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JUAN PABLO I ¿UNA VÍA DE BEATIFICACIÓN EQUIVOCADA?
BRAULIO HERNÁNDEZ., brauhm@gmail.com
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 15/05/17.- “Pepe, ven enseguida aquí. Tienes que ir a Roma, al Vaticano. Tienes que llevar en persona esta carta a Albino Luciani. El Papa está en grave peligro”. El texto no está sacado de una película de ficción, ni de una novela de intrigas. Es la confesión de un octogenario, Giuseppe Pedullá, 85 años, quien durante décadas ha tenido que cargar con esa pesada losa por haberse negado a llevar, el 26 de septiembre de 1978, la carta de su amigo el Arzobispo Perantoni a Juan Pablo I que era amigo del arzobispo. “Te arrepentirás”, le reprochó el arzobispo al joven Giuseppe. Tres días después de aquella llamada telefónica de urgencia, el Papa Luciani era encontrado muerto en los aposentos papales en circunstancias extrañas.

Cada vez van quedando menos testigos de la línea caliente en torno a la enigmática muerte de Juan Pablo I, producida sólo 33 días después de ser nombrado Papa. Es como si el tiempo corriera a favor de la versión oficial. Decía Santa Teresa de Jesús que “la verdad padece pero no perece”. Y el testimonio de Giuseppe Pedullá, en el otoño de su vida, es como un milagro patente. Apesadumbrado durante décadas por no haber podido salvar a Juan Pablo I (“no me sentí con fuerzas para hacerme portador de un mensaje tan espantoso, tuve miedo y pensé que el arzobispo Perantoni exageraba”), un buen día decidió liberarse de ese peso que le oprime y le impide dormir, y no llevarse el secreto a la tumba. Su confesión pública fue mostrada a la luz justo hoy hace dos años, el 26 de abril de 2015. Fue ante el periodista Stéfano Lorenzetto, en una larga entrevista, publicada en ‘Il Giornale’. Un extracto de la misma se puede ver en el escrito del cura Jesús López Sáez “Pudo avisar a Juan Pablo I“, en la página web de la Comunidad de Ayala, de Madrid.

Meses después de aquella entrevista, Giuseppe Pedullá se presentó en Madrid, para dar testimonio, en una eucaristía en la Comunidad de Ayala, y conocer en vivo y en directo a la persona que más se ha implicado en hacer justicia a la figura de Juan Pablo I: el sacerdote Jesús López Sáez (abulense como Teresa de Jesús) que desde 1985 viene manifestando a través de sus libros, artículos, conferencias y en la página web de la Comunidad de Ayala -de la que es presidente y fundador- que Juan Pablo I (de quien se dijo que estaba enfermo y que murió abrumado por el peso del papado) fue un Papa mártir: que su muerte no fue natural sino provocada. Por hacer frente a los mercaderes del templo (a los escándalos vaticanos del Instituto para las Obras de Religión -IOR-), a la masonería y a la mafia. El cura Jesús López ha sufrido el calvario de la marginación eclesial por apostar, desde el Evangelio, que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Su viacrucis comenzó en 1985 cuando se publicó su Pliego “La incógnita Juan Pablo I” en la revista de información religiosa “Vida Nueva”, lo que provocó que el entonces Presidente de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, Elías Yanes, le conminara a callar: “Sobre eso, ni una palabra más”, si quieres conservar tu puesto. Poco después el cura Jesús sería despedido de su brillante puesto como Responsable de Catequesis de Adultos en el Secretariado homónimo de la CEE. Y, años después, tras escribir, en edición privada, su segundo libro sobre el asunto: “El día de la cuenta. Juan Pablo II a examen”, el que fuera obispo de Ávila, Adolfo González, le amenazó con retirarle las licencias ministeriales si salía publicado en edición pública. Sea por lo que fuere, monseñor Adolfo fue trasladado poco después a Almería.

juan_pablo_iPor la información de que disponemos a día de hoy, se sabe que el proceso de beatificación de Juan Pablo I está muy avanzado. Desconocemos si se habrá tenido en cuenta los testimonios de personas valiosas, ya fallecidas, que aparecen en el libro (Venecia en el Corazón) del periodista veneciano Camilo Bassotto, amigo de Albino Luciani, a quien el cardenal argentino Eduardo Pironio (la misteriosa Persona de Roma) hizo entrega de un documento (quizá el testimonio más importante en palabras del cura Jesús) para que lo publicara, pero sin firma, conteniendo las confidencias que le confió el papa Juan Pablo I sobre los cambios, arriesgados, que pensaba hacer.

Si la causa de la beatificación se fundamenta en que ‘era un Papa bueno’, o “por sus virtudes heroicas” será una beatificación viciada de raíz, denuncia el cura Jesús en un nuevo Pliego: Justicia para Juan Pablo I. Beatificación viciada de raíz.  Porque su heroicidad “está en otra parte: tomar hasta el último respiro las decisiones oportunas y arriesgadas, ser mártir de la purificación y renovación de la Iglesia. No hacen falta milagros. Se trata de hacerle justicia”. Es decir, en el proceso de beatificación de Juan Pablo I hay que cambiar de agujas e ir por otra vía.

Y es que en la causa de beatificación se mantiene la versión oficial: que Juan Pablo I no gozaba de buena salud y que murió por causas naturales. Incluso un alto eclesiástico llegó a decir que su nombramiento como Papa “fue un descuido del Espíritu Santo”. Algo que contradice la versión de personas cercanas, testigos calientes, algunos ya fallecidos, entre ellos su médico personal el Dr. Da Ros quien, tras años de silencio, declaró que “Juan Pablo I estaba bien de salud”. En la misma línea se manifestó quien durante siete años fuera secretario personal de Albino Luciani, Mario Senigaglia: “Todos los años íbamos a Pietralba, cerca de Bolzano, y subíamos al Corno Bianco, desde los 1.500 hasta los 2.400 metros, a buena velocidad”. Y añade: “Albino Luciani no estaba enfermo del corazón. Un enfermo del corazón no escala montañas, como hacía el patriarca conmigo todos los años”. Según una en cuesta publicada en Italia (Ya, 8-10-1987) más de quince millones de italianos, el 33 por ciento de la población, se mostraban convencidos de que la muerte de Juan Pablo I fue provocada. En 1998 el cardenal brasileño Aloisio Lorscheider, rompiendo el silencio oficial, declaró: “Las sospechas siguen en nuestro corazón como una sombra amarga, como una pregunta a la que no se ha dado respuesta” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

eclesalia@eclesalia.net

belen_piel_con_pielCUENTO DE NAVIDAD
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 26/12/16.- El nacimiento de Jesús de Nazaret supone el culmen histórico de la gran Alianza del Dios Amor con la humanidad. Aquella manera de nacer, absolutamente marginal en cualquier sociedad contemporánea de su tiempo -y del nuestro-, indica bien a las claras el deseo de despojarse de su rango para vivir entre nosotros de una manera muy determinada: sin poder, sin privilegios, sin seguridades humanas, volcado a transformar la existencia humana en una vida plena. Marcó un ejemplo de vida, aunque nosotros hemos forzado en su nombre y demasiadas veces el Misterio de la Navidad.

La ironía popular estremece cuando habla de lo bien que nos ha ido a los cristianos a pesar de que todo empezó en un establo,  con el nacimiento del Maestro, hasta que, con el correr de los tiempos, llegamos a disponer de un Estado religioso Vaticano con inmunidad diplomática y todo. O cuando sin bajar un ápice el nivel de ironía, la sabiduría popular se refiere a la historia de la Iglesia católica como institución, y se admira de que después de tantas corruptelas, sobre todo en torno al Papado y la Curia romana, siguen floreciendo cristianos ejemplares, por lo que, concluye, debe existir el Espíritu Santo; porque con semejante carrera, sin Él sería imposible que la Iglesia haya sobrevivido tantos siglos.

No es un comentario nuevo y, en el fondo, es verdad porque todos estamos hechos de barro. Pero Dios se sirve incluso de lo malo para construir el Reino. Giovanni Boccaccio, afirma una idea similar en el relato segundo de la primera jornada de su Decamerón, obra nada pía a tenor de las condenas que tuvo por parte de  la Iglesia de su tiempo: un buen cristiano pretende convertir a un amigo judío al cristianismo, y a fuerza de insistir, el judío se interesa por el asunto hasta el punto de que decide ir a Roma para ver cómo actúa “el vicario de Dios en la tierra, y ponderar sus modos y costumbres, y los de sus hermanos los cardenales”. Y le añade a su amigo, que si le convencen sus prácticas y ve que su religión es mejor que el judaísmo, se hará cristiano. La respuesta del amigo cristiano en el relato no tiene desperdicio: “Se entristeció sobremanera, diciendo para sí: Se han perdido mis esfuerzos, que creía excelentes, para convertirlo”, y que si su amigo hubiese ido cristiano a Roma, “tornaría sin falta hacerse judío”.

No logra disuadirle del viaje. El cuento sigue a la vuelta de Roma constatando el judío que no había visto “ninguna santidad, ninguna devoción, ninguna buena obra o ejemplo de vida en nadie que fuese clérigo; solo lujuria, avaricia y gula, fraude, envidia y soberbia y cosas semejante so peores (si puede haberlas)”, y concluyendo que aquello tenía más que ver con prácticas diabólicas que divinas. Pero el relato del judío acaba de manera sorprendente en boca del viajero: “Y como veo que no ocurre lo que ellos procuran, sino que vuestra religión aumenta de continuo y se hace más brillante y clara, me parece discernir que el Espíritu Santo es su fundamento y sostén, como más verdadera y santa que cualquier otra. Por lo cual, aunque rígido y duro me mostraba a tus consejos, y  no quería hacerme cristiano, te declaro ahora francamente que por nada dejaré de hacerlo.” Y de seguido, se va con su amigo cristiano a una iglesia a bautizarse.

Recemos abiertos en acogida al Misterio de todo un Dios hecho criatura humana, sin ninguna ventaja para sí pero enteramente dispuesto a la voluntad del Padre. Demos gracias por su venida a nuestra pobre condición elevada al rango de hijos de Dios y pidamos perdón por nuestra falta de acogida, entonces en Belén y ahora en nuestros corazones con nuestros hermanos.

Es cierto que todo comenzó en un pesebre y que ahora tenemos el poder humano que desaconseja el evangelio. Por eso entonces se revolucionó la existencia humana en apenas tres años y ahora no podemos caminar siendo luz del mundo en Navidad como testigos de Cristo porque el armatoste que hemos creado en su nombre nos pesa demasiado, eclipsando la raíz del Mensaje. Menos mal que el Espíritu acaba por mostrarnos siempre la Estrella, el camino, la Verdad, a nada que abramos un poco los ojos del alma. Feliz Pascua de Navidad, ¡y que dure! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

El gran estorbo

Publicado: 13 abril, 2016 en DENUNCIA / ANUNCIO
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jesussintechoEL GRAN ESTORBO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 13/04/16.- En “El gran inquisidor”, Dostoievski relata un encuentro entre Cristo y el cardenal inquisidor de Sevilla en el siglo XVI, cuando la ciudad era uno de los centros comerciales y políticos del Occidente cristiano de aquella época. Dostoievski refleja así su denuncia contra un sistema inmovilista, conservador y similar a las autoridades que mataron a Jesús.

En el relato, el cardenal sabe con certeza que se trata de Cristo, pues presencia una “demostración” (un milagro) al ver como resucita a una niña de apenas siete años, hija de un ilustre ciudadano y cuyo cuerpo estaba siendo transportado en un féretro para ser enterrado. El cardenal se presenta como alguien que ha dejado de creer en la conveniencia de lo que predicó Cristo para todos, ya que según él, esa doctrina no puede ser asumida por seres tan débiles como son los seres humanos, o por lo menos la mayoría de ellos. En definitiva, el rebaño que se mal educa en una fe infantil, es porque necesita que se le edulcore la realidad para que de ese modo puedan llegar a ser felices.

Esta práctica conlleva la mentira que supone hacerles ver al pueblo que ellos (el clero y la iglesia) obedecen a Cristo y les dominan en nombre de Cristo, cuando en realidad es una perversión de la Verdad por quienes utilizan el poder como un anticristo. Tal vez la tesis principal de Dostoievski sea la de una defensa del retorno a la raíz del evangelio, más allá del poder político que la Iglesia pueda ejercer a través del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Pero lo peor de todo es la postura tomada por el inquisidor de la falta de fe que tiene en la humanidad, para él incapaz de ser feliz con libertad, en contraposición al mensaje de Cristo, quien por un lado reflejaba su gran fe en la humanidad y en su capacidad de amar, y por el otro, el cariz de universalidad del Mensaje, independientemente de sus condiciones y aptitudes. Y el inquisidor establece de antemano que el mensaje no puede ser asumido por los humanos por su debilidad, no son dignos de él, no los considera lo suficientemente capaces para asumirlo.

Esta crítica de Dostoievski a una Iglesia que no cree verdaderamente en el mensaje de Cristo, se parece mucho a la que defienden algunos dirigentes eclesiales que demuestran su apego a vivir como príncipes renacentistas, curiales y ex curiales vaticanos que Francisco trata de extirpar con amor pero que va a ser difícil lograrlo viendo lo que le pasó a Jesús por conductas bien parecidas a su alrededor. Parece como si Dostoievsky hubiese vivido dos o tres años en El Vaticano y otras sedes eclesiales que emulan a Roma en lo malo. Cristo, considerado como un estorbo primero, y un peligro después. Ojo, querido papa Francisco  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

La hora del despliegue

Publicado: 28 marzo, 2016 en REFLEXIONES
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FELIZ  PASCUA

amanecer...LA HORA DEL DESPLIEGUE
CAROLINA ABARCA, caroabarcalz@gmail.com
CÓRDOBA (ARGENTINA).

ECLESALIA, 28/03/16.- Quien alguna vez lo haya leído, sabe que el capítulo 3 del libro del Eclesiastés reza una enorme verdad: hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar, un tiempo para guardar y otro para desechar, un tiempo para intentar y un tiempo para desistir.

Se trata de un poema más largo que intento leer seguido ya que, en su gran sabiduría, apacienta el vértigo de mis ansiedades (que nunca son pocas). Lo he tenido especialmente presente en mis últimos meses en los que el común denominador ha sido el cambio. La punta visible del iceberg es un cambio laboral que estoy transitando, pero las raíces nacen profundas. Lo cierto es que hay decisiones que exteriorizamos de un momento a otro pero son fruto de procesos interiores que, más consciente o inconscientemente, hemos despertado hace tiempo y nos han traído hasta aquí.

La pregunta que viene protagonizando mis conversaciones con amigos y colegas es ¿Y por qué cambiar? Es curioso, porque la verdad es que me gustaba mucho mi trabajo. De hecho, más de uno me increpó sorprendido: “¿Es verdad que te vas? ¡Pero si se te veía tan feliz!”. Ocurre que a veces no hay nada “malo” con lo que estamos haciendo, pero sin entender demasiado bien por qué, hay algo adentro nuestro que nos empuja a salir… Alguno podría preguntarse: “Pero si estaba bien ¿para qué meterse en el lío de empezar algo nuevo?”. La respuesta que demos no podrá nunca ser del todo racional.

El psicólogo Abraham Mashlow explica muy bien esto que acabo de enunciar. Postula que las personas tomamos decisiones de dos maneras: por seguridad o por desarrollo. Las opciones de seguridad son absolutamente necesarias pero cuando el desarrollo viene, con miedo y todo, hace falta desplegar. Si bien las opciones de seguridad tienden a relacionarse con nuestro instinto de supervivencia, las decisiones que nos llevan al desarrollo no se explican tan racionalmente ya que nos sacan de nuestra zona de confort. Es por esto que, aunque nos parezca loco, encontramos resistencias y miedos a realizar opciones que sabemos, o al menos intuimos, nos llevarán a desplegar nuestra propia luz. Porque de eso se trata, el desarrollo nos lleva a desplegar nuestra esencia, eso que somos en verdad y que clama por salir.  A este miedo Mashlow lo llamó Complejo de Jonás, en alusión al personaje bíblico.

¿Quién es Jonás?

Cuenta la historia del Antiguo Testamento que Jonás era un hombre común y silvestre que un día recibe un llamado de Dios, quien le dice algo así: “Che Jonás, hay lío en Nínive, necesito que vayas y pongas un poco de orden ahí”. Ante esto, Jonás le responde sorprendido: “¿A mí me hablás?! ¡¿Yo, profeta?! Me parece que te estás equivocando de tipo! Ni siquiera sé hablar en público. No way, sorry, búscate otro”. Y lejos de partir a Nínive, toma el sentido contrario y se raja a un puerto en donde, literalmente, se ‘toma el buque’, huye. Estando en alta mar, se desata una tormenta tremenda y la tripulación teme que el barco se hunda. Rezando cada uno a sus dioses comienzan a preguntarse quién de ellos sería el causante de ese desastre, es allí cuando Jonás confiesa que por miedo ha desoído el llamado que Dios le ha hecho. Sabiendo esto, se ponen todos de acuerdo y lo tiran por la borda. Al caer al agua, Jonás es tragado por una ballena y permanece en su vientre tres días y tres noches hasta que, al cabo de ese tiempo, es vomitado por el gran pez en tierra seca. Estando allí, vuelve a sentir el llamado de Dios. Esta vez se anima y responde. Jonás termina convirtiéndose en un gran profeta.

Nuestro miedo a la luz

Nada mejor que la historia de Jonás para ver una realidad que no siempre es fácil de asumir: tenemos miedo a nuestros propios talentos. Tememos a nuestras máximas posibilidades tanto como a las más bajas. Nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos. Estamos entrenados instintivamente para tomar decisiones por seguridad, pero cuando se trata del desarrollo a veces patinamos un poco, o peor, salimos disparados en sentido contrario, como Jonás. Esto nos conduce a donde no pertenecemos –lugares, situaciones o personas- y desata fuertes tormentas, a veces externas y otras veces interiores. Pero cuando sentimos que nos ahogamos encontramos una especie de refugio. El vientre de la ballena es justamente eso para Jonás: un lugar para reflexionar donde se siente a salvo y no corre riesgos, pero donde tampoco hay verdadera vida. En el siglo XXI al vientre del gran pez lo llamamos zona de confort.

Vuelvo entonces a la pregunta del principio. Si encontramos un lugar donde no corremos riesgos, donde nos sentimos cómodos ¿por qué cambiar? La respuesta es simple. Porque no hay otra posibilidad que la tristeza para quien se esconde de sus llamados. Esto no significa que sea fácil, pero dice Walt Whitman en uno de mis versos favoritos: “Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa”. Reconocer y hacernos cargo de nuestra estrofa es también una forma de humildad. No es la obra completa, pero tampoco es solo un punto y coma. De manera simple y lúcida lo expresó Virginia Gawel en el taller en donde con generosidad me enseñó sobre esto: “No vinimos a ser un bonsái de nosotros mismos”, dijo, en referencia a la necesidad de desplegarnos y brillar con luz propia.

El punto entonces no está en no tener miedo. Hay un tiempo para todo. Aún para temer, para refugiarnos en el vientre del gran pez. Pero debemos saber que ese no es un lugar para vivir y que tarde o temprano, por decisión propia o no, seremos expulsados de allí. Cuando eso ocurra y nos encontremos todos despatarrados de nuevo en tierra seca, será tiempo de recordar que ha llegado la hora del despliegue. El llamado siempre se renueva para quien se atreve a escuchar y hay una certeza que debe llenarnos de coraje: no existe posibilidad de no-error. Será cuestión, entonces, de que cuando llegue la hora oportuna nos atrevamos a tomar la pluma y, con la libertad de quien se sabe no un gran maestro sino parte de un experimento, empezar a garabatear nuestra estrofa. Resulta que, con viento en contra y todo, no habrá otra que suene mejor (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

dinero.LA VIDA NO ES UN NEGOCIO
“No traten de vendernos ‘lobos por corderos'”
BÁRBARA TORRES, barbaratotero@yahoo.es
LA RIOJA.

ECLESALIA, 10/02/16.- Lo siento pero ¡NO! La vida no es un negocio. Por eso, me parece indigno que una entidad bancaria que pretende presentar a la sociedad su nuevo plan estratégico de negocio “basado en la sencillez y la transparencia” lo haga a través de una premisa mercantilista, que tergiversa la realidad y las relaciones humanas.

Detrás de su eslogan: “En la vida ya pagas demasiadas comisionestrata de vendernos su negocio que te va a librar de esas “pequeñas comisiones que pagas en el día a día a toda la gente que te rodea” como son –según sugiere la entidad- “Olvidar su aniversario; No visitarla en un mes; Viajó a la final del mundial; Le cubrió una semana de vacaciones; Le rayó el coche; Se perdió la función de colegio…”

Pero ¿qué tienen que ver todas esas situaciones interpersonales con las comisiones bancarias (= cantidades que las entidades de crédito le cobran a usted en compensación por sus servicios)? ¿Qué valores está transmitiéndonos? ¿Acaso plantea mirar la vida como un negocio dónde todo tiene un precio? ¿Enarbola como criterios que rijan nuestro día a día la lucha de poder, el sálvese quien pueda o tantos otros intereses egoístas…? ¿Promueve mirar a nuestros semejantes como simples competidores desde una perspectiva materialista, como ya planteó Hobbes con su célebre “El hombre es un lobo para el hombre“?

Si es así… ¡no cuenten conmigo! pues yo sigo creyendo en las personas y su dignidad irremplazable; en el amor que se hace entrega, en el perdón que no lleva cuentas del mal, en la capacidad de aprender de los errores, en la solidaridad, en la empatía, en la honradez, en la verdad, en la gratuidad…

No, no pretendo que los bancos sean entidades caritativas, porque esa no es su finalidad (aunque no estaría de más que en ellos hubiera una inflación de humanidad). Más bien, me gustaría que en su gestión diaria y publicidad no traten de vendernos “lobos por corderos” y sean más honestos, pues otro planteamiento es posible.

En definitiva, no me resisto a alzar la voz respecto a esta manipulación descarada de las relaciones personales y sociales. Ojalá, seamos capaces de contemplar dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Hay muchas cosas en nuestra vida cotidiana que sacan a la luz esas distorsiones de la realidad y ponen –consciente o inconscientemente- sobre la mesa, esos factores profundos que hay detrás. Es tarea de todos que asumamos con responsabilidad y compromiso la construcción de un futuro mejor y éste empieza por leer la realidad a través de una mirada más crítica, para identificar lo que de verdad es sencillez y transparencia  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Ante el genocidio armenio

Publicado: 27 abril, 2015 en ACTUALIDAD
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armenia en la memoriaANTE EL GENOCIDIO ARMENIO
LUIS PÉREZ, lipna4@gmail.com
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 27/04/15.- He estado varias veces en Turquía. Este país tiene varias maravillas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo, sobre todo la fascinante ciudad de Estambul. Además los turcos son generalmente muy amables, simpáticos y hospitalarios, y su lengua es la más bonita que conozco. Es una pena que la política y la historia enturbien a menudo lo anterior.

El Papa habló hace unos días del genocidio armenio, perpetrado y planeado minuciosamente por el Gobierno de los llamados Jóvenes Turcos (Comité de Unión y Progreso) en 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Los armenios llevaban viviendo en lo que ahora es Turquía durante cientos y cientos de años, junto a griegos y otras minorías, cuando los primeros turcos aparecieron; los turcos fueron los últimos en llegar. Hasta casi el final de su historia, el Imperio Otomano fue un mosaico de nacionalidades, razas y religiones pero, con la decadencia del Imperio, empezó a desarrollarse el nacionalismo exclusivista turco que acabó decidiendo una solución final con respecto a los armenios, mucho antes de que Hitler lo hiciera con los judíos. Alrededor de un millón y medio de armenios fueron exterminados de forma organizada y sistemática. Muy pocos sobrevivieron. Desde Mustafa Kemal Atatürk, primer presidente de la República, hasta ahora, los sucesivos gobiernos de este país se han negado a reconocer que hubo un genocidio. No sólo eso, sino que está prohibido utilizar ese término en Turquía. Algunos intelectuales que se han atrevido a desafiar esa prohibición han tenido que sufrir represalias o salir del país; dos casos notables son el Premio Nobel de Literatura de 2006, Orhan Pamuk, y el gran sociólogo e historiador Taner Akçam.

En Alemania hubo un Tribunal de Nüremberg para juzgar los crímenes de guerra de los nazis y también un proceso de desnazificación. Turquía, en cambio, ha jugado muy hábilmente con las rivalidades internacionales impidiendo que los responsables del genocidio se sentaran en el banquillo y negando la verdad histórica. Eso habría hecho de Turquía un país más en armonía con su historia y, sobre todo, más democrático; cuando hay algo de lo que no se puede hablar, no ha llegado del todo la democracia.

Ahora intentan silenciar al Papa. Por el bien de la verdad y de la democracia, espero que Francisco no se deje amedrentar por aquellos que pretenden encubrir uno de los crímenes más horribles y vergonzosos del siglo XX. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Navidad...LA NAVIDAD DE LOS POBRES
DIEGO PEREIRA, pereiradiego34@gmail.com
MONTEVIDEO (URUGUAY).

El ambiente navideño

ECLESALIA, 26/12/14.- Estamos ya en Navidad y el mundo entero sufre una gran explosión de emociones, luces y colores. Pero no lamentablemente poco tiene esto que ver con el espíritu de la Navidad. Estamos tan lejos de aquel sentido primero de la Navidad pues quedamos perdidos en el mar de propuestas del capitalismo que nos pesca con la red de consumismo compulsivo, del “tener para ser”, de los fuegos artificiales. Somos parte de un gran circo mundial preparado perfectamente para convencernos de que la Navidad es simplemente una gran razón para que todo el mundo, durante alrededor de un mes, gaste la mayor cantidad de dinero posible con tal de no darse un tiempo de reflexión e interiorización. La Navidad pasa a ser un barullo exterior que nos aparta del silencio interior que todos necesitamos, de la comunión íntima con lo importante.

Visto así pareciera que toda la sociedad, en sus diferentes capas, pudiera cumplir con los requisitos que le impone el mercado. Pero no, no todos lo pueden hacer. No todos en la sociedad poseen tarjetas de crédito ni cuentas bancarias, no todos manejan chequeras, no todos tienen tarjetas de débito, no todos cuentan con sueldos que alcancen para pagar las cuentas del mes y guardar algo como reserva para estas ocasiones. No todos pueden ir de compras al super y comprar sin preocuparse. No a todos le alcanza el sueldo para irse de shopping (aprovechando la rebaja del 23%) y comprarse hasta aquello que no necesita, y que aún le sobre dinero en su bolsillo. No a todos le sobra para hacer esto, cuando días antes pasó el tan esperado “día del centro” donde todos corren a aprovechar las ofertas de los productos que tanto se desean. No, no todos lo pueden hacer. Los pobres viven de una manera muy distinta este consumismo masivo.

Muchos son los que no tienen sueldo, muchos los que no llegan a fin de mes, los que sacan préstamos cada dos por tres para poder comprarse algo que los haga sentir iguales a los de la clase pudiente. Éstos llegan a de dejar de comer bien durante un tiempo para poder acceder a los mismos productos que los demás pero a un costo mayor: el crédito eterno de las mil cuotas, donde se condena la conciencia a una deuda a largo plazo. Son lo que piden prestada la tarjeta de un conocido para poder comprarse lo que los demás tienen. Son los que lapidan de antemano su flaco aguinaldo al cual ven como la solución a tantos problemas: el pago de las cuentas atrasadas, la oportunidad de comprar algo nuevo para el hogar (si ya tienen la TV plasma y el equipo de música), el hacer regalos, comprar adornos para la navidad, comprar el cordero o el lechón para comer muy bien, el casillero de cerveza, el pan dulce y la sidra. La felicidad pasa por lo que se puede consumir.

La Navidad es mucho más que consumismo

Con todo lo anterior parece que la Navidad es sólo consumir cosas, comidas, regalos, y cuentas. Pero no, la Navidad tiene otras connotaciones que tienen que ver con esa necesidad humana de reunirse para celebrar, de sentirnos unidos y poder festejar. Por eso también en toda la sociedad se experimenta la necesidad de reunirse en familia y con amigos para poder compartir un momento todos juntos, de compartir el mismo pan en la mesa y de sentir el cariño de otros mediante el recibimiento de un abrazo, de un beso, de un regalo, sin importar lo que sea. Tiene muchas veces al árbol de Navidad como centro y, en la mayoría de los casos al pesebre, aunque en el fondo la escusa es estar cerca unos de otros.

Experimentamos en el alma y en el cuerpo esa necesidad afecto que nos atraviesa a lo largo del año y nos hace padecer, que la vamos posponiendo por la velocidad con que vivimos a lo largo del año entre familia, trabajo, compromisos, estudio, etc. Es el abrazo, el beso, el cariño que se transforma en la gran descarga de emociones que el mundo continuamente reprime porque la vida es dura y hay que estar siempre bien para poder sobrellevar las responsabilidades. Al coincidir con el final del año la Navidad es la oportunidad de pasar raya y hacer las cuentas, no sólo las monetarias, sino las que tienen que ver con la propia realización, con aquellas cosas que logré hacer y me hicieron sentir vivo, con las personas que conocí y que se integraron a mis redes de afectos, con aquellos que perdí y que en estos momentos siento su falta. La Navidad es oportunidad de darnos cuenta si al terminar el año hemos crecido en humanidad o si nos hemos cosificado.

La Navidad en la Palabra de Dios

Por un lado dijimos que la Navidad no es consumismo aunque nos quieran convencer de ello y todos seamos víctimas del mercado, y a peor grado los pobres. Por otro lado afirmamos que la Navidad es la oportunidad de dejar aflorar los verdaderos sentimientos que cargamos en nuestro interior y que es la posibilidad de dar y recibir el cariño que nos merecemos por ser seres humanos. Pero aun nos queda algo más por intentar desvelar: la posibilidad que tienen los pobres de vivir el verdadero significad de la Navidad, lo cual no es tan fácil para los que no lo son, ya que el poder adquisitivo mayor es factor de mayor distracción de lo verdaderamente importante. Vayamos a la Palabra bíblica para que nos ilumine en nuestra reflexión.

Leemos en Lucas 2, 6-12: “Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había encontrado sitio en la posada. Había unos pastores en la zona que cuidaban por turnos los rebaños a la intemperie. Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos sintieron un gran temor. El ángel del Señor les dijo: -No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. ¿Cómo ilumina nuestra reflexión este texto? Intentaremos destacar algunos puntos que queremos describir:

1- Los pastores, en la época de Jesús, eran parte de la gran masa de excluidos sociales, despreciados no sólo en el ámbito social sino en su mismísima humanidad. Eran vistos como esa parte escindida del pueblo elegido, pues eran pobres, y si eran pobres era porque ellos o alguien de su familia había pecado y Dios los había castigado con la pobreza. En un mundo donde la riqueza era vista como bendición, la pobreza significaba que Dios se había olvidado de ellos, abandonándolos a su propia suerte. Así ellos dedicaban sus vidas al cuidado de las ovejas y guardaban, como todo judío religioso, la esperanza de la llegada del liberador que les traería la vida en abundancia y la liberación de su condición de esclavos y excluidos.

2- El anuncio del Ángel. Más allá de la figura del Ángel nos queremos detener en el contenido de su mensaje: la llegada del tan esperado Mesías del Pueblo elegido, no es con bombos y trompetas, rodeado de un gran ejército poderoso y majestuoso. El Mesías Salvador llega en forma de un niño recién nacido; Dios ha elegido para revelarse la manera más débil de la condición humana: un bebé. Alguien totalmente dependiente de las decisiones de una madre joven y de un padre postizo que aún no saben bien qué hacer con lo que reciben. Es imagen de la completa debilidad: necesita ser alimentado con leche materna, necesita abrigo, necesita cuidados, necesita ser protegido de todos los peligros de la árida vida propia de los pobres.

3- El pesebre. Dios no eligió nacer en el gran Palacio de Herodes, rodeado de todos los lujos propios de la aristocracia judía, donde no falta la comida, ni el vino, ni el mejor coro de aduladores del poder. Tampoco ha decidido nacer en el Gran Templo de Jerusalén donde los sacerdotes decían adorar a al Dios Todopoderoso, creador de todo lo existente, que guió con mano firme al pueblo de la mano de los padres y de los profetas, llegando hasta el Rey Herodes. Dios no ha elegido ni la riqueza ni el poder de los hombres, sino todo lo contrario: ha elegido ser un pobre completo, sin poder alguno y sin riqueza alguna. Ha elegido la debilidad y dependencia. El pesebre quizá sea el peor de los lugares pensables para a llegada del Mesías, del Hijo de Dios, pero así ha sido, ¿porqué? Porque Dios lo ha querido y si lo quiso es porque era bueno.

Estos elementos analizados nos ayudan a destacar un determiando accionar de Dios en la historia humana, que es nuestra historia y que es la historia de Dios con el hombre, y que es allí donde confirmamos nuestra fe en un Dios que se hizo hombre no sólo para que el hombre lo comprenda, sino que -y sobre todo- lo hace para experimentar en su propia carne las necesidades humanas. Creemos firmemente (y así lo confirman los últimos estudios sobre el Jesús histórico de Pagola, Küng, Nolan, Sobrino y tantos otros) en la veracidad del acontecimiento y por ello en ello sostenemos nuestra reflexión.

La Navidad de los pobres: una oportunidad única

Dios regala su mensaje a los olvidados de la sociedad, a los expulsados de los caminos por donde va el común de la masa social. Los pobres hoy son aquellos que, aunque intenten imitar lo que viven y tienen los ricos, no lo pueden hacer, ya que son sometidos a un desprecio social debido a su condición de ser simplemente pobres. Pero son ellos a los que justamente Dios elige para anunciar la llegada del Mesías. También hoy siguen siendo los predilectos de Dios y los que más se asemejan a su Hijo Jesús. Éstos pobres son lo que el Ángel, al dirigirse a ellos, comienza diciéndoles: “No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo…” El ser visitados por un mensajero de Dios los asusta. Desde el primer momento se muestra que los pastores no se sienten merecedores de ser los primeros en recibir la Buena Noticia. Hoy en día son muchos los pobres que no se creen con derechos a ser felices por lo que la misma sociedad les hace sentir. Muchos de ellos se sienten abandonados por Dios. Pero esto no es así, pues el Dios de Jesús es justamente el Dios de los pobres, de los que no se sienten dichosos de ser los primeros en el Reino.

Muchos pobres se avergüenzan por vivir en las condiciones que viven: en casas hechas con restos de materiales, chapas viejas y usadas, ventanas con nylon transparente como vidrio, puertas herrumbradas, pedazos de muebles viejos sacados de algún basurero o construidos con maderas encontradas en la calle, colchones viejos con olor a humedad, frazadas viejas y sucias… Muchas personas se sienten que no pueden recorrer un shopping con la ropa y costumbres que cargan consigo, pues la sociedad los ha estigmatizado y les hace saber de su rechazo. Es en condiciones similares en las cuales el hijo de Dios nace: un pesebre oloroso y sucio, utilizado como dormitorio y de baño por animales. Es allí donde el Mesías encontró acogida y decidió bajar al mundo terrenal del amor humano. Es allí, y bajo similares condiciones de pobreza, que el Salvador es recibido.

¿No son, entonces, los pobres los que Dios quiere privilegiar con su llegada? ¿Acaso no es entre ellos que el Reino de Dios comienza a tomar forma? Desde aquel día y hasta hoy es entre los pobres donde Dios sigue armando su carpa y en donde nos espera que lo visitemos y lo elijamos para quedarnos a vivir con él. No es en la Meca, ni lo que queda del antiguo Templo Judío ni los palacios del Vaticano, ni las más hermosas estructuras que abrigan la Hostia Consagrada en sus sagrarios, sino que es la vida misma del pobre la que nos muestra el verdadero lugar de Dios, donde habita siempre. Si Dios elige llegar como débil y pobre entre los pobres ¿cómo no ver en la pobreza la posibilidad de descubrir, o al menos convivir, con el Misterio del Dios encarnado? Nuestros trabajos y esfuerzos deben posarse en la pobreza porque es fruto del egoísmo humano que no sabe compartir los bienes que son de todos y que algunos se lo apropian para beneficio de pocos.

Por eso son los pobres los privilegiados. Aunque deben ser conscientes de su ser víctimas de un sistema, también pueden sacar fuerzas del Dios de los pobres, el Dios de Jesús, que decidió venir al mundo en situaciones como las de ellos. El pobre puede encontrar en el pesebre de Belén la inspiración necesaria para recobrar su dignidad de Hijo de Dios, de ser elegido directamente por el Altísimo, que lo ama más que nadie, para saberse DIGNO de Dios, merecedor de una vida feliz y próspera, de saberse valorado, no por lo que tenga, sino simplemente por ser humano. Sin duda que también nosotros, todos los cristianos, tenemos la misión de ayudarlo a ser consciente de esto por todos los medios posibles, pero sobre todo con nuestro compromiso social, político y religioso, de luchar por un mundo más justo y equitativo, donde todos podamos vivir bien. Dios viene en la pobreza para que percibamos donde está la gravedad de los grandes problemas y errores humanos.

“No caben más discusiones: Jesús estuvo de parte de los pobres, los que lloran, los que pasan hambre, los que no tienen éxito, los impotentes, los insignificantes” (Küng), y esta decisión madura de Jesús le viene por una decisión anterior: la decisión de Dios de nacer pobre entre pobres. Por eso los pobres tienen la gran oportunidad de experimentar el verdadero Misterio de la Navidad, ya que llevan marcadas en su alma las cicatrices de los latigazos sociales que reciben a lo largo de todo el año. Mientras algunos intentamos adornar el árbol con un pesebre acorde al nacimiento de Jesús, los pobres parten de su vida diaria para vivir el pesebre. Pero también tienen esa gran posibilidad de mostrar al mundo la horrible situación en la cual todos nosotros los hemos puesto y que esto exige un cambio radical, una revolución urgente.

Deseo ardientemente que la Navidad de los pobres, que no es solamente el día 25 de diciembre sino que cada día de su vida, nos ayude a ver en ellos el verdadero rostro de Dios encarnado, hecho hombre y despreciado hace más de dos mil años y hasta hoy. Somos nosotros los que seguimos ignorándolo mientras comemos tranquilos en nuestra mesa mientras Jesús nace y muere en cada hermano que sufre la pobreza. Que estos pobres de hoy y con los que nos toca convivir, nos ayuden a animarnos a vivir el pesebre de forma real y no solamente representado en una linda imagen de plástico o porcelana, por más piadosa que sea. La Navidad de Jesús nos espera entre los pobres… ¿seremos capaces de vivirla de verdad?

Obispo¿EL “DIOS DE LOS HORRORES” O EL “DIOS DE LOS AMORES”?
Carta abierta al Presidente de la Conferencia Episcopal Española
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 10/10/14.- Muy estimado D. Ricardo: Le confieso, para empezar, que le tengo a Ud. una enorme simpatía. No porque sea Arzobispo y futuro Cardenal de nuestra Iglesia. Esas son funciones o ministerios que en nada les hacen superiores a los “carboneros de la fe” como un servidor.

Le tengo simpatía porque su rostro refleja bondad y paz. Eso me anima y me estimula. “Paz y Bien” no es solo un saludo franciscano, es una genial síntesis del Evangelio que Ud. me recuerda solo con verle.

El motivo de estas letras es el cuestionamiento que me provocó, hace no mucho tiempo, esta pública frase suya: “Afirmar que Dios existe no es una amenaza para nadie” (en la presentación del libro “Pensamiento Social Cristiano abierto al siglo XXI” de Sal Terrae). Pues depende. Si hablamos del Abba, revelado por el Señor, su frase es perfecta.

¿Pero qué se nos enseña en nuestra Iglesia desde pequeñitos? Permítame expresarme con sinceridad desde el barro terrenal que pisamos los laicos, desde aquí “abajo”. Y acompáñeme, por favor, en un brevísimo repaso de la llamada “historia de la salvación”. La que llevamos los católicos en nuestro consciente o subconsciente, la que se sigue enseñando a niños y adultos:

  1. El Creador nos llama a la vida por amor y sitúa a la primera pareja humana en un paraíso, donde -dicen- disfrutaron de dones preternaturales e inmortalidad. Yo no creo en tales dones, pero es bonito imaginarlo.
    Ese paraíso debió ser muy pequeño por el poco uso que tuvo. Ya que, al poco tiempo, nuestros primeros padres cometen un pecado, un solo pecado, casi podemos decir un pecadillo, y son desterrados.
  2. El “dios del destierro y el castigo”. Poco duró la bondad y el amor del Creador. Sin haber tenido aún descendencia, nuestros padres son fulminantemente condenados al destierro, al dolor y a la muerte.
    Con el agravante de que ese destierro y castigo no solo fue para ellos, sino para todos, absolutamente para todos sus descendientes. ¿Y qué culpa tengo yo de lo que hicieron mis primeros ancestros hace miles de años?
  3. El “dios aniquilador”. Más tarde, no contento con lo anterior, aquel buen Creador del principio se convierte en un “agua fiestas” -nunca mejor dicho- y aniquila por ahogamiento a toda la humanidad, menos a Noé y su familia. Le aseguro que nunca me han explicado muy bien por qué.
  4. El “dios tentador e infanticida” aparece más tarde y manda matar al hijo único para “probar” la fidelidad del padre, Abraham, que era -al parecer- una buena persona que adoraba al Dios único. Pero, precisamente por eso, le empuja al extremo para “probar” su ya habitual fidelidad y obediencia.
    Le aseguro que, a los cristianos de hoy, ese “dios” nos parece horrible y “su voluntad” caprichosa nos atemoriza enormemente. Rezamos por obligación, con temor y pavor, eso de “hágase tu voluntad”, pero interiormente abrimos el paraguas y nos escaqueamos… por si acaso. Muchos piensan: ¡Bueno, a mí que no me mire y que pase de largo!
  5. El “dios vengador”, que libera a los buenos descendientes de Abraham de la esclavitud egipcia. Pero se venga de los egipcios de una forma espantosa con siete plagas, degüella a los primogénitos y termina ahogando (esto de ahogar ya nos suena) a su ejército en el Mar Rojo.
  6. El “dios de la arena” es el mismo que liberó a los israelitas con “brazo poderoso” de la esclavitud. Pero les hace tragar polvo por el desierto durante 40 largos años. Y, mientras vagaban, manda matar a algunos miles, por causas diversas, a través de su elegido Moisés.
    Menos mal que hay una promesa de aposentarles en una “tierra que mana leche y miel”. Pero a nuestros niños -y no tan niños- del siglo actual les vendrá rápidamente a la imaginación el arriero que hace andar al burro poniéndole una zanahoria inalcanzable delante del hocico.
  7. El “dios del exterminio”. Por fin el “pueblo elegido” sale del desierto y empieza a conquistar territorio. La orden que recibe de lo alto es la de exterminar a hombres, mujeres, niños, animales y hasta plantas de los pueblos conquistados. Después en el transcurrir histórico de aquel pueblo bárbaro abundarán las órdenes divinas de matar, vengar, masacrar, traicionar, sembrar el hambre, etc. Un “dios” muy amable éste…
  8. El “dios de la ira” y el “dios castigador”, u otras denominaciones parecidas, acompañará a los israelitas en toda su historia de triunfos y derrotas. Es comprensible que se obsesionaran con el “perdón de los pecados” y la reparadora “expiación” para evitar las peligrosas reacciones de ese “dios”. (Aunque, bien es verdad, aparecerán destellos del Dios de la bondad, de la ternura y del amor. En ocasiones o libros concretos de forma fulgurante y con una fuerza que hoy no debemos desaprovechar).
  9. El “dios cobrador”. Para no alargarme, me salto más escenas del AT y me sitúo en el Nuevo donde, por fin, va a ser rescatada y salvada la humanidad. Naturalmente la obsesión judía por la “expiación” sigue presente en los judeocristianos.

Por eso interpretarán y nos trasmitirán que el Hijo encarnado, con su crucifixión y muerte, paga al Padre “el precio de nuestros pecados”. Vuelve a salir la obsesión judía por los pecados.

Con esta sangrienta “expiación” salda todas las ofensas hechas a Dios por los hombres de todos los tiempos, quedamos redimidos y salvados para siempre. ¡Pero ojo! Seguiremos naciendo con el estigma del destierro de nuestros padres, eso que llaman “pecado original”, que necesitará determinado rito y fórmula para ser perdonado.

¡Pobres niños -pensamos muchos- que nacen ya con esta hipoteca, a pesar del infinito pago realizado! Y si no hay tal rito, los niños al limbo (últimamente dicen que este sitio ya no existe) y los adultos al infierno.

Y todo esto lo quieren Uds. hacer casar con la revelación del Abba (el Papá Amor), con la parábola del “hijo pródigo”, con el perdón setenta veces siete, con la búsqueda apasionada de la oveja perdida, etc. Es decir, combinan lo que es imposible de combinar: el “dios cobrador” con el Evangelio de Jesús, el “dios de los horrores” judío con el “Dios de los amores” cristiano.

E insisten en hacernos creer que el “dios cobrador”, precisamente por amor a los hombres, hizo pagar a su Hijo de forma cruel e inhumana el precio de todos nuestros pecados. A cualquier rapaz o adulto de este siglo no le parecerá muy coherente tal explicación. Pero como lo dicen los curas “sabios” que mandan… Además, si no les crees -dicen amenazantes- te vas al infierno de patitas.

Esta historia, insisto, es la que todos los católicos hemos interiorizado durante años, la que nos siguen recordando muchas “lecturas oficiales” en la santa Misa o en el Oficio Divino, la que explícita o implícitamente contiene el Catecismo oficial, etc.

Yo le pregunto: ¿Sigue Ud. creyendo que “afirmar que Dios existe no es una amenaza para nadie”?

A mí me parece peligrosísimo creer en ese “dios de las mil caras”, a cual más aborrecible, que Uds. nos enseñaron y siguen enseñando porque no han sabido salir del AT. Por eso muchos, cada vez más, huyen con cierta coherencia de ese “dios” y se refugian en el agnosticismo, el ateísmo o la indiferencia. Por eso nuestros jóvenes abandonan las iglesias y probablemente la fe.

Aunque estoy seguro que en su más íntima interioridad intuyen que existe “Algo” o “Alguien” del que hay que huir. Y para protegerse insisten en su negación. Recuerde la no muy lejana campaña de los ateos: “Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Le aseguro que yo les comprendo perfectamente.

Me pregunto muchas veces si Uds., los dirigentes cristianos -católicos y no católicos- se han dado cuenta de que estamos en el siglo XXI y que hay pasajes bíblicos que hay que archivar porque son historietas para otros, para un pueblo bárbaro y primitivo, no para nosotros. Para nosotros la actualizada “historia de la salvación” comienza en un establo de Belén, donde un “Dios niño”, frágil y humilde, rompe radicalmente con los “dioses antiguos”.

Evidentemente esos “dioses” son ídolos del pasado, que Uds. se empeñan en restregarnos por la conciencia, provocando terror en unos y en otros la desbandada. Mientras se olvidan bastante del Dios único y verdadero, que no puede ser más que Luz perpetua, como dice Juan al comienzo de su Evangelio, y que se nos va haciendo visible a medida que maduran nuestros ojos.

Un Dios que no puede ser distinto a la Bondad infinita que nos busca, al Amor incondicional que nos lava las heridas y nos abraza… Que nos tiene perdonados desde la eternidad. Que lo que quiere es que NO seamos “hijos pobres, hambrientos y doloridos de un Padre millonario”.

Volver al Evangelio nos ayudará mucho a encontrarlo, a pesar de las heridas de nuestra “educación” pasada. Pero observamos un inamovible esfuerzo de Uds. por mirar atrás, mientras muchos intentamos mirar hacia adelante por pura necesidad de supervivencia espiritual. (Qué paradoja ¿verdad?).

Por eso nos refugiamos en el trato permanente con el Divino Maestro de cuyos labios nos llegan consuelos y luces indescriptibles. En muchas ocasiones esas luces no coinciden con lo que Uds. insisten en enseñar como “doctrina segura” o lo que nos obligan a rezar o leer en la Liturgia oficial.

Supongo que eso también incide en la pérdida de credibilidad que Uds. están cosechando en nuestra época. No tienen más que consultar las encuestas, que Uds. mismos deberían realizar entre los católicos, para descubrir el “sensus fidelium”.

Es ciertísimo que “A Dios nadie le ha visto jamás” (Jn 1,18 y 1Jn 4,12) pero su Luz nos llegó a través de su Hijo y nos llega permanentemente desde el interior, donde nace y prospera su reino.

A esa Luz, los que buscamos y queremos ver, jamás la podremos tener miedo. Ni la podremos confundir con los “dioses” (imágenes primitivas) del AT, por mucho que Uds. insistan en hacérnoslas tragar a la fuerza.

Los seguidores de Jesús de Nazaret estamos seguros que el “Dios de los amores” es el único y verdadero Dios. Y que las primitivas escenas del “dios de los horrores” no se pueden mezclar con el vino nuevo del Evangelio.

Mostrar HOY a nuestros niños un “dios monstruo”, extraído del AT, aunque sea con simpáticos dibujos, es un grave escándalo que merece “rueda de molino”.

Antes o después se darán cuenta de la “monstruosidad” que les enseñaron y que su ingenuidad infantil memorizó sin asustarse demasiado. Entonces será tarde para apartarlos de ese tétrico subconsciente, salvo los pocos que se encontrarán “dentro” y frente a frente con el Dios verdadero.

Necesitamos más Evangelio, más actos y actitudes cristianas y menos cuentos del pasado. Nuestros niños, jóvenes y también los adultos necesitamos un buen bagaje de hábitos, convicciones profundas, certezas y evidencias interiores, que nos mantengan firmes en el Camino, la Verdad y la Vida. Lo demás es paja, muchas veces paja inmunda. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

P.D.:

Muy recomendable la lectura del libro “Matar a nuestros dioses”, obra póstuma del Hno. José María Mardones (marista, fallecido en 2006). Lo puedo enviar en formato digital a quien me lo solicite a mi dirección de correo electrónico: jairoagua@gmail.com

Semillas16 Tiempo ordinario (A) Mateo 13, 24-43
IMPORTANCIA DE LO PEQUEÑO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 16/07/14.- Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas “semillas” de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño “fermento” de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.

Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

Espíritu Santo6 Pascua (A) Juan 14, 15-21
EL ESPÍRITU DE LA VERDAD
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 21/05/14.- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

LO SPIRITO DELLA VERITÀ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù si sta congedando dei suoi discepoli. Li vede tristi e abbattuti. Presto non lo avranno con loro. Chi potrà riempire il vuoto che lascia? Fino ad ora è stato lui a curarsi di loro, li ha difesi dagli scribi e dai farisei, ha sostenuto la loro fede debole e vacillante, ha scoperto loro a poco a poco la verità di Dioe li ha iniziati al suo progetto umanizzatore.

Gesù parla loro appassionatamente dello Spirito. Non li vuole lasciare orfani. Lui stesso chiederà al Padre che non li abbandoni, che dia loro un altro difensore che rimanga sempre con loro. Gesù lo chiama lo Spirito della verità. Che cosa si nasconde in queste parole di Gesù?

Questo Spirito della verità non bisogna confonderlo con una dottrina. Questa verità non bisogna cercarla nei libri dei teologi, né nei documenti della gerarchia. È qualcosa di molto più profondo. Gesù dice che rimane presso di noi e sarà in noi. È alito, forza, luce, amore… che ci arriva dal mistero ultimo di Dio. Dobbiamo accoglierlo con cuore semplice e fiducioso.

Questo Spirito della verità non ci converte in “proprietari” della verità. Non viene perché imponiamo ad altri la nostra fede né perché controlliamo la loro ortodossia. Viene per non lasciarci orfani di Gesù, e ci invita ad aprirci alla sua verità, ascoltando, accogliendo e vivendo il suo Evangelo.

Questo Spirito della verità nonci fa nemmeno “guardiani” della verità, ma testimoni. Il nostro impegno non è disputare, combattere né sconfiggere avversari, ma vivere la verità dell’Evangelo e amare Gesù osservando i suoi comandamenti.

Questo Spirito della verità è all’interno di ciascuno di noi e ci difende da tutto quello che ci può allontanare da Gesù.Ci invita ad aprirci con semplicità al mistero di un Dio Amico della vita. Chi cerca questo Dio con onestà e verità non è lontano da lui. Gesù disse una volta: “Chi è dalla verità ascolta la mia voce”. Certo.

Questo Spirito della verità ci invita a vivere nella verità di Gesù in una società dove spesso la menzogna la si chiama strategia; lo sfruttamento, affare; l’irresponsabilità, tolleranza; l’ingiustizia, ordine stabilito; l’arbitrarietà, libertà; la mancanza di rispetto, sincerità…

Che senso può avere la Chiesa di Gesù se lasciamo che si perda nelle nostre comunità lo Spirito della verità? Chi potrà salvarla dall’autoinganno, dalle deviazioni e dalla mediocrità generalizzata? Chi annunzierà la Buona Notizia di Gesù in una società tanto bisognosa di coraggio e di speranza?

 

L’ESPRIT DE VERITE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus prend congé de ses disciples. Il les voit tristes et abattus. Bientôt, ils ne l’auront plus avec eux. Qui pourra remplir ce vide ? Jusqu’à présent c’est lui qui a pris soin d’eux, en les défendant contre les scribes et les pharisiens, en soutenant leur foi faible et hésitante, en leur faisant découvrir peu à peu la vérité de Dieu et les initiant à son projet d’humanisation.

Jésus leur parle passionnément de l’Esprit. Il ne veut pas les laisser orphelins. Lui-même demande au Père de ne pas les abandonner, de leur donner « un autre défenseur » pour « qu’il soit toujours avec eux ». Jésus l’appelle « l’Esprit de vérité ». Que cachent-elles ces paroles de Jésus ?

Cet « Esprit de vérité” n’est pas à confondre avec une doctrine. Cette vérité n’est pas à chercher dans les livres des théologiens ni dans les documents de la hiérarchie. C’est quelque chose de plus profond. Jésus dit que c’est quelque chose « qui vit avec nous, qui est en nous ». C’est un élan, une force, une lumière, un amour…qui nous vient du mystère ultime de Dieu et que nous devons accueillir d’un cœur simple et confiant.

Cet “Esprit de vérité” ne nous rend pas “propriétaires” de la vérité. Il ne vient pas pour que nous imposions aux autres notre foi ni pour que nous contrôlions leur orthodoxie. Il vient pour ne pas nous laisser orphelins de Jésus, et il nous invite à nous ouvrir à sa vérité, par l’écoute, l’accueil et le vécu de son Evangile.

Cet “Esprit de vérité” ne fait pas non plus de nous les « gardiens » de la vérité, mais des témoins. Notre tâche ne consiste pas à nous disputer avec nos adversaires ni à les combattre pour les vaincre, mais à vivre la vérité de l’Evangile et à « aimer Jésus en gardant ses commandements »

Cet “Esprit de vérité” se trouve au cœur de chacun de nous et nous défend de tout ce que peut nous écarter de Jésus. Il nous invite à nous ouvrir avec simplicité au mystère d’un Dieu, Ami de la vie. Celui qui cherche honnêtement et en vérité ce Dieu, n’est pas loin de lui. Jésus a dit un jour : « Tous ceux qui appartiennent à la vérité, écoutent ma voix ». C’est vrai.

Cet “Esprit de vérité” nous invite à vivre dans la vérité de Jésus au cœur d’une société où le mensonge est souvent appelé stratégie, l’exploitation, affaires ou négoce ; l’irresponsabilité, tolérance ; l’injustice, ordre établi ; l’arbitraire, liberté ; le manque de respect, sincérité…

Quel sens l’Eglise de Jésus aura-t-elle si dans nos communautés nous laissons « l’Esprit de vérité » se perdre ? Qui pourra la sauver de l’auto- tromperie, des déviations et de la médiocrité généralisée ? Qui annoncera la Bonne Nouvelle de Jésus dans une société qui a tant besoin de soutien et d’espérance ?

 

THE SPIRIT OF TRUTH

José Antonio Pagola.

Jesus is saying goodbye to his disciples. He sees them sad and upset. Soon they won’t have him with them. Who can fill that void? Until now he has been the one who took care of them, defended them from the Scribes and Pharisees, sustained their weak and faltering faith, described for them the truth of God, and initiated them into God’s humanizing project.

Jesus speaks to them passionately about the Spirit. He doesn’t want to leave them orphans. He himself will ask the Father not to abandon them, to give them “another advocate” that will “always be with them”. Jesus calls this advocate “the Spirit of truth”. What is hidden behind these words of Jesus?

This “Spirit of truth” mustn’t be confused with a doctrine. This truth won’t be sought in theologians’ books or in the hierarchy’s documents. It’s something much more profound. Jesus says that this Spirit “lives in us and is within us”. This Spirit is encouragement, power, light, love…that reaches us from God’s ultimate mystery. We must welcome this Spirit with a simple and trusting heart.

This “Spirit of truth” doesn’t change us into “owners” of the truth. It doesn’t come so that we impose our faith on others, or control their orthodoxy. It comes so that we aren’t left as orphans of Jesus, and invites us to be open to Jesus’ truth: listening, welcoming and living his Gospel.

Nor does this “Spirit of truth” make us “keepers” of the truth, but witnesses. Our task isn’t to argue with, oppose or overthrow adversaries, but to live the truth of the Gospel and “love Jesus, keeping his commands”.

This “Spirit of truth” is within each one of us, defending us from all that can separate us from Jesus. It invites us to open ourselves with simplicity to the mystery of a God who is the Friend of life. Whoever seeks this God with honesty and truth isn’t far off from God. Jesus said on one occasion: “Everyone who is of the truth, listens to my voice”. That’s true.

This “Spirit of truth” invites us to live in the truth of Jesus in the midst of a society where all too often lies are called strategy, exploitation is called business, irresponsibility is called tolerance, injustice is called status quo, arbitrariness is called freedom, lack of respect is called sincerity….

What meaning does Jesus’ Church have if we allow ourselves in our communities to lose this “Spirit of truth”? Who can save it from self-deception, dead ends, generalized mediocrity? Who will announce the Good News of Jesus in a society that is so in need of encouragement and hope?

 

EGIAREN ESPIRITUA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ikasleei agur esaten ari da Jesus. Triste eta lur jota ikusten ditu. Laster ez dute izango berekin. Nork bete haren hutsunea? Orain arte Jesus da arduratu beraiez, Jesusek ditu defenditu lege-maisu eta fariseuengandik, Jesus izan dute sostengu beren fede makal eta duda-mudazkoarentzat, Jesus aritu zaie Jainkoaren egia agerian jartzen, eta Jesusek dizkie agertu bere egitasmo gizatarraren hastapenak.

Gogotsu mintzo zaie Jesus Espirituaz. Ez ditu umezurtz utzi nahi. Berak eskatuko dio Aitari eskutik utzi ez ditzan, «beste defendatzaile bat» eman diezaien «beti haiek egon dadin». «Egiaren Espiritua” deitu dio Jesusek. Zer dago Jesusen hitz hauen pean?

«Egiaren Espiritu hau» ez da nahastu behar doktrina batekin. Egia hau ez da bilatu behar teologoen liburuetan, ezta hierarkiaren dokumentuetan ere. Zerbait askoz sakonagoa da. Jesusek dio «gurekin bizi dela eta gugan dagoela». Arnasa da, indarra, argia, maitasuna… Jainkoaren azken misteriotik datorkiguna. Bihotz xume eta ustetsuaz behar diogu harrera egin.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu bihurtzen egiaren «jabe». Ez datorkigu guk geure fedea beste batzuei ezartzeko, ezta ere guk inoren ortodoxia kontrolatzeko. Gu Jesusez umezurtz ez uzteko dator, eta gu egiari irekitzera gonbidatzera, Jesusen ebanjelioa entzunez, onartuz eta biziz.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu egiten egiaren «gordetzaile», baizik testigu. Gure egitekoa ez da arerioekin eztabaidan jardutea, ezta borrokan aritzea edo inor menpean hartzea, baizik eta Ebanjelioaren egia bizitzea eta «Jesus maitatzea, haren aginduak betez».

«Egiaren Espiritu hau» gutako bakoitzarengan dago, Jesusengandik aparta gaitzakeen edozer gauzatatik babestuz. Geure bihotza xume-xume irekitzera gonbidatzen gaitu Jainkoaren misteriori, biziaren Adiskide horri. Jainko honen bila ondradu eta egiaz dabilena, ez dabil Jainkoagandik urrun. Jesusek berak esan zuen behin batean: « Egiarena den orok entzuten du nire ahotsa». Halaxe da.

«Egiaren Espiritu honek Jesusen egian bizitzera gonbidatzen gaitu geure gizartean, non askotan estrategia esaten baitzaio gezurrari; negozio esplotazioari; tolerantzia erantzukizunik ezari; eraikitako ordenu zuzengabekeriari; askatasun arbitrariotasunari; egiazaletasun errespeturik ezari…

Zer zentzu izan lezake Jesusen Elizak baldin eta geure elkarteetan «egiaren Espiritua» galtzen utzi bagenu? Zeinek salbatu ahal izango du autoengainutik, desbideratzetik eta eskastasun orokortutik? Zeinek hots egin ahalko du Jesusen Berri Ona, hartarainoko arnasa-beharra eta esperantza-egarria duen gizartean?

 

L’ESPERIT DE LA VERITAT

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Jesús s’està acomiadant dels seus deixebles. Els veu tristos i abatuts. Aviat no el tindran amb ells. Qui podrà omplir el seu buit? Fins ara ha estat ell qui ha tingut cura d’ells, els ha defensat dels escribes i fariseus, ha sostingut la seva fe feble i vacil•lant, els ha anat descobrint la veritat de Déu i els ha iniciat en el seu projecte humanitzador.

Jesús els parla apassionadament de l’Esperit. No els vol deixar orfes. Ell mateix demanarà al Pare que no els abandoni, que els doni “un altre defensor” perquè “es quedi amb ells per sempre”. Jesús l’anomena “l’Esperit de la veritat”. Què s’amaga en aquestes paraules de Jesús?

Aquest “Esperit de la veritat” no cal confondre’l amb una doctrina. Aquesta veritat no s’ha de cercar en els llibres dels teòlegs ni en els documents de la jerarquia. És una cosa molt més profunda. Jesús diu que “viu amb nosaltres i està dins de nosaltres”. És alè, força, llum, amor… que ens arriba del misteri últim de Déu. Hem d’acollir-lo amb cor senzill i confiat.

Aquest “Esperit de la veritat” no ens converteix en “propietaris” de la veritat. No ve perquè imposem a d’altres la nostra fe ni perquè controlem la seva ortodòxia. Ve per no deixar-nos orfes de Jesús, i ens convida a obrir-nos a la seva veritat, escoltant, acollint i vivint el seu Evangeli.

Aquest “Esperit de la veritat” no ens fa tampoc “guardians” de la veritat, sinó testimonis. La nostra tasca no és disputar, combatre ni derrotar adversaris, sinó viure la veritat de l’Evangeli i “estimar Jesús guardant els seus manaments”.

Aquest “Esperit de la veritat” és a l’interior de cadascú de nosaltres defensant-nos de tot allò que ens pot apartar de Jesús. Ens convida a obrir-nos amb senzillesa al misteri d’un Déu, Amic de la vida. Qui cerca aquest Déu amb honradesa i veritat no està lluny d’ell. Jesús digué una vegada: “Tot aquell qui és de la veritat, escolta la meva veu”. És cert.

Aquest “Esperit de la veritat” ens convida a viure en la veritat de Jesús enmig d’una societat on sovint la mentida és anomenada estratègia; l’explotació, negoci; la irresponsabilitat, tolerància; la injustícia, ordre establert; l’arbitrarietat, llibertat; la manca de respecte, sinceritat…

Quin sentit pot tenir l’Església de Jesús si deixem que es perdi a les nostres comunitats “l’Esperit de la veritat”? Qui podrà salvar-la de l’autoengany, les desviacions i la mediocritat generalitzada? Qui anunciarà la Bona Notícia de Jesús en una societat tan necessitada d’alè i d’esperança?

 

O ESPÍRITO DA VERDADE

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Xesús estase a despedir dos seus discípulos. Veos tristes e abatidos. Moi axiña xa non o terán con el. Quen poderá encher o seu baleiro? Ata agora foi el quen coidou deles, defendeunos de escribas e fariseos, sostivo a súa fe débil e vacilante, foilles descubrindo a verdade de Deus e iniciounos no seu proxecto humanizador.

Xesús fálalles apaixonadamente do Espírito. Non os quere deixar orfos. El mesmo pedirá ao Pai que non os abandone, que lles dea “outro defensor” para que “estea sempre con eles”. Xesús chámao “o Espírito da verdade”. Que se esconde nestas palabras de Xesús?

Este “Espírito da verdade” non hai que confundilo cunha doutrina. Esta verdade non hai que buscala nos libros dos teólogos nin nos documentos da xerarquía. É algo moito máis profundo. Xesús di que “vive connosco e está en nós”. É alento, forza, luz, amor… que nos chega do misterio último de Deus. Témolo de acoller con corazón sinxelo e confiado.

Este “Espírito da verdade” non nos converte en “propietarios” da verdade. Non vén para que impoñamos a outros a nosa fe nin para que controlemos a súa ortodoxia. Vén para non deixarnos orfos de Xesús, e invítanos a abrirnos á súa verdade, escoitando, acollendo e vivindo o seu Evanxeo.

Este “Espírito da verdade” non nos fai tampouco “gardiáns” da verdade, senón testemuñas. O noso quefacer non é disputar, combater nin derrotar adversarios, senón vivir a verdade do Evanxeo e “amar a Xesús gardando os seus mandados”.

Este “Espírito da verdade” está no interior de cada un de nós defendéndonos de todo o que nos pode apartar de Xesús. Invítanos a abrirnos con sinxeleza ao misterio dun Deus, Amigo da vida. Quen busca a este Deus con honradez e verdade non está lonxe del. Xesús dixo en certa ocasión: “Todo o que é da verdade, escoita a miña voz”. É certo.

Este “Espírito da verdade” invítanos a vivir na verdade de Xesús no medio dunha sociedade onde con frecuencia á mentira chámaselle estratexia; á explotación, negocio; á irresponsabilidade, tolerancia; á inxustiza, orde establecida; á arbitrariedade, liberdade; á falta de respecto, sinceridade…

Que sentido pode ter a Igrexa de Xesús se deixamos que se perda nas nosas comunidades o “Espírito da verdade”? Quen poderá salvala do autoengano, das desviacións e da mediocridade xeneralizada? Quen anunciará a Boa Noticia de Xesús nunha sociedade tan necesitada de alento e esperanza?