Posts etiquetados ‘Sufrimiento’

bienaventuranzasMEJOR SUFRIR, QUE HACER SUFRIR
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 26/01/17.- Amigas y amigos: ¿Cuántas veces habremos meditado el texto de las Bienaventuranzas tratando de descubrir su verdadero sentido? Parece que no se pudiera decir nada nuevo sobre el tema, pero nuestros comentaristas consiguen sorprendernos con nuevas aportaciones. El sermón de la montaña no defiende que sea bueno llorar o pasar hambre. Lo que Jesús quiere decir es que portarse mal con el prójimo es fuente de inhumanidad y a la postre, de infelicidad. Hasta tal punto, que es mejor llegar a sufrir la pobreza, que haber sido causante del empobrecimiento de otro.

Y seguimos con nuestro ciclo sobre el Antiguo Testamento en la Escuela de la mano de nuestro querido José Luis Sicre: El Pentateuco. Un repaso a la estructura y contenido de los cinco primeros libros de la Biblia con multitud de interesantes anotaciones que ayudan a comprender mejor los textos y a conocer la intención de los escritores sagrados.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Mt 5, 1-12. Al ver Jesús las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos.

Vicente Martínez: Trabajadores de la paz. La paz es un tema recurrente a la Biblia. El sacerdote despide a sus fieles de la misa diciendo: “La paz está con vosotros”.

José Luis Sicre: Auditorio de ocho puertas, es fácil colarse. La mención de los pobres, los que lloran, los sufridos… puede crear una sensación de malestar, como si tuviéramos que pasar por una terrible carrera de obstáculos para formar parte del reinado de Dios.

Fray Marcos: Dichoso el que es humano y no deshumaniza a los demás. Las bienaventuranzas quieren decir que es mejor pasar hambre que hacérsela pasar a otros.

José Antonio Pagola: Una iglesia más evangélica. No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma.

África de la Cruz: Seréis bienaventurados si… Si quieres cumplir el plan que Dios Padremadre tuvo al crearte, en las Bienaventuranzas tienes el manual de instrucciones.

Artículos seleccionados para la semana

Marco Antonio Velázquez: Comienzo de la era malthusiana. Se trata de reemprender con mayor vigor la carga polutiva al medio ambiente, que permita abaratar costos de producción y hacer más competitiva a la economía americana a costa del calentamiento global.

José Arregi: Unidad de los cristianos: ¿qué unidad? Orar no es eso. No es rezar ni pedir ni rogar, sino dejar que nuestro ser, hecho de tierra humilde y de espíritu creador, se abra y se exprese desde lo más profundo. Orar es ser, y ser es abrirse a ser más. Orar es obrar.

Miguel Ángel Mesa: Ante todo y sobre todo, el buen humor. Dejemos pues entre paréntesis siempre nuestros títulos, superioridades o victimismos y aprendamos a reírnos de nosotros mismos, pues es totalmente saludable para nuestra salud.

Enrique Martínez Lozano: Más allá del teísmo… y más allá de la mente. Lo real trasciende la mente. Más aún: se requiere aprender a silenciarla si queremos ver más allá de sus propias construcciones.

Religión Digital: Francisco denuncia los “cristianos aparcados”. Estos cristianos detenidos me hacen pensar una cosa que de niños nos decían a nosotros los abuelos: ‘Estén atentos que el agua detenida, esa que no corre, es la primera que se pudre’.

Miguel Ángel Munarriz: La senda estrecha. Creíamos estar transitando por un camino ancho y confortable hacia un destino feliz, y hemos desembocado en un bosque intrincado en el que nos hemos perdido.

Víctor Daniel Blanco: La película “Silencio” de Scorsese. ¿Se puede o se debe dejar morir a alguien por sus creencias religiosas pudiendo salvarles renunciando a las mías?

Emma Martínez Ocaña: Al escuchar a Donald Trump he sentido miedo… No, no se trata de no tener miedo, sino de no dejarnos paralizar por el miedo, de no tenerle miedo al miedo.

Noticias de alcance. Francisco: “No estoy haciendo ninguna revolución. Estoy tratando de que el Evangelio vaya adelante”.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Sofonías 2, 3 y 3, 12-13. Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos.

1 Corintios 1, 26-31. Fijaos en vuestra asamblea; no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas.

Florentino Ulibarri: Oración de Ana. Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu tiempo, en el umbral de tu casa…

Vicky Irigray: Pálpito de nuestra vida. Padre bueno, despierta nuestro oído y corazón ante el mensaje de tu Hijo y que las bienaventuranzas arraiguen en cada uno de nosotros.

Anáfora: La vocación de Jesús. No queremos contentarnos, Padre y Madre nuestra, con rezarte cada domingo. Haz que se nos conmueva el alma ante los hermanos pobres y nos salga de dentro ayudarles.

Monjas Benedictinas de Montserrat. 4º Domingo del Tiempo Ordinario.

Material multimedia

Tener elección, es tener responsabilidad. Por Eckhart Tolle. Traer presencia a tu vida, AHORA, avanzar en tu vida espiritual, es tu elección, y tener esa opción, se convierte en tu responsabilidad.

Centro Padre Rubio. Jesuitas. El valor del compromiso y el amor hacia los más desfavorecidos, caracteriza a muchos seres humanos, más de los que pensamos.

Salomé Arricibita: La voz del silencio. Dios es refugio para su pueblo, da pan a los hambrientos, sustenta al huérfano y la viuda, los guarda en su amor por siempre, por eso son bienaventurados… pero nos toca ser voz, somos los ojos, los oídos, las manos y la voz de Dios… es hora de romper el silencio y clamar al cielo y a la tierra… Vemos cada día, las noticias de los “refugiados” abandonados a las puertas de Europa, de los ahogados, a las puertas de Europa, de tantas situaciones que claman al cielo en silencio…ojalá nuestro corazón se mueva al compás del AMOR… es urgente que se mueva… pero si en nuestro acomodado corazón, tarda en crecer ese amor, al menos que nos mueva la vergüenza.

Ser uno más. Video impresionante sobre el acoso escolar y el sufrimiento de muchos menores, sobre el que tenemos que sensibilizarnos y ser, de alguna manera, “parte de la solución”. Presentación: Lenin Cárdenas. Canción Álvaro Fraile.

Equipo Quiero Ver: Felices. La auténtica felicidad no está en las cosas sino en las personas y en los procesos que somos capaces de desarrollar.

El amor que nos colorea. Nuestras vidas de adultos están programadas por nuestras creencias y por nuestra forma de ver las cosas la cual fue aprendida de acuerdo a la forma en que vimos a nuestros padres (y a las personas que nos rodeaban) cuando éramos niños. De ahí en adelante solo hemos ido tomando decisiones en base a lo aprendido y NUNCA nos hemos dado la oportunidad de detenernos y hacernos una sola reflexión la cuál este corto la ilustra de manera HERMOSA.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

image_content_3596628_20150909153010ENCUENTRO DE JESUS Y MARIA CAMINO DEL CALVARIO
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
TENERIFE

ECLESALIA, 25/03/16.- «Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta» (Lm 1, 12). Estas palabras de la Santas Escrituras, se las podemos aplicar hoy a la Madre Dolorosa, la Madre del Redentor del mundo, Jesús.

En el camino hacia el Calvario Jesús se encuentra con María, su madre; y María se encuentra con Jesús, su hijo amado, su predilecto, salido de sus entrañas. El intercambio de midas es intenso, profundo, lleno de amor y de ternura; desde el silencio amante y compasivo. La mirada es el lenguaje más profundo e intimo entre os seres que se quieren. En este encuentro no hay palabras, la sola palabra es la mutua mirada que expresan el dolor intenso y profundo que hijo y madre viven. El dolor de la madre por su hijo ajusticiado, llevado al suplicio de la muerte, sin causa alguna; es profundo, indecible. El inocente, es condenado por los culpables, y la madre conocedora de la mentira que traman, asume desde la fe y el abandono el designo del Padre. La profecía de Simeón se ha cumplido: “una espada traspasará tu alma” (Lc 2, 35). Pero María, mujer de fe y esperanza, asume este momento, desde la certeza de que la muerte no es el final para su hijo. ¿Cómo va a morir el que es la Vida? No, ¡esto es un absurdo! ¡Poderoso como es Dios, él vendrá en su ayuda!

«No temas María, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32). Estas palabras, se las había dicho el ángel a María, y ella cree contra toda esperanza. Y desde esta certeza y esperanza, María, con su tierna mirada, infunde en su hijo, ánimo, fortaleza y confianza en el Padre que es quien sostiene su vida y dirige la historia de la salvación. María confía y adora el plan del Padre, aunque humanamente no lo comprenda. En medio de la profunda soledad de la Pasión de Jesús, María ofrece a su Hijo un bálsamo de ternura y una fidelidad incondicional. Madre e hijo están íntimamente unidos y nada podrá impedirles de llevar a cabo la voluntad del Padre. María dijo “Hágase en mí según tu palabra” y el hijo: “Heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad” Y madre e hijo serán files hasta el extremos a este palabra dada.

Si el corazón de María está traspasado por la lanza del dolor, no es menos el dolor que atraviesa el corazón del Hijo, al ver a su madre tan afligida y sumergida en tan profundo dolor. El verdadero amor hace suyo el dolor del ser amado. Y este es el caso de Jesús y María: cada uno hace propio el dolor del otro. Madre e hijo se funden en un mismo hágase tu voluntad, ofrecido al Padre por la salvación del género humano. María al decir Fiat en la Anunciación, María asumió con todas las consecuencia, la historia de su propio hijo, haciéndola suya. Porque María es madre, sufre profundamente; y quiere abraza y llevar la cruz junto con su divino Condenado en el camino hacia el calvario. Pero no solamente abraza a Jesús, sino que en su corazón, abraza a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sintamos, pues, mirados con ternura y acompañados por María, nuestra Madre.

La Iglesia llama a María: “corredentora con Cristo”, porque, de alguna manera, ella también murió en la cruz con su Hijo. No de una manera cruenta; pero sí de una manera mística. María, recorrió el camino del calvario y estuvo al pie de la cruz acompañando a su hijo amado, haciendo suya la pasión y muerte del hijo, salido de sus entraña. La pasión del hijo es la pasión de la madre. Y la muerte del hijo es la muerte de la madre.

Señor, Jesús, como María tu madre, también nosotros queremos acompañarte, ofrecerte nuestra compañía y nuestro tierno amor, estando a tu lado en este camino en el que el dolor te desfigura y la cruz te aplasta.

En ti, también queremos acompañar a tantos hermanos y hermanas que el dolor los tiene hundidos, desfigurados, sin poderse levantar ni mirar al horizonte, sin encontrar una mirada que les dé fortaleza para seguir caminando. Para ellos te pedimos la fe y la esperanza, y una Madre buena que les mire con amor y les acompañe en su sufrimiento. Y a Ti, María, Madre del Fiat, del Amén, concédenos tu fe y confianza en los planes de Dios, Padre, aunque no siempre los comprendamos. Y consuela a tantas madres como sufren las “pasión” de sus hijos y ayúdales a llevar la cruz con tu presencia amante  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

2015268_refugiadossiriaMÁS HOSPITALIDAD, MÁS DIGNIDAD. FALTAN PROFETAS…
HOSPITALIDAD – Jesuitas (Alicante-Elche-Murcia) / Secretariado Diocesano de Migraciones – ASTI Alicante / Cáritas Diocesana Orihuela Alicante / Comunidades Cristianas Populares (Alicante) / CVX Alicante, sensibilizacion@asti-alicante.org
ALICANTE.

ECLESALIA, 21/03/16.- Hombres y mujeres que defiendan la vida de todo ser humano, en cualquier etapa de la vida y situación que se encuentre. Independientemente de su origen, cultura, sexo, color de piel o religión. Donde la persona y su dignidad sean siempre lo primero.

Desde la Segunda Guerra Mundial la humanidad no se ha visto en otro drama igual que el actual a escala mundial. Hoy día cuando recordamos las consecuencias de aquella Gran Guerra, nadie duda de cómo y cuánto fue degradada la dignidad humana. De ahí la posterior Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la que se pretendía evitar situaciones similares en el futuro. Pero cuando comprobamos lo que está sucediendo y las respuestas que se siguen dando ante la mal llamada “Crisis de refugiados”, nos damos cuenta que no están a la altura de quienes promulgaron de buena voluntad lo que entendemos todos y todas por “Derechos Humanos”.

Quedando patente, después de esperar tanto ante la desesperada situación de millones de personas en nuestro mundo, que los llamados “Derechos Humanos” y su cumplimiento al parecer sólo atañe a una parte de la humanidad, dejando así de serlo universalmente para convertirse en los privilegios que tenemos unos sobre otros. Privilegios que habría que resguardar a toda costa, como las medidas ratificadas en las ya existentes expulsiones “en caliente”, la externalización de fronteras (y de Derechos) y el fortalecimiento todavía mayor de fronteras que seguirán provocando más muertes. Según la estimación de las Naciones Unidas más de 25.000 vidas humanas en los últimos 15 años. En 2015 podrían haber muerto más de 1000 niños y niñas. Hoy más de la mitad de las personas que buscan un lugar seguro para vivir son mujeres, niños y niñas en las condiciones que todos conocemos por los medios.

images7ccms-image-000005907Esta situación y sus respuestas vienen a demostrar la verdadera Crisis de humanidad en la que está sumergido nuestro mundo. Especialmente de quienes tienen responsabilidades en la toma de decisiones al nivel que corresponda. El acuerdo UE-Turquía además de ser ilegal no solo afecta a los derechos humanos sino a los mismos tratados legales de la Unión Europea. Es la primera crisis humanitaria en suelo europeo. Los halcones han vencido y los pobres han perdido. Una propuesta propositiva tomada del Papa Francisco son los pasillos humanitarios como han hecho ecuménicamente en Italia. La historia dentro de medio siglo juzgará a esta generación, como el amor de Dios: ¿Cuándo te vimos extranjero y te acogimos? (Mt 25, 35).

Pero no nos hagamos los ciegos, también quienes desde nuestro cómodo silencio, no decimos o hacemos nada para remediarlo. Incluso dando credibilidad a justificaciones que hemos podido escuchar y hasta ser transmisores de mensajes de muerte en este valioso tiempo. Expresiones que menoscaban la dignidad de todo ser humano y hacen un flaco favor a la convivencia y cohesión social de quienes ya convivimos en este espacio protegido.

No nos hagamos los sordos, así como quienes reconocemos lo que está sucediendo y únicamente nos quedamos con resignación y lamentos al ver las noticias que nos llegan.

No nos hagamos los mudos, no podemos seguir permaneciendo callados. No podemos quedarnos pasivos, debemos posicionarnos por la vida y su dignidad. Hace falta seguir despertando nuestras conciencias y las de los que están a nuestro lado. Para reconocernos mutuamente, especialmente en quienes más sufren, también cerca de nosotros. Considerando de qué forma y con quienes podríamos organizarnos para reivindicar juntos una vida digna para todos y todas sin excepciones. Para construir juntos en nuestras comunidades y barrios una verdadera cultura de la hospitalidad a partir de las posibilidades que nos ofrecen nuestras relaciones cada día, en la aceptación y acogida asertiva del otro en quien está Cristo, por muy diferente que sea. Tengamos la voluntad de dejarnos convertir, especialmente por los crucificados y crucificadas de nuestra historia. En tiempos difíciles es urgente amar.

La Iglesia está preparada subsidiariamente para la acogida. Y quiere visibilizar a los emigrantes que ya tenemos aquí. La Palabra de Dios está ya escrita desde los orígenes, antes que en tinta, está en la vida misma. En ti y en mí, en todo ser humano, en cada persona, como lo son migrantes y refugiados que nos interpelan, la respuesta del evangelio de la misericordi (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

estrella de la basuraLA ESTRELLA QUE REGRESÓ DE LA BASURA
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 23/12/14.- El punto final de la Navidad del 2013 mostraba, el 7 de enero, un universo de basura rebosante y rebosada seleccionada en los contenedores. Botellas de vidrio que habían encerrado burbujeantes bebidas para brindar, envases que envolvieron turrones y roscón y endulzaron la boca y la panza, más los restos de comida olvidados en el fondo del frigorífico indicaban que había que enterrar la resaca de las fiestas y darse un respiro en el clima de lo cotidiano.

Dejé un par de bolsas en los contendores. Pisé algo que, sucio y bocabajo, llamó mi atención. Me agaché y… recogí una estrella.

Estrella simbólica, de fama mundial, de ella habla la Biblia. Estrella guía de caminantes sabios que buscaban. Su búsqueda les puso en marcha asumiendo distancias, durmiendo al raso y esquivando a los poderosos y manipuladores de la historia. Estrella que se estrelló contra el suelo entre los contenedores de basura.

Rescaté una estrella de la suciedad y el pisotón, y la subí a casa. La limpié cuidadosamente y pasó a dormir, olvidada, el sueño de un año en la caja de adornos de Navidad.

A punto de iniciar la Navidad del 2014, han salido del trastero las cajas del Nacimiento, Árbol y adornos navideños. ¡Apareció de nuevo la estrella! Me costó reconocerla, pero ella nuevamente se dejó rescatar, esta vez desde el territorio de mis recuerdos.

Creo que sonreí a la estrella por su fuerza de supervivencia. Ahora ocupa un lugar exclusivo y privilegiado en el corazón de mi casa donde se celebrarán los momentos familiares en estos días.

La estrella no ha consentido dejar de ser un símbolo y me ha traído la viva presencia de los que son expulsados de la sociedad por la injusticia, las leyes que desamparan a los más necesitados, las guerras, la corrupción, la avaricia, la codicia, la hipocresía y la manipulación.

He fotografiado a la estrella rescatada y, tanto la foto como estas pocas palabras en un folio o en la pantalla del ordenador, van dedicadas a quienes la simbólica estrella ha dejado prendidos en mi pensamiento y en mi corazón. Que sirvan como grano de arena en la inmensa denuncia del atropello y el sufrimiento que se está causando a tanta gente en todo el mundo.

No olvidemos que la estrella es símbolo de Esperanza si nos ponemos en camino, como les pasó a los Sabios Buscadores (hoy, Reyes Magos) que, juntos, sin dejarse manipular, buscaron a Quien querían encontrar y le encontraron. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Mirar con fe al Crucificado

Publicado: 9 septiembre, 2014 en BIBLIA
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Cruz corazónExaltación de la Cruz (A) Juan 3, 13-17
MIRAR CON FE AL CRUCIFICADO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com 
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 10/09/14.- La fiesta que hoy celebramos los cristianos es incomprensible y hasta disparatada para quien desconoce el significado de la fe cristiana en el Crucificado. ¿Qué sentido puede tener celebrar una fiesta que se llama “Exaltación de la Cruz” en una sociedad que busca apasionadamente el “confort” la comodidad y el máximo bienestar?

Más de uno se preguntará cómo es posible seguir todavía hoy exaltando la cruz. ¿No ha quedado ya superada para siempre esa manera morbosa de vivir exaltando el dolor y buscando el sufrimiento? ¿Hemos de seguir alimentando un cristianismo centrado en la agonía del Calvario y las llagas del Crucificado?

Son sin duda preguntas muy razonables que necesitan una respuesta clarificadora. Cuando los cristianos miramos al Crucificado no ensalzamos el dolor, la tortura y la muerte, sino el amor, la cercanía y la solidaridad de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo.

No es el sufrimiento el que salva sino el amor de Dios que se solidariza con la historia dolorosa del ser humano. No es la sangre la que, en realidad, limpia nuestro pecado sino el amor insondable de Dios que nos acoge como hijos. La crucifixión es el acontecimiento en el que mejor se nos revela su amor.

Descubrir la grandeza de la Cruz no es atribuir no sé qué misterioso poder o virtud al dolor, sino confesar la fuerza salvadora del amor de Dios cuando, encarnado en Jesús, sale a reconciliar el mundo consigo.

En esos brazos extendidos que ya no pueden abrazar a los niños y en esas manos que ya no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, los cristianos “contemplamos” a Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.

En ese rostro apagado por la muerte, en esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a las prostitutas, en esa boca que ya no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, en esos labios que no pueden pronunciar su perdón a los pecadores, Dios nos está revelando como en ningún otro gesto su amor insondable a la Humanidad.

Por eso, ser fiel al Crucificado no es buscar cruces y sufrimientos, sino vivir como él en una actitud de entrega y solidaridad aceptando si es necesario la crucifixión y los males que nos pueden llegar como consecuencia. Esta fidelidad al Crucificado no es dolorista sino esperanzada. A una vida “crucificada”, vivida con el mismo espíritu de amor con que vivió Jesús, solo le espera resurrección. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

OLHAR COM FÉ O CRUCIFICADO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A festa que hoje celebramos, os cristãos, é incompreensível e até disparatada para quem desconhece o significado da fé cristã no Crucificado. Que sentido pode ter celebrar uma festa que se chama “Exaltação da Cruz” numa sociedade que procura apaixonadamente o conforto, a comodidade e o máximo bem-estar?

Mais de um preguntará como é possível continuar todavia hoje a exaltar a cruz. Não ficou já superado para sempre essa forma mórbida de viver exaltando a dor e procurando o sofrimento? Temos de continuar a alimentar um cristianismo centrado na agonia do Calvário e das chagas do Crucificado?

São sem dúvida preguntas muito razoáveis que necessitam uma resposta clarificadora. Quando os cristãos, olhamos o Crucificado não exaltamos a dor, a tortura e a morte, mas o amor, a proximidade e a solidariedade de Deus que quis partilhar a nossa vida e a nossa morte até ao extremo.

Não é o sofrimento que salva, mas o amor de Deus que se solidariza com a história dolorosa do ser humano. Não é o sangue que, na realidade, limpa o nosso pecado mas o amor insondável de Deus que nos acolhe como filhos. A crucificação é o acontecimento em que melhor nos revela o Seu amor.

Descobrir a grandeza da Cruz não é atribuir não sei que misterioso poder ou virtude à dor, mas confessar a força salvadora do amor de Deus quando, encarnado em Jesus, quando sai a reconciliar o mundo consigo.

Nesses braços estendidos que já não podem abraçar as crianças e nessas mãos que já não podem acariciar os leprosos nem abençoar os doentes, os cristãos, “contemplamos” Deus com os Seus braços abertos para acolher, abraçar e sustentar as nossas pobres vidas, quebradas por tantos sofrimentos.

Nesse rosto apagado pela morte, nesses olhos que já não podem olhar com ternura as prostitutas, nessa boca que já não pode gritar a Sua indignação pelas vítimas de tantos abusos e injustiças, nesses lábios que não podem pronunciar o Seu perdão aos pecadores, Deus revela-nos como em nenhum outro gesto o Seu amor insondável à Humanidade.

Por isso, ser fiel ao Crucificado não é procurar cruzes e sofrimentos, mas viver como Ele numa atitude de entrega e solidariedade aceitando se é necessário a crucificação e os males que nos podem ocorrer como consequência. Esta fidelidade ao Crucificado não é de dor mas de esperança. A uma vida “crucificada”, vivida com o mesmo espírito de amor com que viveu Jesus, só lhe espera a ressurreição.

 

GUARDARE CON FEDE IL CROCIFISSO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La festa che oggi celebriamo noi cristiani è incomprensibile e persino assurda per chi non conosce il significato della fede cristiana nel Crocifisso. Che senso può avere celebrare una festa che si chiama “Esaltazione della Croce” in una società che cerca appassionatamente il “confort”, la comodità e il massimo benessere?

Più di uno si chiederà com’è possibile continuare ancora oggi a esaltare la Croce. Non è ormai superato per sempre questo modo morboso di vivere esaltando il dolore e cercando la sofferenza? Dobbiamo continuare ad alimentare un cristianesimo incentrato sull’agonia del Calvario e le piaghe del Crocifisso?

Sono queste indubbiamente domande molto ragionevoli che hanno bisogno di una risposta chiarificatrice. Quando noi cristiani guardiamo il Crocifisso non esaltiamo il dolore, la tortura e la morte, ma l’amore, la vicinanza e la solidarietà di Dio che ha voluto condividere la nostra vita e la nostra morte fino all’estremo.

Non è la sofferenza che salva, ma l’amore di Dio che si fa solidale con la storia dolorosa dell’essere umano. Non è il sangue che, in realtà, purifica il nostro peccato, ma l’amore insondabile di Dio che ci accoglie come figli. La crocifissione è l’evento che meglio ci rivela il suo amore.

Scoprire la grandezza della Croce non è attribuire non so quale misterioso potere o virtù al dolore, ma confessare la forza salvatrice dell’amore di Dio quando, incarnato in Gesù, sale a riconciliare il mondo con lui.

In quelle braccia distese che non possono più abbracciare i bambini e in quelle mani che non possono più accarezzare i lebbrosi né benedire i malati, noi cristiani “contempliamo” Dio con le sue braccia aperte per accogliere, abbracciare e sostenere le nostre povere vite, rotte da tante sofferenze.

In quel volto spento dalla morte, in quegli occhi che non possono più guardare con tenerezza le prostitute, in quella bocca che non può più gridare la sua indignazione per le vittime di tanti abusi e di tante ingiustizie, in quelle labbra che non possono pronunziare il suo perdono ai peccatori, Dio ci sta rivelando più di qualsiasi altro gesto il suo amore insondabile all’Umanità.

Per questo, essere fedeli al Crocifisso non è cercare croci e sofferenze, ma vivere come lui in un atteggiamento di dedizione e solidarietà accettando se necessario la crocifissione e i mali che ci possono venire come conseguenza. Questa fedeltà al Crocifisso non è dolorista, ma piena di speranza. Una vita “crocifissa”, vissuta con lo stesso spirito d’amore con cui visse Gesù, troverà solo risurrezione.

 

REGARDER AVEC FOI LE CRUCIFIE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La fête que nous célébrons aujourd’hui, nous, chrétiens, est incompréhensible et même insensée pour celui qui méconnait la signification de la foi chrétienne en Jésus crucifié. Quel sens peut avoir, dans une société qui recherche passionnément le « confort », la commodité et le maximum de bien-être, la célébration d’une fête appelée « l’exaltation de la croix » ?

Plusieurs peuvent se demander comment est-il possible encore aujourd’hui de continuer à exalter la croix. N’est-elle pas définitivement dépassée cette manière masochiste de vivre en exaltant la douleur et en cherchant la souffrance ? Devons-nous continuer à promouvoir un christianisme centré sur l’agonie du Calvaire et sur les plaies du Crucifié ?

Ce sont-là, certainement des questions très raisonnables qui ont besoin d’une réponse clarificatrice. Lorsque nous, chrétiens, nous regardons le Crucifié, ce n’est pas la douleur, la torture et la mort que nous exaltons, mais l’amour, la proximité et la solidarité de Dieu qui a voulu partager jusqu’au bout, notre vie et notre mort.

Ce n’est pas la souffrance qui sauve mais l’amour d’un Dieu qui se rend solidaire de l’histoire douloureuse de l’être humain. Ce n’est pas le sang qui, en réalité, nous purifie de notre péché mais l’amour insondable de Dieu, qui nous accueille comme ses enfants. La crucifixion est l’évènement où se révèle le mieux son amour.

Découvrir la grandeur de la Croix ne consiste pas à attribuer je ne sais quel mystérieux pouvoir ou quelle énigmatique vertu à la douleur, mais confesser la force salvatrice de l’amour de Dieu lorsque, incarné en Jésus, il vient réconcilier le monde avec lui.

Dans ces bras étendus qui ne peuvent plus embrasser les enfants et dans ces mains qui ne peuvent plus caresser les lépreux ni bénir les malades, nous, chrétiens, nous « contemplons » Dieu, les bras ouverts, pour accueillir, embrasser et soutenir nos pauvres vies, brisées par tant de souffrances.

Dans ce visage éteint par la mort, dans ces yeux qui ne peuvent plus regarder avec tendresse les prostituées, dans cette bouche qui ne peut plus crier son indignation pour les victimes de tant d’abus et d’injustices, dans ces lèvres qui ne peuvent plus prononcer le pardon des pécheurs, Dieu nous révèle, d’une façon sans pareille, son amour insondable pour l’Humanité.

C’est pourquoi la fidélité au Crucifié ne consiste pas à chercher des croix et des souffrances mais à vivre comme lui dans une attitude de don de soi et de solidarité, en acceptant s’il le faut, la crucifixion et les souffrances qui peuvent nous arriver comme conséquence. Cette fidélité au Crucifié n’est pas « doloriste » mais pleine d’espérance. Pour une vie « crucifiée », vécue avec le même esprit d’amour que celui qui a animé la vie de Jésus, la seule issue qui l’attend est la résurrection.

 

LOOK AT JESUS CRUCIFIED WITH FAITH

José Antonio Pagola.

The feastday that we Christians celebrate today is incomprehensible and even absurd for someone who doesn’t understand the significance of our Christian faith in Jesus Crucified. What meaning could it have to celebrate a feastday that is called “The Exaltation of the Cross” in a society that passionately seeks comfort and maximum well-being?

More than one person will ask themselves how it’s possible to keep exalting the cross still today. Hasn’t that morbid way of exalting pain and seeking suffering been overcome once and for all? Do we need to keep feeding a Christianity that’s centered on the agony of Calvary and the wounds of Jesus Crucified?

These are surely very reasonable questions that need clarifying answers. When we Christians look at Jesus Crucified we aren’t extolling pain, torture and death, but love, and the nearness and solidarity of a God who has desired to share our life and our death all the way to the end.

It isn’t the suffering that saves, but the love of a God who lives in solidarity with the sad history of humanity. It isn’t the blood that actually cleanses our sin, but the depthless love of a God who welcomes us as children. The crucifixion is the context in which God’s love is best revealed to us.

To describe the greatness of the cross isn’t to attribute some kind of mysterious power or virtue to pain, but to confess the saving energy of God’s love when that love, incarnated in Jesus, comes to reconcile the world to Godself.

In those extended arms that can no longer embrace children and in those hands that can no longer caress lepers or bless the sick, we Christians ‘contemplate’ God who has open arms to welcome, embrace, and sustain our poor lives, broken by so much suffering.

In that face, now lifeless because of death, in those eyes that can no longer look with kindness on prostitutes, in that mouth that can no longer shout out indignation for the victims of so much abuse and injustice, in those lips that can no longer pronounce forgiveness for sinners, God is revealing to us as no other way could, God’s depthless love for Humanity.

That’s why, to be faithful to Jesus Crucified, it’s not about seeking crosses and suffering, but it’s about living as he did in an attitude of self-giving and solidarity, accepting if necessary the crucifixion and the evil that can reach us in consequence. This faithfulness to Jesus Crucified isn’t saddening but hope-giving. The only thing awaiting a life ‘crucified’, lived out with the same spirit of love that Jesus lived, is the resurrection.

 

GURUTZILTZATUARI FEDEZ BEGIRA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Kristauok gaur ospatzen dugun jai hau ulertezina da; are gehiago, zentzurik gabea, Gurutziltzatuagan kristau-fedeak duen esanahia ezagutzen ez duenarentzat. Zer esanahi izan lezake «Gurutzearen Gorapena» deitzen dugun jai batek, modu bero-beroan «konforta», erosotasuna eta ongizaterik gorenena bilatzen duen gizarte batean.

Batek baino gehiagok egingo du galdera: nolatan bizi daiteke gaur oraino gurutzea goratzen jarraitzea? Ez al da gainditua jada, oinazea era gaixoti horretan goratuz bizitzea eta sufrimenduaren bila ibiltzea? Ardaztzat Kalbarioko hilzoria eta Gurutziltzatuaren zauriak dituen kristautasuna elikatzen jarraitu behar al dugu?

Egia esan, arrazoizko galderak dira, argibide bat merezi dutenak. Kristauok Gurutziltzatuari begira jartzen garenean, ez dugu goratzen, ez oinazea, ez tortura, ez heriotza; baizik eta gure bizitza eta gure heriotza azkeneraino partekatu nahi izan dituen Jainkoaren maitasuna, hurbiltasuna eta solidaritatea goraipatu nahi ditugu.

Ez da sufrimendua salbatu gaituena, baizik Jainkoaren maitasuna, Jainkoa gizakiaren historia dolorezkoarekin solidarizatu izana. Ez da odola, egia esateko, gure bekatua garbitu duena, baizik seme-alabatzat onartu gaituen Jainkoaren maitasun imajinaezina. Bere maitasuna erarik hobenean agertu digun gertaera da gurutzeko heriotza.

Gurutzearen handitasunari begira jartzea, ez da berari auskalo zer ahalmen edo indar misteriotsuren bat egoztea, baizik Jainkoaren beraren indar salbatzailea aitortzea da, Jesus gizon egitean, mundua berekin adiskidetzera irten denean.

Jada haurrak ezin besarkatu dituzten beso horiek zabalik eta jada lepradunak ezin ferekatu dituzten eta gaixoak ezin bedeinkatu dituzten esku horiek ikustean, kristauok Jainkoa «kontenplatzen» dugu, besoak zabalik, hainbat sufrimenduz hautsia den gure bizitza pobre hau onartzeko, besarkatzeko eta sostengatzeko prest.

Heriotzak itzali duen aurpegi horretan, jada prostituituei samurtasunez ezin begiratu dien begi horietan, hainbat abusuren eta injustiziaren biktimengatik bere haserrea ezin oihukatu duen aho horretan, bekatarientzat bere barkazioa ezin ahoskatu duten ezpain horietan, gizadiari dion bere maitasun imajinaezina ari zaigu agertzen Jainkoa, beste inolako keinuz baino argiago.

Horregatik, Gurutziltzatuari leial izatea, ez da gurutze eta sufrimendu bila ibiltzea, baizik berak bezala bizitzen saiatzea eskaintza- eta solidaritate-jarrera, onartuz, beharrezkoa izanez gero, ondorioz izan ditzakegun gurutzeko heriotza edo bestelako gaitzak. Gurutziltzatuari leial izate hau ez da oinaze-irrika, baizik esperantza-agiria. Bizitza «gurutziltzatu» baten azkena, Jesusek bizi izan zuen bezala bizi izandakoaren zoria, piztuera da bakar-bakarrik.

 

MIRAR AMB FE EL CRUCIFICAT

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

La festa que avui celebrem els cristians és incomprensible i fins i tot absurda per a qui desconeix el significat de la fe cristiana en el Crucificat. Quin sentit pot tenir celebrar una festa que se’n diu “Exaltació de la Creu” en una societat que cerca apassionadament el “confort” la comoditat i el màxim de benestar?

Més d’un es preguntarà com és possible seguir encara avui exaltant la creu. No ha quedat ja superada per sempre aquesta manera morbosa de viure exaltant el dolor i buscant el sofriment? Hem de continuar alimentant un cristianisme centrat en l’agonia del Calvari i les nafres del Crucificat?

Són sens dubte preguntes molt raonables que necessiten una resposta clarificadora. Quan els cristians mirem el Crucificat no enaltim el dolor, la tortura i la mort, sinó l’amor, la proximitat i la solidaritat de Déu que ha volgut compartir la nostra vida i la nostra mort fins a l’extrem.

No és el sofriment el que salva sinó l’amor de Déu que se solidaritza amb la història dolorosa de l’ésser humà. No és la sang la que, en realitat, neteja el nostre pecat sinó l’amor insondable de Déu que ens acull com a fills. La crucifixió és l’esdeveniment en el que millor se’ns revela el seu amor.

Descobrir la grandesa de la Creu no és atribuir no sé quin misteriós poder o virtut al dolor, sinó confessar la força salvadora de l’amor de Déu quan, encarnat en Jesús, surt a reconciliar el món amb ell.

En aquests braços estesos que ja no poden abraçar els nens i en aquestes mans que ja no poden acaronar els leprosos ni beneir els malalts, els cristians “contemplem” Déu amb els braços oberts per acollir, abraçar i sostenir les nostres pobres vides, trencades per tants de sofriments.

En aquest rostre apagat per la mort, en aquests ulls que ja no poden mirar amb tendresa les prostitutes, en aquella boca que ja no pot cridar la seva indignació per les víctimes de tants abusos i injustícies, en aquests llavis que no poden pronunciar el seu perdó als pecadors, Déu ens està revelant com en cap altre gest el seu amor insondable a la Humanitat.

Per això, ser fidel al Crucificat no és cercar creus i sofriments, sinó viure com ell en una actitud d’entrega i de solidaritat acceptant si cal la crucifixió i els mals que ens poden arribar com a conseqüència. Aquesta fidelitat al Crucificat no és dolorista sinó esperançada. A una vida “crucificada”, viscuda amb el mateix esperit d’amor amb què va viure Jesús, només li espera resurrecció.

 

OLLAR CON FE AO CRUCIFICADO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

A festa que hoxe celebramos os cristiáns é incomprensíbel e ata disparatada para quen descoñece o significado da fe cristiá no Crucificado. Que sentido pode ter celebrarmos unha festa que se chama “Exaltación da Cruz” nunha sociedade que busca apaixonadamente o “confort” a comodidade e o máximo benestar?

Máis dun preguntarase como é posíbel seguir aínda hoxe exaltando a cruz? Non ficou xa superado para sempre ese xeito morboso de vivirmos exaltando a dor e buscando o sufrimento? Temos de seguir alimentando un cristianismo centrado na agonía do Calvario e nas chagas do Crucificado?

Son sen dúbida preguntas moi razoábeis que necesitan unha resposta clarificadora. Cando os cristiáns ollamos para o Crucificado non enxalzamos a dor, a tortura e a morte, senón o amor, a proximidade e a solidariedade de Deus que quixo compartir a nosa vida e a nosa morte ata o extremo.

Non é o sufrimento o que salva senón o amor de Deus quen se solidariza coa historia dolorosa do ser humano. Non é o sangue o que, en realidade, limpa o noso pecado senón o amor insondábel de Deus que nos acolle como fillos. A crucifixión é o acontecemento no que mellor se nos revela o seu amor.

Descubrirmos a grandeza da Cruz non é atribuírlle un non sei que misterioso poder ou virtude á dor, senón confesarmos a forza salvadora do amor de Deus cando, encarnado en Xesús, sae a reconciliar o mundo consigo.

Neses brazos estendidos que xa non poden abrazar aos nenos e nesas mans que xa non poden acariñar aos leprosos nin bendicir aos enfermos, os cristiáns “contemplamos” a Deus cos seus brazos abertos para acoller, abrazar e soster as nosas pobres vidas, rotas por tantos sufrimentos.

Nese rostro apagado pola morte, neses ollos que xa non poden mirar con tenrura ás prostitutas, nesa boca que xa non pode berrar a súa indignación polas vítimas de tantos abusos e inxustizas, neses beizos que non poden pronunciar o seu perdón aos pecadores, Deus estanos revelando como en ningún outro xesto o seu amor insondábel á Humanidade.

Por iso, ser fiel ao Crucificado non é buscarmos cruces e sufrimentos, senón vivirmos coma el nunha actitude de entrega e solidariedade aceptando se é necesario a crucifixión e os males que nos poden chegar como consecuencia. Esta fidelidade ao Crucificado non é dolorista senón esperanzada. A unha vida “crucificada”, vivida co mesmo espírito de amor con que viviu Xesús, só lle espera resurrección.

 

mujerUN GRITO MÁS
Comunicado del MOCEOP
MOVIMIENTO PRO CELIBATO OPCIONAL, almarail@yahoo.es
ESPAÑA.

ECLESALIA, 26/05/14.-El Movimiento pro Celibato Opcional (MOCEOP), que lleva más de treinta años pidiendo la supresión de la ley del celibato obligatorio a los sacerdotes y una nueva, distinta Iglesia, se une al grito de indignación y sufrimiento que veintiséis mujeres italianas, que viven en relación afectica con curas, han lanzado en una carta al Papa. Es un grito desgarrador que ha recorrido la sociedad entera hasta colarse en el Vaticano.

Sentimos el dolor de estas mujeres y lo comprendemos, porque los curas casados y sus parejas hemos vivido en propias carnes esta situación tan inhumana de poner puertas al campo del amor, lo que crea un “tira y afloja que despedaza el alma”, como dicen estas italianas.

La indignación de estas mujeres ultrajadas y defraudadas clama al cielo y se une a la de tantos y tantas creyentes y no creyentes que buscamos una sociedad más justa e igualitaria.

Gritamos, una vez más, que la ley del celibato es una ley injusta, porque mata sentimientos y vivencias, derechos humanos, libres de anidar en el corazón de todas las personas, incluyendo, por supuesto, a curas y sus parejas, religiosas y religiosos.

Esta falta de respeto al interior humano por parte de la jerarquía eclesiástica viene de lejos. Y es que falta una mirada honesta hacia el amor, el sexo, la corporalidad lo que provoca estragos en las conciencias. Pero no se hace nada. Prefieren enrocarse en su “cuerpo de doctrina” y defenderlo por encima de los desgarros que proporciona en el cuerpo de su pueblo eclesial.

¿Cuándo, por Dios y por fin, se va a tener como principio activo cristiano la compasión, la ternura, el abrazo, el calor humano, que está en la base del evangelio y que tanto reclama el Papa actual? Hacen falta, de una vez, por todas, gestos que nos vuelvan al evangelio, que nos ayuden a volver a Jesús. Ese debe ser el camino nuevo y directo de la Iglesia. Porque estos problemas humanos no se arreglan con cabezonadas de ortodoxia, la mano férrea clerical o purezas rituales. Estas cosas se arreglan con el corazón y desde el corazón.

Esperamos y confiamos que el grito de estas mujeres – uno más en la Iglesia – y de todas las mujeres, retumbe en las conciencias de los que en el Vaticano y las curias deciden. Y empiecen por darse abrazos y así dejarán abrazar. Necesitamos sentirnos, no pensarnos, y subvertir la sociedad eclesial en humanidad sentida. Esperamos justicia y perdón por tanto dolor causado.

Espíritu de Jesús: Si andas por Roma date una vuelta por los palacios vaticanos y sopla fuerte, para que se vayan las hojas secas del otoño eclesial y empiecen a salir brotes primaverales, a través de la acción más revolucionaria que existe que es criar hijos para la libertad. Te lo pedimos de corazón y una buena parte del pueblo de Dios, sobre todo, pobres, mujeres, curas casados, homosexuales, divorciados, teólogos, te quedaremos muy agradecidos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

eternidadEL PRESTIGIO DEL PAPA WOJTYLA, LA SOLEDAD DE ROMERO, EL SILENCIO SOBRE JUAN PABLO I
BRAULIO HERNÁNDEZ, brauhm@gmail.com
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 28/04/14.- El 27 de abril el papa Francisco elevó a los altares a dos papas con una visión de Iglesia diferente: a Juan XXIII, el papa anciano, fallecido hace 50 años, que sorprendió al mundo convocando, por sorpresa, el Concilio Vaticano II: para renovar la Iglesia, volviendo a la sencillez de los orígenes (Hechos de los Apóstoles: la primera comunidad cristiana); y a Juan Pablo II, fallecido hace tan sólo nueve años y que frenó la renovación emprendida por el primero: para volver a la Iglesia triunfalista de cristiandad; y bajo cuyo pontificado fueron inhabilitados y marginados una buena parte de los teólogos más comprometidos con la renovación impulsada por el “Papa bueno”, siendo especialmente implacable con la Teología de la Liberación, que defendía “la opción preferencial por los pobres”.

La de Juan Pablo II era una canonización previsible. Imparable. La sorpresa ha sido la decisión del papa Francisco de canonizarlo junto a Juan XXIII (a quien eximió de un segundo “milagro”). Se dice que es una jugada maestra de Francisco para hacer de contrapeso y rebajar el excesivo culto a la personalidad hacia Juan Pablo II, el ‘papa viajero’ (104 viajes a 29 países). Y como una forma de solapar los escándalos surgidos bajo su pontificado, especialmente la pederastia por parte de miembros de la Iglesia.

Es una paradoja que el papa Francisco, que parece decidido a afrontar algunos de los escándalos que vivió la Iglesia durante el papado de Juan Pablo II (pederastia, IOR,…) le haya tocado canonizar a quien -según denuncian quienes los sufrieron- los encubrió. El vaticano ha desmentido esas denuncias, aduciendo que Juan Pablo II “no estaba al corriente”. Sin embargo, en julio de 2013, tras conocerse las intenciones de Francisco de canonizarlo, organizaciones de víctimas de abusos sexuales de México (el país donde Juan Pablo II cosechó mayores fervores) elevaron la voz exigiéndole a Francisco que paralizara el proceso mientras la ONU no se pronunciara sobre la investigación de los casos de abusos sexuales de la Iglesia. Entre los denunciantes está el exsacerdote mexicano Alberto Athié que abandonó el sacerdocio después de que sus denuncias sobre los abusos del fundador de los Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel (a quien Juan Pablo II propuesto como “modelo y guía de la juventud”) no fueran escuchadas ni en México ni en Roma. “Juan Pablo II se enteró de los casos y nunca quiso hacer nada, prefirió no mover un dedo”, denuncia a su vez Joaquín Aguilar, director de la Red de Sobrevivientes de Abusos del Clero (El País Internacional, 24/07/13).

El proceso de beatificación y canonización de Juan Pablo II (el más rápido de la historia moderna), ya estaba cantado desde antes de morir. Su agonía, tan televisiva, y el tsunami de pancartas proclamándolo ‘Santo subito’ el día de su funeral, preludiaban su canonización: era como un hecho casi consumado. El entonces secretario de Estado, Angelo Sodano (gran defensor de M. Maciel) lo proclamó como Juan Pablo II El Magno: calificativo que la iglesia medieval daba a los santos por aclamación. Un título que no desentona, pues Juan Pablo II (“un papa preconizado en los EE.UU.”) se encontraba cómodo en su papel de jefe de Estado, con honores y agasajos ante los grandes de la tierra: “por eso llegó a decir que, de los viajes, lo más importante para él era su encuentro con los poderosos. Así robustecía el prestigio de la Iglesia” (Juan Arias, periodista). Según Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente norteamericano, Juan Pablo II fraguó con Reagan “una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos”. Con él, el estado vaticano estableció relaciones diplomáticas con EE.UU. (1984).

Juan Pablo II sufrió desde niño los totalitarismos de los países del Este. Como Papa contribuyó a la caída del comunismo, aunque su apoyo económico al sindicato Solidaridad está lleno de sombras: parte de ese dinero, según diversas investigaciones de la procuraduría italiana, provenía del IOR (el banco vaticano), de depósitos realizados por organizaciones criminales de la mafia. Mijail Gorbachov manifestó que “Sin Juan Pablo II no se puede entender lo sucedido en Europa a finales de los 80”. Sin embargo, la actitud de Juan Pablo II con los totalitarismos de los dictadores latinoamericanas de derechas, que alardeaban de muy católicos,fue más complaciente. Ellos ordenaron miles de asesinatos y de desaparecidos. Una buena parte de las víctimas eran catequistas, sacerdotes, religiosos y religiosas, entre ellos Monseñor Romero, un obispo de perfil muy conservador que fue un paradigma de conversión: arriesgó su vida, y fue asesinado, por ser ‘la voz de los sin voz’.

También es una paradoja que el papa Francisco, que parece decidido a dotar de mecanismos de transparencia al opaco y polémico IOR (Banco Vaticano) tenga que canonizar a un papa que protegió, dándole más poder al frente del IOR, al polémico obispo Paul C. Marzincus (‘el banquero de Dios’) a quien Juan Pablo I (muerto en circunstancias extrañas a los 33 días de ser elegido), pensaba destituir. Cobra de nuevo actualidad el libro del sacerdote abulense Jesús López Sáez, “El Día de la Cuenta” (The Day of Reckoning) que lleva como subtítulo: “Juan Pablo II a examen”, libro que salió a las librerías (en la edición pública, ampliada y actualizada) en 2005 coincidiendo con el anuncio de la beatificación de Juan Pablo II: “Al final de su largo pontificado y ante el insólito proceso de beatificación, al papa Wojtyla se le pide cuenta de la causa de Juan Pablo I y de otros asuntos también importantes”. Es decir, “Se canoniza a uno y no se dice absolutamente nada del otro”. Recientemente, el escritor colombiano Evelio Rosero ha vuelto a poner en el candelero la extraña muerte de Juan Pablo I, en una novela: “Plegaria por un Papa envenenado” (Tusquets, 2014). El Papa Wojtyla, “en lugar de ordenar clarificar la muerte de un Papa que gozaba de una salud de hierro, se encargó de cerrar los ojos”.

Otro test para valorar la canonización de Juan Pablo II es su relación con monseñor Romero. Durante su largo pontificado, Juan Pablo II hizo del Vaticano una ‘fábrica de santos’: beatificó a 1340 personas y canonizó a 483 (más que la suma de sus predecesores en los últimos 500 años). Pero no mostró ninguna prisa ni mucho entusiasmo por hacer lo mismo con monseñor Romero; un santo no oficial, canonizado por el pueblo como ‘San Romero de América’; y honrado como tal (fuera de la Iglesia Católica) por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, incluyendo a la Iglesia Anglicana que lo incluyó en su santoral: es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la Abadía de Westminster de Londres.

Monseñor Romero no tenía muchos apoyos en los palacios vaticanos. Roma le enviaba ‘visitadores apostólicos’. Él decidió ir a Roma, para defenderse de las calumnias de algunos compañeros. En su primer encuentro con Juan Pablo II (mayo de 1979) monseñor Romero le llevó un Dossier con las flagrantes violaciones de derechos humanos en El Salvador. Se cuenta que, cuando iba a entregarle al Papa el Dossier, Juan Pablo II le dijo: “no me traiga muchas hojas que no tengo tiempo de leerlas. Y procure estar de acuerdo con su Gobierno”. Fue un encuentro desolador. Monseñor Romero salió llorando. “El Papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia. Romero palpó la incompatibilidad de la diplomacia con la verdad evangélica: “las curias no podían entenderte: ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo” escribe el obispo P. Casaldáliga en su Poema “San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro” (servicioskoinonia.org/romero/poesia).

En su último encuentro con Juan Pablo II, enero de 1980, monseñor Romero encontró más acogida. Juan Pablo II le felicitó por su defensa de la justicia social, pero advirtiéndole de los peligros del marxismo incrustado en el pueblo cristiano; a lo que monseñor Romero, con su habitual espíritu de obediencia, respondió que “el anticomunismo de derechas no defendía a la religión, sino al capitalismo”. Ya lo había denunciado el 15 de septiembre de 1978: “hay un ateísmo más cercano y más peligroso para nuestra iglesia: el ateísmo del capitalismo cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios”.

Cuenta el periodista Juan Arias que en el primer viaje de Juan Pablo II a América latina, cuando le mencionó el martirio de monseñor Romero, Juan Pablo II se irritó con él: “Eso aún había que probarlo”. Tras el asesinato de monseñor Romero (24 marzo 1980) Juan Pablo II lo definió como “celoso pastor”. Pero nunca lo elogiaba como mártir. Según Robert E. White, embajador norteamericano en El Salvador (destituido por el presidente Reagan en 1981), Reagan ocultó las pruebas del asesinato de monseñor Romero (Ya, 4-2-1984; El día de la cuenta, pág. 387). En la capital del país más poderoso de la tierra, a Juan Pablo II ya le han erigido un Santuario Nacional (“Culto papal y culto imperial” de Jesús López).(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

resucitado..UNA PASCUA LLENA DE REVOLUCIÓN
CARMEN ALMANSA, carmen_almansa86@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 24/04/14.-Esta Semana Santa, he tenido la suerte de poder estar en Ceuta celebrando la Pascua con un grupo de gente maravillosa, la Pascua la organizaban dos monjas Paula y Cande, guerrilleras y mejores personas que con la Asociación Elín hacen allí una labor fantástica. Compartimos experiencia con hermanos y hermanas inmigrantes que están en el CETI (Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes) de Ceuta.

Una vez más, poner rostro y corazón, nombres y apellidos a situaciones y a acontecimientos dramáticos de desigualdad e injusticia, duele más, me genera rabia y mucha tristeza.

Duele saber cómo se oculta la situación (de desamparo y sufrimiento) de personas que tratan de llegar a nuestro país.

Duele saber que hay que personas que viven situaciones de violencia, discriminación y violación, por su nacionalidad, su color de piel y por su condición social (porque es alucinante como de pronto se levantan las fronteras para grandes futbolistas o grandes mandatarios).

Me duele escuchar a Kevin de Camerún contar como vivió la tragedia del pasado 6 de febrero en el Tarajal y como perdió a sus compañeros.

Me duele, me pincha en el corazón ver a una mujer del CETI que fue violada en el camino de llegada a España y por causa de la violación llegó a Ceuta embarazada de gemelos en una barca zodiac sin motor (¡un milagro!).

Me horroriza ver la valla que hiere con solo mirarla.

Me duele que no se haga justicia, que mientras unos se llenan los bolsillos de dinero con planes corruptos, otros paguen con su vida sus acuerdos y decisiones.

Pero ante este dolor, rabia y la vergüenza que me produce que esto ocurra, esta Semana Santa he sentido consuelo y alegría…

Consuelo de ver que son muchas las personas que creen en la justicia y luchan por ella.

Alegría de que existan oasis en medio del camino como es la Asociación Elin.

Me alegra saber que somos iguales, que podemos comer, jugar, bailar juntos reír y llorar a pesar de venir de lugares distintos. Me consuela saber que para muchos y muchas las diferencias no son malas sino todo lo contrario una fuente de riqueza.

Me alegra saber que aún siendo de religiones y creencias distintas El Manantial del que bebemos es el mismo.

Me consuelan los sueños que son más fuertes que las vallas y las fronteras.

Me consuela y alienta el abrazaros y sentir que seguimos en la lucha.

Pero quizás, lo que más hoy me consuela en sentirme hija de Dios resucitado, un Dios vivo que no mira raza, sexo o religión, un Dios que no oprime, sino que libera. Un Dios de vivos que nos pide salir a la calle e ir al encuentro del que sufre, del que llora, y también al encuentro del que se cree en posesión de toda la verdad, del que se lucra a costa del mal ajeno…porque ahí también nos pide que estemos, para gritar, reclamar y exigir!

Hoy y más que nunca siento que Dios me llama para hacer la Revolución, la del amor, pero siempre ¡REVOLUCIÓN!, Denunciando y dando voz a su legado más grande: “Amaros los unos a los otros”.

Gracias a Silla, Boubu, Marian, Omar, Kevin, Happy… y a todas las hermanas y hermanos con los que pudimos compartir estos días porque han sido ejemplo de vida, lucha, esperanza y resurrección.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Valla-Pasion Rogelio Núñez Partido

 

AyudaLIMITACIÓN E IMPOTENCIAS DEL SER HUMANO
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 11/02/14.- Aún es fácil encontrar quienes creen que Dios castiga los pecados con tribulaciones y calamidades de este mundo. Pero así como el morir no tiene de por sí nada que ver con el pecado, sino que es la terminación normal de la vida de todos los seres vivos de la tierra (nº 1007 del Catecismo de la I.C.), tampoco lo tienen el sufrir la muerte abrupta o “anticipadamente”, ni los demás infortunios que pueden abrumarnos. Todos ellos se deben, básicamente, a la limitación e impotencia de la “carne” que somos, a nuestra precariedad de “barro desmoronable”.

Precariedad ante las catástrofes naturales. Como sequías, inundaciones, huracanes, erupciones, terremotos, tsunamis, etc. No puede creerse que esos fenómenos se deban a ser más pecadores que el resto de los seres humanos los habitantes de las zonas afectadas. Ni tendría explicación que ellos se produjeran también en las deshabitadas, sin posible existencia de pecado que castigar.

Es del todo inadmisible lo que a la mayoría de los de mi edad se nos dijo de pequeños: que al pecado se debió el diluvio, el fuego sobre Sodoma y Gomorra, la erupción del Vesubio sobre Pompeya y Herculano, etc., etc. A las víctimas de esos desastres les llegó con ellos la desolación y la muerte por hallarse allí sin capacidad de defensa a causa de su propia limitación e impotencia. Les sucedió lo mismo que a los dieciocho aplastados por la torre de Siloé, que no tenían más pecado que los demás (Lc 13,4).

Análoga ajenidad del pecado debe afirmarse respecto de la devastación y desmanes sufridos por causa o con ocasión de las guerras y de cualesquiera otras injusticias, arbitrariedades, atropellos y abusos. Incluso los cometidos por quienes juzgándose servidores de Dios (Jn 16,2), pero desconociendo el espíritu del que están llamados a ser (Lc 9, 54-56), se arrogan abusivamente la condición de ejecutores de su justicia.

Como si nuestro Dios, esencialmente definible como fuente inagotable de vida y plenitud, pudiera por exigencia de la justicia transformarse en fautor de muerte y mutilación; de exterminios raciales; de masivas deportaciones; de pillaje y saqueo de pueblos enteros hasta su empobrecimiento total; de avasallamiento de derechos básicos; de tortura; de bochornosas vejaciones; de privación de la libertad y de la vida. Incluso en la cruz… ¡o en la hoguera…!

Pasar por tales penalidades también nace de la limitación e impotencia de la “carne”, en este caso para refrenar la maquinaria del poder injusto. Ésta es la raíz básica, no el ser especialmente delincuentes quienes las padecen. Éstos con frecuencia son incluso menos malhechores que los afirmados paladines de la justicia divina, pero en realidad sus más eficaces detractores. Por escapar ellos mismos no rara vez del creído castigo divino. Aun en el caso de ser superior su injusticia y su maldad a las de otros.

Cierto que los profetas interpretaron castigo divino los múltiples asaltos y la ruina nacional padecidos por el pueblo de Israel y presentaron a los ejércitos que les invadían como enviados por el propio Yahveh y a sus órdenes. Fue antropomorfización irracional de la justicia divina, con la que al parecer pretendieron armonizar sus reveses nacionales con su convicción de pueblo “elegido/preferido” entre todas las naciones.

Desde la perspectiva de la excelsitud suprema de Dios y de la de su amor “al mundo” entero (Jn 3,16), resulta aberración blasfema pensar que Él maneja a los malhechores en orden a valerse de su egoísmo, ira, prepotencia, inquina y mala entraña, para castigar los pecados de otros seres humanos.

No condice con su santidad. Tampoco, como ya dije en “Nuestra muerte y la de Jesús” (ECLESALIA 13/05/13) con su grandeza, magnanimidad y sensatez infinitas. Dándose éstas es imposible llegar a la ruindad y necia mezquindad de satisfacerse o congratularse con ofrendas de dolor y con expiaciones aflictivas que, encima, nunca pasan de baladíes y hueras. Por no guardar proporción con las ofensas inferidas. Por más extremas que ellas fueren en lo humano, siempre serán naderías ante la majestad infinita del Dios trascendente.

De forma semejante debe hablarse de las epidemias y enfermedades. Quienes las padecen tampoco son más pecadores que el resto de los seres humanos. Y mucho más falso es con ellas Dios castigue en los hijos los pecados de los padres. Las enfermedades se sufren igualmente sólo a causa de la limitación e impotencia de la “carne”, aunque sobrevengan con ocasión o a través de un pecado. Limitación e impotencia ya común por progreso científico insuficiente; ya particular de cada uno a causa de su carencia de medios, o de su propia ignorancia o error.

De lo contrario, esto es, de ser la enfermedad castigo divino por el pecado, sería imposible conseguir remedio para ninguna y carecería de sentido el mandato de “curar enfermos” (Mt 10,8), que Jesús dio a sus apóstoles. Salvo que el ser humano pudiera anteponer su voluntad a la divina y ―permítaseme la expresión― “subírsele a las barbas” al Todopoderoso.

Ni se evitaría la otra blasfemia de tener a Dios por un ser cruel y arbitrario. Es conclusión siempre exigida sea cual fuese el infortunio que se afirme castigo suyo. Por la frecuencia con que sufren el mismo “castigo” quienes carecen de pecado; por escapar indemnes muchos de los que lo cometen; y por la asidua falta de proporción con el cometido por cada uno.

El anuncio mismo de inminentes calamidades en castigo de pecados cometidos ―como el de Jonás en la antigüedad o el de Fátima en nuestro tiempo, da igual el que sea―, embarra el mensaje fundamental del cristianismo: «Dios es amor», “como lo manifestó respecto de nosotros el envío de su Hijo al mundo, para que vivamos por Él” (1Jn 4,8-9) y “nos desborde la vida”. Que “no vino para robarnos, matarnos y destruirnos” (Jn 10,10), ni para condenarnos (Jn. 12, 47).

Dichos anuncios, de ser profecías auténticas, sólo podrían recibirse como aviso solícito de nuestro bien. Para que, ante lo inminente por el motivo que fuere, busquemos a tiempo amparo con súplicas sinceras en quien únicamente podemos encontrarlo (Sal 125,8; etc.), y para que pongamos el remedio posible a nuestro alcance. Aunque sólo fuere el de “huir a los montes, sin entrar en casa para recoger nada los que estuvieren fuera, ni tornar atrás a coger el manto los que hubieran partido sin él” (Mt. 24,16-18).

La superación de falsedades y engaños, así como el librarse de la obstinación en ellos, es también campo acotado por la limitación e impotencia del ser humano. Dios tampoco puede ser el autor de la pertinacia y endurecimiento en el mal y el error, por más que algún pasaje bíblico, como el de Is 6,9-12, haya llevado a alguno a afirmarlo. «Él quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento pleno de la verdad» (1Tim 2,4).

Tal limitación resulta especialmente patente respecto de errores heredados, como demuestra la historia de forma contundente. En el ámbito de todas las culturas se tiene constatada la enorme dificultad que existe para dudar de lo entrañado en el espíritu propio ya en la niñez, al calor del incuestionable cariño maternal y de la unánime convicción familiar y social sobre su supuesta veracidad y acierto.

La sumisión a esos errores acarrea serias menguas a la plenitud de vida pretendida por Jesús para todos ya aquí (Jn 10,10). Al tomar conciencia de ellas no sirve de nada rebelarse, ni tachar de inicuos a los que nos moldearon en el error o tratan de mantenernos en él. Éstos fueron a su vez víctimas de quienes les precedieron, movidos también por deseo tan sincero y errado como el suyo.

Ni debería tener cabida el sentimiento de frustración por el tiempo y energías malgastados. Nuestros errores no pueden dañar sustantivamente una salvación que no pende del mérito de las obras; sino de la fe en la magnificencia desbordada del don de Dios (Rom 8, 14-17). Con nuestras obras lo más que logramos es hacer lo que teníamos mandado; pero nunca traspasar nuestra condición de siervos inútiles y sin provecho (Lc 17,7-10), de suerte que alcancemos el acogimiento de Dios en su casa como hijos suyos. Esto es y sólo puede ser don libérrimo de su amor.

Lo propio entonces frente a esta limitación, al igual por lo demás que frente a todas las otras, es asumir tal cual es la pequeñez de nuestra realidad. Asumirla activamente, es decir, procurando a la vez ampliar nuestra capacidad de superación y rectificación de errores.

Para conseguirlo no puede vivirse ciega y confiadamente abandonado a la” tradición”. En la que cada uno recibe no es raro encontrar datos sin más amparo, verdad, ni fundamento que “ser lo siempre dicho en el entorno propio”.

Tal seguidismo ciego obstaculiza al ser humano, sea cual fuere la religión o fe que profese, la liberación de los errores que pueda arrastrar la “tradición” que recibió. Así les sucedió a la mayoría de los coetáneos de Jesús. Respecto, por ejemplo, del día de precepto y del trabajo en él (Mt 12,1; Lc 6,5; etc.); de la necesidad religiosa de lavarse las manos antes de comer (Mt 15,1-20); de la ilicitud del libre repudio (Mt 19,3…), etc.

Es más: dicho seguidismo incapacita la comprensión cabal de los seis “Oísteis que se dijo a los antiguos, mas yo os digo…”, del Sermón del Monte (Mt 5,21-48). Incapacita hasta el extremo de juzgar fundamentalista entender la palabra nueva de Jesús en sentido contrapuesto al de la enseñanza dada a los antiguos. Contrapuesto bien con significado de superación y aquilatamiento, bien con el de rectificación radical, de acuerdo con el tenor literario de cada uno de ellos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Curar heridas

Publicado: 11 diciembre, 2013 en BIBLIA
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camino de jerusalén..3 Adviento (A) Mateo 11, 2-11
CURAR HERIDAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 11/12/13.- La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Jesús le responde con su vida de profeta curador: “Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.

Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso, no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.

Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba “reino de Dios”.

El Papa Francisco afirma que “curar heridas” es una tarea urgente: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones… Esto es lo primero: curar heridas, curar heridas”. Habla luego de “hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela”. Habla también de “caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse”.

Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

CURAR FERIDAS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A atuação de Jesus deixou desconcertado João Baptista. Ele esperava um Messias que extirparia do mundo o pecado impondo o juízo rigoroso de Deus, não um Messias dedicado a curar feridas e a aliviar sofrimentos. Desde a prisão de Maqueronte envia uma mensagem a Jesus: “És tu o que há-de vir ou temos de esperar a outro?”.

Jesus responde-lhe com a Sua vida de profeta curador: “Dizei a João o que estais vendo e ouvindo: os cegos veem e os inválidos andam; os leprosos ficam limpos e os surdos ouvem; os mortos ressuscitam e aos pobres anuncia-lhes a Boa Nova”. Este é o verdadeiro Messias: o que vem a aliviar o sofrimento, curar a vida e abrir um horizonte de esperança aos pobres.

Jesus sente-se enviado por um Pai misericordioso que quer para todos um mundo mais digno e ditoso. Por isso, dedica-se a curar feridas, sarar doenças e libertar a vida. E por isso pede a todos: “Sede compassivos como o vosso Pai é compassivo”.

Jesus não se sente enviado por um Juiz rigoroso para julgar os pecadores e condenar o mundo. Por isso, não atemoriza ninguém com gestos justiceiros, mas que oferece a pecadores e prostitutas a Sua amizade e o Seu perdão. E por isso pede a todos: “Não julgueis e não sereis julgados”.

Jesus não cura nunca de forma arbitrária ou por puro sensacionalismo. Cura movido pela compaixão, procurando restaurar a vida dessas pessoas doentes, abatidas y quebradas. São as primeiras que hão-de experimentar que Deus é amigo de uma vida digna e sã.

Jesus não insistiu nunca no carácter prodigioso das Suas curas nem pensou nelas como receita fácil para suprimir o sofrimento no mundo. Apresentou a Sua atividade de cura como um sinal para mostrar aos Seus seguidores em que direção temos de atuar para abrir caminhos a esse projeto humanizador do Pai que Ele chamava “reino de Deus”.

O Papa Francisco afirma que “curar feridas” é uma tarefa urgente: “Vejo com clareza que o que a Igreja necessita hoje é uma capacidade de curar feridas e dar calor, acercamento e proximidade aos corações… Este é o primeiro: curar feridas, curar feridas”. Fala logo de “tratarmos das pessoas, acompanhando-as como o bom samaritano que lava, limpa e consola”. Fala também de “caminhar com as pessoas na noite, saber dialogar e inclusive descer à sua noite e obscuridade sem se perder”.

Ao confiar a sua missão aos discípulos, Jesus não os imagina como doutores, hierarcas, liturgistas ou teólogos, mas como curadores. A Sua tarefa será dupla: anunciar que o reino de Deus está próximo e curar doentes.

 

GUARIRE FERITE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

L’agire di Gesù lasciò sconcertato il Battista. Questi aspettava un Messia che avrebbe estirpato dal mondo il peccato imponendo il giudizio rigoroso di Dio, non un Messia dedito a guarire ferite e alleviare sofferenze. Dalla prigione di Macheronte invia un messaggio a Gesù: Sei tu colui che deve venire o dobbiamo aspettare un altro?.

Gesù gli risponde con la sua vita di profeta guaritore: Andate e riferite a Giovanni ciò che udite e vedete: I ciechi riacquistano la vista, gli zoppi camminano, i lebbrosi sono purificati, i sordi odono, i morti risuscitano, ai poveri è annunciato il Vangelo. Ecco il vero Messia: colui che viene ad alleviare la sofferenza, guarire la vita e aprire un orizzonte di speranza ai poveri.

Gesù si sente inviato da un Padre misericordioso che vuole per tutti un mondo più degno e felice. Per questo, si dà a guarire ferite, risanare malattie e liberare la vita. E per questo chiede a tutti: “Siate misericordiosi come il Padre vostro è misericordioso”.

Gesù non si sente inviato da un Giudice rigoroso per giudicare i peccatori e condannare il mondo. Per questo non intimorisce nessuno con gesti di giudizio, ma offre a peccatori e prostitute la sua amicizia e il suo perdono. E per questo chiede a tutti: “Non giudicate e non sarete giudicati”.

Gesù non guarisce mai in maniera arbitraria o per puro sensazionalismo. Guarisce mosso dalla compassione, cercando di restaurare la vita di quelle persone inferme, abbattute e distrutte. Sono le prime che devono sperimentare che Dio è amico di una vita degna e sana.

Gesù non ha mai insistito sul carattere prodigioso delle sue guarigioni né ha pensato ad esse come a ricette facili per sopprimere la sofferenza nel mondo. Presentò il suo agire guaritore come segno per mostrare ai suoi seguaci in che direzione dobbiamo agire per aprire strade a quel progetto umanizzatore del Padre che egli chiamava “Regno di Dio”.

Papa Francesco afferma che “guarire ferite” è un compito urgente: “Vedo con chiarezza che quello di cui ha bisogno oggi la Chiesa è una capacità di guarire ferite e dare calore, vicinanza e prossimità ai cuori… Questa è la prima cosa: guarire ferite, guarire ferite”. Parla poi di “farci carico delle persone, accompagnarle come il buon samaritano che lava, pulisce e consola”. Parla anche di “camminare con le persone nella notte, saper dialogare e anche discendere nella loro notte e oscurità senza perdersi”.

Nell’affidare la sua missione ai discepoli, Gesù non li immagina come dottori, gerarchi, liturgisti o teologhi, ma come guaritori. Il loro compito sarà duplice: annunciare che il Regno di Dio è vicino e guarire infermi.

 

SOIGNER LES BLESSURES

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La façon d’agir de Jésus laissa Jean Baptiste déconcerté. Il s’attendait à un Messie qui viendrait extirper le péché du monde en imposant le jugement rigoureux de Dieu, et non pas à un Messie consacré à guérir les blessures et à soulager les souffrances. Depuis sa prison de Maquéronte, il envoie un message à Jésus : « C’est toi qui doit venir ou devons-nous en attendre un autre ? »

Jésus lui répond à travers sa vie de prophète guérisseur. « Dites à Jean ce que vous avez vu et entendu : les aveugles voient, les boiteux marchent ; les lépreux sont purifiés et les sourds entendent ; les morts ressuscitent et la Bonne Nouvelle est annoncée aux pauvres ». Voilà le véritable Messie : celui qui vient soulager la souffrance, guérir la vie et ouvrir aux pauvres un horizon d’espoir.

Jésus se sent envoyé par un Père miséricordieux qui veut pour tous un monde plus digne et plus heureux. C’est pourquoi, il se consacre à guérir les blessures, à soulager les douleurs et à libérer la vie. Et c’est pourquoi il demande à tous : « Soyez miséricordieux comme votre Père est miséricordieux »

Jésus ne se sent pas envoyé par un Juge rigoureux pour venir juger les pécheurs et condamner le monde. C’est pour cette raison qu’il ne menace personne par des gestes justiciers mais qu’il offre aux pécheurs et aux prostituées son amitié et son pardon. Et c’est pour cela qu’il demande à tous : « Ne jugez pas et vous ne serez pas jugés ».

Jésus ne guérit jamais de manière arbitraire ou par pur sensationnalisme. Il guérit, poussé par la compassion, en cherchant à restaurer la vie des personnes malades, abattues et brisées. Ce sont elles qui devront éprouver en premier que Dieu est l’ami d’une vie digne et saine.

Jésus n’insiste jamais sur le caractère prodigieux de ses guérisons et il ne pense pas à elles comme à une recette facile pour enlever la souffrance du monde. Il présente son activité curatrice comme un signe qui montre à ses disciples la direction vers laquelle ils devront orienter leur action, afin d’ouvrir des chemins à ce projet humanisant du Père qu’il appelait « règne de Dieu ».

Le Pape François affirme que la “guérison des blessures” est une tâche urgente. « Je vois clairement que ce dont l’Eglise a aujourd’hui besoin c’est d’une capacité de soigner les blessures et d’apporter de la chaleur et de se rapprocher des cœurs…C’est-là la priorité : soigner les blessures, guérir les blessures ». Il parle ensuite de « prendre en charge les personnes, en les accompagnant, comme le bon samaritain qui lave, nettoie et console ». Il parle aussi de « cheminer avec les personnes pendant la nuit, savoir dialoguer et même descendre jusqu’à leur nuit et leur obscurité sans se perdre ».

En confiant sa mission aux disciples, Jésus ne les imagine pas comme des docteurs, des hiérarques, des liturgistes ou des théologiens, mais comme des guérisseurs. Ils auront une double tâche : annoncer que le règne de Dieu est proche et guérir les malades.

 

HEALING WOUNDS

José Antonio Pagola.

What Jesus was doing left the Baptist confused. He was waiting for a Messiah who would wipe out sin from the world, imposing God’s rigorous justice, not a Messiah dedicated to healing wounds and alleviating suffering. From the prison of Machaerus he sends a message to Jesus: “Are you the one who is to come, or are we to expect someone else?”

Jesus answers him with his life as a healing prophet: “Go back and tell John what you hear and see; the blind see again, and the lame walk, those suffering from virulent skin-diseases are cleansed, and the deaf hear, the dead are raised to life and the good news is proclaimed to the poor.” This is the true Messiah: the one who comes to alleviate suffering, heal life and open a horizon of hope to the poor.

Jesus feels himself sent by a compassionate Father who wants a more dignified and happy world for everyone. That’s why he gives himself to healing wounds, curing illness and liberating life. And that’s why he asks everyone: “Be compassionate as your Father is compassionate.”

Jesus doesn’t see himself as one sent by a rigorous Judge to judge sinners and condemn the world. That’s why he doesn’t frighten anyone with avenging gestures, but offers sinners and prostitutes his friendship and forgiveness. And that’s why he asks us all: “Don’t judge and you will not be judged.”

Jesus never heals in an arbitrary way or just to amaze. He heals moved by compassion, looking to restore life for sick people, for the dejected and broken. These are the first ones who should experience that God is a friend of a whole and healthy life.

Jesus never insists on the wondrous aspect of his healings, nor does he think about them as an easy recipe to abolish suffering in the world. He presented his healing activity as a sign to show his followers in what direction we should act in order to open up paths to that humanizing project of the Father that he called “Reign of God”.

Pope Francis affirms that “healing wounds” is an urgent task: “I see clearly that what the Church needs today is a capacity to heal wounds and give warmth, nearness and closeness to hearts… This is number one: heal wounds, heal wounds.” He speaks later on about “taking care of people, accompanying them as the Good Samaritan who washes, cleanses, and consuls”. He speaks also of “walking with people in the night, knowing how to dialogue, and even descending to their night and obscurity without getting lost.”

When he entrusts his mission to his disciples, Jesus doesn’t see them as doctors, hierarchs, liturgists or theologians, but as healers. Their task will be two-fold: announce that God’s Reign is near and heal the sick.

 

ZAURIAK SENDATU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen jarduerak nahasirik utzi zuen Joan Bataiatzailea. Honek Mesias bat espero zuen, munduan bekatua desegingo zuena Jainkoaren epai zorrotza ezarriaz, eta ez Mesias bat, zauriak sendatzera eta sufrimendua arintzera emanik biziko zena. Makeronteko presondegitik mezu bat bidali dio Jesusi: «Zu al zara etortzekoa dena ala beste baten zain bizi behar dugu?»

Profeta sendatzaile baten bere biziera kontatuz erantzun dio Jesusek «Esan Joani ikusten eta entzuten ari zaretena: itsuek ikusten dute eta ezinduak ibili dabiltza; lepradunak garbi gelditzen dira eta gorrek entzuten dute; hildakoak pizten dira eta behartsuei Berri Ona hots egiten zaie». Hauxe da egiazko Mesias: sufrimendua arintzera etorri dena, bizitza sanotzera eta behartsuei esperantzaren argia piztera.

Aita errukitsu batek bidali duela sentitu du Jesusek, gizon-emakume guztientzat mundu duinago eta zoriontsuago bat nahi duen Aitak. Horregatik, zauriak sendatzeari, oinazeak sanotzeari eta bizitza askatzeari emanik bizi da. Eta horregatik eskatu die guztiei: «Izan errukitsu, zuen Aita errukitsu den bezala».

Jesusek ez du uste Epaile zorrotz bat bezala bidalia denik, bekatariak juzgatzera eta mundua gaitzestera. Horregatik, ez da ariko jendeari beldurra nola sartuko zuzentasun zorrotz baten keinuak eginez; baizik eta bere adiskidetasuna eta barkazioa eskainiko die bekatariei eta prostituituei. Eta horregatik egin die guztiei erregu hau: «Ez epaitu eta ez zaituzte epaituko».

Jesusek ez du inor sendatu apeta hutsez edota sentsazionalismo baten bila. Errukiak eraginda sendatzen du: jende gaixo, lur jotako eta hautsi horren bizitza berregin nahi du. Horiek dira lehenak esperimentatzen, bizitza duin eta osasuntsu baten adiskidea dela Jainkoa.

Jesusek ez zuen sekula azpimarratu bere sendatzeen mirarizko izaerarik; ez zuen pentsatu sendatze horiek izango zirela munduan sufrimendua kentzeko errezeta erraz bat. Ezaugarri bezala aurkeztu zuen bere jarduera sendatzaile hori; hain juxtu, zein norabidetan jardun bere jarraitzaileei agertzeko, berak «Jainkoaren erregetza» deitzen zuen Aitaren egitasmo gizatartzaileari bideak irekitzeko.

Frantzisko aita santuak dio, zeregin premiazkoa dela «zauriak sendatzea»: «Garbi dakusat Elizak gaur egun egin behar duena zauriak sendatzeko gaitasuna agertzea dela, eta beroa, hurbiltasuna eta ondokotasuna eskaintzea bihotzei… Hau da lehenengo gauza: zauriak sendatzea, zauriak sendatzea». Ondoren dio: «jendearen kargua hartzea, bidelagun bihurturik samariar onak bezala igurtziz, garbituz eta kontsolatuz». Orobat dio: «jendearekin ibili gauez, solas egiten jakin eta, are gehiago, haien gauera eta ilunera jaitsiz bidea galdu gabe».

Bere eginkizuna ikasleei gomendatzean, Jesusek ez ditu imajinatzen doktore, hierarka, liturgia-jakitun edo teologo, baizik eta sendatzaile. Bikoitza izango dute beren egitekoa: Jainkoaren erregetza hurbil dela hots egin eta gaixoak sendatu.

 

GUARIR FERIDES

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

L’actuació de Jesús va deixar desconcertat el Baptista. Ell esperava un Messies que extirparía del món el pecat imposant el judici rigorós de Déu, no un Messies dedicat a guarir ferides i alleujar patiments. Des de la presó de Maqueront envia un missatge a Jesús: “¿Ets tu el qui ha de venir, o n’hem d’esperar un altre?”

Jesús li respon amb la seva vida de profeta guaridor: “Aneu a anunciar a Joan el que sentiu i veieu: els cecs hi veuen, els coixos caminen, els leprosos queden purs, els sords hi senten, els morts ressusciten, els pobres reben l’anunci la Bona Notícia”. Aquest és el veritable Messies: el qui ve a alleujar el sofriment, guarir la vida i obrir un horitzó d’esperança als pobres.

Jesús se sent enviat per un Pare misericordiós que vol un món més digne i més feliç per a tothom. Per això, es lliura a guarir ferides, guarir malalties i alliberar la vida. I per això demana a tothom: “Sigueu compassius com el vostre Pare és compassiu”.

Jesús no se sent enviat per un jutge rigorós per jutjar els pecadors i condemnar el món. Per això, no atemoreix ningú amb gestos justiciers, sinó que ofereix a pecadors i prostitutes la seva amistat i el seu perdó. I per això demana a tothom: “No jutgeu i no sereu jutjats”.

Jesús no guareix mai de manera arbitrària o per pur sensacionalisme. Guareix mogut per la compassió, cercant restaurar la vida d’aquestes persones malaltes, abatudes i trencades. Són les primeres que han d’experimentar que Déu és amic d’una vida digna i sana.

Jesús no va insistir mai en el caràcter prodigiós de les seves guaricions ni hi va pensar com a recepta fàcil per suprimir el sofriment al món. Va presentar la seva activitat guaridora com a signe per mostrar als seus seguidors en quina direcció hem d’actuar per obrir camins a aquest projecte humanitzador del Pare que ell anomenava “Regne de Déu”.

El Papa Francesc afirma que “curar ferides” és una tasca urgent: “Veig amb claredat que el que l’Església necessita avui és una capacitat de guarir ferides, donar escalf i proximitat als cors… Això és el primer: curar ferides, curar ferides”. Parla després de “fer-nos càrrec de les persones, acompanyant-les com el bon samarità que renta, neteja i consola”. Parla també de “caminar amb les persones en la nit, saber dialogar i fins i tot baixar a la seva nit i foscor sense perdre’s”.

En confiar la seva missió als deixebles, Jesús no els imagina com doctors, jerarques, liturgistes o teòlegs, sinó com guaridors. La seva tasca serà doble: anunciar que el regne de Déu és a prop i guarir malalts.

 

CURAR FERIDAS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

A actuación de Xesús deixou desconcertado ao Bautista. El esperaba un Mesías que extirparía do mundo o pecado impoñendo o xuízo rigoroso de Deus, non un Mesías dedicado a curar feridas e aliviar sufrimentos. Desde a prisión de Maqueronte envía unha mensaxe a Jesús: “Es ti o que ha de vir ou temos de esperar a outro”?.

Xesús respóndelle coa súa vida de profeta curador: “Dicídelle a Xoán o que estades a ver e oír:os cegos ven e os inválidos andan; os leprosos quedan limpos e os xordos oen; os mortos resucitan e aos pobres anúnciaselles a Boa Noticia”. Este é o verdadeiro Mesías: o que vén aliviar o sufrimento, curar a vida e abrir un horizonte de esperanza aos pobres.

Xesús séntese enviado por un Pai misericordioso que quere para todos un mundo máis digno e ditoso. Por iso, entrégase a curar feridas, sandar doenzas e liberar a vida. E por iso pide a todos: “Sede compasivos como o voso Pai é compasivo”.

Xesús non se sente enviado por un Xuíz rigoroso para xulgar aos pecadores e condenar ao mundo. Por iso, non atemoriza a ninguén con xestos xusticeiros, senón que ofrece a pecadores e prostitutas a súa amizade e o seu perdón. E por iso pide a todos: “Non xulguedes e non seredes xulgados”.

Xesús non cura nunca de xeito arbitrario ou por puro sensacionalismo. Cura movido pola compaixón, buscando restaurar a vida desas xentes doentes, abatidas e rotas. Son as primeiras que han experimentar que Deus é amigo dunha vida digna e sa.

Xesús non insistiu nunca no carácter prodixioso das súas curacións nin pensou nelas como receita fácil para suprimir o sufrimento no mundo. Presentou a súa actividade curadora como signo para mostrar aos seus seguidores en que dirección temos de actuar para abrirmos camiños a ese proxecto humanizador do Pai que el chamaba “reino de Deus”.

O Papa Francisco afirma que “curar feridas” é unha tarefa urxente: Vexo con claridade que o que a Igrexa necesita hoxe é unha capacidade de curar feridas e dar calor, proximidade e proximidade aos corazóns… Isto é o primeiro: curar feridas, curar feridas”. Fala logo de “facérmonos cargo das persoas, acompañándoas como o bo samaritano que lava, limpa e consola”. Fala tamén de “camiñar coas persoas na noite, saber dialogar e ata descender á súa noite e escuridade sen perderse”.

Ao confiar a súa misión aos discípulos, Xesús non os imaxina como doutores, xerarcas, liturxistas ou teólogos, senón como curadores. A súa tarefa será dobre: anunciar que o reino Deus está cerca e curar enfermos.

 

治愈创伤

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

耶稣的作为令洗者若翰捉摸不透。他原期望默西亚到来时,以上主正义消灭世上的一切罪恶,他完全没想到一个致力于治愈创伤、减轻世人疾苦的默西亚。于是,他在狱中派了一个门徒去问耶稣:“你就是要来的那一位,还是我们要等待另一位?”

耶稣以他的生活作答:“你们去,把你们所见所闻的报告给若翰:瞎子看见,瘸子行走,癞病人得了洁净,聋子听见,死人复生,穷人得到喜讯”。这就是真默西亚:那个要来减轻疾苦,治愈生命的创伤,为穷人打开希望之门的人。

耶稣认为仁慈的天父愿意所有的人都能生活在一个更美好的世界里,他正是为此而被派遣。因此,他全身心地投入于治愈创伤,减轻疾苦和解放生命。也为此他要求我们所有的人:“你们应该是仁慈的,就像你们的父那样仁慈”。

耶稣并不认为他是被一个严厉的法官派遣来审判罪恶并惩罚世界。因此,他并不以正义来恐吓任何人,相反,他给予罪人和妓女们他的友爱与宽恕。也为此他要求我们所有的人:“你们不要审判,这样你们也不会受审判”。

耶稣治愈病人并不是凭心情,也不是为了寻找感觉,他是被怜悯所推动,他所渴望的是帮助这些病人,心灵破碎,生命残缺的人重建生命。是他们首先要经验到天主是生命的朋友。

耶稣从不突出治愈的奇迹性,也不把它们视为消除世间疾苦的灵丹妙药。他将他的治愈视为一个记号,告诉他的门徒们应该在哪一个方向上努力,为能推动“天主的国”的建设。

教宗方济各肯定“治愈创伤”是一项迫在眉捷的工作:“我清楚地看到今天的教会需要治愈创伤、给予温暖的能力,她必须走进人们的心灵……这是首要的任务:治愈创伤,治愈创伤”。随后,他谈到“我们应背负他人,像善心的撒玛黎亚人那样陪伴他们,清洗洁净伤口,并安慰他们”。他也谈到“与人们在黑夜中行走,懂得与他们交谈,甚至进入他们的黑暗中,而不迷失方向”。

耶稣将他的使命托付给门徒们,他没有希望他们成为博士,司祭,礼仪专家或神学家,而是希望他们成为医生。他们的工作是双重的:宣讲天主的国已经临近了,并治愈病人。