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screen_shot_2016_06_19_at_85137_pmSAN JUAN Y EL SOLSTICIO DE VERANO
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 26/06/17.- Hay un dicho popular que reza de la siguiente manera “Cristo crece y san Juan mengua”. Como todo o la mayoría de las veces que dice algo el vulgo respecto a la vida suele encerrar una enjundia tal que acostumbra a no tener el más mínimo desperdicio. En este caso se está refiriendo al solsticio de verano en contraposición al del invierno. No es ahora el momento de comentar el hecho que estas dos realidades del año solar fueron cristianizadas en su momento, poniendo como centro de las mismas a los dos natalicios más importantes que aparecen en el Evangelio: el de invierno que correspondería a Jesús, y el de verano, a san Juan Bautista. Si nos atenemos al tiempo en cuanto tal, no hace falta decir que, a partir del solsticio de verano, coincidente más o menos con la festividad de san Juan, los días van decreciendo (en cuanto a la duración del sol, claro está); mientras que es a partir del inicio del solsticio de invierno que la duración de los días van creciendo.

Y, con todo esto, ¿a dónde queremos ir a parar? Es evidente que no quiero llegar a nada, por lo que a cuestiones astronómicas se refiere; sino sencillamente a lo que san Juan representa relacionado con la vida de Jesús y aplicable perfectamente a muchas de nuestras situaciones de la vida cotidiana. Por otra parte, a todo lo que de luz y de fuego acompaña dicha festividad.

La figura de Juan Bautista en el Evangelio aparece como la de la persona encargada de abrir rutas y allanar el camino por donde más tarde va a pasar una persona considerada como más importante: Jesús en este caso. No voy a citar ningún texto, pero así lo podemos encontrar en el principio de cualquiera de los Evangelios, con unas u otras matizaciones propias de cada uno de ellos. Tengo la impresión que este tipo de actuar no ha acostumbrado a estilarse en general nunca y, por supuesto, hoy tampoco. Por la sencilla razón, que es considerado como algo de segunda y, por lo mismo, propio de personas de un rango inferior. Digo esto, porque el ser los números “uno” está tan incrustado en nuestra sociedad del momento que, como decía alguien, si eres el número dos, ya no eres nadie. Por ello, esta era una de las razones por la cual pretendía sacar a colación la figura de Juan; con la que, si me apuráis, lo que pretendo decir, aunque sea de manera indirecta, es que el servicio y la disponibilidad hacia el otro no cuadra en absoluto con los aires de superioridad y de grandeza personales que reinan en la actualidad.

La segunda cuestión que me hace pensar en esta festividad es todo lo que de manera exterior la caracteriza, como es el caso del fuego fundamentalmente, con todas peculiaridades que lo hacen visible tan próximas a la espectacularidad y a la admiración que provoca en grandes y pequeños. Es una noche, en unos lugares más que en otros ciertamente, donde la pirotecnia alcanza sus máximos. Una pirotecnia rápida e inmediata, pero capaz de dejarnos con la boca abierta por unos instantes, provocando al mismo tiempo unas expresiones de admiración a tal cual más curiosa. Y, todo esto, ¿a qué viene? Pues sencillamente a la similitud que tiene tantas veces con nuestra vida. ¿No os parece que con demasiada frecuencia nos movemos más por el artificio momentáneo y fugaz que por la consistencia de unos principios sólidos, serios y fuertes? El problema está precisamente en qué lo que se estila es el sobresalir y el aparentar frente a la acción muchas veces silenciosa y oculta, pero, en cambio, efectiva para los demás y consecuente con uno/a mismo/a. ¡Y así nos va, tanto a nivel personal como social en muchas ocasiones! Se dice también que muchas veces las apariencias engañan; pues sí, nada que decir en contra de ello, porque es la verdad pura y dura. Semejantes fuegos de artificio no llevan más que momentaneidad y espectáculo pasajero, dejando en un segundo plano la consistencia y la profundidad interior que, al fin y al cabo, es lo que de verdad le hace a uno/a verdadera persona (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Hay vidas y vidas

Publicado: 28 abril, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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eclesalia@eclesalia.net

HAY VIDAS Y VIDAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 28/04/17.- Hay vidas que conociendo a quien la vive y reconociendo que la vocación, la misión, la entrega y el amor son la constante de cada instante de su vida, que se vive al margen porque se situó, hace ya muchos años, en los márgenes que viven los que no parece que importe a nadie que vivan o no vivan. Hay vidas y vidas.

He recibido el correo electrónico de un buen amigo que desde uno de los márgenes o periferias del mundo (viene de la República Centroafricana) y lo he leído con rapidez primero, y poco a poco después. Cada letra ha sido tecleada a la carrera, sin saber muy bien si podría enviarlo o no.

Me retiro, en silencio, para que la palabra de mi amigo pueda sonar en muchos corazones, al menos para acercarnos a su vida y los que parecen ser invisibles, como tantos otros, en el mapa del mundo, en la responsabilidad de las naciones y en los corazones de quienes todo esto nos pilla lejos, o ya no tan lejos aunque no lo queramos ver.

Escribe mi amigo (*1):

“He leído tu mail con retraso porque he estado fuera de cobertura durante toda la Semana Santa y unos días más. El domingo de Ramos estuve en la Catedral de Bangassou y el martes tuvimos la misa crismal con una parte de mis curas. El miércoles ya te digo que me fui a una zona de alto riesgo, con muchos rebeldes armados rondando y la gente muy asustada. Fui a pasar la Semana Santa con ellos para pacificar el ambiente y que los rebeldes nos dejaran recomenzar la escuela, que no dispararan para no amedrentar a los niños y normalizar la vida de la misión y del pueblo. A la siguiente no pude pasar porque la pista estaba muy peligrosa y todos me decían de no tentar al diablo que nadie había pasado en varias semanas. Muchos musulmanes han muerto en estas semanas, asesinados por gente violenta. El Jueves Santo quise lavar los pies a un musulmán, un poco como para lavar esa sangre inocente derramada. Me he traído un niño de 10 años a quien le han matado a la familia. Lo tengo donde las monjas hasta que encontremos restos de su clan itinerante que andará huyendo por la selva.

El Viernes Santo me fui a una comunidad en plena selva. Había un grupo de viudas a las que les habían matado a los maridos delante de ellas unos días antes, amarradas las manos  con una cuerda a la espalda, les volaron la cabeza simplemente por no tener dinero que dar a estos paramilitares sin escrúpulos. Ellas habían huido cinco kilómetros hasta llegar a donde yo estaba y no paraban de llorar. Pero es que desde la primera lectura de ese Viernes Santo empezó a llover y diluvió hasta el final de la oración de la Pasión. Yo no podía abrir boca porque el ruido de la lluvia sobre las planchas de zinc me lo impedía. Dios amordazó nuestras bocas llorando a cántaros desde el cielo contra la barbarie que esos criminales habían cometido en ese pueblo de 50 habitantes.

El Sábado Santo estuve negociando con otros rebeldes menos armados, que dan caza a los primeros, para que dejaran a las Franciscanas y a los dos curas de recomenzar la escuela. Aceptaron. Mañana iré a otra zona de la diócesis donde otro grupo de rebeldes han ocupado la escuela y violan a las mujeres del pueblo a su antojo. Me quedaré allí hasta el domingo, no sé si podré enviarte este mail mañana antes de irme.

He pedido a la fuerza de la ONU, la Minusca, que me acompañe, pero me dicen que no han recibido órdenes de sus mandos. La ONU no encuentra países con soldados disponibles que quieran venir a Centroáfrica.

Vivo todo esto desde la serenidad sabiendo que Dios llora en las guerras y nos acompaña con su presencia invisible. La semana que viene tendremos una peregrinación de tres días que termina con una ordenación sacerdotal. Viviremos otra vez en zona de alto riesgo pero abrigados bajo el manto de la Virgen María.

Acabo de leer tu libro “Misión Compartida (*2) entre negociaciones con rebeldes. Me ha gustado mucho cómo escribes. No me acordaba del “Pacto de las catacumbas” y me parece un gesto profético de Helder Cámara y los suyos. Usas expresiones que yo uso también como “reciclar la violencia” o “dar o darse” (…) Echo de menos que no hables de los curas de parroquia. Los míos viven como columnas de bronce en zonas muy complicadas. Hay uno que llevo sin verlo dos meses y sigue allí con su pueblo en unión de desasosiegos e incertidumbres, de matanzas y esperanzas. En fin un trinomio muy interesante laicos, monjes y pobres. Mis pobres son míseros y zarandeados por la vida, son familias enteras al borde de la exterminación y me impresiona siempre cómo nunca pierden la esperanza. La lucha del vivir día a día, a contracorriente pero sin perder la esperanza… Mil abrazos y feliz tiempo de Pascua.

Unidos en la oración. Yo me aíslo en una colina y rezo. Hago como la rana, que pasa desde la agitación de la superficie a la tranquilidad de la profundidad con solo dar un salto y allí carga las pilas para poder volver a la superficie, a su bregar cotidiano, aunque sea en zona de alto riesgo, en la boca del lobo y corriendo sobre el filo de una cuchilla. Hasta la próxima, Juanjo Aguirre”

¿Cómo puedes leer, rezar, recoger, acompañar, negociar, reclamar, recordar, mandar recuerdos, abrazos en medio de toda ese sufrimiento y violencia? Sí, ya sé, como la rana y sin perder la esperanza.

Que tus palabras llenas de profunda experiencia ayuden a transformar corazones por este lado del mundo. Gracias y hasta la próxima, siempre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(*1) Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, República Centroafricana

(*2) “Misión Compartida – Laicos, monjes y pobres – ¿Unidos o hundidos?” (Ediciones   KHAF)      

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INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 26/04/17.- Amigas y amigos: Experimentar en nuestras vidas la Resurrección es un proceso parecido al de los discípulos de Emaús. Con la Palabra y el Pan, pasamos de la desesperanza a la vida.

En la Escuela, recomendamos la segunda parte de la conferencia de Andrés Torres Queiruga: La Resurección (II), para quien quiera escucharla de nuevo o no haya tenido la ocasión.

En el tablón de anuncios podéis ver el borrador del programa de las III Jornadas sobre Fe, Orientación Sexual e Identidad de Género que tendrán lugar en Madrid los días 12 y 13 de mayo.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Lc 24, 13-35. Los dos de Emaús. Quédate con nosotros, que está atardeciendo… Se les abrieron los ojos y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén.

Vicente Martínez: ¿Cuándo y en qué nos reconocen? Los dos discípulos de Emaús no hubieran podido reconocer al Señor resucitado en la “fracción del pan”, si antes no hubieran hecho cosas para ello: acogerle como compañero de camino, escuchar su Palabra, y mantener los ojos bien abiertos.

José Luis Sicre: Del desencanto al entusiasmo. Lo propio de este relato es que a la certeza en la Resurrección se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.

Fray Marcos: Vivir lo que vivió Jesús es la pascua. Encontrar a Dios en el otro es la clave para pasar de la muerte a la vida, es decir, resucitar.

José Antonio Pagola: Acoger la fuerza del evangelio. Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados.

Marta García: Ni se molestaron en comprobarlo. Los discípulos de Emaús, a diferencia de otros, no se molestaron en ir a comprobar al sepulcro lo que las mujeres estaban diciendo.

Artículos seleccionados para la semana

Juan Zapatero: ¡Feliz Pascua! Por ello, en este tiempo quiero felicitar la Pascua de manera especial a todas las personas y organizaciones que se dedican o hacen alguna cosa contra la esclavitud de estos inocentes.

Gabriel Mª Otalora: Encuesta reveladora. En palabras del profeta Pedro Casaldáliga, es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco.

Jose Arregi: La Pascua del desarme. Estuve en Bayona para recordar con pena a las víctimas de la violencia injusta de connotación política desde 1960, a todas y cada una de ellas.

José Manuel Vidal: Jim Keenan, sj: “En este momento de confusión, el Papa está levantando una Iglesia como un faro en las tinieblas”. No es el momento para la figura mítica solitaria: es un momento para un liderazgo solidario. Creo que este es el liderazgo al que llama el Papa.

Josean Villalabeitia: Yo, mí, me, conmigo. La humanidad ha tratado de buscar a Dios en sitios diversos, pero nuestra fe cristiana lo ha encontrado siempre en el hermano.

Enrique Martínez Lozano: El ego se apropia también del compromiso (I). En el caso que nos ocupa, me resulta obvio que espiritualidad y compromiso se requieren mutuamente: una sin otro, otro sin una, deforman lo real y se mutilan a sí mismos.

Religión digital: No hay un solo cristiano en todo Marruecos que no sufra. Los cristianos del país reclaman derechos. Entre sus demandas figuran el matrimonio civil y una educación laica.

José Mª Castillo: La iglesia que queremos y necesitamos. Recuerdo de Alberto Iniesta. Alberto Iniesta fue destacado obispo conciliar, humilde y valiente.

Noticias de alcance. El Papa apuesta por la desclericalización de las órdenes religiosas.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 2, 14 y 22-23. Dios resucitó a Jesús nazareno y todos nosotros somos testigos.

Pedro 1, 17-21. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Florentino Ulibarri: Palabras del corazón. Mientras caminábamos tristes, te has acercado respetuoso a nuestras dudas, temores y desánimos.

Vicky Irigaray: Queremos reconocerte. El relato de Emaús es también nuestro camino: el de nuestro corazón tantas veces cerrado.

Anáfora: Experiencia pascual. La impronta que deja Jesús es la clave de la experiencia pascual de los discípulos y de nuestra fe.

Material multimedia

La respiración. Por Vicente Simón. Para cuidar de nosotros mismos, breve ejercicio de meditación, sencillo y cercano, que nos ayudará a centrarnos y llevar paz y serenidad a nuestra vida diaria.

La ternura. La ternura es el arte de “sentir” al ser humano en su totalidad.

Salomé Arricibita: Abriendo los ojos. Camino de Emaús. Los discípulos, como nosotros, no reconocen al maestro. Forastero, caminante… Señor… Necesitan y necesitamos salir de nuestros miedos para poder “ver” con los ojos del corazón. Que aprendamos a mirar lo cotidiano desde Jesús… y corramos a contarlo…

Aleluya de la tierra. Por Brotes de Olivo. En este mundo sufriente, ¿quién se torna en aleluya, en esperanza…, para hacer sonreír a esta tierra? Presentación Lenin Cárdenas.

Equipo Quiero Ver. 3º domingo de Pascua.

En busca de la felicidad. “Aprender a escuchar, es clave para encontrar la felicidad”. Documental para ver varias veces y asimilar tanta sabiduría de las aportaciones de maestros espirituales actuales.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

 

colores-5209b28a61dbcFELIZ EXPERIENCIA PASCUAL
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 19/04/17.- Amigas y amigos: Os deseo una muy feliz experiencia pascual. Que experimentemos la Resurrección en nuestras vidas y siempre en el ámbito de la comunidad.

En la Escuela, esta vez no subiremos una nueva clase, pero proponemos una conferencia muy adecuada al tiempo Pascual para quien quiera escucharla de nuevo o no haya tenido la ocasión. Andrés Torres Queiruga: La Resurección (I).

Y un recordatorio más sobre nuestra novedad editorial, tan interesante como útil para profundizar en la vida de Jesús. Evangelios de Mateo y Marcos, de José Enrique Galarreta. Un legado de conocimiento y fe en Jesús de Nazaret.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Jn 20, 19-31. Ya anochecido, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos…

Vicente Martínez: Todos uno. Y uno con todos, como estuvo y sigue siempre estando Jesús para atender y satisfacer con generosidad, solicitud y hechos las apremiantes necesidades de los otros.

José Luis Sicre: Una aparición muy peculiar. Todas las apariciones de Jesús resucitado difieren. Como si los evangelistas quisieran acentuar las diferencias para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico.

Fray Marcos: Solo en la comunidad se puede descubrir a Jesús vivo. Pero no deja de ser una paradoja que tenemos que descubrirla cada uno.

José Antonio Pagola: Jesús salvará a su iglesia. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.

Dolores López Guzmán: Amar sin ver. Al apóstol incrédulo no le dio una prueba definitiva, como a él le hubiera gustado, sino que le dio algo mejor: le hizo ver que solo el amor tiene la palabra definitiva.

Artículos seleccionados para la semana

María Teresa Sánchez: ¿Quién resucita hoy? Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. Resucitar es recrearnos.

Jesús Bastante: Francisco: “No sé cómo funciona esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado; yo apuesto sobre este mensaje”. Con la fe en Cristo resucitado encontramos un sentido en medio de tantas calamidades.

Pedro Zabala: De profesión: viviente. Un creyente auténtico espera descansar en el Misterio de la misericordia divina, a pesar de sus dudas e inseguridades.

Arrizabalaga: Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth. No fue considerado significativo para los historiadores de su tiempo aunque Flavio Josefo y Tácito se refieren a Cristo en sus escritos.

Religión Digital: Francisco y la “reforma de las mentalidades”. Francisco llama a un cambio de mentalidades, un cambio de paradigma para que la Iglesia no siga actuando monárquica y totalitariamente, en parroquias, proyectos educativos y acciones pastorales.

Luis Miguel Modino: Monseñor Sergio Castriani: “La Iglesia no tiene presente ni futuro sin los laicos, sin las mujeres”. Algunos piensan que si en la práctica pastoral se actúa con misericordia, se está yendo contra la ortodoxia. Personalmente pienso que eso no es así.

Enrique Martínez lozano: Emociones. Hay que aplaudir cuando alguien llora, cuando alguien siente.

José María Álvarez: Obras de justicia, no obras de misericordia. Si son obras de justicia, los beneficiarios tienen derecho a esos servicios que son todos de primera necesidad y si no se satisfacen, no estamos en un Estado de Derecho.

Noticias de alcance. Mujeres que dirigen las celebraciones dominicales ya son una realidad en varios países.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 2, 42-47. Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los Apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Pedro 1, 3-9. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

Florentino Ulibarri: Paz a vosotros. Mi paz más tierna y evangélica,  la que os hace hijos y hermanos.  Vivid en paz, gozad la paz. Recibidla y dadla con generosidad.

Vicky Irigaray: Jesús Resucitado. Concédenos la gracia de ser testigos alegres y valientes de tu hijo resucitado.

Anáfora: Fe y confianza. Tener fe en Dios no es creer una serie de dogmas, es sencillamente confiar en Él.

Material multimedia

Miedo y ansiedad. Por Eckhart Tolle. ¡¡¡Qué hermoso es vivir sin miedo y ansiedad!!!

Es imposible que pierdas lo que necesitas. Por Borja Vilaseca. Valorar el aprendizaje de todas las experiencias del pasado y no dar por sentado lo que tienes en el presente, abriéndote a la abundancia de la vida.

Salomé Arricibita: Hay luz de mañana nuevaEsta mañana es diferente, la luz es distinta, el corazón late con más alegría, María sabe que el plan de Dios está cumplido.

¿Es creativa la mente “en pausa”? Por Fernando Tobías Moreno. Queremos vivir en paz y armonía interior, ¿somos conscientes de qué nos lo impide?

Equipo Quiero Ver: Ver y creer. La fe no es algo abstracto y lejano, se trata de un acontecimiento, de una experiencia interior y radical que nos transforma. A Tomas le costó creer sin ver… nosotros no podemos creer sin tener en cuenta lo que nos acontece en la vida.

La Resurrección. Compromisos. Por Lenin Cárdenas. Hermoso vídeo, a modo de meditación, para ayudarnos a vivir nuestra Pascua personal. ¡Qué no sea éste, un año más! Hagámoslo diferente.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

eclesalia@eclesalia.net

index-anastasis-icon¿QUIÉN RESUCITA HOY?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 17/04/16.- ¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?

Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).

Sí, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el ánimo, “el ánima”, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrección, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atrás nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, sí, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entrañablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entrañas. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en señal de victoria, más conscientes de nosotros mismos, renacidos y aún dispuestos a hacerlo todo nuevo.

La anastasis es ese dinamismo interno que todos y todas experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transición, si después no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, además, esta experiencia de sanación personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los demás y convivir con ellos. Quien ya pasó por una situación parecida comprende a quien ahora está sufriendo, sabe escuchar (porque también un día necesitó esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un día fue también la suya; porque es la de todos.

Cada uno de nosotros está llamado a ser testimonio de resurrección para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: “Yo pasé por ese trance que tú atraviesas hoy y salí fortalecido. Sé de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estarás solo/a. Seguimos adelante. Estoy contigo”. Ayudarnos a vivir, ayudarnos a morir: he aquí el milagro que se entreteje cuando dos o más personas se reconocen desde la com-pasión y el amor. La radicalidad de este sentir común, de esta comunión que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera más sensible, empática y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas pequeñas crisis, albergamos en nosotros un espíritu de sabiduría y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, “resucitadores” de otros.

Luego están esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vacío habitado. Quien más, quien menos, sabe a qué me refiero. Hace algo más de dos años perdí a mi mejor amigo y no ha pasado un solo día en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, también yo fui al sepulcro para visitar y honrar el último lugar en la tierra donde reposó el cuerpo de mi amigo. Sabía que no lo encontraría allí, que aquel nombre sobre esa lápida fría poco o nada podría decirme del hombre que yo había conocido. Fui, no obstante, porque más allá del vértigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, lloré junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere también una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.

Transcurre el tiempo (tres días, tres meses, tres años) y, en un determinado momento, incomprensiblemente, ciertos lugares parecen reavivar en nosotros aquella presencia tan amada. Resuenan en lo profundo sus palabras, como el eco de una musiquilla que creíamos olvidada. Comenzamos a revivir instantes y destellos de experiencias compartidas. Y descubrimos con sorpresa que los consejos y enseñanzas de las personas que amamos todavía nos acompañan, nos conforman e iluminan el camino. Así debieron sentirlo los discípulos de Jesús (mi espíritu permanece con vosotros), siendo en realidad una experiencia al alcance de todos. Y cuando esto ocurre, nace en los labios (rebosa del corazón) la sonrisa cómplice y serena de quien, al fin, comprende todo. Y sabe (porque lo ha experimentado) que el milagro de la Vida que se entrega sin medida consiste en un irse dando poco a poco, en un quedarse en los demás cada vez con mayor hondura, en un dejar los corazones sembrados con la belleza de los encuentros.

También era esto, resucitar: un reavivar muy dentro esa mirada que alguien (Alguien) nos regaló un día, haciendo que ya nada volviera a ser lo mismo. Un abrirse a la certeza de un Amor partido y repartido, capaz de inaugurar otra forma de comunión y de presencia. Y un alegrarse sin medida y un agradecer el poder transformador de ese Amor. Agradecer siempre. Porque, al cabo, ¿quién no ha tenido alguna vez esta experiencia de resurrección? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

De profesión: viviente

Publicado: 14 abril, 2017 en REFLEXIONES
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DE PROFESIÓN: VIVIENTE
PEDRO ZABALA, pezabala@ono.com
LOGROÑO.

ECLESALIA, 14/04/17.- Vivir no es fácil. No elegimos la existencia, fuimos traídos a ella, por un conjunto de circunstancias, mezcla del azar y de la intervención humana. Y, dentro de ambos, está -decimos los creyentes- la Providencia divina. Somos seres contingentes: de no darse esa conjunción en el espacio y en el tiempo, no habríamos llegado a la existencia. De ahí que muchos autores clásicos hablaban de la culpa de haber nacido. La vida es un don con caducidad inexorable, pero en fecha desconocida.

Hay quien se extraña de que personas creyentes puedan tener miedo a la muerte. Otras no temen ese instante, pero manifiestan su temor al proceso de morir, si resulta extremadamente doloroso o prolongado. Suele decirse que cuando un enfermo es consciente de su próximo fin, pasa por tres etapas: negación, lucha y aceptación. Pero el miedo a dejar la vida, común a muchos creyentes o increyentes, es un temor psicológico, existencial. Enfrentarse con ese final inevitable y común a todos los seres vivos, revela la tragedia de la finitud. Un creyente auténtico es quien, en expresión de Hans Küng, espera descansar en el Misterio de la misericordia divina, a pesar de sus dudas e inseguridades.

¿No hemos de vivir plenamente, sin acobardarnos encerrados en recuerdos asfixiantes del pasado, ni temiendo futuros posibles que probablemente no lleguen a la realidad?. Saborear cada instante del presente que es lo único que tenemos, aunque esté preñado de posibilidades heredadas del ayer y de proyectos para el mañana. Y ese vivir a plenitud es con-vivir; los seres humanos no podemos existir en soledad, aunque necesitemos espacios de soledad y de silencio para entregarnos de lleno a nuestra realidad de relaciones con otras personas y demás entes del mundo, en diálogo de palabras y contactos.

Hace poco escuchábamos a un amigo médico, pero jubilado activo pues sigue aplicando voluntariamente sus conocimientos médicos a asociaciones y personas que los necesitan. Dijo que los males de nuestra sanidad derivan de que hay pocos profesionales y muchos proletarios. No creo que tuviera un intención clasista, como si ser médico fuera una casta superior a los demás trabajadores. Más bien aludía a quienes ejercen su trabajo llevados de su vocación de servicio y no motivado sólo por la remuneración y por realizar su trabajo pensando en el cumplimiento del horario fijado. Cierto es que hay médicos que miran a sus pacientes, escuchan sus dolencias, se esfuerzan en el reconocimiento directo antes de cualquier prueba de diagnóstico, no miran el reloj, sino que, a través del diálogo terapéutico, curan más que con las medicinas que recetan. Pero el sistema institucionalizado de sanidad no favorece este tipo de conducta; los recortes con la escasez de personal y la rigidez de los minutos a “perder” con cada paciente impulsan a una práctica cada vez más despersonalizada. Y esto que experimentamos en el aspecto sanitario, ¿no se produce cada vez más en casi todos los aspectos de la vida?, ¿no es fruto del sistema neoliberal con su mercantilización de la sociedad, por su competitividad y búsqueda del máximo beneficio a corto plazo?

Conforme aumenta nuestra edad y superamos la fecha de la jubilación, nos puede resultar resultar más difícil contestar a la pregunta ¿cuál es tu profesión?. De la que ejercimos ya somos unos ex, aunque el aprendizaje adquirido en ella forme parte de nuestra biografía. Identificarnos como jubilados es reconocernos como sin profesión. ¿No es el tiempo para descubrir -si no lo habíamos hecho antes- nuestra más profunda y auténtica profesión: la de vivientes? Las anteriores no pasaban de ser profesiones minúsculas que no desvelaban nuestra identidad más radical. Pero ser Vivientes no es fácil, hay muchos, jóvenes y mayores, que no pasan de ser Sobrevivientes: personas que son arrastrados por los avatares que les suceden, que no han empezado a ser protagonistas de su propia existencia. Hay los también Vividores: sólo piensan en sí mismos y emplean a los demás como meros instrumentos para sus fines; el goce inmediato, su nula resistencia a la adversidad y su incapacidad para la empatía les convierte en parásitos sociales. Y ¿no podemos llegar a ser Vivientes auténticos que hagan de la vida su profesión, al descubrir su sentido pleno: amar a quienes nos rodean, luchar por un mundo justo y merecer ser amados? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Un mar sin cruces

Publicado: 7 abril, 2017 en REFLEXIONES
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eclesalia@eclesalia.net

cala-playa-percheles-mazarron-20150828UN MAR SIN CRUCES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 07/04/17.- Apreciada amiga/o, compañera/o y demás personas con quienes mantengo una cierta relación de manera más o menos asidua. Un año más nos encontramos a las mismísimas puertas de la Semana Santa. La verdad que, si la miramos en cuanto a días se refiere, no da para mucho que digamos; pero, como dicen, menos da una piedra. No sé lo que harás tú; no dudes en dedicarlos a lo que más te llene, te distraiga, te haga feliz, etc. Es posible que hagas turismo, que los dediques a estar con la familia y con los amigos, que asistas a algún que otro acto religioso; es igual, lo importante es que te encuentres bien contigo mismo/a.

Aunque no sea más que de paso, me gustaría recordarte que durante esta semana quienes se consideran católicos, entre los cuales me incluyo, celebran lo más importante, por lo que a su fe se refiere, como es la Pascua precisamente. Pero no es de ella de la que quiero hablarte, sino de algo que, a pesar de no ser lo más importante religiosamente hablando, sí que lo es a nivel popular; me refiero al Viernes Santo, el día en que se conmemora la muerte de Jesús en la cruz. De dicha cruz los cristianos han hecho de manera general su pertenencia a la religión que profesan. A pesar de que, con el paso del tiempo, se haya convertido también en adorno en general, en joya que adorna el pecho de muchas personas o en símbolo que preside lugares e instituciones que muchas veces dejan bastante que desear con el verdadero significado que la cruz encierra. Pues bien, es de esta cruz de la que te quiero decir algo muy brevemente.

Existe una imagen que quizás hayas visto en alguna ocasión, al menos en foto o a través del cine; no es otra que la del cementerio americano de Normandía: toda una explanada plagada de cruces blancas que conmemora a los soldados que murieron en el desembarco que allí hicieron las fuerzas aliadas para intentar llevar a cabo el asalto final al ejército nazi. Como decimos vulgarmente, allí murieron como chinches, de uno y de otro bando. Pero, claro, como suele ocurrir, los que finalmente vencieron quisieron que hubiera un lugar que plasmase para siempre a quienes cayeron “luchando en pro de la libertad”. Y, dado que de los americanos eran la inmensa mayoría cristianos, por no decir casi todos, se decidió que fuera la cruz la que simbolizara la heroicidad de los soldados que allí cayeron.    

Llevamos unos cuantos años en qué en el mar Mediterráneo han ido muriendo miles de personas. Claro que, en este caso la mayoría de ellos, por no decir casi todos, no eran cristianos, sino musulmanes. Pero, ¡qué más da!, si, al fin y al cabo, tanto Yahvé como Alá u otra divinidad son el mismo dios. Quienes murieron en dicho mar no fue porque lucharan contra nada ni contra nadie; tampoco pertenecían precisamente a países ricos ni poderosos del mundo, lo cual no quita que fueran personas con la capacidad de los mismos derechos, aunque en la práctica no haya venido siendo así ni mucho menos. Murieron sencillamente porque salieron de sus países en busca de una forma, al menos un poco digna, de vivir o porque allí eran perseguidos y amenazados de muerte por unas razones o por otras y no les quedaba otro remedio que marchar si querían salvar su vida.

En este caso, en el Mediterráneo no habrá un lugar donde puedan ponerse cruces y no solo porque las personas muertas no fueran cristianas, sino porque a quien así nos decimos precisamente, al menos en teoría, sus vidas nos importan muy poco ahora y seguro que nada en la posteridad. No lo des vueltas; pero así de paradójica es la vida.

Amiga/o, compañera/o o quienquiera que seas, independientemente de tus creencias: perdona si me atrevo a pedirte que durante el próximo Viernes Santo pongas dentro de ti mismo/a una cruz simbólica por todas estas personas muertas en dicho mar, utilizando el gesto que a ti te parezca más oportuno: un instante de silencio, un breve recuerdo o lo que sea. Hagamos entre muchas y muchos un trozo de mar plagado de cruces que, a pesar de ser invisibles, serán tan reales como lo fueron y siguen siendo las otras en su tiempo y en nuestros días. Y lo que aún vale más la pena: cruces que, en un futuro, ojalá lo más cercano posible, se conviertan en esperanza cierta para que, quienes, apremiados por la persecución, se vean obligados a salir, consigan la paz y el bienestar que tanto desean por caminos seguros y justos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

eclesalia@eclesalia.net

MI TESTIMONIO DE CRISTIANO EN LA VIDA PÚBLICA
BENJAMÍN FORCANO, teólogo, bforcanoc@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 27/03/17.- Comenzaría por preguntar si obedece a motivo especial el que se me pida exponer mi testimonio cristiano en la vida pública.

Yo no estaría aquí ni vosotros podríais leerme si no partimos del supuesto de que, como personas, somos interioridad y exterioridad, con derecho a una intimidad, pero no derecho absoluto, pues nuestra interioridad es también apertura y relación. Y si es verdad que nuestro conocimiento y autoposesión escapa a todo dominio, también es cierto que nuestro yo sólo se conoce y realiza de verdad en la convivencia con los otros. Somos seres relacionales, impensables fuera de una relación social.

Creo que la vida pública está regulada por un código ético-cultural-religioso que guía a la mayoría. Sólo cuando alguien se manifiesta crítico con ese código, se lo convierte en noticia, por lo que puede indicar de novedad, libertad, atrevimiento,…No sé si en el fondo una conducta de este tipo resulta excitante porque muchos pueden verse reflejados en ella, y sin embargo no se atreven a expresarlo.

A mí al menos me ha pasado que, después de dar una conferencia, personas muy variadas se me han acercado para congratularse conmigo y alentarme a seguir, confesando su miedo y retraimiento.

  • O, incluso, lo han hecho sin reparo, gritando ante el público: . “20 años antes tenía que haber venido Vd.”.
  • O también, ante la pregunta de un párroco al público que me escuchaba, si “¿el padre ha dicho algún disparate?”, un señor allí presente, muy respetado, exclamó: . “Hermosísimos disparates, ya era hora que se dijera estas cosas en público”.
  • O lo que, en un país extranjero, en conferencia que di a gente de alto nivel político y en buena parte atea, me dijo el presidente: . “Mire Vd., si una quinta parte de lo que Vd. ha dicho , lo dijeran aquí los obispos, mañana mismo me iba a confesar”.
  • O lo que, en unos ejercicios espirituales a monjes cistercienses, tras una conferencia de diálogo animado y después de retirarme a mi habitación, llaman a mi puerta y me aborda el prior con cinco monjes más con estas palabras: . “Benjamín, no te acojones, dales caña”.

Claro, que no que no faltan anécdotas de lado opuesto:

  •  Te invito, le decía un señor a una amiga, a una conferencia de Benjamín Forcano. . ¿Benjamín Forcano? La peste.
  •  ¿Por qué no te decides a entrar?, pues está claro que tienes vocación. .No, responde quien venía tratando el tema conmigo. Es que ahora estoy estudiando a los teólogos de la Liberación.
  • ¿A los teólogos de la liberación? Pero, si son los masones en la Iglesia.
  • Cuando fui a Roma, con ocasión de mi proceso, pregunté a un monseñor, de un dicasterio romano: . Según el Sínodo de la Justicia, de 1972, “El acusado tiene derecho a saber quién lo acusa”. Me importaría saberlo. . Hombre, me contestó, si dijéramos quien acusa ya nunca nadie acusaría.
  • Y le hice otra pregunta: ¿los peritos encargados de examinar la doctrina de un teólogo cuestionado son de oficio o elegidos para cada caso? No, son de oficio. Pero te digo una cosa, son pocos y malos.
  • Cuando fui a Roma, me entero que mi superior general y el P. Bernhard Häring, cada uno por su parte, piden al cardenal Ratzinger que pueda tener una entrevista conmigo. El cardenal había abierto proceso contra mi libro Nueva Ética Sexual. Y según el reglamento de la “Ratio Agendi”, el cardenal tenía obligación de leerlo. . Pues bien, a uno y otro, por separado, les dijo no haberlo leído. Y las acusaciones venían firmadas por él.

Para entender nuestro estilo de vida cristiana es preciso evocar el momento histórico en que nos toca actuar. A nuestra generación le toca vivir un acontecimiento fundamental: la celebración del concilio Vaticano II (1962-1965). Un acontecimiento que llega en los albores de nuestra juventud, cuando bullían en el ambiente ideas, anhelos y propuestas de cambio. El Papa Juan XXIII enardeció nuestras expectativas.

Lo que luego pasó es historia y lo sabemos todos. Un período posconciliar relativamente breve para la aceptación del Vaticano II y otro más largo en el que los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI iniciaron la restauración y consolidaron una severa involución por casi 40 años. Un largo invierno eclesial, la Institución eclesiástica programó y coordinó con habilidad la paralización de la renovación conciliar.

El dilema que se nos planteaba entonces era claro: seguir las pautas del concilio o rechazarlo; fidelidad al modelo preconciliar tridentino o apuesta por el nuevo, con todos los cambios aprobados.

Nuestra comunidad cristiana viene de una historia, se ha forjado generación tras generación, es heredera de un patrimonio cultural, que transmite con fiel uniformidad. En general, avanza lentamente, renueva poco o nada y, sin quererlo, va urdiendo la necesidad de un cambio. En esta nuestra comunidad, predominaba la pasividad y la reverencia a la autoridad. Como si todo estuviera dicho y acabado en el pasado y no nos quedara más suerte que reproducir lo heredado.

Sin embargo, en el fuero interno, ese actitud sumisa, se fue mostrando cada vez más distante del poder y adoctrinamiento clerical. No en vano, se produjeron avances científicos y tecnológicos, movimientos y cambios sociales importantes, revoluciones, desde las que la sociedad recuperaba autonomía, derechos y emancipación. Se iban constituyendo dos mundos paralelos: el de la Iglesia que se atrincheraba en su inmovilismo y endiosamiento de la cultura del pasado y el de la sociedad que recuperaba independencia frente al poder clerical y demandaba derecho al saber, a la libertad y al progreso.

Se hacía evidente que no se podían cerrar las puertas al cruce de nuevas ideas, que hacían imposible seguir preservando a la Iglesia como una fortaleza imbatible.

Llega, por fin, en nuestro tiempo, el concilio Vaticano II y se abre una nueva etapa en la que la Iglesia replantea muchas de sus tradicionales doctrinas y establece un nuevo trato con el mundo, con las ciencias y la cultura moderna. La Iglesia se declara sirvienta de la Humanidad, reconoce ser inviolable la autonomía de la razón y de la ciencia, denuncia la perversidad del sistema capitalista, reexamina su propia estructura antidemocrática, hace opción por los pobres, y vuelve al Evangelio y recupera su misión de anunciar la novedad del Evangelio, el proyecto de Jesús, que puede ayudar a crear una nueva sociedad.

En este contexto, me toca a mi entrar y se sitúa mi testimonio cristiano.

Las razones y proyecto de mi testimonio

1. Mi testimonio parte del Evangelio de Jesús de Nazaret, un proyecto que es base, camino y meta para realizar con autenticidad y felicidad la vida y convivencia humanas.

2. Ese proyecto considero que es válido para todo ser humano, pues parte de algo que es común a todos. Como personas, somos portadores de una misma dignidad, que nos confiere derechos y responsabilidades inalienables, cualquiera que fuere el lugar o cultura a que pertenecemos.

Mi ética teológica parte del principio de que todo prójimo es otro yo, su vida es como la mía, vale tanto como la mía, y no estoy dispuesto a tolerar nada que le dañe, discrimine, engañe o menosprecie, como no estoy dispuesto a tolerarlo en mí mismo. Mi ética no es disyuntiva “él o yo”, sino conjuntiva “él y yo”. Mi vida, mi dignidad, mi libertad y mi felicidad no son posibles al margen, contra o sin la vida, la dignidad, la libertad y la felicidad de los otros.

Lo natural en mí es el amor, la justicia, la humildad, el respeto, la sinceridad, la coherencia, la libertad, la compasión, el compartir y no el odio, la injusticia, la soberbia, el desprecio, la mentira, la hipocresía, la avaricia, la dureza de corazón: El hombre es para el hombre hermano y no lobo.

3. Este proyecto abarca la existencia entera, regida por unos principios y valores universales, derivados de esa dignidad, y por los que se puede establecer una convivencia, sustentada en el consenso y respeto de todos. Todo ser humano merece un trato humano, según la regla de oro: “No quieras para nadie lo que no quieras para ti” o “Trata a los demás como tú quieres que te traten a ti”. El respeto a la dignidad de la persona es pilar de la relaciones interpersonales y sociales y de las relaciones entre unos y otros pueblos y descalifica cualquier intento de explotación y dominación.

4. Desde estos principios, resulta inadmisible una dualidad ética entre una vida privada y pública; entre un testimonio cristiano de compromiso real y otro idealista, desconectado de la historia, de las tareas terrenales y del vivir sociocultural y político; encuentro contradictoria la contraposición entre religiones y autonomía humana, entre ciencia y fe, entre ética y teología. El testimonio cristiano tiene como sujeto y objeto al hombre entero.

5. Este proyecto, que tiene como base la dignidad humana, va incluido en mi credo cristiano. Yo no puedo ser cristiano sin ser persona, el primer artículo de mi fe cristiana es “yo creo en el hombre”, en su dignidad y racionalidad , en su libertad y responsabilidad, en sus derechos y deberes , en su valor por encima de todo precio.

Universalidad y peculiaridad de mi testimonio

Dentro de este marco ético- evangélico cobra sentido el testimonio en la vida pública: nada queda al margen, nada puede ser neutral.

¿De qué manera? ¿Cómo actuar para lograrlo? Aquí entra en acción la biografía personal de cada uno. Yo me he dedicado a anunciar y hacer valer este proyecto desde la visión inclusiva y global del Evangelio de Jesús de Nazaret. Todo esto ha supuesto esfuerzo, dedicación y convencimiento para hacerla llegar y aplicarla a los más diversos temas, .

Esa visión la he ido adquiriendo, profundizando y transmitiendo acerca de muy diversos temas, con documentación y perspectiva histórica, en búsqueda y diálogo con la enseñanza de otros científicos, expertos y teólogos, con estilo popular, con libertad, con serenidad , sin miedo, con el objetivo de animar, iluminar, liberar y confortar.

¿De qué manera?

  • Desde mi estudio e investigación, desde la docencia (como profesor por más de 25 años en centros universitarios de Roma, Salamanca, Madrid, Bogotá…
  • Desde foros, congresos, conferencias, escritos, artículos y libros, dirección de revistas y desde una editorial, desde el espacio confidencial para escuchar y ayudar a resolver conflictos, dudas y problemas.
  • Desde la radio, la televisión y otros medios, allí donde he estado y se me ha reclamado, en España y fuera de España.

Siempre me ha guiado una actitud pegada a la verdad y a la justicia, a los más pobres y desvalidos, y una visión abierta y definida, que he aplicado en cada uno de los temas que me ha tocado tratar, movido por las angustias y sufrimientos de quienes los sufrían, agravados muchas veces injustamente por la ignorancia y dogmatismo de quienes les correspondía dirigir, educar y enseñar.

En esta mi tarea, como es natural, me ha tocado sentir por una parte el aliento, el parabién, el agradecimiento, el aplauso y , por otra, la desconfianza, la censura, la marginación y hasta medidas de represión contra mi actividad teológico-pastoral y ético-cultural en sus diversos frentes.

He tratado de ser de una pieza: en el obrar , en el sentir y en el pensar. O en el pensar, en el sentir y en el obrar.

Creo que estamos hartos de tanta dualidad, sobre todo en los que se mueven en la vida pública, lo que se es de verdad y lo que aparece. Es una gran herejía de hoy y de ayer, contraponer y dividir en lugar de unir e integrar: si se es cordial no se puede ser racional; si se es humano, no se puede ser cristiano; y si se es cristiano no se puede ser humano. Habría una ética humana y otra cristiana, la primera que se regiría por la razón y la segunda por la fe; la primera que entendería de lo temporal y lo humano; y la segunda de lo supratemporal y divino. Dos mundos paralelos, extraños el uno al otro.

No, aquí no hay sino una vida. De modo que si actúo de una determinada manera en la vida pública, es porque prehabita y brota de mi vida privada.

Con fallos y equivocaciones evidentemente, pero nuestra vida es unitaria, con una vida pública que supone y brota de una vida privada, de modo que mi quehacer público sea a la par humano y cristiano, incluido el uno en el otro, porque no se puede ser cristiano sin ser humano; y no se puede ser cristiano de verdad si se reniega de lo auténticamente humano.

El Dios de la creación, de la razón, de la ciencia, de la creatividad y del amor, es también el Dios de la encarnación, de la fe, de la mística y de la resurrección. Dios es uno solo, el mismo para todos. Y la vida que El ha creado es vida única: interdependiente, la de antes de nacer y la después de nacer, la de aquí y la de allá, la de la tierra y la del cielo, es vida siempre en conexión y relación consigo, con la sociedad, con la naturaleza y con Dios.

Mi vida tiene que ver, en todo momento, conmigo, con cada uno y con todos. Y, hoy por hoy, visto el panorama nacional e internacional, no hay razones para callarse, pararse o enclaustrarse en uno mismo, como si nada tuviéramos que ver con el yo de los demás.

Nuestra tarea es, pues, la formación, la coherencia, la solidaridad, la denuncia, el compromiso, la utopía, la esperanza de lograr una vida pública que camine concorde con la dignidad y derechos de todos  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

El proyecto de Jesús

Publicado: 18 enero, 2017 en ACTUALIDAD
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Cruz corazónEL PROYECTO DE JESÚS
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 18/01/17.- Amigas y amigos: Comienza la predicación de Jesús y Mateo deja claro algunas líneas maestras de lo que será su vida y su misión. Para acercarnos al proyecto de Jesús, contamos con nuestros comentaristas habituales, de los que tanto aprendemos y es muy ilustrativo también a este respecto el artículo de esta semana de Bruno Álvarez.

Y por fin retomamos las clases de la Escuela de la mano de nuestro querido José Luis Sicre, un auténtico lujo de profesor, que nos impartirá cinco sesiones sobre el Antiguo Testamento. La primera es: Introducción al Antiguo Testamento. José Luis Sicre. ¿Qué es la Biblia Hebrea? ¿Cómo fue el proceso de selección de los escritos que la componen? ¿Cuántas versiones de la Biblia hay? ¿Qué fiabilidad tenemos respecto a la integridad de los textos? ¿Qué aporta la lectura de la Biblia para un cristiano de nuestro tiempo?

Evangelio y comentarios al Evangelio

Mt 4, 12-23. Al enterarse de que habían detenido a Juan, Jesús se retiró a Galilea.

Vicente Martínez: Compartir vida y misión con el Maestro. Era la intencionalidad y el compromiso de la primitiva Iglesia. Como hizo Jesús, “sal y luz de la Tierra”, iluminando y salando a cuantos respondiendo a su voz, dejaron su barca y le siguieron.

José Luis Sicre: Comienzo de la actividad de Jesús. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan.

Fray Marcos: El Reinado de Dios depende de mí. Yo debo hacerlo presente, logrando que todo dios se encuentre a gusto a mi lado.

José Antonio Pagola: Algo nuevo y bueno. ¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días?

Dolores López Guzmán: Echar redes. Después del bautismo, Jesús nos propone una misión que consiste en extender, agrandar y adelantar el reinado de Dios; ser sus compañeros de camino.

Artículos seleccionados para la semana

Bruno Álvarez: Jesús y su proyecto. Mientras más leo a Jesús y más me embarco en la aventura de su vida, más contradictorio me resulta el binomio inquebrantable entre Jesús y la Iglesia.

Jesús Bastante: Francisco llama a “anunciar el Evangelio sin gritar, con humildad, amabilidad y firmeza, sin arrogancia o imposición”. “La verdadera misión no es jamás proselitismo sino atracción a Cristo”, recuerda el Papa.

Leonardo Boff: El golpe parlamentario como asalto al bien común. La libertad del ciudadano es sustituida por la libertad de las fuerzas del mercado, el bien común, por el bien particular y la cooperación, por la competitividad.

Santiago Villamayor: ¿Qué puede aportar hoy el mensaje del evangelio en nuestra cultura y sociedad? El “buen cristiano” es hoy el buen ciudadano que responde al consenso de la reciprocidad con la misma altura de miras con que le gustaría respondieran todos.

Koldo Aldai: Alsasua, completar la cadena. Desnudarnos de pasado nos permite enfundarnos en unas y otras pieles, sentir el dolor de unos y de otros, a la postre el mismo dolor humano.

Gabriel Mª Otalora: Desde el otro lado. La tendencia universal muestra que, cuanta más bondad, mayor humanidad y desarrollo de las mejores potencialidades humanas.

José María Castillo: Los ladrones somos gente honrada. “Tenemos que cambiar nosotros mismos”. La cultura de la ambición sin límites. Pero esto no es asunto de políticos, banqueros y obispos. Esto depende de todos.

Carles Capdevila: 16 cosas que he aprendido (y compartido) el 2016. La educación es el arte y oficio sublime de aprender mientras se enseña y de enseñar mientras se aprende.

Noticias de alcance. El Papa recibe al presidente palestino, que le regala una piedra del Gólgota.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Isaías 9, 1-4. En otro tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí.

1 Corintios 1, 10-13 y 17. Hermanos: os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos.

Florentino Ulibarri: Discípulo en prácticas. Si me llamas, si me hablas, si me quieres contigo…

Vicky Irigaray: Acompañarte a las periferias. La Buena Noticia, ayer y hoy, se proclama en la periferia. Allá donde nadie le espera aparece dando luz, poniendo alegría y ofreciendo la libertad y paz del corazón.

Anáfora: Conversión. No nos cansaremos de alabar tu nombre, porque siempre encontramos en Ti comprensión para nuestras faltas y fuerza y ánimo para rectificar y seguir adelante.

Monjas Benedictinas de Montserrat. 3º Domingo del Tiempo Ordinario.

Material multimedia

Aprendizajes. Por Jorge Vilaseca. La causa de la felicidad, es la conexión profunda con el Ser, con la Esencia de todo, con Dios.

Llegaste Tú. Gasté tanto tiempo buscando el amor, deseando el Amor…, y ahora Tú vives en mi corazón. Canción: Adriana Lucía. Presentación Lenin Cárdenas.

Salomé Arricibita: Mi luz y mi salvación. El texto se basa en el salmo 26. Ojalá lo hagamos real, ojalá Dios sea nuestra luz, nuestra salvación. Ojalá haga de nuestro corazón su casa, ojalá nos sintamos habitados y veamos esa presencia sagrada en los otros, a nuestro lado… o más lejos, tras una valla, refugiados sin refugio…. necesitamos Señor, que seas nuestra Luz, y nuestra salvación… muévenos el corazón.

Padrenuestro en arameo. Este cántico, conmovió a nuestro Papa Francisco en su viaje a Georgia el Octubre pasado y os invito a escucharlo en un momento de meditación, es precioso.

Equipo Quiero Ver: Cuando todo cambia. Jesús nos llama y nos invita a seguirle, a ser de los suyos, para vivir una vida más valiosa, que ayude a otras vidas.

Un mensaje desde Israel. A veces necesitamos oír algo así, para hacernos conscientes, y ver el sufrimiento de los demás, desde otro punto de vista.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo