta a la del evangelio de Jesús. ¿Pues en qué queda hoy aquel relato del censo que obliga a una mujer embarazada y a su compañero a viajar pobremente y por pobres ser rechazados de todo alojamiento?

¿Cómo queda aquella preferencia de Dios por los pobres, al llamar a una joven de Nazaret del pueblo más despreciado de Palestina a ser madre de Jesús?

¿Y quién recuerda en estas fiestas aquella frase de María recién embarazada cuando visita a su prima, y entre otras cosas le dice, que desde este encuentro: “Dios manifiesta su fuerza y dispersa a los hombres de soberbio corazón. Derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías”. Lucas 1, 51-53.

El sonrosado, satisfecho y bonachón personaje patrocinado por Coca Cola ha ocultado a aquel niño y a su madre en parto en un establo rodeado de animales, sucio de paja y estiércol, en el que María da a luz a Jesús, acompañada eso sí de los pobres como ángeles solidarios.

Uno de los relatos más terroríficos del evangelio de estas fechas es la cruel acción del rey de turno que para defender su poder manda asesinar a los niños recién nacidos en estos días. La sociedad satisfecha de siempre ha convertido esta fecha en una fiesta de chistes y bromas, las inocentadas, escapando como escapamos tantas veces de lo profundo de los hechos, engañados por los medios de comunicación. Y quizás ya no nos acordamos de que esta situación obligó a aquella familia a salir al exilio hasta un cambio de gobierno.

Mientras el 20% de la humanidad disponga para su disfrute del 80% de los medios de vida y el 80% de la humanidad deba contentarse con solo el 20% de lo que queda, no podemos decir que la Navidad no tiene nada que decir a esa injusticia y hacer justicia es la primera obligación de la política si quiere conseguir la paz.

Mientras millones de niños mueren cada año de hambre en el tercer mundo y el número de pobres crece en el primero, y sin que nos inquiete ni mucho ni poco el gran insulto a la razón de lo que está pasando en un continente, expoliado durante siglos por Europa, como es África, estaremos diciendo que la Navidad no tiene nada que ver con la política y estaremos dejándonos robar la Navidad por la Coca-Cola con todo lo que ella simboliza, para que nada cambie. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).