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Otros calvarios

Publicado: 12 abril, 2017 en ACTUALIDAD
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SONY DSCOTROS CALVARIOS
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 12/04/17.- Amigas y amigos: Contemplar a Jesús en la Cruz debería servir para reconocer cuántas personas son crucificadas hoy día a nuestro alrededor. Estos días de Semana Santa quizás escucharemos que Jesús tuvo que pagar el precio de nuestro rescate con su muerte. Sentir culpabilidad por el pecado es algo nefasto, que no solo afecta a la salud psicológica, sino que además, cambia el foco hacia lo fantasioso y distrae de la misión de sacar de sus “calvarios particulares” a la gente de carne y hueso. Detrás de cada persona sí podemos ver a Dios.

Y en la Escuela, subimos la segunda conferencia sobre el evangelio de Marcos y sus variantes en Lucas, Mateo y Juan. Esta vez centrándonos en los Relatos de la Pasión y las últimas palabras de Jesús en la Cruz. Gonzalo Haya: Marcos, ¿un Cristo demasiado humano? Las ocho palabras en la Cruz.

Recordaros que el último libro que hemos publicado es muy útil también para profundizar en el Triduo Pascual con unos comentarios extensos y profundos sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Evangelios de Mateo y Marcos, de José Enrique Galarreta. Un legado de conocimiento y fe en Jesús de Nazaret.

Vicente Martínez: ¡El templo vacío! Resucita Jesús, y con él, nosotros y la Iglesia. Y también con cuantos peregrinos -María de Magdala lo era- buscamos a Jesús en todas partes para llenar su templo con el nuestro.

Jueves Santo

Jn 13, 1-15

Éxodo 11- 12 / Éxodo 15 – 16 / 1 Corintios 11, 23‑26

Florentino Ulibarri: Con tu pan y copa en mis manos

Vicky Irigaray: Tratémonos como hermanos. La razón de ser de Jesús y de su Iglesia es servir siempre hasta la entrega de la propia vida.

Anáfora: Hermandad

José Luis Sicre: La pasión según el evangelio de Mateo. Este comentario no es un comentario piadoso ni exclusivamente histórico. Tampoco pretende ser exhaustivo, no obstante su extensión y detalle.

Fray Marcos: Soy pan que me parto y me reparto. Soy Vida que me derramo para todos. No hay magia ni milagro, solo un signo de lo que Jesús fue y lo que nosotros debemos ser.

Carmen Soto: Lavaos los pies unas/os a otras/os. Su entrega será el testimonio del modo de afrontar el mal y la injusticia desde los valores el Reino, desde el sueño de Dios.

Equipo Quiero Ver: La autoridad del Amor al servicio. Hay muchas formas de autoridad, pero la de Jesús, el verdadero Señor, se basa en el amor y el servicio.

Salomé Arricibita: Pan de vida. Eran los días de la Pascua y después de tres años de vida pública, María, era muy consciente de los sentimientos encontrados que las palabras de Jesús, provocaban en unos y en otros.

Viernes Santo

Jn 18, 1-40 y 19, 1-42

Isaías 52, 13 – 53, 12

Florentino Ulibarri: Estar al lado

Vicky Irigaray: Oración universal. Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos. La liturgia del Viernes Santo profundiza de forma especial en la oración de petición. Proponemos un material lleno de actualidad y buenos deseos.

Anáfora: La cruz

Fray Marcos: Jesús no nos salvó con su muerte sino con su vida. Nosotros nos salvaremos viviendo, como vivió Jesús, entregados a los demás.

Gonzalo Haya: Marcos: ¿Un Cristo demasiado humano? II. Las ocho palabras en la cruz. Puede decepcionarnos saber que la historicidad de estas palabras es poco probable; Marcos nos dice que ningún cristiano estuvo a los pies de la cruz.

Equipo Quiero Ver: La crisis más grande. Todos los años debemos leer la Pasión como si fuera la primera vez. No vale pensar que ya la conocemos. Nosotros cambiamos; nuestras circunstancias, nuestras expectativas. Debemos volver a la única verdad: el amor y el perdón han sido crucificados por la violencia del mundo.

Salomé Arricibita: Es el momento, de dejarse amar y de amar, aún con el alma rota en pedazos.

Vigilia Pascual

Mt 28, 1-10

Romanos 6, 3‑11

Florentino Ulibarri: Iniciar una nueva vida

Vicky Irigaray: Has resucitado, Jesús. La experiencia de la resurrección nos libera y nos convierte en testigos de la buena noticia.

Fray Marcos: Es la fiesta de la Vida. La de Jesús y la mía. Si no hacemos nuestra esa Vida, las celebraciones, por muy solemnes que sean, quedan sin sentido.

Gerardo Villar: El arco-iris. No está Dios enojado ni necesita la muerte de su Hijo en la cruz.

Salomé Arricibita: ¡Hágase! Mujer de pocas palabras y gran silencio sonoro. María, no dijo simplemente “sí”. Dijo ¡hágase!

Domingo de Resurrección

Jn 20, 1-9

Hechos 10, 34 y 37-43

Colosenses 3, 1-4

Florentino Ulibarri: Ojos Pascuales

Vicky Irigaray: Apostar por la vida. Que nuestra fe en el resucitado nos haga sembradores de vida cada día.

Anáfora: Jesús vive

José Luis Sicre: Ni Dios, ni Cristo, ni resurrección. Los tres protagonistas del relato son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel.

Fray Marcos: Domingo de Pascua. Se han llevado al Señor y no sabemos dónde le han puesto.

José Antonio Pagola: Volver a Galilea. Es un error buscar a Jesús en el mundo de la muerte. Está vivo para siempre. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta.

Dolores Aleixandre: La verdad no es un agujero en tierra. Hacen ese camino abiertos al asombro, apoyados en el recuerdo de palabras que prometen vida.

Equipo Quiero Ver: Hoy se cumple. Hoy se cumple lo que estaba escrito. La resurrección del Señor, nuestra esperanza.

Salomé Arricibita: Hay luz de mañana nueva. Esta mañana es diferente, la luz es distinta, el corazón late con más alegría, María sabe que el plan de Dios está cumplido.

Artículos seleccionados para la semana

Cristina Sánchez: “Te van a crucificar”: la soledad de las víctimas de abusos sexuales. Deben someterse a un calvario de interrogatorios, informes físicos, psíquicos y cuestionamientos. Este tipo de abusos se cometen en la intimidad, sin testigos ni pruebas.

Marco Antonio Velásquez: La maternidad religiosa y personal de Francisca. La religiosa -denigrada y en la más absoluta indefensión- guardó un largo silencio, hasta que se atrevió a denunciar los hechos.

Ima Sanchís: Ciencia y amabilidad. La base de un cerebro sano es la bondad, y la podemos entrenar.

Leonardo Boff: Planetización/globalización. Tenemos que adecuarnos a este nuevo paso que la Tierra ha dado, este superorganismo vivo, según la tesis de Gaia. Nosotros somos el momento de conciencia y de inteligencia de la Tierra.

Carlos F. Barberá: Mística. Quizá sea muy importante, en nuestra época de violencia e intranquilidad, redescubrir la meditación, el rezo intuitivo, íntimo y silencioso.

Asunción Poudereux: ¿Mística? ¿Por qué no? Todo queda en casa. Siendo como es punto de referencia histórica, Jesús, con un antes y un después, seguimos con un retraso de 2000 años en todo lo que entraña lo humano.

Eduardo Hornaert: Inminente Tsunami a la Biblia. Ninguna literatura habla de los pobres como habla la Biblia. Eso, por sí solo, ya basta para “creer a pesar de todo”.

Hospitalidad y Espiritualidad Transcultural. Gacetilla de la IV Jornada de Reflexión de “Voces cristianas de Sevilla”.

Noticias de alcance: Kasper afirma que la ordenación de hombres casados ya depende de las conferencias episcopales. El Papa piensa que la discusión sobre los ‘viri probati’ merece la pena; la ve con buenos ojos.

Material multimedia

Descansar. Por Sergi Torres. Cuestionando el mundo exterior… ¿puedo reconocerme?

A solas contigo. Meditar es una gran aventura, es introducirnos en nuestra fuente de sabiduría, donde está el reino de la luz y el equilibrio.

Contigo me la juego. Si pones tú la luz y yo la sal, tendrá sabor y vida nuestra casa. Canción Álvaro Fraile.

Gonzalo Haya: Marcos, ¿un Cristo demasiado humano? Las ocho palabras en la Cruz. Las primeras comunidades no podían comprender que el Mesías libertador muriera crucificado, incluso recordaban la sentencia del Deuteronomio “maldito todo el que cuelga de un leño”; por eso necesitaban buscar una explicación acorde con la Biblia.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

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El gesto más escandaloso

Publicado: 11 septiembre, 2013 en BIBLIA
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Espíritu Santo24 Tiempo ordinario (C) Lucas 15, 1-32
EL GESTO MÁS ESCANDALOSO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 11/09/13.- El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.

De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.

Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?

Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.

Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.

Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.

La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos…, la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

O GESTO MAIS ESCANDALOSO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O gesto mais provocador e escandaloso de Jesus foi, sem dúvida, a Sua forma de acolher com simpatia especial a pecadoras e pecadores, excluídos pelos dirigentes religiosos e marcados socialmente pela sua conduta à margem da Lei. O que mais irritava era o Seu hábito de comer amistosamente com eles.

Normalmente, esquecemos que Jesus criou uma situação surpreendente na sociedade do Seu tempo. Os pecadores não fogem Dele. Pelo contrário, sentem-se atraídos pela Sua pessoa e a Sua mensagem. Lucas diz-nos que “os pecadores e publicanos costumavam aproximar-se de Jesus para escutá-lo”. Ao que parece, encontram Nele um acolhimento e compreensão que não encontram em nenhuma outra parte.

Enquanto tanto, os setores fariseus e os doutores da Lei, os homens de maior prestígio moral e religioso perante o povo, só sabem criticar escandalizados o comportamento de Jesus: “Esse acolhe aos pecadores e come com eles”. Como pode um homem de Deus comer na mesma mesa com aquela gente pecadora e indesejável?

Jesus nunca fez caso das suas críticas. Sabia que Deus não é o Juiz severo e rigoroso de que falam com tanta segurança, aqueles mestres que ocupavam os primeiros assentos nas sinagogas. Ele conhece bem o coração do Pai. Deus entende os pecadores; oferece o Seu perdão a todos; não exclui a ninguém; perdoa tudo. Ninguém há-de obscurecer e desfigurar o Seu perdão insondável e gratuito.

Por isso, Jesus oferece-lhe a Sua compreensão e a Sua amizade. Aquelas prostitutas e cobradores hã-de sentir-se acolhidos por Deus. É o primeiro. Nada têm a temer. Podem sentar-se à Sua mesa, podem beber vinho e cantar cânticos junto a Jesus. O Seu acolhimento vai curando-os por dentro. Libera-os da vergonha e da humilhação. Devolve-lhes a alegria de viver.

Jesus acolhe-os tal como são, sem exigir-lhes previamente nada. Vai contagiando-os com a Sua paz e a Sua confiança em Deus, sem estar seguro de que responderão mudando a sua conduta. Faz confiando totalmente na misericórdia de Deus que já os está esperando com os braços abertos, como um pai bom que corre ao encontro do Seu filho perdido.

A primeira tarefa de uma Igreja fiel a Jesus não é condenar os pecadores mas compreende-los e acolhe-los amistosamente. Em Roma pude comprovar há uns meses que, sempre que o Papa Francisco insistia em que Deus perdoa sempre, perdoa tudo, perdoa a todos…, as pessoas aplaudiam com entusiasmo. Seguramente é o que muita gente de fé pequena e vacilante necessita escutar hoje com claridade da Igreja.

 

IL GESTO PIÙ SCANDALOSO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Il gesto più provocante e scandaloso di Gesù fu, indubbiamente, il suo modo di accogliere con speciale simpatia peccatrici e peccatori, esclusi dai capi religiosi e marcati socialmente per la loro condotta ai margini della Legge. Quello che più irritava era la sua abitudine di mangiare amichevolmente con loro.

Di solito dimentichiamo che Gesù ha creato una situazione sorprendente nella società del suo tempo. I peccatori non fuggono da lui. Al contrario, si sentono attratti dalla sua persona e dal suo messaggio. Luca ci dice che i peccatori e i pubblicani erano soliti avvicinarsi a Gesù per ascoltarlo. Sembra che trovino in lui un’accoglienza e una comprensione che non trovano da nessun’altra parte.

Nel frattempo, i settori farisei e i dottori della Legge, gli uomini di maggior prestigio morale e religioso davanti al popolo, sanno solo criticare scandalizzati il comportamento di Gesù: Costui accoglie i peccatori e mangia con loro. Come può un uomo di Dio mangiare alla stessa mensa con quella gente peccatrice e spregevole?

Gesù non ha mai fatto caso alle loro critiche. Sapeva che Dio non è il Giudice severo e rigoroso di cui parlavano con tanta sicurezza quei maestri che occupavano i primi posti nella sinagoga. Egli conosce bene il cuore del Padre. Dio capisce i peccatori; offre il suo perdono a tutti, non esclude nessuno; perdona tutto. Nessuno deve oscurare e sfigurare il suo perdono insondabile e gratuito.

Per questo Gesù offre loro la sua comprensione e la sua amicizia. Quelle prostitute e quegli esattori devono sentirsi accolti da Dio. È la prima cosa. Non devono temere nulla. Possono sedersi alla sua mensa, possono bere vino e cantare cantici insieme a Gesù. La sua accoglienza li va guarendo dal di dentro. Li libera dalla vergogna e dall’umiliazione. Ridona loro la gioia di vivere.

Gesù li accoglie così come sono, senza esigere da loro previamente nulla. Li va contagiando della sua pace e della sua fiducia in Dio, senza essere sicuro che risponderanno cambiando la loro condotta di vita. Lo fa confidando totalmente nella misericordia di Dio che li sta già aspettando con le braccia aperte, come un padre buono che corre incontro al suo figlio perduto.

Il primo compito di una Chiesa fedele a Gesù non è condannare i peccatori, ma comprenderli e accoglierli amichevolmente. A Roma ho potuto costatare qualche mese fa che ogni volta che Papa Francesco insisteva che Dio perdona sempre, perdona tutto, perdona tutti…, la gente applaudiva con entusiasmo. Certamente è quello che tanta gente di fede piccola e vacillante ha bisogno di ascoltare oggi con chiarezza dalla Chiesa.

 

PAS N’IMPORTE COMMENT

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus est en route vers Jérusalem. L’évangéliste nous dit « qu’il était accompagné d’une grande foule ». Cependant, Jésus ne se fait pas d’illusions. Il ne se laisse pas tromper par l’enthousiasme passager des gens. Aujourd’hui, certains s’inquiètent de la diminution du nombre de chrétiens. Jésus s’intéresse plus à la qualité de ses disciples qu’à leur nombre.

Soudain, “il se retourne” et commence à entretenir cette foule des exigences concrètes demandées à ceux qui veulent le suivre de manière lucide et responsable. Il ne veut pas que les gens le suivent n’importe comment. Etre disciple de Jésus est une décision qui doit marquer la vie entière de la personne.

Jésus leur parle d’abord de la famille. Ces gens-là ont leur propre famille : des pères, des mères, femme et enfants, frères et sœurs. Ce sont leurs êtres les plus chers et intimes. Mais s’ils ne laissent pas de côté leurs intérêts familiaux pour collaborer avec lui à promouvoir une famille humaine, fondée non pas sur les liens du sang mais sur la justice et la solidarité fraternelle, ils ne pourront pas être ses disciples.

Jésus n’est pas en train de penser à détruire les foyers en supprimant l’affection et la vie en famille. Mais si quelqu’un met au-dessus de tout l’honneur de la famille, le patrimoine, l’héritage ou le bien-être familial, il ne pourra pas être son disciple ni travailler avec lui dans le projet de construction d’un monde plus humain.

Plus encore. Si quelqu’un ne pense qu’à lui-même et à ses affaires, s’il ne vit que pour la jouissance de son bien-être, s’il ne s’inquiète que de ses intérêts, il ne faut pas qu’il se trompe, il ne peut pas être disciple de Jésus. Il manque de liberté intérieure, de cohérence et de responsabilité pour prendre la suite de Jésus au sérieux.

Jésus continue de parler durement. « Celui qui ne prend pas sa croix derrière moi, ne peut pas être mon disciple ». Si quelqu’un vit en évitant les problèmes et les conflits, sans savoir assumer des risques et des sacrifices, s’il n’est pas prêt à supporter des souffrances à cause du royaume de Dieu et de sa justice, il ne peut pas être disciple de Jésus.

On ne peut pas être chrétien n’importe comment. Il ne faut pas confondre la vie chrétienne avec des manières de vivre qui défigurent et vident la suite humble et responsable de Jésus, de son contenu.

Nous sommes surpris de la liberté avec laquelle le Pape François dénonce des styles de vie chrétienne qui n’ont rien à voir avec les disciples de Jésus: «chrétiens aux bonne manières mais aux mauvaises habitudes”, “des croyants de musée”, “des hypocrites de la casuistique”, “des chrétiens incapables de vivre à contre-courant”, des chrétiens “corrompus” qui ne pensent qu’à eux-mêmes, des « chrétiens polis » qui n’annoncent pas l’évangile…

 

INGLÉS

THE MOST SCANDALOUS GESTURE

José Antonio Pagola.

Without doubt, Jesus’ gesture that most provokes and scandalizes was his way of welcoming sinners with special affection – those who had been excluded by religious leaders and socially stigmatized by their conduct outside of the Law. What was most irritating was his custom of eating meals with them as a friend.

Usually we forget that Jesus created a situation that was unsettling for the society of that time. Sinners didn’t run away from him. Rather, they felt themselves attracted to his person and to his message. Luke tells us that “tax collectors and sinners were all crowding round to listen to him: it seems that they find in him a welcome and an understanding that they find nowhere else.

Meanwhile, the Pharisees and the doctors of the Law, the men of highest moral and religious ranking in society, only know how to criticize Jesus’ scandalous conduct: “This man welcomes sinners and eats with them”. How can a man of God eat at the same table with those sinners and undesirables?

Jesus never paid any attention to their criticism. He knew that God isn’t the severe and rigorous Judge that those teachers talked about so smugly as they sat in the front seats of the synagogue. He knows well his Father’s heart. God understands sinners, offers forgiveness to them all, doesn’t exclude anybody, forgives everything. No one needs to hide or dissemble God’s deep and free forgiveness.

That’s why Jesus offers them his understanding and his friendship. Those prostitutes and tax collectors need to feel themselves welcomed by God. That’s first. No one should be afraid. They can sit down at his table, can drink wine and sing songs right next to Jesus. Their acceptance is curative for them deep down. He frees them of shame and humiliation. He gives them back the joy of being alive.

Jesus accepts them as they are, without expecting anything of them ahead of time. His peace and his confidence in God begin to touch them without his being sure that they’ll respond by changing their conduct. He does it trusting totally in the mercy of a God who is already waiting for them with arms wide open, as a good father who runs out to meet a lost son.

The first job of a Church that is faithful to Jesus is to not condemn sinners, but rather understand them and welcome them as friends. In Rome a few months back, you could ascertain that whenever Pope Francis insisted that God forgives always, forgives everything, forgives everyone….people applauded enthusiastically. What is certain is that this is what many people of little faith and of wavering faith need to hear clearly from the Church today.

 

KEUNURIK ESKANDALAGARRIENA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen keinurik probokatzaile eta eskandalagarriena izan zen, dudarik gabe, bekatariei sinpatia bereziaz harrera egitea, hau da, gidari erlijiosoek zokoraturik zituzten eta gizartean, Legeaz kanpo jokatzeatik, markatuak zirenei. Jende hura gehienik haserrarazten zuena, Jesusek bekatariekin adiskidetsuki otorduak egitea zen.

Gehienetan, ahaztu egiten dugu Jesusek egoera harrigarri bat sortu zuela bere garaiko gizartean. Bekatariak ez doaz ihesi harengandik. Aitzitik, erakarririk sentitzen dira, bai Jesusek berak, bai haren mezuak. Lukasek diosku: «bekatariak eta zerga-biltzaileak Jesusengana hurbildu ohi ziren entzuteko». Badirudi, Jesusen baitan harrera eta ulermena aurkitzen dutela, beste inon ez bezala.

Bitartean, fariseuen taldekoek eta lege-maisuek, herriaren aurrean ospe moral eta erlijiosorik handiena duten horiek, kritika egiten besterik ez dakite, Jesusen portaeraz eskandalizaturik: «Honek bekatariak onartzen ditu eta otorduak egiten haiekin». Nolatan eser daiteke Jainkoaren gizon bat mahai berean jende bekatari eta jendilaje harekin?

Jesusek ez zion sekula jaramonik egin haien kritikari. Bazekien Jainkoa ez dela Epaile gogor eta zorrotza, sinagogan lehen postuak hartzen zituzten maisu haiek, guztiz seguru, aipatzen zuten bezalakoa. Jesusek ondo ezagutzen du Aitaren bihotza. Jainkoak ulertzen die bekatariei; guztiei eskaintzen die bere barkazioa; ez du inor baztertzen; dena du barkatzen. Inork ez luke lausotu edo desitxuratu behar Jainkoaren barkazio atzeman ezin eta doako hori.

Horregatik, bere ulermena eta adiskidetasuna eskaintzen die Jesusek. Prostituitu eta zerga-biltzaile haiek Jainkoak onartzen dituela sentitu behar dute. Hori da lehenengo gauza. Ez dute zertan beldur izan. Mahaian jar daitezke, ardoa edan dezakete eta kantari jardun ere bai Jesusen ondoan. Honen harrerak barnea sendatzen die. Lotsa eta umilazio orotatik libratzen ditu. Bizi-poza itzultzen die.

Diren bezalako onartzen ditu Jesusek, aurrez ezer exijitu gabe. Bere bakea eta Jainkoaganako bere konfiantza kutsatzen die, segurtasunik ez badu ere jokabidea aldatuz erantzungo diotela. Jainkoaren errukiaz erabat fidatuz egiten du hori, badakielako Jainkoa haien zain dagoela besoak zabalik, aita on bat galdua den seme batengana joan ohi den bezala.

Jesusi leial jarraitu nahi dion Eliza baten lehen egitekoa, ez da bekatariak kondenatzea, baizik ulertzea eta harrera eskaintzea adiskidetsuki. Erroman egiaztatu ahal izan nuen hau duela hilabete batzuk: Frantzisko aita santuak azpimarratzen zuenean Jainkoak beti barkatzen duela, dena barkatzen duela, guztiei barkatzen diela… jendeak gogotsu egiten zuen txalo. Segur aski, horixe da fede kaxkar eta duda-mudazko jende askok Elizagandik argiro entzun beharrekoa.

 

EL GEST MÉS ESCANDALÓS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El gest més provocatiu i escandalós de Jesús va ser, sens dubte, la seva forma d’acollir amb simpatia especial a pecadores i pecadors, exclosos pels dirigents religiosos i marcats socialment per la seva conducta al marge de la Llei El que més irritava era el seu costum de menjar amistosament amb ells.

D’ordinari, oblidem que Jesús va crear una situació sorprenent en la societat del seu temps. Els pecadors no fugen d’ell. Al contrari, se senten atrets per la seva persona i el seu missatge. Lluc ens diu que “els pecadors i els publicans s’acostaven tots a Jesús per escoltar-lo.” Pel que sembla, troben en ell una acollida i comprensió que no troben en cap altra part.

Mentrestant, els sectors fariseus i els mestres de la Llei, els homes de més prestigi moral i religiós davant el poble, només saben criticar escandalitzats el comportament de Jesús: “Aquest home acull els pecadors i menja amb ells.” Com pot un home de Déu menjar a la mateixa taula amb aquella gent pecadora i indesitjable?

Jesús mai no va fer cas de les seves crítiques. Sabia que Déu no és el jutge sever i rigorós del que parlaven amb tanta seguretat aquells mestres que ocupaven els primers seients a les sinagogues. Ell coneix bé el cor del Pare. Déu entén els pecadors; ofereix el seu perdó a tots, no exclou ningú; ho perdona tot. Ningú no ha d’enfosquir i desfigurar el seu perdó insondable i gratuït.

Per això, Jesús els ofereix la seva comprensió i la seva amistat. Aquelles prostitutes i recaptadors han de sentir-se acollits per Déu. És el primer. No tenen res a témer. Poden seure a la seva taula, poden beure vi i cantar càntics al costat de Jesús. La seva acollida els va guarint per dins. Els allibera de la vergonya i la humiliació. Els torna l’alegria de viure.

Jesús els acull tal com són, sense exigir prèviament res. Els va contagiant la seva pau i la seva confiança en Déu, sense estar segur que respondran canviant de conducta. Ho fa confiant totalment en la misericòrdia de Déu que ja els està esperant amb els braços oberts, com un pare bo que corre a l’encontre del seu fill perdut.

La primera tasca d’una Església fidel a Jesús no és condemnar els pecadors sinó comprendre’ls i acollir-los amistosament. A Roma vaig poder comprovar fa uns mesos que, sempre que el Papa Francesc insistia que Déu perdona sempre, ho perdona tot, perdona tothom…, la gent aplaudia amb entusiasme. Segurament és el que molta gent de fe petita i vacil lant necessita escoltar avui amb claredat de l’Església.

 

O XESTO MÁIS ESCANDALOSO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O xesto máis provocativo e escandaloso de Xesús foi, sen dúbida, a súa forma de acoller con simpatía especial a pecadoras e pecadores, excluídos polos dirixentes relixiosos e marcados socialmente pola súa conduta á marxe da Lei. O que máis irritaba era o seu costume de comer amigabelmente con eles.

De ordinario, esquecemos que Xesús creou unha situación sorprendente na sociedade do seu tempo. Os pecadores non foxen del. Ao contrario, séntense atraídos pola súa persoa e a súa mensaxe. Lucas dinos que “os pecadores e publicanos adoitaban achegárense a Xesús para escoitalo”. Ao parecer, atopan nel unha acollida e comprensión que non atopan en ningunha outra parte.

Mentres tanto, os sectores fariseos e os doutores da Lei, os homes de maior prestixio moral e relixioso ante o pobo, só saben criticar escandalizados o comportamento de Xesús: “Ese acolle aos pecadores e come con eles”. Como pode un home de Deus comer na mesma mesa con aquela xente pecadora e indesexábel?

Xesús nunca fixo caso das súas críticas. Sabía que Deus non é o Xuíz severo e rigoroso do que falaban con tanta seguridade aqueles mestres que ocupaban os primeiros asentos nas sinagogas. El coñece ben o corazón do Pai. Deus entende aos pecadores; ofrece o seu perdón a todos; non exclúe a ninguén; perdóao todo. Ninguén ha de escurecer e desfigurar o seu perdón insondábel e gratuíto.

Por iso, Xesús ofrécelles a súa comprensión e a súa amizade. Aquelas prostitutas e recadadores han sentírense acollidos por Deus. É o primeiro. Nada teñen que temer. Poden sentarse á súa mesa, beberen viño e cantar cánticos xunto a Xesús. A súa acollida vainos curando por dentro. Libéraos da vergonza e a humillación. Devólvelles a alegría de viviren.
Xesús acólleos tal como son, sen esixirlles previamente nada. Vailles contaxiando a súa paz e a súa confianza en Deus, sen estar seguro de que responderán cambiando de conduta. Faino confiando totalmente na misericordia de Deus que xa os está esperando cos brazos abertos, como un pai bo que corre ao encontro do seu fillo perdido.

A primeira tarefa dunha Igrexa fiel a Xesús non é condenar aos pecadores senón comprendelos e acollelos con amizade. En Roma puiden comprobar fai uns meses que, sempre que o Papa Francisco insistía en que Deus perdoa sempre, perdoa todo, perdoa a todos…, a xente aplaudía con entusiasmo. Seguramente é o que moita xente de fe pequena e vacilante necesita escoitaren hoxe con claridade da Igrexa.

 

引人侧目的举止

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

耶稣最引人侧目,最有争议的行为无疑是他以特别的温和接纳罪人们,那些因触犯法律而被宗教领袖及整个社会排挤的人。他最令人愤怒的作为是他友好地与这些罪人们同桌共席。

很多时候,我们都忘记了耶稣的作为在他当时的社会是非常令人惊讶的。罪人们不避免他,相反,他们被他的人格与信息所吸引。路加说“税吏和罪人们都来接近耶稣,为听他讲道”。似乎他们在他身上找到一种从未见过的接纳与理解。

同时,法利塞人和经师们,那些在民众前享有宗教、伦理权威的人只知道批判耶稣的作为:“这人交接罪人,又同他们吃饭”。一个天主的人怎么能跟这些令人鄙弃的罪人同桌共吃?

耶稣从不理会这些批评。他知道天主并不是一个苛刻的审判者,就像那些坐在会堂的首位上的老师们所说的那样。他懂天父的心。天主理解罪人们,他向所有的人献出他的宽恕,他不排挤任何人,他宽恕所有。任何人都不能掩盖、扭曲他深不可测的、无偿的宽恕。

因此,耶稣向罪人们献出他的理解与友谊。这些妓女和税吏们应该觉得他们被天主所接纳。这是最首要的。他们不应该害怕。他们可以与耶稣同桌共席,可以与他共同歌唱。他的接纳使他们从内心深处被治愈。耶稣将他们从羞耻及卑贱中解救出来,将生命的喜乐还给他们。

耶稣接受他们之所是,没有放置任何前提条件。他将他的平安及对天主的信赖传染给他们,尽管他并不确定他们是否会回应他,改变他们的行为。他完全信赖天主的仁慈,他正以敞开的双手期待着他们,就像一个跑去迎接他迷失的儿子的父亲。

一个忠于耶稣的教会的首要工作不是审判罪人,而是理解并温和地接纳他们。在罗马,几个月前教宗方济各在讲道中坚持天主永远宽恕,宽恕所有,宽恕所有的人……,人们热烈鼓掌。可以肯定这是今天许多信德薄弱并动摇的人最需要从教会听到的话。

compasiónNUESTRA MUERTE, PARTO DE ETERNIDAD
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 29/07/13.- Aun cuando resultara desatinado todo lo expuesto en mi nota anterior (“Nuestra muerte y la de Jesús”, ECLESALIA, 13/05/13) la sola aseveración del Catecismo de la Iglesia Católica que la encabeza (nº 1007), es como carga de dinamita en la base de la reflexión de Pablo en Rom 5,12-21. También, consiguientemente, en la de la tradición originada en Gn 2,16-17 y mantenida por la enseñanza oficial impartida hasta hoy. Por ejemplo en el propio Catecismo cuando dice: «El Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511)» (nº 1008).

¿Cómo se puede afirmar que la muerte “ha entrado «en el mundo» a causa del pecado del hombre”, cuando se mantiene que ella es la “terminación normal de nuestras vidas y final del proceso de cambio y envejecimiento que las afecta”? Aunque emanados ambos del mismo Magisterio institucional, son dos  asertos irreconciliables entre sí. O el uno o el otro; pero no los dos conjuntamente. Ambos no pueden casarse a la vez con la verdad.

Porque, siendo la muerte un hecho natural ineludible, exigido por el concepto mismo de vida temporal, ¿cómo podrá resultar castigo del pecado, ni de nada? ¡Qué más querrían los condenados a ella por la justicia humana, que aguardan en los llamados “corredores de la muerte”, que el cumplimiento de su sentencia se dilatara en el tiempo hasta morir por causas naturales, gozando mientras tanto de vida normal en libertad! Y, de fallecer alguno por una de ellas mientras espera en el corredor, ¿quién tendría su muerte por ejecución de la sentencia pronunciada un día contra él?

El propio Catecismo parece inferir esta incongruencia. En el lugar citado arriba sale a su paso, sin decirlo expresamente. Lo hace al distinguir entre ser natural y destino preternatural de los humanos: «Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado».

Al no asentarse esto sobre dato alguno primigenio que lo afirme expresamente, tiene toda la apariencia de una presunción más, de las varias formuladas a posteriori de la “tradición”, con las que de hecho se busca “capear” las embestidas de la verdad y salvaguardar el dogma de la infalibilidad del magisterio institucional. Sin que esto, por lo demás, se logre aquí.

En efecto, la afirmación de tal designio no encaja con la propia obviedad de las cosas, ni es lo que rezuma de ella. Una obviedad que se agiganta al ver cómo la atribución de la muerte al pecado ha dado lugar a concluir que, si no lo hubiera cometido el hombre, la muerte no habría entrado «en el mundo» para ninguna clase de viviente, ya fuera simple animal o incluso solo vegetal.

Por lo demás, no se puede entender que el hombre esté “destinado por Dios a no morir”, habiendo sido precisamente Dios quien dio al hombre la “naturaleza mortal” que éste posee. ¿O tendremos que decir que el hombre tuvo otro autor distinto al Creador de todas las cosas, y que la acción de Dios se limitó en el caso del hombre a conferirle el destino preternatural a no morir, que no le había dado su primer autor? ¿O sería que a Dios no le salió el hombre bien hecho desde el principio y tuvo luego que retocarlo complementándole con el destino preternatural que inicialmente se le “escapó” otorgarle?

Dios fue el único que pudo hacer al hombre y hacerlo tal cual es. Esto es: con naturaleza mortal. La muerte del hombre tiene por ende que ser designio del Creador. Como lo es para los demás vivientes de este mundo de temporalidad y movimiento, de cambio y envejecimiento, de fragilidad y limitación. Es del todo falso que el hombre esté destinado por Dios «a no morir». ¡Vaya que si lo está! ¡Lo lleva en su propia entraña! Pero ello no excluye que además, a diferencia del resto de los otros vivientes sobre la tierra, haya sido “creado para la eternidad”. No es igual esto que “destinado a no morir”.

El hombre, “yo” interpersonalmente relacionable con el Creador, no es sólo polvo que, como tal, al polvo haya de volver. También es imagen viva de Dios. El haber sido creado tal, es lo que según el Libro de la Sabiduría fundamenta su destino a la eternidad.  Quien es “imagen de Dios”, “lo es de su naturaleza eterna, y queda destinado a la incorruptibilidad divina” (Sb 2, 23).

Ninguna “imagen del Dios eterno animada de vida”, puede acabar del todo en la muerte natural, realidad del mundo del tiempo (Sal 16,10). Ni puede quedar  atrapada por el tiempo, ni sumida en la corrupción de la muerte (Hch 2,26-27). «Aunque muera vivirá».

Aunque la imagen de Dios que somos, pierda con la muerte su soporte primero, frágil y caduco, subsistirá sin embargo para siempre. Bien en sí misma, sin más posada o albergue que ella misma; bien en “entidad” nueva, a la manera de “cuerpo” espiritual, incorruptible, glorioso, vigoroso, a tenor de las palabras de Pablo (1Cor, 15,42-44).

La muerte del hombre por ello, además de fin natural de su vida temporal, es por designio de Dios parto de eternidad y liberación de la caducidad propia del mundo “ante-muerte”. Liberación dolorosa por su propio desgarro y por los interrogantes que abre la falta de conocimiento directo e inmediato del mundo “tras-muerte”. Pero, a la vez que dolorosa, es venturosa a la luz de la fe.

Con ésta la muerte se entiende no sólo fin o suelta de la precariedad, limitación e impotencia, propias de la frágil y cambiante temporalidad de este mundo. Además se la capta apertura, no a la nada o sólo a ser otra cosa igualmente caduca, como en el caso de los demás vivientes de la tierra. Sino a la  perennidad inmutable e inextinguible que solemos llamar Vida eterna, la única en la que se da la incorruptibilidad de la atemporalidad (1Cor 15,53).

Vida eterna presentada en el Nuevo Testamento como entrada a la casa del Padre (Jn 14,1-4). Y como participación en su propio gozo (Mt 25,21-23). Y como admisión a su mesa, siempre preparada en celebración de boda regia. Sin más requerimiento para ello, al fin al de cuentas, que vestirse el traje de fiesta (Mt 22,12-13), puesto gratis a disposición de todos (Ap 22,17).

Tal traje es la simple invocación, desde la conciencia de la propia “indigencia” y “desnudez”, de la misericordia de Dios (Lc 18,10-14). O, lo que es lo mismo, de la de Jesús de Nazaret (Jn 3,16; Lc 23,41-42; etc.). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Desorbitación paulina

Publicado: 15 abril, 2013 en REFLEXIONES
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velaDESORBITACIÓN PAULINA

JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net

MADRID.

 

ECLESALIA, 15/04/13.- Desvelada la condición alegórica de Adán y Eva, no se ve cómo pueda mantenerse el paralelismo entre Adán y Jesús, formulado en Rom 5,12-21. Aun entendiendo al primero como síntesis simbólica de todos los hombres, no se salvaría la inserción en la realidad de lo que son piezas de una alegoría. Ninguna pierde su condición de “invención” literaria por tener ésta finalidad catequética.

La cuestión aquí entonces es cómo entender estos versículos de la Escritura.

Pienso que lo único asumible en este pasaje como contenido de la Revelación, es el carácter salvador de la figura y obra de Jesús. Pero no el paralelismo “entre la desobediencia de uno solo y la obediencia de otro solo” (vv. 18-19), con el que Pablo trata al parecer de explicarlas y enaltecerlas. Los mimbres con que lo tejió son simple herencia de su judaísmo natal y de su educación farisaica.

Aun más: sin apelar de entrada a la falsedad de tales mimbres, sino dándolos inicialmente por ciertos, el paralelismo no presenta en sí mismo más valor que el de una reflexión desafortunada e ilógica de creyente enfervorizado.

Porque desde ellos mismos lo propio sería decir que la riada de muerte dejada por el supuesto pecado de Adán, no tiene ni punto de comparación con la estela de salvación lograda por la Redención. Tanto, que puestos a valorar ambas en lo relativo a su eficacia más perceptible, hasta se podría contestar a Pablo, aunque le chirriara a alguno: “¡Valiente pamema de salvación que anuncias!”.

Según el propio pasaje en efecto, la humanidad entera quedó arrasada por ese pecado de forma férrea e inexorable. Sin dejar escape a nadie. Tanto, que de la muerte, afirmada consecuencia de ese pecado, no se libra absolutamente nadie. Ni siquiera los hombres anteriores a la Ley mosaica, que Pablo considera libres de delito. Es decir, de pecado personal imputable.

La falta de delito la basa el Apóstol en el hecho de no haber estado aún promulgada la Ley judía en el tiempo de esos hombres, y en el de no haber pecado ninguno de ellos «a imitación de la trasgresión de Adán» (vv. 12-14). Esto es: violando el supuesto precepto inicial de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Parece que a tenor de la formación recibida, era el único que juzgaba promulgado antes de la Ley mosaica.

Dado lo inaceptable de la identificación paulina entre delito y pecado, muy propia de las sociedades teocráticas, y lo descabellado de su traslado al ámbito de lo divino, parecería más acertado que hubiera dejado de lado la realidad de esas muertes, como fundamento de la firmeza y universalidad del «por el delito de uno solo, todo remata en condenación para todos» (v. 18). Parece que hubiera sido preferible asentarlo sobre la realidad de no librarse de la muerte, ni los que con toda seguridad carecen de delito y pecado imputable. Como son los niños que mueren antes de tener capacidad para cometer pecado personal.

Con cualquiera de esas dos bases, lo que se infiere del planteamiento paulino es que el “presunto” pecado original es más eficaz y universalmente dañino que beneficiosa la Redención. Porque ésta no da su fruto de justificación con esa universalidad, ni con semejante inexorabilidad en ningún caso. Jamás adviene ella sin adhesión personal a Jesús (Heb 4,2). Al menos la de una fe implícita.

La adhesión personal por la fe es requerimiento del que nunca se puede prescindir, y ésta, tampoco se la confiere la Redención universal ni inexorablemente a todos. Sino que queda siempre sujeta al albur de nuestro libre albedrío. En cualquier momento se puede aceptar o rechazar; se puede dejar o no que “el pecado reine en nosotros haciéndonos instrumento de iniquidad a su servicio”.  Y esto es así, sean muchos, pocos o ninguno los que rechacen la fe incluso en el último momento. Cuestión ésta distinta, en la que aquí no entro para nada.

Desde la perspectiva de la necesidad de la libre adhesión personal por la fe, no se puede entender tal como suena, que “todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo” (Catecismo de la I.C. nº 404). Ni incluso ―insisto― en la hipótesis de que el pecado original fuera real, y no alegórico. Obviamente mientras se afirme que es tan ineludible la primera de esas dos implicaciones, que nadie puede escapar a ella; mientras que no así la segunda. Así no cabe hablar de paralelismo. Por la imposibilidad de que él exista entre la fuerza de lo que se dice suceder inexorablemente y la eficacia que se afirma amarrada a la contingencia de la aceptación libre del hombre.

¿Que el fruto de la Redención se consumará cuando «esto corruptible se revistiere de incorruptibilidad y esto mortal se revistiere de inmortalidad» (1Cor 15,54)? ¡Por supuesto! Pero igual sucederá, si se diere el caso, con la consumación definitiva de la ruina del pecado. Así la salvación de la Redención no aventaja a la inexorable avalancha de ruina del pecado. Con toda seguridad en este mundo. Ni tampoco, al menos en teoría, en la eternidad.

Mientras llega la consumación, aquí, en donde precisamente se supone haberse cometido el pecado original y en donde ciertamente se obró la Redención,  el primero se afirma arrasar a todos. Hasta dejar a la naturaleza humana «herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado» (Catecismo I.C., nº 405). Por el contrario la Redención, aunque afirmada con potencia para borrar todos los pecados, incluido el “original” supuesto,  y para devolver al hombre a la confiada y serena relación “amistosa” con su Creador, no puede nada contra lo demás. A pesar de ella «las consecuencias de ese pecado para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre» (Catecismo I.C., nº cit.).

Esto es lo enseñado. Pero, ¿se dan de veras esas consecuencias para la naturaleza humana? Desde luego que, de darse, no podría suceder a consecuencia de un pecado alegórico e inexistente en la realidad. La afirmación del debilitamiento del hombre ¿no responderá a desconocimiento y falta de aceptación de nuestra limitación natural? La de su inclinación al mal ¿no provendrá de un repudio inadvertido de las en absoluto posibles reminiscencias en nosotros de nuestro origen animal? ¿O no será más bien intento inconsciente de excluirnos cómoda y vanamente del escándalo que damos a “los niños que creen en Jesús”, al enseñarles, incluso de buena fe, e inculcarles con nuestros comportamientos, un sistema de valores “animales”, del todo ajenos al Evangelio?

La muerte, propiamente tal, tampoco puede ser consecuencia del pecado alegórico de Adán. Ella, si se desea conservar la palabra como expresión de condenación, no puede ya entenderse en sentido propio. Sino como simple metáfora de los males derivados del apartarse uno mismo de Dios con actos propios.

El uso metafórico del término “muerte” es frecuente en todos los idiomas. Como encarecimiento de grandes males y fuertes contrariedades y aflicciones. Parece que en origen, y más en los siglos siguientes hasta el mismo XX, la palabra se entendió en sentido propio. Sin embargo, ahora ya es imposible entenderla así, ni en éste ni en otros muchos pasajes de la Biblia, incluso no alegóricos. Imposible al menos para quienes, a pesar de fundarnos en ella en la búsqueda de la verdad, rechazamos transgredir la obviedad de las cosas.

La inquietud, el temor, la vergüenza, el verse “desnudo” ante Dios, “el huir y esconderse entre los árboles” para no encontrarse así con Él;  o, en suma, la pérdida de la relación amistosa del hombre con su Creador, es fracaso rotundo de su ser y de su destino a vivir con gozo, en confianza y sosiego íntimos, su condición esencial de creatura relacionable con Dios. ¡Un muy grande mal para él ya en este mundo! Y en esto consiste la “muerte” que experimentan los que pertenecen al diablo. Muerte concretada en desazones e inquietudes más o menos aflictivas y agobiantes, perturbadoras a veces hasta el suicidio real.

Tal “muerte” sí cabe contraponerla a la “justificación” de la Redención, en cuanto que ésta sí “tiene capacidad” para anular la totalidad de ruinas personales, obra no de la repercusión sobre todos los hombres de un único pecado simbólico, sino de los personales de cada uno. Anularlas, “resucitándonos” a todos y restituyéndonos, ya y aquí, al estado inicial de seres relacionados con nuestro Creador en la confianza y en el sosiego libre de temor (Rom 8,15). Y tantas veces cuantas después de pecar volvamos con pesar a nuestro Padre (Lc 15,20-24), reconociendo con humildad nuestro pecado (Lc 18,13-14).

Esta vuelta a nuestro estado inicial es realidad que se puede captar tanto en la vida propia, como en la de otros, cuando se tiene la ocasión de acompañarles en su auténtico regreso al Padre. Su huella es emoción de desahogo, de liberación de temores y angustias religiosas, de seguridad interior, de gozo remansado… Es el aroma que exhala a raudales el “Tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Lc 7,50). Con sólo esto, ¡”ya” quedó la pecadora salvada de la “muerte”! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Todos necesitamos perdón

Publicado: 13 marzo, 2013 en BIBLIA
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jesús5 Cuaresma (C) Juan 8, 1-11
TODOS NECESITAMOS PERDÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 13/03/13.- Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a “proclamar la liberación de los cautivos… y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a “una mujer sorprendida en adulterio”. No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: “La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

Los acusadores “se van retirando uno tras otro”. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: “Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo”.

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice “Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más”.

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que “Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

TODOS NECESSITAMOS DE PERDÃO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Segundo o Seu costume, Jesus passou a noite a sós com o Seu Pai querido no Monte das Oliveiras. Começa o novo dia, cheio do Espírito de Deus que o envia a “proclamar a libertação dos cativos…e dar liberdade aos oprimidos. Depressa se verá rodeado por gente que acode à explanada do templo para escutá-Lo.

De pronto, um grupo de escribas e fariseus irrompe trazendo “uma mulher surpreendida em adultério”. Não lhes preocupa o destino terrível da mulher. Ninguém a interroga de nada. Está já condenada. Os acusadores deixam-no muito claro: “A Lei de Moisés manda-nos apedrejar as adúlteras. Tu, que dizes?

A situação é dramática: os fariseus estão tensos, a mulher angustiada, as pessoas expectantes. Jesus guarda um silêncio surpreendente. Tem ante si aquela mulher humilhada, condenada por todos. Pronto será executada. É esta a última palavra de Deus sobre esta filha Sua?

Jesus, que está sentado, inclina-se para o chão e começa a escrever alguns traços na terra. Seguramente procura luz. Os acusadores pedem-lhe uma resposta em nome da Lei. Ele responderá desde a Sua experiência da misericórdia de Deus: aquela mulher e os seus acusadores, todos eles, estão a necessitar do perdão de Deus.

Os acusadores só estão a pensar no pecado da mulher na condenação da Lei. Jesus mudará a perspectiva. Colocará os acusadores ante o seu próprio pecado. Ante Deus, todos hão-de reconhecer-se pecadores. Todos necessitam o Seu perdão.

Como continuam a insistir cada vez mais, Jesus ergue-se e diz-lhes: “O que esteja sem pecado, que lhe atire a primeira pedra”. Quem sois vós para condenar à morte essa mulher, esquecendo os vossos próprios pecados e a vossa necessidade de perdão e da misericórdia de Deus?

Os acusadores “vão-se retirando um após outro”. Jesus aponta para uma convivência onde a pena de morte não pode ser a última palavra sobre um ser humano. Mais adiante, Jesus dirá solenemente: “Eu não vim para julgar o mundo mas para salvá-lo”.

O diálogo de Jesus com a mulher lança nova luz sobre a sua atuação. Os acusadores retiraram-se, mas a mulher não se moveu. Parece que necessita escutar uma última palavra de Jesus. Não se sente todavia libertada. Jesus diz-lhe “Tampouco eu te condeno. Vai e, não peques mais”.

Oferece-lhe o Seu perdão e, ao mesmo tempo, convida-a a não pecar mais. O perdão de Deus não anula a responsabilidade, mas que exige conversão. Jesus sabe que “Deus não quer a morte do pecador mas que se converta e viva”.

TUTTI ABBIAMO BISOGNO DI PERDONO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Secondo la sua abitudine, Gesù ha passato la notte da solo con il Padre amato, sul Monte degli Olivi. Comincia il nuovo giorno, pieno dello Spirito di Dio che lo manda a “proclamare la liberazione dei prigionieri… e a dare la libertà agli oppressi”. Presto si vedrà circondato da una folla che accorre alla spianata del tempio per ascoltarlo.

Subito, un gruppo di scribi e farisei irrompe trascinando una donna sorpresa in adulterio. Non sono preoccupati del terribile destino della donna. Nessuno le chiede nulla. È già condannata. Gli accusatori lo dicono chiaramente: Mosè, nella Legge, ci ha comandato di lapidare donne come questa. Tu cosa dici?

La situazione è drammatica: i farisei sono tesi, la donna angosciata, la gente in attesa. Gesù mantiene un silenzio sorprendente. Ha davanti a sé quella donna umiliata, condannata da tutti. Presto sarà lapidata. È questa l’ultima parola di Dio su questa sua figlia?

Gesù, che è seduto, si china verso terra e comincia a scrivere alcuni tratti nella polvere. Sicuramente cerca luce. Gli accusatori gli chiedono una risposta in nome della Legge. Egli risponderà loro a partire dalla sua esperienza della misericordia di Dio: quella donna e i suoi accusatori, tutti, hanno bisogno del perdono di Dio.

Gli accusatori stanno solo pensando al peccato della donna e alla condanna della Legge. Gesù cambierà la prospettiva. Porrà gli accusatori di fronte al loro peccato. Davanti a Dio tutti devono riconoscersi peccatori. Tutti hanno bisogno del suo perdono.

Poiché continuano a insistere sempre di più, Gesù si alza e dice loro: Chi di voi è senza peccato, getti per primo la pietra contro di lei. Chi siete voi per condannare a morte questa donna, dimenticando il vostro peccato e il vostro bisogno del perdono e della misericordia di Dio?

Gli accusatori se ne andarono uno dietro l’altro. Gesù orienta verso una convivenza in cui la pena di morte non può essere l’ultima parola su un essere umano. Più avanti Gesù dirà solennemente: “Non sono venuto per giudicare il mondo, ma per salvarlo”.

Il dialogo di Gesù con la donna porta nuova luce sul suo agire. Gli accusatori se ne sono andati, ma la donna non si è mossa. Sembra avere bisogno di ascoltare un’ultima parola di Gesù. Non si sente ancora liberata. Gesù le dice: Neanch’io ti condanno; va’ e d’ora in poi non peccare più.

Le offre il suo perdono e, nello stesso tempo, la invita a non peccare più. Il perdono di Dio non annulla la responsabilità, ma esige conversione. Gesù sa che “Dio non vuole la morte del peccatore ma che si converta e viva”.

NOUS AVONS TOUS BESOIN DE PARDON

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Comme il en avait l’habitude, Jésus a passé la nuit tout seul avec son Père bien-aimé dans le Mont des Oliviers. Il commence une nouvelle journée, rempli de l’Esprit de Dieu, qui l’envoie « proclamer la délivrance des captifs…et la libération des opprimés ». Il se verra bientôt, entouré d’une foule venue l’écouter sur l’esplanade du temple.

Soudain, un groupe de scribes et de pharisiens fait irruption amenant “une femme prise en flagrant délit d’adultère ». Ce n’est pas le destin terrible qui attend cette femme qui les inquiète. Personne ne lui pose de question. Elle est déjà condamnée. Pour les accusateurs c’est très clair : « La loi de Moïse nous demande de lapider les femmes adultères ». Et toi, qu’en dis-tu ?

La situation devient dramatique: les pharisiens sont tendus, la femme est angoissée et les gens attendent. Jésus garde un silence surprenant. Il a devant lui cette femme humiliée, condamnée par tous. Elle sera bientôt mise à mort. Est-ce aussi le dernier mot de Dieu sur cette femme, sa fille ?

Jésus, qui est assis, se penche vers le sol et commence à écrire quelques traits par terre. Il cherche sûrement de la lumière. Les accusateurs lui demandent une réponse au nom de la Loi. Mais lui va leur répondre à partir de son expérience de la miséricorde de Dieu : eux tous, cette femme et ses accusateurs, ont besoin du pardon de Dieu.

Les accusateurs ne pensent qu’au péché de la femme et à la condamnation de la Loi. Jésus change de perspective. Il met les accusateurs devant leur propre péché. Tous doivent se reconnaître pécheurs devant Dieu. Tous ont besoin de pardon.

Comme ils insistent de plus en plus, Jésus se lève et leur dit: “Que celui qui est sans péché lui jette la première pierre”. Qui êtes-vous pour condamner à mort cette femme, tout en oubliant vos propres péchés et votre besoin du pardon et de la miséricorde de Dieu ?

Les accusateurs “commencent à se retirer l’un après l’autre”. Jésus vise une vie en société où la peine de mort ne peut être le dernier mot sur un être humain. Quelque temps après, Jésus dira solennellement : « Je ne suis pas venu pour juger le monde mais pour qu’il soit sauvé »

Le dialogue de Jésus avec la femme donne un éclairage nouveau à son agissement. Les accusateurs se sont retirés mais la femme n’a pas bougé. Elle semble avoir besoin d’entendre le dernier mot de Jésus. Elle ne se sent pas encore libérée. Jésus lui dit : « Moi non plus, je ne te condamne pas. Va et désormais ne pèche plus ».

Il lui offre son pardon tout en l’invitant à ne plus pécher. Le pardon de Dieu n’annule pas la responsabilité mais il exige la conversion. Jésus sait que « Dieu ne veut pas la mort du pécheur mais qu’il se convertisse et qu’il vive ».

WE ALL NEED FORGIVENESS

José Antonio Pagola.

As is his custom, Jesus has spent the night alone with his dear Father on the Mount of Olives. He’s beginning a new day, full of God’s Spirit who sends him to “proclaim freedom to the captives…and bring liberty to the oppressed.” Right away we see him surrounded by a crowd that fills the plaza of the temple to listen to him.

Suddenly a group of scribes and Pharisees break in, bringing along “a woman who had been caught committing adultery”. They aren’t worried about the terrible destiny awaiting this woman. No one questions anything. She’s already condemned. Her accusers put it very clearly: “The Law of Moses commands us to stone adulterers. What do you have to say?”

It’s a dramatic situation: the Pharisees are tense, the woman terrified, the people waiting expectantly. Jesus keeps a surprising silence. He has before him that humiliated woman, condemned by everyone. She will soon be executed. Is that God’s last word about this daughter of God’s?

Jesus, who is seated, bends down to the ground and begins to write something in the dust. Certainly he’s seeking enlightenment. The accusers demand his response in the name of the Law. He will give them a response from his experience of God’s mercy: that woman and her accusers, all of them, are in need of God’s forgiveness.

The accusers are only thinking of the woman’s sin and the Law’s condemnation. Jesus will change the perspective. He will place the accusers in front of their own sinfulness. Before God, all have to recognize themselves as sinners. All need God’s forgiveness.

Since they keep on insisting , Jesus stands up and says to them: “Let the one among you who is guiltless be the first to throw a stone at her.” Who are you to condemn this woman to death, forgetting your own sins and your own need for God’s forgiveness and mercy?

The accusers “went away one by one”. Jesus points to a way of living together where the death penalty can’t be the last word about a human being. Later on, Jesus will solemnly say: “I haven’t come to judge the world, but to save it.”

Jesus’ dialogue with the woman throws new light on what he’s doing. The accusers are gone, but the woman is still there. It appears that she needs to hear the last word from Jesus. She doesn’t feel freed yet. Jesus tells her “Neither do I condemn you. Go away, and from this moment sin no more.”

He offers her forgiveness, and at the same time, he invites her to sin no more. God’s forgiveness doesn’t do away with responsibility, but does demand conversion. Jesus knows that “God doesn’t desire the death of the sinner, but that the sinner be converted and live.”

GUZTIOK DUGU BARKAZIO BEHARRA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ohitura duenez, Oliamendin eman du Jesusek gaua, bakarrik, bere Aita kutunarekin. Jainkoaren Espirituaz beterik hasi nahi du egun berria; hark bidali du «gatibuei liberazioa hots egitera… eta zapalduak askatzera». Laster inguratuko zaio jendetza handi bat, tenpluaren zelaigunera hari entzutera etorria.

Bat-batean, idazkari- eta fariseu-talde bat etorri da, «adulterioan harrapatu duten emakume bat» dakartela. Ez zaie axola emakumearen zori izugarria. Emakumeari inork ez dio galderarik egin. Jada heriotzara galdua da. Salatzaileek argi utzi dute: «Moisesen legeak emakume adulteriogileak harrika hiltzeko agindua eman digu. Zuk, zer diozu?»

Dramatikoa da egoera: fariseuak urduri daude, emakumea estu, jendea zer gertatuko. Jesus isilik harrigarriro. Bere aurrean du emakume umiliatu hura, guztiek gaitzetsia. Laster hilko dute. Hau ote da Jainkoaren azken hitza bere alaba honetaz?

Jesus eseria dago, eta lurrerantz makurtu da, eta lurrean zirriborroak idazten hasi. Segur aski, argi bila dabil. Akusatzaileek erantzun bat eskatzen diote Legearen izenean. Jainkoaren errukiaz duen esperientziatik erantzungo die: emakumea eta akusatzaileak, guztiak dira Jainkoaren barkazioaren beharrean.

Alabaina, akusatzaileak, soilik, emakumearen bekatua dute buruan eta Legearen kondena. Jesusek aldatu egingo du ikusmira. Beren bekatua jarriko die begi aurrean akusatzaileei. Jainkoaren aurrean, guztiek aitortu behar dute bekatari direla. Guztiak dira haren barkazio-beharrean.

Gero eta gehiago eskatzen diotelako, zutik jarri eta esaten die Jesusek: «Zuetan bekaturik ez duenak, bola diezaiola lehen harria». Zein zarete zuek emakume hau heriotzara galtzeko, zeuen bekatuaz eta Jainkoaren barkazio- eta erruki-beharraz ahaztuz?

Akusatzaileek, orduan, «alde egin dute batak bestearen ondoren». Jesusek elkar bizitza iradokitzen du; hartan, pertsona bati dagokionez, azken hitza ez du izango heriotza-zigorrak. Geroago, goraki esango du: «Ni ez naiz etorri mundua juzgatzera, salbatzera baizik».

Jesusek emakumearekin izan duen solasak beste argi bat eskaini digu haren jardueraz. Akusatzaileak joan dira, baina emakumea ez da mugitu. Ematen du, Jesusen azken hitza entzun beharra duela. Artean ez da sentitu guztiz liberatua. Jesusek diotso: «Nik ere ez zaitut gaitzesten. Zoaz eta, aurrerantzean, ez gehiago bekaturik egin».

Bere barkazioa eskaini dio; aldi berean, gehiago bekaturik ez egitera gonbidatu du. Jainkoaren barkazioak ez du desegiten erantzukizuna, bihotz-berritzea eskatzen du. Jesusek badaki «Jainkoak ez duela nahi bekataria hiltzea, baizik eta bihotz-berritu eta bizi dadin nahi du».

TOTS NECESSITEM PERDÓ

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Segons el seu costum, Jesús ha passat la nit tot sol amb el seu Pare estimat a la Muntanya de les Oliveres. Comença el nou dia, ple de l’Esperit de Déu que l’envia a “proclamar l’alliberament dels captius… i donar llibertat als oprimits. Aviat es veurà envoltat per una gentada que va a l’esplanada del temple per escoltar-lo.

Tot d’una, un grup de mestres de la llei i fariseus irromp portant “una dona que havia estat sorpresa cometent adulteri”. No els preocupa la destinació terrible de la dona. Ningú l’interroga de res. Està ja condemnada. Els acusadors ho deixen molt clar: “Moisès en la Llei ens ordenà d’apedregar aquestes dones. I tu, què hi dius?

La situació és dramàtica: els fariseus estan tensos, la dona angoixada, la gent expectant. Jesús guarda un silenci sorprenent. Té davant seu aquella dona humiliada, condemnada per tots. Aviat serà executada. És aquesta l’última paraula de Déu sobre aquesta filla seva?

Jesús, que seu, s’inclina cap a terra i comença a escriure alguns traços a terra. Segurament busca llum. Els acusadors li demanen una resposta en nom de la Llei. Ell els contestarà des de la seva experiència de la misericòrdia de Déu: la dona i els seus acusadors, tots ells, estan necessitats del perdó de Déu.

Els acusadors només estan pensant en el pecat de la dona i en la condemna de la Llei. Jesús canviarà la perspectiva. Posarà als acusadors davant del seu propi pecat. Davant Déu, tothom ha de reconèixer-se pecador. Tots necessiten el seu perdó.

Com que continuen insistint en la pregunta, Jesús s’incorpora i els diu: “Aquell de vosaltres que no tingui pecat, que tiri la primera pedra”. Qui sou vosaltres per condemnar a mort aquesta dona, oblidant els vostres propis pecats i la vostra necessitat del perdó i de la misericòrdia de Déu?

Els acusadors “s’anaren retirant l’un darrere l’altre”. Jesús apunta cap a una convivència on la pena de mort no pot ser l’última paraula sobre un ésser humà. Més endavant, Jesús dirà solemnement: “Jo no he vingut per jutjar el món sinó per salvar-lo”.

El diàleg de Jesús amb la dona ofereix una nova llum sobre la seva actuació. Els acusadors s’han retirat, però la dona no s’ha mogut. Sembla que necessita escoltar una última paraula de Jesús. No se sent encara alliberada. Jesús li diu “Jo tampoc no et condemno. Vés-te’n i, d’ara endavant no pequis més”.

Li ofereix el seu perdó, i, a la vegada, la convida a no pecar més. El perdó de Déu no anul•la la responsabilitat, sinó que exigeix conversió. Jesús sap que “Déu no vol la mort del pecador sinó que es converteixi i visqui”.

TODOS NECESITAMOS PERDÓN

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Segundo o seu costume, Xesús pasou a noite a soas co seu Pai benquerido no Monte das Oliveiras. Comeza o novo día, cheo do Espírito de Deus que o envía para “proclamar a liberación dos cativos…e dar liberdade aos oprimidos.

Ben axiña se verá rodeado dun grande xentío que acode para escoitalo á explanada do templo

De súpeto, un grupo de escribas e fariseos irrompe traendo “unha muller sorprendida en adulterio”. Non lles preocupa o destino terribel da muller. Ninguén a interroga de nada. Xa está condenada. Os acusadores déixano moi claro: “A Lei de Moisés mándanos apedrar ás adúlteras. Ti, que dis?

A situación é dramática: os fariseos están tensos, a muller angustiada, a xente expectante. Xesús garda un silencio sorprendente. Ten diante si aquela muller humillada, condenada por todos. E será executada. Porén, será esta a última palabra de Deus sobre esta filla súa?

Xesús, sentado, inclínase para ao chan e comeza a escribir uns trazos na terra. De seguro que busca luz. Os acusadores, no nome da Lei, pídenlle unha resposta.

El responderalles desde a súa experiencia da misericordia de Deus: Aquela muller e os seus acusadores, todos eles, están necesitados do perdón de Deus.

Os acusadores só están a pensar no pecado da muller e na condena da Lei.

Xesús cambiará a perspectiva. Poñerá aos acusadores diante do seu propio pecado. Ante Deus, todos teñen de recoñecérense pecadores. Todos necesitan o seu perdón.

Como seguen a insistírenlle cada vez máis, Xesús incorpórase e dilles: “O que estea sen pecado, que lle tire a primeira pedra”. Quen sodes vós para condenardes á morte a esa muller, esquecendo os vosos propio pecados e a vosa necesidade do perdón e da misericordia de Deus? Os acusadores “vanse retirando un tras outro”.

Xesús apunta cara a unha convivencia onde a pena de morte non pode ter a última palabra sobre dun ser humano.

Máis adiante, Xesús dirá solemnemente: “Eu non vin xulgar o mundo senón a salvalo”.

O diálogo posterior de Xesús coa muller proxecta nova luz sobre a súa actuación. Os acusadores retiráronse, pero a muller non se moveu. Parece que necesita de escoitar unha última palabra de Xesús. Non se sente aínda liberada.

Xesús dille “Tampouco eu te condeno. Vaite e, en diante, non peques máis”.
Ofrécelle o seu perdón, e, ao mesmo tempo, invítaa a non pecar máis.

O perdón de Deus non anula a responsabilidade, senón que esixe conversión. Xesús sabe que “Deus non quere a morte do pecador senón que se converta e viva”.

我们都需要宽恕

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

像往常一样,在橄榄山上耶稣与他所爱的父单独交谈了一夜。新的一天开始了,他充满了天主的神,被派遣去“向俘虏宣告释放……使被压迫者获得自由”。很快地,他被从圣殿赶来聆听他的人群所包围。

突然,一群经师和法利塞人打断了他,带来了“一个正在犯奸淫时被抓住的妇人”。没有人在乎这个女人最后的命运,没有询问也没有审问,她已经被判罪了。指控者们已经说得很明白:“梅瑟的法律命令我们用石头砸死这样的妇人。你怎么说?”

场面是非常戏剧性的:法利塞人紧张而兴奋,妇人忧虑而绝望,人群急于知道下文。耶稣却出乎意料地沉默了。在他面前的这个卑贱的女人已经被众人定了罪,很快就要被处死了。难道这就是天主对他女儿的最后决定吗?

耶稣,原本是坐着,现在弯下腰去开始在地上写字。显然他正在寻找光照。指控者以法律之名向他要求以一个答复。他从父的慈悲的经验中给予一个回答:那个女人和她的指控者,所有的人,都需要天主的宽恕。

这些指控者只看到那个女人的罪和法律规定的惩罚。耶稣却改变了看问题的角度,他把指控者的罪摆在他们面前。在天主面前,我们所有的人都应该承认我们是罪人,我们都需要他的宽恕。

由于他们不停地追问,耶稣就站起身来,对他们说:“你们中间谁没有罪,先向她投石吧”。你们是谁,竟忘了自己的罪与对天主仁慈宽恕的需要而判定这个女人死刑?

指控者们“一个一个地溜走了”。耶稣确信并指出死刑不是人类的最终命运。之后,他将庄严地宣布:“我来不是为审判世界,而是为拯救世界”。

耶稣与罪妇的对话给这个事件注入了新的光照。指控者们已经离开了,可罪妇没有动,似乎她需要听听耶稣的话,她还没有感觉到释放。耶稣对她说:“我也不定你的罪。去吧,以后不要再犯罪了”。

耶稣给予她宽恕,同时,邀请她不再继续犯罪。天主的宽恕并不废除人的责任,而是要求悔改。耶稣知道“天主不愿意罪人死亡,而愿意他悔改而生活”。

Cada día vencer

Publicado: 28 febrero, 2013 en REFLEXIONES
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CADA DÍA VENCER
ROSELYNE DE WILDE, DeWildeRoselyne@aol.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 28/02/13.-

Cada día vencer

vencer al temporal

a la tierra que resiste

al injusto sudor

y a la bronca nacida de dolor

Cada día querer

querer lo que vendrá

lo que se sembró

y también el fruto

que el ayer prometió

Cada día perdonar

a la propia división

la mentira profunda

los tobillos vacilantes

y lo aburrido del pecado

Cada día esperar

esperar la posible bondad

el término del luto

cuiden de la mecha que humea,

no se apagará

Cada día transitar

transitar por los bordes de la noche

rejuntando estrellas

y tantos rumbos:

remolinos serán que no se perderán

Cada día mirar

y ver la mano que cuida

la grulla que vuelve

la alondra que se va

Cada día decidir

y optar por la verdad y el amor

dejar la estupidez repetida

emprender la ruta

camino al último lugar.

(Eclesalia Informativo
            autoriza y recomienda
            la difusión de sus artículos,
            indicando su procedencia).

El ensueño del pecado original

Publicado: 8 febrero, 2013 en REFLEXIONES
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pecado-original_miguelangelEL ENSUEÑO DEL PECADO ORIGINAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 08/02/13.- A veces da la sensación de subsistir aún ampliamente, la instrucción que se nos dio a los más, sobre la transmisión universal del pecado original. Esa, cuya explicación racional traté de anular en mi nota anterior. Lo hice por lo frecuente que es usarla como razonamiento de llegada, cuando sólo lo es de salida. Quiero decir que ella no prueba la existencia del pecado; sino que trata de explicar su transmisión, “tras haber supuesto que él se dio”.

“Supuesto”, porque carece por completo de base. Lo desvelan los hallazgos de los científicos, de los arqueólogos de las culturas y de los especialistas bíblicos, incluso católicos. Los primeros ponen al descubierto la imposibilidad de que las cosas sucedieran tal cual literalmente las narra la Biblia. Los demás destapan el trasfondo legendario de los relatos del Génesis. Unos y otros fuerzan a tenerlos a éstos por narraciones alegóricas. En particular a los de sus once capítulos primeros.

Serán pocos ―si es que aún queda alguno― los que todavía cometan la irracionabilidad de juzgar válidas las inferencias probadas de la ciencia, sólo cuando no afectan a la Biblia. Lo probado válido en sí, lo es para todo. Incluso para lo que se supone ser palabra de Dios. El ser real de las cosas, su realidad natural, es obvio que no puede estar en contradicción con ella. Salvo que las cosas no fueran tan de Dios, como su palabra.

Es igual de irracional calificar de mitos, sólo cuando no tocan a la Biblia, las narraciones que relatan, sin garantía de prueba, episodios o experiencias insólitas, fantásticas, intimistas. ¿Se reconocerá algún día abiertamente que eso es lo que sucede con los primeros relatos del Génesis?

A favor de su historicidad no hay más pruebas, si así se las puede llamar, que leyendas míticas prebíblicas, cuya antigüedad supera a la de la Biblia, como mínimo, en más de un milenio la más próxima. Su contenido, y hasta detalles, están recogidos en dichos relatos con palpable coincidencia. Tanto que se enhebran como hilos de su propio tejido.

No me detendré a pormenorizarlo, por lo fácil que es hoy enterarse y cerciorarse de las cosas a través de internet. Muchas veces, por cierto, antes y más expeditivamente que por los documentos oficiales. Que la dinámica de ralentización parece haber sustituido a la ocultación de lo “discordante”, que de hecho tenía el “Índice de Libros Prohibidos”.

La ralentización, dicho sea de paso, evita rectificaciones que, a bote pronto, resultarían estridentes hasta el riesgo de “cismas”. También da tiempo a encontrar la forma de presentar lo inicialmente rechazado, sin reconocer expresamente el error de haberlo rechazado; sino como benévola concesión “dadas las circunstancias” y “los signos de los tiempos”… Por ejemplo, la cremación de cadáveres, que fue merecedora por siglos de gravísimas sanciones, recogidas en los cc. 1203,2 y 1240,1.5° del antiguo ClC, en línea con «una larga tradición».

Seguiré pues adelante, aunque en estas materias rechacen recurrir a internet, los afectados por el complejo de “gorrión poyuelo”, tan ampliamente padecido al parecer.

Llamo tal al de creerse incapaz de volar por sí mismo y así buscarse el alimento solo, de suerte que uno se siente atenazado a quedarse “al abrigo del nido”, a esperar que sus “papás gorriones” se lo traigan “reblandecido” en sus buches, para regurgitárselo con fruición en el “pico”. A éstos los dejo de lado, aun a riesgo de recibir de alguno de ellos reprimenda, puede que hasta abroncada. O incluso insultante y procaz. Pues no falta entre ellos quien calumnie a “sus papás”, piando sin parar desde su nido “oculto”, que tiene acíbar y excremento el alimento que ellos les regurgitan en su “pico”.

Tras esta digresión vuelvo al guión de esta nota.

Aunque desde el principio se nos haya “adoctrinado” todo lo contrario, sin que hasta fecha reciente se nos hablara ni de fisuras; aunque ello se nos haya entregado por siglos, como dato incluido en la “Tradición”, y ésta haya sido indiscriminadamente definida fuente de la Revelación; aunque también lo haya sostenido el “magisterio institucional” y éste haya sido dogmáticamente afirmado infalible, no se puede sin embargo aceptar en modo alguno, ni siquiera en parte, la historicidad de la faz narrativa de dichos relatos.

Lo impiden, como digo, sus crasas falsedades e inexactitudes varias, y su antiquísimo substrato literario, cuyas fantasías puede que a alguno hasta le recuerden las de “Las Mil y Una Noches”. Entiendo del todo imposible afirmar palabra de Dios lo evidenciado falso, y lo que se demuestra ser conglomerado casi, de reconocidos mitos antiquísimos, muy anteriores a la Biblia.

Para aceptar esos relatos como expresión del mensaje salvador de Dios, según pide fundada y razonablemente nuestra fe, no hay otra posibilidad que la de tenerlos, en la integridad individual de cada uno, por alegorías catequéticas. Sólo es posible en razón de su contenido intencional. Éste habrá de ser escarbado y expuesto siempre con leal honestidad, aunque a veces pudiera faltar el tino. Sin afirmar historia lo que es mito. Sin pretender la amalgama de ambos espacios.

La verdad de esos relatos queda entonces ceñida al mensaje que quieren divulgar. Parecido a lo que sucede con las parábolas. Sólo que de la casi totalidad de éstas consta expresamente tener sentido figurado y, de las más, cuál sea éste. Aquí, sin embargo, es necesario escrutarlo siempre.

Los errores científicos que contienen, sus detalles pintorescos y el origen pagano y mitológico de su tejido literario, no pasan de simple vestimenta o adorno del mensaje divino. En cuanto incardinado en la mentalidad primitiva de su autor o autores materiales, y en sus técnicas de expresión literaria. Semejante a lo observable en la mayoría de las representaciones pictóricas de sucesos, personajes o misterios de fe. Es habitual que se expresen con pinceladas ajenas a ellos mismos o a su marco histórico. Son huella de la cultura en que se plasmaron. O de la inventiva peculiar de cada pintor, también condicionado por su época.

Siendo así las cosas, la lógica más elemental obliga a tener a Adán y a Eva por personajes de una mera ficción literaria, como lo es toda alegoría. ¡Imposible entonces que sus actos repercutan y tengan efectos reales en las personas vivas! La alegoría, aunque sea vehículo de una enseñanza religiosa o de una verdad de fe, y aunque recoja parabólicamente la realidad, no es la realidad misma; ni influye mágicamente en ella; sino que sólo la retrata simbólicamente.

La condición alegórica del Adán bíblico es por ello, el motivo más radical para afirmar que todos somos concebidos en apertura inicial a la Vida y a la confiada amistad con Dios. De lo contrario, él no sería alegoría acertada ni símbolo veraz del hombre. Si éste naciera ya de entrada en estado de enemistad con Dios por exigencia hereditaria, o cualquier otro motivo, ni se podría entender cómo un acto alegórico puede tener secuelas en la realidad, ni sucedería en nosotros como la alegoría dice que sucedió en él.

Ella lo presenta poseedor de la apertura a la amistad con el Creador, desde el instante inicial de su modelación, hasta el momento en que él mismo pecó. Es el significado metafórico de la escena del Creador yendo, a la hora de la brisa, a pasear por el jardín que le había dado por morada al hombre; sin que éste se viera «desnudo» ante Él hasta después de violar el precepto divino. Ni tampoco tratara de esconderse entre los árboles al oír sus pasos, por miedo a encontrarse así con Él”.

Dicha apertura, por tanto, ha de recibirla todo hombre al ser concebido, igual que recibe la condición humana y todo lo que ésta conlleva. Sin que por ello pierda su carácter de don gratuito del amor de Dios, como no lo pierde el propio existir.

Éste, como es sabido, todos lo recibimos gratuitamente de Dios, aunque medien la procreación parental y un proceso evolutivo previo de millones de años. Todo hombre es creado por especial acción divina. La alegóricamente significada al afirmar a Adán, no sólo obra de la voluntad y palabra del Creador, como el resto de los seres; sino, además, de una intervención suya particularmente diseñada, deliberada y directa.

Es lo expresado simbólicamente con el contexto propio y único en que se presenta la creación del hombre: lo de «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra»; lo de “moldearle directamente Él mismo del barro”; y lo de ser Él quien “insufla aliento de vida sólo al hombre”.

Dado todo lo anterior, tendría que relegarse también al museo de la teología, la necesidad de bautizar a los niños que aún no han alcanzado el uso de la libertad necesaria para poder decantarse ellos mismos, de forma responsable, a favor del pecado o de su Padre del cielo. Éstos niños permanecen de seguro, hasta que ellos mismos pequen, en el estado inicial de amistad con el Creador, en que el hombre fue y es hecho.

Los padres podrían sublimar el gozo profundo del nacimiento de un hijo, con la persuasión de tener en sus brazos una imagen viva y limpia del Creador. Imagen recién moldeada, y horneada al calor del inmenso cariño de Dios. Y del suyo propio, reflejo lejanísimo del divino.

Podrían celebrarlo con la comunidad, con sus parientes y amigos creyentes, y… ―lo diré evocando la práctica de alguna zona de los Andes― “tomar gracia de él”, ¡de ése su hijito! Puede que fuera un gesto más fértil que santiguarse después de tocar las imágenes materiales de los santos, como hacen ellos; o después de tomar agua bendita, como en general solíamos hacer nosotros.

Desde éste ángulo, por cierto, resuena con eco más dilatado el aviso de Jesús: “Fuerza es que vengan escándalos. Pero, ¡ay de aquél que indujere a pecado a uno de estos pequeñuelos que creen en mí! «Andaos vosotros con cuidado»”. (Mt 18,6 y Lc 17,1-2). Esos “vosotros”, no sobrará recalcarlo, eran sus propios discípulos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

La sinrazón del pecado original

Publicado: 21 enero, 2013 en REFLEXIONES
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manzana.LA SINRAZÓN DEL PECADO ORIGINAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 21/01/13.- Que Adán fuera el primer hombre en pecar, no incluye ni supone de por sí que su culpa y el castigo por ella merecido, pasaran a afectar necesariamente a todos los hombres. Ni en el caso de haber sido él de veras el origen único de la humanidad entera, y no uno de los varios que postula el poligenismo.

No consta, por otra parte, que el Adán bíblico fuera constituido expresamente depositario de la salvación del género humano. Mucho menos alguno otro de los varios “adanes” en absoluto posibles.

Su condición de depositario sólo es presunción deducida a posteriori. Parecería que como forma instintiva de abrir vía de escape a la doctrina mantenida sobre la transmisión universal del pecado original. Lo digo principalmente por lo vigorizada que ha sido en los últimos tiempos, en los que se ha vislumbrado la posibilidad seria de que llegue la hora en que haya que rendirse al poligenismo. Como sucedió en su día con el heliocentrismo de Copérnico y Galileo.

Tampoco consta que la pérdida de la salvación pueda deberse a pecado ajeno, en vez de sólo al propio. Sino todo lo contrario: “No han de morir los padres por culpa de los hijos, ni éstos por culpa de los padres; sino que «cada cual morirá por su propio delito»”. Es máxima que no dejaría de ser obviedad inmediata y espontánea, aunque no la recogiera Dt 24,16. Tanto, que la he visto enarbolar con terquedad hasta por niños del catecismo.

Entiendo, en consecuencia, que debería convertirse en pieza del “museo arqueológico de la teología” la afirmación de la catequesis, un tanto primaria, de nacer todos los hombres manchados y reprobados por el pecado de Adán, igual que nacen en pobreza los hijos de padre que ha derrochado toda su fortuna.

“Primaria”, porque la comparación es inaplicable al vivir en estado de “amistad” con Dios. Por tratarse ésta de una situación anexa a la propia persona. No de bien acumulable fuera de ella en lugar físico, de suerte que pueda ser robado, perdido o trasmitido, como los tesoros materiales.

También debería remitirse al mismo museo, la explicación de la pérdida de ese estado a causa del principio de solidaridad social. Es el que fundamenta en la vinculación con el grupo, la imputación a todos sus miembros de la responsabilidad y consecuencias de los actos de sus progenitores o dirigentes.

Se trata de un principio que no llega a axioma, el cual, en cuanto tal, ha de cumplirse necesariamente siempre. Como, por ejemplo, el teorema de Pitágoras. Sino que no pasa, como mucho, de simple “presunción de ley” o “de solo derecho”. Sin llegar en absoluto a ser “presunción de hecho y de derecho”.

Porque no basta para dicha imputación con la pertenencia a un mismo grupo, y menos cuando ésta viene impuesta. De lo contrario habría base objetiva para “argüir de pecado” hasta al mismo Jesús, e imputarle los errores y desmanes de los dirigentes judíos, tanto los de su tiempo, como los del anterior.

Además de vinculación con el grupo, se requiere de vinculación con el propio acto imputado o incriminado, en virtud de libre adhesión personal al mismo. Ya con cualquier clase de asentimiento expreso o colaboración voluntaria en su realización, como la de Pablo en el apedreamiento de Esteban. Ya, al menos, con la aprobación tácita o implícita que se da en la pasividad y ausencia de la repulsa debida; la que en cada ocasión sea posible.

Es más: la libre adhesión personal puede generar ella sola cierta responsabilidad participada en actos incriminados a dirigentes de un grupo al que no se pertenece. Aunque ningún tribunal humano exija cuentas por ella. Sería el caso, por ejemplo, del que sin ser natural del país ni vivir en él, aplaudiera cualquier tipo de genocidio perpetrado por los gobernantes del mismo.

Que ambas vinculaciones se den lo más frecuente a la vez, no supone que sean lo mismo. Pero parece que no ha empezado a generalizarse la advertencia de su diversidad hasta hace poco. Y ello más bien en el campo político, en el que ahora se aprecia una mayor sensibilidad respecto de la distinción entre las dos vinculaciones. Quizá por el avance y robustecimiento de la conciencia democrática, operados en las gentes en los últimos tiempos.

Hoy, en concreto, ya no se admite por lo general, que todos resultemos ineludiblemente corresponsables de los errores y desmanes de nuestros gobiernos respectivos. La participación en esa responsabilidad se pone por lo común en quienes los eligieron; en quienes de entre éstos los mantuvieron a pesar de poder relegarlos; en quienes los apoyaron; y en quienes, habiéndolos o no elegido, transigieron con ellos sin elevar su protesta ni manifestar su repulsa en la medida de lo posible.

Lo mismo debería sostenerse respecto del pecado del primer hombre, aun en el supuesto de haber existido de veras un único “Adán”. La corresponsabilidad en tal pecado sólo debería afirmarse en quienes se adhieren a él con su propia conducta. Igual que cuando Jesús dijo a los escribas y fariseos, que a causa de sus propios crímenes, incluso el cometido “entre el santuario y el altar”, iba a recaer sobre ellos “toda la sangre justa derramada sobre la tierra” (Mt 23,34-35).

Aunque implícito en lo expuesto, quiero sin embargo subrayar expresamente que, de bastar la sola vinculación al grupo y darse éste, no podría excluirse a nadie del pecado original. Igual que del teorema de Pitágoras no puede ser excluido ningún triángulo rectángulo. Serían gratuitas las excepciones de Jesús y de su madre María, a menos que se afirmara que ellos quedaron fuera de la humanidad. Lo mismo que se afirma quedar fuera de los triángulos rectángulos los que no cumplen el teorema de Pitágoras.

Sería igualmente gratuito dejar de inculpar de la muerte de Jesús al pueblo judío descendiente del que la pidió a instancia de sus dirigentes (Mt 27,20). Digo “dejar de inculpar”, porque desde tiempos remotos lo venía haciendo la Iglesia. Incluso al rezar por él en la liturgia del Viernes Santo, considerándolo “pérfido” en base a dicha vinculación unitaria de grupo.

Que esta estimación y oración hayan pervivido hasta tiempo muy reciente, no secunda ya el infundado carácter axiomático del principio de solidaridad social. Es más: al haber sido el papa Juan XXIII quien dispuso su desaparición, para lo único que como mucho sirve ahora el dato, es para tenerlo en cuenta secundariamente, al hablar del alcance y el valor de la “tradición eclesiástica” y de los de la infalibilidad del Primado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Curador de la vida

Publicado: 15 febrero, 2012 en BIBLIA
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CURADOR DE LA VIDA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 15/02/12.-  Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.

Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: “Tú, ¿ya crees?”. Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: “Tú, ¿quieres curarte?”.

No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.

Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.

¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

CURATORE DELLA VITA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù fu considerato dai suoi contemporanei come un curatore singolare. Nessuno lo confonde con i maghi o i guaritori dell’epoca. Ha il suo stile di guarire. Non ricorre a forze strane né pronuncia scongiuri o formule segrete. Non impiega amuleti né incantesimi. Ma quando comunica con gli ammalati contagia salute.

I racconti evangelici vanno disegnando in molte maniere il suo potere guaritore. Il suo amore appassionato alla vita, la sua accoglienza viscerale di ogni infermo, la sua forza rigeneratrice del meglio di ogni persona, la sua capacità di contagiare la fede in Dio creavano le condizioni che rendevano possibile la guarigione.

Gesù non offre rimedi per risolvere un problema organico. Si avvicina agli infermi cercando di guarirli dalla radice. Non cerca solo un miglioramento fisico. La guarigione dell’organismo resta inglobata in un risanamento più integrale e profondo. Gesù non cura solo infermità. Risana la vita inferma.

I diversi racconti lo sottolineano in varie maniere. Libera gli infermi dalla solitudine e dalla sfiducia contagiando loro la sua fede assoluta in Dio: “Tu, credi?”. Allo stesso tempo li riscatta dalla rassegnazione e dalla passività, risvegliando in loro il desiderio di iniziare una vita nuova: “Tu vuoi guarire?”.

Non si ferma lì. Gesù li libera da quanto blocca la loro vita e la disumanizza: la pazzia, la colpevolezza, la mancanza di speranza. Offre loro gratuitamente il perdono, la pace e la benedizione di Dio. Gli infermi trovano in lui qualcosa che non è loro offerto dai guaritori popolari: una relazione nuova con Dio che li aiuterà a vivere con più dignità e fiducia.

Marco racconta la guarigione di un paralitico all’interno della casa dove vive Gesù, a Cafarnao. È l’esempio più significativo per sottolineare la profondità della sua forza guaritrice. Vincendo ogni sorta di ostacoli, quattro vicini arrivano a portare fino ai piedi di Gesù un amico paralitico.

Gesù interrompe la sua predicazione e fissa lo sguardo su di lui. Dove è l’origine di questa paralisi? Che paure, ferite, fallimenti e oscure colpevolezze stanno bloccando la sua vita? L’infermo non dice nulla, non si muove. Sta lì, davanti a Gesù, legato al suo lettuccio.

Di che cosa ha bisogno questo essere umano per mettersi in piedi e continuare a camminare? Gesù gli parla con tenerezza di madre: Figlio, ti sono perdonati i peccati.

Smetti di tormentarti. Confida in Dio. Accogli il suo perdono e la sua pace. Abbi il coraggio di alzarti dai tuoi errori e dal tuo peccato. Quante persone hanno bisogno di essere guarite di dentro. Chi le aiuterà a mettersi in contatto con un Gesù curatore?

 

GUERISSEUR DE LA VIE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus était considéré par ses contemporains comme un guérisseur particulier. Personne ne le prend pour un magicien ou pour un guérisseur typique de cette époque. Il a un style de guérir qui lui est propre. Il n’a pas recours à des forces étranges et ne prononce pas de conjurations ou de formules secrètes. Il n’utilise pas d’amulettes ni d’incantations. Mais lorsqu’il entre en contact avec les malades, il leur transmet la santé.

Les récits évangéliques dessinent de multiples manières son pouvoir de guérison. C’étaient son amour passionné pour la vie, l’accueil intime qu’il réservait à chaque malade, sa force susceptible de régénérer le meilleur dans chaque personne, et la capacité de communiquer sa foi en Dieu, qui créaient les conditions rendant possible la guérison.

Jésus n’offre pas des remèdes pour résoudre un problème organique. Il s’approche des malades en cherchant à les guérir dès la racine. Il ne cherche pas seulement une amélioration physique. La guérison de l’organisme reste englobée par une guérison plus intégrale et plus profonde. Jésus ne guérit pas seulement des maladies. Jésus guérit la vie malade.

Les différents récits évangéliques le soulignent de façons diverses. Il libère les malades de la solitude et de la méfiance en leur communiquant sa foi absolue en Dieu. « Crois-tu maintenant » ? Il les sauve en même temps de la résignation et de la passivité, en éveillant chez eux le désir de commencer une nouvelle vie : « Est-ce que tu veux guérir » ?

Il ne s’arrête pas là. Jésus les libère de ce qui bloque et déshumanise leur vie : la folie, la culpabilité ou le désespoir. Il leur offre gratuitement le pardon, la paix et la bénédiction de Dieu. Les malades trouvent chez lui quelque chose que les guérisseurs populaires ne leur offrent pas : une nouvelle relation avec Dieu qui va les aider à vivre avec plus de dignité et plus de confiance.

Marc raconte la guérison d’un paralysé à l’intérieur de la maison où habite Jésus, à Capharnaüm. C’est l’exemple le plus significatif pour mettre en relief la profondeur de sa force de guérison. En surmontant toute sorte d’obstacles, quatre voisins réussissent à amener aux pieds de Jésus un ami paralysé.

Jésus interrompt sa prédication et fixe sur lui son regard. Où se trouve l’origine de cette paralysie ? Quelles peurs, quelles blessures, quels échecs et quelles obscures culpabilités sont en train de bloquer sa vie ? Le malade ne dit rien, et ne bouge pas. Il est là, devant Jésus, attaché à son brancard.

De quoi cet être humain a-t-il besoin pour se mettre debout et pour continuer de marcher? Jésus lui parle avec la tendresse d’une mère : « Mon fils, tes péchés te sont pardonnés ». Cesse de te tourmenter. Mets ta confiance en Dieu. Accueille son pardon et sa paix. Ose te relever de tes erreurs et de ton péché. Combien de personnes ont besoin d’être guéries de l’intérieur. Qui pourra les aider à entrer en contact avec ce Jésus guérisseur?

OUR LIFE RESTORER

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus was seen by his contemporaries as a singular life restorer. Nobody considered him to be just a magician or a quack of that time. He had a very unique way of healing. He did not have recourse to strange forces nor did he conjure up secret formulas. He did not have any amulets or charms. Yet, when he came across sick people, he brought them back to health.

The various Gospel narratives offer us many diverse kinds of his healing power. He loves and defends life; he welcomes every sick person in a special way; he brings out the best in each one of them; and the way he makes them believe in God prepares them for their recovery and health.

Jesus did not give them solutions to solve their bodily problems. He prepares them to heal them completely to a fuller life. The recover, not only physically, but the sick person recovers completely and makes him feel happy.

Jesus does not only heal sick people: he is a life restorer.

Every different Gospel story underlines a new way of healing. He frees people from solitude and lack of faith, making them total believers in God the Father. “Do you believe in God?” At the same time, He delivers them from their submissiveness and negative outlook on life, giving them the desire to start a new life. “Your faith has given you life.”

And that is not all. Jesus frees them from everything that blocks their own lives and makes them less human: their madness, guilt and sense of despair. He offers them total forgiveness, peace and God’s blessing. Every sick person gets something that all other quack healers could never give: a new relationship with a God who will help them to live honourably and at peace.

Mark describes the cure of a paralytic that took place in the house where Jesus used to reside in Caparnaun. It is a striking example of Jesus’

healing power. Surpassing all the odds, four friends or neighbours succeed in bringing the paralytic at the feet of Jesus.

Jesus stops preaching and looks straight at the paralytic. How did the illness start? What are his difficulties, disappointments and other trials in his life? The sick person says nothing and makes no gesture. There he is, motionless on the stretcher.

What does the man really need to be a fully human being, stand up and start walking? Jesus speaks to him gently like a mother: “My child, your sins are forgiven.” Stop feeling guilty. Have faith in God. You’re forgiven. Give up all your past sins. How many people need the same forgiveness and healing like him! And where are the friends or neighbours who will take them and help them to get in touch with Jesus, the life restorer?

 

BIZITZAREN SENDATZAILE

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Garaikideek sendatzaile apartekotzat zeukaten Jesus. Inork ez du nahasten garaiko magoekin edo petrikiloekin. Sendatzeko bere estiloa du. Ez du jotzen indar arraroetara, ezta esaten ere konjururik edo formula sekreturik. Ez da baliatzen kutunez, ez sorginkeriaz. Baina gaixoekin harremanetan hasten denean, osasuna kutsatzen du.

Ebanjelioko kontakizunek era askotan marrazten dute Jesusen ahalmen sendatzailea. Bizitzaz duen maitasun grinatsua, gaixo bakoitzari eskaintzen dion harrera bihozkoia, pertsona bakoitzaren alderik hobena eraberritzeko duen indarra, Jainkoaganako fedea kutsatzeko gaitasuna: horiek guztiek sortzen dute sendatzea posible bihurtzen duen baldintza.

Jesusek ez ditu eskaintzen erremedioak arazo organikoak konpontzeko. Gaixoengana hurbiltzen da errotik nola sendatuko. Ez zaio axola hobetze fisikoa soilik. Organismoa sendatzea saneatze oso eta sakonago batean bildua gertatzen da. Ez ditu sendatzen gaixotasunak. Gaixo den bizitza saneatzen du,

Kontakizun desberdinek hainbat eratan azpimarratzen dute hori. Bakartasunetik eta konfiantza-faltatik askatzen ditu gaixoak, Jainkoarekiko erabateko fedea kutsatzen dielarik: «Zuk, sinesten al duzu?» Aldi berean, etsipenetik eta pasibotasunetik ateratzen ditu, bizi berriari ekiteko gogoa esnatuz: «Zuk, sendatu nahi al duzu?»

Ez da, ordea, hor gelditzen. Beren bizitza blokeatzen dien eta desgizatartzen dituen orotatik liberatzen ditu: zoramenetik, errudun sentitzetik edo etsipenetik. Doan eskaintzen die barkazioa, bakea eta Jainkoaren bedeinkazioa. Petrikilo herrikoiek eskaintzen ez dieten zerbait aurkitzen dute Jesusengan: duintasun eta konfiantza handiagoz bizitzen lagunduko dien Jainkoarekiko beste harreman bat.

Jesus Kafarnaumen bizi den etxean paralitiko bat nola sendatu duen dakar Markosek. Horixe da etsenplurik esanguratsuena, Jesusen indar sendatzailearen sakontasuna nabarmentzeko. Oztopo-mota guztiak gaindituz, lau herritarrek adiskide paralitiko bat Jesusen oinetara ekartzea lortu dute.

Jesus bere predikua eten eta hari begira jarri da Jesus. Zertan datza paralisi horren sustraia? Zein beldur, zein zauri, zein porrot eta ezkutuko erruduntasun ari dira bizitza hori zurruntzen, blokeatzen? Gaixoak ez dio ezer, ez da mugitzen. Han dago, Jesusen aurrean, ohatilari lotua.

Zeren beharra du gizaki honek zutik jarri eta ibili ahal izateko? Ama baten txeraz mintzo zaio Jesus: «Seme, barkatuak dituzu zeure bekatuak». Ez zigortu gehiago zeure burua. Izan konfiantza Jainkoagan. Onartu haren barkazioa eta haren bakea. Zenbat jendek duen barnetik sendatu beharra! Nork lagundu die Jesus sendatzailearekin harremanetan jartzen?

 

GUARIDOR DE LA VIDA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús va ser considerat pels seus contemporanis com un guaridor singular. Ningú el confon amb els mags o curanderos de l’època. Té el seu propi estil de curar. No recorre a forces estranyes ni pronuncia conjurs o fórmules secretes. No empra amulets ni encanteris. Però quan es comunica amb els malalts contagia salut.

Els relats evangèlics van dibuixant de moltes maneres el seu poder guaridor. El seu amor apassionat a la vida, el seu acolliment entranyable a cada malalt, la seva força per regenerar el millor de cada persona, la seva capacitat d’encomanar la seva fe en Déu creaven les condicions que feien possible la guarició.

Jesús no ofereix remeis per resoldre un problema orgànic. S’acosta als malalts buscant guarir-los des de l’arrel. No busca només una millora física. La curació de l’organisme queda englobada en una sanació més integral i profunda. Jesús no cura només malalties. Sana la vida malalta.

Els diferents relats ho van subratllant de diverses maneres. Allibera els malalts de la soledat i la desconfiança encomanant la seva fe absoluta en Déu: “Tu, ja creus?”. Alhora, els rescata de la resignació i de la passivitat, despertant en ells el desig d’iniciar una vida nova: “Tu, vols curar-te?”.

No es queda aquí. Jesús els allibera del que bloqueja la seva vida i la deshumanitza: la bogeria, la culpabilitat o la desesperança. Els ofereix gratuïtament el perdó, la pau i la benedicció de Déu. Els malalts troben en ell alguna cosa que no els ofereixen els curanderos populars: una relació nova amb Déu que els ajudarà a viure amb més dignitat i confiança.

Marc narra la guarició d’un paralític a l’interior de la casa on viu Jesús a Cafarnaüm. És l’exemple més significatiu per destacar la profunditat de la seva força guaridora. Vencent tota mena d’obstacles, quatre veïns aconsegueixen portar fins als peus de Jesús un amic paralític.

Jesús interromp la seva predicació i fixa la seva mirada en ell. On és l’origen d’aquesta paràlisi? Quines pors, ferides, fracassos i fosques culpabilitats estan bloquejant la seva vida? El malalt no diu res, no es mou. S’està allà, davant de Jesús, lligat a la seva llitera.

Què necessita aquest ésser humà per posar-se dret i seguir caminant? Jesús li parla amb tendresa de mare: «Fill, et són perdonats els pecats». Deixa de turmentar-te. Confia en Déu. Acull el seu perdó i la seva pau. Atreveix-te a aixecar-te dels teus errors i el teu pecat. Quantes persones necessiten ser guarides per dins. Qui els ajudarà a posar-se en contacte amb un Jesús guaridor?

CURADOR DA VIDA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús foi considerado polos seus contemporáneos como un curador singular. Ninguén o confunde cos magos ou curandeiros da época. Ten o seu propio estilo de curar. Non recorre a forzas estrañas nin pronuncia conxuros ou fórmulas secretas. Non emprega amuletos nin feitizos. Pero cando se comunica cos enfermos contaxia saúde.

Os relatos evanxélicos van debuxando de moitas maneiras o seu poder curador. O seu amor apaixonado á vida, a súa acollida entrañábel a cada enfermo, a súa forza para rexenerar o mellor de cada persoa, a súa capacidade de contaxiar a súa fe en Deus creaban as condicións que facían posíbel a curación.

Xesús non ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Achégase aos enfermos buscando curalos dende a súa raíz. Non busca só unha melloría física. A curación do organismo queda englobada nunha sanación máis integral e profunda. Xesús non cura só enfermidades. Sanda a vida enferma.

Os diferentes relatos vano subliñando de diversas maneiras. Libera aos enfermos da soidade e a desconfianza contaxiándolles a súa fe absoluta en Deus: “Ti, xa cres “? Ao mesmo tempo, rescátaos da resignación e a pasividade, espertando neles o desexo de iniciar unha vida nova: “Ti, queres curarte “?

Non fica aí. Xesús libéraos do que bloquea e deshumaniza a súa vida: a loucura, a culpabilidade ou a desesperanza. Ofrécelles gratuitamente o perdón, a paz e a bendición de Deus. Os enfermos atopan nel algo que non lles ofrecen os curandeiros populares: unha relación nova con Deus que os axudará a vivir con máis dignidade e confianza.

Marcos narran a curación dun paralítico no interior da casa onde vive Xesús en Cafarnaún. É o exemplo máis significativo para destacar a profundidade da súa forza curadora. Vencendo toda clase de obstáculos, catro veciños logran traer ata os pés de Xesús a un amigo paralítico.

Xesús interrompe a súa predicación e fixa a súa mirada nel. Onde está a orixe desa parálise? Que medos, feridas, fracasos e escuras culpabilidades están a bloquear a súa vida? O enfermo non di nada, non se move. Alí está, ante Xesús, atado á súa padiola.

Que necesita este ser humano para poñerse en pé e seguir camiñando? Xesús fálalle con tenrura de nai: «Fillo, os teus pecados fican perdoados». Deixa de atormentarte. Confía en Deus. Acolle o seu perdón e a súa paz. Atrévete a erguerte dos teus erros e do teu pecado. Cántas persoas necesitan ser curadas por dentro. Quen lles axudará a poñerse en contacto cun Xesús curador?

¿Puedo cambiar?

Publicado: 27 octubre, 2010 en BIBLIA
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31 Tiempo ordinario (C) Lucas 19,1-10
¿PUEDO CAMBIAR?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 27/10/10.- Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.

Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?

Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.

Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero éste deseo de Jesús va a cambiar su vida.

El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.

Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Sólo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.

Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: “El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador”. Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.

Lucas no describe el encuentro. Sólo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa sólo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres.

Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de “instalarnos” en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

POSSO MUDAR?

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Lucas narra o episódio de Zaqueu para que os seus leitores descubram melhor o que podem esperar de Jesus: o Senhor que invocam e seguem nas comunidades cristãs «veio procurar e salvar o que estava perdido». Não o hão de esquecer.

Ao mesmo tempo, o seu relato da actuação de Zaqueu ajuda a responder à pergunta que não poucos levam no seu interior: Ainda posso mudar? Não é já demasiado tarde para refazer uma vida que, em boa parte, deixei perder-se? Que passos posso dar?

Zaqueu é descrito com dois traços que definem com precisão a sua vida. É «chefe de publicanos» e é «rico». Em Jericó todos sabem que é um pecador. Um homem que não serve a Deus mas ao dinheiro. A sua vida, como tantas outras, é pouco humana.

No entanto, Zaqueu «procura ver Jesus». Não é mera curiosidade. Quer saber quem é, o que se encerra neste Profeta que tanto atrai as pessoas. Não é tarefa fácil para um homem instalado no seu mundo. Mas este desejo de Jesus vai mudar a sua vida.

O homem terá que superar diferentes obstáculos. É «baixo de estatura», sobre tudo porque a sua vida não está motivada por ideais muito nobres. As pessoas são outro impedimento: terá que superar preconceitos sociais que lhe tornam difícil o encontro pessoal e responsável com Jesus.

Mas Zaqueu prossegue a sua busca com simplicidade e sinceridade. Corre para adiantar-se à multidão, e sobe a uma árvore como uma criança. Não pensa na sua dignidade de homem importante. Só quer encontrar o momento e o lugar adequado para entrar em contacto com Jesus. Quer vê-Lo.

É então quando descobre que também Jesus o está procurando a ele pois chega até aquele lugar, procura-o com o olhar e diz-lhe: “O encontro será hoje mesmo na tua casa de pecador”. Zaqueu baixa-se e recebe-O em sua casa cheio de alegria. Há momentos decisivos em que Jesus passa pela nossa vida porque quer salvar o que nós estamos deitando a perder. Não os devemos deixar escapar.

Lucas descreve-nos o encontro. Só fala da transformação de Zaqueu. Muda a sua maneira de olhar a vida: já não pensa só no seu dinheiro mas no sofrimento dos outros. Muda o seu estilo de vida: fará justiça aos que explorou e partilhará os seus bens com os pobres.

Mais tarde ou mais cedo, todos corremos o risco de “nos instalarmos” na vida renunciando a qualquer aspiração de viver com mais qualidade humana. Nós, os crentes temos de saber que um encontro mais autêntico com Jesus pode tornar a nossa vida mais humana e, sobretudo, mais solidária.

 

POSSO CAMBIARE?

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Luca racconta l’episodio di Zaccheo perché i suoi lettori comprendano meglio quello che possono aspettarsi da Gesù: il Signore, che invocano e seguono nelle comunità cristiane, è venuto a cercare e salvare ciò che era perduto. Non devono dimenticarlo.

Nello stesso tempo, la sua descrizione del comportamento di Zaccheo aiuta a rispondere alla domanda che non pochi portano dentro di sé: Posso ancora cambiare? Non è ormai troppo tardi per ricominciare una vita che ho mandato quasi tutta in rovina? Quali passi posso fare?

Zaccheo viene descritto con due tratti che definiscono con precisione la sua vita. È capo dei pubblicani ed è ricco. In Gerico tutti sanno che è un peccatore. Un uomo che non serve Dio ma il denaro. La sua vita, come tante altre, è poco umana.

Tuttavia, Zaccheo cerca di vedere Gesù. Non è pura curiosità. Vuole sapere chi è, che cosa si nasconde in questo Profeta che attrae tanto la gente. Non è compito facile per un uomo istallato nel suo mondo. Ma questo desiderio di Gesù cambierà la sua vita.

L’uomo dovrà superare diversi ostacoli. È piccolo di statura, soprattutto perché la sua vita non è motivata da ideali molto nobili. La gente è un altro impedimento: dovrà superare pregiudizi sociali che gli rendono difficile l‘incontro personale e responsabile con Gesù.

Ma Zaccheo continua la sua ricerca con semplicità e sincerità. Corre per passare avanti alla folla, e sale su un albero come un bambino. Non pensa alla sua dignità di uomo importante. Vuole solo trovare il momento e il luogo adeguati per entrare in contatto con Gesù. Lo vuole vedere.

È allora che scopre che anche Gesù lo sta cercando, perché arriva fino a quel luogo, lo cerca con lo sguardo e gli dice: “L’incontro sarà oggi stesso nella tua casa di peccatore”. Zaccheo scende e lo riceve nella sua casa, pieno di gioia. Ci sono momenti decisivi in cui Gesù passa per la nostra vita perché vuole salvare quello che noi stiamo rovinando. Non ci devono sfuggire.

Luca non descrive l’incontro. Parla solo della trasformazione di Zaccheo. Cambia la sua maniera di guardare la vita: non pensa più solo al suo denaro ma alla sofferenza degli altri. Cambia il suo stile di vita: farà giustizia a quelli che ha sfruttato e condividerà i suoi beni con i poveri.

Presto o tardi, tutti corriamo il rischio di “istallarci” nella condizione in cui siamo, rinunciando a qualsiasi aspirazione a una vita di qualità più alta. Noi credenti dobbiamo sapere che un incontro più autentico con Gesù può rendere la nostra vita più umana e, soprattutto, più solidale.

 

PUIS-JE CHANGER?

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Luc fait le récit de l’épisode de Zachée afin que ses lecteurs puissent mieux découvrir ce qu’ils peuvent attendre de Jésus: le Seigneur qu’ils invoquent et qu’ils suivent dans les communautés chrétiennes, “est venu chercher et sauver ce qui était perdu”. Il ne faudrait pas qu’ils l’oublient.

En même temps, le récit de la réaction de Zachée aide à répondre à la question que beaucoup portent dans leur cœur: Puis-je encore changer? N’est-il pas trop tard pour refaire une vie qui, en une bonne partie, est déjà gâchée? Quels pas puis-je faire?

Zachée est présenté en deux traits définissant avec précision sa vie. C’est un “chef de publicains” et il est “riche”. Tout le monde à Jéricho sait qu’il est pécheur. Un homme qui ne sert pas Dieu mais l’argent. Sa vie, comme beaucoup d’autres, n’est pas humaine.

Cependant, Zachée “cherche à voir Jésus”. Ce n’est pas de la simple curiosité. Il veut savoir qui il est, ce qu’il y a de caché dans ce Prophète qui attire tant les gens. Ce n’est pas une tâche facile pour un homme installé dans son monde. Mais ce désir de Jésus va bouleverser sa vie.

L’homme aura à surmonter divers obstacles. Il est “petit de taille” , surtout parce que sa vie n’est pas motivée par des idéaux très nobles. Les gens constituent un autre obstacle: il devra surmonter les préjugés sociaux qui lui rendent difficile une rencontre personnelle et responsable avec Jésus.

Mais Zachée poursuit sa recherche avec simplicité et avec sincérité. Il court pour devancer la multitude, il grimpe sur un arbre comme un enfant. Il ne pense pas à sa dignité d’homme important. Il ne veut que trouver le moment et le lieu adéquats pour rencontrer Jésus. Il veut le voir.

C’est alors qu’il découvre que Jésus est aussi en train de le chercher car il le rejoint là où il se trouve, le cherche du regard et lui dit: “Notre rencontre aura lieu aujourd’hui même dans ta maison de pécheur”. Zachée descend et le reçoit tout joyeux chez lui. Il y a des moments décisifs où Jésus croise le chemin de notre vie car il veut sauver ce que nous sommes en train de gâcher. Il ne faut pas le laisser partir.

Luc ne décrit pas la rencontre. Il ne parle que de la transformation de Zachée. Celui-ci change sa façon de voir la vie: il ne pense plus seulement qu’à son argent mais aussi à la souffrance des autres. Il change son style de vie: il rendra justice à ceux qu’il a exploités et partagera ses biens avec les pauvres.

Tôt ou tard, nous risquons tous de nous “installer” dans la vie, en renonçant à toute aspiration à une vie plus humaine. Nous croyants, nous devons savoir qu’une rencontre plus authentique de Jésus peut rendre notre vie plus humaine et surtout, plus solidaire.

 

CAN I REALLY CHANGE?

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Luke’s intention, while narrating the story of Zacchaeus, must have been to teach his readers to discover Jesus’ expectations from them: the Lord they were following in all their Christian communities “had come to seek and save all that had been lost.”

At the same time, the story of what Zacchaeus said and did would help others to answer a question many people have always entertained: Can I really change? Isn’t really too late now to change my life, after having wasted it myself? What else can I really do?

Zacchaeus is described to us with two traits that define his past life very precisely. He is “a senior tax collector and a wealthy man.” In Jericho, therefore, he was known to be a sinner. He did not serve God, but money. His life, like that of so many people, wasn’t really humane.

On the other hand, we are told that Zacchaeus was anxious to see Jesus. He wasn’t simply curious. He really wanted to know who this man was, and why he attracted so many people. It isn’t easy for a worldly man to discover a real Prophet. And it was such desire to find the real Jesus that would change Zacchaeus’ life.

This man would have to skip many obstacles. He was too short, and, more importantly, his past life had not been guided by high ideals. People around, too, would be a major obstacle, because social prejudices would make all the more difficult his attempt to get near Jesus.

Zacchaeus, however, continued his search of Jesus with great sincerity and simplicity. He ran to get ahead of the crowds and climbed a sycamore tree, just like any boy would do. He stops considering himself an important man. All he wants is to get a chance and a suitable place to get near Jesus. He really wants to see him.

It was then that Zacchaeus discovers that Jesus, too, is looking out for him: as he climbed the tree, he finds that Jesus looked up and spoke to him. “Zacchaeus, come down. Hurry, I must stay at your home tonight.” Zacchaeus comes down and welcomes Jesus into his home and welcomes him joyfully. There are times and places in our lives when Jesus comes along because He wants to save something we are about to lose. We should never let Him go.

Luke does not describe the details of the meeting. He simply tells us about Zacchaeus’ transformation. He changes his whole approach to life: money isn’t the most important thing any longer and he simply thinks about the harm he might have caused others. His lifestyle has changed: he will do justice to anyone he might have exploited and he will share his wealth with the poor.

Sooner or later, all of us run the risk of getting “settled” in our lives giving up any other option of living a life of humanity and compassion. True believers should know that a true encounter with Jesus can really turn our lives around and make us more humane and generous.

 

ALDA OTE NAITEKE JADA?

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Irakurleek Jesusengandik zer espero dezaketen hobeto aurkitu ahal izateko dakar Lukasek Zakeoren pasadizo hau. Kristau-elkarteetan jarraitzen dutenek, alegia, dei egiten dioten Jaunagandik zer espero dezaketen: «galdua zenaren bila etorri da eta hura salbatzera». Kristauak ez luke hori ahaztu behar.

Aldi berean, Zakeoren jardueraz mintzo den kontakizun horrek gizakiak barnean duen galdera honi erantzuten laguntzen du: Oraino ere alda ote naiteke? Ez ote da jada beranduegi bizitzari bira emateko, hein batean galdua dudan horri? Zein urrats egin nezake?

Bi ezaugarri ematen ditu Zakeoz, haren bizitza zehatz definituz. «Zerga-biltzaileen buru» da eta «aberatsa». Jerikon denek dakite bekatari dela. Jainkoarena ez, baizik diruaren zerbitzari. Haren biziera, beste hainbatena bezala, gizatasun txikikoa da.

Halaz guztiz, «Jesus nola ikusiko dabil» Zakeo. Eta ez ikusmin hutsez. Nor den jakin nahi du, zer duen bere baitan jendeari halako tira egiten dion profeta horrek. Ez da hori egiteko erraza bere munduan errotua den gizon batentzat. Baina Jesusekiko desio horrexek aldaraziko du Zakeo bizieraz.

Hainbat oztopo gainditu beharko du gure gizonak. «Altuera txikia» du, batez ere haren bizitzan indar txikia dutelako ideal handiek. Jendea du beste oztopoa: aurreiritzi sozialak gainditu beharko ditu, Jesusekin era pertsonalean eta erantzukizunez topo egitea galarazten baitiote.

Baina Zakeok aurrera egin du bere bilaketan, xumeki eta egiaz. Korrika doa jendetzari aurrea hartzeko, eta arbola baten gainera igo da haurra bailitzan. Ez da pentsatzen gelditu bere duintasunean, gizon inportante bezala. Soilik, une eta leku egokiak gura ditu, Jesusekin harremanetan hasteko. Ikusi egin nahi du.

Orduantxe jabetu da ezen Jesus ere bere bila dabilela, zeren leku hartara iritsi, non den begiratu eta hau esaten baitio: «Gaur berean egon nahi dut bekatari zaren horren etxea». Arbolatik jaitsi eta ongi etorri egin dio Zakeok poz-pozik. Badira une apartak, zeinetan gure bizitzan agertzen baita Jesus, guk galtzeko zorian jartzen dugun hura salbatu nahi duelako. Ez genioke utzi behar alde egiten.

Lukasek ez du deskribatu nola izan zen topo egite hura. Zakeo aldatu izanaz bakarrik mintzo da. Bizitza ikusteko moldea aldatu du: jadanik ez du buruan dirua soilik, baizik gainerakoen sufrimendua du gogoan. Bizieraz aldatu da: justizia egingo die ustiatu edo esplotatu izan dituenei eta behartsuekin partekatuko ditu ondasunak.

Goizago edo beranduago, guztiek izaten dugu bizitzan «finkatzeko» arriskua, gizatasun gizakoiagoz bizitzeko edozein ametsi uko eginez. Fededunek jakin beharko genuke ezen Jesusekin era egiazkoan topo egiteak gure biziera gizakoiago bihur dezakeela eta, batik bat, solidarioago.

 

PUC CANVIAR?

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Lluc narra l’episodi de Zaqueu perquè els seus lectors descobreixin millor el que poden esperar de Jesús: el Senyor a qui invoquen i segueixen en les comunitats cristianes «ha vingut a buscar i salvar allò que s’havia perdut». No ho han d’oblidar.

Al mateix temps, el seu relat de l’actuació de Zaqueu ajuda a respondre a la pregunta que no pocs porten al seu interior: Encara puc canviar? ¿No és ja massa tard per refer una vida que, en bona part, l’he fet malbé? Quins passos puc donar?

Zaqueu és descrit amb dos trets que defineixen amb precisió la seva vida. És «cap de cobradors d’impostos» i és «ric». A Jericó tothom sap que és un pecador. Un home que no serveix Déu sinó els diners. La seva vida, com tantes d’altres, és poc humana.

No obstant això, Zaqueu «cerca veure Jesús». No és mera curiositat. Vol saber qui és, què té aquest Profeta que tant atrau la gent. No és una tasca fàcil per a un home instal•lat en el seu món. Però aquest desig de Jesús canviarà la seva vida.

L’home haurà de superar diferents obstacles. És «petit d’estatura», sobretot perquè la seva vida no està motivada per ideals massa nobles. La gent és un altre impediment: haurà de superar prejudicis socials que li fan difícil la trobada personal i responsable amb Jesús.

Però Zaqueu prossegueix la cerca amb senzillesa i sinceritat. Corre per avançar-se a la multitud, i puja a un arbre com un nen. No pensa en la seva dignitat d’home important. Només vol trobar el moment i el lloc adequat per entrar en contacte amb Jesús. El vol veure.

És llavors quan descobreix que també Jesús l’està buscant a ell ja que arriba fins a aquell lloc, el busca amb la mirada i li diu: “La trobada serà avui mateix a la teva casa de pecador”. Zaqueu baixa i el rep a casa ple d’alegria. Hi ha moments decisius en què Jesús passa per la nostra vida perquè vol salvar el que nosaltres estem fent malbé. No els hem de deixar escapar.

Lluc no descriu la trobada. Només parla de la transformació de Zaqueu. Canvia la seva manera de mirar la vida: ja no pensa només en els seus diners sinó en el patiment dels altres. Canvia el seu estil de vida: farà justícia als qui ha explotat i compartirà els seus béns amb els pobres.

Tard o d’hora, tots correm el risc “d’instal•lar-nos” en la vida renunciant a qualsevol aspiració de viure amb més qualitat humana. Els creients hem de saber que una trobada més autèntica amb Jesús pot fer la nostra vida més humana i, sobretot, més solidària.

 

PODO CAMBIAR?

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Lucas narra o episodio de Zaqueo para que os seus lectores descubran mellor o que poden esperar de Xesús: O Señor ao que invocan e a quen seguen nas comunidades cristiás «veu a buscar e salvar o que estaba perdido». Non o han de esquecer.

Ao mesmo tempo, o seu relato da actuación de Zaqueo axuda a responder á pregunta que non poucos levan no seu interior: Aínda podo cambiar eu? Non é xa demasiado tarde para refacer unha vida que, en boa parte, a botei a perder? Que pasos podo dar?

Zaqueo é descrito con dous trazos que definen con precisión a súa vida. É «xefe de publicanos» e é «rico». En Xericó todos saben que é un pecador. Un home que non serve a Deus senón ao diñeiro. A súa vida, como tantas outras, é pouco humana.

Non obstante, Zaqueo «busca ver a Xesús». Non é mera curiosidade. Quere saber quen é, que hai dentro deste Profeta que tanto atrae á xente. Non é tarefa doada para un home instalado no seu mundo. Pero este desexo de Xesús vaille cambiar a súa vida.

O home terá que superar diferentes obstáculos. É «baixo de estatura» e, sobre todo, a súa vida non está motivada por ideais moi nobres. A xente é un outro impedimento: Terá que superar prexuízos sociais que lle fan difícil o encontro persoal e responsábel con Xesús.

Pero Zaqueo prosegue a súa busca con sinxeleza e sinceridade. Corre para adiantarse á multitude, e sobe a unha árbore coma un neno. Non pensa na súa dignidade de home importante. Só quere atopar o momento e o lugar adecuado para entrar en contacto con Xesús. Quéreo ver.

E daquela, descobre que tamén Xesús o está a buscar a el, pois chega ata aquel lugar, búscao coa mirada e dille: “O encontro será hoxe mesmo na túa casa de pecador”. Zaqueo baixa e recíbeo na súa casa cheo de alegría. Hai momentos decisivos nos que Xesús pasa pola nosa vida porque quere salvar o que nós estamos a botar a perder. Non podemos deixalos escapar.

Lucas non describe o encontro. Só fala da transformación de Zaqueo. Cambia o seu xeito de mirar a vida: Xa non pensa só no seu diñeiro senón no sufrimento dos demais. Cambia o seu estilo de vida: Faralles xustiza aos que explotou e compartirá os seus bens cos pobres.

Tarde ou cedo, todos corremos o risco de “instalarnos” na vida renunciando a calquera aspiración de vivir con máis calidade humana. Os crentes temos de saber que un encontro máis auténtico con Xesús pode facer a nosa vida máis humana e, sobre todo, máis solidaria.