Posts etiquetados ‘Obispo’

sinodo-panoramicaEL SÍNODO EXTRAORDINARIO DE OBISPOS SOBRE LA FAMILIA
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 13/10/14.- Quizás no haya peor consejero que el miedo. Cuando tenemos miedo nos cerramos, nos rigidizamos y en general actuamos de manera equivocada. Atrás de muchos actos de violencia está escondido el miedo. Definitivamente lo está en toda discriminación, y en todos los integrismos. Lo nuevo, lo diferente asusta cuando no tenemos la capacidad de abrir nuestra cabeza y sobre todo nuestro corazón a lo que se presenta. Una de las cosas que más repite Jesús en el Evangelio es justamente: “No teman”. El Espíritu en Pentecostés derrumba las paredes del miedo y lanza a los discípulos a proclamar el Evangelio a todos, sacándolos del aislamiento en el que se habían escondido después de la muerte de Jesús. Seguramente tenían mucho miedo, ¡y no era para menos! Pero se dejaron transformar, y, gracias a eso, el mensaje llegó hasta los “confines de la tierra”.

Hoy la Iglesia está viviendo un “Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia”. Francisco en su discurso inaugural les pidió a los participantes que hablaran con libertad, sin temor a decir lo que piensan. Este es un primer paso para poder hacer los cambios que está reclamando el pueblo fiel. Otro paso muy importante es “leer los signos de los tiempos”. No se trata de mantener normas y doctrinas que ya casi nadie practica, si no de escuchar y mirar cómo se viven hoy las relaciones familiares, sobre todo los jóvenes. Cuando una institución insiste en poner reglas que nadie cumple pierde autoridad y vigencia. Me temo que es lo que está pasando con la Iglesia Católica. Hay cosas que están tan alejadas de la realidad que muchas veces me pregunto a quién le están hablando los obispos. Sin ir más lejos pensemos en la encíclica “Humanae Vitae”…

¿Está en crisis la familia o lo que entendemos por familia? ¿No será que en el término “familia” entran hoy otras situaciones que no implican únicamente madre-padre-hijos? Sea como fuere, la Iglesia, si quiere seguir siendo “madre y maestra” tendrá que buscar la manera de llegar con su mensaje y de acoger a todos. El objetivo debería de ser ayudar a las personas a vivir relaciones cada vez más humanas. No se trata de adaptarse y aceptar cualquier cosa, sino de volver a mirar cada norma y cada doctrina y ver si todavía tienen sentido. Revisar el porqué de cada cosa a la luz de los descubrimientos exegéticos, culturales, sociales, científicos, psicológicos, antropológicos, etc… No podemos mantener normas que se dictaron hace cientos de años cuando la cosmovisión era totalmente otra. La moral sexual católica adolece en muchos casos de una antropología inadecuada. Por eso tenemos que preguntarnos acerca de la validez de lo que hoy decimos que es moral o inmoral en nuestra vida social, sexual y familiar.

Como dijo el Cardenal Kasper: “El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse”. Creo que lo que hay que cambiar es mucho más que un punto y me parece que el peligro es al revés, si no se animan a cambiar, no habrá seguramente un colapso, pero poco a poco la Iglesia irá perdiendo cada vez más vigencia y entonces el mensaje ya no llegará a “los confines de la tierra”. Francisco nos convocó para que como comunidad reflexionemos. Ahora los obispos tienen la oportunidad de hacer los cambios necesarios. ¡Que el amor y la compasión, y no el miedo, sean la fuerza que los anime a hacerlos! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

los cinco minutos de pedro casaldáligaOBISPO, PROFETA Y HOMBRE LLENO DE HUMANIDAD
“Los cinco minutos de Pedro Casaldáliga” de Publicaciones Claretianas
MIGUEL ÁNGEL MESA, arumami@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 10/01/13.- En el año 2009 pude conocer por fin a Pedro Casaldáliga. Cumplíamos ese año mi mujer y yo los 25 años de casados y decidimos viajar a Brasil. Mi mejor regalo fue ir a conocer personalmente a Pedro. Hacía unos 20 años que nos escribíamos y me había invitado a visitarle en varias ocasiones.

Durante nuestra estancia en Sao Félix, más que al hombre perseguido por defender a los posseiros e indígenas, enfrentado al latifundio, amenazado de muerte en múltiples ocasiones, a quien intentó el gobierno de la dictadura militar expulsar varias veces de Brasil; más que a un obispo diferente, que alienta una Iglesia del pueblo y para el pueblo, participativa, pobre y sencilla, cuya causa es la Causa de Jesús, su Reino, con las Bienaventuranzas como norma de vida; o al gran poeta de la liberación que admiro… a quien conocimos, y quien nos acogió tan amablemente, con quien charlamos, compartimos y reímos, fue a un ser humano espléndido, rebosante de una plena humanidad, entrañable, cercano, atento. Como diría Antonio Machado, un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Ese encuentro ha quedado grabado, en el disco duro de mi memoria, como una de las mejores y más bellas experiencias de mi vida.

Este trabajo que presento es mi homenaje y agradecimiento particular a mi buen amigo Pedro. El libro está realizado con fragmentos de sus poesías, con sus proverbios y refranes, con trozos de sus numerosos escritos pastorales, de espiritualidad, de compromiso ético con la realidad. Uno para cada día del año.

Aconsejo una primera lectura rápida, para hacernos una idea de en dónde nos adentramos; un primer vistazo del conjunto, para deleitarnos con su forma de escribir y transmitir sus vivencias. Después es preciso ir saboreando pausadamente el texto propuesto para cada día. Para ir tomando su agua limpia y fresca, a pequeños sorbos. Para entrar día a día en su intimidad, en la profundidad de su pensamiento, en su ética personal y de compromiso cristiano y humano.

No conviene atragantarse, sino deslizarse lentamente por el alma de un hombre tan lleno de Dios y del ser humano que lo transpira por todos sus poros. En este caso por la epidermis de sus escritos más íntimos.

Solo me queda agradecer a Pedro Casaldáliga que me haya permitido utilizar sus textos, para que puedan seguir llegando al gran público, para que los degusten poco a poco, como una delicatessen, quienes ya los han saboreado; para abrir el apetito por conocerlos y alimentarse de ellos quienes aún no han podido gozarlos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CONFLICTO EN CÁRITAS DE PALENCIA UN AÑO DESPUÉS
SOMOS IGLESIA TAMBIÉN, somosiglesiatambien@gmail.com
PALENCIA.

Se cumple un año de los primeros despidos de tres trabajadores de Cáritas Diocesana de Palencia (ECLESALIA,  19/07/12) y…

¡Nada, no ha cambiado nada!

No ha cambiado nada en Cáritas, no ha cambiado nada en las Cáritas Parroquiales, no ha cambiado nada en la Iglesia de Palencia, o ¿si?

Decían que los despidos eran dirigidos desde un “estudio de viabilidad” que finalmente nadie ha conocido, también decía que era por problemas económicos, pero se debieron solucionar rápidamente porque a la siguiente semana comenzaron a contratar a más personal…. y decían que no era limpieza ideológica…

Quizás si ha cambiado algo y es que muchas y muchos de nosotros nos hemos retratado, algunos hemos retratado nuestra cobardía, otros nuestra torpeza, la mayoría nuestro individualismo, también nuestra soberbia, y sobre todo nuestra falta de fraternidad y nuestra falta de amor.

No crea que sólo el laicado y los sacerdotes. ¡También y sobre todo, USTED y todos sus consejeros!

Parece que ha olvidado o sólo recuerda lo de la autoridad episcopal pero el ministerio episcopal comprende, entre otros servicios al pueblo de Dios, el oficio de enseñar, predicando el Evangelio con la autoridad de Cristo; el oficio de santificar, especialmente por la celebración de la Eucaristía y por los demás sacramentos, que él mismo celebra o manda celebrar; y el oficio de regir, gobernando con la potestad recibida por la sucesión apostólica, el rebaño de Cristo a él confiado, recordando siempre aquel consejo de Cristo que nos advierte que “el mayor entre vosotros sea como el menor y el que gobierna como el que sirve” (Lc 22, 26).

CUANDO LA ORTODOXIA SE CONFUNDE CON LA ORTOPEDIA
La inquisición llega a Maryland
JUAN V. FERNÁNDEZ DE LA GALA, delagala@telefonica.net
EL PUERTO DE SANTAMARÍA (CÁDIZ).

ECLESALIA, 17/05/12.- La Iglesia norteamericana vive hoy momentos críticos: la Congregación para la Doctrina de la Fe ha decidido intervenir la Conferencia de Superioras Religiosas de los Estados Unidos (Leadership Conference of Women Religious, LCWR). Lo hace supuestamente para reconducir sus “errores” teológicos y sus “desvíos” doctrinales, especialmente en materia de sexualidad humana (anticonceptivos, homosexualidad, celibato opcional) y para frenar su decidido énfasis en favor de la promoción de la mujer, propósito que, al parecer, choca frontalmente con la ya tradicional misoginia eclesial.

El P. James Martin, director del semanario católico jesuita “AMERICA”, ha tenido estos días un gesto de valentía innegable al recordar  el admirable compromiso de la LCWR con los principios del Concilio Vaticano II y el decisivo papel de estas mujeres en la historia del catolicismo de los Estados Unidos.

Los comentarios del P. Martin quieren ser respetuosos con la jerarquía, pero saben ser igualmente firmes en el agradecimiento expreso a la LCWR, que se han caracterizado siempre por sus reflexiones y actividades encarnadas en el mundo actual y alejadas de las posturas fundamentalistas y los planteamientos preconciliares que hoy se difunden sin rubor desde algunas tribunas eclesiásticas. El P. James Martin entiende perfectamente la perplejidad y la decepción que asoma estos días en el rostro de muchas de estar religiosas, que ven cuestionada la calidad y la “ortodoxia” de su compromiso vital (y no meramente doctrinal) con el Evangelio de Jesús de Nazaret. Las palabras del P. James Martin cobran especial relevancia si pensamos que su antecesor en el cargo como director de la revista “AMERICA”, el P.Thomas J. Reese,  fue cesado en2005 ainstancias de la propia Congregación para la Doctrina de la Fe, por algún editorial en el que se mencionaban, como alternativas de futuro, el celibato opcional o la ordenación femenina. Por fortuna, las nuevas tecnologías impiden que hoy puedan ser silenciadas las voces que reclaman un retorno más fiel a los cauces que el magisterio colegiado de la Iglesia marcó ya en el Concilio Vaticano II y que algunos jerarcas pretenden haber enterrado ya como una vía muerta o equivocada.

La investigación inquisitorial de la LCWR se inició hace ya tiempo, pero no parece casual que tome precisamente estos días el carácter de intervención, destituya a los responsables e imponga al frente de la LCWR al arzobispo de Seattle. El hecho da qué pensar, porque sucede en un momento político delicado en que el presidente Barak Obama ha hecho una apuesta decidida por una sanidad accesible a todos los ciudadanos, la gran asignatura pendiente de los Estados Unidos. Mientras que las religiosas de la LCWR apoyaban esta iniciativa social de Obama, los obispos se habían opuesto a las medidas con unos argumentos que no dejan de tener cierto tinte paranoico: alegan que disponer de una sanidad pública accesible a todos podría ser un modo subrepticio de sufragar abortos con el dinero de los contribuyentes.

Sí, estamos seguros de que las religiosas de la LCWR escucharán respetuosamente las palabras de Roma en un clima de oración y de diálogo, pero ¿querrá escuchar Roma la voz profética de estas mujeres?

Transcribimos aquí las palabras de agradecimiento del P. James Martin, en las que reconoce el trabajo de las religiosas estadounidenses y su testimonio de compromiso en la sociedad de hoy.

¡GRACIAS, HERMANAS!

James Martin, SJ

Contributing Editor of AMERICA catholic magazine

Esta semana se está hablando mucho sobre algunas religiosas católicas que han aparecido con frecuencia en las noticias. Puede que ustedes hayan leído incluso que la Congregación para la Doctrina de la Fe ha abierto lo que se llama una “investigación doctrinal” a la Conferencia de Superioras Religiosas de los Estados Unidos. ¿Y qué significa esto? Pues eso significa que el Vaticano está investigando a la institución que agrupa a la mayor parte de las religiosas de este país, también conocida como LCWR o Leadership Conference of Women Religious.

Pero no se trata de hablar aquí del documento vaticano, sino de que dirijamos la mirada a estas mujeres y a la tarea que han venido desarrollando en Estados Unidos desde el Concilio Vaticano II. Es verdad que la “investigación doctrinal” del Vaticano ha entristecido y decepcionado a muchas de estas religiosas. Mucha gente en los blogs y en los medios de comunicación se preguntaba ¿pero cuál es el problema? Quizá pasaban por alto que la “investigación doctrinal” del Vaticano es ya la continuación de una larga inspección apostólica a todas las órdenes religiosas femeninas en general. Así que no es de extrañar que las religiosas en los Estados Unidos se sientan un poco desmoralizadas últimamente.

Y hay también otra cosa que creo que es importante recordar y que algunas críticas de quienes no ven con buenos ojos a esta organización de religiosas probablemente olvidan: muchas de estas hermanas de las que estamos hablando, que ahora andan por los setenta u ochenta años de edad, cuando ingresaron en la vida religiosa sabían perfectamente que iban a vestir de hábito y que iban a vivir su vida semienclaustradas en un convento, al modo tradicional. ¿Y qué pasó entonces? Que vino el Concilio Vaticano II. A comienzos de los sesenta, la gran asamblea de los obispos católicos dio como fruto numerosos documentos, como Perfectae caritatis [decreto sobre la vida religiosa]. Poco después el papa Pablo VI dio a conocer su exhortación Evangelii nuntiandi y otras cartas en las que se decía claramente a las religiosas que debían ponerse al día y reformarse. Y ellas regresaron a la fuente de sus documentos fundacionales, para ver qué fue lo que dijeron realmente los fundadores y fundadoras y profundizaron en ellos para entender lo que debían hacer. Y encontraron que lo que tenían que hacer era salir al mundo y no permanecer semienclaustradas y vestir como visten habitualmente las mujeres de su tiempo. Salir fuera, en una palabra.

Y no debemos olvidar que estas mujeres habían sido minuciosamente preparadas para vivir semienclaustradas. Lo más fácil para ellas hubiera sido continuar su modo tradicional de vida. Sin embargo, abrazaron los cambios que les proponía el Concilio Vaticano II, a pesar de que esa era la opción más difícil para ellas en aquel tiempo. Una amiga religiosa me decía anoche literalmente: “nos tomamos muy en serio esos documentos”. Por tanto, creo que cualquier crítica a estas mujeres ─también la del Vaticano─, debería empezar reconociendo que respondieron fielmente a lo que la Iglesia les pedía.

Y todavía más importante que entender eso es contemplar a las propias religiosas. Hagámoslo. Miremos a algunas de estas mujeres de la era del Concilio Vaticano II y veamos qué es lo que fueron capaces de intentar y lo que llegaron a conseguir por fidelidad a Dios:

1)  Para empezar, pensemos en Mary Luke Tobin, de las Hermanas de Loreto, la única mujer americana que fue invitada a participar en el Concilio Vaticano II. Luego llegó a dirigir la LCWR. Toda su vida luchó por la paz y la justicia, hasta su muerte a los 98 años. Una mujer portentosa en la historia religiosa de América.

2) Hay también personas a las que considero heroicas, como Ita Ford y Maura Clarke, de la congregación de las Hermanas de Maryknoll, o la religiosa ursulina Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan. Las cuatro fueron martirizadas en El Salvador como consecuencia de su compromiso decidido con los más pobres, las cuatro pagaron su seguimiento personal de Cristo con el precio de sus vidas. Fueron mujeres como estas las que encarnaron el espíritu del Concilio Vaticano II.

3) Pienso también en alguien increíble como Dorothy Stang, que hace sólo unos años fue martirizada en Brasil cuando luchaba por los pobres sin tierra de allí. La hermana Dorothy fue asesinada mientras recitaba las bienaventuranzas. Una mujer inigualable, misionera de las Hermanas de Notre Dame de Namur, cuyo testimonio sirvió de inspiración a tanta gente.

4) Y quizá también conozcan a la hermana Helen Prejean, autora del libro Dead men walking [traducido en español como Pena de muerte, llevado al cine y protagonizado en la pantalla por la actriz Susan Sarandon] y de la que podríamos decir que hizo más que nadie en el mundo en lo que se refiere a la concienciación sobre la pena de muerte y el rechazo que, como católicos, debemos manifestar por este procedimiento inhumano.

5) Y pienso en gente como Elizabeth Johnson, hermana de la Congregación de San José, profesora [de Teología] en la Universidad de Fordham, en Nueva York, y cuyos libros sobre Jesús, sobre María y sobre Dios, escritos con hermoso estilo literario, han ayudado a mucha gente a acercarse a Dios.

6) Y pensemos también en las cinco hermanas Adoradoras de la Sangre de Cristo, martirizadas en Liberia en 1992 por su compromiso con los pobres de allí. No olvidamos a Agnes Mueller, Barbara Ann Muttra, Shirley Kolmer, Kathleen McGuire y Joel Kolmer.

7) Recordamos también a Mary Daniel Turner, la anterior superiora general de las Hermanas de Notre Dame de Namur y directora de la LCWR, coautora del libro The Transformation of American Catholic Sisters, gran promotora de la justicia y de la renovación en la Iglesia antes y después del Concilio Vaticano II.

8) Pienso también en las mujeres que trabajan en el campo de la espiritualidad, gente como la hermana priora benedictina Joan Chittister o en la hermana Joyce Rupp, cuyos escritos teológicos han permitido a tanta gente acercarse al Señor.

Pero pienso igualmente en esas otras religiosas cuyos nombres puede que no sean tan conocidos, hermanas que dirigen colegios y universidades, son profesoras en escuelas o institutos, trabajadoras sociales, responsables de pastoral, enfermeras, médicos… Mujeres que han sabido desplegar las más diversas capacidades en la Iglesia. Son estas las religiosas que, juntas, sostienen la Iglesia católica en América, desde sus votos de pobreza, castidad y obediencia, y que ponen al servicio de la comunidad todo el dinero que puedan ganar con su trabajo. Mujeres que ahora se están acercando al final de su vida activa.

Por último, me gustaría compartir también un comentario que entra más en el terreno de lo personal: algunas hermanas que he conocido y que marcaron mi vida, indudablemente, como la hermana Louise French B.V.M., de Dubunque [Iowa], profesora de varias generaciones de jesuitas en la Universidad Loyola en Chicago y a quien sus alumnos adoraban. Y déjenme hablarles también de otra amiga mía, Janice Farnham, una religiosa de Jesús y María que fue mi profesora durante mi formación teológica y que quiso acercarse a visitar a mi padre, ya en el estado terminal de su enfermedad, aunque para ello tuviera que viajar cuatro horas en tren, estar junto a él una hora en el hospital y emprender al día siguiente otra vez el viaje de vuelta. Cuando le di las gracias me las dio ella a mí, porque consideraba un honor haber podido acompañar a mi padre.

He tenido también a religiosas como directoras espirituales. Y hasta hubo una que, en medio de una fuerte crisis espiritual supo orientarme de manera muy estimulante e iluminadora. Se lo agradecí expresamente y ella me dijo que el mérito no era suyo, que había sido simplemente la mano de Dios. He tratado a muchas religiosas a lo largo de toda mi vida como jesuita y las admiro como a verdaderos héroes.

Cualquiera que sea nuestra opinión sobre el documento del Vaticano, está claro que ha entristecido y desmoralizado a muchas mujeres religiosas católicas, que han entregado generosamente sus vidas a la Iglesia. Así que creo que es buen momento para que todos les digamos “gracias”. Gracias a todas esas magníficas mujeres religiosas que habéis llegado a ser una parte tan importante en nuestras vidas, que nos habéis conducido a Cristo por una variedad tan grande de caminos, quizá por el camino del martirio, pero también por ese otro martirio de lo cotidiano que es simplemente vivir como religiosas católicas, viviendo las exigencias de la pobreza, la castidad y la obediencia. Me gustaría daros las gracias personalmente por todo ello y sería estupendo si vosotros os animaseis también a dar las gracias a algunas de vuestras religiosas favoritas. Porque yo creo que siempre es momento para la gratitud y, especialmente, en estos tiempos, me gustaría decirles a las religiosas católicas de los Estados Unidos: ¡gracias, hermanas! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más informaciónhttp://www.americamagazine.org/

[Traducción: Juan V. Fernández de la Gala. El texto que figura entre corchetes son notas añadidas por el traductor].

-oOo-

Alocución del P. Martin en inglés

SIGUEN LOS OBISPOS CON SUS ACTITUDES INQUISITORIALES
JUAN CEJUDO, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares, jucecalomatic591@gmail.com
CÁDIZ. 

ECLESALIA, 15/05/12.- Los obispos siguen con sus actitudes inquisitoriales y despóticas. Ahora ha sido el arzobispo de Asturias el que ha prohibido, tres días antes del acto, unas conferencias que se iban a impartir en la casa de la Iglesia organizadas por los cristianos de base. ¿Motivos? Uno de los ponentes era Juan José Tamayo, uno de los muchos teólogos “malditos” para ellos.

Antes lo había hecho el cardenal Rouco, el arzobispo de Barcelona y el obispo de Palencia. En apenas 5 meses. Se nota que hay “consignas” para que cualquier obispo actúe de igual manera. ¿Quien supervisa todo? La Congregación de la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) desde Roma. Es ella, bajo las órdenes de Benedicto XVI quien actúa en cualquier punto del planeta, contra cualquier teólogo que se aparte del “pensamiento único” expresado en el Catecismo. Es el nuevo Santo Oficio quien arremete contra colectivos de curas, monjas o seglares que intenten expresarse de modo crítico contra determinadas actuaciones y normas de la Iglesia.

No saben que estas actitudes se les vuelven contra ellos mismos. Posiblemente a la charla de Tamayo asista ahora más gente que la que hubiera asistido si no se lo hubiera prohibido por la Iglesia. Ya pasó en las ocasiones anteriormente descritas.

Los obispos actúan también “jaleados” por algunos voceros seglares que escriben en blogs y páginas web de rabioso signo ultraconservador y tridentino. Ellos les empujan también a actuar así y caen en su trampa. Y es que los grupos ultracatólicos y conservadores en lo eclesial abundan por todas partes: kikos, opus dei, comunión y liberación etc… están ahí proliferando por todas partes porque son los grupos que el Vaticano fomenta y aplaude, tan preocupado por “pensamiento único”…

Es triste que esto sea así. La jerarquía de la Iglesia se está enrocando en sus posiciones numantinas y se está quedando con los sectores más reaccionarios. Ha renunciado a acercarse y tender puentes de diálogo con sectores aperturistas que aún permanecen en la iglesia. A Roma no le duelen prendas en acercarse a los heréticos lefebrianos y hacerles importantes concesiones. Tampoco para acoger a los tradicionalistas anglicanos. Lo prefiere, antes que tender puentes de diálogo con los colectivos de iglesia que permanecen en su seno que tienen posturas críticas. Les da igual si estos grupos están en Irlanda, en EEUU, en Austria, en Italia, Japón o en España.

Y así se quedan cada vez más solos, incapaces de dar respuesta a los nuevos tiempos y alejándose del espíritu del Concilio Vaticano II que abogaba por afrontar muchas cuestiones en la Iglesia que estos teólogos y colectivos cristianos perseguidos hoy por Roma, defienden.

En este 50 aniversario del Vaticano II no hay nada que celebrar. Desde Roma se están encargando de liquidar aquel espíritu de apertura y de entrada de “aire fresco” que tanto necesitaba y sigue necesitando la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED, MONSEÑOR
A Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid
PILAR SÁNCHEZ LÓPEZ, catequista, snchezlpezpilar@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 13/03/12.- Querido Monseñor: Con motivo de su próxima visita a nuestra parroquia Ntra. Sra. de las Rosas de Madrid, y teniendo en cuenta que usted es nuestro pastor que viene entre otras cosas a escuchar nuestras inquietudes, quisiera manifestarle alguna de las muchas preguntas que me van surgiendo en esta andadura de cristiana de a pie. Ya sé que mis preguntas no tendrán cabida en ningún foro y que además, usted no las leerá; pero para mí es importante que sepa que a muchos cristianos nos inquietan algunas cosas que observamos estupefactos y confundidos.

Podría plantearle al menos diez o doce preguntas, pero en Eclesalia han sido muy condescendientes conmigo al publicarme estas líneas y probablemente no me permitirían todo el espacio que yo necesito.

En este difícil tiempo de crisis económica, en la que quienes los más desfavorecidos, los favoritos de Jesús, están siendo precisamente los más atacados por ella; en esta difícil situación, me preocupa mucho que la reforma laboral recién aprobada en nuestro país cargue de nuevo la mano en ellos. Al igual que a mí, este tema le preocupa a muchos cristianos y así lo hicieron saber HOAC y JOC en un comunicado en el que, entre otras muchas cosas afirmaban que:

“Como Iglesia en el mundo obrero, en las actuales circunstancias, pedimos a las autoridades políticas, a los agentes sociales y económicos, al conjunto de los trabajadores y de la sociedad, y especialmente a los cristianos y cristianas, que caminemos juntos, con la intención de eliminar las causas que han generado esta crisis económica y, al mismo tiempo, superemos las estructuras económicas y sociales injustas que tanto sufrimiento, deshumanización y pobreza están provocando a las personas”.

Nada me pareció más cercano al evangelio que este comunicado. Sin embargo algo no le debió sonar bien a nuestro arzobispo cuando inmediatamente desautorizó el manifiesto e indicó que “Nuestra Diócesis no se identifica con el contenido de dicho Documento, ni se hace responsable del mismo, considerando improcedente su difusión.

La verdad, monseñor, me sorprende la prisa en desmarcarse de todo lo que venga a parecer política, incluso cuando tenga que ver con la doctrina social de la iglesia; cuando en otras ocasiones son ustedes los que no tienen reparo en juzgar, opinar, condenar o incluso “excomulgar” o por el contrario, aprobar, alentar y animar en otras posturas más afines.

¿Por qué algunos temas les parecen políticos y otros morales? ¿No deberíamos tener siempre como único rasero el evangelio a la hora de juzgar? ¿No deberíamos predicar el evangelio del amor y la misericordia en lugar de juzgar, condenar (Lc 6, 36-38), e incluso insultar, actitudes, comportamientos, palabras, posturas, opciones de vida…? ¿No deberíamos acoger sin preguntar, sin juzgar al que se nos acerca (Jn 4, 1-42), en lugar de cerrar puertas y condenar comportamientos? ¿No deberíamos afanarnos en la construcción del Reino que quiso Jesús (Mc 1, 14-15)? ¿Un reino que sana, que ama, que perdona, que construye desde la justicia y no desde la cerrazón?

Permítame monseñor que termine, pero la realidad es que cada vez que oigo manifestaciones de muchos de mis pastores obispos me echo a temblar, porque lejos de alentarme en la fe, me escandalizan (Mc 9, 47-48); lejos de acercarme a la iglesia, me acercan al evangelio de Jesús, que no siempre es lo mismo.

Como le decía al principio, tendría muchas, muchas más preguntas que hacerle, pero es difícil encontrar un foro como el suyo para plantearlas. A ustedes se les oye mucho, pero créame hay unos cuantos o quizá muchos creyentes, que se hacen estas preguntas, simplemente porque lo que de verdad les interroga en su vida es el evangelio de Jesús.

Esta mañana en mi oración (yo soy una mujer de fe y de oración), leía: “Por los que no tienen trabajo y sufren las consecuencias de la crisis económica, para que sean sostenidos por su fe en Dios, quien nunca abandona a sus hijos”

Y pensé, quizá también los cristianos tengamos que hacer algo para cambiar esta situación en lugar de sólo esperar a que los parados se sostengan por su fe (Mc 6, 30-44).

Le agradezco su atención, querido hermano en la fe, son pocos los foros en los que se nos escucha, pero no por eso mi necesidad de ser escuchada es menor.

Que Dios le bendiga en su tarea.

PD: Casi se me olvidaba otra pregunta urgente, monseñor, que me planteo como catequista de niños (a título personal, por supuesto, no como representante de ningún grupo): ¿Por qué si el 99 % de las catequistas son mujeres, el 99 % de los delegados de catequesis son varones? No tema, el tema de la mujer lo voy a dejar para su próxima visita a nuestra parroquia, en la que seguramente… estaremos todavía en un barracón. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CARNET POR PUNTOS PARA OBISPOS
EMMA TORRALBA, emmatorralba@yahoo.es
INNSBRUCK (AUSTRIA).

ECLESALIA, 26/01/11.- Alertados por las últimas declaraciones de algunos prelados españoles, miembros de la “Plataforma de afectados por los obispos” (PAO) -de reciente creación-, han enviado un escrito a la nunciatura reclamando la instauración de un carnet por puntos para obispos.

Como ocurre con en el carnet de conducir, los pastores de la grey cristiana perderían puntos cada vez que algunas de sus declaraciones y/o acciones incumpliera las normas elementales del sentido común, pudiéndose dar el caso de perder todos los puntos con la consiguiente retirada del “carnet de obispo”.

De momento, los miembros de la PAO proponen las siguientes medidas urgentes:

* Pérdida de 7 puntos para Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid por conducir en dirección contraria a toda la sociedad al cuestionar la idoneidad de Soraya Sáenz de Santamaría como pregonera de la Semana Santa, “debido a su situación matrimonial”.

* Pérdida de 5 puntos para Jaume Pujol, arzobispo metropolitano de Tarragona por saltarse todas las señales de inteligencia teológica al expresar públicamente que “las mujeres no pueden ser curas como él tampoco puede ser madre; cada uno tiene su función propia en la Iglesia”.

* Retirada automática de carnet y multa de 250 euros para Demetrio Fernández, obispo de Córdoba por salirse en la curva de lo razonable al decir desde el púlpito que “en las escuelas de Secundaria, dentro de los programas escolares, se incita a los jóvenes a fornicar”.

Para recuperar los puntos perdidos, la PAO propone que los obispos asistan a cursos de reciclaje humano, en los que a través de diapositivas se les mostrarían mujeres del siglo XXI en intervalos de cinco minutos.

El departamento de fecundación asistida de la universidad de Lovaina ha pedido encargarse de la rehabilitación del arzobispo de Tarragona, argumentando que, sumando los avances de la ciencia con la situación eclesial actual, “es más fácil que un obispo se quede embarazado que el que una mujer llegue a ser cura”. Prometen devolverlo a España en un plazo de nueve meses. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

SIMÓN EL OBISPO Y LA PROFESORA PECADORA
Perícopa apócrifa del evangelio de Lucas
EMMA TORRALBA, emmatorralba@yahoo.es
INNSBRUCK (AUSTRIA).

ECLESALIA, 16/01/12.- Un obispo llamado Simón invitó a Jesús a comer. Entró, pues, Jesús en el palacio arzobispal y se sentó a la mesa. En esto, una mujer, exprofesora de religión, al saber que Jesús estaba comiendo en el palacio, se presentó con una carpeta repleta de informes médicos y sentencias judiciales; se puso detrás de él junto a sus pies, y llorando comenzó a contarle cómo desde que decidió casarse por lo civil con un hombre divorciado, su vida se había convertido en un infierno: despedida de su puesto de profesora, había caído en una profunda depresión de la que no veía salida. Al escucharla, el obispo que había invitado a Jesús pensó para sus adentros: “Si este fuera profeta, sabría qué clase de mujer es esta, pues en realidad es una pecadora. Como responsable de salvaguardar la fe de los niños no puedo permitir que una mujer casada por lo civil con un divorciado de clases de religión católica, ¡qué moral va a enseñar una mujer inmoral!”. Entonces Jesús tomo la palabra y le dijo:

– Simón, tengo que decirte una cosa.

Él replicó:

– Di, Maestro.

Jesús prosiguió:

– Desde que he llegado a tu palacio no he recibido ni un gesto ni una palabra de ternura. No me has besado al entrar y te has pasado toda la comida hablándome de relativismo moral, crisis de valores y persecuciones políticas. Sin embargo está mujer no ha dejado de besar mis pies y de hablarme de amor; del amor que tiene a su marido, y del amor que entregaba en sus clases de religión cuando hablaba a los niños de Reino, justicia, misericordia y fe. Te aseguro que mi Padre está más cerca de ella que de todos aquellos que os atrevéis a menospreciarla.

Entonces dijo a la mujer:

– Dios Padre, que es justo y tierno, no te condena. Vete en paz y regresa a tus clases, cuéntales a los niños que donde hay amor verdadero no puede haber pecado. Y recuérdales que lo que verdaderamente aflige el corazón de Dios es la existencia de tantos empobrecidos en un mundo opulento. Los asuntos de alcoba nunca interesaron a mi Padre.

Los comensales se pusieron a pensar para sus adentros: ¿”Quién es éste que perdona pecados y contradice las sentencias de los delegados de enseñanza?” y, desde aquel momento, se pusieron a pensar en cómo deshacerse de Jesús. (Apócrifo de Lucas 7,36-50). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

-oOo-

TESTIGOS DEL REINO
PEDRO CASALDÁLIGA, Obispo, pedro.casaldaliga@uol.com.br
SÃO FÉLIX DO ARAGUAIA (BRASIL).

ECLESALIA, 24/06/11.- El tema-lema de nuestra Romería de los Mártires de este año 2011 es «Testigos del Reino». Es el título más abarcador y más profundo que se podía escoger para una romería martirial. Dar la vida dando testimonio del Dios de la Vida, de la Paz y del Amor. Todos aquellos y aquellas que van dando su vida, en el día a día y dándola totalmente, en el momento final de su caminar, son testigos del proyecto de Dios para la Humanidad, para el Universo; responden con lo que mejor tienen al sueño de Dios, al Reino de Dios.

Con estas dos palabras, -«Testigos del Reino»- sintetizamos todo lo que se pueda decir de una vida donada, de una muerte vivida. En la visión cristiana más tradicional esa muerte es vivida por la Fe cristiana. Los mártires que la Iglesia reconoce oficialmente son mártires de la Fe, de la Moral cristiana, del Evangelio, explícitamente: misioneros tal vez, víctimas de la caridad heroica, vírgenes radicalmente fieles al divino Esposo.

En una visión cristiana renovada, más profunda, más consonante con la Palabra y con la Vida, con la Muerte y la Resurrección de Jesús, son mártires todos aquellos que dan su vida en la muerte por las causas del Reino, por la justicia, por la paz, por la solidaridad, por la ecología, por la verdadera promoción del prójimo marginalizado. Jesús en el Evangelio los define categóricamente: la prueba mayor del amor es dar la vida por amor. Nuestro P. João Bosco Penido Burnier dio la vida como misionero entre indígenas y campesinos y dio la vida para liberar a dos mujeres sometidas a tortura.

En estos días es noticia, por lo menos en medios de comunicación más al servicio del pueblo, la muerte matada, en el Sur de Pará, de un matrimonio de militantes al servicio de la Naturaleza. José Cláudio y Maria do Espírito Santo. Después de Chico Mendes y de la hermana Dorothy, dos ambientalistas más son asesinados en el sur de Pará. Tristemente en el mismo día en que la Cámara de Diputados aprobaba el siniestro nuevo Código Forestal, que legalizará la deforestación, amnistiando los crímenes de los madereros. José Cláudio y Maria do Espírito Santo son dos nuevos mártires de la floresta.

Ser cristiano, cristiana, es dar testimonio; responder con la propia vida a las llamadas del Reino y denunciar proféticamente la iniquidad del anti-Reino. Responder diariamente, con fidelidad, al Amor de Dios en el servicio fraterno. Es ser coherente con la palabra hecha anuncio y con el anuncio hecho práctica. Es ser testigo, en primer lugar, del supremo testigo, Jesús de Nazaret, proclamado en el Apocalipsis como «El Testigo fiel». Él vino para hacer la voluntad del Padre, testimoniando radicalmente el amor de Dios. Él vino para que todos tengamos vida y vida plena.Él repitió ante sus perseguidores y todo el pueblo que sus obras daban testimonio de Aquel que lo envió

Es una cadena de ‘testimoniedad’. Jesús da testimonio del Padre, los mártires dan testimonio de Jesús, nosotros damos testimonio de nuestros mártires. Somos testigos de testigos. Y celebramos la Romería de los Mártires de la Caminada, en el Santuario de Ribeirão Cascalheira, para mantener viva la memoria de todos aquellos y aquellas que cayeron gloriosamente, con el testimonio de la propia sangre.

Celebramos la Romería de los Mártires en un día, en un lugar, para reasumir el compromiso de vivir como testigos del Reino, cada día, y en todo lugar. Para dar testimonio del testimonio de nuestros mártires y renovar, con pasión, con radicalidad, con alegría, nuestro seguimiento de Jesús, en la búsqueda del Reino, en la vivencia del Reino, en la celebración del Reino, en la invencible esperanza del Reino.

Para mi ordenación sacerdotal, allá por los años de 1952, escogí como recordatorio una estampa con aquella pintura de El Greco que presenta a Jesús mirando para el Padre y entregándose a su servicio. Los sacrificios no te agradaron y yo vine para hacer tu voluntad, dice Jesús. En el recordatorio recogí el versículo 8 del capítulo 1 del libro de los Hechos de los Apóstoles, «Seréis mis testigos hasta los confines de la Tierra».

Y de cualquier confín y en toda circunstancia seguiremos en la caminada, como testigos de testigos, como «Testigos del Reino». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MONSEÑOR ROMERO, “DEFENSOR” DE POBRES Y VÍCTIMAS
JON SOBRINO, jsobrino@uca.edu.sv
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 11/04/11.- Puebla habla de la opción por los pobres con gran precisión: “por el hecho de ser pobres Dios los defiende y los ama”. Es decir, optar no es solo amar y, por ello, “ayudar”, sino es antes que nada “defender”. Y con esa precisión habló un campesino sobre Monseñor. “Monseñor Romero dijo la verdad. Nos defendió a nosotros de pobres. Y por eso lo mataron”. Sobre esta solemne sentencia del campesino queremos decir una palabra en este aniversario.

1.Monseñor dijo la verdad”. “El maligno es asesino y mentiroso”, dice el evangelio de Juan (8, 44). Primero da muerte y después la encubre. Monseñor Romero fue totalmente consciente de ello, y por eso para “defender” al pobre -y “luchar” contra los que lo empobrecen y asesinan-, “dijo la verdad”. Y por la hondura y magnitud de su defensa -no solo por razones éticas genéricas- Monseñor Romero dijo la verdad de forma nunca antes conocida.

La dijo “vigorosamente”, pues “nada hay tan importante como la vida humana. Sobre todo la persona de los pobres y oprimidos” (16 de marzo, 1980). Como es bien sabido, en sus homilías dijo la verdad “extensamente”, para poder decir “toda la verdad”. Y la dijo “públicamente”, “desde los tejados”, como pedía Jesús, en catedral, y a través de la YSAX. Dijo, la verdad “popularmente”, lo cual es mas novedoso, aprendiendo muchas cosas del pueblo, de modo que, sin saberlo, los pobres y los campesinos eran coautores de sus homilías y cartas pastorales. “Entre ustedes y yo hacemos esta homilía” (16 de septiembre, 1979). Y fue también “popular” porque siempre respetó y apreció la “razón”, el discurrir del pueblo, de la gente sencilla, sin intentos de infantilización, lo cual no suele ser normal en discursos políticos ni muchas veces en la pastoral, ni en el transfondo de actividades académicas. En momentos cumbres dijo la verdad “solemnemente”. “Esto es el imperio del infierno” (1 de julio, 1979). Denuncia. “Sobre estas ruinas brillará la gloria del Señor” (7 de enero, 1979). Consuelo y esperanza. “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!” (23 de marzo, 1980). Exigencia sin condiciones.

Su modo de “decir la verdad” le llevó a ser pionero de lo que ahora se llama “la memoria histórica”. No es invento de ahora. Lo hacia con precisión escrupulosa, con el mejor sprit de geometrie de Pascal, mencionando todos y cada uno de los nombres de las victimas, familiares abandonados, victimarios, lugar y tiempo, circunstancias. Y lo hacia con total delicadeza y lleno de dolor. “Se me horrorizó el corazón cuando vi a la esposa con sus nueve niñitos pequeños, que venía a informarme. Según ella lo encontraron [al esposo] con señales de tortura y muerte. Ahí está esa esposa con esos niños desamparados… Es necesario que tantos hogares que han quedado desamparados como este reciban la ayuda. El criminal que desampara un hogar tiene obligación en conciencia de ayudar a sostener ese hogar” (20 de noviembre de 1977). Es el sprit de finesse del que debe estar empapada toda memoria histórica. Y también fue memoria histórica, olvidada, el recuerdo de la bondad, la entrega de mártires por la justicia, su esperanza y su confianza en Dios.

Como Jesús, Monseñor habló “como quien tiene autoridad, no como los letrados”. Y “la gente quedaba asombrada de su doctrina”. La autoridad no le venía, como tampoco a Jesús, de su origen: “¿De Nazaret puede salir cosa buena?”. Ni de su condición de obispo –pues dicho con sencillez en su tiempo varios obispos del país eran muy poco respetados. La autoridad le provenía de su autenticidad y convicción, expresadas en su honradez con lo real y su coherencia entre decir y hacer. Crecía y se desbordaba en su hacer justicia y en el amor al pueblo. Y al final, con su entrega total.

Decir la verdad significó también “desenmascarar el encubrimiento”. “La ira de Dios se revela contra toda clase de hombres impíos e injustos que aprisionan la verdad con su injusticia” (Rom 1, 18).

Monseñor desenmascaró la riqueza. “Yo denuncio, sobre todo, la absolutización de la riqueza, ese es el gran mal de El Salvador: la riqueza, la propiedad privada, como un absoluto intocable. ¡Y ay del que toque ese alambre de alta tensión! Se quema” (12 de agosto, 1979). Desenmascaró la violación del séptimo mandamiento, el pecado originante.

Sus mayores diatribas fueron contra la muerte injusta y cruel. ”No me cansaré de denunciar el atropello por capturas arbitrarias, por desaparecimientos, por torturas” (24 de junio, 1979). “La violencia, el asesinato, la tortura donde se quedan tantos muertos, el machetear y tirar al mar, el botar gente: esto es el imperio del infierno” (1 de julio, 1979). Desenmascaró la violación del quinto mandamiento, cuando esta es necesaria para depredar o mantener lo depredado.

Clamó contra los medios de comunicación y discursos oficiales. “Falta en nuestro ambiente la verdad“. (12 de abril, 1979). “Sobra quienes tienen su pluma pagada y su palabra vendida” (18 de febrero, 1979). “Estamos en un mundo de mentiras donde nadie cree ya en nada” (19 de marzo, 1979). Desenmascaró la violación del octavo mandamiento, lo que ocurre para encubrir las dos anteriores. Escándalo y encubrimiento son correlativos.

Y por encima de todo decía la verdad abrumado y destrozado por el sufrimiento del pueblo. La víspera de su asesinato explicó, sereno y conmovido, cómo preparaba la homilía del domingo. “Le pido al Señor durante la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento” (23 de marzo de 1980).

2. “Monseñor nos defendió de pobres”. Defendió la organización popular, apoyó el Socorro Jurídico para defender los derechos de las victimas. Y cuando arreció la represión abrió las puertas del seminario para acoger a los campesinos que huían de Chalatenango, lo que disgustó a otros jerarcas.

Pero hay que estar claros. “Defender” supone enfrentarse con los que empobrecen, oprimen y reprimen. Por eso Monseñor se enfrento con los que mienten y asesinan, sean personas, instituciones o estructuras. Y además la suya fue una defensa “primordial”, que va más allá de lo que convencionalmente se entiende por defender un caso. Su horizonte no fue “ganar un caso”, sino que “triunfara la justicia y la verdad”. Este es el contexto de su célebre denuncia de la Corte Suprema de Justicia:

¿Qué hace la Corte Suprema de Justicia? ¿Dónde está el papel transcendental en una democracia de este poder que debía estar por encima de todos los poderes y reclamar justicia a todo aquel que la atropella? Yo creo que gran parte del malestar de nuestra patria tiene allí su clave principal, en el presidente y en todos los colaboradores de la Corte Suprema de Justicia, que con más entereza deberían exigir a las cámaras, a los juzgados, a los jueces, a todos los administradores de esta palabra sacrosanta, la justicia, que de verdad sean agentes de justicia” (30 de abril, 1978).

También las iglesias y las universidades, por mencionar dos instituciones que nos atañen, deben defender al pobre, pero no solo en uno u otro de sus problemas, sino en totalidad –y ciertamente debe hacerlo la universidad que es universitas, abierta por principio a la totalidad. Importantes son los institutos de derechos humanos, pero no bastan. La economía debe defender del hambre y combatir a quienes, personas o estructuras, la producen, y más cuando la pobreza es consecuencia de un sistema de producir riqueza. Lo mismo se puede decir de las ingenierías y su capacidad de producir espacios vivibles o inhumanos… De las psicologías, que orientan o desorientan ante lo que ocurre con la salud mental, personal y sobre todo social; de la medicina, la sociología, la política, la historia, la literatura, la filosofía. Y la teología: cómo llegar a conocer y pensar a un Dios en favor de la vida de los pobres, como caminar con El humildemente en la historia, y como practicar a Dios, que dice Gustavo Gutiérrez.

Lo fundamental de esa defensa es que Monseñor la hizo movido por humanidad. Cinco días antes de ser asesinado, a un periodista extranjero que le preguntaba cómo ser solidarios con el pueblo salvadoreño le contestó: “El que no pueda hacer otra cosa que rece. Y no olviden que somos hombres”. Y prosiguió: “Y aquí están sufriendo, muriendo, huyendo, refugiándose en las montañas”. Y seis semanas antes de ser asesinado, en Lovaina, movido por Dios, introdujo al pobre en el ámbito del mismo Dios. Y llego a formular qué es lo que deja sosegado a Dios cuando mira a su creación: “la gloria de Dios es que el pobre vive”.

3.Y por eso lo mataron”.

Estas palabras no necesitan comentario. Monseñor dijo “se mata a quien estorba”. Y quien defiende a las víctimas y dice la verdad estorba.

Visto desde el final de su vida bien se puede decir que para Monseñor defender a pobres y víctimas fue su profesión.

La ejereció con devoción: con veneración ante pobres y víctimas, y con fervor en la entrega.

Fue respuesta a la pregunta que a todos nos hacen, a la vez las víctimas y Dios: “Where you there when they crucified my Lord?”. “¿Estaban, están, ustedes allí cuando hoy crucifican a los pueblos?” La profesión tiene entonces estructura de respuesta a una pregunta, que implica una llamada. Responder implica entonces, vocación. Y es obediencia a una autoridad inapelable, “la autoridad de los que sufren”.

Exige profecía, obviamente contra el mal de fuera contra el que hay que luchar, pero tambien ante el mal en su propio quehacer, lo que hay que evitar. Occidente, por ejemplo, suele defender los derechos individuales de los suyos, pero, al defenderlos, se suele desentender de o hacer pasar a un segundo plano y asi “violar” eficazmente, los derechos de los pueblos pobres que cubren dos terceras partes del planeta. Y en la doctrina de la Iglesia se defienden los derechos de las víctimas que están fuera de ella, pero con frecuencia no se respetan los derechos de mujeres y laicos dentro de ella -y en su interior se genera un ambiente que priva de libertad.

Por último, exige utopía. Al dar nosotros vida a los pobres y defender a las víctimas, ellos nos dan vida a nosotros y nos defienden. A niveles menos visibles, pero más profundos, nos defienden de nuestro propio egoismo y de la deshumanización. Y cuando esto ocurre, los seres humanos nos llevamos mutuamente, los pequeños aportan algo decisivo a la salvación de todos. Y entonces se acerca el reino de Dios.

4. Es fácil canonizar a un santo que “ayuda” a los pobres, pero es difícil canonizar a un santo que “defiende” a pobres y victimas.

Muchos se preguntan cuándo canonizarán a Monseñor Romero. La dilación es notoria, pero es comprensible. Y el responsable es el mismo Monseñor. Si solo hubiese “ayudado” a los pobres, hoy sería santo, como la madre Teresa, dicho con respeto y cariño. Pero Monseñor no solo los ayudó, sino que los “defendió”. Conmueve que Monseñor amó a todos -”desde ya perdono y bendigo a quienes vayan a asesinarme”-, pero los amó de manera muy diferente: defendiendo a unos y estando en contra de otros, como Dios en el Magnificat de Maria. Y cuando no se tiene esto en cuenta se repite la cantinela de que “politizar a Monseñor dificulta su canonizacion”. En esas estamos. Pero la solución no proviene de hacer el malabarismo conceptual de “despolitizar a Monsenor”, como si no hubiese vivido -y sigue viviendo- inserto en una polis tal cual es: un mundo de opresores y oprimidos. Más la insinuación eficaz de que la izquierda lo politiza para sacar provecho, sin condenar a la derecha que lo mato y celebró con champán su asesinato.

Tampoco ayuda fomentar el culto privado y prohibir el culto publico, porque no lo entiende la gente. Para el pueblo Monseñor tiene una dimensión “privada”, y por eso le rezan en lo escondido. Y tiene una evidente dimensión “publica”, pues el amor y el agradecimiento no puede quedar mudo. ¡Cómo no cantarle en publico y desear que ese canto sea escuchado para consuelo de la gente! El problema no consiste en distinguir entre publico y privado, sino en qué decir a quienes lo difamaron e insultaron, a quienes lo mataron lenta o violentamente, y permanecen irredentos, aunque Monseñor los perdonó y los bendijo.

Del atolladero en que estamos ante su canonización no nos va a sacar el derecho canónico ni tampoco la prudencia, dado el carácter conflictivo de la realidad.

La ayuda viene de la honradez y el sentido común. Y en definitiva del sensus Christi de don Pedro Casaldaliga: “Nuestra coherencia será la mejor canonización de ‘San Romero de América, Pastor y Mártir’”. Y esta coherencia debe existir en El Salvador, en San Francisco donde escribo estas líneas y en el Vaticano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).