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No retrocederemos Rambla arriba

Publicado: 4 septiembre, 2017 en REFLEXIONES
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1411578526_barcelona_ramblaNO RETROCEDEREMOS RAMBLA ARRIBA
KOLDO ALDAI AGIRRETXE, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 04/09/17.-  Debiera preñar al alma de más silencios. De buena mañana ya sentí los dedos agitados, urgidos de teclado, apremiados por seguir cantando a la vida en su ya maduro estío. Silencio nutricio, colmado de aliento y buena nueva, bendita aurora. Tras largos días de silencio, me acerco impaciente a la palabra madurada, fecundada en esperanza.

La noche sólo amagó a la orilla del Mediterráneo… Sigue habiendo un sitio para todos en las Ramblas del encuentro, del mestizaje; sigue habiendo un sitio para todos en las avenidas de la paz y la concordia. Las Ramblas nos siguen empujando al mar, nunca a la caverna y su infierno. La civilización se levanta en la arena templada. El plan es de avanzar hacia el abrazo, nunca hacia el choque. Itaca es la unión y la confraternización, nunca el odio y la confrontación. Las Cariátides drapeadas seguirán sosteniendo un templo que acoge todas las salmodias.

Podamos unirmos siempre, no sólo en la hora amarga. Podamos unirnos cuando el atentado, pero sobre todo cuando calla el estruendo, cuando las furgonetas respetan los carriles. Podamos unirnos más allá del dolor, podamos unirmos al clarear el día y al caer la noche. Podamos unirnos cuando la sangre en las Ramblas, pero sobre todo cuando las avenidas desbordan vida. Podamos unirnos no importa la camiseta de fútbol, no importa el latido del corazón, no importa el acento de los labios…

Podamos unirnos siempre el mar y la montaña, el centro y la periferia, la cruz y la media luna, la brisa y el cierzo, la tierra firme y las estrellas que ahora lloran y titilean… El dolor trae ya su recompensa en forma de corazones y voluntades acercados. Mañana la unión y la cooperación no salgan tan caros… “¡No hay banderas, no hay banderas!” gritaron  en Barcelona cuando alguien quiso esgrimir la suya con la intención de sacar partido… Perdure el empeño unitario.

No retrocederemos Rambla arriba… Las Ramblas nos sigan acompañando a un Mediterráneo en el que nos volvamos a encontrar, comerciar y civilizar. La barbarie nunca podrá con la civilización, con lo que hemos ido construyendo con barro y mármol, con brisa y respeto. A la vera del mar inmenso nos seguiremos encontrando, nunca arrollando… Gracias Barcelona por esta lección que no olvidaremos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Descanso EclesaliaLA GRATITUD Y EL DESCANSO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 31/07/17.- Todos buscamos poseer cosas, a ser posible que sean gratis al calor del conocido dicho de que, sin esfuerzo o sin un precio a pagar, todo sabe mejor; de ahí que la manzana robada siempre resulte tan apetitosa ¿Qué son las rebajas más que un negocio en el que nos ofertan llevarnos parte de lo que compramos sin pagar?

Conseguir un buen precio puede ser mayor victoria que el propio artículo comprado. Pero la cosa se complica cuando asociamos lo barato con lo mediocre, y lo caro como sinónimo de valioso. Y de esto se alimenta la poderosa industria del lujo a base de insuflarnos este tipo de esquemas hacia el poder aparente del consumismo. Esto me trae a la memoria uno de los estupendos cuentos que escribió Antonio Pereira, cuyo protagonista era un fabulador muy considerado que se ganaba la vida en el pueblo contando historias y sucedidos “con mucho relieve”. Un día le dio un derrame cerebral. Hasta entonces, jamás había contado nada que no fuese fantasía suya. Cuando se recuperó, empezó a contar historias verdaderas,  y “eso en nuestro pueblo no le interesa a nadie.”

Lo paradójico es que todos los días tenemos al alcance de la mano un gran número de experiencias estupendas que no nos han costado ningún esfuerzo: nadie se gana la visión de la luna llena o se merece una puesta de sol maravillosa en verano; gozar de buena salud, de las personas que nos quieren por lo que somos y no por lo que tenemos, disfrutar de un sueño reparador… Hemos perdido la capacidad de admirarnos con las maravillas cotidianas y de valorar en su justa medida a las buenas personas que jalonan nuestra vida. No hay como caer enfermo o sufrir el azote del paro o la soledad para ordenar el chip de las prioridades…

Ansiamos muchas cosas pero, curiosamente, las esenciales no se logran con dinero, tal como lo resume este proverbio oriental: “El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar. El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo. El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño. El dinero puede comprar un médico, pero no la salud. El dinero puede comprar una posición, pero no el respeto y la aceptación. El dinero puede comprar sangre, pero no la vida”.

Todos sabemos estas cosas, pero la presión del día a día no deja el espacio necesario para reflexionar y dejarnos trabajar sin la presión del frenesí de las prisas, espoleados como estamos por una publicidad agresiva y omnipresente que empuja en dirección contraria. Al final descubrimos que lo fiamos casi todo a la seguridad del dinero y del poder, incluso cuando se trata de realidades tan poco ligadas al vil metal pero radicalmente esenciales, como la paz, la alegría, el amor.

Las olas nos van llevando hasta confundir lo apetecible con lo verdaderamente necesario. En pleno verano ya, a ver si somos capaces de cumplir los buenos propósitos de cargar las pilas que nos humanizan pero sabiendo que muchas personas no van a poder descansar aunque sea un derecho elemental. Dios es el primero que desea unas felices vacaciones porque necesitamos descansar física y anímicamente; algunos no aprenden a desconectar por un sentido consumista del tiempo, como si descansar fuese algo malo, engullidos por el trabajo muy mal entendido. Otros no pueden porque sus dolores no se lo permiten. Y un tercer grupo de personas, lo fían todo también al consumismo, como si gastar más dinero en vacaciones garantizase el descanso vacacional que tanto necesitamos. Y esto no es verdad, ni remotamente.

Como buen maestro, Cristo nos muestra que descansar es un derecho y un deber. Dios fue el primero en hablarnos del descanso, en Gen 2, 1-3. El descanso dominical a los judíos tuvo también esa finalidad. En Juan 4, 6 se dice que Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Incluso evangelizar pide descanso, como nos cuenta Marcos (6, 30-31): “Entonces los apóstoles le contaron a Jesús todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer”.

Feliz descanso veraniego, que no es el menor regalo de nuestro Dios Padre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Nos seguimos leyendo en septiembre…
redacción de Eclesalia Informativo, eclesalia@eclesalia.net

Poesía y poeta

Publicado: 24 julio, 2017 en REFLEXIONES
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raquel1POESÍA Y POETA
STEFANO CARTABIA, Oblato, stefanocartabiaomi@gmail.com
URUGUAY

ECLESALIA, 24/07/17.- Descubrí la vocación a la poesía hace unos años, pero solo en estos últimos le estoy dando más cabida. Será ahora el tiempo justo.

Me fascina la poesía y me fascinan los poetas.

No me gusta definirme y no me defino: definirse es limitarse.

Simplemente vivo la poesía y, cada tanto, dejo que se escriba.

En realidad es la poesía que me vive, la poesía nos vive a todos.

Todos tienen la vocación de poetas: hay que desenterrarla. Todos la tienen porque todos somos humanos y la poesía nace con el ser humano. Todos la tienen porque todos buscamos al Amor y vivimos del Amor.

Ser poeta no consiste tanto, ni solo, en escribir poesías.

Ser poeta es una actitud frente a la vida. Se vive de poeta, se vive como poeta: y cuando el cielo quiere también se escribe algo.

Vivir como poeta es mirar al mundo sonriendo, a pesar de todo.

Vivir como poeta es conversar con una flor y, sobre todo, escuchar su respuesta.

Vivir como poeta es estar eternamente enamorado y pasar por la vida cantando.

Vivir como poeta es cuestión de unidad: ser uno con todo y desaparecer.

Vivir como poeta es captar lo real de lo real, lo único que brilla en la noche más oscura.

Vivir como poeta es fluir con todo sin juzgar y cantar el dolor.

Vivir como poeta es ser instrumento: por tu sangre pasan los versos y por tu sangre quedan ahogados.

Vivir como poeta es atreverse a decir lo que sería mejor callar.

Vivir como poeta es vivir como un útero: gestar la vida y dar a luz al momento correcto.

Ser poeta es una actitud: dejar que la Palabra fecunde el silencio.

Ser poeta es traicionar con calidad al Misterio.

Ser poeta es sostener la mirada de Dios hasta el instante antes que te consuma.

Decía Dostoievsky: “la belleza salvará al mundo.

Me permito añadir: “la poesía creará la belleza.

Porque la poesía viene antes, en todo sentido. Porque la poesía hace florecer hasta lo muerto y descubre belleza donde no la hay.

La poesía surge en el preciso instante en que Dios se contempló a si mismo.

En el fondo la plenitud o la santidad consisten es darse cuenta de nuestro verdadero nombre: poesía. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Descúbrelo! ¡Anímate a vivir como poeta!

screen_shot_2016_06_19_at_85137_pmSAN JUAN Y EL SOLSTICIO DE VERANO
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 26/06/17.- Hay un dicho popular que reza de la siguiente manera “Cristo crece y san Juan mengua”. Como todo o la mayoría de las veces que dice algo el vulgo respecto a la vida suele encerrar una enjundia tal que acostumbra a no tener el más mínimo desperdicio. En este caso se está refiriendo al solsticio de verano en contraposición al del invierno. No es ahora el momento de comentar el hecho que estas dos realidades del año solar fueron cristianizadas en su momento, poniendo como centro de las mismas a los dos natalicios más importantes que aparecen en el Evangelio: el de invierno que correspondería a Jesús, y el de verano, a san Juan Bautista. Si nos atenemos al tiempo en cuanto tal, no hace falta decir que, a partir del solsticio de verano, coincidente más o menos con la festividad de san Juan, los días van decreciendo (en cuanto a la duración del sol, claro está); mientras que es a partir del inicio del solsticio de invierno que la duración de los días van creciendo.

Y, con todo esto, ¿a dónde queremos ir a parar? Es evidente que no quiero llegar a nada, por lo que a cuestiones astronómicas se refiere; sino sencillamente a lo que san Juan representa relacionado con la vida de Jesús y aplicable perfectamente a muchas de nuestras situaciones de la vida cotidiana. Por otra parte, a todo lo que de luz y de fuego acompaña dicha festividad.

La figura de Juan Bautista en el Evangelio aparece como la de la persona encargada de abrir rutas y allanar el camino por donde más tarde va a pasar una persona considerada como más importante: Jesús en este caso. No voy a citar ningún texto, pero así lo podemos encontrar en el principio de cualquiera de los Evangelios, con unas u otras matizaciones propias de cada uno de ellos. Tengo la impresión que este tipo de actuar no ha acostumbrado a estilarse en general nunca y, por supuesto, hoy tampoco. Por la sencilla razón, que es considerado como algo de segunda y, por lo mismo, propio de personas de un rango inferior. Digo esto, porque el ser los números “uno” está tan incrustado en nuestra sociedad del momento que, como decía alguien, si eres el número dos, ya no eres nadie. Por ello, esta era una de las razones por la cual pretendía sacar a colación la figura de Juan; con la que, si me apuráis, lo que pretendo decir, aunque sea de manera indirecta, es que el servicio y la disponibilidad hacia el otro no cuadra en absoluto con los aires de superioridad y de grandeza personales que reinan en la actualidad.

La segunda cuestión que me hace pensar en esta festividad es todo lo que de manera exterior la caracteriza, como es el caso del fuego fundamentalmente, con todas peculiaridades que lo hacen visible tan próximas a la espectacularidad y a la admiración que provoca en grandes y pequeños. Es una noche, en unos lugares más que en otros ciertamente, donde la pirotecnia alcanza sus máximos. Una pirotecnia rápida e inmediata, pero capaz de dejarnos con la boca abierta por unos instantes, provocando al mismo tiempo unas expresiones de admiración a tal cual más curiosa. Y, todo esto, ¿a qué viene? Pues sencillamente a la similitud que tiene tantas veces con nuestra vida. ¿No os parece que con demasiada frecuencia nos movemos más por el artificio momentáneo y fugaz que por la consistencia de unos principios sólidos, serios y fuertes? El problema está precisamente en qué lo que se estila es el sobresalir y el aparentar frente a la acción muchas veces silenciosa y oculta, pero, en cambio, efectiva para los demás y consecuente con uno/a mismo/a. ¡Y así nos va, tanto a nivel personal como social en muchas ocasiones! Se dice también que muchas veces las apariencias engañan; pues sí, nada que decir en contra de ello, porque es la verdad pura y dura. Semejantes fuegos de artificio no llevan más que momentaneidad y espectáculo pasajero, dejando en un segundo plano la consistencia y la profundidad interior que, al fin y al cabo, es lo que de verdad le hace a uno/a verdadera persona (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Hay vidas y vidas

Publicado: 28 abril, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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eclesalia@eclesalia.net

HAY VIDAS Y VIDAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 28/04/17.- Hay vidas que conociendo a quien la vive y reconociendo que la vocación, la misión, la entrega y el amor son la constante de cada instante de su vida, que se vive al margen porque se situó, hace ya muchos años, en los márgenes que viven los que no parece que importe a nadie que vivan o no vivan. Hay vidas y vidas.

He recibido el correo electrónico de un buen amigo que desde uno de los márgenes o periferias del mundo (viene de la República Centroafricana) y lo he leído con rapidez primero, y poco a poco después. Cada letra ha sido tecleada a la carrera, sin saber muy bien si podría enviarlo o no.

Me retiro, en silencio, para que la palabra de mi amigo pueda sonar en muchos corazones, al menos para acercarnos a su vida y los que parecen ser invisibles, como tantos otros, en el mapa del mundo, en la responsabilidad de las naciones y en los corazones de quienes todo esto nos pilla lejos, o ya no tan lejos aunque no lo queramos ver.

Escribe mi amigo (*1):

“He leído tu mail con retraso porque he estado fuera de cobertura durante toda la Semana Santa y unos días más. El domingo de Ramos estuve en la Catedral de Bangassou y el martes tuvimos la misa crismal con una parte de mis curas. El miércoles ya te digo que me fui a una zona de alto riesgo, con muchos rebeldes armados rondando y la gente muy asustada. Fui a pasar la Semana Santa con ellos para pacificar el ambiente y que los rebeldes nos dejaran recomenzar la escuela, que no dispararan para no amedrentar a los niños y normalizar la vida de la misión y del pueblo. A la siguiente no pude pasar porque la pista estaba muy peligrosa y todos me decían de no tentar al diablo que nadie había pasado en varias semanas. Muchos musulmanes han muerto en estas semanas, asesinados por gente violenta. El Jueves Santo quise lavar los pies a un musulmán, un poco como para lavar esa sangre inocente derramada. Me he traído un niño de 10 años a quien le han matado a la familia. Lo tengo donde las monjas hasta que encontremos restos de su clan itinerante que andará huyendo por la selva.

El Viernes Santo me fui a una comunidad en plena selva. Había un grupo de viudas a las que les habían matado a los maridos delante de ellas unos días antes, amarradas las manos  con una cuerda a la espalda, les volaron la cabeza simplemente por no tener dinero que dar a estos paramilitares sin escrúpulos. Ellas habían huido cinco kilómetros hasta llegar a donde yo estaba y no paraban de llorar. Pero es que desde la primera lectura de ese Viernes Santo empezó a llover y diluvió hasta el final de la oración de la Pasión. Yo no podía abrir boca porque el ruido de la lluvia sobre las planchas de zinc me lo impedía. Dios amordazó nuestras bocas llorando a cántaros desde el cielo contra la barbarie que esos criminales habían cometido en ese pueblo de 50 habitantes.

El Sábado Santo estuve negociando con otros rebeldes menos armados, que dan caza a los primeros, para que dejaran a las Franciscanas y a los dos curas de recomenzar la escuela. Aceptaron. Mañana iré a otra zona de la diócesis donde otro grupo de rebeldes han ocupado la escuela y violan a las mujeres del pueblo a su antojo. Me quedaré allí hasta el domingo, no sé si podré enviarte este mail mañana antes de irme.

He pedido a la fuerza de la ONU, la Minusca, que me acompañe, pero me dicen que no han recibido órdenes de sus mandos. La ONU no encuentra países con soldados disponibles que quieran venir a Centroáfrica.

Vivo todo esto desde la serenidad sabiendo que Dios llora en las guerras y nos acompaña con su presencia invisible. La semana que viene tendremos una peregrinación de tres días que termina con una ordenación sacerdotal. Viviremos otra vez en zona de alto riesgo pero abrigados bajo el manto de la Virgen María.

Acabo de leer tu libro “Misión Compartida (*2) entre negociaciones con rebeldes. Me ha gustado mucho cómo escribes. No me acordaba del “Pacto de las catacumbas” y me parece un gesto profético de Helder Cámara y los suyos. Usas expresiones que yo uso también como “reciclar la violencia” o “dar o darse” (…) Echo de menos que no hables de los curas de parroquia. Los míos viven como columnas de bronce en zonas muy complicadas. Hay uno que llevo sin verlo dos meses y sigue allí con su pueblo en unión de desasosiegos e incertidumbres, de matanzas y esperanzas. En fin un trinomio muy interesante laicos, monjes y pobres. Mis pobres son míseros y zarandeados por la vida, son familias enteras al borde de la exterminación y me impresiona siempre cómo nunca pierden la esperanza. La lucha del vivir día a día, a contracorriente pero sin perder la esperanza… Mil abrazos y feliz tiempo de Pascua.

Unidos en la oración. Yo me aíslo en una colina y rezo. Hago como la rana, que pasa desde la agitación de la superficie a la tranquilidad de la profundidad con solo dar un salto y allí carga las pilas para poder volver a la superficie, a su bregar cotidiano, aunque sea en zona de alto riesgo, en la boca del lobo y corriendo sobre el filo de una cuchilla. Hasta la próxima, Juanjo Aguirre”

¿Cómo puedes leer, rezar, recoger, acompañar, negociar, reclamar, recordar, mandar recuerdos, abrazos en medio de toda ese sufrimiento y violencia? Sí, ya sé, como la rana y sin perder la esperanza.

Que tus palabras llenas de profunda experiencia ayuden a transformar corazones por este lado del mundo. Gracias y hasta la próxima, siempre (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(*1) Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, República Centroafricana

(*2) “Misión Compartida – Laicos, monjes y pobres – ¿Unidos o hundidos?” (Ediciones   KHAF)      

8462579000_bac1747e52_zDE LA DESESPERANZA A LA VIDA
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 26/04/17.- Amigas y amigos: Experimentar en nuestras vidas la Resurrección es un proceso parecido al de los discípulos de Emaús. Con la Palabra y el Pan, pasamos de la desesperanza a la vida.

En la Escuela, recomendamos la segunda parte de la conferencia de Andrés Torres Queiruga: La Resurección (II), para quien quiera escucharla de nuevo o no haya tenido la ocasión.

En el tablón de anuncios podéis ver el borrador del programa de las III Jornadas sobre Fe, Orientación Sexual e Identidad de Género que tendrán lugar en Madrid los días 12 y 13 de mayo.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Lc 24, 13-35. Los dos de Emaús. Quédate con nosotros, que está atardeciendo… Se les abrieron los ojos y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén.

Vicente Martínez: ¿Cuándo y en qué nos reconocen? Los dos discípulos de Emaús no hubieran podido reconocer al Señor resucitado en la “fracción del pan”, si antes no hubieran hecho cosas para ello: acogerle como compañero de camino, escuchar su Palabra, y mantener los ojos bien abiertos.

José Luis Sicre: Del desencanto al entusiasmo. Lo propio de este relato es que a la certeza en la Resurrección se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.

Fray Marcos: Vivir lo que vivió Jesús es la pascua. Encontrar a Dios en el otro es la clave para pasar de la muerte a la vida, es decir, resucitar.

José Antonio Pagola: Acoger la fuerza del evangelio. Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados.

Marta García: Ni se molestaron en comprobarlo. Los discípulos de Emaús, a diferencia de otros, no se molestaron en ir a comprobar al sepulcro lo que las mujeres estaban diciendo.

Artículos seleccionados para la semana

Juan Zapatero: ¡Feliz Pascua! Por ello, en este tiempo quiero felicitar la Pascua de manera especial a todas las personas y organizaciones que se dedican o hacen alguna cosa contra la esclavitud de estos inocentes.

Gabriel Mª Otalora: Encuesta reveladora. En palabras del profeta Pedro Casaldáliga, es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco.

Jose Arregi: La Pascua del desarme. Estuve en Bayona para recordar con pena a las víctimas de la violencia injusta de connotación política desde 1960, a todas y cada una de ellas.

José Manuel Vidal: Jim Keenan, sj: “En este momento de confusión, el Papa está levantando una Iglesia como un faro en las tinieblas”. No es el momento para la figura mítica solitaria: es un momento para un liderazgo solidario. Creo que este es el liderazgo al que llama el Papa.

Josean Villalabeitia: Yo, mí, me, conmigo. La humanidad ha tratado de buscar a Dios en sitios diversos, pero nuestra fe cristiana lo ha encontrado siempre en el hermano.

Enrique Martínez Lozano: El ego se apropia también del compromiso (I). En el caso que nos ocupa, me resulta obvio que espiritualidad y compromiso se requieren mutuamente: una sin otro, otro sin una, deforman lo real y se mutilan a sí mismos.

Religión digital: No hay un solo cristiano en todo Marruecos que no sufra. Los cristianos del país reclaman derechos. Entre sus demandas figuran el matrimonio civil y una educación laica.

José Mª Castillo: La iglesia que queremos y necesitamos. Recuerdo de Alberto Iniesta. Alberto Iniesta fue destacado obispo conciliar, humilde y valiente.

Noticias de alcance. El Papa apuesta por la desclericalización de las órdenes religiosas.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 2, 14 y 22-23. Dios resucitó a Jesús nazareno y todos nosotros somos testigos.

Pedro 1, 17-21. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Florentino Ulibarri: Palabras del corazón. Mientras caminábamos tristes, te has acercado respetuoso a nuestras dudas, temores y desánimos.

Vicky Irigaray: Queremos reconocerte. El relato de Emaús es también nuestro camino: el de nuestro corazón tantas veces cerrado.

Anáfora: Experiencia pascual. La impronta que deja Jesús es la clave de la experiencia pascual de los discípulos y de nuestra fe.

Material multimedia

La respiración. Por Vicente Simón. Para cuidar de nosotros mismos, breve ejercicio de meditación, sencillo y cercano, que nos ayudará a centrarnos y llevar paz y serenidad a nuestra vida diaria.

La ternura. La ternura es el arte de “sentir” al ser humano en su totalidad.

Salomé Arricibita: Abriendo los ojos. Camino de Emaús. Los discípulos, como nosotros, no reconocen al maestro. Forastero, caminante… Señor… Necesitan y necesitamos salir de nuestros miedos para poder “ver” con los ojos del corazón. Que aprendamos a mirar lo cotidiano desde Jesús… y corramos a contarlo…

Aleluya de la tierra. Por Brotes de Olivo. En este mundo sufriente, ¿quién se torna en aleluya, en esperanza…, para hacer sonreír a esta tierra? Presentación Lenin Cárdenas.

Equipo Quiero Ver. 3º domingo de Pascua.

En busca de la felicidad. “Aprender a escuchar, es clave para encontrar la felicidad”. Documental para ver varias veces y asimilar tanta sabiduría de las aportaciones de maestros espirituales actuales.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

 

colores-5209b28a61dbcFELIZ EXPERIENCIA PASCUAL
INMA CALVO, amigos@feadulta.com
LAS ROZAS (MADRID).

ECLESALIA, 19/04/17.- Amigas y amigos: Os deseo una muy feliz experiencia pascual. Que experimentemos la Resurrección en nuestras vidas y siempre en el ámbito de la comunidad.

En la Escuela, esta vez no subiremos una nueva clase, pero proponemos una conferencia muy adecuada al tiempo Pascual para quien quiera escucharla de nuevo o no haya tenido la ocasión. Andrés Torres Queiruga: La Resurección (I).

Y un recordatorio más sobre nuestra novedad editorial, tan interesante como útil para profundizar en la vida de Jesús. Evangelios de Mateo y Marcos, de José Enrique Galarreta. Un legado de conocimiento y fe en Jesús de Nazaret.

Evangelio y comentarios al Evangelio

Jn 20, 19-31. Ya anochecido, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos…

Vicente Martínez: Todos uno. Y uno con todos, como estuvo y sigue siempre estando Jesús para atender y satisfacer con generosidad, solicitud y hechos las apremiantes necesidades de los otros.

José Luis Sicre: Una aparición muy peculiar. Todas las apariciones de Jesús resucitado difieren. Como si los evangelistas quisieran acentuar las diferencias para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico.

Fray Marcos: Solo en la comunidad se puede descubrir a Jesús vivo. Pero no deja de ser una paradoja que tenemos que descubrirla cada uno.

José Antonio Pagola: Jesús salvará a su iglesia. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.

Dolores López Guzmán: Amar sin ver. Al apóstol incrédulo no le dio una prueba definitiva, como a él le hubiera gustado, sino que le dio algo mejor: le hizo ver que solo el amor tiene la palabra definitiva.

Artículos seleccionados para la semana

María Teresa Sánchez: ¿Quién resucita hoy? Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. Resucitar es recrearnos.

Jesús Bastante: Francisco: “No sé cómo funciona esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado; yo apuesto sobre este mensaje”. Con la fe en Cristo resucitado encontramos un sentido en medio de tantas calamidades.

Pedro Zabala: De profesión: viviente. Un creyente auténtico espera descansar en el Misterio de la misericordia divina, a pesar de sus dudas e inseguridades.

Arrizabalaga: Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth. No fue considerado significativo para los historiadores de su tiempo aunque Flavio Josefo y Tácito se refieren a Cristo en sus escritos.

Religión Digital: Francisco y la “reforma de las mentalidades”. Francisco llama a un cambio de mentalidades, un cambio de paradigma para que la Iglesia no siga actuando monárquica y totalitariamente, en parroquias, proyectos educativos y acciones pastorales.

Luis Miguel Modino: Monseñor Sergio Castriani: “La Iglesia no tiene presente ni futuro sin los laicos, sin las mujeres”. Algunos piensan que si en la práctica pastoral se actúa con misericordia, se está yendo contra la ortodoxia. Personalmente pienso que eso no es así.

Enrique Martínez lozano: Emociones. Hay que aplaudir cuando alguien llora, cuando alguien siente.

José María Álvarez: Obras de justicia, no obras de misericordia. Si son obras de justicia, los beneficiarios tienen derecho a esos servicios que son todos de primera necesidad y si no se satisfacen, no estamos en un Estado de Derecho.

Noticias de alcance. Mujeres que dirigen las celebraciones dominicales ya son una realidad en varios países.

Para unas eucaristías más participativas y actuales

Hechos 2, 42-47. Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los Apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Pedro 1, 3-9. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

Florentino Ulibarri: Paz a vosotros. Mi paz más tierna y evangélica,  la que os hace hijos y hermanos.  Vivid en paz, gozad la paz. Recibidla y dadla con generosidad.

Vicky Irigaray: Jesús Resucitado. Concédenos la gracia de ser testigos alegres y valientes de tu hijo resucitado.

Anáfora: Fe y confianza. Tener fe en Dios no es creer una serie de dogmas, es sencillamente confiar en Él.

Material multimedia

Miedo y ansiedad. Por Eckhart Tolle. ¡¡¡Qué hermoso es vivir sin miedo y ansiedad!!!

Es imposible que pierdas lo que necesitas. Por Borja Vilaseca. Valorar el aprendizaje de todas las experiencias del pasado y no dar por sentado lo que tienes en el presente, abriéndote a la abundancia de la vida.

Salomé Arricibita: Hay luz de mañana nuevaEsta mañana es diferente, la luz es distinta, el corazón late con más alegría, María sabe que el plan de Dios está cumplido.

¿Es creativa la mente “en pausa”? Por Fernando Tobías Moreno. Queremos vivir en paz y armonía interior, ¿somos conscientes de qué nos lo impide?

Equipo Quiero Ver: Ver y creer. La fe no es algo abstracto y lejano, se trata de un acontecimiento, de una experiencia interior y radical que nos transforma. A Tomas le costó creer sin ver… nosotros no podemos creer sin tener en cuenta lo que nos acontece en la vida.

La Resurrección. Compromisos. Por Lenin Cárdenas. Hermoso vídeo, a modo de meditación, para ayudarnos a vivir nuestra Pascua personal. ¡Qué no sea éste, un año más! Hagámoslo diferente.

En la Escuela EFFA facilitamos el enlace al temario donde están la totalidad de las charlas y bibliografía disponibles, para los que no hayan podido verlas o quieran volver a repasar alguna.

Y como os prometía, las cartas terminarán con estos tres enlaces muy útiles: la carta de la semana, la carta de la semana pasada y cartas de otras semanas. Cuando alguien pierda -o no le haya llegado- el email con las novedades, podrá usar una carta antigua para acceder a la nueva.

Un abrazo,

Inma Calvo

eclesalia@eclesalia.net

index-anastasis-icon¿QUIÉN RESUCITA HOY?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 17/04/16.- ¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?

Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).

Sí, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el ánimo, “el ánima”, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrección, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atrás nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, sí, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entrañablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entrañas. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en señal de victoria, más conscientes de nosotros mismos, renacidos y aún dispuestos a hacerlo todo nuevo.

La anastasis es ese dinamismo interno que todos y todas experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transición, si después no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, además, esta experiencia de sanación personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los demás y convivir con ellos. Quien ya pasó por una situación parecida comprende a quien ahora está sufriendo, sabe escuchar (porque también un día necesitó esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un día fue también la suya; porque es la de todos.

Cada uno de nosotros está llamado a ser testimonio de resurrección para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: “Yo pasé por ese trance que tú atraviesas hoy y salí fortalecido. Sé de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estarás solo/a. Seguimos adelante. Estoy contigo”. Ayudarnos a vivir, ayudarnos a morir: he aquí el milagro que se entreteje cuando dos o más personas se reconocen desde la com-pasión y el amor. La radicalidad de este sentir común, de esta comunión que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera más sensible, empática y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas pequeñas crisis, albergamos en nosotros un espíritu de sabiduría y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, “resucitadores” de otros.

Luego están esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vacío habitado. Quien más, quien menos, sabe a qué me refiero. Hace algo más de dos años perdí a mi mejor amigo y no ha pasado un solo día en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, también yo fui al sepulcro para visitar y honrar el último lugar en la tierra donde reposó el cuerpo de mi amigo. Sabía que no lo encontraría allí, que aquel nombre sobre esa lápida fría poco o nada podría decirme del hombre que yo había conocido. Fui, no obstante, porque más allá del vértigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, lloré junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere también una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.

Transcurre el tiempo (tres días, tres meses, tres años) y, en un determinado momento, incomprensiblemente, ciertos lugares parecen reavivar en nosotros aquella presencia tan amada. Resuenan en lo profundo sus palabras, como el eco de una musiquilla que creíamos olvidada. Comenzamos a revivir instantes y destellos de experiencias compartidas. Y descubrimos con sorpresa que los consejos y enseñanzas de las personas que amamos todavía nos acompañan, nos conforman e iluminan el camino. Así debieron sentirlo los discípulos de Jesús (mi espíritu permanece con vosotros), siendo en realidad una experiencia al alcance de todos. Y cuando esto ocurre, nace en los labios (rebosa del corazón) la sonrisa cómplice y serena de quien, al fin, comprende todo. Y sabe (porque lo ha experimentado) que el milagro de la Vida que se entrega sin medida consiste en un irse dando poco a poco, en un quedarse en los demás cada vez con mayor hondura, en un dejar los corazones sembrados con la belleza de los encuentros.

También era esto, resucitar: un reavivar muy dentro esa mirada que alguien (Alguien) nos regaló un día, haciendo que ya nada volviera a ser lo mismo. Un abrirse a la certeza de un Amor partido y repartido, capaz de inaugurar otra forma de comunión y de presencia. Y un alegrarse sin medida y un agradecer el poder transformador de ese Amor. Agradecer siempre. Porque, al cabo, ¿quién no ha tenido alguna vez esta experiencia de resurrección? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

De profesión: viviente

Publicado: 14 abril, 2017 en REFLEXIONES
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DE PROFESIÓN: VIVIENTE
PEDRO ZABALA, pezabala@ono.com
LOGROÑO.

ECLESALIA, 14/04/17.- Vivir no es fácil. No elegimos la existencia, fuimos traídos a ella, por un conjunto de circunstancias, mezcla del azar y de la intervención humana. Y, dentro de ambos, está -decimos los creyentes- la Providencia divina. Somos seres contingentes: de no darse esa conjunción en el espacio y en el tiempo, no habríamos llegado a la existencia. De ahí que muchos autores clásicos hablaban de la culpa de haber nacido. La vida es un don con caducidad inexorable, pero en fecha desconocida.

Hay quien se extraña de que personas creyentes puedan tener miedo a la muerte. Otras no temen ese instante, pero manifiestan su temor al proceso de morir, si resulta extremadamente doloroso o prolongado. Suele decirse que cuando un enfermo es consciente de su próximo fin, pasa por tres etapas: negación, lucha y aceptación. Pero el miedo a dejar la vida, común a muchos creyentes o increyentes, es un temor psicológico, existencial. Enfrentarse con ese final inevitable y común a todos los seres vivos, revela la tragedia de la finitud. Un creyente auténtico es quien, en expresión de Hans Küng, espera descansar en el Misterio de la misericordia divina, a pesar de sus dudas e inseguridades.

¿No hemos de vivir plenamente, sin acobardarnos encerrados en recuerdos asfixiantes del pasado, ni temiendo futuros posibles que probablemente no lleguen a la realidad?. Saborear cada instante del presente que es lo único que tenemos, aunque esté preñado de posibilidades heredadas del ayer y de proyectos para el mañana. Y ese vivir a plenitud es con-vivir; los seres humanos no podemos existir en soledad, aunque necesitemos espacios de soledad y de silencio para entregarnos de lleno a nuestra realidad de relaciones con otras personas y demás entes del mundo, en diálogo de palabras y contactos.

Hace poco escuchábamos a un amigo médico, pero jubilado activo pues sigue aplicando voluntariamente sus conocimientos médicos a asociaciones y personas que los necesitan. Dijo que los males de nuestra sanidad derivan de que hay pocos profesionales y muchos proletarios. No creo que tuviera un intención clasista, como si ser médico fuera una casta superior a los demás trabajadores. Más bien aludía a quienes ejercen su trabajo llevados de su vocación de servicio y no motivado sólo por la remuneración y por realizar su trabajo pensando en el cumplimiento del horario fijado. Cierto es que hay médicos que miran a sus pacientes, escuchan sus dolencias, se esfuerzan en el reconocimiento directo antes de cualquier prueba de diagnóstico, no miran el reloj, sino que, a través del diálogo terapéutico, curan más que con las medicinas que recetan. Pero el sistema institucionalizado de sanidad no favorece este tipo de conducta; los recortes con la escasez de personal y la rigidez de los minutos a “perder” con cada paciente impulsan a una práctica cada vez más despersonalizada. Y esto que experimentamos en el aspecto sanitario, ¿no se produce cada vez más en casi todos los aspectos de la vida?, ¿no es fruto del sistema neoliberal con su mercantilización de la sociedad, por su competitividad y búsqueda del máximo beneficio a corto plazo?

Conforme aumenta nuestra edad y superamos la fecha de la jubilación, nos puede resultar resultar más difícil contestar a la pregunta ¿cuál es tu profesión?. De la que ejercimos ya somos unos ex, aunque el aprendizaje adquirido en ella forme parte de nuestra biografía. Identificarnos como jubilados es reconocernos como sin profesión. ¿No es el tiempo para descubrir -si no lo habíamos hecho antes- nuestra más profunda y auténtica profesión: la de vivientes? Las anteriores no pasaban de ser profesiones minúsculas que no desvelaban nuestra identidad más radical. Pero ser Vivientes no es fácil, hay muchos, jóvenes y mayores, que no pasan de ser Sobrevivientes: personas que son arrastrados por los avatares que les suceden, que no han empezado a ser protagonistas de su propia existencia. Hay los también Vividores: sólo piensan en sí mismos y emplean a los demás como meros instrumentos para sus fines; el goce inmediato, su nula resistencia a la adversidad y su incapacidad para la empatía les convierte en parásitos sociales. Y ¿no podemos llegar a ser Vivientes auténticos que hagan de la vida su profesión, al descubrir su sentido pleno: amar a quienes nos rodean, luchar por un mundo justo y merecer ser amados? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Un mar sin cruces

Publicado: 7 abril, 2017 en REFLEXIONES
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cala-playa-percheles-mazarron-20150828UN MAR SIN CRUCES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 07/04/17.- Apreciada amiga/o, compañera/o y demás personas con quienes mantengo una cierta relación de manera más o menos asidua. Un año más nos encontramos a las mismísimas puertas de la Semana Santa. La verdad que, si la miramos en cuanto a días se refiere, no da para mucho que digamos; pero, como dicen, menos da una piedra. No sé lo que harás tú; no dudes en dedicarlos a lo que más te llene, te distraiga, te haga feliz, etc. Es posible que hagas turismo, que los dediques a estar con la familia y con los amigos, que asistas a algún que otro acto religioso; es igual, lo importante es que te encuentres bien contigo mismo/a.

Aunque no sea más que de paso, me gustaría recordarte que durante esta semana quienes se consideran católicos, entre los cuales me incluyo, celebran lo más importante, por lo que a su fe se refiere, como es la Pascua precisamente. Pero no es de ella de la que quiero hablarte, sino de algo que, a pesar de no ser lo más importante religiosamente hablando, sí que lo es a nivel popular; me refiero al Viernes Santo, el día en que se conmemora la muerte de Jesús en la cruz. De dicha cruz los cristianos han hecho de manera general su pertenencia a la religión que profesan. A pesar de que, con el paso del tiempo, se haya convertido también en adorno en general, en joya que adorna el pecho de muchas personas o en símbolo que preside lugares e instituciones que muchas veces dejan bastante que desear con el verdadero significado que la cruz encierra. Pues bien, es de esta cruz de la que te quiero decir algo muy brevemente.

Existe una imagen que quizás hayas visto en alguna ocasión, al menos en foto o a través del cine; no es otra que la del cementerio americano de Normandía: toda una explanada plagada de cruces blancas que conmemora a los soldados que murieron en el desembarco que allí hicieron las fuerzas aliadas para intentar llevar a cabo el asalto final al ejército nazi. Como decimos vulgarmente, allí murieron como chinches, de uno y de otro bando. Pero, claro, como suele ocurrir, los que finalmente vencieron quisieron que hubiera un lugar que plasmase para siempre a quienes cayeron “luchando en pro de la libertad”. Y, dado que de los americanos eran la inmensa mayoría cristianos, por no decir casi todos, se decidió que fuera la cruz la que simbolizara la heroicidad de los soldados que allí cayeron.    

Llevamos unos cuantos años en qué en el mar Mediterráneo han ido muriendo miles de personas. Claro que, en este caso la mayoría de ellos, por no decir casi todos, no eran cristianos, sino musulmanes. Pero, ¡qué más da!, si, al fin y al cabo, tanto Yahvé como Alá u otra divinidad son el mismo dios. Quienes murieron en dicho mar no fue porque lucharan contra nada ni contra nadie; tampoco pertenecían precisamente a países ricos ni poderosos del mundo, lo cual no quita que fueran personas con la capacidad de los mismos derechos, aunque en la práctica no haya venido siendo así ni mucho menos. Murieron sencillamente porque salieron de sus países en busca de una forma, al menos un poco digna, de vivir o porque allí eran perseguidos y amenazados de muerte por unas razones o por otras y no les quedaba otro remedio que marchar si querían salvar su vida.

En este caso, en el Mediterráneo no habrá un lugar donde puedan ponerse cruces y no solo porque las personas muertas no fueran cristianas, sino porque a quien así nos decimos precisamente, al menos en teoría, sus vidas nos importan muy poco ahora y seguro que nada en la posteridad. No lo des vueltas; pero así de paradójica es la vida.

Amiga/o, compañera/o o quienquiera que seas, independientemente de tus creencias: perdona si me atrevo a pedirte que durante el próximo Viernes Santo pongas dentro de ti mismo/a una cruz simbólica por todas estas personas muertas en dicho mar, utilizando el gesto que a ti te parezca más oportuno: un instante de silencio, un breve recuerdo o lo que sea. Hagamos entre muchas y muchos un trozo de mar plagado de cruces que, a pesar de ser invisibles, serán tan reales como lo fueron y siguen siendo las otras en su tiempo y en nuestros días. Y lo que aún vale más la pena: cruces que, en un futuro, ojalá lo más cercano posible, se conviertan en esperanza cierta para que, quienes, apremiados por la persecución, se vean obligados a salir, consigan la paz y el bienestar que tanto desean por caminos seguros y justos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).