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La cruz y el crucificado

Publicado: 24 febrero, 2017 en REFLEXIONES
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eclesalia@eclesalia.net

cruz cenizaLA CRUZ Y EL CRUCIFICADO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 24/02/17.- Aquí estamos acostumbrados a referirnos indistintamente para expresar lo mismo. Lo hacemos en la liturgia y en la manifestación pública de lo cristiano. De hecho, la cruz es el signo cristiano por el que nos reconocen como seguidores de Cristo; también en esto del seguimiento hemos herrado pues tener fe en el Dios cristiano no es creer que Dios existe sino más bien el seguirle con nuestro ejemplo en forma de actitudes y conductas. Ser practicante no es ir a misa -solo- sino actuar a diario conforme al evangelio.

Pero a lo que iba. La cruz y el crucificado los empleamos como sinónimos cuando no deberían serlo. No es en el madero donde ponemos nuestro corazón y nuestra fe sino en Jesús que por amor acabó colgado en él. Su persona es quien nos atrae, como dice Juan: cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos sobre mí (Jn 12, 32) dando entender de qué muerte iba a morir.

La cruz es signo de muerte, efectivamente, y fuente de muchos equívocos sobre el sufrimiento cristiano. Dios no quiere sufrir ni que suframos. Murió contra su voluntad, asesinado por mantenerse en su denuncia profética contra quienes impedía la explosión de su Reino de amor para todos.  Su sufrimiento fue la consecuencia no querida del lado más oscuro del ser humano al que respetó en su libertad. Pero Jesús predicó la alegría, la solidaridad, el amor; nunca buscó el sufrimiento como una bendición; al contrario, se dedicó en cuerpo y alma a salvar del sufrimiento a los demás, aunque no se sintieran de los suyos.

Salva el crucificado en un madero y lo hace con su amor.  El madero es santo por el personaje al que se clavó en él. Curiosamente, los protestantes en cambio, no entienden la exaltación del crucificado si Jesús ya ha resucitado. Pero esta es otra discusión.

Cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó en Estrasburgo que la presencia de un crucifijo en las aulas era una violación de los derechos humanos (2009), no rechazaron la cruz. Lo que rechazaron fue al crucificado. Podrán quitarlo de aulas y lugares públicos pero nadie rechaza o se abraza a un madero. No, no es la cruz, es el crucificado. Él es quien nos sigue invitando a remar con audacia hacia el amor que, en definitiva, supone crecer en plenitud humana. Apostar por el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la solidaridad frente a la indiferencia egoísta. Nada que ver con la exaltación del sufrimiento.

La vida cristiana es un largo aprendizaje para centrarnos en Cristo crucificado y en lo que significa la Salvación como liberación de las cadenas que atrapan lo mejor del ser humano, siguiendo siempre la senda del evangelio que, como todo el mundo sabe, significa buena noticia; misericordia quiere Dios, no otros sacrificios (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Se acerca vuestra liberación

Publicado: 28 noviembre, 2016 en ACTUALIDAD
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adviento semana 1SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN
Pregón del Adviento
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 28/11/16.- Un día, hace ya mucho, mucho tiempo, tantos años como llevan los hombres y mujeres sobre la tierra, Adán y Eva dijeron que se separaban de Dios y le dieron la espalda; empezando a caminar por otros caminos, no por los caminos que él quería y había elegido para ellos y para toda la Humanidad. Pero Dios, en su paciencia infinita, aunque se entristeció y se quedó apenado, prometió visitarles y seguir siendo su amigo. Así es el corazón de Dios: todo amor, lleno de compasión y de misericordia.

A lo largo del tiempo Dios iba renovando su promesa, su alianza, cada vez que los hombres le daban la espalda y eran infieles a su amistad. Para ello enviaba, al pueblo de Israel, hombres llamados profetas, recordándoles la promesa y alianza de Dios: “Dios va a venir. Prepárense y conviértanse”. Este mensaje tuvieron que repetirlo muchas veces, ya que su pueblo seguía por caminos paralelos a los de Dios. Pero, un día, llegó un profeta, que fue el último de los profetas antes de la visita del Gran Profeta. Este profeta se llamaba Juan Bautista. Él empezó a gritar: “Ya está cerca, ya viene. Dense prisa, arrepiéntase y caminen a la luz del Señor”. Y así fue. Una noche, que no sabemos muy bien ni el año ni la hora, Dios nos visitó por medio de su Hijo, Jesús, nacido en Belén de una doncella llamada María, y José su esposo, le acompañaba.

Los pastores, las gentes sencillas, buenas y pobres, le reconocieron y se hicieron muy amigos de Él, y comenzaron a seguirle y a vivir como Él decía. El gozo y la alegría nacieron en el mundo y para el mundo. Una nueva era comenzaba, el Salvado, el Rey del Universo había plantado su tienda entre nosotros y había asumido nuestra propia carne, haciéndose uno de los nuestros. El gozo y la alegría inundaban los corazones y la tierra entera.

Desde ese momento, cada vez que se acerca la Navidad, muchos hombres y mujeres, de todos los rincones de la tierra, razas y culturas, vuelven a ponerse en camino hacia Dios y abren el corazón a su venida, a su encarnación. Porque el Dios que se encarnó en el tiempo, se sigue encarnando, hoy, y ahora, en tu propio corazón, en la historia que nos toca vivir.

Nosotros, cristianos, en este tiempo de Adviento queremos escuchar la Palabra de Dios, cantar, alabar, suplicarle y darle gracias; porque también queremos disponernos a seguir el camino de Jesús, a ser sus amigos. Y sobre todo queremos que Jesús nazca en nuestro corazón.

Adviento, tiempo de espera y esperanza; tiempo de gracia, tiempo de vivir en vela y oración, para poder escuchar a Aquel que viene y llama a mi puerta, a la puerta de mi corazón. Realmente, cuando llame, ¿la encontrará completamente abierta? ¿Podre ofrecerle un hogar donde se sienta a gusto, como en su propia morada? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Ven, Señor Jesús!

No somos mejores que Dios

Publicado: 12 octubre, 2016 en ACTUALIDAD
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220px-nd-en-vaux_05NO SOMOS MEJORES QUE DIOS
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 12/10/16.- Amigas y amigos: Parece una afirmación tan obvia, que no tendría sentido recordarla. Pero cuando leemos algunos textos como la parábola del juez y la viuda, sí puede ser interesante pensarla despacio, para interpretarla bien. Qué pequeño sería un dios al que hubiera que convencer para conseguir nuestros propósitos.

Esta y otras ideas, las encontramos en la clase que subimos a la Escuela hoy. Seguimos profundizando en las imágenes de Dios, en esta ocasión, de la mano de Andrés Torres Queiruga: Un Dios que crea por amor. Todo lo que contribuya a una imagen de Dios como Salvación y como Amor, es cierto, mientras que si la oscurece, es falso. En expresión gráfica del teólogo, “Dios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa más que amar”.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Lc 18, 1-8. Para explicarles que tenían que orar siempre y no desanimarse, les propuso esta parábola…

Vicente Martínez: La oración perseverante. En la parábola del juez injusto y la viuda, Jesús nos manifiesta la necesidad de “orar siempre y no demayar”.

José Luis Sicre: Oración, fin del mundo e injusticia. Algunos pasajes de ese discurso parecen escritos teniendo en cuenta lo ocurrido el año 79, cuando el Vesubio entró en erupción arrasando las ciudades de Pompeya y Herculano.

Fray Marcos: Dios no tiene que hacer justicia humana. Para Él todo está en el más absoluto equilibrio siempre. Nuestra justicia es solo aparente y ficticia.

José Antonio Pagola: El clamor de los que sufren. ¿Qué resonancia puede tener hoy en nosotros este relato dramático que nos recuerda a tantas víctimas abandonadas injustamente a su suerte?

Dolores Aleixandre: Acosos, ruegos y persecuciones. Dios es también esa viuda-insistente que llama constantemente y sin cansarse a la puerta de nuestro corazón esperando darnos alcance.

Artículos seleccionados para la semana

José M. Castillo: La urgente regeneración ética de España. Con demasiada frecuencia, las leyes están redactadas de manera que lo que se consigue es hacer imposible la puesta en práctica de la Constitución.

Juan José Tamayo: El arzobispo Omella, contra la reforma del papa Francisco. Las actuaciones pastorales del eclesiástico desmienten sus afirmaciones.

Mari Paz López Santos: Elige la esperanza, yo estoy contigo. Lema para el Curso 2016-2017 de la Parroquia de Guadalupe de Madrid.

Koldo Aldai: La paz vendrá. Quien ha vivido la paz por unas horas, tiene fuerza, tiene coraje para trabajar por ella el resto de sus días.

Carlos F. Barberá: Yo y la No-dualidad. Corre por ahí, con cierto éxito, un pensamiento llamado no-dualista que nos trata de premodernos e ilusos a quienes no lo compartimos.

Enrique Martínez Lozano: ¿Nueva? espiritualidad. Decir que una espiritualidad no religiosa o al margen de la creencia en un Dios separado es una “moda postmoderna” manifiesta desconocimiento de aquellas grandes corrientes de sabiduría –que no eran “religiosas”–.

Gabriel Mª Otalora: Nuevo cónclave jesuita. Los jesuitas no deben renunciar a estar en la punta de lanza de la Iglesia, a ser profetas y testigos que recuperen la esperanza que se abrió con el Concilio Vaticano II.

José Cristo Rey: “Anunciad” hacia la transformación de la misión. El rostro de la vida consagrada del siglo XXI con unos rasgos bellos, dinámicos, innovadores y sin por ello dejar de ser profundamente evangélicos y proféticos.

Noticias de alcance. Osoro, nuevo cardenal y hombre de confianza del Papa en España.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Éxodo 17, 8-13. En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Raffidim.

2 Timoteo 3, 14 – 4, 2. Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que, desde niño, conoces la Sagrada Escritura.

Florentino Ulibarri: ¿Cómo callarnos…? Hoy que parece estar todo atado y bien atado, porque las leyes las hacen los de siempre; hoy, que se impone el silencio y el rendimiento y nos invitan a ser peones en el tablero;  Haznos osados hasta la impertinencia, pero sin cambiar de bando.

Vicky Irigaray: Nuestra vida, reflejo de la tuya. Jesús nos muestra el estilo del creyente: vivir como servidor, poner la propia vida a disposición de los otros. Te damos gracias porque confías y cuentas con nosotros.

Anáfora: Manifestación de Dios. Tú eres nuestro centro y esencia, el motor de nuestro ser, el continuo referente en nuestras acciones. Ayúdanos a descubrirte en nuestro interior, haznos conscientes de tu presencia en nuestra vida.

Monjas Benedictinas de Montserrat. Domingo 29 del Tiempo Ordinario.

Material multimedia

Sólo estás a un pensamiento de cambiar tu vida. Por Wayne Dyer. Siento que algo más se ocupa de nosotros, así que sólo tenemos que rendirnos a ese Amor al que estamos conectados”.

Dejar ir. Fluir con la Vida, la no resistencia a lo que es, resumido y cercano en este video, que nos ilumina un poco más sobre esta experiencia espiritual.

Salomé Arricibita: Que nos guíe tu justicia. La justicia de Dios no es como la nuestra. Va más allá de las leyes, porque se basa en la bondad y en el amor y como éste, es paciente, hace crecer lo bueno de cada uno, a su ritmo, en su tiempo. No, la justicia de Dios, no es como la nuestra…

Seguiré adelante. Que estas frases nos acompañen en la vida diaria, para llenar nuestro presente de esperanza, amor y paz interior.

Equipo Quiero Ver: Nos escucha. No estamos solos. Dios está en ti y en mí y con su amor incondicional nos acoge y escucha.

El arte de estar sentado. Por Borja Vilaseca. ¡¡Toma conciencia y comprométete contigo mismo!! “¿Cómo puede ser tan difícil no hacer nada, y sentirme en paz?”. Un testimonio en primera persona realmente impactante.

En la Escuela EFFA seguimos facilitando el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Un abrazo,

Inma Calvo

6521584HACIA LA HERENCIA INAGOTABLE
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 27/04/16.- uando  palpa uno su perdición y recapacita sobre ella, aún tiene un último recurso de salvación eterna: la esperanza en Dios acogedor (Lc 15,16-20 y 23,39-43). Parece que sería sensato alimentar esa esperanza a lo largo de la vida, aunque sólo fuere “la del por si acaso” (Ver mi escrito “Insospechable Magnitud de la Respuesta Divina”), procediendo en el día a día de acuerdo sólo con su palabra.

“Sólo con su palabra”, porque es de Él de quien se espera la salvación y no de ninguno otro. Esto lo creo diáfano y asequible a todos. Lo dificultoso para muchos es discernir con seguridad la palabra auténtica de Dios. Porque Él nos habla siempre a través de emisarios, y porque es escurridiza la garantía de disponer de esa condición todos los que se nos presentan como tales y, más aun, la de gozar de ella en todo lo que trasmiten como palabra divina.

En concreto: grande ha sido la cantidad de palabras condicionantes de la salvación eterna, que la propia Iglesia Católica ha catequizado durante siglos equivocadamente como divinas, entremezcladas con la que en verdad lo era. Lo certifica la poda que ella misma ha hecho desde Pío XII a nuestros días. Siempre sin alharaca o, a lo sumo, envuelta en muy razonable justificación. Pero así no se evita que se trate de aboliciones o revocaciones; sino que sólo se muestra la conveniencia de realizarlas.

Imposible recogerlas todas en escritos como éste. Con todo, recordaré unas cuantas que estando decretadas, supuestamente como digo en nombre de Dios, no sólo bajo penas eclesiásticamente remisibles, sino incluso bajo la de condenación eterna, han sufrido cambio o derogación. Así ha sucedido masivamente con motivo de la reforma litúrgica. Así también con preceptos de menor conexión temática entre sí, como santificar el propio día jueves de la Ascensión y el del Corpus; iluminar el sagrario con lamparilla de aceite de oliva; celebrar misa con dos velas de cera de abejas; observar rigurosamente todas las rúbricas del canon de la misa, incluso la “ahora” ridícula de no separar el celebrante los índices de los pulgares desde la consagración hasta después de la comunión; celebrar misa con acólito y que éste fuera de sexo masculino; guardar ayuno total desde las doce horas de la noche previa a comulgar; cumplir, salvo que se tuviera la bula, todos los días de ayuno y abstinencia del año; no ordenar la incineración del propio cadáver ni colaborar en ninguna; no leer obra incluida en el Índice de Libros Prohibidos, ni tenerla o retenerla durante más de un mes aun sin leer; no omitir el subdiaconado antes de conferir las órdenes mayores; no exigir a todos los del rito latino el celibato para el diaconado, o para el ministerio presbiteral (ya no se exige para el de los presbíteros anglicanos convertidos al catolicismo). Y ultimísimamente, aunque de momento sólo en parte, no comulgar viviendo anómalamente la conyugalidad.

Que haya palabras divinas revocables es tan absurdo como que lo eterno pueda perecer. O como que Dios no sea infinitamente sabio desde siempre y a veces necesite rectificar. Por ello, lo que de hecho resulta revocado, por fuerza ha de ser, no sólo revocable en sí mismo, sino además necesariamente humano. Aunque haya sido eclesiástico. Y, urgirlo como palabra de Dios bajo pena del infierno fue, además de engaño, abuso de poder. Porque no existe absolutamente nadie que pueda sancionar el incumplimiento de obligación revocable con pena eterna, como es la del infierno predicado incluso para los que niegan que exista. Sería, en lenguaje de los filósofos, una “contradictio in terminis”: la eternidad de una sanción la niega precisamente la propia derogabilidad de la prohibición. La posibilidad de derogar la obligación entraña la de abolir su pena, no sólo en cuanto a su vigencia como norma, sino además en cuanto a la supervivencia de su aplicación pasada. Como la posibilidad de abatir las columnas dio a Sansón la de derrumbar por completo el templo filisteo que ellas sostenían.

La revocabilidad de las palabras puede entonces servir para distinguir las simplemente humanas de la divina. No tiene tarea caer en la cuenta de ella una vez producida la derogación respectiva; y poca, llegar a conocerla antes. Basta con atender al contenido específico de cada palabra: si eterno, es divina; si temporal, o promulgada en fecha histórica, o de validez dependiente de circunstancias extrínsecas y contingentes (raza, cultura, lugar, siglo, rito, etc.), sólo humana por más alta representación de Dios que ostente quien la haya pronunciado y por explícita que aparezca en los más antiguos textos tenidos por sagrados.

Éste criterio, aunque de sobrada garantía racional, lo creo además acorde con la enseñanza de 1Pe. En razón de la interrelación que aprecio entre 1,3-4 y 1,23-25, sintetizo en uno ambos fragmentos y formulo así su contenido en lo que hace al criterio señalado: “Para la herencia imperecedera que nos está reservada, somos engendrados por la palabra viva y permanente de Dios; no por la corruptible del hombre. Porque todo lo humano es como heno efímero, y toda su gloria como flor de heno. Mas el Señor es eterno y su palabra permanece para siempre”. Supone que la eternidad sólo puede manar de lo eterno, nunca de lo caduco. Que lo efímero pueda parirla sería tan absurdo, al menos, como que un peñasco engendre un hombre. O como que el heno marchitable tenga flor perenne.

Así pues, en orden a alimentar durante la vida nuestra esperanza en Dios atendiendo sólo a su palabra, de todas las que se nos catequizaron divinas podemos empezar por despreocuparnos y desentendernos sin la menor vacilación, de cuantas vinculen la herencia inextinguible o su amejoramiento, a cosas de la vida del hombre sobre la tierra. Por fuerza esas palabras han de ser sólo invención de hombres. Darles valor de salvación imperecedera equivaldría a vivir en la irrealidad de la contradicción señalada: la de afirmar efecto eterno en lo perecedero y caduco.

A la vez que pérdida de tiempo es desatino proclive a aberraciones. En ocasiones hasta las barbaries registradas por la historia y que Jesús anunció como evento aún posible tras su partida (Jn 16,2): “quitar la vida a otro pensando rendir con ello culto a Dios”.

Eso fueron las inmolaciones rituales de seres humanos en los altares de las religiones primitivas de siglos ha. Como la que Jefté prometió hacer a Yahveh si le concedía vencer a los amonitas (Jue 11,31) y como la que  pretendía hacer Abraham de su hijo Isaac. Y eso fueron las inmolaciones alitúrgicas de las piras de la inquisición de no hace tanto. Y la cruenta de la violencia contra los “disidentes”, aún presente en religiones infectadas de mesianismo imperialista y reivindicador. O la ya incruenta contra los propios fieles, con ayunos, abstinencias u otras penitencias; o ponderándoles la imaginada eficacia del sacrificio.

¡Como si Jesús, al que «Dios ungió con Espíritu Santo y poder», hubiera desbarrado privando a los demás del “gran” valor del sufrir, al socorrer y aliviar de penurias y dolores «por todas partes […] a todos lo tiranizados por el diablo» (Hch 10,38)! ¡¡Y al instarnos a nosotros a hacer otro tanto!! ¡Y como si Dios no fuera Amor; sino crueldad mezquina y miserable, que se complace, se nos hace propicio y satisface con un dolor, privaciones y padecimientos, que ni las madres o padres de la tierra permiten emplear a sus hijos en compensación o reparación de sus ofensas (Lc 15,20)!

También la inmolación incruenta perdura aún en el presente. Recordaré como ejemplo tres prácticas de carácter general, relacionadas entre sí, de la tradición judeocristiana y de otras grandes religiones. Ellas, aunque soportables, urgen o no, y con mayor o menor severidad, según el credo de que se trate. Hablo del ayuno, la abstinencia de determinados alimentos, y el lavado o purificación de manos antes de comer.

Las tres son obviamente cosas de la vida terrenal y válidas para la vida terrenal. Bien como práctica higiénica; bien como exigencia del mantenimiento o recuperación de la salud; bien como tendencia o como consecuencia espontánea y necesidad sicosomática de intenso interés por algo; o de seria preocupación; o de muy grave disgusto; o de gran aflicción y luto. Como “los de la esposa a la que se le ha arrebatado el esposo” que diría Jesús. Pero ninguna de esas tres prácticas tiene relación con la eternidad; sino con la alimentación y la vida del hombre en este mundo. Las tres pueden incluirse en el reproche de Jesús a sus apóstoles. El que les hizo por ser tardos en captar su enseñanza sobre no manchar la conciencia del hombre el comer sin lavarse las manos: «¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿No comprendéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y se evacua en el váter»? (Mt 15,11-17), sin transcender a la eternidad.

Lo mismo que de las prescripciones anteriores se puede decir de las leyes de la naturaleza. Aunque palabra de Dios por ser ésta la que las ha creado, sin embargo fue pronunciada en formulación del ser propio de cada cosa y de su interrelación mutua o adecuación a su medio ambiente. Todo ello eterno en cuanto a su concepto respectivo, pero temporal en cuanto a su existencia. Los dinosaurios, por ejemplo, fueron definidos por la palabra creadora de Dos y nunca dejarán de ser lo que fueron; pero ello no supone que hubieran de existir para siempre. Igual sucede o sucederá con todo lo que constituye este mundo, el de lo temporal y creado. Nada de ello perdurará eternamente. Ni puede ni podrá por tanto transportar a la eternidad, o ser fuente de la misma por su propia especificidad.

Tales leyes sin embargo afectan al hombre en su vida sobre la tierra y algunas muy seriamente. Habrá que someterse a ellas como quien paga tributo al “César”. Igual que se sometería cualquier “extraterrestre” que quisiera establecerse en nuestro mundo. Incluso tal vez proceda someterse a los modos y usos expresivos tan dependientes de la prevalencia que de hecho tiene en el hombre lo gestual y “folklórico” sobre lo racional. Pero nada de eso sirve para conducir a la herencia inextinguible. Las leyes naturales sólo valen para regular lo creado mientras existe, no para  conducirlo a la eternidad.

Concretaré lo dicho de las leyes naturales en un ejemplo de variedad de situaciones, de dominio público en su gran mayoría. Me refiero a la urgencia, bajo pena de condenación eterna, de no privar por voluntad propia a lo sexual, ni aunque previamente ya lo hubiera hecho la naturaleza (p.e., cuando durante el embazo se usa preservativo) de su “connatural” apertura a la procreación, ni de su encuadre “propio” en el matrimonio heterosexual monogámico. Así se enseñaba en la Facultad Pontificia en que yo estudié la teología moral en los años sesenta y sesenta y uno. Y muchos lo siguen manteniendo.

En realidad yo ahora no sé decir cuánto tiene eso de ley natural y cuánto de infiltración de dualismo gnóstico y maniqueo. Pero sí puedo afirmar rotundamente que por ser cosa de este mundo y sólo para este mundo “también se evacuará en el váter de la muerte”, porque “los que resuciten serán como los ángeles, que ni toman mujer, ni toman marido” (Lc 20,34-36). De ahí que no vea base para catequizar esa exigencia como palabra de Dios condicionante de su herencia inmarcesible.

No quiero en absoluto ni insinuar que ninguna violación de leyes, sean positivas o naturales, impide esa herencia. Lo que afirmo es que si hay alguna que lo haga, nunca será en virtud de su propia especificidad toda ella temporal; sino por quebrantar a la vez palabra viva y permanente de Dios, la cual muchas leyes llevan incorporada o como injertada en sí. Es lo que sucede con lo de “amar al prójimo como a sí mismo”.

Ésta es como sabemos la síntesis o resumen según Jesús de toda la Sagrada Escritura o, en expresión judía, de la “Ley y los Profetas” (Mt 7,12). Lo que no se oponga a esa síntesis no es palabra de Dios “viva y permanente”. Ni se opone a la herencia eterna, por más horrenda acción que sea según la ética natural, ni por más perjuicios y degradación que traiga en este mundo al que la ejecute. ¡Sólo a él, no a terceros!

Si no fuera por el alcance que, a tenor de 1Cor 6, parece dar Pablo a la “inconveniencia” de algunas cosas pese a su licitud, podría decirse inspirándose en él, que todo es lícito en orden a la herencia inmarcesible; pero no todo es conveniente en relación a la vida terrenal. Salvo que ese alcance fuera una incoherencia paulina, similar a la de la diferencia entre la mujer y el varón, pese a enseñar que en la iglesia no hay ninguna (Gal 3,28). Incoherencia por lo demás asentada aquí sobre afirmaciones tal vez algo descomedidas (1Cor 6,13-20). Desde luego que no todas sus exclusiones del reino de Dios (6,9-10) parecen conciliables con la alegoría del juicio final.

Es necesario dar más crédito a la ética humana o natural que a esa alegoría, para negar que basta con “hacer por los demás lo que queremos que ellos hagan por nosotros” para vestir “todo el traje de fiesta requerido para participar en el banquete que preparó el Rey por la boda de su Hijo”. Aunque se sea del montón de los llamados desde «las encrucijadas de los caminos» (Mt 22,9-10). Es lo que se desprende de dicha alegoría, en la que eso es a lo único a lo que se atiende para recibir o excluir del reino preparado para nosotros desde la creación del mundo (Mt 25,31-46).

En la eternidad no contará para nada todo lo otro. Incluso haber sido ateo, agnóstico confeso, o creyente; de religión cristiana o no; católico o de otra confesión. Estas diferencias sólo pueden disminuir o aumentar nuestra participación aquí “en el reino de Jesús que no es de este mundo” (Jn 18,36), pero que “está dentro de nosotros” (Lc 17,21). Disminuir o aumentar nuestro anclaje en la verdad y autenticidad; disminuir o aumentar nuestra libertad frente a ansiedades terrenales y frente a figuraciones, simplicidades e invenciones humanas (Col 2,20-22); nuestra serenidad interior, paz, gozo íntimo, etc.

Cierto que ayudar a otros como nosotros queremos que ellos nos ayuden, también es sólo cosa de este mundo. En el eterno nadie padecerá necesidad. Sin embargo, auxiliar al necesitado no por instinto natural, sino por “enternecérsele a uno el corazón” ante la desgracia ajena (Lc 10,33), es floración de amor aunque no se tenga conciencia de ello. Y “amor” es precisamente la única palabra cuyo contenido específico subsiste para siempre (1Cor 13,8).

El amor, al ser esencia de Dios (1Jn 4,8), existe como Dios desde siempre y para siempre, sin principio ni fin. La eternidad del Amor es igual la del “Logos/Verbo/Palabra” y se podría expresar como se expresa la de éste en el prólogo de Jn: “Al principio ya existía el Amor, y el Amor se alojaba en Dios, y Dios era el Amor. El Amor ya anidaba en Dios cuando se obró la creación. Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no se hizo nada de cuanto fue hecho…”

El amor, dada su existencia a la vez en el otro mundo y en éste, es vía de acceso a la eternidad desde la temporalidad. La única que entiendo cabe encontrar. Se puede por ello afirmar a propósito de lo de Pedro, que el ser engendrado “para una herencia incorruptible, indestructible e inmarcesible en los cielos” va encabalgado sobre el serlo ya en este mundo “para un intenso amor fraterno no fingido” (1Pe 1,3-4.1,23-25).

Entiendo en consecuencia que lo de “alimentar nuestra esperanza en Dios procediendo en el día a día de acuerdo sólo con su palabra”, es realizable sin necesidad de discernimiento alguno y sin atender a leyes. Basta con vivir la esencia del mensaje de Jesús: hacer por los otros lo que queremos que ellos hagan por nosotros (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

maternida de DiosMAGNANIMIDAD DIVINA Y BIENAVENTURANZA ETERNA
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 13/05/15.- Estoy persuadido de la imposibilidad de que en la vida eterna se den diversos grados de bienaventuranza, en razón de los méritos de cada uno.

Es persuasión que me fluye de la exhortación de Jesús a amar a los enemigos y a rezar por ellos, «para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos; por cuanto hace salir su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos» (Mt 5,44-45).

Esta anticipación de la bondad de Dios a nuestros actos y su falta de adecuación proporcional a los méritos de cada uno, la presenta Jesús como propia y típica del Padre, quien, desde siempre y antes de recibir nada de ninguno de nosotros, es “Amor que mana copioso antecedentemente a nuestro comportamiento” (1Jn 4,10). ¡No puede dejar de serlo a la hora de acogernos en su mansión inmarcesible! ¡No puede estar entonces, ni nunca, atado a proporcionalidad ninguna! ¡Sería tanto como dejar de ser Él!

Dicha falta de adecuación de la bienaventuranza eterna a nuestros méritos o deméritos podemos verla afirmada en la parábola de los peones contratados a distintas horas de la jornada. Al menos implícitamente, si es que con ella no se refería Jesús directamente a esta cuestión, cosa ésta que dejo aquí completamente de lado.

Porque me basta con ver cómo las diversas opiniones que conozco al respecto, presuponen la convicción general de ser imperativa, por justicia o por equidad, la proporcionalidad entre lo recibido o concedido y lo merecido. Y ésta es la convicción que precisamente resulta anulada con dicha parábola. De lo contrario ésta quedaría al aire al desvanecerse su lógica y resultaría irreprochable y justificadísima la protesta de los que habían soportado en el campo el peso del día y del calor, cuando vieron cómo los que habían trabajado una sola hora recibían la misma retribución que ellos (Mt 20,1-16).

Hay quienes ven esta parábola como simple apólogo hiperbólico, para alentar a conversión con su consecuencia obvia: ¡nunca es tarde para volver a Dios! Pero no como escenificación catequética sobre su magnanimidad retributiva.

Por lo general apoyan su rechazo en la exigencia de justicia o equidad intachables en el Ser afirmado infinitamente perfecto. Mas al hacerlo contradicen la infinitud de la justicia divina, al ceñirla a los límites de la humana remunerativa o sancionadora, que cierto requiere de proporcionalidad en el ámbito de derechos fundados en principios generales; pero no en el de los asentados sobre convenios particulares. En éstos últimos lo exigido no es, en principio, la proporcionalidad, sino la fidelidad a lo convenido entre las partes.

Es sabido que ningún concepto puede aplicarse a Dios y a los hombres en idéntico sentido; sino sólo en análogo, en base a una similitud limitada y parcial.

En este caso, y simplificando en atención a la brevedad, se podría decir que el contenido común a las justicias divina y humana sería la incapacidad de transgredir el derecho de otro, sin que tal incapacidad suponga o afirme distinción ni diversificación alguna en el propio ser de Dios, como si la justicia fuera en Él virtud o perfección diferente de las demás. Las diversidades sólo están en nuestro conocer, incapaz de abarcar de una sola mirada la realidad íntegra y son propias de lo limitado; nunca de Dios, que afirmamos suma y síntesis unitaria y plena de todas las perfecciones y virtudes.

Desde la perspectiva del modo limitado de nuestro conocer, aprender y saber, esa incapacidad para violar el derecho de otro sería, en particular, como el basamento de la primera parte de la respuesta del patrón a uno de los peones contrariados: «Amigo, no te hago agravio. ¿No concertaste conmigo por un denario? Toma lo tuyo y vete». Sin embargo, el de la segunda lo es más bien la magnanimidad: «Y si quiero darle a este último lo mismo que a ti, ¿acaso no me está permitido hacer con lo mío lo que quiero?; ¿o es que tú ves con malos ojos que yo sea bueno?».

Bueno, por subir la retribución, incluso de los últimos, a un denario completo, que para los oyentes de la parábola era el jornal que permitía atender a las necesidades de vida del día. Bueno, por no privar de ese viático diario a ninguno de los peones, aunque sólo hubieran trabajado parte de la jornada y no les correspondiera recibirlo en razón del mérito.

La conclusión de la parábola deriva de lo que nosotros tenemos tipificado como jurídico: el derecho del patrón a ser tan generoso con los últimos jornaleros, como justo con los primeros. Su terminante formulación originaria parece modismo arameo expresivo de igualdad entre términos opuestos: «De suerte que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos». Es decir: “estarán todos a igual nivel”. Al referirse aquí a lo retributivo, podríamos trasladarlo a nuestro desvaído: “De suerte que todos recibirán lo mismo”.

Todo lo anterior es aplicable en paralelo a la respuesta del padre a la queja y reproche que le hizo el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32), por cómo había acogido a su hermano menor, a pesar de saber de su conducta extraviada. Sólo que en ésta parábola prevalece lo afectivo-emotivo sobre lo que llamamos jurídico. En contraposición a la justicia del «todo lo mío es tuyo», el alborozo del padre por haber recuperado el hijo: «Estando él muy lejos todavía, le vio su padre y se le enterneció el corazón, y corriendo hacia él se le echó al cuello y se le comía a besos».

Es el acontecimiento de «mi hijo estaba muerto y revivió, estaba perdido y fue hallado», lo que mueve al padre a recibirlo sobrepasando “lo debido”, “lo merecido”: «Rápido: sacad el mejor vestido y ponédselo, y una sortija en su mano, y calzado en los pies». Y es el amor lo que le lleva a recibirlo con gran gozo y festejo: «Traed el novillo cebado y hagamos fiesta».

Igualmente es el amor fraterno a lo que apela el padre para incitar al mayor a la superación del individualismo personalista de la recompensa proporcional; y a «holgarse y regocijarse» por el bien de su hermano. Era como gran noticia ardientemente deseada, pero inesperada: “¡Ha revivido tu hermano muerto! ¡Ha sido hallado tu hermano extraviado! Y, en general, ¡es tu hermano el que ha resultado tan beneficiado como tú!

Consecuencia de todo lo anterior no es sólo que “todos recibiremos lo mismo”; sino además algo tal vez más sabroso para esta vida presente: quienes llegan al gozo interior pensando que recibirán su misma retribución eterna los operarios de hora más tardía que la suya, por más perversos, canallas y facinerosos que hayan sido antes, y por más que con sus injusticias hubieren roto nuestras vidas y desgarrado nuestro corazón, y los que lo deseen y recen por ello, cierto que atesoran en su entraña, aunque al mundo no le fascine, no lo capte, o incluso se mofe, la garantía más inconmovible de haber sido hechos hijos de Dios ya aquí (Mt 5,45). Tienen, como sólo Él tiene, la iniciativa en el amor que no es por correspondencia a favores recibidos (1Jn 3,7-10). Tienen la filiación divina proveniente de esta semejanza a Él, que seguro habilita para verle tal cual es y sin velo alguno (1Jn 3,2) (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Anuncio de Adviento 2014

Publicado: 28 noviembre, 2014 en REFLEXIONES
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vela....ANUNCIO DE ADVIENTO 2014
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
ESTRASBURGO (FRANCIA).

ECLESALIA.- 28/11/14.- Os anuncio una buena noticia: el Adviento va a comenzar.

Alzad la vista, restregaos los ojos, despertad, otead el horizonte, porque Dios viene.

Daos cuenta del momento. Avivad el oído para escuchar los susurros, los gritos, el anuncio de la Vida que va nacer.

En el seno de María, crece el germen de un mundo nuevo: el Hijo del Dios encarnado, el Emmanuel, el Dios-con nosotros.

Con el Adviento, amanece la esperanza en el horizonte, en el corazón de todo creyente; porque de los cielos llueve el rocío de la justicia, de la paz y del amor: Dios se ha encarnado en una doncella, hija de Israel, a la que todas las generaciones llamarán “Bienaventurada” porque ha creído en el anuncio del ángel.

Al fondo, se percibe ya la Navidad: una Navidad gozosa, íntima, fraterna, serenada, pacífica y solidaria.

Para algunos también será una Navidad superficial, triste, desgarrada, incluso violenta, pero siempre “esposada”, unida a la esperanza. La esperanza, esa “niña” que habita en lo más profundo del ser humano, es la que nos mantiene firmes ante la espera de que un mundo mejor es posible.

El Adviento, es llama de esperanza, llama ardiente que atraviesa el espesor de los tiempos y de las tinieblas. Llama que alumbra el camino del peregrino vacilante, perdido en la encrucijada de los caminos y del tiempo.

Adviento, un camino solidario que da la mano al extraviado y al cansado; abraza al solitario y abandonado; consuela al triste, visita al enfermo, al extranjero y al encarcelado; da pan al hambriento y agua al sediento.

Adviento se “esposa”, se une con la Humanidad sedienta de verdad, de justicia, de paz y fraternidad.

Adviento, contenido de gozosa y buena nueva: ¡María está en cinta! una gestación de ternura y esperanza le acompaña. ¡Dios visita a su pueblo! Dios se hace uno de nosotros, para hacernos semejantes a Él. Estad alegres, os lo suplico, estad alegres, el Señor viene y planta su tienda entre nosotros dándonos el poder de ser hijos de Dios.

Isaías grita lleno de esperanza: “Caminemos a la luz del Señor. Preparad los caminos del Señor, para que todo el mundo contemple la salvación de Dios” (Is. 40, 3).

Con la esperanza de todos los pobres de Yahvé y los pobres de todos los tiempos, pronuncia María su Fiat: “Hágase en mí según tu palabra” Lc 1,38). Y el Verbo se encarnó y habitó entre nosotros, colmando todo anhelo de libertad y salvación.

Alegraos, saltad de júbilo, poneos vuestro traje de fiesta, perfumaos con perfumes exquisitos de buenas obras, para recibir a vuestro Dios que viene.

Avivad la alegría, el júbilo y la fiesta. ¡Preparad el camino! Ya llega nuestro Salvador, nuestro Dios. “Él está a la puerta y llama, si le abres, él se sentará a la mesa y cenara contigo” (Ap. 3,20).

¡Ora, contempla, acoger la Vida! Y con ella, celebrar la Navidad, la fraternidad solidaría. ¡Entonces, será Navidad! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Nada lo pudo detener

Publicado: 9 abril, 2014 en BIBLIA
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Domingo de Ramos (A) Mateo 26,14-27,66
NADA LO PUDO DETENER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/04/14.- La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.

Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”: ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.

Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.

Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.

Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.

Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.

Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.

Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

NADA O PODE DETER

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A execução de João Batista não foi algo casual. Segundo uma ideia muito difundida pelo povo judeu, o destino que espera o profeta é a incompreensão, a rejeição e, em muitos casos, a morte. Provavelmente, Jesus contou desde muito cedo com a possibilidade de um final violento.

Jesus não foi um suicida nem procurava o martírio. Nunca quis o sofrimento nem para Ele nem para ninguém. Dedicou a Sua vida a combate-lo na doença, nas injustiças, na marginalização ou no desespero. Viveu entregue a “procurar o reino de Deus e a sua justiça”: esse mundo mais digno e ditoso para todos, que procura o Seu Pai.

Se aceita a perseguição e o martírio é por fidelidade a esse projeto de Deus que não quer ver sofrer os Seus filhos e filhas. Por isso, não corre para a morte, mas tampouco recua. Não foge ante as ameaças, tampouco modifica nem suaviza a Sua mensagem.

Teria sido fácil evitar a execução. Teria bastado com calar-se e não insistir no que podia irritar no templo ou no palácio do prefeito romano. Não o fez. Segui o Seu caminho. Preferiu ser executado antes de atraiçoar a Sua consciência e ser infiel ao projeto de Deus, Seu Pai.

Aprendeu a viver num clima de insegurança conflitos e acusações. Dia a dia foi-se reafirmando na Sua missão e continuou anunciando com claridade a Sua mensagem. Atreve-se a difundi-la não só nas aldeias retiradas da Galileia, mas também no enquadramento perigoso do templo. Nada o deteve.

Morrerá fiel ao Deus em que confiou sempre. Seguirá acolhendo a todos, inclusive a pecadores e indesejáveis. Se acabam por rejeitá-Lo, morrerá como um “excluído” mas com a Sua morte confirmará o que foi toda a Sua vida: confiança total num Deus que não rejeita nem exclui ninguém do Seu perdão.

Continuará a procurar o reino de Deus e a Sua justiça, identificando-se com os mais pobres e desprezados. Se um dia o executam no suplicio da cruz, reservado para escravos, morrerá como o mais pobre e desprezado, mas com a Sua morte selará para sempre a sua fé num Deus que quer a salvação do ser humano de tudo o que o escraviza.

Os seguidores de Jesus, descobrimos o Mistério último da realidade, encarnado no Seu amor e entrega extrema ao ser humano. No amor desse crucificado está Deus mesmo identificado com todos os que sofrem, gritando contra todas as injustiças e perdoando os verdugos de todos os tempos. Neste Deus pode-se acreditar ou não acreditar, mas não é possível escarnecer Dele. Nele confiamos os cristãos. Nada o deterá no Seu empenho de salvar os Seus filhos.

 

Niente POTÉ trattenerlo

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

L’esecuzione del Battista non fu qualcosa di casuale. Secondo un’idea molto diffusa nel popolo giudeo, il destino che aspetta il profeta è l’incomprensione, il rifiuto e, in molti casi, la morte. Probabilmente Gesù tenne conto molto presto della possibilità di una fine violenta.

Gesù non fu un suicida, né cercava il martirio. Non volle mai la sofferenza, né per sé né per nessuno. Dedicò la vita a combatterla nell’infermità, nelle ingiustizie, nell’emarginazione e nella disperazione.. Visse impegnata a “cercare il Regno di Dio e la sua giustizia”: quel mondo più degno e felice per tutti che cerca suo Padre.

Se accetta la persecuzione e il martirio è per fedeltà a quel progetto di Dio che non vuole veder soffrire le sue figlie e i suoi figli. Per questo, non corre verso la morte, ma nemmeno si tira indietro. Non fugge davanti alle minacce. Nemmeno modifica né ammorbidisce il suo messaggio.

Gli sarebbe stato facile evitare l’esecuzione. Sarebbe bastato tacere o non insistere su quello che poteva irritare nel tempio e nel palazzo del prefetto romano. Non lo fece. Continuò il suo cammino. Preferì essere giustiziato piuttosto che tradire la sua coscienza ed essere infedele al progetto di Dio, suo Padre.

Imparò a vivere in un clima di insicurezza, conflitti e accuse. Giorno per giorno si andò

riaffermando nella sua missione e continuò ad annunciare con chiarezza il suo messaggio. Osò diffonderlo non solo nei villaggi sperduti di Galilea, ma nei dintorni pericolosi del tempio. Nulla lo trattenne.

Morirà fedele al Dio in cui ha confidato sempre. Continuerà ad accogliere tutti, anche i peccatori e gli indesiderabili. Se finiscono col rifiutarlo, morirà come un “escluso”, ma con la sua morte confermerà quel che è stata la sua intera vita: fiducia totale in un Dio che non rifiuta né esclude nessuno dal suo perdono.

Continuerà a cercare il Regno di Dio e la sua giustizia, identificandosi con i più poveri e disprezzati. Se un giorno lo giustiziano con il supplizio della croce, riservato agli schiavi, morirà come il più povero e disprezzato, ma con la sua morte sigillerà per sempre la sua fede in un Dio che vuole la salvezza dell’essere umano da tutto quello che lo schiavizza.

Noi seguaci di Gesù scopriamo il Mistero ultimo della realtà incarnata nel suo amore e nella consegna estrema all’essere umano. Nell’amore di questo crocifisso c’è Dio stesso identificato con tutti quelli che soffrono, gridando contro tutte le ingiustizie e perdonando agli aguzzini di tutti i tempi. In questo Dio si può credere o non credere, però non è possibile ridere di lui. In lui noi cristiani confidiamo. Nulla lo tratterrà nel suo impegno di salvare i suoi figli.

 

RIEN NE POUVAIT L’ARRÊTER

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

L’exécution de Jean Baptiste ne fut pas un hasard. D’après une idée très répandue dans le peuple juif, la destinée qui attend un prophète est l’incompréhension, le refus, et très souvent, la mort. Jésus a très tôt pensé à la possibilité d’une fin violente.

Jésus n’était pas un suicidaire et il ne cherchait pas le martyre. Il n’a jamais voulu la souffrance, ni pour lui ni pour personne. Il a consacré sa vie à combattre la souffrance générée par la maladie, par les injustices, par la marginalisation ou par le désespoir. Il a consacré sa vie à « chercher le royaume de Dieu et sa justice » : ce monde plus digne et heureux pour tous, que son Père voulait instaurer.

S’il accepte la persécution et le martyre c’est par fidélité au projet de ce Dieu qui ne veut pas voir ses fils et ses filles souffrir. C’est pourquoi, il ne court pas vers la mort, mais il ne recule pas non plus. Il ne fuit pas devant les menaces, mais il ne modifie ni n’allège son message.

Cela aurait été facile pour lui d’éviter l’exécution. Il lui aurait suffi de se taire et de ne pas insister sur ce qui pouvait irriter les chefs soit dans le temple soit dans le palais du préfet romain. Il n’a pas agi ainsi. Mais il a suivi son chemin. Il a préféré être exécuté plutôt que de trahir sa conscience et d’être infidèle au projet de Dieu son Père.

Il a appris à vivre dans un climat d’insécurité, de conflits et d’accusations. Jour après jour, il s’est réaffirmé dans sa mission, en continuant d’annoncer clairement son message. Il a osé le répandre, non seulement à travers les villages reculés de la Galilée, mais aussi dans l’environnement dangereux du temple. Rien ne pouvait l’arrêter.

Il mourra dans la fidélité à ce Dieu à qui il a toujours fait confiance. Il continuera à accueillir tout le monde, même les pécheurs et les indésirables. S’ils finissent par le rejeter, il mourra comme un « exclu », mais sa mort confirmera ce qu’a été sa vie entière : confiance totale en un Dieu qui ne rejette personne et qui n’exclut personne de son pardon.

Il continuera à chercher le royaume de Dieu et sa justice, en s’identifiant aux plus pauvres et méprisés. Si un jour il est exécuté dans le supplice de la croix, réservé aux esclaves, il mourra comme le plus pauvre et méprisé, mais à travers sa mort, il aura scellé pour toujours sa foi en un Dieu, qui veut sauver l’être humain de tout ce qui le rend esclave.

Nous, les disciples de Jésus, nous découvrons le Mystère ultime de la réalité, incarné dans son amour et dans le don total de soi à l’être humain. Dans l’amour de ce crucifié c’est Dieu lui-même qui s’identifie à tous ceux qui souffrent, en criant contre toutes les injustices et en pardonnant aux bourreaux de tous les temps. On peut croire ou ne pas croire en ce Dieu, mais il n’est pas possible de se moquer de lui. C’est en lui que nous, chrétiens, nous mettons notre confiance. Rien ne l’arrêtera dans son engagement à sauver ses fils.

 

NOTHING COULD STOP HIM

José Antonio Pagola.

The Baptist’s execution wasn’t just by chance. According to an idea common among the Jewish people, the destiny awaiting a prophet is incomprehension, rejection, and all too often, death. Early on, Jesus probably counted on the possibility of a violent end.

Jesus wasn’t suicidal or looking to be a martyr. He never wanted suffering – either for himself or for anyone else. He dedicated his life to fight suffering in sickness, injustice, marginalization and hopelessness. He was totally given to “seeking God’s Reign and God’s justice”: that more dignified and happy world that his Father seeks.

If he accepts persecution and martyrdom, it’s out of faithfulness to the project of a God who doesn’t want to see God’s sons and daughters suffer. That’s why Jesus doesn’t run toward death, but also doesn’t hold back. He doesn’t flee in the face of threats, nor does he change or water down his message.

It would have been easy for him to avoid execution. He could have done it by keeping quiet and not insisting on things that could upset people in the temple or in the palace of the Roman prefect. But no. He holds fast to his path. He prefers to be put to death rather than betray his conscience and be unfaithful to his Father God’s project.

He learned to live in a climate of insecurity, conflicts and accusations. Day by day he continued reaffirming his mission and kept announcing his message clearly. He dared to spread it not just in the far-flung villages of Galilee, but in the dangerous context of the temple. Nothing stopped him.

He will die faithful to the God in whom he has always trusted. He will keep welcoming everyone, even sinners and the unwanted. If they end up rejecting him, he will die as an “excluded”, but with his death he will confirm what his whole life has been about: complete confidence in a God who doesn’t reject or exclude anyone from forgiveness.

He will keep seeking God’s Reign and God’s justice, identifying himself with the poorest and the most scorned people. If someday they kill him with the death penalty of the cross, a fate reserved for slaves, he will die like those who are poorest and most scorned, but his death will seal forever his faith in a God who wants to save human beings from all that enslaves them.

Jesus’ followers discover the final Mystery of reality incarnated in his love and extreme self-giving for humanity. In the love of this crucified man God identifies Self with all those who suffer, God cries out against all injustice and forgives executioners of every time. One can believe in this God or not, but it’s not possible to ridicule this God. We Christians trust in this God whom nothing will stop in the effort to save God’s children.

 

EZ ZION EZERK ATZERA EGINARAZI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Joan Bataiatzailea hiltzea ez zen izan ezusteko bat. Judu-herrian oso hedatua zen ideia baten arabera, profetaren zoria ulertezina izatea da, ukatua izatea eta, kasu askotan, heriotza galdua izatea. Segur aski, oso garaiz barruntatu zuen Jesusek beretzat indarkeriazko azken bat.

Jesus ez zen izan suizida bat, ez zen ibili martiritzaren bila. Ez zuen sekula sufrimendua opa izan, ez beretzat, ez beste inorentzat. Bizitza osoan saiatu zen haren kontra, bai gaixotasunean, bai zuzengabekerian, bai bazterkerian edo etsipenean. «Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna bilatzea» izan zuen bere asmo guztia: zeruko Aitak gogoko duen mundu duinago eta zoriontsuagoa baten bilatzeari emanik bizi izan zen.

Pertsekuzioa eta martiritza onartzen baditu, bere seme-alabak sufritzen ikusi nahi ez dituen Jainkoaren asmori leial izateagatik izan da. Horregatik, ez doa heriotzaren bila, baina atzera ere ez du egin. Ez du ihes egin mehatxuen aurrean, ez du aldatu edo leundu bere mezua ere.

Aise ihes egiten ahal zion Jesusek eraila izateari. Aski izango zuen isiltzea eta ez azpimarratzea tenpluan edo erromatar prefektuaren jauregian haserrea eragin zezakeen ezer. Baina ez. Bere bideari jarraitu zion. Nahiago izan zuen heriotza bere kontzientziari saldukeria egitea baino, Jainkoaren, bere Aitaren, asmori desleial izatea baino.

Segurtasun-faltaren, gatazkaren eta salaketen giroan bizitzen ikasi zuen. Eguna joan eguna etorri, bere gogoa bere egitekoari estuago lotuz joan zen, eta bere mezua argi eta garbi hots egiten. Mezu hura zabaltzera ausartu zen, ez Galileako herrixka baztertuetan bakarrik, baita tenpluaren ingurune arriskutsuan ere. Ez zion ezerk atzera eginarazi.

Jainkoari leial zelako hil zuten, harengan ezarria baitzuen beti bere konfiantza. Guztiei onarpena eskaintzen jarraitu zuen, baita bekatariei eta desiraezin zirenei ere. Berari uko egitera iristen badira, «baztertu» bat bezala hilko da, baina bizitza osoan zer izan den baietsiko du heriotza horrek: inor zapuzten ez duen eta bere barkazioa inori ukatzen ez dion Jainkoagan izan duen erabateko konfiantza du.

Jainkoaren eta haren erreinuaren bila jarraituko du, bat eginez pobreenak eta mespretxatuenak direnekin. Egun batean gurutzean, esklaboei dagokien tormentuan, hiltzen badute, pobre eta mespretxatu bat bezala hilko da; baina betiko zigilatuko du bere heriotzaz Jainkoagan duen konfiantza, hark salbazioa opa baitie gizon-emakume guztiei esklabotza guztitik.

Jesusengan, haren jarraitzaileok errealitatearen azken Misterioa aurkitu dugu, gizakiari dion maitasunean eta erabateko eskaintzan haragitua den Misterioa. Gurutziltzatua izan den horren maitasunean Jainkoa bera ageri zaigu, sufritzen ari diren guztiekin bat eginik, zuzengabekeria guztien kontra oihuka eta aldi guztietako borreroei barkatzen. Jainko honengan sinetsi daiteke edo ez, baina ezin egin zaio isekarik. Honengan dugu kristauok geure konfiantza. Ezerk ez dio atzera eragingo bere seme-alabak salbatzeko eginahalean.

 

RES NO EL VA PODER ATURAR

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

L’execució del Baptista no va ser una cosa casual. Segons una idea molt estesa en el poble jueu, el destí que espera al profeta és la incomprensió, el rebuig i, en molts casos, la mort. Probablement, Jesús va comptar des de molt aviat amb la possibilitat d’un final violent.

Jesús no va ser un suïcida ni buscava el martiri. Mai va voler el sofriment ni per a ell ni per a ningú. Va dedicar la seva vida a combatre’l en la malaltia, les injustícies, la marginació o la desesperança. Va viure entregat a “cercar el regne de Déu i la seva justícia”: aquest món més digne i més feliç per a tothom, que cerca el seu Pare.

Si accepta la persecució i el martiri és per fidelitat a aquest projecte de Déu que no vol veure patir els seus fills i les seves filles. Per això, no corre cap a la mort, però tampoc es fa enrere. No fuig davant les amenaces, tampoc modifica ni suavitza el seu missatge.

Li hauria estat fàcil d’evitar l’execució. N’hi hauria hagut prou amb callar i no insistir en allò que podia irritar al temple o al palau del prefecte romà. No ho va fer. Va seguir el seu camí. Va preferir ser executat abans que trair la seva consciència i ser infidel al projecte de Déu, el seu Pare.

Va aprendre a viure en un clima d’inseguretat, conflictes i acusacions. Dia a dia es va anar reafirmant en la seva missió i va seguir anunciant amb claredat el seu missatge. Es va atrevir a difondre’l no només en els llogarets apartats de Galilea, sinó en l’entorn perillós del temple. Res el va aturar.

Morirà fidel al Déu en què ha confiat sempre. Seguirà acollint tothom, fins i tot a pecadors i indesitjables. Si acaben rebutjant-lo, morirà com un “exclòs” però amb la seva mort confirmarà el que ha estat la seva vida sencera: confiança total en un Déu que no rebutja ni exclou ningú del seu perdó.

Continuarà cercant el Regne de Déu i la seva justícia, identificant-se amb els més pobres i menyspreats. Si un dia l’executen en el suplici de la creu, reservat per a esclaus, morirà com el més pobre i menyspreat, però amb la seva mort segellarà per sempre la seva fe en un Déu que vol la salvació de l’ésser humà de tot allò que l’esclavitza.

Els seguidors de Jesús descobrim el Misteri últim de la realitat, encarnat en el seu amor i entrega extrema a l’ésser humà. En l’amor d’aquest crucificat hi ha Déu mateix identificat amb tots els que pateixen, cridant contra totes les injustícies i perdonant als botxins de tots els temps. En aquest Déu s’hi pot creure o no creure-hi, però no és possible burlar-se’n. Hi confiem els cristians. Res no l’aturarà en el seu afany de salvar els seus fills.

 

NADA O PUIDO DETER

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

A execución do Bautista non foi algo casual. Segundo unha idea moi estendida no pobo xudeu, o destino que lle espera ao profeta é a incomprensión, o rexeitamento e, en moitos casos, a morte. Probabelmente, Xesús contou desde ben axiña coa posibilidade dun final violento.

Xesús non foi un suicida nin buscaba o martirio. Nunca quixo o sufrimento nin para el nin para ninguén. Dedicou a súa vida a combatelo na enfermidade, nas inxustizas, na marxinación ou na desesperanza. Viviu entregado a “buscar o reino de Deus e a súa xustiza”: ese mundo máis digno e ditoso para todos, que busca o seu Pai.

Se acepta a persecución e o martirio é por fidelidade a ese proxecto de Deus que non quere ver sufrir aos seus fillos e fillas. Por iso, non corre cara á morte, pero tampouco se arreda dela, botándose atrás. Non foxe ante as ameazas, tampouco modifica nin suaviza a súa mensaxe.

Seríalle ben doado evitar a execución. Abondaríalle con calar e non insistir no que podía irritar no templo ou no pazo do prefecto romano. Non o fixo. Seguiu o seu camiño. Preferiu ser executado antes de que traizoar a súa conciencia e ser infiel ao proxecto de Deus, o seu Pai.

Aprendeu a vivir nun clima de inseguridade, conflitos e acusacións. Día a día foise reafirmando na súa misión e seguiu anunciando con claridade a súa mensaxe. Atreveuse a difundilo non só nas aldeas retiradas de Galilea, senón na contorna perigosa do templo. Nada o detivo.

Morrerá fiel ao Deus no que confiou sempre. Seguirá acollendo a todos, ata a pecadores e indesexábeis. Se terminan rexeitándoo, morrerá como un “excluído” pero coa súa morte confirmará o que foi a súa vida enteira: confianza total nun Deus que non rexeita nin exclúe a ninguén do seu perdón.

Seguirá buscando o reino de Deus e a súa xustiza, identificándose cos máis pobres e desprezados. Se un día o executan no suplicio da cruz, reservado para escravos, morrerá como o máis pobre e desprezado, pero coa súa morte selará para sempre a súa fe nun Deus que quere a salvación do ser humano de todo o que o escraviza.

Os seguidores de Xesús descubrimos o Misterio último da realidade, encarnado no seu amor e entrega extrema ao ser humano. No amor dese crucificado está Deus mesmo identificado con todos os que sofren, gritando contra de todas as inxustizas e perdoando aos verdugos de todos os tempos. Neste Deus pódese crer ou non crer, pero non é posíbel burlarse del. Nel confiamos os cristiáns. Nada o deterá no seu empeño de salvar aos seus fillos.

 

A gusto con Dios

Publicado: 19 marzo, 2014 en BIBLIA
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maternida de Dios3 Cuaresma (A) Juan 4, 5-42
A GUSTO CON DIOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/03/13.- La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. “Mujer, dame de beber”.

La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida”.

Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.

Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel “Dios de mi infancia” que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.

Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.

No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.

Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una “presencia salvadora”. Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

À VONTADE COM DEUS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A cena é cativante. Cansado do caminho, Jesus senta-se junto ao manancial de Jacob. Rapidamente chega uma mulher a recolher água. Pertence a uma população meio pagã, desprezada pelos judeus. Com toda a espontaneidade, Jesus inicia o diálogo. Não sabe olhar para ninguém com desprezo, mas sim com grande ternura. “Mulher, dá-me de beber”.

A mulher fica surpreendida. Como se atreve a entrar em contacto com uma samaritana? Como se rebaixa a falar com uma mulher desconhecida? As palavras de Jesus surpreendem-na todavia mais: “Se conhecesses o dom de Deus e quem é que te pede de beber, serias tua a pedir-lhe, e Ele te daria da água da vida”.

São muitas as pessoas que, ao longo destes anos, se foram afastando de Deus, sem dar-se de conta do que realmente estava a ocorrer no seu interior. Hoje Deus é-lhes um “ser estranho”. Tudo o que está relacionado com Ele, parece-lhes vazio e sem sentido: um mundo infantil, cada vez mais afastado.

Entendo-os. Sei o que podem sentir. Também eu me fui afastando pouco a pouco daquele “Deus da minha infância” que despertava dentro de mim tantos medos, mal-estar e desconforto. Provavelmente, sem Jesus nunca me teria encontrado com um Deus que hoje é para mim um Mistério de bondade: uma presença amistosa e acolhedora em que posso confiar sempre.

Nunca me atraiu a tarefa de verificar a mina fé com provas científicas: creio que é um erro considerar o mistério de Deus como se fosse um objeto de laboratório. Tampouco os dogmas religiosos me ajudaram a encontrar-me com Deus. Simplesmente deixei-me conduzir por uma confiança em Jesus que foi crescendo com os anos.

Não saberia dizer exatamente como se sustenta hoje a mina fé no meio de uma crise religiosa que me sacode também a mim como a todos. Só diria que Jesus trouxe-me a viver a fé em Deus deforma simples do fundo do meu ser. Se eu escuto, Deus não me calo. Se eu me abro, Ele não se fecha. Se eu me confio, Ele me acolhe. Se eu me entrego, Ele me sustem. Se eu me afundo, Ele me levanta.

Creio que a experiência primeira e mais importante é encontramo-nos à vontade com Deus porque O percebemos como uma “presença salvadora”. Quando uma pessoa sabe o que é viver à vontade com Deus porque, apesar da nossa mediocridade, dos nossos erros e egoísmos, Ele nos acolhe tal como somos, e nos impulsiona a enfrentarmos a vida com paz, dificilmente abandonará a fé. Muitas pessoas estão hoje abandonando Deus antes de tê-Lo conhecido. Se conhecessem a experiência de Deus que Jesus contagia, procurá-lo-iam.

 

A PROPRIO AGIO CON DIO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La scena è coinvolgente. Stanco del cammino, Gesù si siede al pozzo di Giacobbe. Presto arriva una donna ad attingere acqua. Appartiene a un popolo quasi pagano, disprezzato dai giudei. Con tutta spontaneità, Gesù inizia il dialogo. Non sa guardare a nessuno con disprezzo, ma con grande tenerezza. Donna, dammi da bere.

La donna rimane stupita. Come osa entrare a contatto con una samaritana? Come si abbassa a parlare con una donna sconosciuta? Le parole di Gesù la sorprenderanno ancora di più. Se tu conoscessi il dono di Dio e chi è colui che ti dice: “Dammi da bere!”, tu avresti chiesto a lui ed egli ti avrebbe dato acqua viva.

Sono molte le persone che, lungo questi anni, si sono andate allontanando da Dio, quasi senza avvertire quello che realmente stava accadendo dentro di loro. Oggi Dio risulta a loro un “essere strano”. Tutto quanto è in relazione con lui, sembra loro vuoto e senza senso: un mondo infantile, sempre più lontano.

Li capisco. So quel che possono sentire. Anch’io mi sono andato allontanando a poco a poco da quel “Dio della mia infanzia” che risvegliava dentro di me tante paure, inquietudine e malessere. Probabilmente, senza Gesù non mi sarei mai incontrato con un Dio che oggi è per me un Mistero di bontà: una presenza amichevole e accogliente su cui posso confidare sempre.

Mai mi sono stato attratto dal compito di verificare la mia fede con prove scientifiche: credo che sia un errore trattare il mistero di Dio come se fosse un oggetto di laboratorio. Nemmeno i dogmi religiosi mi hanno aiutato a incontrarmi con Dio. Mi sono lasciato semplicemente condurre da una fiducia in Gesù che è andata crescendo con gli anni.

Non saprei dire esattamente come si sostiene oggi la mia fede in mezzo a una crisi religiosa che scuote anche me come tutti. Direi solo che Gesù mi ha portato a vivere la fede in Dio in maniera semplice dal profondo del mio essere. Se io ascolto, Dio non tace. Se io mi apro, egli non si chiude. Se io mi affido, egli mi accogli. Se io mi abbandono, egli mi sostiene. Se io affondo, egli mi solleva.

Credo che l’esperienza prima e più importante è trovarci a proprio agio con Dio perché lo percepiamo come una “presenza salvatrice”. Quando una persona sa quel che è vivere a proprio agio con Dio perché, nonostante la nostra mediocrità, i nostri errori ed egoismi, egli ci accoglie così come siamoe ci anima a fare fronte alla vita con pace, difficilmente abbandonerà la fede. Molte persone stanno oggi abbandonando Dio prima di averlo conosciuto. Se conoscessero l’esperienza di Dio che Gesù contagia, lo cercherebbero.

 

A L’AISE AVEC DIEU

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La scène est captivante. Fatigué du chemin, Jésus s’assoit près du puits de Jacob. Soudain arrive une femme pour puiser de l’eau. Elle appartient à un peuple semi-païen, méprisé par les juifs. De manière spontanée, Jésus entame le dialogue. Il ne sait regarder personne avec mépris, mais avec une grande tendresse : « Femme donne-moi à boire ».

La femme est surprise. Comment celui-ci ose entrer en contact avec une samaritaine? Comment s’abaisse-t-il jusqu’à parler à une femme inconnue ? Les paroles de Jésus vont la surprendre encore davantage : « Si tu savais le don de Dieu et qui est celui qui te demande à boire, tu le lui demanderais, et il te donnerait l’eau vive »

Elles sont nombreuses les personnes qui se sont éloignées de Dieu au cours de ces dernières années, sans à peine se rendre compte de ce qui leur arrivait dans leur cœur. Aujourd’hui, Dieu leur apparaît comme un « être étrange ». Tout ce qui le concerne, leur paraît vide de sens : un monde enfantin de plus en plus éloigné.

Je les comprends. Je devine ce qu’ils peuvent ressentir. Moi aussi, je me suis éloigné petit à petit de ce « Dieu de mon enfance » qui éveillait au-dedans de moi tant de peurs, de malaise et de découragement. Sûrement, sans Jésus, je n’aurais jamais rencontré un Dieu qui est aujourd’hui pour moi un Mystère de bonté : une présence amicale et accueillante à laquelle je peux toujours faire confiance.

Vérifier ma foi par des preuves scientifiques ne m’a jamais attiré. Je crois que c’est une erreur que de traiter le mystère de Dieu comme si c’était un objet de laboratoire. Les dogmes religieux ne m’ont pas aidé non plus à rencontrer Dieu. Je me suis laissé simplement conduire par une confiance en Jésus qui s’est accrue à mesure que passaient les années.

Je ne saurais pas dire exactement comment ma foi tient toujours au milieu d’une crise religieuse qui me secoue personnellement comme elle secoue tout le monde. Je dirais seulement que c’est Jésus qui m’a entrainé à vivre ma foi en Dieu d’une manière simple et du fond de mon cœur. Si j’écoute, Dieu ne se tait pas. Si je m’ouvre, lui il ne se ferme pas. Si je lui fais confiance, il m’accueille. Si je me livre à lui, il me soutient. Si je m’enfonce, il me soulève.

Je crois que l’expérience primordiale et la plus importante est de nous sentir à l’aise avec Dieu, en le percevant comme une « présence salvatrice ». Lorsqu’une personne sait ce que veut dire vivre à l’aise avec Dieu, sachant que malgré notre médiocrité, nos erreurs et nos égoïsmes, il nous accueille tels que nous sommes, et nous pousse à affronter la vie dans la paix, c’est difficilement qu’elle abandonnera la foi. Beaucoup de personnes sont aujourd’hui en train d’abandonner Dieu avant même de l’avoir connu. Si elles connaissaient l’expérience de Dieu que Jésus nous communique, elles le chercheraient.

 

ENJOYING GOD

José Antonio Pagola.

The scene is captivating. Tired on his journey, Jesus sits down next to Jacob’s Well. Soon a woman arrives to draw water. She belongs to a semi-pagan people, despised by the Jews. Right out of the blue, Jesus begins the dialogue. He doesn’t know how to look down on anyone, only how to look at them with deep tenderness. “Woman, give me something to drink.”

The woman stops in her tracks. How dare he be in contact with a Samaritan? Why does he lower himself to speak with an unknown woman? Jesus’ words surprise her all the more: “If you only knew what God is offering and who it is that is saying to you, ’Give me something to drink’, you would have been the one to ask, and he would have given you living water.”

Many people, especially lately, find themselves far away from God, without even knowing what is really going on inside of them. By now God ends up ‘something strange’ to them. Everything connected to God seems to them to be empty and meaningless: a childish world, drifting back into the past.

I understand such people. I know what they can be feeling. I too find myself further and further away from such a “God of my childhood” that used to awaken in me so many fears, grief, unease. Probably without Jesus I never would have met a God who for me today is a Mystery of goodness: a presence that is friendly and welcoming, in whom I can always trust.

The task of verifying my faith with scientific proofs has never attracted me: I believe it’s wrong to treat the mystery of God as if it were a laboratory project. Neither have religious dogmas helped me to meet God. I simply have let myself be led by a confidence in Jesus that has continued growing over the years.

I wouldn’t know to say exactly how my faith sustains me today in a religious crisis that hits me as much as everyone else. I only would say that Jesus has brought me to live a faith in God in a simple way from the bottom of my being. If I listen, God isn’t silent. If I open myself, God isn’t closed. If I entrust myself, God welcomes me. If I give myself, God sustains me. If I fall down, God raises me up.

I believe that the first and most important experience is to find a way to enjoy God because we perceive God as a ‘saving presence’. When a person knows what it is to enjoy God because, in spite of our mediocrity, faults and selfishness, God welcomes us as we are and leads us to jump into life with peace, it would be difficult to abandon the faith. Many people today are abandoning God without ever having known God. If they would know the experience of God that Jesus spreads, they would be seeking God.

 

JAINKOAREKIN GUSTURA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Hunkigarria da pasadizoa. Bideaz nekaturik, Jakoben putzuaren ondoan eseri da Jesus. Handik laster, emakume bat iritsi da ur bila. Herri erdi paganokoa da, juduek mespretxatzen duten herrikoa. Guztiz espontaneoki, hizketan hasi zaio Jesus. Ez du hartzen inor ere mespretxuz, baizik maitasun handiz. «Emakumea, emadazu edaten».

Harritu egin da emakumea. Nolatan ausartu da samariar batekin hizketan hastera? Nolatan beheratu da emakume ezezagun batekin harremanetan hasiz? Are gehiago harrituko da Jesusen hitz hauekin: «Jainkoak ematen duena ezagutuko eta edatekoa nork eskatzen dizun jakingo bazenu, zeuk eskatuko zenioke berari, eta hark ur bizia emango lizuke».

Jende asko urrundu da, azken urte hauetan, Jainkoagandik, beraren barruan gertatzen ari denaz egiaz ohartu gabe. Gaur, «izaki arrotz» gertatzen zaio Jainkoa. Harekin erlazioa duen guztia, gauza huts iruditzen zaio, eta zentzurik gabeko: haurren mundu, gero eta urrunagoko.

Ulertzen diet. Badakit zer senti dezaketen. Ni neu ere urrunduz joan naiz pixkanaka «neure haurtzaroko Jainko harengandik», neure baitan halako beldurra eta atsekabea sortzen zidan harengandik. Segur aski, Jesus gabe inoiz ez nuen topo egingo niretzat ontasun Misterio den Jainko batekin: presentzia adiskidetsu eta abegikorra den harekin, zeinengan uste osoa izan baitezaket beti.

Inoiz ez dut gustuko izan, neure fedea froga zientifikoekin egiaztatzen ibiltzea: uste dut, errore bat dela Jainkoaren misterioa tratatzea, laborategiko gauza bat izan balitz bezala. Dogma erlijiosoek ere ez didate lagundu Jainkoarekin topo egiten. Soil-soilik, Jesusengan dudan uste onari utzi diot eraman nazan, urteekin haziz joan den uste onari.

Ez nuke asmatuko zehatz adierazten, nola eusten diodan gaur egun neure fedeari, gainerako jendea bezala ni neu ere nahasten nauen krisi erlijioso honetan. Soil-soilik esango nuke, Jesusek eragin didala Jainkoaz dudan neure fedea bizitzera, era xumean, barru-barrutik. Entzuteko prest banago, Jainkoa ez da isiltzen. Bihotza irekin badiot, Jainkoa ez da ezkutatzen. Uste ona agertzen badiot, onartzen nau. Neure burua eskaintzen badiot, sostengatzen nau. Lur jotzen badut, altxatzen nau.

Uste dut, lehen esperientzia eta garrantzizkoena, Jainkoarekin gustura bizitzea dela, «presentzia salbatzaile» bezala sumatzen dudala-eta. Pertsona bat jabetzen denean zer den Jainkoarekin gustura bizitzea, jakinik, gure eskastasun, errore, egoismoak eta guzti, garen bezalako onartzen gaituela, eta bizitzari aurre egitera eragiten digula, nekez utziko du fedea. Jende askok uzten du gaur egun Jainkoa alde batera, Hura ezagutu aurretik. Jesusek kutsatzen duen Jainkoaren esperientzia ezagutuko balute, haren bila ibiliko lirateke.

 

A GUST AMB DÉU

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

L’escena és captivadora. Cansat de caminar, Jesús s’asseu al costat del pou de Jacob. Aviat arriba una dona a treure aigua. Pertany a un poble semipagà, menyspreat pels jueus. Amb tota espontaneïtat, Jesús inicia el diàleg. No sap mirar ningú amb menyspreu, sinó amb tendresa gran. “Dóna’m aigua”.

La dona queda sorpresa. Com s’atreveix a entrar en contacte amb una samaritana? Com es rebaixa a parlar amb una dona desconeguda? Les paraules de Jesús la sorprendran encara més: “Si sabessis quin és el do de Déu i qui és el qui et diu: “Dóna’m aigua”, ets tu qui li n’hauries demanada, i ell t’hauria donat aigua viva”.

Són moltes les persones que, al llarg d’aquests anys, s’han anat allunyant de Déu, gairebé sense advertir el que realment estava passant al seu interior. Avui Déu els resulta un “ésser estrany”. Tot el que està relacionat amb ell, els sembla buit i sense sentit: un món infantil, cada vegada més llunyà.

Els entenc. Sé el que poden sentir. Jo també m’he anat allunyant a poc a poc d’aquell “Déu de la meva infantesa” que despertava dins meu tantes pors, neguits i malestar. Probablement, sense Jesús mai m’hagués trobat amb un Déu que avui és per a mi un Misteri de bondat: una presència amistosa i acollidora en qui puc confiar sempre.

Mai m’ha atret la tasca de verificar la meva fe amb proves científiques: crec que és un error tractar el misteri de Déu com si fos un objecte de laboratori. Tampoc els dogmes religiosos m’han ajudat a trobar-me amb Déu. Senzillament m’he deixat conduir per una confiança en Jesús que ha anat creixent amb els anys.

No sabria dir exactament com se sosté avui la meva fe enmig d’una crisi religiosa que em sacseja també a mi com a tothom. Només diria que Jesús m’ha portat a viure la fe en Déu de manera senzilla des del fons del meu ésser. Si jo escolto, Déu no calla. Si jo m’obro, ell no es tanca. Si jo em confio, ell m’acull. Si jo em lliuro, ell em sosté. Si jo m’enfonso, ell m’aixeca.

Crec que l’experiència primera i més important és trobar-nos a gust amb Déu perquè el percebem com una “presència salvadora”. Quan una persona sap el que és viure a gust amb Déu perquè, malgrat la nostra mediocritat, els nostres errors i egoismes, ell ens acull tal com som, i ens impulsa a enfrontar-nos a la vida amb pau, difícilment abandonarà la fe. Moltes persones estan avui abandonant Déu abans d’haver-lo conegut. Si coneguessin l’experiència de Déu que Jesús encomana, el buscarien.

 

A GUSTO CON DEUS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

A escena é cativadora. Canso do camiño, Xesús séntase xunto do manancial de Xacobe. Ben axiña chega unha muller sacar auga. Pertence a un pobo semi-pagano , desprezado polos xudeus. Con toda espontaneidade, Xesús inicia o diálogo. Non sabe mirar a ninguén con desprezo, senón con tenrura grande. “Muller, dáme de beber”.

A muller fica sorprendida. Como se atreve a entrar en contacto cunha samaritana? Como se rebaixa a falar cunha muller descoñecida?. As palabras de Xesús sorprendérona aínda máis: “Se coñeceses o don de Deus e quen é o que che pide de beber, pediríaslle ti, e el daríache da auga da vida”.

Son moitas as persoas que, ao longo destes anos, se irán afastando de Deus, sen advertir ben o que realmente estaba ocorrendo no seu interior. Hoxe Deus resúltalles un “ser estraño”. Todo o que está relacionado con el, parécelles baleiro e sen sentido: un mundo infantil, cada vez máis afastado.

Enténdoos. Sei ben o que poden sentir. Tamén eu me fun afastando aos poucos daquel “Deus da miña infancia” que espertaba dentro de min tantos medos, desazón e malestar. Probabelmente, sen Xesús nunca me tivese atopado cun Deus que hoxe é para min un Misterio de bondade: unha presenza amizosa e acolledora en quen podo confiar sempre.

Nunca me atraeu a tarefa de verificar a miña fe con probas científicas: xulgo que é un erro tratarmos o misterio de Deus coma se fose un obxecto de laboratorio. Tampouco os dogmas relixiosos me axudaron a atoparme con Deus. Sinxelamente, deixeime conducir por unha confianza en Xesús que ha ir medrando cos anos.

Non sabería dicir exactamente como se sostén hoxe a miña fe no medio dunha crise relixiosa que tamén me sacode a min como a todos. Só diría que Xesús me trouxo a vivir a fe en Deus de xeito sinxelo desde o fondo do meu ser. Se eu escoito, Deus non cala. Se eu me abro, el non se encerra. Si eu confío, el acólleme. Se eu me entrego, el sostenme. Se eu me afundo, el levántame.

Creo que a experiencia primeira e a máis importante é atopármonos a gusto con Deus porque o percibimos coma unha “presenza salvadora”. Cando unha persoa sabe o que é vivir a gusto con Deus, porque, malia os nosos erros e egoísmos e a nosa mediocridade, el acóllenos tal como somos e impúlsanos a enfrontármonos á vida con paz, dificilmente abandonará a fe. Moitas persoas están hoxe abandonando a Deus antes de telo coñecido. Se coñecesen a experiencia de Deus que Xesús contaxia, buscaríano.

Fe sencilla

Publicado: 29 enero, 2014 en BIBLIA
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ancianaPresentación del Señor (A) Lucas 2, 22-40
FE SENCILLA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/01/14.- El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres.

Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?

Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.

Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.

Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.

Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.

Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

FÉ SIMPLES

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O relato do nascimento de Jesus é desconcertante. Segundo Lucas, Jesus nasce numa aldeia onde não há sitio para o acolher. Os pastores tiveram que o procurar por toda Belém até que o encontraram num local afastado, encostado num casebre, sem mais testemunhas que os Seus pais.

Ao que parece, Lucas sente necessidade de construir um segundo relato em que essa criança seja retirada do anonimato para ser apresentado publicamente. Que lugar mais apropriado que o Templo de Jerusalém para que Jesus seja acolhido solenemente como o Messias enviado por Deus ao Seu povo?

Mas, de novo, o relato de Lucas vai ser desconcertante. Quando os pais se aproximam do Templo com a criança, não saem ao seu encontro os sumos-sacerdotes nem os outros dirigentes religiosos. Dentro de uns anos, eles serão os que o entregarão para ser crucificado. Jesus não encontra acolhimento nessa religião segura de si mesma e esquecida do sofrimento dos pobres.

Tampouco vêm a recebe-lo os mestres da Lei que predicam as suas “tradições humanas” nos átrios daquele Templo. Anos mais tarde, rejeitam Jesus por curar doentes quebrando a lei do sábado. Jesus não encontra acolhimento nas doutrinas e tradições religiosas que não ajudam a viver uma vida mais digna e mais sã.

Quem acolhe Jesus e o reconhece como Enviado de Deus são os anciãos de fé simples e coração aberto que viveram ao longo da sua vida esperando a salvação de Deus. Os sus nomes parecem sugerir que são personagens simbólicos. O ancião chama-se Simão (“O Senhor escutou”), a anciã chama-se Ana (“Oferenda”). Estes representam a tanta gente de fé simples que, em todos os povos de todas os tempos, vivem com a sua confiança posta em Deus.

Os dois pertencem aos ambientes mais sãos de Israel. São conhecidos como o “Grupo dos Pobres de Javé”. São gente que não tem nada, só a sua fé em Deus. Não pensam na sua fortuna nem no seu bem-estar. Só esperam de Deus a “consolação” que necessita o seu povo, a “libertação” que têm procurado geração atrás de geração, a “luz” que ilumina as trevas em que vivem os povos da terra. Agora sentem que as suas esperanças se cumprem em Jesus.

Esta fé simples que espera de Deus a salvação definitiva é a fé da maioria. Uma fé pouco cultivada, que se concretiza quase sempre em orações lentas e distraídas, que se formula em expressões pouco ortodoxas, que se desperta sobretudo em momentos difíceis de dificuldade. Uma fé que Deus não tem nenhum problema em entender e acolher.

 

FEDE SEMPLICE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Il racconto della nascita di Gesù è sconcertante. Secondo Luca, Gesù nasce in un villaggio nel quale non c’è posto per accoglierlo. I pastori hanno dovuto cercarlo per tutta Betlemme finché lo hanno trovato in un luogo appartato, adagiato in una mangiatoia, senza altri testimoni che i suoi genitori.

Sembra che Luca senta la necessità di costruire un secondo racconto nel quale il bambino sia riscattato dall’anonimato per essere presentato pubblicamente. Quale luogo più appropriato del Tempio di Gerusalemme perché Gesù sia accolto solennemente come il Messia inviato da Dio al suo popolo?

Ma di nuovo il racconto di Luca sarà sconcertante. Quando i genitori si avvicinano al Tempio col bambino, non vengono a incontrarlo i sommi sacerdoti né gli altri capi religiosi. Fra qualche anno, saranno loro a consegnarlo per essere crocifisso. Gesù non trova accoglienza in quella religione sicura di se stessa e dimentica della sofferenza dei poveri.

Non vengono a riceverlo nemmeno i maestri della Legge che predicano le loro “tradizioni umane” negli atri di quel Tempio. Qualche anno dopo, rifiuteranno Gesù perché guarisce infermi, rompendo la legge del sabato. Gesù non trova accoglienza in dottrine e tradizioni religiose che non aiutano a vivere una vita più degna e più sana.

Chi accoglie Gesù e lo riconosce come Inviato da Dio sono due anziani dalla fede semplice e dal cuore aperto, che hanno vissuto la loro lunga vita aspettando la salvezza di Dio. I loro nomi sembrano suggerire che sono personaggi simbolici. L’anziano si chiama Simeone (“Il Signore ha ascoltato”), l’anziana si chiama Anna (“Dono”). Rappresentano tanta gente dalla fede semplice che, in tutti i popoli di tutti i tempi vive con la fiducia riposta in Dio.

I due appartengono agli ambienti più sani d’Israele. Sono conosciuti come il “Gruppo dei Poveri di Jahvè”. Sono persone che non hanno nulla, solo la loro fede in Dio. Non pensano alla loro fortuna né al loro benessere. Aspettano solo da Dio la “consolazione” di cui ha bisogno il suo popolo, la “liberazione” che vanno cercando generazione dopo generazione, la “luce” che illumina le tenebre in cui vivono i popoli della terra. Ora sentono chele loro attese si compiono in Gesù.

Questa fede semplice che aspetta da Dio la salvezza definitiva è la fede della maggioranza. Una fede poco coltivata, che si concreta quasi sempre in preghiere goffe e distratte, che si formula in espressioni poco ortodosse, che si risveglia soprattutto in momenti difficilidi angoscia. Una fede che Dio non ha alcun problema a comprendere e accogliere.

 

UNE FOI SIMPLE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le récit de la naissance de Jésus est déconcertant. D’après Luc, Jésus naît dans un village où il n’y a pas d’endroit pour l’accueillir. Les bergers ont été obligés de le chercher dans tout Bethléem jusqu’à ce qu’ils le trouvent dans un lieu écarté, couché dans une mangeoire, sans autres témoins que ses parents.

Vraisemblablement, Luc sent le besoin de construire un deuxième récit dans lequel l’enfant sera tiré de l’anonymat pour être présenté publiquement. Quel lieu plus approprié que le Temple de Jérusalem pour l’accueil solennel de Jésus en tant que Messie envoyé par Dieu à son peuple ?

Mais le récit de Luc sera à nouveau déconcertant. Lorsque les parents s’approchent du Temple avec l’enfant, ce ne sont ni les grands prêtres ni les autres dirigeants religieux qui sortent à leur rencontre. Ceux-là même qui, dans quelques années, le livreront pour être crucifié. Jésus ne trouve pas d’accueil dans cette religion sûre d’elle-même et qui oublie la souffrance des pauvres.

Les maîtres de la Loi qui prêchaient leurs « traditions humaines » dans les parvis de ce Temple-là, ne sortent pas non plus à leur rencontre. Ceux-là même qui, quelques années plus tard rejetteront Jésus pour avoir guéri des malades en bravant la loi du sabbat. Jésus ne trouve pas d’accueil dans des doctrines et dans des traditions religieuses qui n’aident pas à mener une vie plus digne et plus saine.

Ceux qui accueillent Jésus et le reconnaissent comme l’Envoyé de Dieu, ce sont deux vieillards d’une foi simple et d’un cœur ouvert, qui ont passé leur longue vie à attendre le salut de Dieu. Leurs noms semblent suggérer que ce sont des personnages symboliques. Le vieil homme s’appelle Siméon (« Le Seigneur a écouté ») et la vieille femme s’appelle Anne (« Cadeau »). Ils représentent toutes les personnes, de tous les temps et de tous les peuples, vivant leur confiance en Dieu avec une foi simple.

Tous les deux appartiennent aux couches les plus saines d’Israël. Ils sont connus sous le nom de « Groupe des pauvres de Yahvé ». Des gens qui n’ont rien, à part leur foi en Dieu. Des gens qui ne pensent ni à leur fortune ni à leur bien-être. Ils n’attendent de Dieu que la « consolation » dont leur peuple a besoin, la « libération » qu’ils recherchent de génération en génération, la « lumière » qui éclaire les ténèbres où sont plongés les peuples de la terre. Ils sentent maintenant que leurs espoirs sont en train de s’accomplir en Jésus.

Cette foi simple qui attend de Dieu le salut définitif c’est la foi de la majorité. Une foi peu cultivée, qui se manifeste très souvent dans des prières médiocres et distraites, formulée dans des expressions peu orthodoxes, qui se réveille surtout à des moments de difficulté et d’angoisse. Une foi dont l’accueil et la compréhension ne posent à Dieu aucun problème.

SIMPLE FAITH

José Antonio Pagola.

The story of Jesus’ birth is unsettling. According to Luke, Jesus is born in a village where there is no place to welcome him. The shepherds had to look all over Bethlehem until they found him in an out of the way place, lying in a manger, with no witnesses but his parents.

Seemingly Luke feels the need to construct a second story in which the child is rescued from anonymity to be presented publically. What place would be more appropriate than the Temple of Jerusalem to solemnly welcome Jesus as the Messiah sent by God to the people?

But once again, Luke’s story ends up unsettling. When Jesus’ parents come to the Temple with the child, neither the high priests nor the other religious leaders come out to meet him. In just a few years they will be the ones to hand him over to be crucified. Jesus doesn’t find a welcome in that religion that is closed in on itself and forgets the suffering of the poor.

Nor do the teachers of the Law come to receive him – those who preach their “human traditions” in the porticos of the temple. Later on they will reject Jesus for healing the sick as he breaks the Sabbath law. Jesus doesn’t find a welcome in doctrines and religious traditions that don’t help to live a more dignified and more whole life.

The ones who welcome Jesus and recognize him as the One Sent by God are two old people of simple faith and open heart who have lived their long life awaiting God’s salvation. Their names seem to suggest that they are symbolic characters. The old man is called Simeon (“The Lord has listened”), the old woman is called Anna (“Gift”). They represent so many people of simple faith who, in every people of every time, live with their trust placed in God.

These two belong to the most healthy environment in Israel. They are known as the “Group of the Poor of Yahweh”. They are people who have nothing but their faith in God. They aren’t thinking of their fortune or their welfare. They only hope from God the “consolation” that God’s people needs, the “liberation” that they’ve been seeking for generations, the “light” that brightens the darkness in which the people of the earth live. Now they feel that their hopes are fulfilled in Jesus.

This simple faith that awaits the final salvation from God is the faith of the majority. A faith not very developed, that finds expression almost always in clumsy and meandering prayers, that is formulated in expressions not very orthodox, that is awoken above all in difficult times of hardship. A faith that God finds no problem in understanding and welcoming.

FEDE XUMEA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen jaiotzaren kontakizuna txundigarria da. Lukasen arabera, harrera egiteko lekurik ez duen herri batean jaio da Jesus. Artzainek Betleem osoan ibili behar izan dute haren bila, harik eta bazter batean aurkitu duten arte, ganadu-aska batean etzana, gurasoak beste lekukorik gabe.

Itxuraz, Lukasek bigarren kontakizun bat eraiki beharra sentitu du, haurra anonimatutik atera eta jendaurrean aurkezteko. Eta zein leku egokiagorik Jerusalemgo Tenplua baino, Jesus handikiro onartu izateko, Jainkoak bere herriari bidaliko Mesias bezala?

Alabaina, berriro ere txundigarria izango da Lukasen kontakizuna. Gurasoak haurrarekin Tenplura hurbildu direnean, ez zaizkie bidera irten ez apaiz nagusiak, ez gainerako gidari erlijiosoak. Urte batzuen buruan, horiek salduko dute gurutzean josi dezaten. Jesusek ez du izan onarpenik bere buruaz seguru eta pobreen sufrimenduaz ahazturik den erlijio horretan.

Ez dira etorri harrera egitera lege-maisuak ere, beren «giza tradizioak» Tenpluaren aterpean predikatzen zituzten haiek. Urte batzuk geroago, uko egin diote Jesusi, larunbataren legea hausten duelako. Jesusek ez du ezagutu onarpenik bizitza era duinago eta sanoagoan bizitzeko laguntza ez diren irakaspen eta tradizio erlijiosoetan.

Jesus onartu eta Jainkoaren Bidalitzat aitortu dutenak, adin handiko bi lagun izan dira; fede xumea dute eta bihotza irekia; beren bizitza luzean Jainkoaren salbamenaren zein bizi izan dira. Ematen du, pertsonaia sinboliko ote diren iradokitzen dutela beraien izenek. Gizonezkoak Simeon du izena (hau da: «Jaunak entzun du»); emakumeak Ana du izena (hau da: «Erregalua»). Aldi guztietan eta herri guztietan, bere konfiantza Jainkoagan ezarririk bizi izan den fede xumeko hainbat eta hainbat jenderen ordezkari dira biak.

Biak dira Israel herriko ingurune sanokoak. «Yahveren Pobreen Taldekotzat» hartuak dira biak. Ezer ez duten jendea dira, soil-soilik Jainkoaganako beren fedea dute. Ez dute buruan, ez beren aberastasunik, ez beren ongizaterik. Hauxe espero dute soilik: beren herriak behar duen «kontsolamendua», belaunez belaun bila ari diren «askapena», lurreko herriek bizi duten ilunpea argituko duen «argia». Eta hona: beren esperantzak Jesusengan bete direla sentitu dute orain.

Behin betiko salbazioa Jainkoagandik espero duen fede xume hau gehiengoaren fedea da. Fede bat gutxi landua, kasik beti otoitz trakets eta zabartuan gauzatzen dena, adierazpen ez oso ortodoxotan formulatzen dena, batez ere larrialdi zailetan esnatzen dena. Fede bat, zeina ulertzeko eta onartzeko Jainkoak inolako arazorik ez duena.

FE SENZILLA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El relat del naixement de Jesús és desconcertant. Segons Lluc, Jesús neix en un poble en el qual no hi ha lloc per acollir-lo. Els pastors l’han hagut de cercar per tot Betlem fins que l’han trobat en un lloc apartat, ajagut en una menjadora, sense més testimonis que els seus pares.

Pel que sembla, Lluc sent necessitat de construir un segon relat en el que el nen sigui rescatat de l’anonimat per ser presentat públicament. Quin lloc més apropiat que el Temple de Jerusalem perquè Jesús sigui acollit solemnement com el Messies enviat per Déu al seu poble?

Però, de nou, el relat de Lluc serà desconcertant. Quan els pares s’apropen al Temple amb el nen, no surten a rebre’l els grans sacerdots ni els altres dirigents religiosos. D’aquí a uns anys, ells seran els qui el lliuraran per ser crucificat. Jesús no troba acollida en aquesta religió segura de si mateixa i que oblida el sofriment dels pobres.

Tampoc vénen a rebre’l els mestres de la Llei que prediquen les seves “tradicions humanes” en els atris d’aquell Temple. Anys més tard, rebutjaran Jesús per guarir malalts trencant la llei del dissabte. Jesús no troba acollida en doctrines i tradicions religioses que no ajuden a viure una vida més digna i més sana.

Els qui acullen Jesús i el reconeixen com Enviat de Déu són dos ancians de fe senzilla i cor obert que han viscut la seva llarga vida esperant la salvació de Déu. Els seus noms semblen suggerir que són personatges simbòlics. L’ancià es diu Simeó (“El Senyor ha escoltat”), l’anciana es diu Anna (“Regal”). Ells representen a tanta gent de fe senzilla que, en tots els pobles de tots els temps, viuen amb la seva confiança posada en Déu.

Els dos pertanyen als ambients més sans d’Israel. Són coneguts com el “Grup dels Pobres de Jahveh”. Són gent que no tenen res, només la seva fe en Déu. No pensen en la seva fortuna ni en el seu benestar. Només esperen de Déu la “consolació” que necessita el seu poble, “l’alliberament” que estan cercant generació rere generació, la “llum” que il•lumini les tenebres en què viuen els pobles de la terra. Ara senten que les seves esperances es compleixen en Jesús.

Aquesta fe senzilla que espera de Déu la salvació definitiva és la fe de la majoria. Una fe poc cultivada, que es concreta gairebé sempre en oracions maldestres i distretes, que es formula en expressions poc ortodoxes, que es desperta sobretot en moments difícils de compromís. Una fe que Déu no té cap problema en entendre i acollir.

FE SINXELA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O relato do nacemento de Xesús é desconcertante. Segundo Lucas, Xesús nace nun pobo no que non hai sitio para acollelo. Os pastores han ter de buscar por todo Belén ata que o atoparon nun lugar apartado, recostado nun presebe, sen máis testemuñas que os seus pais.

Ao parecer, Lucas sente necesidade de construír un segundo relato no que o neno sexa rescatado do anonimato para ser presentado publicamente. Que lugar máis apropiado que o Templo de Xerusalén para que Xesús sexa acollido solemnemente como o Mesías enviado por Deus ao seu pobo?

Pero, de novo, o relato de Lucas vai ser desconcertante. Cando os pais se achegan ao Templo co neno, non saen ao seu encontro os sumos sacerdotes nin os demais dirixentes relixiosos. Dentro duns anos, eles serán quen o entregarán para ser crucificado. Xesús non atopa acollida nesa relixión segura de si mesma e esquecida do sufrimento dos pobres.

Tampouco veñen recibilo os mestres da Lei que predican as súas “tradicións humanas” nos atrios daquel Templo. Anos máis tarde, rexeitarán a Xesús por ter curado enfermos rompendo a lei do sábado. Xesús non atopa acollida en doutrinas e tradicións relixiosas que non axudan a vivir unha vida máis digna e máis sa.

Quen acolle a Xesús e o recoñece como Enviado de Deus son dous anciáns de fe sinxela e corazón aberto que viviron a súa longa vida esperando a salvación de Deus. Os seus nomes parecen suxerir que son personaxes simbólicas. O ancián chámase Simeón (“O Señor escoitou”), a anciá chámase Ana (“Agasallo”). Eles representan a tanta xente de fe sinxela que, en todos os pobos de todas os tempos, viven coa súa confianza posta en Deus.

Os dous pertencen aos ambientes máis sans de Israel. Son coñecidos como o “Grupo dos Pobres de Iahvé”. Son xentes que non teñen nada, só a súa fe en Deus. Non pensan na súa fortuna nin no seu benestar. Só esperan de Deus a “consolación” que necesita o seu pobo, a “liberación” que levan buscando xeración tras xeración, a “luz” que ilumine as tebras en que viven os pobos da terra. Agora senten que as súas esperanzas cúmprense en Xesús.

Esta fe sinxela que espera de Deus a salvación definitiva é a fe da maioría. Unha fe pouco cultivada, que se concreta case sempre en oracións torpes e distraídas, que se formula en expresións pouco ortodoxas, que se esperta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Unha fe que Deus non ten ningún problema en entender e acoller.

Recuperar la Navidad

Publicado: 23 diciembre, 2013 en DENUNCIA / ANUNCIO
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Navidad...RECUPERAR LA NAVIDAD
JOSEP CORNELLÀ, cornella@comg.cat
GIRONA.

ECLESALIA, 23/12/13.- Dicen que, hace muchos años, los hombres se asustaron cuando tomaron conciencia de que los días se acortaban y el sol duraba menos horas en el cielo. Dicen que los hombres creyeron que era un presagio de que el mundo acabaría. Y tenían miedo. Y entonces intentaron modificar sus vidas. Compraban mucho, comían mucho, e iluminaban las calles. Ya que los árboles perdían la hoja, ponían guirnaldas de pino y de abeto para dar la impresión de que la vida seguía a pesar del crudo invierno. Y con estos engaños pretendían detener el tiempo. Pero el tiempo no se detenía. Y, de repente, el sol volvía a alzarse sobre el horizonte. Y hacían una fiesta. Pero al cabo del año, se repetía el mismo ciclo. Y la luminosidad del sol que renacía no era capaz de desvanecer aquellos sentimientos de miedo.

Hace poco más de dos mil años, dicen, sucedió un hecho excepcional en la actual Palestina. Con un niño, dicen, había nacido una esperanza. Y dicen que, por unas horas, en aquel lugar, los hombres proclamaban la Paz y hacían propósitos de vivir con sencillez. Pero duró poco. Los cánticos de alegría de esa noche se desvanecieron. Aquel niño creció y, dicen, sus palabras no fueron del agrado de los que tenían la sartén por el mango. Y acabó mal. Y, a pesar del esfuerzo y la perseverancia de algunos de sus seguidores, su memoria quedó encorsetada en unos ritos y en unas costumbres que no evolucionaban con el paso de los años.

Y, a pesar de afirmar que aquel nacimiento había cambiado sus vidas, los hombres volvieron a preocuparse ante el paso del tiempo. Y volvió el miedo a la muerte. Y ante los días que se acortaban, encendían luces en la calle, se compraban más y más tonterías en un esfuerzo por acaparar lo que prometía una vida perdurable, y se lanzaban a comer y beber. Era como una lucha por la subsistencia, una lucha para no desaparecer con el último rayo de sol de cada tarde.

Pero, dicen que, poco a poco, después de una grave crisis, los hombres volvieron a mirar hacia su interior. Y vieron como la racionalidad excesiva y el consumismo exacerbado generaba una saturación existencial y un sentimiento de profunda decepción. Descubrieron que la felicidad no estaba en la materialidad de las cosas, sino en las dimensiones relacionadas con el corazón, con los afectos, y con las relaciones de amor, de solidaridad y de compasión. Y, dicen que, poco a poco, los hombres descubrieron, en su profundo interior, una dimensión espiritual que no habían osado desarrollar. Y, con la dimensión espiritual, fueron capaces de celebrar la Navidad. Y recuperaron de nuevo el mensaje de aquella noche en que, hacía dos mil años, había nacido el niño. Aquel mensaje que decía “No temáis, os anuncio una gran alegría, os ha nacido un Salvador, que veréis en un pobre pesebre, y envuelto en pañales”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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