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monasterio_de_la_olivaTESTIMONIO DE LAICO CISTERCIENSE
GUILLERMO OROZ ARAGÓN, Fraternidad de laicos cistercienses del Monasterio de La Oliva, guillermomertxe@hotmail.es
NAVARRA.

ECLESALIA, 19/05/17.- La culpa de todo la tuvo aquel papelito. Apareció en el corcho del monasterio y rezaba así: Iniciación a la oración”. Y después decía algo de que los monjes querían compartir con la Iglesia entera los tesoros de contemplación que tenían en el monasterio. O algo así. Y yo, que llevaba ya tiempo buscando autenticidad espiritual, decidí probar.

La verdad es que iba un poco a la desesperada. Sentía sed de Dios y no hallaba agua que calmase esa sed. Había probado todas las modalidades de espiritualidad que en nuestro siglo XX y en nuestra sociedad occidental se anuncian al hombre. Había visitado las técnicas de oriente, y de todas partes, buceando en ese cajón de sastre que luego se llamó New Age. Pero nada funcionaba. Sus técnicas de relajación relajan y sus métodos de concentración concentran, pero todo se estrella en el límite humano en que hemos de dejar paso a Dios. En el punto límite en el que la única realidad es la rendición.

Duele decirlo, pero no puedo escamotear la verdad. Venía, por educación y cultura, de la religión de las parroquias. Pero el trajecito de primera comunión que las parroquias ofrecen no servía para dar respuesta seria a la llamada que Dios había puesto en mi corazón. Antes al contrario, sólo es ocasión de rechazo ese evangelio sin filo de las parroquias, anunciado sin el fuego del espíritu, sin convicción, sin el poder contagioso y sanador del amor, sin la fascinante belleza de lo sagrado. Nada puede hacerse desde ese evangelio ligth, edulcorado, domesticado, descafeinado, que no implica, que no compromete, que no transforma, sino un cumplimiento frío y muerto, que no se traduce en vida. No puede seguir siendo ésta la respuesta que la Iglesia ofrezca al mundo. Menos aún cuando la Iglesia está llena a rebosar de tesoros inmensos de espiritualidad, verdad y fe.

Así que, un buen día cualquiera disfrazado de azar, vi el papelito, llamé y me apunté. Yo aún no lo sabía, pero acababa de dar el paso que iba a cambiar mi vida por completo.

Si hablo de mí, como decía aquel, es porque es quien más cerca tengo. Pero sé que mi historia es la historia de mis hermanos de Fraternidad –y aun la de otros hermanos de otras Fraternidades- si cambiamos sólo las circunstancias más anecdóticas.

De aquel fin de semana largo guardo el recuerdo de un cara a cara con la Verdad y con el Amor. Demasiado íntimo y difícil para traducirlo en palabras. Pero sí diré que fue un nuevo comienzo. Que por primera vez conocí el amor de la Palabra y la palabra del Amor. Y que, entre las ruinas del monasterio, cuando yo mismo era sólo un puñado de ruinas, me esperaba, sentado en lo alto de un muro derruido, Dios mismo.

Allí supe también de la existencia de algo que se llamaba Fraternidad de Laicos Cistercienses de La Oliva, que llevaba unos pocos años de andadura.

Me enteré de que, a todo lo largo del mundo, en los cinco continentes, sin contacto entre ellas y de modo espontáneo, han surgido simultáneamente agrupaciones de laicos que se han presentado a los monjes con el sentimiento de ser cistercienses sin sentirse llamados a renunciar a su realidad de laicos y con la intención de seguir un camino comunitario en el carisma cisterciense.

Pero la puerta de la Fraternidad no se me franqueó inmediatamente. Después de ese primer encuentro, tuve unos cuantos más con el monje que en aquel entonces estaba encargado de la Fraternidad, antes de que, tras ese discernimiento, se me ofreciera la posibilidad de conocer a los que hoy son mis hermanos de Fraternidad.

Lo primero con lo que te topas en la Fraternidad es el autoconocimiento. Allí nadie es más que nadie y no hay otra realidad que la verdad. O un puñado de personas luchando por vivir en su verdad. Ahí todo lo que llevas, sobra. Todas las máscaras con las que has estado viviendo y bailando al compás del carnaval que el mundo nos toca, no sirven para nada. Se caen por sí mismas, como hojas inútiles o como lágrimas incontenibles. Y te encuentras contigo mismo, contemplándote en el espejo de caridad de las pupilas de Dios, que siempre están mirándonos.

Ya nada vuelve a ser lo mismo. Regresas a casa, a la misma casa de siempre, al mismo trabajo que tenías, a las mismas calles y a la misma gente, pero ya todo es diferente. Porque tú ya no eres el mismo.

No es un camino fácil. Entre los míos, al principio, no se entendió la cosa demasiado bien. Pero por aquella época ni yo mismo la entendía demasiado bien. Sólo estaba mortalmente seguro de que aquello era la voluntad de Dios en mi vida y que iba a producir frutos de amor en mi propia casa. Era sólo cuestión de tiempo. De esperar, de dejar hacer a Dios, que estaba ya haciendo en mi corazón. De dejar que el aroma de eso se fuera esparciendo por todo alrededor. Tal y como sucedió.

Allí, descubrir el císter es descubrirte a ti mismo. Vas conociendo la espiritualidad cisterciense y es como estar ante un espejo, ante el espejo de la verdad y las cuerdas más delicadas y hondas de tu corazón vibran con el canto silencioso de un carisma de mil años.

Y te encuentras con que císter, con su llamada a lo esencial, a evitar lo superfluo para centrarse en lo nuclear, tiene una palabra de vida para ti y para el mundo.

Que císter, con su silencio, vale para nosotros y para nuestro mundo ahogado en palabrerías, mentiras y ruido.

Que císter, con su humildad, es cura para nuestra soberbia y la de un mundo que se cree autosuficiente y todopoderoso.

Que císter, con su sencillez, sana nuestra complicación y la de un mundo que se convierte en laberinto para el hombre.

Que císter, con su austeridad, es antídoto contra nuestra avaricia y la del mundo del consumismo que termina consumiendo al hombre.

Que císter, con su libertad, es medicina contra nuestro egoísmo y el de un mundo que quiere hacer del hombre un esclavo físico y moral.

Que císter, con su amor, transforma nuestra realidad deforme y caída en un canto de alabanza y hermosura.

Que es un camino válido y posible para nuestros pasos, más aún en este mundo de hoy, harto de cosas y de consumo, enfermo del pecado de la sobreexplotación, y hambriento de verdad, de paz, de amor y de Dios.

Yo aún no sabía esto, pero estaba a punto de descubrirlo en mis propias carnes.

Aprendí en ese silencio a escuchar. A escuchar mis voces y mis ruidos; y a acallarlos. Para escuchar el silencioso latido de Dios, que ocupa la vida entera. La Palabra ya no eran palabras mil veces repetidas y, aunque hermosas, vacías de sentido. Ahora eran palabras y Voz.

Eran un Evangelio que pasa del papel a la vida. Que zarandea, que sacude, que te pone del revés, cabeza abajo, te desubica, te descoloca. Hasta la rendición. Hasta el abandono.

Hasta que lo único que sabes es que eres un corazón estremecido ante un Misterio infinito. Ante una Fascinación que te ama, y que quiere hacerse vida en tu vida.

Si le haces sitio. Si no te pones tú en medio: tú y tus egoísmos, tus planes, tus proyectos, tus acciones. Vuestros caminos no son mis caminos.

Te topas con una verdad que te deja sin referencias, sin agarraderos. A la intemperie de un camino exigente, que no es de broma aunque esté repleto de alegría, y que pasa, ineludiblemente, por el monte Calvario.

Y ya la vida toda se ha convertido en campo de pruebas; en Tierra Santa, donde vamos del desierto al Tabor, pasando por todos los versículos. Y haces oración en cada rincón de tu vida y haces oración de cada rincón de tu vida, porque si no, estás perdido. Y porque ves al Señor esperando, para verte combatir.

Y ya la vida ha pasado a ser historia sagrada. Se nos ha convertido en un nuevo evangelio, nuestro e íntimo; el paso de Dios mismo por nuestros días…

Quien ha probado lo auténtico, no gusta de lo falso. Quien ha escuchado, aunque sea sólo una vez, en su corazón, una Palabra, o el eco simplemente de esa Palabra, ya no acepta más la mentira. Ya los dioses y señores de la tierra no le satisfacen.

Es tiempo de coraje.

Nuestra sociedad es la del cuento infantil del traje del emperador. Una mentira común a la que todo el mundo se adhiere por miedo: a quedar mal, a no estar a la altura, a ser diferente, a quedarse solo, a… Es una mentira, porque está basada en seres falsos, los egos, esas máscaras tras las que ocultamos nuestra verdad. Y el laico cisterciense es el niño, sin máscaras, profético e inocente, que desenmascara la realidad: el emperador está desnudo.

Hay que apostarlo todo a la Verdad, sin miedo. A sabiendas, eso sí, del precio: ir contracorriente. No temáis, yo he vencido al mundo.

Nada de esto sería posible sin los hermanos de la Fraternidad, caminando a tu lado, siempre. Siendo apoyo, siendo ejemplo, siendo amor. Sólo desde ahí, sólo con ellos, es posible recorrer con autenticidad, con verdad y con libertad, este camino de humildad y despojo, que nos deja en el límite mismo del hombre, al borde de un vacío que sólo Dios llena.

Y, si en tu corazón ves que tu camino es este y que para ti no hay otro, llega un gozoso día en el que todo este itinerario culmina en una Promesa. El escenario, tu monasterio-madre. Las palabras podrán cambiar de una Fraternidad a otra, pero el sentido es uno: dedicar el resto de tu vida a continuar por este camino de amor. A perseverar hasta la muerte en una transformación que es conformación con Cristo, en la Voluntad del Padre y a merced del Espíritu. A abandonarnos a nosotros mismos en esta senda que conduce al encuentro del Amado.

Una Fraternidad laica cisterciense se sabe y se quiere escuela de amor. Y es comunidad de amor y de oración. Oración que conduce al amor. Oración que nos despoja de todo lo que no sea amor. Y que nos deja en las orillas de un mar de amor que llamamos Dios.

Con la humildad y la firmeza de nuestra verdad, estamos aquí. Al servicio de los hermanos: caminando, no sin tropiezos, pero apoyados en la fuerza del Señor que viene en ayuda de nuestra debilidad. Estamos aquí para aprender y para ser eco de la Palabra que hemos escuchado en nuestros corazones y que se llama Dios, porque se llama amor (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

eclesalia@eclesalia.net

m-616-escuela-ideoEN ESCUELA IDEO ¡NOS MUDAMOS!
CÉSAR ROLLÁN, fundador y director de Eclesalia Informativo eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 23/12/16.- Hoy queremos contaros algo nuestro. Eclesalia se cuece en nuestra casa, con nuestros peques por medio, con nuestros trabajos laborales y nuestros sueños. Quienes nos conocéis sabéis que nuestra casa, peques, trabajos y sueños andan metidos en un precioso proyecto educativo que compartimos con un montón de gente. En el curso 2014-2015 comenzamos Escuela Ideo, después de muchos preparativos y, sobre todo, ganas de una educación diferente.

Según se apunta en la última entrada del blog de nuestro colegio: “Los primeros pasos de Escuela Ideo los dimos con la esperanza de que algún día llegaríamos al sitio definitivo en el que desarrollar nuestro proyecto educativo”. Desde Eclesalia buscamos en alguna ocasión la posibilidad de que alguna institución tuviera un buen lugar en el que quedarnos; entonces llegaron algunas propuestas, pero ninguna resultó viable.

Escuela Ideo está gestionada por un numeroso grupo de socias y socios con un consejo de administración que toma las decisiones inmediatas y agiliza los procesos. La confianza es el vínculo que nos agrupa y eso se nota en todo momento. Pues bien, después de sus múltiples visitas, estudios y posibilidades de sitios en los que establecernos definitivamente ayer, 22 de diciembre de 2016, nos comunicaron que ¡nos mudamos!

No será algo inmediato, pues el sitio al que iremos hay que reformarlo y adaptarlo a las características de un centro educativo. Se trata de un monasterio que está situado “a pocos metros de la confluencia de la M-607, autovía Madrid-Colmenar Viejo, con la M-616, autovía Carretera de Colmenar-Alcobendas, en el término municipal de Madrid. A poco más de 8 kilómetros de nuestra actual ubicación”. El edificio albergó a una comunidad de monjas Jerónimas de 1967 al 2004; desde entonces ha estado prácticamente abandonado.

Escuela Ideo es un colegio aconfesional, lo que hace que, como en nuestra sociedad, todas las creencias e increencias tenga cabida desde el primer momento. En el centro se vive la fe en lo humano por encima de todo y eso es lo que nos une.

Desde una mirada cristiana como la mía, observar la evolución de este recinto consagrado a la clausura da que pensar. Aquello que el Vaticano II acuñó como “los signos de los tiempos” tiene aquí también una lectura singular. Yo me pregunto si no será que la fe en el Dios de Jesús es para vivirla en el mundo, en la diversidad de pareceres, comulgando con las experiencias comunes y caminando con todas, con “un bastón y nada más”.

Seguiremos informando

eclesalia@eclesalia.net

¿UNIDOS O HUNDIDOS?
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 21/11/16.- ¡Qué bueno es hacerse preguntas! Pero de nada servirán si las abandonamos antes de hallar las respuestas. Tener preguntas es señal de que, al menos, no estamos dormidos.

Si la respuesta no llega en un primer momento, no pasa nada; pero es conveniente no archivar la pregunta o dejarla en el olvido. Hay que volver a las preguntas para ir reconociendo por dónde sigue el camino, ya sea el personal o el comunitario.

Soy bastante hermética a la hora de dar explicaciones cuando estoy escribiendo, especialmente si acabará en formato libro. Pero los más allegados (familia y algún amigo o amiga) se interesaban -¿sobre qué estás escribiendo?-, y algo les conté: “De laicos, monjes y pobres va la cosa…” No más explicaciones, sólo puntos suspensivos. El ordenador y el silencio son buenos compañeros de camino para ponerse a escribir, aguardando lo que será el siguiente paso que a veces viene en forma de intuición, de recuerdo, de pregunta…

“¡Aquel salmo… cómo era!” “Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos! (132,1). Sí, qué delicia y qué dulzura, pero qué lejos estamos todavía de poder decir que vivimos la vida en misión compartida.

El mundo en que vivimos nos está poniendo delante un reto de convivencia -¿o será de supervivencia? Un reto que, a estas alturas, lleva etiqueta de “urgente”: o nos organizamos desde la unidad, o vamos a seguir cayendo en picado. No hace falta repasar aquí los acontecimientos que estamos viendo, viviendo y sufriendo, son conocidos por todos. No sólo a nivel político, económico, de relaciones entre países, religiones, etc. también a nivel Iglesia-Pueblo de Dios.

Entonces apareció la pregunta que da título a este escrito y es subtítulo en el libro; y no pude menos que sonreír recordando lo que decía Martin Luther King: “Hemos de aprender a vivir juntos como hermanos; si no, vamos a morir todos como idiotas”.

Te regalo la pregunta, ¿Unidos o hundidos?, a ti que estás leyendo estas líneas, para que seamos muchos los que la vayamos digeriendo cuidadosamente y actuemos cuanto antes desde nuestros círculos más próximos fomentando la serenidad, el diálogo, los encuentros que produzcan el fruto de la Unidad; que aprendamos a escuchar, a ceder, a proponer, a aprobar, a consensuar, a valora y a acoger al otro y su realidad, a vivir juntos como partes de un todo que es de todos.

El equipo de diseño del libro hizo un buen trabajo poniendo en la portada una granada cortada por la mitad, dejando ver los pequeños granos que unidos, adaptándose unos y otros, llegan a ser lo que tienen que ser, un fruto delicioso. La granada se nos muestra como parábola de unidad.

Ojalá podamos llegar a cantar la delicia y la dulzura de convivir como hermanos unidos. Ya no hablaremos de misión sino de vida compartida (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: “Mari Paz López Santos presenta libro

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liturgia.
Taller del 29 de octubre al 1 de noviembre
“EL GESTO EN LA LITURGIA”
COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 17/10/15.- En ocasiones es bueno repensar las palabras, hurgar en su significado, refrescarlo o incluso descubrirlo. Esto hace que las palabras resalten su contenido y se utilicen con más moderación.

Esto es lo que hicimos hace tiempo con la palabra “celebrar”. Decidimos desnudarla, mirarla por todas sus caras, como si fuera una palabra nueva recién encontrada. ¿Qué es celebrar?, ¿es una fiesta?, ¿alegre, conmemorativa, nostálgica, solidaria?, ¿cómo celebramos?, ¿cómo nos vestimos para las celebraciones?, ¿cuándo celebramos, qué roles ocupamos?, ¿qué símbolos o gestos solemos encontrarnos en las celebraciones?,…

Todo esto nos llevó un tiempo, es increíble la cantidad de historias que guarda una palabra dentro de sí.

La palabra “celebrar” está íntimamente unida a la palabra “liturgia”. Esta última gusta un poco menos, es cierto, nos suena a tradición obsoleta, a ritos poco cercanos. Démosle la vuelta y aprovechemos la riqueza de la liturgia para hacer de nuestras celebraciones espacios y tiempos de fe creativa. Quizás es un reto pero es un reto interesante, ¿por qué no incluir la danza comunitaria como hacía el mismo Jesús?, atrevámonos con otros gestos, otros símbolos,…

Ya va quedando atrás ese tiempo en el que la liturgia quedaba solo en manos del presbiterado, la celebración de nuestra fe precisa de la implicación de quienes somos laicas y laicos.

Como esto nos parece muy importante tendremos en nuestro monasterio de Suesa un taller sobre “El gesto y la liturgia”. Será una oportunidad para compartir experiencias, aprender ideas, danzas, generar creatividad,… Usaremos herramientas que tenemos todas y todos al alcance de la mano como la música, la danza contemplativa, el cuerpo, la palabra, los conceptos, el Espíritu,…

FECHAS: 29 de octubre a 1 de noviembre.

LUGAR: Monasterio de la Santísima Trinidad (Suesa, Cantabria)

PARA agentes de pastoral, catequistas y coodinadoras y coordinadores de grupos juveniles y/o de personas adultas, responsables de liturgia, monitoras y monitores, y cualquier persona que desea vivir la celebración de su fe de una manera más intensa y auténtica.

COORDINADO POR: Carlos del Valle, SJ, y Victoria Hernández (danzacontemplativa.com) y Monjas Trinitarias de Suesa.

INSCRIPCIÓN: amosuesaes@gmail.com

Las plazas son limitadas, no esperes demasiado. Nos alegrará mucho celebrar contigo la fiesta de la fe esos días.

Para más información: monjasdesuesa.org

 

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ecoaldeas-600x360IGLESIAS DOMÉSTICAS II
Del 1 al 4 de julio, sin límite de edad
MAGDALENA BENNÁSAR, Misionera de la Palabra de Dios, espiritualidadcym@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 13/06/16.- Después de largos paseos por la red buscando cómo, dónde y con quieres vivir la aventura de una comunidad cristiana que responda al lenguaje y realidad de hoy, reconozco que lo que más me atrae y llama es ser parte de una ecoaldea donde cada uno comparte sus talentos, tengan apellido cristiano o no.

Me da pena que casi todas las que he visitado virtualmente son de corte no-religioso pero de un compromiso importante con el respeto a todo lo creado: naturaleza y personas.

Consumo responsable: ¿pobreza evangélica?

Igualdad: ¿castidad?

Suma de talentos, bienes y capacidades: ¿obediencia-escucha?

Tal vez tengan razón, tenemos que alejarnos de las toxinas de una religiosidad cultual sin compromiso para descubrir la espiritualidad -la ruah– en todo y en todas y todos.

Posiblemente los primeros monasterios y comunidades religiosas tenían mucho de esta pasión por el cosmos, respeto a la vida, al agua, a la tierra, a la madera, a los productos básicos que se compartían y consumían con frugalidad… a la vez que una dedicación importante a la escucha del Amado y de los textos que les hablaban de él.

Hoy también los hay, pero muchos están demasiado burocratizados con instituciones que en su origen eran un medio para transmitir la fe y hoy atrapan sus mentes, tal vez demasiado, por la preocupación que conllevan.

Aprendo de estas familias y personas que se aventuran a vivir tipo ecoaldea, con un sentido importante de solidaridad y hospitalidad, cosa que los monasterios y comunidades dicen que tienen como carisma y de nuevo, algunos sí, pero otros… vaya que no tienen tiempo.

Aprendo de su compromiso sin necesidad de votos ni promesas, porque su palabra es creíble al ir acompañada de hechos.

Aprendo de su convivencia sana, de sus modos de gestionar los conflictos, acudiendo a ayudas de mediadores cuando se considera necesario en lugar de usar otros métodos más destructivos.

En fin, que creo que a nuestras niñas, niños y jóvenes les ayudaría conocer lugares así y desde ahí ayudarles a descubrir los valores más básicos y también la espiritualidad que permea todo cuando se busca vivir esos valores (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Os recordamos la invitación a convivir desde esas bases, en el Monasterio San Salvador de Palacios de Benaver (Burgos), del 1 al 4 de julio, sin límite de edad (gracias a las propuestas recibidas en nuestra anterior comunicación).

Para más informaciónespiritualidadintegradoracristiana.es

eclesalia@eclesalia.net

tibherine21 de mayo (1996-2016)
CARTA A LOS 7 MONJES DE TIBHIRINE
Celebración 20º aniversario de su muerte
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 23/05/16.- Queridos hnos. monjes de Tibhirine (Christian, Christophe, Luc, Celestin, Paul, Michel y Bruno):

Durante muchos años vuestro testimonio como comunidad de monjes cristianos en un país musulmán fue silencioso: compartir vuestra vida de oración, trabajo y acogida, atentos a vuestros vecinos y a quienes se acercaban a la hospedería del monasterio. Pero también compartíais el sufrimiento y la inquietud que generaba la violencia que azotaba Argelia en aquellos años, junto a la gente sencilla del pueblo. Como otros muchos religiosos y religiosas que optaron por permanecer aún sabiendo que el precio podía ser el que, finalmente, pagasteis.

Tras vuestro secuestro y muerte, en 1996, y en los años siguientes, a muchas personas en el mundo fue llegando, de una forma casi subliminal… (¿será esto el soplo del Espíritu que no hay quien lo pare?) vuestro testimonio. Se ha esparcido silenciosamente a modo de semillas dormidas bajo tierra, que en la explosión de la primavera se convierten en plantas magníficas, con hojas y flores, distribuyendo el polen de vuestra vida vivida con coherencia, discernimiento y opción comunitaria.

En 2011, la película “DE DIOSES Y HOMBRES” recogía con dignidad, dureza y belleza lo que fueron los últimos tres años de vuestras vidas. Y este acontecimiento os puso en medio del mundo para quien quiera recoger el mensaje de no-violencia, cercanía interreligiosa en la vida desde lo sencillo, desde la oración, desde la ayuda al otro, ya sea cristiano, musulmán o quien se acerque necesitado.

En los tiempos que corren se necesita urgentemente “escucharos” de nuevo. Será a través de lo que dejasteis escrito, como el Testamento de Christian, abierto el 25 de mayo de 1996, en la fiesta de Pentecostés; los libros y textos de muchos de vosotros y los testimonios de quienes os conocieron en persona: también vuestros vecinos y amigos musulmanes; las personas con las que compartíais diálogo interreligioso desde el respeto y los sencillos detalles de la vida.

Y también, como le pasó al San Pablo, los que de alguna forma quedamos “tocados” por vuestra vida, aún sin conoceros personalmente, poniéndonos en marcha para ayudar a que la semilla de Tibhirine siga siendo fecunda para la vida de la Iglesia y, muy especialmente, del mundo en este convulso tiempo en donde tenemos que mirarnos en vuestro espejo, para identificar al hermano más allá de la densa bruma de la violencia; con mirada certera, sin caer en el desprecio globalizado. Una filigrana de la que sois maestros y mucho tenemos que aprender.

He escrito en otras ocasiones sobre lo recibido a través de vuestro testimonio y, como siempre, creo que debo callar y nuevamente dar la palabra a Christian que, en su Testamento, dice todo lo que hay que decir y en primera persona (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Me uno a su despedida: ¡Amén!… ¡In Shallah!

 Mari Paz López Santos

 

Cuando un A-Dios se vislumbra…

Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy–
ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento
a todos los extranjeros que viven en Argelia,
yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia,
recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida
no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas
y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida.
Tampoco tiene menos.
En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal
que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo,
inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez
que me permita pedir el perdón de Dios
y el de mis hermanos los hombres,
y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.
Yo no podría desear una muerte semejante.
Me parece importante proclamarlo.
En efecto, no veo cómo podría alegrarme
que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato.
Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la “gracia del martirio”
debérsela a un argelino, quienquiera que sea,
sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam.
Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente.
Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.
Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila
identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas.
Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma.
Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido,
encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio
que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia,
precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.
Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón
a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:
“¡qué diga ahora lo que piensa de esto!”
Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.
Entonces podré, si Dios así lo quiere,
hundir mi mirada en la del Padre
para contemplar con El a Sus hijos del Islam
tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo,
frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu,
cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión
y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.
Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos,
doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente
para este GOZO, contra y a pesar de todo.
En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida,
yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy,
y a vosotros, amigos de aquí,
junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos,
¡el céntuplo concedido, como fue prometido!
Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.
Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este “A-DIOS” en cuyo rostro te contemplo.
Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices
en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.
                                                                                                      ¡AMEN! IN SHALLAH!

          Argel, 1 de diciembre de 1993
Tibhirine, 1 de enero de 1994

Christian.+

 

 

 

eclesalia@eclesalia.net

Espíritu SantoIGLESIAS DOMESTICAS
Fruto maduro de un cristianismo del Espíritu
CARMEN NOTARIO y MAGDALENA BENNÁSAR, Misioneras de la Palabra de Dios, espiritualidadcym@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 09/05/16.- Faltan pocos días para que la Iglesia Universal celebre la venida del Espíritu. En lugar de caer en un escéptico “falta le hace”, quisiera pararme y escuchar por dentro:

-¿qué veo?

-¿qué oigo?

-¿qué siento?

Veo personas que buscan una espiritualidad que les conduzca a una mayor madurez  para enfocar el día a día de sus compromisos y responsabilidades con “espíritu de sabiduría y de saboreo del Dios de Jesús, cultivando su interioridad y la del cosmos”

Oigo  lamentos por la ausencia de espacios vitalizantes, inclusivos, respetuosos con la gran diversidad de personas que somos conscientes de la vida de Dios en nosotros y entre nosotras. Dan ganas de preguntarse ¿tenemos la despensa vacía después de recibir la abundancia de dones y carismas en tantas ocasiones, en tantos momentos de nuestra vida? ¿Dónde está la fuga? ¿Dónde el ratoncillo que picotea y deja su bacteria negativa incrustada en el buen queso de la Ruah?

Siento la necesidad, incluso la urgencia de decir, con la autoridad  del evangelio, que es Jesús mismo quien nos da su Espíritu, no es un político o un jerarca religioso, es Jesús mismo. Siento pena por palpar como por falta de no sé muy bien qué, desperdiciamos montones de energía y creatividad que era y es regalo del Espíritu para el Reino.

También veo y oigo y he experimentado que en otros países el laico y la laica preparados teológica y pastoralmente tienen espacio en la pastoral y en la formación real de catequistas, catecúmenos adultos, pastoral universitaria, de enfermos… con voz y autoridad para decidir y organizar en diálogo con el resto del equipo. Demasiadas parroquias de nuestro país giran alrededor de un cura agobiado porque tiene que decidir desde las goteras  a las múltiples áreas de la vida del pueblo de Dios. Mientras ellos están que no pueden y por ello su mensaje muchas veces es mediocre y su pastoral a medias por falta de tiempo, muchas de nosotras y nosotros no vemos por donde poder colaborar porque todo tiene que hacerlo, decidirlo, controlarlo… ¡qué pena que nos traten como a personas inmaduras, cuando en nuestras familias y comunidades y profesiones llevamos todo adelante con aquellos y aquellas con los que convivimos! Y no pasa nada. Todo sigue, y el Espíritu ayuda.

Por todo ello, y muchísimo más, os queremos invitar a recrear, por unos días, el estilo de orar y convivir de las comunidades primitivas, antes de que se metieran demasiado las ganas de mandar y de hacerse imprescindibles personas concretas. Cuando todos y todas eran iguales y cada una compartía sus dones y carismas, sin películas de baja autoestima o complejos de mesías.

Os invitamos a las chicas menores de 65 años a disfrutar de unos días, así, al aire de la Ruah en un monasterio cerca de Burgos, para acercarnos a diferentes lugares del norte y centro de la península: hora y media de Bilbao, 2 horitas de Madrid, cerca de Valladolid, Palencia, Burgos, hora y media de Logroño, Vitoria…

Si te interesa pasar unos días en un espacio monástico femenino, con personas que valoramos el silencio y la Palabra hecha vida y compartida al atardecer debajo de los árboles monásticos, con sombra larga y refrescante. Todo rebozado con cantos acompañados por personas cantautoras y danza contemplativa sin más pretensión que orar con todo el cuerpo y activar la belleza y creatividad, pues ponte en contacto. Escríbenos un correo y nos comunicamos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Las plazas son limitadas y ya hay un grupito apuntado.

Un gran abrazo de Pentecostés.

 

‘Un monje se confiesa’

Publicado: 11 abril, 2016 en PUBLICACIONES
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12316249_145434732488043_5877007685493370067_nPublicado en la Editorial Pirineo
‘UN MONJE SE CONFIESA’
MERCEDES NASARRE RAMÓN, psiquiatra, mnasarre@hotmail.com
HUESCA.

ECLESALIA, 11/04/16.- “Un monje se confiesa” es el tercer libro de una trilogía que intenta la unión entre el saber psicológico y el saber espiritual. (“Un psiquiatra se pone a rezar” y “Yo también estaré contigo cuando llores” son los dos anteriores). Es una novela psicológica que no se debe leer de un tirón. Hay que gustar el texto, dejarlo entrar no solo en la cabeza (hay mucho diálogo para exponer argumentos filosóficos), sino en el corazón.

Confesar es atreverse a revelar algo de la profundidad del propio ser que está velado y apenas se percibe desde una visión superficial.

Cuatro personas acuden a un monasterio benedictino durante unos días para compartir el silencio y la vida monacal. Verónica y Enrique son periodistas. Ella busca superar el trauma de una relación frustrada con su hija, él solo siente curiosidad desde su escepticismo. Carlos Lisieux, ya conocido en las anteriores novelas, es un psiquiatra que esta vez acompaña a un enfermero psiquiátrico que a su vez es paciente, Raúl, gran conocedor de la meditación. Cuando llegan las cuatro personas el único que se opone a recibirlas por temor a que puedan perturbar su vida, es el hermano Jorge. En realidad su propia vida no estaba en paz. Junto a él, en la comunidad, sobresale el Hermano Albert, conocido en las novelas anteriores y que, sorprendentemente, hace también una confesión .

El hermano Jorge decide vencer su rechazo a Verónica y ayudarla en su angustia con una pedagogía interior. Pero es Verónica, paradójicamente, la que termina siendo una ayuda para él, al activar su capacidad de amar en una situación límite para ambos. “Gracias a estos días que hemos compartido sé que la meta de un monje no es la perfección sino amar”. Ser vulnerable al amor de una mujer hace a Jorge volver a ser vulnerable al amor de Dios. Un monje perfeccionista y que quisiera tener todo controlado aprende que el amor ni se gana ni se merece. “Simplemente me rendí y me dejé amar”, dirá. Será posible la transformación de ambos al abrir las puertas al amor allá dónde las posibilidades humanas se habían agotado. En la bajada a la profundidad de uno mismo hay mucho dolor. “La maduración humana es un camino de experiencias sobre uno mismo. Esto no está exento de bajar a los infiernos, la fuerza transformadora no está en la superficie”.

La mística de los ojos cerrados, necesaria para superar la superficialidad y el activismo, capacita y deja paso a la mística de los ojos abiertos… o no será verdadera mística. “No es casualidad que tanto en Oriente como en Occidente, los maestros espirituales hablen de humildad. Sin ella el místico tendería a identificarse con Dios y no hallaría distancia entre su yo y Dios en él“. Esta tensión es precisamente la condición humana. “La humildad protege contra el narcisismo y nos acerca al verdadero amor”.

Los ojos sanados de la ceguera no solo miran sino ven. La mística de los ojos abiertos nos hace capaces de “en todo amar y servir”. “Todo” es la realidad en su totalidad, no solo aquella que controlamos o que nos parece exitosa. En toda ella somos abrazados por Dios. El Hijo se hizo carne débil y habitó entre nosotros… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La oración de las pinzas

Publicado: 6 julio, 2015 en REFLEXIONES
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La oración de las pinzasLA ORACIÓN DE LAS PINZAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 06/07/15 .- Participé hace algunos años en un curso de oración y vida monástica para laicos y laicas. Durante tres días nos adentramos en un mundo que se parecía poco al de la vida diaria de los que asistíamos.

Las charlas impartidas por los monjes sobre la vida monástica, los salmos, la lectio divina, la liturgia de las Horas (Oficio Divino) y la espiritualidad y oración monásticas complementaban sabiamente la verdadera inmersión práctica en el silencio por los claustros, el trabajo asignado a cada participante en tareas diversas, la participación en las siete oraciones del horario monástico, la meditación y oración personal, la acogida entrañable de la comunidad monástica y el sentido comunitario que, aunque mínimo pues son pocos días, se va desarrollando entre los asistentes.

Antes de que cada uno partiera para sus lugares de origen a retomar sus quehaceres cotidianos como laicos y laicas en el mundo exterior, se llevo a cabo la valoración del cursillo.

Una persona comentó de forma muy sencilla lo siguiente: “Creo que no sé orar. Me cuesta ponerme en disposición y tomar postura, con la facilidad o normalidad que algunos habéis compartido. A mí eso me cuesta. Así que creo que no sé orar. Pero cada día cuando voy a tender la ropa recién sacada de la lavadora, según voy cogiendo las pinzas y colgándola en el tendedero, voy rezando alguna oración, acordándome de quienes necesitan ayuda o sufren alguna enfermedad, pidiendo por mis hijos y mis nietos, dando gracias por las cosas que me rodean, por las que me preocupan o me hacen sufrir a mí y a los demás”.

Ella creía que no sabía orar. Para mí fue un ejemplo de lo que tiene de sencillez la oración personal desarrollada en la vida de cada uno, en los momentos más insospechados; en la falta de tiempo o en el uso de un tiempo que puede parecer que no es tiempo de oración.

¿Cómo podía decir que no sabía orar cuando lo que nos contó tenía el matiz de excelencia de la oración insertada en la vida?

Le dije que desde ese momento cada vez que tuviera que tender ropa, no sólo me acordaría de ella sino que su “Oración de las Pinzas” (título que le hizo sonreír) es ejemplo de que el espíritu de oración tiene muchas formas, se adapta a nuestros tiempos si el deseo de orar vive profundamente arraigado en lo hondo de la persona y clama a Dios diciéndole: “Abba” desde el silencio del corazón. Ya sea desde el monasterio o el tendedero; desde la cama del enfermo o la catedral; desde el semáforo camino del trabajo o rezando con el nieto “Jesusito de mi vida” mientras se queda dormido (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(Dedicado a Consuelo, ahora buena amiga, que me enseñó la “Oración de las Pinzas”)