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MI TESTIMONIO DE CRISTIANO EN LA VIDA PÚBLICA
BENJAMÍN FORCANO, teólogo, bforcanoc@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 27/03/17.- Comenzaría por preguntar si obedece a motivo especial el que se me pida exponer mi testimonio cristiano en la vida pública.

Yo no estaría aquí ni vosotros podríais leerme si no partimos del supuesto de que, como personas, somos interioridad y exterioridad, con derecho a una intimidad, pero no derecho absoluto, pues nuestra interioridad es también apertura y relación. Y si es verdad que nuestro conocimiento y autoposesión escapa a todo dominio, también es cierto que nuestro yo sólo se conoce y realiza de verdad en la convivencia con los otros. Somos seres relacionales, impensables fuera de una relación social.

Creo que la vida pública está regulada por un código ético-cultural-religioso que guía a la mayoría. Sólo cuando alguien se manifiesta crítico con ese código, se lo convierte en noticia, por lo que puede indicar de novedad, libertad, atrevimiento,…No sé si en el fondo una conducta de este tipo resulta excitante porque muchos pueden verse reflejados en ella, y sin embargo no se atreven a expresarlo.

A mí al menos me ha pasado que, después de dar una conferencia, personas muy variadas se me han acercado para congratularse conmigo y alentarme a seguir, confesando su miedo y retraimiento.

  • O, incluso, lo han hecho sin reparo, gritando ante el público: . “20 años antes tenía que haber venido Vd.”.
  • O también, ante la pregunta de un párroco al público que me escuchaba, si “¿el padre ha dicho algún disparate?”, un señor allí presente, muy respetado, exclamó: . “Hermosísimos disparates, ya era hora que se dijera estas cosas en público”.
  • O lo que, en un país extranjero, en conferencia que di a gente de alto nivel político y en buena parte atea, me dijo el presidente: . “Mire Vd., si una quinta parte de lo que Vd. ha dicho , lo dijeran aquí los obispos, mañana mismo me iba a confesar”.
  • O lo que, en unos ejercicios espirituales a monjes cistercienses, tras una conferencia de diálogo animado y después de retirarme a mi habitación, llaman a mi puerta y me aborda el prior con cinco monjes más con estas palabras: . “Benjamín, no te acojones, dales caña”.

Claro, que no que no faltan anécdotas de lado opuesto:

  •  Te invito, le decía un señor a una amiga, a una conferencia de Benjamín Forcano. . ¿Benjamín Forcano? La peste.
  •  ¿Por qué no te decides a entrar?, pues está claro que tienes vocación. .No, responde quien venía tratando el tema conmigo. Es que ahora estoy estudiando a los teólogos de la Liberación.
  • ¿A los teólogos de la liberación? Pero, si son los masones en la Iglesia.
  • Cuando fui a Roma, con ocasión de mi proceso, pregunté a un monseñor, de un dicasterio romano: . Según el Sínodo de la Justicia, de 1972, “El acusado tiene derecho a saber quién lo acusa”. Me importaría saberlo. . Hombre, me contestó, si dijéramos quien acusa ya nunca nadie acusaría.
  • Y le hice otra pregunta: ¿los peritos encargados de examinar la doctrina de un teólogo cuestionado son de oficio o elegidos para cada caso? No, son de oficio. Pero te digo una cosa, son pocos y malos.
  • Cuando fui a Roma, me entero que mi superior general y el P. Bernhard Häring, cada uno por su parte, piden al cardenal Ratzinger que pueda tener una entrevista conmigo. El cardenal había abierto proceso contra mi libro Nueva Ética Sexual. Y según el reglamento de la “Ratio Agendi”, el cardenal tenía obligación de leerlo. . Pues bien, a uno y otro, por separado, les dijo no haberlo leído. Y las acusaciones venían firmadas por él.

Para entender nuestro estilo de vida cristiana es preciso evocar el momento histórico en que nos toca actuar. A nuestra generación le toca vivir un acontecimiento fundamental: la celebración del concilio Vaticano II (1962-1965). Un acontecimiento que llega en los albores de nuestra juventud, cuando bullían en el ambiente ideas, anhelos y propuestas de cambio. El Papa Juan XXIII enardeció nuestras expectativas.

Lo que luego pasó es historia y lo sabemos todos. Un período posconciliar relativamente breve para la aceptación del Vaticano II y otro más largo en el que los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI iniciaron la restauración y consolidaron una severa involución por casi 40 años. Un largo invierno eclesial, la Institución eclesiástica programó y coordinó con habilidad la paralización de la renovación conciliar.

El dilema que se nos planteaba entonces era claro: seguir las pautas del concilio o rechazarlo; fidelidad al modelo preconciliar tridentino o apuesta por el nuevo, con todos los cambios aprobados.

Nuestra comunidad cristiana viene de una historia, se ha forjado generación tras generación, es heredera de un patrimonio cultural, que transmite con fiel uniformidad. En general, avanza lentamente, renueva poco o nada y, sin quererlo, va urdiendo la necesidad de un cambio. En esta nuestra comunidad, predominaba la pasividad y la reverencia a la autoridad. Como si todo estuviera dicho y acabado en el pasado y no nos quedara más suerte que reproducir lo heredado.

Sin embargo, en el fuero interno, ese actitud sumisa, se fue mostrando cada vez más distante del poder y adoctrinamiento clerical. No en vano, se produjeron avances científicos y tecnológicos, movimientos y cambios sociales importantes, revoluciones, desde las que la sociedad recuperaba autonomía, derechos y emancipación. Se iban constituyendo dos mundos paralelos: el de la Iglesia que se atrincheraba en su inmovilismo y endiosamiento de la cultura del pasado y el de la sociedad que recuperaba independencia frente al poder clerical y demandaba derecho al saber, a la libertad y al progreso.

Se hacía evidente que no se podían cerrar las puertas al cruce de nuevas ideas, que hacían imposible seguir preservando a la Iglesia como una fortaleza imbatible.

Llega, por fin, en nuestro tiempo, el concilio Vaticano II y se abre una nueva etapa en la que la Iglesia replantea muchas de sus tradicionales doctrinas y establece un nuevo trato con el mundo, con las ciencias y la cultura moderna. La Iglesia se declara sirvienta de la Humanidad, reconoce ser inviolable la autonomía de la razón y de la ciencia, denuncia la perversidad del sistema capitalista, reexamina su propia estructura antidemocrática, hace opción por los pobres, y vuelve al Evangelio y recupera su misión de anunciar la novedad del Evangelio, el proyecto de Jesús, que puede ayudar a crear una nueva sociedad.

En este contexto, me toca a mi entrar y se sitúa mi testimonio cristiano.

Las razones y proyecto de mi testimonio

1. Mi testimonio parte del Evangelio de Jesús de Nazaret, un proyecto que es base, camino y meta para realizar con autenticidad y felicidad la vida y convivencia humanas.

2. Ese proyecto considero que es válido para todo ser humano, pues parte de algo que es común a todos. Como personas, somos portadores de una misma dignidad, que nos confiere derechos y responsabilidades inalienables, cualquiera que fuere el lugar o cultura a que pertenecemos.

Mi ética teológica parte del principio de que todo prójimo es otro yo, su vida es como la mía, vale tanto como la mía, y no estoy dispuesto a tolerar nada que le dañe, discrimine, engañe o menosprecie, como no estoy dispuesto a tolerarlo en mí mismo. Mi ética no es disyuntiva “él o yo”, sino conjuntiva “él y yo”. Mi vida, mi dignidad, mi libertad y mi felicidad no son posibles al margen, contra o sin la vida, la dignidad, la libertad y la felicidad de los otros.

Lo natural en mí es el amor, la justicia, la humildad, el respeto, la sinceridad, la coherencia, la libertad, la compasión, el compartir y no el odio, la injusticia, la soberbia, el desprecio, la mentira, la hipocresía, la avaricia, la dureza de corazón: El hombre es para el hombre hermano y no lobo.

3. Este proyecto abarca la existencia entera, regida por unos principios y valores universales, derivados de esa dignidad, y por los que se puede establecer una convivencia, sustentada en el consenso y respeto de todos. Todo ser humano merece un trato humano, según la regla de oro: “No quieras para nadie lo que no quieras para ti” o “Trata a los demás como tú quieres que te traten a ti”. El respeto a la dignidad de la persona es pilar de la relaciones interpersonales y sociales y de las relaciones entre unos y otros pueblos y descalifica cualquier intento de explotación y dominación.

4. Desde estos principios, resulta inadmisible una dualidad ética entre una vida privada y pública; entre un testimonio cristiano de compromiso real y otro idealista, desconectado de la historia, de las tareas terrenales y del vivir sociocultural y político; encuentro contradictoria la contraposición entre religiones y autonomía humana, entre ciencia y fe, entre ética y teología. El testimonio cristiano tiene como sujeto y objeto al hombre entero.

5. Este proyecto, que tiene como base la dignidad humana, va incluido en mi credo cristiano. Yo no puedo ser cristiano sin ser persona, el primer artículo de mi fe cristiana es “yo creo en el hombre”, en su dignidad y racionalidad , en su libertad y responsabilidad, en sus derechos y deberes , en su valor por encima de todo precio.

Universalidad y peculiaridad de mi testimonio

Dentro de este marco ético- evangélico cobra sentido el testimonio en la vida pública: nada queda al margen, nada puede ser neutral.

¿De qué manera? ¿Cómo actuar para lograrlo? Aquí entra en acción la biografía personal de cada uno. Yo me he dedicado a anunciar y hacer valer este proyecto desde la visión inclusiva y global del Evangelio de Jesús de Nazaret. Todo esto ha supuesto esfuerzo, dedicación y convencimiento para hacerla llegar y aplicarla a los más diversos temas, .

Esa visión la he ido adquiriendo, profundizando y transmitiendo acerca de muy diversos temas, con documentación y perspectiva histórica, en búsqueda y diálogo con la enseñanza de otros científicos, expertos y teólogos, con estilo popular, con libertad, con serenidad , sin miedo, con el objetivo de animar, iluminar, liberar y confortar.

¿De qué manera?

  • Desde mi estudio e investigación, desde la docencia (como profesor por más de 25 años en centros universitarios de Roma, Salamanca, Madrid, Bogotá…
  • Desde foros, congresos, conferencias, escritos, artículos y libros, dirección de revistas y desde una editorial, desde el espacio confidencial para escuchar y ayudar a resolver conflictos, dudas y problemas.
  • Desde la radio, la televisión y otros medios, allí donde he estado y se me ha reclamado, en España y fuera de España.

Siempre me ha guiado una actitud pegada a la verdad y a la justicia, a los más pobres y desvalidos, y una visión abierta y definida, que he aplicado en cada uno de los temas que me ha tocado tratar, movido por las angustias y sufrimientos de quienes los sufrían, agravados muchas veces injustamente por la ignorancia y dogmatismo de quienes les correspondía dirigir, educar y enseñar.

En esta mi tarea, como es natural, me ha tocado sentir por una parte el aliento, el parabién, el agradecimiento, el aplauso y , por otra, la desconfianza, la censura, la marginación y hasta medidas de represión contra mi actividad teológico-pastoral y ético-cultural en sus diversos frentes.

He tratado de ser de una pieza: en el obrar , en el sentir y en el pensar. O en el pensar, en el sentir y en el obrar.

Creo que estamos hartos de tanta dualidad, sobre todo en los que se mueven en la vida pública, lo que se es de verdad y lo que aparece. Es una gran herejía de hoy y de ayer, contraponer y dividir en lugar de unir e integrar: si se es cordial no se puede ser racional; si se es humano, no se puede ser cristiano; y si se es cristiano no se puede ser humano. Habría una ética humana y otra cristiana, la primera que se regiría por la razón y la segunda por la fe; la primera que entendería de lo temporal y lo humano; y la segunda de lo supratemporal y divino. Dos mundos paralelos, extraños el uno al otro.

No, aquí no hay sino una vida. De modo que si actúo de una determinada manera en la vida pública, es porque prehabita y brota de mi vida privada.

Con fallos y equivocaciones evidentemente, pero nuestra vida es unitaria, con una vida pública que supone y brota de una vida privada, de modo que mi quehacer público sea a la par humano y cristiano, incluido el uno en el otro, porque no se puede ser cristiano sin ser humano; y no se puede ser cristiano de verdad si se reniega de lo auténticamente humano.

El Dios de la creación, de la razón, de la ciencia, de la creatividad y del amor, es también el Dios de la encarnación, de la fe, de la mística y de la resurrección. Dios es uno solo, el mismo para todos. Y la vida que El ha creado es vida única: interdependiente, la de antes de nacer y la después de nacer, la de aquí y la de allá, la de la tierra y la del cielo, es vida siempre en conexión y relación consigo, con la sociedad, con la naturaleza y con Dios.

Mi vida tiene que ver, en todo momento, conmigo, con cada uno y con todos. Y, hoy por hoy, visto el panorama nacional e internacional, no hay razones para callarse, pararse o enclaustrarse en uno mismo, como si nada tuviéramos que ver con el yo de los demás.

Nuestra tarea es, pues, la formación, la coherencia, la solidaridad, la denuncia, el compromiso, la utopía, la esperanza de lograr una vida pública que camine concorde con la dignidad y derechos de todos  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Stitched PanoramaNO PRIVARLES DE LA SANTA MISA

KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 24/03/17.- He vuelto al templo, en realidad lo he hecho a menudo a lo largo de los últimos años. Voy de acompañante, primero de un padre, ahora de una madre en edad de agradecer filial compañía. Acompaño pero también canto a pleno pulmón, me arrodillo, doy la mano en señal de paz y me arranco sin dudar a comulgar cuando suena aquello de “Tú has venido a la orilla…” Lo paso peor con una “señal de la cruz que nos libra de nuestros enemigos…” y cuyos gestos lamentablemente ya he olvidado.

También he orado, con no menos fe, en los templos budistas, hinduistas, en sinagogas, en mezquitas…, sobre todo en templos universales de los diferentes continentes. En los templos de unos y otros países viví similar devoción, en todos observé gentes rendidas al mismo Dios “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, pero que es el Uno, el Único y el Mismo…” (Lanza de Vasto) De vuelta a mi ciudad natal, he visto a tantas personas de edad y buena voluntad  remontar con sus bastones las escaleras de la parroquia del barrio, que me he visto inundado de un hondo y reconvertido aprecio por su íntima esfera religiosa. Deseo en este sentido expresar mi disenso ante la solicitud de “Podemos” de retirar la misa de la programación de TVE.
Sí, es cierto, el Estado y sus medios de comunicación han de hacer gala de aconfesionalidad, pero ello no contradice el hecho de mantener una escasa hora semanal de misa, mientras otros credos tengan asegurada su ventana a los televidentes, como ahora es el caso. En este sentido también esperamos que el ente público no tarde en abrirse a otras tradiciones espirituales que aún no tienen  cabida en la parrilla.
Es preciso respetar la laicidad en la educación, en el ejército, en los actos oficiales… El Estado ha de mantenerse neutro ante una creciente pluralidad confesional, pero el Estado ha de servir también a los ciudadanos a través de sus medios de comunicación. La cesión en la tele pública de espacios a los diferentes credos en razón de su arraigo es un servicio nada desdeñable. Por lo demás ¿si la misa retransmitida reconforta a muchas personas de edad, por qué precipitar su apagón? Tantos programas deberían desaparecer de la programación antes que ese oficio religioso. Sobran primero las series en las que se dispara y sangra,  las tertulias en las que se falta y ofende, las corridas en las que se tortura y mata  gratuitamente…
Ha de prevalecer una cierta amabilidad intergeneracional. Hemos de honrar a nuestros mayores, hemos de preservar sus referentes culturales y espirituales aunque no coincidan plenamente con los nuestros. Hemos de ser considerados con lo que tiene importancia y relieve para las generaciones que nos precedieron. Barrer la misa es olvidarnos en alguna medida de ellas. Hemos de unir a los pueblos, a las clases, a las razas y tradiciones…, pero hemos de empezar más cerca y tratar de enlazar también a las generaciones.
Por más que puedan aburrir sus fórmulas repetidas hasta la saciedad, por más que nos sorprenda que la mujer no ocupe aún su debido lugar en la presidencia del altar…, la misa es momento sagrado. En realidad todo lo que adquiere vital importancia para el otro es algo sagrado. Somos privilegiados, pues participamos de un mundo rico y diverso en el que se reúnen muy diferentes momentos y territorios sagrados. La consigna de manual de la emergente formación política puede ser poco considerada con el universo vital de quienes nos dieron vida. La necesidad  de superar los antagonismos civiles, nos invita también a ser respetuosos con los mayores y su misa de las once ya en vivo, ya a través de la pantalla.
Nadie nos obliga a sentarnos el domingo por la mañana al televisor, pero pienso en nuestros ancianos, muchos de ellos enfermos o impedidos, que en ese programa encontrarán consuelo y confort del alma. Nunca arrasar, nunca llevarse lo que es significativo para un importante colectivo, más al contrario intentar hacer nuestro algo de su universo. Para muchos de nuestros padres un domingo sin misa no es un verdadero domingo. Honrar a nuestros mayores no significa que tengamos que arreglarnos corriendo y salir al toque de sus campanas, que debamos arrodillarnos ante sus mismos iconos, que debamos necesariamente  oír el sermón de sus sacerdotes…, pero sí intentar facilitar la expresión de su fe, su legado, sus tradiciones.
Ninguna  generación que nos  precede ha  debido de hacer  tamaño  esfuerzo para adecuarse a los nuevos tiempos como la de nuestros progenitores. Privarles de sus imprescindibles referentes, de sus anclajes es un flaco  reconocimiento a ellos y a cuanto nos dieron. No hay nada más revolucionario que el sincero agradecimiento y en ello debiera  también  reparar la  formación morada (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

980343EMPODERAMIENTO FEMENINO
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 08/03/17.- Amigas y amigos: Un año más, en torno al 8 de Marzo, nos paramos a pensar si la sociedad valora por igual a hombres y mujeres. La violencia de género, la ablación o la marginación en las funciones religiosas son los exponentes más significativos de esta injusta situación. Pero las soluciones serán parches mientras no hagamos causa común; Y todos juntos, hombres y mujeres, pongamos nuestro empeño en revertir esta inercia.

Lo primero es darnos cuenta, tener esa piel fina para detectar esos maltratos. Perdonadme que ponga un pequeño ejemplo, pero muy gráfico, del lenguaje soez. Lo bueno y lo máximo siempre tiene connotaciones de virilidad, mientras que lo malo es un “coñazo”. Hay veces que repetimos el patrón aprendido sin pensarlo. Hasta las mismas mujeres tienen a veces un bajo concepto de sí mismas: inseguridades para hablar en público o dar la propia opinión; tópicos como que “el hombre es más noble y la mujer más rebuscada” o el de “los peores jefes son las mujeres”; etc. Y cuando percibamos estas actitudes, corregir la expresión o dar ánimo a esa mujer que no se valora lo suficiente. Gesto a gesto, paso a paso, ese es el camino.

En medio de una sociedad más patriarcal que la nuestra, Jesús procuró el empoderamiento femenino de sus discípulas. María Magdalena fue muy importante en los primeros años del cristianismo y representó una amenaza para el poder de algunos discípulos según se deduce de algunos textos apócrifos. ¿Y cómo la descalificaron? Pues de una manera bastante machista… diciendo que fue prostituta sin ningún fundamento histórico.

Y en la Escuela podéis escuchar la segunda parte de la charla de la teóloga Margarita Pintos: Una vida compasiva (II). Tras la exposición de los restantes puntos del camino hacia la compasión, se da paso a un interesante debate acerca de la Cruz y una reivindicación de los valores más propiamente femeninos.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Mt 17, 1-9. Seis días después se llevó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y subió con ellos a un monte alto y apartado.

Vicente Martínez: Salir de su tierra. Abrahán sale mirando lejos, respondiendo a la llamada de un Dios que nos ilumina y con la vista puesta en el futuro, aunque sin dejar de atender las necesidades del presente.

José Luis Sicre: Por la renuncia al triunfo. Es el tema común a las tres lecturas de este domingo.

Fray Marcos: Lo divino en Jesús no puede verse ni oírse. Su verdadero Ser, y el nuestro, no pueden ser percibidos ni por los sentidos ni por la razón.

José Antonio Pagola: Escuchar a Jesús. La voz dice estas palabras: «Este es mi Hijo, en quien me complazco. Escuchadlo».

Inma Eibe: Escuchadle. “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco, escuchadle”. Estas palabras de Dios nos invitan a escuchar sólo a Jesús. En medio de nuestro camino cuaresmal se nos da la clave para seguir avanzando.

Artículos seleccionados para la semana

Iñigo García Blanco: 8 de marzo (y cada día es 8 de marzo). No es posible que sigan perviviendo las diferentes manifestaciones de violencia y control contra las mujeres; necesitamos rescatar la dignidad.

Enrique Martínez Lozano: Sentimientos y crecimiento personal (III). El trabajo psicológico adecuado consiste en aprender a conjugar ajustadamente razón y emoción.

José Arregi: El autobús ultracatólico. El odio es asesino, pero la prohibición a menudo no consigue sino darle aliento.

Gabriel Mª Otalora: Ante la Cuaresma. La Cuaresma de hoy es más que nunca tiempo de cambio esperanzado así como una oportunidad para aflorar las contradicciones y repensarlas a la luz del evangelio.

José María Castillo: Las resistencias al Papa vienen de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es cuestión de poder. Se sabe que hay cardenales y obispos que no ocultan su resistencia al papa Francisco. Pero esta resistencia no es por motivos de fe.

Miembros de la Iglesia católica colombiana piden perdón por la participación en la violencia. Recogida de firmas para pedir perdón y avanzar en el proceso de Paz de Colombia.

Rogelio Cárdenas: Vivir desde dentro Desde la sincera necesidad de vivir plenamente.

Miguel Ángel Mesa: Bienvenida. Renacer bajo la transparencia del agua, brindar solidaridad y ternura, dejarme conmover, seguir caminando, ser más humano.

Noticias de alcance. The New York Times elogia al Papa como “constructor de puentes en una época de construcción de muros”.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Génesis 12, 1-4. Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

2 Timoteo 1, 8-10. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé.

Florentino Ulibarri: Lugares de encuentro, Tabores gratuitos. Las cosas sencillas de siempre, y las sorpresas, Tabores cotidianos, Tabores muy humanos… para encontrarte y encontrarnos en el camino…

Vicky Irigaray: Escucharte y seguirte. Los cristianos tenemos que afrontar la realidad, sin refugiarnos en la montaña de nuestras experiencias espirituales.

Anáfora: Liderazgo de Jesús. Jesús es el abanderado del cristianismo y patrimonio de toda la humanidad.

Monjas Benedictinas de Montserrat. II domingo de Cuaresma.

Material multimedia

La meditación: el éxito de ser uno mismo. Por Antonio Jorge Larruy. Estar conectados con nuestra propia naturaleza, con nuestro fondo, nos llena desde dentro y nos hace irradiar plenitud.

Nuestra casa es el mundo ¡¡¡Alumbremos con nuestra vida al mundo!!! Queda mucho por hacer. Letra y música Óscar Santos. Presentación Lenin Cárdenas.

Teresa Nécega y Salomé Arricibita: Sé Tú Señor mi riqueza. Sé Tú Señor mi riqueza, mi refugio y fortaleza.

Hasta los 50 respiré, ahora además, vivo. Por Shatzi Bachmann. Me doblé como un junco, pero me volví a levantar, porque no importa la edad, para elegir ser feliz.

Equipo Quiero Ver: El encuentro. Como deteniendo el tiempo, nos invita a un lugar especial, sereno, acogedor, inspirador. En el silencio nos habla. “Escucha”.

Día de la mujer trabajadora. Las injusticias, la violencia y el desamor, se empiezan creando desde la educación recibida en la infancia, ¿vamos a hacer algo?

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

eclesalia@eclesalia.net

jornada-iniestaMEMORIA DE ALBERTO INIESTA
Su legado en la Iglesia de hoy
EMILIA ROBLES, proconcil@proconcil.org
MADRID.

ECLESALIA, 17/02/17.- El sábado 25 de marzo se celebrará en Madrid una jornada dedicada a la recuperación de la memoria del obispo Alberto Iniesta, fallecido el 3 de enero de 2016 en Albacete, su tierra natal, bajo el lema “Memoria y legado de Alberto Iniesta para la Iglesia de hoy”.

Alberto Iniesta fue obispo auxiliar de Madrid, incardinado en la Vicaría IV de Vallecas (primer obispo del madrileño y obrero barrio de Vallecas, compuesto de muchos barrios).

Cuando Alberto Iniesta llegó como obispo a Vallecas, a principio de los años 70, se encontró con una realidad social de pobreza y de desarraigo, con una población muy diversa de gente con raíces vallecanas -los menos- y de emigración forzosa -los más- provenientes de las periferias de Andalucía, Extremadura y La Mancha, principalmente; con parroquias hechas en barracones, cuyos curas trataban de llegar a la gente; con familias que vivían situaciones de precariedad…

Los aires nuevos del Concilio, la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, la Conferencia de Medellín en América Latina tienen sus resonancias en una Iglesia que quiere estar más atenta al mundo y comprometerse con el desarrollo de los pueblos y de las personas. En relación con ello está la actuación y compromiso de los curas obreros, de las religiosas y religiosos en barrios, el desarrollo de los Movimientos Apostólicos como la JOC (Juventud Obrera Cristiana), la HOAC (Hermandad Obrera católica), el MAS (Movimiento Apostólico Seglar), la JAR (Juventud Agraria Rural), la JEC (Juventud Estudiante Católica), la JIC (Juventud Independiente Católica), el Junior, etc.

Respecto a los religiosos/as, Alberto siempre tuvo mucha cercanía y apoyó fuertemente la inserción en los barrios.

Todo esto en un contexto tenso de relaciones entre Iglesia y Estado. A la época de una “luna de miel” entre el primer gobierno de Franco, que se quiere apoyar en la Iglesia y una Iglesia que se deja querer y acepta un concordato que la privilegia, le sucede una época de crítica a esta situación desde dentro de la propia Iglesia y un deseo de tomar distancia entre la Iglesia y el Estado. Una fuerte expresión de ello se da en la Asamblea Conjunta Obispos Sacerdotes en el año 1971. Y allí estaba, participando con todo su entusiasmo, Alberto Iniesta.

Sus expresiones más comprometidas tienen que ver con los obreros que sufren injusticia o silenciamiento, con los militantes reprimidos y encarcelados, con la gente que sufre los efectos de la miseria y la marginación, con las penas de muerte…

Fue co-impulsor y acompañante desde su ministerio episcopal de la I Asamblea Cristiana de Vallecas, en la que participaron trabajando durante meses más de 200 grupos cristianos, en un proceso de reflexión a partir de su propia vida, de la realidad de la Iglesia y de sus barrios. Esta Asamblea que se iba a celebrar el 15 de marzo de 1975 fue suspendida por orden gubernativa. Alberto Iniesta no se marchó de la puerta hasta que el último de los asistentes no lo hizo, para evitar detenciones. Hablando de ella dijo “Queremos una iglesia valiente, realista y en marcha”

Acompañó con su reflexión, a veces crítica, pero siempre amorosa y abierta y con su afecto y apoyo, a las primeras iniciativas que cuestionaban la obligatoriedad del celibato para los curas, a quienes estudian las ventajas e inconvenientes del divorcio… Nada humano le fue ajeno. Un hombre que se interesaba por la cultura, de mente abierta, que rebosaba sensibilidad y misericordia, al tiempo que procuraba ser coherente y libre, con lo que sentía que Dios le pedía. Un hombre sencillo, que no ponía ninguna distancia.

Alberto fue un hombre radical y auténtico, un místico y un profeta, sin tentaciones rupturistas, ni en la Iglesia local, ni en la Iglesia universal. Uno de sus puntos fuertes era pensar en la Iglesia como “comunidad de comunidades”, trabajando siempre la unidad profunda en la diversidad y practicando una comunión multidireccional, una comunión respetuosa y dialogante con las búsquedas profundas sustentadas en el Evangelio, aunque no hubiera coincidencia en todo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Objetivos de la Jornada

A la luz de la vida, la fe y el compromiso eclesial  y social de Alberto Iniesta, queremos hacer un proceso que pasa por:

  1. analizar su testimonio como creyente, como teólogo, como obispo pastor y como ciudadano, con los aportes de quienes más lo conocieron;
  2. profundizar en los valores y actitudes que, desde el Vaticano II, siguen vigentes hoy para construir la Iglesia y la sociedad que Dios quiere en las circunstancias actuales;
  3. para ello debemos afrontar los desafíos de nuestro presente y actuar en consecuencia con alegría y esperanza.

Convocatoria

Nuestra convocatoria es inclusiva como lo fue nuestro obispo y como el Evangelio nos invita a ser. Nos dirigimos a todas personas que han conocido a Alberto Iniesta, pero también a los que no lo han conocido y no tienen una idea clara de lo que representa; nos dirigimos a los grupos, comunidades de base y redes; a las comunidades religiosas,  a las gentes de nuestras parroquias, incluso aquellas que estén en “otra onda” pero tienen curiosidad; nos dirigimos a los medios de comunicación de Iglesia o civiles. Invitamos a personas de cualquier lugar y procedencia; y muy especialmente de toda la diócesis de Madrid en su conjunto, sin hacer acepción de personas, cargos o situación. No es fácil llegar a la gente más joven, pero os pedimos toda la colaboración para que también los más jóvenes de vuestras parroquias, colegios, comunidades, asociaciones… puedan apreciar este testimonio vivo.

Desarrollo de la Jornada.

La jornada constará de tres momentos diferenciados:

Mañana:

  • Trabajo por grupos que ayudará a desbrozar el legado de Iniesta en nuestros días y circunstancias.

Comida compartida,

Tarde:

  • Charla de José Mª Castillo que incidirá en los mismos términos pero desde la reflexión teológica-pastoral.
  • Presentación del libro “Alberto Iniesta, la caricia de Dios en las periferias” que ha coordinado Emilia Robles y publica Herder.
  • Mesa redonda con el obispo Nicolás Castellanos (misionero en Bolivia) José Lorenzo (redactor jefe de Vida Nueva), Luis Aranguren (autor de varias obras y experto en voluntariado)  y Emilia Robles (coordinadora del libro).

Lugar: Colegio Ciudad de los Muchachos, Calle de Santa Marta, 15, 28038 Madrid

Tríptico de la Jornada.

Cartel de la Jornada.

Os invitamos a sumaros a la Jornada a todos aquellos que podáis hacerlo, invitando a otros a unirse.

Si alguien de fuera de Madrid tiene problemas de alojamiento que avise y  en el equipo buscaríamos alternativas.

Lo mismo si alguien quiere participar y tiene que traerse a los niños. Que nos lo diga y dependiendo de si hay un grupito se buscaría una alternativa.

El libro estará a la venta el día de la presentación.

HAGAMOS DE ESE ACTO, ACOMPAÑADOS POR LA MEMORIA DE ALBERTO INIESTA, UNA EXPRESIÓN VIVA DE LA IGLESIA QUE QUEREMOS SEGUIR ALUMBRANDO A LA LUZ DEL EVANGELIO.

QUE SEA TAMBIÉN UN ESPACIO EN EL QUE PODAMOS COMPARTIR, SENTIRNOS EN COMUNIÓN DENTRO DE NUESTRAS DIVERSIDADES  Y RENOVAR FUERZAS PARA SEGUIR TRABAJANDO CON ALEGRIA Y ESPERANZA ALLÍ DONDE ESTAMOS CADA UNO/A

 

eclesalia@eclesalia.net

36 Congreso de TeologíaMENSAJE DEL 36 CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “MIGRANTES, REFUGIADOS Y FRONTERAS: DE LA EXCLUSIÓN A LA HOSPITALIDAD”
Celebrado en Madrid del 8 al 11 de septiembre de 2015
MADRID.

ECLESALIA, 12/09/16.- Del 8 al 11 de septiembre de 2016 hemos celebrado el 36 Congreso de Teología, que ha reunido a personas y colectivos procedentes de los diferentes continentes, pueblos, culturas y religiones para reflexionar sobre el tema “Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad”. En él han participado activistas sociales comprometidos en los campos de refugiados y en las zonas fronterizas, que han aportado sus experiencias. Nos han acompañado representantes de pueblos oprimidos y olvidados. Hemos contado con especialistas en relaciones internacionales, procesos migratorios, trata de seres humanos, teoría de género, así como con teólogas y teólogos, que .han hecho análisis críticos de la situación y han ofrecido interpretaciones liberadoras de los textos religiosos.

  1. Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata. Las personas más vulnerables son los niños, las niñas, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, sometidos a todo tipo de vejaciones: acoso sexual, agresiones físicas, trata de personas, tráfico de órganos, trabajos forzados, prostitución, violencia de género. Son personas sin nombre, sin cara, sin identidad reconocida. Viven una soledad social, política, moral y jurídica. Se les niega la dignidad y el derecho a la vida, como demuestran las miles de personas muertas en el legítimo intento de atravesar las fronteras.
  2. En expresión de Francisco, estas personas son consideradas “`población sobrante”, producto de la “cultura del descarte”, que nos vuelve incapaces para compadecernos ante los clamores de los otros. Son víctimas de un sistema basado en el Dios Dinero, del capitalismo perverso y de la acumulación mafiosa del capital. Quien se beneficia de esta situación es una elite político-económica, patriarcal, colonial, racista y antiecológica, que pone en marcha tres grandes negocios: el de la seguridad, el de la economía política de las migraciones y el de la gestión de las personas en movimiento.
  3. A pesar de las discriminaciones que sufren, las mujeres inmigrantes, refugiadas y desplazadas demuestran una gran capacidad de resistencia, resiliencia y empoderamiento.
  4. Los países de acogida son, en su mayoría, países del Sur, mientras que la mayoría de los del Norte cierran sus puertas a cal y canto, protegen sus fronteras con vallas, concertinas, policías y fuerza militar, niegan el derecho de asilo, siguen políticas equivocadas de seguridad, incumplen los protocolos internacionales y sus propios compromisos, y no demuestran voluntad de acogida.
  5. La insolidaridad de los Estados del Norte contrasta con la solidaridad que demuestra una parte importante de la sociedad, que adopta actitudes de hospitalidad, y con el trabajo de los movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y personas cooperantes, que colaboran en los campos de refugiados y en las fronteras.6. El papa Francisco está adoptando actitudes ejemplares de acompañamiento y acogida, al tiempo que denuncia la hipocresía de los gobernantes y de los poderes económicos y financieros europeos. Dirigiéndose a ellos en su visita a Lampedusa pronunció la palabra “vergüenza”. A los parlamentarios europeos les dijo que no es tolerable que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio ni que se niegue acogida a quienes llegan a diario a nuestras costas, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de esta forma es negar su dignidad y favorecer el trabajo esclavo.
  6. La actitud hospitalaria del papa contrasta con la insensibilidad de un sector importante de la jerarquía católica española ante el drama de las personas migrantes y refugiadas, cuyos problemas parece serles ajenos o no son prioritarios en su agenda pastoral. Amén de insensibilidad, hay obispos que amparándose en un mal uso de la libertad de expresión, adoptan actitudes racistas, xenófobas, excluyentes e inhospitalarias cuando alertan irresponsablemente sobre la “invasión” de los refugiados, cuestionan que todas las personas que cruzan la frontera sean “trigo limpio” y afirman que a Europa vienen muy pocos porque sean perseguidos. Alguno ha llegado a decir que la llegada de los refugiados es el Caballo de Troya de las sociedades europeas y, en concreto de la española, y que la acogida de los refugiados puede quedar muy bien, pero que “hay que saber lo que hay detrás”.
    Estas declaraciones se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de privilegios de todo tipo de parte del Estado: educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros. Privilegios s que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret.
  1. Queremos denunciar enérgicamente tales declaraciones, que demuestran ausencia total de misericordia y falta de sentido de hospitalidad, se alejan del mensaje hospitalario de la Biblia, que pide amar a los emigrantes, no maltratarlos ni oprimirlos “porque emigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Éx 22,20), y son contrarias a la práctica acogedora de Jesús de Nazaret, él mismo perseguido, emigrante e identificado con los emigrantes (Mt 25,31-45).
  2. En nombre del Dios de la Vida y de la Paz condenamos el terrorismo, en este caso, el terrorismo que dice basarse en motivos religiosos y matar en nombre de Dios y que provoca la salida de poblaciones enteras para huir del terror.
  3. Exigimos a los Estados:
  • cumplir los protocolos internacionales en materia de inmigración, refugio y desplazamiento;
  • abrir rutas seguras que impidan caer en las redes de las mafias;
  • no participar en el negocio de venta de armas que se utilizan para apoyar al terrorismo y a los gobiernos dictatoriales;
  • combatir el racismo institucional; negar legitimidad a gobernantes corruptos y autócratas;
  • apoyar a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno; –
  • fomentar políticas de desarrollo en los países de origen;
  • cumplir sus compromisos de acogida;
  • fomentar el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico.
  1. El Congreso quiere expresar su solidaridad con los pueblos oprimidos y olvidados como el kurdo, el palestino y el saharaui, a quienes se les niega su derecho a la independencia y se los somete a todo tipo de vejaciones. Todos ellos tienen numerosos emigrantes, refugiados y desplazados.
  2. Las personas que hemos participado en este Congreso de Teología nos comprometemos a:
  • luchar contra la ideología y el sistema económico que provoca la exclusión de millones de personas,
  • denunciar la sistemática transgresión de los derechos humanos de las “personas en movimiento” por parte de los Gobiernos,
  • trabajar por otro mundo posible hospitalario,
  • seguir la práctica solidaria de Jesús de Nazaret;
  • hacer una nueva teología de la emigración;
  • pasar de la exclusión a la hospitalidad.

En Madrid, a 11 de septiembre de 2016

eclesalia@eclesalia.net

dinero.DISTINTAS FORMAS DE “VENDER A LA MADRE”
Declaración de Cristianos para el Tercer Milenio
CRISTIANOS PARA EL TERCER MILENIO*, rbrardi@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 25/07/15.- Día tras día la corrupción es sostenida en la agenda pública por una catarata mediática que, aunque muchas veces se nutre de supuestos o de interpretaciones jurídicas amañadas, viene poniendo a la luz graves hechos de corrupción.

Como cristianos no podemos eludir la más llana y absoluta condena a esta relación degenerada entre la política, el poder y el dinero. Esta relación, que reniega de la dignidad del hombre para instalar en su lugar el culto del dinero, se ha manifestado como nunca antes en el sistema capitalista, que acumula y concentra las riquezas robándoselas a los preferidos de Dios y se transforma finalmente, como lo dijera Francisco, en un “proceso de muerte”.

Como cristianos tenemos entonces la obligación de confrontarla sin ambages en todas sus manifestaciones.

La corrupción como cultura

La primera es la obligación de denunciar que la corrupción tiene una similar naturaleza, cualquiera sea el monto de dinero involucrado. La corrupción diaria – la coima, las ventas “en negro”, los empleados no registrados, las escrituras “por menor valor”, la evasión impositiva, y un largo y cotidiano etcétera – sólo se diferencia de la que hoy se condena en los medios por el monto y por que, por la responsabilidad de sus protagonistas, afecta el cumplimiento de un servicio público y la ejemplaridad a la que se encuentran obligados los funcionarios.

La financiación de la política

También debemos denunciar la corrupción destinada a alimentar “la caja” de los partidos políticos. Esta forma de financiación de la política, de la que no parece haberse privado ningún gobierno en el último medio siglo, no sólo es condenable en sí misma sino también porque hace imposible evitar que se generen o toleren negocios particulares. En este sentido será imprescindible seguir avanzando hacia mecanismos legales de financiación de la política que equiparen las posibilidades de todos y que sean, además de transparentes, férreamente controlados, por las instituciones y la opinión pública.

Toda la corrupción

Pero fundamentalmente estamos obligados a condenar toda la corrupción y no sólo la del adversario político, como ocurre hoy con mucha frecuencia.

Como dice Francisco a la “Madre Patria no se la vende”, pero a la Patria se la vende no sólo con coimas, sobreprecios y “retornos”, sino también con “decisiones de política económica” diseñadas para permitir enormes transferencias de ingresos a favor de los poderosos, para facilitar la fuga de dinero “negro” a los paraísos fiscales, promover la inversión en títulos nacionales con intereses usurarios, desgravar a la especulación financiera y otorgar “amnistías” a quiénes evaden impuestos. A la patria se la vende también habilitando el saqueo de los recursos naturales no renovables o explotaciones con fuerte impacto ambiental.

Es por eso que los cristianos también estamos obligados a romper con el “monopolio del sentido” impuesto por los principales medios y conseguir que esas formas espurias de transferencias de ingresos en detrimento de la Madre Patria y de los pobres, salgan del limbo técnico en que se encuentran y comiencen a ser llamadas como lo que son: actos de corrupción y verdaderos “procesos de muerte” contra los más débiles.

Sumamos nuestras oraciones y nuestro compromiso con la construcción de una patria sostenida en la solidaridad con las víctimas del sistema, la lucha contra la injusticia social y el ejercicio responsable del poder.

*Rodolfo Luis Brardinelli, Rodolfo Briozzo, Angel Bruno, Ana Cafiero, Eduardo Casado Sastre, Cristina Domeniconi, Miguel Ángel Ferrara, Alicia Ladrón de Guevara, Luis Miraldi, Hernán Patiño Mayer, Rogelio Ponsard, Portillo Fernando

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eclesalia@eclesalia.net

f300x0-8792_8810_0NADA NUEVO BAJO EL SOL
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

¡Sálvanos Señor, porque ya no hay gente buena,
Ha desaparecido la lealtad entre los hombres!
No hacen más que mentirse unos a otros,
Hablan con labios engañosos y doblez de corazón.
(Salmo 11, 2-3)

ECLESALIA, 08/07/16.- Podríamos decir, frente a estos versículos del salmo, lo mismo que el autor del Eclesiastés, “No hay nada nuevo bajo el sol”, no hemos cambiado demasiado, seguimos siendo desleales unos con otros, la mentira está a la orden del día. Decimos una cosa y hacemos otra. La política lleva la delantera pero la misma está avalada por una ciudadanía ávida de consumismo que se olvida del bien común. Cada cual protege su propia “parcela” aunque esto signifique profundizar las injusticias que podemos ver a lo largo y a lo ancho del mundo. Somos incapaces de cuidarnos mutuamente, cerramos nuestras puertas al hermano por miedo, por egoísmo, por avaricia. Valen más nuestras pobres posesiones materiales que el bienestar y la vida de tantos.

Muchos dirán que hemos avanzado enormemente en las últimas décadas, sacando a millones de la pobreza. Y en cierto modo es verdad, pero si aceptamos que estamos viviendo un tiempo de posibilidades nunca antes visto, los resultados son pobres. Hoy estamos en condiciones de dar de comer a toda la población mundial, y sin embargo hay muchos que tienen hambre. Tenemos millones de desplazados que no encuentran un lugar donde vivir. Se cierran las fronteras y hay muchas personas que viven como ilegales en las naciones más ricas y desarrolladas o en campos de refugiados donde se sobrevive en condiciones infrahumanas. Nos hemos convertido en una sociedad de consumo cuyo único incentivo es el tener. Lograr el desarrollo armónico de nuestras comunidades no parece estar en el radar de nuestra felicidad. Convivimos con la inequidad y la miseria como algo natural. Nos hemos desconectado de nuestra propia naturaleza humana y de la Creación en general. Sacrificamos en el altar del consumo el futuro de nuestros propios hijos y del planeta todo.

Muchos cristianos, y hablo de nosotros porque es lo que conozco, vivimos la vida por carriles paralelos que raramente se entrecruzan. Para este domingo el Evangelio nos propone la lectura del Buen Samaritano. En esto todavía estamos como el maestro de la ley, seguimos sin saber quién es nuestro prójimo, o mejor dicho lo sabemos perfectamente, pero nos hacemos los distraídos. El Evangelio con su simpleza es de una enorme claridad. No hay nada que agregar y la respuesta de Jesús es hoy de una vigencia increíble. Parece que en esto tampoco hemos cambiado demasiado. Jesús, que era un gran maestro, engloba en su respuesta varios problemas a la vez. La indiferencia del sacerdote y del levita, ambos relacionados con el culto y el templo, frente a la misericordia del extranjero nos debería de decir muchísimo hoy a nosotros. ¿Será posible que sigamos justificando el sufrimiento de tantos con argumentos económicos, políticos, religiosos?

No podemos decirnos cristianos y vivir en la indiferencia frente al hermano necesitado. No podemos seguir dejando que el miedo nos divida, nos enfrente, ni que la codicia nos anestesie frente a las necesidades de los más débiles. Nuestros carriles tienen que juntarse. Vivir el Evangelio es algo concreto, difícil, que nos obliga a mirar al prójimo como miraba Jesús. Y este prójimo no es el que nos queda cómodo, sino que es el que la vida nos pone por delante. Es alguien concreto que se encuentra tirado al costado del camino. Es quien me interpela haciendo que yo me pregunte si mi forma de vida no es en parte responsable por las injusticias, y la degradación de la naturaleza. Hoy podríamos repetir con el apóstol Santiago: “Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18b). Decir que amamos a Dios mientras le damos la espalda al hermano es una hipocresía. Al igual que el Samaritano, silenciosamente, nuestra vida tiene que ponerse al servicio del Reino, y entonces sí, sin necesidad de proclamarlo, mostraremos al mundo nuestro amor a Dios (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Dan Berrigan

Publicado: 13 mayo, 2016 en ACTUALIDAD
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eclesalia@eclesalia.net

danberrigan4DAN BERRIGAN
Profeta de la paz y la justicia
JUAN YZUEL*, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 13/05/16.- Recibo con una mezcla de tristeza y de gratitud la noticia de la muerte de Dan Berrigan. Un profeta de la paz y la justicia se ha ido. Lo conocí en el Catholic Worker de Manhattan en los años 80. Preparábamos entonces el Plowshares pilgrimage, una peregrinación de más de 4000 kilómetros para alertar sobre la política de rearme nuclear del presidente Reagan. Mi humilde misión era traducir los folletos al español. En aquellas charlas, sus palabras y su mirada inspiraban esa paz especial que solo se encuentra en los que vienen de la gran tribulación y han acrisolado su fe en el sufrimiento, la incomprensión y la persecución.

La noticia me ha llegado a través de la columna de Amy Goodman en democracynow.org que leo con frecuencia y os invito a visitar pues está también en español. Entresaco de su crónica algunos de estos datos, además de los que encuentro en la red.

Daniel Berrigan, sacerdote católico jesuita, activista por la paz, teólogo y poeta, falleció el 30 de abril de 2016 a los 94 años de edad. Su vida estuvo marcada por la compasión y el amor por la humanidad, así como por un inquebrantable compromiso con la paz y la justicia. Pasó años en prisión por sus valientes acciones pacifistas contra la guerra. En cada acción de su vida llevó a la práctica el Evangelio que predicaba. Dio impulso a diversos movimientos, inspiró a millones de personas, escribió de una manera hermosa y con una ingeniosa sonrisa compartió su amor por la vida con sus familiares, amigos y con todos aquellos con quienes rezó y luchó por la paz.

En los años 60, junto con su hermano Philip Berrigan, también sacerdote josefita,  y Thomas Merton, monje trapense,  fundó una coalición intereclesial contra la Guerra del Vietnam y escribieron conjuntamente cartas a los principales periódicos argumentando la necesidad de ponerle fin. Su notoriedad aumentó cuando Dan y su hermano, con otros activistas católicos, irrumpieron en un centro de reclutamiento militar en 1967 y derramaron su propia sangre sobre las citaciones de reclutamiento en alusión a la sangre derramada en la guerra de Vietnam. Al año siguiente, el 17 de mayo de 1968, pocas semanas después del asesinato de Martin Luther King Jr., los dos hermanos y otras siete personas se hicieron famosos por retirar citaciones de reclutamiento del centro de reclutamiento de Catonsville, en Maryland, y quemarlas con napalm de fabricación casera en el estacionamiento de las oficinas. Mientras cantaban un himno reunidos alrededor de la fogata fueron finalmente arrestados.

Dan Berrigan expresó en un comunicado emitido por el grupo antes de la acción, dado que sabían que serían arrestados: “Nuestras disculpas, buenos amigos, por quebrantar el buen orden, por quemar papeles en lugar de niños, por despertar la ira de quienes propagan la muerte”. Y agregó: “No podíamos hacer otra cosa, así que ayúdanos Señor”.

Las acciones de Los Nueve de Catonsville, como se conoció al grupo, hicieron que aumentara la intensidad de las acciones contrarias a la guerra de Vietnam en todo el país. Algunas personas habían quemado sus fichas de reclutamiento antes que ellos, pero después de la acción de Catonsville esto se volvió una táctica emblemática y cada vez más frecuente para demostrar la oposición real y simbólica a la guerra. Dan Berrigan expresó: “Elegimos ser criminales sin poder en tiempos de poder criminal. Elegimos ser etiquetados como criminales de paz por los criminales de guerra”.

Daniel Berrigan fue sentenciado a prisión pero antes de entregarse para cumplir su condena, pasó a la clandestinidad. A pesar de figurar en la lista de los más buscados del FBI, Berrigan aparecía repentinamente en diferentes rincones del país y pronunciaba discursos contra la guerra. Habló durante un gran acto en apoyo a Los Nueve de Catonsville en la Universidad de Cornell, donde era capellán. Luego del discurso, al verse acorralado por el FBI y la policía, Berrigan se escondió dentro de una de las marionetas gigantes de la compañía de teatro con contenido político Bread & Puppet. Disfrazado de esa manera logró salir del Barton Hall de la Universidad de Cornell y evitó ser arrestado. Finalmente, las autoridades dieron con su paradero en Block Island, frente a las costas de Rhode Island, y lo arrestaron. Una famosa fotografía capturó el momento en que dos tristes agentes del FBI que se hacían pasar por observadores de aves en la isla se llevaban esposado al sonriente padre Berrigan.

Berrigan escribió en sus memorias, tituladas “No Bars to Manhood”: “Dado que la maquinaria estadounidense no funciona bien, ni en sus mecanismos internos, ni en sus engranajes con el mundo, los hombres de bien deben tomar medidas”. Y aclaró: “Algunos de ellos han de estar dispuestos a ir a la cárcel”.

En 1980, Berrigan, una vez más con su hermano Phil y otras personas, irrumpió en una planta de misiles de General Electric ubicada en King of Prussia, Pennsylvania. Allí golpearon con martillos cabezas de ojivas nucleares hasta dañarlas de modo que no pudieran ser reparadas y luego derramaron su sangre sobre las partes dañadas. Las acciones que llevaron adelante ese día dieron inicio al Movimiento Plowshares, que creció hasta convertirse en un movimiento mundial. Las acciones de Plowshares se inspiran en un versículo del libro de Isaías, del Antiguo Testamento:

“Convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en podaderas.
No levantará la espada pueblo contra pueblo,
y nunca más se adiestrarán para la guerra”. (Is 2,4)

Su lucha por la paz desafió al Gobierno de Estados Unidos, al Pentágono y a la jerarquía de la propia Iglesia Católica. Por ese último pecado, fue apartado de su labor eclesiástica en Estados Unidos. Su exilio incluyó viajes a América Latina y Sudáfrica, que lejos de curarlo de su compromiso con la lucha por la justicia, solo lo reafirmaron. Continuó como activista contra la guerra y participó en las protestas contra la intervención estadounidense en Centroamérica y contra las guerra del Golfo, Kosovo, Afganistán e Irak. Fue además un destacad integrante de los movimiento Pro vida, contra el aborto, contra la pena de muerte y diversas causas de derechos humanos, incluidos los derechos de los LGTB.

Padre Berrigan: viviste a tope el evangelio y practicaste lo que predicabas. Gracias por el testimonio que nos has dado y porque tantas personas confundidas encontraron luz en tu ejemplo. Descansa en paz, de la misma manera en que has vivido  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*alcierzo.com

Las otras madres

Publicado: 29 abril, 2016 en REFLEXIONES
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Madre.LAS OTRAS MADRES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 29/04/16.- Si estuvisteis un poco atentos/as a los Medios de comunicación, os daríais cuenta, entre otras cosas, cómo el día 19 de marzo dejó de aparecer en dichos Medios, especialmente a través de toda una serie de cuñas publicitarias, la más mínima alusión a la figura del padre, tal y como lo habían venido haciendo desde un tiempo atrás hasta ese mismo día en qué la sociedad lo dedica a dicha figura.

Pero lo curioso del caso es que un día o dos después comenzaron de la misma manera las alusiones a la madre, cuya fiesta quedó instaurada desde hace ya un tiempo en el primer domingo del mes de mayo. ¿Qué tiene de mal todo esto?, os podréis preguntar la mayoría de vosotros. Cabe decir que, a primera vista, nada de nada. ¡Qué mejor que dedicar un día concreto al año, en este caso el primer domingo de mayo, a mostrar de manera especial el cariño filial hacia la madre! Es verdad que no tiene nada de malo, siempre y cuando el amor y el cariño se le demuestre, aunque sea de maneras diferentes en cuanto a modo e intensidad, el resto de los demás días. Pero, ¡vaya!, quiero pensar que dichos medios ya suponen que es así. Y, en caso de no serlo, ¡tampoco les interesa mucho que digamos! Os pediría que, por favor, no perdierais de vista que, al hablar de los Medios de comunicación, puntualizaba el instrumento, que no era otro que toda una serie de cuñas publicitarias, a través de las cuales se reclamaba esa atención especial hacia los progenitores, en este caso hacia la madre. Me imagino que ya comenzáis a intuir que la cosa empieza a hacer un cierto tufillo a “consumismo” puro y duro. Pues bien, podéis tener muy claro que estáis en lo cierto. El día dedicado a la madre se ha convertido, de entre otros muchos, en un momento privilegiado para, valiéndose del sentimentalismo en su vertiente más dura, dedicarlo a manifestarla el afecto especial que todo hijo e hija la profesa de manera profunda. Una vez más, vuelvo a insistir que hasta aquí no tendría que haber no solamente nada de malo, sino mucho de bueno.

Pero la cosa comienza a torcerse cuando se dice y se publica a troche y moche que la manera más adecuada para mostrar dicho afecto y cariño no es otra cosa sino el regalo, flores y joyas principalmente. De hecho, se puede ver con relativa facilidad en numerosos escaparates, de joyería fundamentalmente, slogans como “Feliz día de la madre”, entre otros. Habrá madres, no sé cuántas, que se sentirán felices y ufanas al recibir de sus hijas o hijos regalos de esta índole. Si por una parte y por la otra creen que esta es la mejor manera, ¡allá ellos!; nada que decir al respecto por mi parte; únicamente, si se me permite, manifestar mi total discrepancia. Lo que sí me gustaría puntualizar es el hecho que ese día no todas serán agasajadas de la manera que acabo de describir por razones diversas que quizás no vienen ahora a cuento.

Por ello, si se me permite, me gustaría traer a colación simplemente dos casos en qué algunas madres no serán agasajadas o a las cuales no se las mostrará el “cariño” ese día, no solamente de la manera cómo los Medios nos recordaban ser como las más adecuada y propicia por lo que a la manifestación del afecto se refiere, sino de ninguna otra. El primero de estos casos, posiblemente el más cruel y más duro, hace referencia a aquellos hijos e hijas que no lo podrán hacer, porque un día se les robó de manera irracional la posibilidad de manifestar el cariño y el afecto a la madre no solamente de manera material, sino de cualquiera otra. Sus madres perdieron la vida en un momento concreto a manos de quienes eran o habían sido sus esposos, compañeros o pareja. Siendo aún más grave el hecho que en bastantes de estos casos dichos asesinos son o eran el padre de muchos de estos hijos e hijas. Creo que poco o nada hay que decir ante semejante brutalidad.

El segundo de ellos, aparentemente no tan cruel, aunque, a decir verdad, eso lo tendrían que decir las propias madres, nos recuerda a esos hijos que un día murieron o que pululan por la vida hechos una piltrafa o que han dado con sus huesos en la cárcel porque la maldita droga, sobre todo, aunque también el alcohol y otras realidades más que no tienen por qué ser materiales, acabó convirtiéndolos en pura mercancía o en marionetas, fruto de reclamos y de patrañas a cuál más engañosa. En todo caso, al menos para los que aún quedan vivos y de los cuales se sabe su paradero, casi con toda seguridad me atrevo a afirmar que serán precisamente las madres quienes ese día vayan a verlos para darlos un montón de abrazos y besarlos hasta saciar; y, de paso, llevarles algo que les haga más llevadera la cruz tan grande que llevan sobre sus espaldas. ¡Qué más da que sea el día de la madre para que sean los hijos quienes reciban! Al fin y al cabo, son fruto de algo tan íntimo como son las entrañas de una madre.

Pues bien; estas son sencillamente las otras madres: aquellas de quienes los Medios no han dicho nada ni lo dirán, sencillamente porque no interesa, no es políticamente correcto o porque, ¿para qué “amargar” la fiesta a las madres de “bien”? ¡Qué pena! Así es nuestra sociedad; pero, a pesar de que cueste, hemos de luchar para que deje de serlo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

compartir.JESÚS NOS INVITA A DESCENTRARNOS
FERNANDO TORRES PÉREZ, Fundación Luz Casanova, comunicacion@proyectosluzcasanova.org
MADRID.

ECLESALIA, 23/03/16.- El Jueves Santo es el Día de la Caridad. Yendo a lo que se ve, a lo más aparente, es el día en que la colecta de la misa se hace en favor de Caritas parroquial. ¿Sólo eso? Es una pena que nos quedemos ahí. Porque el Jueves Santo es el día en que celebramos la institución de la eucaristía. El Jueves Santo nos habla de una mesa común y de los hermanos y hermanas compartiendo el mismo pan. El Jueves Santo nos habla del amor fraterno. Y la caridad no es más que otro nombre del amor fraterno. El Jueves Santo nos habla de una eucaristía que es mesa abierta en la que nadie es excluido y donde los más débiles tienen un lugar de preferencia. El Jueves Santo nos recuerda la despedida de Jesús, la última cena con sus discípulos pero también las muchas comidas que celebró con sus amigos y con los pecadores y con los que se encontraba por los caminos de Galilea. Porque una comida es siempre encuentro de familia, fraternidad, amistad, acogida… Pasa que nuestras eucaristías son demasiadas veces un ritual frío, y en algunas ocasiones una parodia burlesca, más que el signo de un verdadero encuentro entre hermanos, presidido por el hermano mayor que es Jesús, en el que todos nos sentamos a compartir el pan de la palabra y el pan de la vida para alimento de todos.

En la eucaristía, por definición, la preocupación no se centra en mi bienestar sino en el bien de la comunidad, de los hermanos, de los otros. En la eucaristía los excluidos son acogidos, los débiles reciben los primeros puestos. En la eucaristía el servicio mutuo es el arquitrabe que hace posible seguir construyendo la familia del reino. La caridad fraterna es la argamasa que mantiene unidos a los que somos muchos y diferentes y hace de todos una familia, la de los hijos e hijas de Dios. La eucaristía por eso es, debería ser, signo del reino, catarsis de nuestros mejores sueños, que se convierten por un momento en realidad y, a la vez en promesas de plenitud. Y que, por eso mismo, nos anima al compromiso por hacer de esa fraternidad, de la eucaristía, una realidad, no sólo en el momento de la celebración sino en la vida diaria y cotidiana.

Pero éste es un planteamiento que mucha gente de hoy no entiende. Porque culturalmente la emergencia del yo, del individuo, ha convertido a éste en el centro del universo. Y, como los planetas giran alrededor del sol, también el individuo entiende que todo lo que está en torno a él son materiales que debe utilizar para conseguir sus objetivos personales: su propia plenitud y felicidad, consideradas siempre desde el punto de vista de mi “yo”. Y cuando digo todo es que todo se pone al servicio del “yo”. Todo: la amistad, el estado, los bienes materiales, los derechos y el derecho, la pareja, la familia y hasta el clima.

Hace unas semanas leía en la revista semanal de un periódico un artículo sobre el perdón. El articulista, un psicólogo profesional, desvinculaba, por supuesto, su tema de cualquier tipo de relación con el aspecto religioso del perdón. Nada que ver. Lo suyo era un comentario totalmente laico sobre los beneficios psicológicos del perdón. Eran dos páginas dedicadas a enumerar esos beneficios que se producían sobre todo, casi exclusivamente me atrevería a decir, en la persona que perdona. Por supuesto, dejaba claro que no se trataba de olvidar. El objetivo del perdón era sobre todo que la persona supuestamente ofendida lograse encontrar la paz, la serenidad, la armonía necesarias para vivir. Olvidar la ofensa podría suponer el volver a establecer una relación que podría ser peligrosa para el sujeto. Pero perdonar era condición necesaria para superar la herida.

Desde esta perspectiva, el centro es el “yo” y el bienestar del yo. El perdón no es algo que se oriente a la recreación de las relaciones sociales rotas sino que se dirige básicamente a facilitar el bienestar del yo, que se sitúa en el centro del universo. Es lo más importante.

El artículo me hizo recordar un libro de un sociólogo español, Javier Elzo, sobre la juventud. No recuerdo ahora el nombre del libro pero si un párrafo que me llamó la atención. Hablaba de los jóvenes y la familia y el matrimonio. Y decía Elzo que el mundo de hoy la familia se ha convertido en una prótesis añadida a la persona. Sí, en una prótesis. La persona se sitúa de tal modo en el centro del universo que todo gira en torno a ella. Si no me funcionan los ojos correctamente, para ver bien utilizo una prótesis artificial: las gafas. Si no me funciona el oído, para oír bien utilizo un audífono. Si no me funcionan las piernas, para moverme utilizo una silla de ruedas. Todo se hace para que la persona tenga su funcionalidad plena. Si estoy solo, para tener compañía me busco una pareja. Gracias a él/ella encuentro compañía, familia, etc. Pero como las gafas o los audífonos u otras prótesis llegan un momento en que se estropean y se cambian por otras, también la familia, si se estropea, se cambia por otra –lo de arreglar o reparar no entra en una cultura que se ha acostumbrado al usar y tirar-.

Es decir, el mismo mecanismo que nuestra cultura ha aplicado al uso de los bienes materiales se ha terminado aplicando a la búsqueda de la plenitud personal, de la felicidad. Yo tengo que ser feliz. Tengo derecho a la felicidad. A mi felicidad. Para eso me sirvo de todo lo que está a mi alrededor, ya sean cosas o personas. La pareja me sirve en cuanta me hace sentirme feliz y bien conmigo mismo. Los conflictos, cualquier tipo de conflicto, se ve como un fracaso, una quiebra de ese derecho a ser feliz. El juguete se ha roto y lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Si la pareja no me ayuda a ser feliz, entonces hago lo mismo que con las gafas. Voy al oculista y la cambio por otras. En el caso del matrimonio se va primero al juzgado y luego se busca una nueva pareja. O no. Quizá por un tiempo el “yo” prefiera estar solo y sin compromiso. Los hijos se pondrían en la misma línea. Tener hijos ayudan a sentirse bien. Esa es la gran motivación. Valen en tanto en cuanto. Y nada más.

Así pues, en nuestra cultura hay una ideología o forma de pensar que se sitúa en la línea que acabamos de comentar: “yo” estoy en el centro del mundo. Todo lo que me rodea está para contribuir a mi felicidad. Lo que no sirve para ese objetivo es desechable, carece de interés. De alguna manera, no existe. Es posible que desde esa motivación se busque la fraternidad. Se hace porque en ese ambiente fraterno el “yo” se siente mejor, más arropado, más cálido. Siente menos la soledad. Pero no hay que olvidar que el centro sigue siendo el “yo”.

Evidentemente, desde esta perspectiva es difícil entender la propuesta central cristiana: contemplar la vida y el mundo como una eucaristía, y asumir que tenemos una tarea común, una misión compartida: construir la mesa común de la fraternidad, donde todo se comparte y donde la mayor preocupación no es el bienestar del “yo” sino el bienestar del “tu”.

La propuesta de Jesús invita a descentrarse. El discípulo de Jesús no se sitúa en el centro del universo. Al centro están los pobres, los marginados, los excluidos, los que están fuera de los márgenes. El “yo”, hombre o mujer, que se ha puesto al servicio del reino, que ha acogido el mensaje de Jesús, busca apasionadamente el bien del otro, de los otros. Sabe, está convencido, de que la fraternidad es lo más importante.

Frente a la máxima liberal tradicional de que “mi libertad comienza donde termina la del otro”, el cristiano opone la suya: “mi libertad comienza donde comienza la del otro” porque a nuestra plenitud sólo llegamos en el reino, cuando somos capaces de compartir juntos en justicia y fraternidad. Desde la perspectiva cristiana, las fronteras desaparecen, los muros caen. El mundo es uno sin distinciones de raza, de sexo, de nacionalidad, de edad… Y con un sólo hermano mayor, Jesús, que nos invita a un mundo de igualdad y fraternidad (hay que reconocer que Jesús tiene un punto de anarquista en su forma de ver la vida). Recordemos aquello de que no llamemos a nadie “Rabbí” porque “uno sólo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos”. La cita es de Mateo 23,8 pero convendría leer también los siguientes versículos porque no tienen desperdicio (a veces me pregunto porque en la iglesia determinadas palabras de Jesús las hemos convertido en dogmas y otras las hemos dejado de lado como si fuesen sólo comentarios espirituales). Aquí tenemos a un Jesús que plantea una radical igualdad entre todos los que formamos la humanidad. No otra cosa es la Eucaristía.

Ahora quizá podemos entender un poco mejor lo que celebramos el Jueves Santo: el día de la caridad. No es la farsa del que da unas monedas para los pobres de lo que le sobra en el bolsillo. Hablamos de un descentramiento del yo. La caridad implica poner en el centro al otro y sus necesidades. Y plantear desde ahí las urgencias de “mi” vida. Las necesidades del otro se convierten en mis urgencias. Sus necesidades priman sobre las mías. Sus derechos son mis obligaciones. En ese momento de compartir profundo es cuando mi humanidad puede alcanzar su plenitud. Desde aquí hay que entender aquello del negarse a sí mismo (Mt 16,24). No como una especie de suicidio sino como la invitación a descentrarnos y a poner el reino –es decir, los hermanos– en el centro de todo.

Caridad es lo que Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo rei socialis llamaba solidaridad y la definía como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (n. 38). ¿Dar un poco más en la colecta del Jueves Santo? No, la caridad, o la solidaridad, está en el centro de la vida cristiana. Ser cristiano no es más que amar. No es mirar a lo alto y ser muy espiritual. No es entrar en éxtasis místicos. Ser cristiano es construir la sociedad humana desde otra perspectiva más allá mi “yo”, desde la justicia y la solidaridad. Es la posibilidad abierta de llegar a la verdadera plenitud: la del reino.

La eucaristía se convierte en el signo mayor de esa caridad. Es la realización, por un momento, de un sueño: todos hermanos reunidos en torno a la misma mesa. Y el compromiso de todos en hacer realidad ese sueño más allá de las barreras físicas y temporales de la celebración. Hay muchos cristianos que viven así: dando la vida por el bien de los demás, acogiendo, comprendiendo, tolerando, perdonando, compartiendo… Están construyendo el reino. Están haciendo que este mundo y esta historia se transformen en eucaristía.

Eucaristías hay muchas, pero unas son más verdaderas que otras. Y no siempre las más verdaderas son las que se celebran en las iglesias. Estoy pensando ahora en el comedor del Centro de Día de la Fundación Luz Casanova. Y en muchos otros comedores donde se da de comer a los que no tienen ni para cubrir esa necesidad básica. Esos comedores son verdaderos lugares eucarísticos. Ahí se expresa lo mejor de la Eucaristía. Ahí Jesús se siente con seguridad más cómodo que en muchas iglesias  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).